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La duda como obstáculo espiritual

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Uno de los grandes motivos por los que la práctica de āsana o yoga físico es tan popular actualmente es porque aporta progresos evidentes y rápidos a nivel de flexibilidad y fuerza física. Por tanto, con pocos meses de práctica regular (quizás dos veces por semana) la mayoría de personas en general nota una gran “evolución”, al menos desde el punto de vista de realizar las posturas en su forma externa. Sin hablar de otros beneficios como verse más relajado, aliviar dolores de espalda o sentirse mejor con uno mismo por dedicar tiempo y esfuerzo a estar sano. Al obtener una prueba tangible de los beneficios de la práctica, uno la mantiene con entusiasmo e incluso la incrementa.

Hasta aquí muy bien, pero ¿qué pasa cuando – al menos en apariencia – ese progreso se estanca? Sobre todo en prácticas con resultados menos inmediatos como la meditación, la aplicación de yamas y niyamas, la oración, la auto-indagación… O yendo más allá, ¿qué pasa cuando mi cosmovisión y mi estilo de vida que incluyen, entre otras cosas, la actitud positiva, el ver lo divino en todos los seres, andar en bicicleta, comer ecológico o la aceptación de la ley del karma, no parecen darme beneficios?

De esta encrucijada pueden salir muchos caminos, pero hoy solo quiero centrarme en uno: el de la duda. La duda sobre el camino elegido y quizás recorrido ya por varios años; o también la indecisión sobre la eficacia de ese camino que me impide entregarme a él plenamente.

En el Yogasūtra, Patañjali deja claro que hay nueve obstáculos o impedimentos (antarāya) para el aquietamiento de la mente y el tercero de ellos es justamente saṁśaya (samshaya), la duda. El antiguo comentario de Vyāsa a los sūtras dice que la duda es “un pensamiento que oscila entre dos extremos, por ejemplo: ‘esto podría ser así, o podría no ser así’”. A pesar de lo simple de la definición, uno sabe por experiencia propia que esta sensación de indecisión mental puede ser insoportable, una “gran tortura”, como dice Swami Sivananda.

No casualmente, en la Bhagavad Gītā (IV.40) el Señor Kṛṣṇa (Krishna) también habla de la duda y en términos muy taxativos. En la traducción de Swami Sivananda:

 “El ignorante, el que carece de fe, el que duda, camina hacia su destrucción. Para el que duda no hay felicidad ni este mundo ni en el otro”.

El śloka habla por sí solo, aunque para contextualizar se puede agregar que la duda específica sobre la que se está hablando es sobre la verdadera naturaleza de este mundo y cómo actuar en él. El antídoto contra la duda, dice la Gītā, que es también el antídoto contra todo sufrimiento, es el conocimiento. El conocimiento experiencial de la Realidad, por supuesto, pero mientras tanto también sirve el conocimiento intelectual de las enseñanzas espirituales.

Cuando uno escucha una enseñanza genuina, y está preparado, entonces la recibe con aceptación y naturalidad. Otras veces tiene que rumiarla poco a poco hasta hacerla propia. En ambos casos, y aunque creamos tenerlo todo muy claro, “dominados por nuestras inclinaciones” la duda puede volver. Ante esto, hay un primer método para juzgar con el intelecto la validez de una enseñanza, que se resumen en unas palabras del santo bengalí Narottama Dāsa Thākura:

“sādhu śāstra guru vākya, cittete kariyā aikya”.

Es decir:

“Uno debe aceptar algo como genuino después de estudiar las palabras de los sādhus, las Escrituras y el guru”.

Por ende, cualquier enseñanza válida debería verse corroboradas por las Escrituras sagradas, por las palabras de otras personas santas y por el ejemplo de vida del maestro particular que imparte dicha enseñanza.

Como es de esperar, hay ocasiones en que la duda abarca las Escrituras, los santos, los maestros y toda la tradición espiritual, por lo que el método arriba citado no es suficiente. ¿Cómo puede uno entonces obtener o recuperar la fe y la convicción interior? Como ya vimos, la forma más directa es experimentando por uno mismo la verdad de la enseñanza a través de sus frutos, pero cuando no vemos frutos nos decaemos y dudamos… o sea un círculo vicioso.

Siguiendo la lista de Patañjali, lo que genera la duda es la apatía mental (styāna), que B.K.S Iyengar traduce también como falta de interés. El yogui Sri Dharma Mittra dice que es muy importante desarrollar gran entusiasmo por la vida y que para ello la práctica es fundamental. Dharmaji dice que “descuidar la práctica hace que uno se sienta deprimido”. Por tanto, es importante seguir practicando aún cuando no haya resultados ni ganas, porque el abandono de la práctica trae peores resultados. De ahí que se diga que la duda lleva a la “destrucción”.

