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El guru es inevitable

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El sábado 8 de julio se celebra Guru Pūrṇimā (guru púrnima), el día anual en honor al maestro espiritual, que suele caer en la luna llena del mes de julio. Para cualquier persona que tenga un maestro espiritual este día es de gran importancia pues el guru es quien nos muestra el camino para conocernos a nosotros mismos. No podemos esperar que el guru haga todo el trabajo ni que recorra el camino por nosotros pero sí podemos depender de su guía, al menos hasta que tengamos la madurez suficiente para ir solos.

Un fragmento de la antigua Chāndogya Upaniṣad (VI.14.1-2) nos habla de esto:

“Si de la región de los Gandhāras (un pueblo de la antigua India) un hombre fuese llevado con los ojos vendados y luego abandonado en un lugar desierto, ese hombre clamaría a las cuatro direcciones que ha sido llevado con los ojos vendados, abandonado con los ojos vendados.

Pero si alguien le aflojara las vendas y le dijera: ‘La tierra de los Gandhāras está en esa dirección. Vete a buscarlos en esa dirección’, entonces él, estando bien informado y siendo inteligente, llegaría a los Gandhāras indagando de aldea en aldea. De la misma manera, también en este mundo quien tiene maestro sabe que permanecerá aquí solamente mientras no se libere y que después llegará”.

Es decir que el maestro nos abre los ojos, nos muestra el camino correcto, y luego depende de cada uno seguirlo o no. Una persona, aunque tenga un maestro, si no hace esfuerzo alguno (“indagar de aldea en aldea”) difícilmente podrá avanzar en el sendero del auto-conocimiento. De forma similar, una persona con mucho anhelo y práctica puede sentirse a veces perdida sin una guía adecuada, pues podría ir en la dirección incorrecta.

Vivimos en un tiempo en que el rol del guru está en debate, ya que la tendencia del mundo moderno parece ir hacia la horizontalidad, es decir que las jerarquías se difuminan y todos, al menos teóricamente, valemos lo mismo y tenemos los mismos derechos y oportunidades. Hablamos de democracia asamblearia, de DIY, de tener tu propio blog independiente, de eliminar intermediarios, de proyectos de financiación colectiva, de economía basada en el intercambio de servicios… En este contexto, y bajo el lema de “todo está en uno mismo”, es normal que las personas renieguen de tener un guru.

Yo soy bastante tradicionalista y me encanta tener guru (de hecho, tengo al menos dos), pero entiendo que haya reticencia a aceptar que otra persona nos diga cómo vivir para conocer la realidad última. Curiosamente, que nos digan cómo vestir, cuán larga debe ser la barba, qué comer, qué leer, cómo amar, cómo criar hijos e incluso cómo solucionar nuestros traumas de infancia nos parece aceptable, pero cómo conocer nuestra esencia es algo demasiado íntimo para aceptar la opinión de terceros.

Mi ligero tono irónico se basa en que cuando aceptamos la verdad de que “todo está dentro nuestro” es porque la estamos escuchando de alguien y, por tanto, ese alguien se convierte, de una u otra forma, en nuestro guru. Si la frase la has visto en una publicación de Facebook y la tomas solo porque te legitima para hacer siempre lo que quieres, entonces no cuenta. “Todo está dentro” no significa que eres el emperador del universo sino que si ahora mismo se cortara la conexión de wi-fi, tuvieras la nevera vacía y estuvieras solo, podrías sentarte en quietud diez minutos y todo estaría bien.

Puede ser que parte del problema esté en la misma palabra guru, cuyo significado en la modernidad se ha desvirtuado un poco y también, hay que decirlo, porque siempre ha habido gurus falsos o engañadores. Si decimos maestro, guía o referente quizás suena mejor. Si decimos “inspiración” todos contentos. Yo, un poco por la celebración que nos atañe y otro para meter el dedo en la llaga, prefiero continuar, en este texto, hablando de guru.

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Hay muchas personas que se sienten grandemente atraídas por las enseñanzas del filósofo Jiddu Krishnamurti, cuya proposición básica es la de “hacer una revolución en la propia mente” ya que “el ser humano no puede ser iluminado por ninguna organización, credo, dogma, sacerdote, ritual, conocimiento filosófico ni técnica psicológica… y solo por observación de los contenidos de su mente”. Por supuesto, Krishnamurti reniega totalmente del papel del guru, habiendo él mismo renunciado a ese rol (en su caso, lo habían presentado casi como un Mesías). La paradoja está, sin embargo, en que quienes siguen las enseñanzas de Krishnamurti lo adoptan, explícitamente o no, como guru, como guía espiritual.

