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Antología de poesía devocional de la India, en el día de Krishna

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En 2007 se publicó una antología de poesía devocional de la India, traducida y editada por Jesús Aguado, que me ha dado muchas alegrías por sus inspiradores contenidos. Yo vivía feliz con ese libro en mi poder hasta que me enteré que, en 2017, y bajo el título ¿En qué estabas pensando? salía la antología “definitiva”, esta vez con el doble de material. Entonces experimenté en carne propia lo que dicen todos los santos y místicos: la dicha puede ser infinita cuando se trata de temas del espíritu.

Esta nueva Antología de poesía devocional de la India que ahora publica el Fondo de Cultura Económica tiene casi 500 páginas, incluye 368 poemas de 91 autores, que van del siglo V al XIX, y es la versión ampliada, corregida y mejorada de Jesús Aguado, que lleva treinta años leyendo y traduciendo estos textos llenos de experiencias místicas y mensajes trascendentales.

Los textos son, a veces, desnudas muestras de amor o reverencia a un Dios o Diosa con forma personal; otras veces, se trata de elevadas declaraciones de sabiduría no-dual, en que uno y el Uno se funden. También hay ruegos desesperados por libertad, epístolas, juegos sensuales que sonrojan a los profanos, lecciones de vida y tristes historias. En cualquier caso, el trasfondo es la devoción, bhakti.

Unos pertinentes versos de Bihari (siglo XVII), uno de los poetas que aparecen en la antología, dicen:

Libérame, mi Señor… Rompe los lazos que me unen a la existencia terrenal / Pero si te agrada tenerme prisionero / átame con la cuerda de la devoción.

La misma devoción que Aguado, poeta prestigioso (además de traductor, antólogo, crítico, literato…), pone en trasladar el bhāva (“estado psicológico y emocional”) de la obra original en sus versiones, usando los recursos métricos del español. En el libro hay poetas y poetisas de diferentes partes de la India, los cuales escribieron o cantaron en diversas lenguas. Para la traducción, Aguado se basa en fuentes en lenguas europeas (inglés, francés, italiano…) y aunque difícilmente pudiera contrastarse cada línea, uno tiene la sensación de que lo que está leyendo es “genuino”, no tanto en el sentido lingüístico o literal sino en el sentido literario y evocador de verdades que traspasan los idiomas.

Muy ingrata es la tarea del traductor y, sobre todo de poesía. Como el mismo Aguado ha escrito atinadamente en otra parte: “un asunto a discutir es si la poesía como disciplina intelectual le hace más justicia a los hechos históricos que la historiografía propiamente dicha”.

Los lectores de esta antología tenemos la suerte de que el traductor que nos ha tocado sea, en realidad, un poeta de gran sensibilidad que, además, es erudito en literatura, conocedor de la tradición india y una persona con gran inclinación espiritual.

La hermosa portada del libro.

En la obra hay muchos poemas de poetas-santos muy famosos como Kabir y Tukaram, pero también los hay de autores totalmente desconocidos en Occidente. Cada autor tiene una breve nota biográfica que, casi en silencio, va hilando las páginas y creando la atmósfera adecuada para disfrutar de los poemas, de los cuales pongo ahora dos breves muestras.

La primera del poeta Basavanna (siglo XII), ministro real pero también renunciante devoto del Señor Śiva (Shiva), que escribió originalmente en lengua kannada:

“El bambú se utiliza
para las varas de los palanquines,
para el mango de las sombrillas,
para colgar adornos el día de año nuevo,
para los postes de las tiendas.
Si tienes un bambú
eres muy rico.
Oh Señor de los Ríos que se Encuentran (Śiva),
desconfía de aquéllos
que no se doblan”.

Y otro de Lalla, la conocida poetisa mística de Cachemira del siglo XIV:

“Estás absorto en Ti
y por eso encontrarte es tan difícil.
Todo el día lo intento y cuando al fin
te descubro escondido en mi interior
huyo despavorida
sin saber si soy Lalla o si soy Tú”.

Kṛṣṇa Jayanti o Kṛṣṇa Janmāṣṭamī es el nombre que se le da al día en que se conmemora el nacimiento del Señor Kṛṣṇa (Krishna), ese divino niño de color azul. Este año 2017 ese día se celebra el 14 de agosto. Si me pusiera a copiar todos los poemas que me gustan del libro este post no acabaría nunca, así que he pensado que lo apropiado en el día del nacimiento del Señor Kṛṣṇa sería poner un poema sobre él. De hecho, la vida de Kṛṣṇa es uno de los temas que más ha atraído a los místicos de todas las épocas pues tiene muchos matices y en la antología hay profuso material sobre sus “pasatiempos”.

En el día de hoy me inclino por un poema que, desde que lo escuché por primera vez, me cautivó. En parte porque me recuerda las propias luchas domésticas para bañar a nuestras dos hijas cada noche, y también porque la figura del travieso bālakṛṣṇa, el “niño Kṛṣṇa”, me despierta profunda ternura y amor.

El poema es obra de Periyalvar, un poeta-santo del siglo VII que fue unos los doce famosos ālvārs, santos vishnuitas tamiles que fueron parte vital en el origen del movimiento devocional hindú. Se trata, como explica Aguado, de una “regañina” que le hace Yaśodā (Yashoda), su madre adoptiva, a Kṛṣṇa, que no quiere bañarse.

“Después de estar rodando por el polvo
los restos de cuajada de tu boca
están apelmazados
como barro reseco.
¿Cómo podría, así,
permitir que durmieras a mi lado?
Llevo esperando mucho
con aceite y jabón para tu baño.
¡Oh, inalcanzable niño,
deja ya de correr
y métete en las aguas!