Si uno tiene un maestro espiritual, entonces es más fácil porque solo tiene que hacer lo que el maestro le dice, basado en la confianza. Si uno no tiene maestro (o lo tiene pero duda de él, lo cual también es posible y, claro, muy terrible para la paz mental) entonces tiene que mirar dentro de uno mismo con honestidad y atención. El cantante de kīrtan Krishna Das dice:

“La cosa más importante que puedes aprender es a confiar en ti mismo. Parte de practicar estar atento es escucharte a ti mismo y tratar de estar en armonía con lo sientes que es correcto. Puede que no sea la forma más fácil, pero si sientes que es correcto, entonces estás en el camino correcto”.

Sobre esto, Swami Premananda es muy claro cuando dice:

“Tener fe en ti mismo es el primer requisito para la evolución espiritual. Primero elimina toda duda sobre ti mismo. Rehúsate a ser vencido. Sé audaz, valeroso y fuerte… Aférrate con fuerza a los pies de loto del Señor, dondequiera que estés y hazlo con determinación. Alcanzarás tu meta espiritual”.

Siguiendo en esta línea, en un antiguo documental le preguntan a Swami Premananda “¿cómo encontrar el camino para el auto-conocimiento y la liberación?” y él dice:

“Para buscar esa libertad, para buscar esa verdad dentro de tu mente, inicialmente, lo que necesitas dentro tuyo es auto-confianza, creer en ti. Si no tienes fe en ti mismo, no puedes buscar la verdad, no puedes encontrar la verdad”.

Y ante el difundido miedo de ser engañados por gurús inescrupulosos, Swamiji da una respuesta muy poco “victimista”:

“Puede que vayas por el camino equivocado porque cuando te falta auto-confianza hay una gran posibilidad de tomar el camino errado. Si tienes auto-confianza no irás por el camino equivocado y serás capaz de encontrar verdad en esa otra persona y descubrir verdad en ella”.

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Finalmente, unas inspiradoras palabras de Swamiji para cuando nos asaltan las dudas:

“Algunos tienen mucho miedo de iniciar la marcha en el sendero. También hay otros que se sienten vencidos y abandonan el sendero si encuentran demasiadas dificultades. Si sigues adelante sin importar lo que suceda ni que pruebas se presenten, superando los problemas y los obstáculos en virtud  de tu fe y sinceridad, entonces lo Divino derramará su gracia sobre ti para darte aliento cuando te sientas desanimado. Esencialmente, primero necesitas tener fe en ti mismo y fe en lo Divino. Recuerda que tu meta es muy grande. Es la felicidad eterna. El gozo sin límites puede ser tuyo, te lo prometo”.

Ante tal perspectiva uno recobra el entusiasmo, el interés, y por tanto de alguna forma incrementa su práctica, su esfuerzo, su anhelo y sigue adelante…

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Swami Premananda y los problemas de la vida

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Hace unos días tuve la fortuna de asistir, cerca de Barcelona, a un encuentro público con el respetado maestro Swami Satyānanda Saraswatī en que se debatieron diferentes temas espirituales. Por descontado, el Swami inspiró a todos los presentes con sus enseñanzas y, entre otras cosas, habló de que uno hace sādhana (práctica espiritual) para aquietar la mente, para obtener un estado de consciencia más pulido que le permita tener destellos de su verdadero Ser… Y hablando de la mente y sus constantes fluctuaciones dijo, con una sonrisa pícara:

“¿Dónde está la mayoría de los problemas? En la mente. ¿Y dónde más? En la mente”.

Esta simple idea, tan propia de la filosofía hindú (en especial del Advaita Vedānta, que es la escuela “no-dualista”), no es fácilmente entendida en general, y muchos menos por personas occidentales que vivimos en este mundo moderno. Obviamente, uno se ve tentado a decir, los problemas están ahí afuera: no lo digo sólo yo; lo dicen también en el supermercado, en la escuela, en el trabajo y, cómo no, en el periódico. Y aunque me encierre en una habitación y apague la tele, sigo percibiendo los problemas exteriores; llámense éstos “el volumen de la radio del vecino” o “qué haré con mi futuro”.

No soy yo la persona adecuada para explicar este asunto, pues todavía tengo (o creo tener) muchos problemas en esta vida, pero por diferentes experiencias, propias y ajenas, estoy seguro de que la milenaria enseñanza que transmitió el Swami es correcta. Si alguien necesita una verificación más pop, el mismo concepto lo repitió varias veces, y con aires de comedia, George Harrison en la película animada de The Beatles, Yellow Submarine, de 1968: It’s all in the mind (“Todo está en la mente”). Ya se sabe que, de los cuatro Beatles, George fue el único que realmente abrazó la enseñanza espiritual de la India.