A este respecto me gusta una anécdota que cuenta Radhanath Swami en su hermosa autobiografía, The Journey Home, en donde relata su asistencia a varias charlas de J. Krishnamurti en 1970, en Delhi. Radhanath Swami, que todavía no era swami, estaba acompañado de un monje budista tailandés que tenía a su cargo a otros miles de monjes en un monasterio institucionalizado donde enseñaba meditación y ritual, justo todo lo contrario de lo que proponía Krishnamurti.

Al acabar la primera charla el monje admitió que lo que decía Krishnamurti era verdad, que tenía mucha lógica, y que tendría que “pensar seriamente sobre el tema” para saber cómo proseguir su camino religioso. Después de varios días de charlas, Radhanath le preguntó al monje si ya había tomado una decisión, y éste respondió:

  • “Regresaré a mi monasterio… Voy a seguir las enseñanzas del señor Jiddu Krishnamurti”.
  • “¿Cómo harás eso?”, dijo Radhanath.
  • “Voy a rechazar las enseñanzas del maestro que nos enseña a rechazar los maestros y las enseñanzas”, dijo con una pícara sonrisa.

Por supuesto que uno debe asumir la “responsabilidad personal y no apegarse excesivamente al aspecto externo del maestro”, como dice Radhanath Swami, pero tener un guía no solo es necesario, es inescapable. Para algunas personas serán los padres, o cierta ideología, o ciertos libros. Quienes tienen hijos siempre dicen que “son los más grandes gurus”, quizás porque te aniquilan el ego al obligarte a poner tus intereses siempre en segundo plano. Para otros, como Ramiro Calle, el maestro puede ser su gato o para muchas personas es simplemente “la vida”. De hecho, como ya sabemos, la vida es una gran escuela y está llena de maestros.

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Como buen ejemplo, en el Śrīmad Bhāgavatam (11.7.33-35), un sabio identificado como avadhūta, enumera los 24 gurus de los que ha aprendido la ciencia del Ser y ellos son:

“La tierra, el viento, el cielo, el agua, el fuego, la luna, el sol, la paloma y la serpiente pitón; el mar, la polilla, la abeja, el elefante y el ladrón de miel; el ciervo, el pez, una prostituta, un ave y un niño; una joven casadera, un fabricante de flechas, una serpiente, una araña y una avispa”.

De la tierra serenidad y dedicación, del viento desapego, del agua su pureza innata, del mar su capacidad de asimilación, de la abeja la cualidad de tomar solo lo bueno de cada cosa, del fabricante de flechas su concentración mental y así.

Personalmente, considero que tener un guru humano genuino que te guíe de forma personalizada, integral y directa en el camino espiritual es una gran fortuna y el método más seguro. Si alguien prefiere decirle maestro, hermano o amigo me parece bien. Si a alguien le alcanza con verlo en la naturaleza, lo celebro. Si alguien cree que únicamente “está dentro de uno mismo”, le doy la razón (aunque lo invito a estar vigilante). Si alguien cree que no existe, que se vuelva a leer este texto y, sobre todo, mire mucho a su alrededor.

La forma y el nombre pueden cambiar pero hay un principio universal, que en el hinduismo se denomina guru tattva, y que nos va guiando a todos y cada uno hacia el conocimiento de nuestra real esencia. Quien no quiera verlo solo demora un proceso que ya está en marcha. El guru es inevitable. Y por eso lo celebramos.

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Guru Pūrṇimā 2015 y la confianza

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Si se asoman por sus ventanas, verán que la Luna de julio se está llenando y, por tanto, otra vez llega ese momento de júbilo para los devotos y discípulos espirituales de todo el mundo: Guru Pūrṇimā (Guru Púrnima), el día en que se honra al preceptor espiritual. Los que tienen un guru celebran con agradecimiento este día porque han experimentado que tener un maestro es una gran fortuna y un acelerador para el propio camino. Los que (aún) no tienen un guru, también lo celebran porque de alguna forma se nutren de las enseñanzas de los maestros y han entendido (o vislumbrado) que sin un guía el camino es imposible (y en caso de ser posible, es mucho más largo y doloroso).