He preparado dulces
con almíbar y miel,
tal como me pediste,
que no vas a probar
mientras estés tan sucio.
¿No ves que eres la mofa de las niñas,
que se ríen de ti cuando te ven?
No tardes, niño mío:
si quieres estos dulces
sumérgete en el agua.

Mi pequeño Señor,
a cuántas travesuras nos sometes:
usas como tambor
las vasijas de aceite
y luego das pellizcos
a los bebés dormidos
hasta que se despiertan
y entonces los asustas
mirándolos de cerca
con tus ojos enormes.

Oh niño encantador
que destellas azul como el océano,
te daré tanta fruta como quieras
si me dejas bañarte
de una vez en el río”.

Como material inédito, comparto este breve vídeo en que el propio Jesús Aguado lee el poema durante la presentación en Barcelona de la Federación Hindú de España:

Deseo que el nacimiento de Kṛṣṇa nos inspire a todos en nuestro camino devocional interior y, para echar leña a ese fuego, recomiendo fervientemente la Antología de poesía devocional de la India.

¡Hare Kṛṣṇa!

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Presentación en Barcelona de la FHE

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El sábado 1 de abril se presentó de forma oficial en Barcelona la Federación Hindú de España (FHE), con un acto institucional muy entrañable por la mañana y con un seminario introductorio sobre hinduismo por la tarde. Recordemos que la FHE fue creada en 2015, aunque su semilla viene de antes, sobre todo a través del anhelo de diferentes personas españolas comprometidas con la tradición hindú, que veían con desconsuelo como una tradición tan antigua y con enorme número de practicantes a nivel mundial, era poco tenida en cuenta por el Estado español y era, además, fuente permanente de malentendidos y confusión en los medios de comunicación y también en la sociedad general.

En 2016 tuvo lugar en Madrid la presentación oficial de la FHE y ahora tocaba en Barcelona. En el camino la FHE tuvo su primer encuentro oficial con el Gobierno español, y creó lazos de colaboración con la Embajada de la India en España.

El evento de Barcelona tuvo lugar en una sala de actos del centro cívico Pati LLimona y contó con la presencia de diferentes personalidades e invitados llegados de diferentes partes de España, como así también de miembros de las diferentes asociaciones que forman la FHE.

El programa comenzó con una invocación tradicional mediante mantras para propiciar la paz, a la vez que se encendía una dīpa o lámpara tradicional simbolizando la intención del acto, y también del hinduismo, de hacer siempre prevalecer la luz del conocimiento sobre la oscuridad de la ignorancia. Luego siguió una breve presentación de la historia de la FHE para ponernos en contexto y, para rematarla, escuchamos al actual Presidente de la FHE, Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), explicando claramente la función, objetivos y proyectos de la FHE.

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Tuve el honor de hacer de maestro de ceremonias del evento

A continuación tomó la palabra la Sra. Isabel Escandell, subdirectora general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña, para dar sus buenos deseos a la FHE y ofrecer las puertas abiertas al diálogo y la ayuda mutua por parte del gobierno catalán. Efectivamente, desde el primer momento en que la FHE entabló relación con este organismo, han mostrado gran receptividad a la situación del hinduismo en España y, además, han mostrado gran predisposición para la organización de este evento que nos ocupa. Ojalá continúe así.

Luego de esta parte más institucional, empezó la parte más experiencial del evento con una breve ponencia titulada Influencia del hinduismo en Occidente a cargo de Javier Ruiz Calderón, doctor en filosofía, indólogo y sanscritista. Ruiz Calderón nos paseó diestramente por cinco mil años de historia india para ir desglosando la importante influencia de la tradición hindú en la literatura, lingüística, filosofía, espiritualidad o matemáticas occidentales, siendo este último ámbito muy importante para el nacimiento de lo que llamamos Modernidad.

Después de satisfacer la faceta del conocimiento llegó el turno de la faceta emocional a través de la lectura de poemas devocionales hindúes. El recital poético estuvo a cargo de Jesús Aguado, laureado poeta y traductor, que entre su amplia obra tiene una sección destinada a la India, su visión y su poesía devocional. Jesús residió en Benarés durante varias temporadas y de esa relación nacieron grandes textos, entre ellos la conocida Antología de poesía devocional de la India.

El poeta nos ofreció una selección de sus traducciones, algunas de ellas inéditas, lo cual fue un gran privilegio. Los versos en que se describe el amor trascendental entre el ser individual y el Ser supremo por medio de la pasión amorosa entre Rādhā y Kṛṣṇa (Krishna) tuvieron especial repercusión.

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De izq. a dcha: el indólogo Javier Ruiz Calderón, el presidente de la FHE, Juan Carlos Ramchandani, la subdirectora general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Cataluña, Isabel Escandell y el poeta Jesús Aguado.

En este punto, con los asistentes ya inspirados, tuvo lugar la “actuación musical” del día a cargo de Bhakti Das, conocido referente del hinduismo en Cataluña desde hace muchas décadas. Digo “actuación musical” pero que nadie se confunda y crea que se trató de un mero entretenimiento sino que, de acuerdo a la tradición hindú, el arte y las emociones también pueden dirigirse hacia lo supremo. En este caso, solo escuchar la voz de gandharva de Bhakti Das lo transporta a uno a un estado de conexión interna, y mucho más si, como en este caso, va acompañada de un rāga en sitār.

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Bhakti Das creando ambiente meditativo con su música

Con todos los asistentes en un estado de elevación y calma, cerramos el acto con la ceremonia de ārati, es decir ofreciendo fuego y luz a una imagen de lo divino (en este caso Gaṇeśa) y cantando juntos Jaya Jagadīśa Hare, una canción tradicional que loa al Señor del Universo.