Un breve clip de la película para ilustrar:

En una línea similar, hay un proverbio que yo creía chino (pero que en Internet aparece también como árabe por ejemplo, aunque eso es lo de menos) que dice:

“Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene ¿por qué te preocupas?”

Todas estas citas encontraron un punto en común cuando leí la edición de enero 2015 de la revista Prema Ananda Vahini, publicación oficial del Sri Premananda Ashram de la India, en que Swami Premananda contesta una serie de preguntas sobre “los problemas de esta vida”.

La lectura de estas enseñanzas me resultó especialmente útil y por eso decidí compartirlas, ya que afrontan la idea de que los problemas son una construcción mental personal, a la vez que dan una guía práctica “con los pies en la tierra” para solucionarlos.

Le preguntan a Swami Premananda: ¿por qué hay problemas en esta vida y cuál es el sentido de afrontar tales dificultades?

Y Swamiji responde: “En realidad no hay problemas en este mundo. Si no entendemos nuestros deseos y nuestras expectativas o si nuestras expectativas y nuestros deseos aumentan sin límite, entonces atraemos problemas indeseables. Después de eso, nos empecinamos en tratar de resolver esos problemas. En realidad, no hay problemas que tengamos que resolver. Si tomáramos un problema y encontráramos su origen y la razón por la cual crece, nos daríamos cuenta que nosotros mismos fuimos los arquitectos de tales problemas.

Por tanto, los problemas surgen debido a nuestra propia ignorancia e imprudencia. Si seguimos llamando problemas a nuestras dificultades, nunca hallaremos una solución a esos problemas. Si comprendiéramos que nosotros mismos somos la causa de tales problemas y tomáramos las medidas apropiadas al respecto, entonces nuestros supuestos problemas se resolverían.”

Entonces a Swami le hacen la re-pregunta: cuando llegan los problemas, ¿debemos pelear contra ellos y cambiar nuestro estilo de vida o tenemos que aceptarlos como nuestro destino y no decir nada?

Y él dice: “Cuando surgen problemas, primero debemos tener la capacidad mental de afrontarlos más bien que sentir que Dios se hará cargo de todo. Nuestro propio esfuerzo humano también es necesario para superar problemas. Nuestro esfuerzo es realmente absolutamente necesario. Reaccionar ante los problemas es inútil. Es mejor dejar los problemas pendientes por un tiempo. Es preciso cultivar una mente que sea lo bastante fuerte como para decir: ‘Resolveré cualquier problema que surja’.”

Y finalmente: Swamiji, ¿cuál es el secreto para encontrar la fuerza interior que nos permita creer que podemos resolver tales problemas por nosotros mismos?

“La auto-confianza es esencial. Con auto-confianza se puede salir exitoso de cualquier problema. La gracia de Dios y la gracia del Gurú están siempre con vosotros. Por lo tanto, definitivamente se encontraría la solución a todos vuestros problemas. No os desalentéis quedando aletargados. Si esperáis inactivos sin resolver vuestros problemas, las consecuencias serán mucho más graves.”

Me permito una reflexión final: Swami dice que no existen los problemas, pero curiosamente le siguen preguntando sobre los problemas y cómo resolverlos. Como es lógico, si no hay problemas, tampoco puede haber soluciones. De todos modos, y poniéndose al nivel de cualquier hijo de vecino, Swami se pone menos más terrenal y explica que para solucionar los problemas hace falta coraje, paciencia, determinación, auto-confianza y ser proactivo.

Sin duda estas cualidades servirán para resolver nuestros “supuestos problemas” en el plano mundano, aunque no evitarán que sigan surgiendo nuevos problemas.

Ese paso, más largo y audaz, está explicado en la primera respuesta. Quien esté dispuesto a “tomar las medidas apropiadas” que lo haga. It’s all in your mind.

Sadhana, de regreso a la fuente

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Muy raramente hago reseñas cinematográficas en esta bitácora digital, un poco porque no sé mucho de cine, un poco porque no miro demasiadas películas y otro poco porque el género ‘espiritual’ no es tan prolífico como los típicos films que generalmente llenan las salas. Sin discutir que hay un circuito alternativo en que sí es posible ver películas de género espiritual y que, incluso películas consideradas comerciales pueden llegar a tener algún mensaje o idea espiritual, me parece que, por lo general, los films espirituales no nos llegan tan fácilmente a las manos.