La ancestral relación guru-śiṣya (maestro-discípulo) es una relación difícil de explicar y de entender para quien no la ha vivenciado, pues el maestro genuino se convierte en padre, madre y amigo, a la vez que supera esos conceptos y se convierte en la relación más importante y duradera de todas, ya que es vital en el (re)conocimiento de nuestra propia esencia divina y además puede mantenerse durante diferentes vidas (si uno acepta la existencia de la reencarnación).

Sea cual sea la historia particular de cada caso, lo cierto es que no puede haber relación maestro-discípulo sin confianza. En sánscrito hay una palabra para definir esta cualidad y es śraddhā (shraddhá), que según el contexto también puede traducirse como “fe”. El año pasado, por estas fechas, escribí un post sobre la importancia de obedecer al guru y en él hablé de la importancia de “tener fe inquebrantable en las palabras del guru”.

Un gran ejemplo de esa entrega al guru es Sri Dharma Mittra que, deseaba tanto tener uno, que a los 25 años vendió todo lo que tenía y dejó su Brasil natal con un billete solo de ida a New York, porque recibió una carta de su hermano diciendo que allí había encontrado un maestro (llamado Swami Kailashananda Saraswati). Dharma Mittra hizo servicio desinteresado por dos años hasta que el maestro aceptó iniciarlo y entonces se incorporó al ashram de Manhattan donde estuvo, en total, diez años sirviendo, para luego empezar a enseñar por su cuenta. En esos diez años se explica que Dharma alcanzó el auto-conocimiento siguiendo al pie de la letra lo que decía su maestro.

Y, para ello, uno de los secretos, según él mismo cuenta, es obedecer e imitar en todo al guru, tanto física, mental como espiritualmente. En sus años de renunciante Dharma le admitió a su guru que le imitaba en todo y éste le dijo: “That’s it! This is the trick!” (“¡Eso es! ¡Ese es el truco!”).

Como una de las tantas muestras de esa confianza total de Dharmaji hacia su guru, alcanza con contar una anécdota del curso de formación de profesores de yoga al que tuve la suerte de asistir en el Dharma Yoga Center en 2014.

En una sesión de preguntas, un estudiante preguntó: “¿Por qué al hacer japa (recitación) con una mālā (rosario hindú) no se debe usar el dedo índice para tocar las cuentas?”. A lo que Dharma contestó: “No lo sé, así me lo enseñó mi maestro”.

Obviamente que él lo sabe, porque hasta yo lo sé y porque lleva más de 50 años en el mundo del yoga e incluso en el mismo manual del curso de formación, y que él ha supervisado, se explican esos datos, pero el camino que enseña Dharma no es el del conocimiento intelectual sino el de la entrega, la fe y la confianza en el maestro para obtener la experiencia directa y personal.

Probablemente, cuando Dharmaji aprendió de su maestro a utilizar una mālā no sabía porque no se usaba el índice, pero eso no le detuvo para seguir sin dudas su enseñanza. Obedecer al guru cultiva la humildad del estudiante, y qué mayor muestra de humildad y respeto al propio maestro que un yogui legendario diga todavía “no lo sé”.

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Sri Dharma Mittra en dedicación plena (Foto: Fabio Filippi)

Siguiendo con Sri Dharma y la confianza, doy otro ejemplo que me toca de cerca: hay mantras que canta Dharmaji en los que yo, como estudiante de sánscrito, puedo ver “errores” de pronunciación. Es terrible para un estudiante ver errores en su maestro porque eso puede minar la confianza. En realidad, Dharma canta los mantras de la misma forma como los aprendió de su maestro, de forma puramente oral (lo cual podría explicar irregularidades de pronunciación), y además él nunca se preocupó por la correcta escritura del mantra o por juzgar si estaban bien o mal. Yo, en cambio, con mente académica, me puse a analizar si la pronunciación era correcta o no y durante nueves días de curso no pude cantar ni un mantra sin juzgarlo.

Entonces me di cuenta de que me estaba perdiendo una experiencia más profunda, porque la mente se queda enredada en el mero análisis intelectual. El último día del curso practiqué la entrega y repetí tal cual, sin pensar, los mantras dichos por el maestro, intentando imitar el sonido y no juzgar. El resultado fue paz mental.

Esta anécdota no es nada comparada con el hecho de que mi maestro, Swami Premananda, haya sido condenado a prisión, en 1994, por violación y homicidio. Mantener la confianza en el guru sabiendo eso es una buena prueba, lo puedo asegurar (para los interesados, la info y detalles sobre el “caso legal” de Premananda pueden leerse aquí).