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Juan Carlos Ramchandani realizando el arati de clausura.

Después de agradecer una vez a todos los presentes por su asistencia y calidez pudimos disfrutar de un refrigerio hindú exquisito (vegetariano, por supuesto) que puso el broche de oro a una mañana que había cumplido con sus aspectos institucionales, intelectuales, sociales y también espirituales.

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Disfrutando del aperitivo hindú y de buena compañía

Por la tarde se llevó a cabo el seminario Luz sobre el hinduismo, que consistió en cuatro charlas introductorias sobre relevantes temas de la tradición hindú, a cargo de destacadas personalidades, todas ellas honrosos miembros de la FHE.

La primer charla se tituló Las metas de la vida y las bases de la sociedad hindú y estuvo a cargo de Oscar Montero, profesor de Vedānta, muy comprometido con esta filosofía y de la que hace una gran difusión en el mundo hispano-parlante a través sus cursos online. Su ponencia fue muy apreciada pues echaba nueva luz a un tema muy cotidiano y práctico.

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Oscar Montero durante su apreciada ponencia

A continuación disfrutamos de la ponencia Iconografía Hindú: Vida Espiritual a través del Arte a cargo de Hari Das, artista plástico especializado en iconografía y arte hindú, ámbitos de los cuales es experto no solo en términos de conocimiento teórico y de ejecución artística, sino que además es un devoto sincero y fiel que utiliza en su vida el arte sacro como herramienta de trascendencia. Especial afecto tengo por este tema, pues es muy poco difundido y me parece importante de conocer.

Hari explicó que el artista sacro no busca expresar nada especialmente personal sino más bien que “Dios se exprese a través de él” y para ello antes de realizar una obra el artista debe pedir permiso a lo divino. Asimismo, Hari dio detalles de las reglas de composición hindú, de los 64 artes y de los símbolos más comunes en la iconografía tradicional.

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Hari Das explicando el profundo simbolismo que esconde el arte sagrado hindú

La tercera charla se titulaba Introducción a los rituales y adoración en la tradición védica y su presentador fue Juan Carlos Ramchandani, que además de presidente de la FHE, es sacerdote hindú experto. En su entretenida ponencia nos relató diversos detalles de la adoración pública y privada hindú, diferencias entre el norte y el sur de la India y particularidades de algunos templos hindúes.

El cuarto turno fue para Swami Satyānanda Saraswatī, monje hindú y maestro de Advaita Vedānta, que posee un profundo conocimiento de las Escrituras sagradas. Sin embargo, todavía más importante para mí es su vivencia personal y la experiencia directa de aquello que explica, lo cual convierte a sus palabras en fuente de inspiración directa para quien las escucha. Swami habló de El Yoga: la espiritualidad hindú y sus caminos y ofreció un abanico de definiciones al respecto, para concluir que el hinduismo, más allá de sus múltiples acercamientos a lo Supremo, es en realidad un único gran camino que consiste en reconocer la unidad de uno mismo con el orden cósmico y actuar en consecuencia.

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Swami Satyananda Saraswati inspirando a todos con su mensaje sobre el hinduismo como camino.

Como las dos primeras charlas se alargaron inevitablemente, debido a su interés, las dos últimas tuvieron menos tiempo y todos los presentes nos quedamos con ganas de escuchar más. Y más allá de los cronogramas oficiales, durante todo el día tuve esta sensación de que el evento al completo transcurría con tal fluidez que se nos hacía corto a todos. Esto nos da más motivos para pensar en una próxima vez y, por supuesto, será más largo.

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Foto de grupo con la mayoría de asistentes al seminario de la tarde.

Después de varios meses de planificación y de arduo trabajo por parte de las diferentes asociaciones y miembros que componen la FHE, fue una gran satisfacción el haber realizado este importante evento para la Federación y, esperamos, para la difusión del hinduismo en España.

¡Sanātana Dharma Ki Jaya!

 

El mito del placer de las pequeñas cosas

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Hace años leí un libro llamado Selecciones del Swami Vivekananda, editado por Kier en 1971 y ahora fuera de catálogo, que me marcó grandemente pues explicaba las cosas muy claras y directas, sin el deseo de complacer, sino más bien de despertar y aguijonear al lector. Varias de mis concepciones sobre la espiritualidad se vieron trastocadas al leer las palabras del gran santo bengalí.

Una de las enseñanzas que me quedó grabada (quizás, en este caso, por resonar profundamente con mi idiosincrasia) era la siguiente:

“Tenemos un proverbio en nuestro idioma: ‘Si quiero ser cazador, cazaré un rinoceronte; si quiero ser ladrón, robaré el tesoro del rey’ ¿De qué sirve robar a los pordioseros o cazar hormigas?”

El Swami hablaba de la devoción y de que, a la hora de amar, más vale amar a Dios que a los objetos mundanos. Trasladando el proverbio a la vida cotidiana, yo siempre lo encontré relacionado a los famosos “pequeños placeres de la vida”, que tienen muy buena reputación entre todo el mundo pero de los que muchas veces he descreído.

Siempre, o al menos en edad adulta, me ha parecido que “un café calentito por la mañana”, “una siesta espontánea en el sofá”, “un definitorio partido de fútbol en la TV” o incluso “una buena cena con amigos” no tenían comparación con la felicidad última, entendida como aquella que “es independiente de condiciones externas”, es decir que se basta a sí misma pues su fuente es el propio Ser.

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Ya sé que me estoy metiendo, otra vez, en un tema polémico y para que no me tiren piedras hago la aclaración: no estoy diciendo que no me guste o no disfrute hablando con amigos, descansando en una hamaca o ingiriendo chocolate y Yogi Tea.

Lo que digo es que, según mi percepción, estas “pequeñas felicidades” están magnificadas, por un lado, por la cultura materialista y hedonista en la que vivimos, y por otro, por nosotros mismos, que difícilmente podemos resistir la tentación que nos ofrece el placer fácil de una “cervecita por la tarde” en lugar de, por ejemplo, sentarme a meditar y buscar placer en mi, muchas veces turbulento, interior.

Obviamente, cuando uno está agotado de trabajar, criar hijos, hacer las cuentas o estudiar, tanto más necesita “desconectar”, y entonces la atrapante serie televisiva o la copita de vino por la noche se convierten en oasis, casi en pequeños salvadores, de una rutina desgastante. El yoga propone otros oasis que, por supuesto, pueden ser complementarios al Facebook o incluso suficientes en sí mismos.

Además existen “pequeños placeres” con prestigio más espiritual como “recibir un beso de tu hija”, “sentir el sol otoñal en la cara”, “escuchar el canto de las aves”, “ver pasar una estrella fugaz”, “conversar con tu pareja” o “darle direcciones correctas a alguien perdido”. Todas estas cosas también tienen que ver con el yoga.

Siete tipos de felicidad cotidiana 1. La felicidad secreta, que es firme pero bellamente delicada 2. Tres minutos de felicidad tomados prestados de un perro 3. La felicidad tradicional de estar acostado 4. La felicidad que aparece cuando se contempla una piedra 5. Felicidad mezclada con una misteriosa tristeza 6. La extraña felicidad asociada con ver un meteorito o una estrella fugaz 7. Felicidad difusa, residual, que resulta de hacer tareas domésticas rítmicas como lavar los platos.

Sin duda la felicidad basada en las cosas sencillas es positiva, pues uno de los objetivos del ser humano es ser feliz y eliminar el sufrimiento. A la vez es bueno tener claro que por más partidos de fútbol – vibrantes y con mi equipo como triunfador – que yo vea, eso nunca me llevará a una felicidad permanente (esto ya lo he comprobado). Por eso, Swami Vivekananda, en uno de sus famosos discursos en el histórico Congreso de las Religiones de Chicago de 1893 se dirigió a los seres humanos como “hijos de la dicha inmortal” y dijo:

“Levantaos, ¡oh leones! Y sacudíos la ilusión de que sois corderos. Sois almas inmortales, espíritus libres, benditos y eternos. No sois materia, no sois cuerpo; la materia es vuestra sierva y no vosotros sus siervos”.

Justamente en estos días acabé de leer Therigatha (Ed. Kairós, 2016), una compilación de poemas budistas traducida y corregida por el poeta Jesús Aguado, que va creciendo en intensidad a medida que avanza y cuyo lenguaje poético-espiritual es tan sencillo como profundo. Como siempre en sus traducciones de textos religiosos, Aguado deja notar que, antes que nada, es un poeta y, aunque cambien el idioma y los términos, lo que logra es evocar en el lector de forma directa el espíritu de la obra. El libro se presenta en Barcelona el miércoles 25 de enero.

La particularidad de esta compilación es que todos los poemas son obra de mujeres, específicamente monjas budistas, en muchos casos contemporáneas al Buddha histórico. Su importancia literaria radica en que “está considerada la primera antología universal de literatura femenina”. Su importancia espiritual radica en el mensaje de estas renunciantes, algunas con vidas muy duras, que consiste en dejar de lado todo lo superfluo, causante tarde o temprano de sufrimiento, para buscar la absoluta y siempre libre paz interior.

Al tratarse de monjas, los versos del Therigatha naturalmente hacen gran hincapié en la renuncia y respecto a los placeres en general dicen, en más de una ocasión:

Placeres o cuchillos, es lo mismo.
Placeres como espadas.
El cuerpo, los sentidos, la mente:
La tabla de madera                                                                                                                             donde a trozos te cortan los placeres.

En relación a nuestro tema de hoy, Sumedha, una monja que rechazó casarse con un rey para seguir la senda del Buddha, dice:

“¿Por qué tendría uno que renunciar a una gran felicidad por las pequeñas felicidades que los placeres de los sentidos prometen?

Obviamente no estoy instando a nadie a hacerse monje, simplemente comparto una serie de reflexiones sobre un tema que, quizás se habría quedado en el tintero, si no fuera porque hoy leí una lamentable columna de opinión en el periódico digital La Vanguardia. Por suerte para mí, este tipo de lecturas no es un hábito arraigado y lo único que me llevó a clicar en el texto fue un titular sobre “los placeres de la vida” que, como ahora sabemos, es una cuestión que me interesa.

En el breve escrito, que no vale la pena ni leer pero aquí está, el autor se queja del “animalismo”, que viene a ser la defensa de los derechos de los animales, y se ofende porque en la calle vio el siguiente adhesivo creado por activistas veganos (perdón por la crudeza):

El periodista define la frase atribuida al cerdo como “un monumento a la idiotez” y el animalismo como una ideología “fascistoide y algo enfermiza”. Obviamente el autor no es vegetariano y se jacta de no serlo con argumentos muy frágiles:

“Ya imagino que podría subsistir con verduras, legumbres y cocos y salvar al reino animal. Sencillamente: no me da la gana”.