Sri Swami Premananda

Hablando de Swami, en las celebraciones de Guru Pūrṇimā 2005 dio unos consejos que me gustaron mucho y que me parecen válidos también este año. Dijo Swami:

“Guru Púrnima es un día para recordar a los santos, los sabios espirituales, los avatares y los maestros espirituales que nos guían en el sendero espiritual y que han nacido en esta Tierra desde el tiempo en que el mundo fue creado. Este día llega una vez cada 365 días. En este día, pensemos en esas grandes almas y en nuestras mentes cantemos: ‘Gurur Brahma, Gurur Vishnur, Gururdevo Maheshvarah’ y pensemos en lo Supremo, que es el Guru de los Gurus.

Luego piensa en el Maestro espiritual que has aceptado como tu guru y repite su nombre nueve veces. Esto equivaldrá a recibir la gracia de tu guru por todo el año.

Durante la mañana, ayuna, y rompe tu ayuno por la tarde, comiendo algo de comida vegetariana.

Durante Guru Púrnima practica algunas sadhanas espirituales, tales como permanecer en silencio, escuchar satsangs, cantar cantos devocionales y participar de abhishekam o meditación. En este día especial y sagrado, piensa profundamente en tu guru, lee alguna de sus enseñanzas y desde ese momento en adelante sigue una de estas enseñanzas durante el resto de tu vida.

Este día llega tan sólo una vez al año. Aunque puede que tengas mucho trabajo y muchos deberes en este día, no te olvides de su grandeza. Si aprecias que éste es el único gran día en el que puedes recibir la gracia de tu guru perfectamente, entonces definitivamente te serán dados los beneficios de la gracia del guru durante los 365 días del año.

Además, el aceptar a un maestro espiritual como tu guru puede ser tu deseo, pero si ese guru, también, te acepta a ti, ello será tu gran buena fortuna. Guru Púrnima es el día para hacernos recordar de esa fortuna”.

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Así que, afortunados amigos, les deseo un dichoso Guru Pūrṇimā, que este año 2015 cae el Viernes 31 de Julio.

Para quienes estén en Barcelona o alrededores, habrá un par de celebraciones públicas el Sábado 1º de Agosto:

– A las 11h el Centro Sri Premananda de Barcelona hará una pāda pūjā a los pies simbólicos del maestro.

– A las 18h, la asociación Advaitavidya festeja, en Llerona, el día del guru en consonancia con el cumpleaños de Swami Satyānanda Saraswatī. Detalles aquí.

¡Jai Guru Om!

La importancia de obedecer al Guru

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La semana pasada se celebró Guru Pūrṇimā, el día del maestro espiritual, y el simbolismo y la importancia de este evento anual todavía me están haciendo reflexionar. Si bien es verdad que el día del Guru es una vez al año, la relación maestro-discípulo dura para toda la vida o, en realidad, para todas las vidas, pues se explica que una vez que el maestro acepta al discípulo se hace cargo de su progreso espiritual para siempre, incluso cuando el discípulo se desentienda del maestro o abandone su cuerpo físico.

Como personas occidentales e inmersas en la modernidad, con sus candentes valores de individualismo e igualdad de opinión, nos cuesta aceptar, al menos de forma consciente, que otra persona nos diga cómo vivir nuestra vida. Puede ser que esta temporada, porque alguien a quien no conozco lo dictamina, me deje la barba muy larga, consuma yogur con bifidus o me abra una cuenta en Pinterest, pero de ninguna manera aceptaré que un tercero, por más sabio que sea, me diga cómo ser más feliz espiritualmente.

Al parecer, el psicólogo y escritor Carl Jung dijo que, sobre todo en términos espirituales, “si hay una cosa que el hombre moderno no puede hacer es obedecer”, ya que la consciencia moderna rechaza la fe sin una confirmación empírica. Efectivamente, en nuestros tiempos la fe es considerada casi un “primitivismo”, una cualidad que poseen aquellas personas incapaces de discernir, analizar o generar pensamiento crítico.

Para muchos, la emancipación de las opiniones ajenas (especialmente si son discursos muy jerarquizados como la religión, el régimen político, la estructura familiar) es el gran logro de la modernidad, en que cada individuo, en apariencia, tiene su propia opinión, su conciencia crítica y su libertad de acción.

Siguiendo la línea individualista y auto-suficiente de la actualidad, es muy normal que sean pocas las personas que estén interesadas en tener un guru, es decir un preceptor espiritual, y muchas menos las que, de tenerlo, estén dispuestas a obedecerle. De hecho, hay una frase que últimamente escucho mucho: “El guru está dentro de uno mismo, en el corazón”.