Más adelante, y les ahorro partes, el autor dice:

“Lo siento por el cerdo que nació cerdo. Y por el percebe arrancado de una existencia plácida en las rocas. O por la angula, otro bicho asqueroso. Los placeres de la vida empiezan a sonar a pecado y esta vez no es la Iglesia católica, apostólica y romana. Es el animalismo…”

No voy a debatir con el autor, ni explicarle por qué el vegetarianismo es una solución plausible para la crisis ecológica global, ni por qué el consumo de carne ha sido asociado científicamente con una mayor incidencia de cáncer, ni mucho menos argumentarle que no comer carne (o productos de origen animal) evita sufrimiento a otros seres, ya que justamente son matados para que los comamos (o hacinados y maltratados para sacarles huevos o leche).

Lo que quiero destacar, en relación a nuestro tema de hoy, es que los “placeres de la vida” están tan sobrevalorados que alguien puede llegar a decir, ¡con jactancia!, que el placer que uno experimenta en su paladar al comer jamón o foie gras, por ejemplo, vale más que la vida (generalmente sufriente) de un ser vivo, llámese cerdo, oca o anodino percebe.

Por tanto, si creemos que nuestra existencia tiene un propósito superior a la “buena comida” o “los pequeños detalles” quizás estemos dispuestos a renunciar a las migajas e ir lo más directo posible a robar el tesoro del rey. Eso no significa que, en el camino, uno no pueda saborear ese helado como si fuera la ambrosía celestial (en parte lo es) o jugar con sus hijos como si fueran la divinidad encarnada (en gran parte lo son). Significa, más bien, que “los pequeños placeres de la vida”, vistos como un objetivo en sí mismos y, sobre todo, como lo que nos redime de nuestra chata existencia, se convierten en cadenas.

Vistos con gratitud, en cambio, como una manifestación más de la consciencia suprema, son una bendición y, además, un buen campo de entrenamiento para el crecimiento espiritual.

Firmas sin ego: la poesía devocional

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Durante mi investigación sobre la importancia del anonimato en la tradición escritural y literaria hindú me encontré con una gran excepción sobre la que, por motivos de espacio, no dije nada en el post original, dejando su análisis para hoy. Me refiero a la poesía devocional, que es la etiqueta genérica que se da a poemas, canciones y escritos compuestos en un período muy amplio de más de mil años (del siglo VI al XVIII E.C.) por santos o mahātmas y que, como es de esperar, tiene sus matices y diferencias según la época, la zona y las circunstancias.

A pesar de esas diferencias, que no voy a explicar en detalle, un rasgo común es la tendencia de estos poetas-santos a firmar sus obras y, aún más lejos, poner dentro del poema su propio nombre, dándole así mucho más protagonismo y visibilidad. Como ejemplo introductorio unos versos de Jayadeva (siglo XII), quizás el poeta más famoso en dramatizar los divinos amoríos entre Kṛṣṇa (Krishna) y Radhā:

¡Consagra tu gozosa unión con Padmávati!
Enemigo de Mura, bendícenos cien veces:
el rey de los poetas, Jayadeva, te canta.
¡Radha, entrégate entera a la pasión de Mádhava!

Como se puede notar, Jayadeva no solo se nombra a sí mismo sino que se auto-denomina “rey de los poetas”, todo lo contrario, a priori, al anonimato y perfil bajo fomentados por la tradición védica desde la antigüedad. Esta aparente paradoja me llevó a preguntar e investigar para encontrar posibles respuestas…

El movimiento devocional hindú que genéricamente se conoce como bhakti tuvo un primer apogeo a partir del siglo VI en el país tamil, al sur de la India, con un proceso de renovación religioso llevado adelante especialmente por santos shivaístas (nāyanmārs) y santos vishnuistas (ālvārs). Su acercamiento a lo divino se caracterizó por sus formas heterodoxas de devoción íntima (es decir, “la relación directa de cualquiera con Dios”), como un rechazo a la religión “de los sacerdotes, los rituales y los libros” que era la ortodoxia brahmánica.

Se trataba, como explica el indólogo Javier Ruiz Calderón, de una “relación personal de amor apasionado con la divinidad, que culmina en la fusión amorosa y extática con ella… una religiosidad muy espontánea, poco institucionalizada, de carácter comunitario e indiferente a las distinciones de clase social”.

Por tanto, la poesía mística que compusieron estos santos, casi siempre en lengua tamil, contribuyó a crear una nueva sensibilidad espiritual y también literaria que “ganó rápida popularidad especialmente entre las personas comunes y corrientes y la casta no sacerdotal”. Veamos un ejemplo en los versos de Sundarar (siglo IX), devoto de Śiva, y que a pesar de ser brahmán de nacimiento se casó con dos mujeres de castas inferiores:

“Señor, explícame por qué has bajado
hasta este corazón de un ser humilde
que disfruta asistiendo por las noches
a Tu danza en el crematorio                                                         en la cual resplandece la serpiente
que llevas anudada en Tu cintura.

Tesoro que nos salva del karma acumulado,
Señor Rojo como un rubí,
oh Rey de Nattiyattankuti (pueblo sagrado de Tamil Nadu)
ya nunca podré amar a nadie como a Ti”.

Con la semilla sembrada en Tamil Nadu, a partir del siglo XIII surgió un movimiento devocional similar, cada vez más hacia el norte del país, primero en Maharashtra y luego en las zonas de habla hindi, punyabi y braj, que finalmente es lo que de forma popular y genérica se conoce como movimiento bhakti y en el que las canciones religiosas (bhajans) tienen gran importancia. Muchos de estos bhaktas eran hombres y mujeres de casta baja que, otra vez, rechazaban las convenciones sociales y la religión brahmánica ortodoxa para vivir una existencia muchas veces itinerante buscando la comunión directa con una deidad personal o con lo Absoluto sin forma, según el caso.