Nadie niega que la frase sea cierta, aunque quizás está algo malentendida y mi pregunta es: “¿Estás seguro de que ese consejero que estás escuchando en tu interior no son tus patrones mentales prefijados, tus hábitos arraigados de años, tus intereses personales, las tendencias arrastradas de otras vidas, tus miedos, tus fantasías, el seductor eco del eslogan que escuchaste en una publicidad de relojes…?”.

Una de las ventajas de tener un guru exterior es que, así, el discípulo “tiene un ejemplo humano y concreto en el que basar su propia vida”. De hecho, la tradición de la India considera que el conocimiento espiritual se transmite básicamente a través de la relación guru-discípulo aunque el verdadero conocimiento espiritual sólo puede ser impartido de forma sutil o psíquica, por la gracia del maestro. Para ello, el estudiante se compromete a seguir las enseñanzas del maestro con sinceridad y gran veneración, con total obediencia.

Para personas occidentales y modernas como nosotros, esto puede sonar demasiado, pues la razón y la lógica son algunos de los pilares de nuestra cultura y, por tanto, nadie quiere “someterse” a ideas ajenas si, antes, éstas no están en consonancia con las ideas propias. Como expliqué la semana pasada, un estudiante sincero, que ha hecho auto-indagación, sabe que la mente tiene muchos trucos y que el laberinto intelectual no siempre tiene salida. Por ello, si quiere avanzar realmente en el sendero, hay veces en que simplemente debe tener fe inquebrantable en las palabras de su guru y seguir sus órdenes o consejos ciegamente.

Cultivar la obediencia al maestro es cultivar la humildad y la gradual disminución del ego-individual. También es atizar el fuego de la fe. A este respecto, me gustó mucho la historia que cuenta Swami Chidanand Saraswati en su boletín de saludo por Guru Púrnima:

“Había un hombre que quería caminar sobre el agua. Le suplicó a su guru que le diera un mantra secreto o un don especial para que pudiera lograr esa proeza tan notable. El hombre era extremadamente pío y devoto y había estado al servicio de su guru por muchos años. Por ende, el guru le dio una hoja, doblada en sí misma muchas veces hasta quedar muy pequeña. Le dijo a su discípulo: ‘Dentro de esta hoja hay una fórmula secreta que te permitirá caminar en el agua. Sin embargo, no debes abrir la hoja porque la fórmula que hay dentro es secreta’. El hombre está de acuerdo, toma con cuidado la hoja doblada entre sus manos y comienza su camino a través del río.

Está caminando bien cuando, de repente, es asaltado por la curiosidad. ¿Qué será esta fórmula secreta? ¿Hay realmente un secreto dentro? ¿Será un polvo o una piedra o habrá un mantra sagrado impreso? ¿De dónde lo habrá sacado el guru? Sus dudas pueden con él y entonces lentamente comienza a abrir la hoja mientras camina, pero con cuidado, no vaya a ser que algo de la fórmula sagrada caiga al agua. Tan pronto como despliega el último trozo para descubrir el secreto, el discípulo se hunde en el agua y se ahoga. Dentro de la hoja estaba escrita una simple palabra: fe”.

Como explica Swami Chidananda, no fue la hoja ni un mantra secreto lo que produjo el milagro, sino la fuerza de la fe en el guru. Tan pronto como su fe titubeó y dio lugar a la duda, el discípulo perdió su vida.

Justamente, estos días leí una frase de Swami Premananda que viene el caso, donde simplemente da el siguiente consejo: “Piensa, ‘mi gurudev es un hombre muy poderoso y me apoya, nunca me hundiré'”.

Obviamente, tener fe total en el maestro es muy difícil. No es una cualidad que venga dada. De hecho, cualquier devoto tiene como uno de sus grandes anhelos el tener fe absoluta en el guru y, en general, realiza prácticas para fomentar dicha fe, pues lo normal es que nos dejemos enredar, una y otra vez, por nuestro ego y por el mundo material y caigamos en el desasosiego y en las dudas.

Para fomentar esa fe, entonces, lo que me parece importante es entender, al menos intelectualmente, que tener fe y seguir las enseñanzas y consejos del maestro es útil para el propio crecimiento espiritual. Ya que somos seres “racionales”, podemos empezar convenciendo a nuestra razón, por ejemplo: “si esta persona ha logrado el gran logro del auto-conocimiento; ha alcanzado la meta máxima de la vida humana; lleva su vida como un ejemplo para la humanidad; sus palabras me reconfortan y ayudan; he sentido en mi interior destellos de su grandeza, pues entonces le voy a intentar seguir e imitar”.