Más allá de que su principal razón de existencia fuera siempre la “devoción amorosa a Dios”, todas las vertientes de este movimiento mostraban un “visible grado de igualitarismo y crítica al elitismo”, al decir de Agustín Pániker.

Y una de las grandes formas de rechazar ese elitismo fue la utilización de las lenguas vernáculas (tamil, marathi, hindi…) en las composiciones poéticas en lugar del prestigioso idioma sánscrito, a la vez que “reivindicar el derecho de las castas inferiores (incluso de las más desprestigiadas como, por ejemplo, la de barrenderos o sirvientes) a dialogar con lo divino sin intermediarios”, como explica el poeta y traductor Jesús Aguado, encargado de la Antología de poesía devocional de la India (Olañeta, 2007), de donde tomo las primeras cuatro traducciones poéticas que aparecen en este post.

Por tanto, y parafraseando a Aguado, en un contexto de reivindicación e igualitarismo social, y volviendo al tema de hoy, firmar las composiciones devocionales utilizando el nombre propio, que en la mayoría de los casos connota procedencia social, lingüística y geográfica, podría ser una manera de destacar la casta y el idioma “alternativos” a lo hegemónico.

Esta mezcla de protesta social con búsqueda espiritual la ejemplifica muy bien Kabir (siglo XV-XVI), nacido en Benarés en una casta de tejedores musulmanes, predicaba una espiritualidad más allá de religiones particulares y sus poemas “estaban dirigidos a los humildes, ridiculizando sin piedad a los poderosos, los eruditos, los ritualistas, y los santones en general”. Leamos:

“El Único es ahora un alfarero:
con atención modela toda clase cántaros.
Luego los cuece dentro de Su vientre.
Hace bien Su trabajo para que no se rompan.

Una vez enfriados
les da  nombre:
Shiva, Shakti, el que sea.

Si alguien es tonto solo le seguirán los tontos.
Os digo la verdad,
hombres locos que el sueño de otro loco seguís.

La leche es blanca al margen del color de la vaca.
¿Qué es un brahmán (primera casta)
y qué es un shudra (cuarta casta)?

El falso orgullo os pierde.
Se equivoca el hindú y se equivoca el turco.

¡Un verdadero artista este alfarero!
El hombre bueno sabe
apreciar Sus figuras”.

Esta explicación de carácter socio-cultural suena plausible y me recuerda – perdón por el salto temporal, geográfico y cultural – al surgimiento del rap entre la comunidad afro-americana del Bronx, en que el uso de la “palabra hablada” (spoken word) como único instrumento se convirtió, antes que en una música o una moda, en una forma de contracultura y de reivindicación social.

A este respecto, si uno escucha las letras de rap puede notar que se utiliza mucho el pronombre “yo/nosotros” versus “ellos”, que en un principio quizás eran los “blancos”, los “ricos” o el “sistema”. Muchas canciones de rap utilizan la frase “mi nombre es…”, ya que el rapero, por definición, debe dejar bien clara su identidad y oponerla, como decía, a “ellos”.

La gran diferencia entre los dos estilos, me parece, está en el ego del autor. Mientras el rapero reafirma y aumenta su ego para sobrevivir y luchar en un mundo que lo somete socio-económicamente, el bhakta aspira a fundir su “yo” con lo Divino (aunque también viva en un mundo que lo somete socio-económicamente…).

De esta idea de fusión con lo divino surge otra explicación de por qué los poetas devocionales firman sus obras, ya que para que haya devoción (bhakti) es necesario que haya dos partes: el amante y el amado. Para tener una relación personal con lo Divino (en el aspecto que cada uno prefiera) hace falta “un sujeto separado de la divinidad, con personalidad propia” y, por ello, también con un nombre detrás.

Mirabai (siglo XV-XVI) fue una hija de nobles que se entregó a la vida espiritual y se convirtió en una de las grandes poetisas místicas de la India y, como un ejemplo de lo que venimos hablando, el editor Álvaro Enterría dice: “El camino de Mirabai era una relación personal con Krishna. Debía entonces mencionar su nombre para que esa relación exista”. Veamos:

“Oh compañero,
mis ojos se comportan
de un modo misterioso.

Una vez que en mi mente has penetrado dulce,
Te has abierto camino hasta mi corazón.

No sé cuánto tiempo habré pasado
aguardando a la puerta de mi casa
a verte aparecer al final de la calle.

Mi alegría depende de mi Amado:
mi remedio,
mi yerba medicinal,
mi vida.

Mira se ha convertido en propiedad
de Giridhara (Krishna).
La gente dice que está loca”.

Un detalle interesante es que si bien estos poetas muchas veces ponen su propio nombre dentro del poema, generalmente lo hacen en tercera persona, como si hablaran, justamente, de un “tercero”. Para mí, este recurso es una forma de dejar claro que ese nombre no es más que un personaje temporal con el que no se identifican plenamente, pues ellos están fusionados o buscan la fusión con lo Divino.

De hecho, a veces los poetas usan su nombre como si se tratara de otra persona a la que le están hablando. En un fragmento de un texto de Tulsidás (siglo XVI-XVII), el gran poeta que compuso la versión del Rāmāyaṇa en hindi, podemos ver este uso (traducción de Swami Satyānanda Saraswatī):

“¡Tulsī, la verdad solo puede ser percibida
por aquellos que tienen la santidad en su corazón!

Tulsī, estos santos son una rareza en este mundo,
bendito es el lugar en el que se encuentran.
Su amor va dirigido al bien de los demás.
El que va a ver a un santo, se transforma
y se convierte en un santo a la vez”.