A partir de este proceso analítico lógico, es probable que uno pueda empezar a obedecer al guru sin poner tantas trabas racionales y, de esta forma, la propia fe se vaya acrecentando.

Como consecuencia, el estudiante recibirá la gracia del maestro de forma natural y, casi sin notarlo, su fe seguirá creciendo y, entonces, recibirá más certezas y como resultado su fe continuará ampliándose y cuanto más cerca sienta a su guru más fe tendrá y más cerca estará, curiosamente, de su propio guru interior.

Guru Pūrnimā 2013 y el Guru Mantra

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Para cualquier aspirante espiritual uno de los días más importantes del año, sino el más importante, es Guru Pūrnimā, el día del guru, que se celebra en la luna llena del mes hindú de Āshādha, es decir junio-julio del calendario occidental. Este año 2013, cae el Lunes 22 de Julio. En ese día se honra al maestro espiritual por su rol fundamental de guiar a cualquier persona en el sendero hacia la Verdad Suprema. Si uno tiene un guru específico, entonces le rinde homenaje a ese ser; si uno no tiene un maestro particular, entonces venera a todos los preceptores espirituales o, al menos, al papel esencial que juegan en el avance espiritual de cualquier persona.

En Occidente, donde los valores del individualismo y la hiper-información son ley, puede que no sea muy popular la idea de seguir a otra persona como nuestro guía. A este respecto, un reconocido maestro espiritual de la India daba un curso de respiración y meditación en Argentina y una persona, ignorante del contenido del curso, se burlaba, pues ella “ya sabía respirar”. Quizás inhalamos y exhalamos, pero no por eso “sabemos respirar”.

De la misma forma, quizás hayamos leído muchos libros filosóficos y espirituales, pero eso no es suficiente para progresar si no hay un maestro genuino que nos guíe. Sin entender esto, creemos que lo sabemos todo, pues ahora tenemos ADSL en casa, conexión satelital en el teléfono y noticias de todo el mundo en tiempo real.

Para la tradición hindú, en cambio, el binomio guru-discípulo es básico y en él se fundamenta todo el proceso de desarrollo espiritual de cualquier persona. Sólo quien conoce el camino y ha llegado a la meta puede guiar a otros, de lo contrario se trata de “un ciego guiando a otro ciego”, como dicen los sagrados textos de las Upanishads. Esta alta estima que posee el maestro espiritual en la tradición védica se ve reflejada en el hecho de que se le compara con la misma Divinidad.

De allí, la existencia del conocido Guru Mantra:

gururbrahmā gururvishnur gururdevo maheshvarah /

guruh sākshāt parambrahmā tasmai srī gurave namaha //

Es decir:

“El Gurú es Brahmā, el Guru es Vishnu, el Guru Divino es Shiva (Maheshvara)/

El Gurú es la Realidad Suprema directa, reverencias al respetable Gurú”.

Por tanto, para la tradición espiritual de la India, el maestro espiritual representa la misma Trimūrti, o sea los tres dioses principales del cíclico proceso que crea (Brahmā), sustenta (Vishnu), destruye y regenera (Shiva) el Universo. Ya sea que uno tome esta definición como literal o como simbólica, nos da una idea de la importancia del guru.

Yo tengo la buena fortuna, en realidad bendición, de tener un maestro espiritual particular a quien dedicarle especialmente este día de Guru Pūrnimā. Su nombre es Sri Swami Premananda y ya he hablado de él en otras ocasiones. Como celebración de este día especial, además de honrarle y agradecerle de forma privada, aprovecho para publicar un discurso suyo sobre la relevancia de Guru Pūrnimā en que también habla del guru mantra.

Creo que no hay mejor forma de honrar un día así, que dejando que el mismo maestro hable y nos instruya en el sendero espiritual que todos, de una u otra forma, recorremos.

Swami Premananda

Swami dice:

“Sabios espirituales con mentes altamente desarrolladas dejaron sentadas las antiguas enseñanzas universales. Este Sanātana Dharma explica el estado divino en el que el Guru y Dios se vuelven idénticos. Esa es también la razón por la cual ellos explicaron: ‘Gurur Brahmā Gurur Vishnur Gururdevo Māheshvarah’.