Es llamativo que muchos poetas usen su nombre en diminutivo (Tulsī por Tulsidás; Mira por Mirabai; o Tuka por Tukarām), lo cual le otorga una inocencia y una ternura que, según mi perspectiva, no tienen ninguna relación con inflar el ego individual. Sobre esto, Jesús Aguado dice que “puesto en medio del poema, ese nombre se hace sinónimo de dios o de lo divino, que es la aspiración última de cualquier devoto: fundirse con aquello (o Aquello) que invoca”.

Hablando de fundirse o no fundirse, la tradición más impersonal de estos movimientos devocionales (denominada tradición de los sants), en lugar de adorar a un Dios personal adora a un Dios sin rostro, más bien interior, aunque curiosamente le siguen dedicando poemas y cánticos. Un buen ejemplo son estos versos del místico Jñanadeva o Jñaneshvara (siglo XIII), del que ya hablé algo aquí:

“¿Por qué estás corriendo de un lado a otro
en busca de Dios?

¿Por qué no reconoces que Dios
reside en tu propio corazón?

En realidad, Dios no tiene nombre ni forma,
ni lugar alguno donde residir.

Jñanadeva dice:
adora pues a Dios en tu interior,
en la forma de tu ātman, tu Ser,
y sírvelo a Él sin cesar”.

En referencia a esta devoción “sin atributos”, que en muchos casos se basa en grandes máximas del Vedānta como “este ātman es Brahman” (ayam ātmā Brahmā), el poeta Jesús Aguado vuelve a contribuir agregando que según algunas de estas corrientes “el nombre de uno es el nombre del Uno y este es un descubrimiento que uno debe realizar en su camino hacia la iluminación-liberación”.

Desde esta perspectiva, si “yo soy el Absoluto”, poner mi nombre no es un acto egoico ni dual, sino una forma de explicitar mi total unidad con el Ser. Con este criterio, el nombre de cualquier hijo de vecino sería sinónimo del Ser.

Como conclusión, no puedo asegurar que tenga una respuesta definitiva pero las pistas que he seguido me dejan bastante satisfecho y mi sensación, tanto ahora como antes, es que esos nombres dentro de los poemas no están marcados por el ego sino por la devoción y la búsqueda (o la confirmación) de unidad con lo divino.

Una sensación que, además, está influida por escuchar desde pequeño un breve poema de Ramprasad (siglo XVIII), un famoso santo bengalí devoto de la Madre Kālī, que mis padres cantaban (y cantan) en su casa:

“Sri Ramprasad nos dice:
la Madre Divina en todas partes está.

Ojos ciegos vean la Madre
escondida siempre en todo;
siempre en todo, siempre en todo,
escondida siempre en todo”.

Tan escondida como algunas de las razones de estos santos para firmar sus poemas…

Benarés, la ciudad imaginaria

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Este blog nunca busca incitar al consumismo. La política de austeridad es ley espiritual. De todos modos, hay ocasiones en que sí recomiendo textos, películas o músicas relacionadas con la India y la espiritualidad. Por un lado, porque se supone que los lectores de este blog están interesados en esos productos y, por otro lado, porque puestos a comprar algo, ya que se acerca la época navideña, mejor que sea un artículo con cierta intención espiritual.

Esta introducción auto-justificadora es para recomendar un libro en particular, cuyo título ya nos da pistas atractivas: Benarés, la ciudad imaginaria.

Se trata del último proyecto literario de Álvaro Enterría, un autor al que gustosamente sigo desde este blog por sus iluminadores trabajos sobre la India y la espiritualidad, especialmente para la lengua hispana. Su guía cultural para el viajero, La India por dentro, es una obra indispensable para quienes quieran entender ese contradictorio país, ya sea habiendo viajado a él o planeando hacerlo en el futuro. El libro ya va por su exitosa sexta edición, con la séptima en camino.

Asimismo, Enterría es el promotor del monumental trabajo de llevar la epopeya clásica del Mahābhārata a su versión de cómic en español. Una labor compleja que es puesta en imágenes de forma sensacional por el dibujante Miguel Gómez Andrea, alias GOL, especialista del cómic histórico.

En un post dedicado a recomendar libros, no dudo un instante en decir que estas dos obras citadas son una inversión muy segura.

Ahora vamos a Benarés…

Más que una suma de opiniones

Todos hemos escuchado o visto algo sobre Benarés (oficialmente Varanasi, tradicionalmente Kashi) y, para bien o para mal, nos ha llamado la atención. Evidentemente, lecturas o documentales de TV no alcanzan para experimentar la ciudad sagrada. De hecho, estar allí en persona, por poco tiempo, como fue mi caso, tampoco es suficiente para entender un sitio tan especial.

Sin duda necesito regresar allí si quiero ahondar en mi experiencia, aunque debo decir que la lectura del libro Benarés, la ciudad imaginaria, además de ser un placer literario, me ha dado mucha información útil para entender una ciudad que, de otro modo, es un jeroglífico arquitectónico, cultural, sensorial y espiritual. Como dice Álvaro Enterría, “el libro intenta presentar varias visiones de esta asombrosa ciudad. Una ciudad que he llamado ‘imaginaria’, pues más parece pertenecer al mundo onírico que al de vigilia”.

Cuestiones que vi y viví en Varanasi y no entendía se me hacen claras con la lectura del libro y me preparan mejor para mi regreso. Confío que esta sensación será compartida por aquellos lectores que han pisado alguna vez suelo benaresí, como así también por aquellos que lo harán por primera vez.

Para editar el libro Benarés, la ciudad imaginaria, Álvaro Enterría ha tomado textos de diferentes autores, todos ellos grandes conocedores de la ciudad. Hay autores occidentales e indios, la mayoría de ellos contemporáneos, lo cual permite al lector tener una idea ‘actualizada’ de la ciudad sagrada más antigua de la India (y, quizás, del mundo). El mérito de la edición de Enterría es reunir estos textos de diferentes orígenes y estilos para darles un nuevo orden que no se hace nada forzado; de manera que uno se lee el libro, no como una suma de opiniones diversas, sino como una reflexión continuada, ora académica ora poética, que podría haber sido escrita por un único autor omnisapiente.

La tradición literaria india de desvanecer al autor individual en una figura colectiva (cuyo paradigma podría ser el sabio compilador Vyāsa), privilegiando el contenido y la enseñanza perenne sobre la fama personal, tiene en este libro y su fluidez de lectura, un eco sutil pero perceptible.

Varios autores

Más allá de esta coherente composición coral que logra el libro, depende de los gustos de cada lector el elegir su texto favorito, ya sea por el tema tratado o por la voz literaria del autor.

Opciones no faltan: la historiadora Nita Kumar nos explica la intrincada disposición de los barrios de la ciudad; Suresh Bhatia habla de la historia del budismo en Benarés; el sanscritista francés Pierre-Sylvain Filliozat expone con claridad el rol del pandit tradicional, guardián del saber ancestral; mientras que la filósofa y poetisa Chantal Maillard nos embelesa desde una habitación frente al Ganges.

Asimismo, el fotógrafo y escritor Richard Lannoy nos sumerge en la ciudad que se ha hecho famosa por la muerte. “¿Hay alguna otra ciudad en el mundo cuyas costumbres funerarias constituyan la fuente principal de su interés?”, pregunta el autor, para luego explicarnos las consecuencias existenciales de este hecho único.

El ingeniero K. Chandramouli, por su parte, hace un lúcido análisis de cómo la Kashi milenaria está siendo afectada por la imparable posmodernidad; un cambio que en Benarés parece haber estado anestesiado durante milenios y que, en pocas décadas, ha tomado un giro del que somos observadores privilegiados (o no tanto…).

Personalmente, los textos del poeta Jesús Aguado me han parecido de gran calidad y hermosura, generándome deseos de reír y llorar, o sea, el efecto que produce eso que llaman arte. Muy buena impresión, también, me dejó el hasta ahora inédito escrito de Oscar Pujol (Benarés: Divina Algazara), director del Instituto Cervantes de New Delhi y reconocido sanscritista.

Finalmente, me alegró descubrir que el libro incluye cuatro textos de Álvaro Enterría, dos de los cuáles eran inéditos. Esta colaboración cuaternaria incluye un esclarecimiento de porqué Kashi es el lugar de peregrinación por excelencia y una comprometida mirada sobre la importancia del río-diosa Ganga en la sacralidad de Benarés. Además, de sus dos textos inéditos, ¿Está esta ciudad en este mundo? es un deleite para el lector, transportado al instante a la cotidianeidad de una ciudad que es irrepetible.

El cuarto texto (Personajes memorables), escrito en colaboración con su esposa Árati Náyak, es un retrato muy vivo de diferentes personas de Kashi, dejándonos entrever una parte de esas existencias no siempre fáciles que no salen en las guías de viajes. A mi entender, se trata de una gran contribución, pues equilibra los textos más académicos del libro para mostrarnos un panorama completo de la ciudad, sin buscar idealizarla.

Imagen de las guardas interiores del libro (imagen Saul Tiff)

Más detalles editoriales

El libro también incluye valiosos textos de Jagmohan Mahajan, Baidyanath Saraswati y Rana P. B. Singh, así como un poema del gran santo-poeta Shankaracharya. Asimismo, contiene una selección de breves textos (Miscelánea literaria) con párrafos de Ramiro Calle, Fernando Díez, Fernando Sánchez-Dragó, etc.

También contiene fotografías e ilustraciones (en tamaño pequeño, blanco y negro, ya que el presupuesto, como explica Enterría, “no daba para más”) del mismo Álvaro Enterría, Vincenzo Floramo, Gol, Richard Lannoy, José Antonio Morcillo y Saul Tiff.

El 22/11 en Librería Altaïr (Barcelona) y el 28/11 en Librería DeViaje (Madrid), Álvaro Enterría presentó Benarés, la ciudad imaginaria en España. El libro está editado por J. J. de Olañeta, Palma de Mallorca, en la colección Terra Incognita. Espero que tenga buena acogida y se venda.

Para darle más valor al libro, es bueno saber que los derechos que se obtengan de él serán dedicados a trabajos de restauración en la ciudad de Benarés.

Si mis argumentos no los han convencido de leer este libro, ojo con esta frase del escritor indio Raja Rao en la Miscelánea literaria de la obra: “Recuerda, lo que no descubras de bueno y malo en Benarés, no lo encontrarás en ninguna otra parte de la tierra”.

Como siempre, la confirmación de esto sólo puede lograrse con la propia experiencia. A mí, la lectura del libro me ha producido unas irrefrenables ganas de visitar Kashi. Pienso hacerlo pronto y Benarés, la ciudad imaginaria será mi guía personal.

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Si te gusta este blog, es muy probable que estés interesado en apoyarme en mi nuevo proyecto de crowdfunding para ir a la India en Febrero 2013 a investigar la gran festividad espiritual de la Kumbha Melā y escribir un libro sobre el tema. Para más detalles, clicar aquí. Para apoyar el proyecto en Lánzanos, clicar aquí.

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