Desde el tiempo en que este mundo fue creado, el Sol ha estado poniendo sus ojos sobre la Tierra. Todos los seres vivos de la Tierra, tales como la hierba, los gusanos y demás, son creaciones de Dios. Para que la creación de Dios evolucione y crezca, la Tierra dio nacimiento a grandes personas de sabiduría: rishis, santos, místicos, avatāras, siddhas y profetas. Los seres humanos no comprenden plenamente la energía divina de esta Tierra y el estado de sabiduría. La Tierra contiene dentro de sí muchos sabores, tales como dulce, amargo, agrio, picante, salado y también contiene muchos aromas. ¿Podemos entender algo de esto con sólo mirar el suelo?

La planta de la caña de azúcar que brota de la tierra toma de ésta su dulzura y la pasa a otros. Asimismo, los demás árboles y las otras plantas también toman el sabor que es esencial para su crecimiento. Los árboles toman el sabor y la fragancia de la tierra y los pasan a través de sus frutos. Del mismo modo, cuando un ser humano madura, él toma la sabiduría de la Tierra y eso se transforma en sabiduría espiritual. Esta Tierra contiene todas las formas de energía. Sin comprender la grandeza de esta Tierra, vivimos alegremente en ella.

Sólo las grandes almas entienden verdaderamente la sabiduría espiritual y a ellos se les considera gurus. Para la palabra guru hay numerosas explicaciones y muchos significados. Jesús vino para nacer como Dios y enseñó como un guru. Buda vino como una encarnación de Dios y enseñó como un maestro espiritual. El Profeta Mahoma enseñó sobre Dios. Así, las deidades Brahmā, Vishnu y Māheshvara también instruyeron a la sociedad. Dios y los mensajeros de Dios enseñan para ayudar a los seres humanos.

Leed las enseñanzas de estas personas iluminadas y prestadles atención. Puede que ellos hagan miles de milagros, pero no hay mucho en eso. Sobre todo, es la enseñanza lo que importa. El día de Guru Púrnima nos recuerda estas enseñanzas. Puede que haya muchas religiones, muchos idiomas y muchas subdivisiones de religiones, pero es la enseñanza divina la que contiene sabiduría espiritual.

Algunos que no han logrado el estado de sabiduría y que no poseen la experiencia o la madurez espiritual se imaginan que son gurus y empiezan a predicar. Los alumnos que estudian con ellos, sin madurez, no progresarán. Puede que al principio no comprendan lo que está sucediendo, pero cuando sean afectados de manera adversa se darán cuenta.

Cuando los santos, los sabios, los siddhas y los avatāras viven en la Tierra, a menudo tienen que sufrir numerosas y severas pruebas y dificultades. Incluso han derramado su sangre. Sus cuerpos tal vez hayan experimentado mucho sufrimiento, pero ellos nunca perdieron su modo sabio de pensar ni olvidaron sus prácticas espirituales.

Sin importar qué ocurría, ellos siempre continuaron enseñando. El hombre no entendió el elevado estado en el que ellos se hallaban, pero su valor y su influencia jamás se han reducido. Al igual que diamantes cortados y pulidos, ellos se han vuelto crecientemente más y más brillantes.

Aunque no podemos pensar en estos gurus 365 días al año, al menos pensemos en ellos una vez al año. Es por eso que celebramos este día de Guru Púrnima. Celebremos este día como un día sagrado y divino, como un día abundante de Dios y del Guru y digamos plegarias espirituales significativas y benevolentes para el beneficio de todos”.

Guru Purnima 2012

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Cada año, cuando llega la luna llena del mes hindú de Āshādha (junio-julio del calendario occidental) se celebra Guru Purnima. Se trata del día del Guru, es decir del maestro espiritual, por lo tanto se honra a todos los preceptores y guías espirituales.

La palabra sánscrita pūrṇimā refiere a la noche o el día de luna llena y deriva del vocablo pūrṇa que significa ‘lleno’ o ‘completo’. Justamente acabo de recibir el comentario de un lector preguntando por la escritura correcta de la palabra pūrṇimā que, al parecer, él conocía como poornima. Esta forma de escribir la palabra, con dos oes, es simplemente la forma inglesa popular de transliterar pūrṇimā para mantener el sonido original ‘u’ del sánscrito en la lengua anglosajona.

De esta forma, pūrṇimā hace referencia a cualquier día de luna llena y no únicamente al día del Guru, siendo Buddha Purnima (el día del nacimiento e iluminación de Gautama, el Buda) en el mes de mayo, o Sharad Purnima (la primera luna llena de otoño), algunas de las grandes celebraciones indias conocidas y relacionadas con la luna llena.

Swami Premananda dixit

Hace un año escribí un post bastante largo y detallado sobre el significado de Guru Purnima y el rol del maestro espiritual en el crecimiento individual del devoto. En aquel post incluía un discurso espiritual de Swami Premananda que explica muy bien el tema. Este año, para no olvidar la importancia de conmemorar esta fecha, cito un fragmento de otro discurso de Swami:

Guru Purnima es un día del año en que los aspirantes espirituales y los devotos de maestros espirituales recuerdan la bondad, la compasión y el servicio que los maestros han dado al mundo y la gracia que aún están concediendo. Los maestros espirituales provienen de todas las religiones y de una variedad de países y entornos culturales, y no obstante su meta es la misma: elevar y guiar espiritualmente a los seres humanos y aliviarles de sus sufrimientos en este mundo.

Debido a las bendiciones de los maestros y a los muchos frutos de sus poderosas sadhanas (prácticas espirituales), los estudiantes de hoy pueden progresar rápidamente en el sendero espiritual si poseen la voluntad y la sincera aspiración de hacerlo.

Lo Divino vive dentro de todos vosotros, pero al moveros en el mundo olvidáis totalmente la Divinidad interior. A medida que crecéis, la Divinidad se pierde. En esta etapa necesitáis ayuda. Necesitáis un Guru que os haga conocer y comprender que el Yo supremo es la gran verdad y la realidad en vuestra vida, no vuestro cuerpo físico y vuestra mente. Sin el gran poder del Guru es muy difícil realizar el estado interior de Divinidad.

El Guru les ofrece a los que verdaderamente buscan el sendero, una vida Divina con instrucción, guía y gracia constantes. Cuando digo gracia, me refiero a la energía de lo Divino. Al acercaros a lo Divino, shakti, la fuerza sagrada os atrae más y más cerca. La rapidez con la que vais hacia lo Divino depende de vuestra sinceridad y ahínco. Un acercamiento obstinado, continuo y resuelto es de gran valor en el sendero”.

Postración a los pies

Este año 2012, la celebración anual de Guru Purnima es el martes 3 de julio. Si bien es una festividad de origen indio, también se conmemora en el resto del mundo, en cualquier lugar donde haya personas dispuestas a homenajear y recordar a sus maestros espirituales, tan fundamentales en el camino espiritual de cada ser, según explican las Escrituras sagradas de la India.

La forma tradicional de celebrar este día es realizando ofrendas al Guru que, por lo general, incluyen frutas (cocos, limas, plátanos…), guirnaldas de flores, nuevas ropas (ya que tradicionalmente un maestro espiritual es un renunciante que no posee nada), y dinero.

Asimismo, se puede adorar al Guru con un ritual llamado Pāda Pūjā, es decir un ritual a los pies del maestro espiritual en que se lavan sus pies mediante una serie de polvos y líquidos considerados sagrados por la cultura védica (cúrcuma, vibhuti, polvo de sándalo, leche, agua de rosas y más). Si el maestro está presente en su cuerpo físico, este ritual se hace directamente a sus pies de carne y hueso. Si, en cambio, no está presente físicamente, entonces se recurre a las pādukās, unas sandalias de metal o madera que representan los pies del Gurú.

La adoración a los pies del Guru (ya sea literal o simbólica), se explica en el hecho de que los pies son tradicionalmente considerados como un “terminal de poder y gracia espiritual”, como dice Georg Feuerstein en su libro The Yoga tradition. Asimismo, el autor explica que el hecho de postrarse a los pies del Guru también expresa la auto-entrega por parte del devoto. Es decir, es la forma externa de demostrar su devoción y obediencia interna a las enseñanzas de ese maestro particular.

De todos modos, postrarse ante un maestro espiritual puede, también, simplemente significar una muestra de respeto, sin que por ello la persona postrada sea seguidora de ese Guru. En la India, aún a día de hoy, muchas personas tocan los pies de los monjes, sadhus o renunciantes, como así también de las personas mayores o de los propios padres, como un signo de respeto tradicional.

Ante la inminente llegada de Guru Purnima 2012, sirva este post como recordatorio de la importancia que tienen los maestros espirituales en la vida de todo buscador espiritual y sirva, también, para que los honremos como corresponde, con devoción, agradecimiento y amor.

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