Hace unos años, durante una estadía en el Sri Premananda Ashram de la India, supe acerca de una película llamada Sadhana, un viaje de regreso a la fuente, cuya historia se resumía, esencialmente, en la búsqueda interior de un joven canadiense (francoparlante) por la tierra de la India. Esta “odisea” de un muchacho que “sigue la llamada de su alma”, como dice la presentación de su director, consiste no sólo en recorrer la sagrada tierra india sino, además, en encontrarse con diferentes maestros y santos que puedan guiarle en su viaje.

Uno de esos encuentros ocurre con Swami Premananda, razón por la cual en el Ashram tenían una copia de la película.

Docudrama

Por lo que explica el director, la película es un docudrama, un género que yo desconocía y que según Wikipedia muestra hechos reales propios del género documental pero utilizando técnicas dramáticas; es decir, lo que está sucediendo se presenta como real y espontáneo, aunque a la vez está siendo actuado. Esta aparente artificialidad artística no quita que, tanto el actor protagonista como el director del film, estuvieran dedicados al tema y realmente lo consideraran una propia búsqueda espiritual.

A este respecto, las charlas con los maestros espirituales son las partes que menos ruido hacen, pues se recurre al estilo de entrevistas en que ellos responden preguntas (incluso si las preguntas no salen al aire, como sucede muchas veces) sin ningún tipo de actuación.

En el caso de Swami Premananda la entrevista dura sólo cuatro minutos, aunque son minutos muy valiosos como documento histórico pues se puede ver como era el Ashram en su fase de construcción inicial, prácticamente sin casas. Además, Swami está muy joven y, por supuesto, sin barba.

En ningún lado se especifica la fecha exacta en que fue filmado el documental, pero por datos que fui compilando llegué a la conclusión de que fue en el año 1986. Del Sri Premananda Ashram apenas se ve una casa y lo demás es campo, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que su inauguración oficial no ocurrió hasta 1989.

Auto-confianza

En su búsqueda espiritual el muchacho canadiense empieza por el sur del país, en el estado de Tamil Nadu, donde se encuentra con el monje benedictino Bede Griffiths (también conocido como Swami Dayananda), famoso por armonizar la cultura hindú con el pensamiento cristiano.

De ahí se dirige a ver a Swami Premananda, a quien pregunta “¿Cómo encuentro el camino para el auto-conocimiento y la liberación?”. La respuesta de Swami Premananda es lo que se conoce como satsang, es decir un discurso espiritual, y es el principal motivo del post de esta semana.

Swami responde algo que, con los años, escuché muchas veces de su boca, pero no por eso es menos cierto:

“Para buscar esa libertad, para buscar esa verdad dentro de tu mente, inicialmente, lo que necesitas dentro tuyo es auto-confianza, creer en ti. Si no tienes fe en ti mismo, no puedes buscar la verdad, no puedes encontrar la verdad”.

En su viaje, el muchacho canadiense buscaba un guía exterior y entonces la charla también se dirige a los falsos maestros y a cómo identificarlos:

“A veces, cuando encuentras personas así puede que te quieran engañar; algunas veces puede que tomes el camino equivocado. Por estas dos cosas no puedes culpar a nadie más. Finalmente, la persona que es responsable por ti eres tú mismo”.

Y, una vez más, Swami hace hincapié en lo de siempre:

“Puede que vayas por el camino equivocado porque cuando te falta auto-confianza, hay una gran posibilidad de tomar el camino errado. Si tienes auto-confianza no irás por el camino equivocado y serás capaz de encontrar verdad en esa otra persona y descubrir verdad en ella”.

Sinopsis

Todos estos consejos vienen muy bien al guión cuando el muchacho conoce un saddhu (un hombre santo que renunció al mundo y se dedica sólo a la búsqueda espiritual), que ya por definición es extravagante, sobre todo para los hábitos occidentales, y se convierte en su seguidor, lo cual le trae muchas contradicciones y dudas. Luego de una serie de experiencias intensas, el joven sigue su ruta hacia el norte donde encuentra otro maestro, Swami Shyam, quien se convierte en su guía final.

Finalmente, el canadiense sigue hasta los Himalayas para regresar “a la fuente” que, en este caso, se hace coincidir con la fuente de los ríos, que nacen en las montañas. De hecho, la localidad que aparece en el final del film es Badrinath, un pequeño pueblo a más de 3000 metros de altura considerado como una de las cuatro moradas sagradas para el hinduismo y, por tanto, lugar de peregrinaje por excelencia.

Hay varios detalles de la historia que podría detenerme a analizar y ampliar, pero esa no era la idea para hoy. No descarto hacerlo en siguientes entregas. Para los interesados en la película, que yo sepa no puede verse en Internet, sino que hay que comprar una copia del DVD, lo cual se hace directamente en la página oficial del film. En mi caso, tengo una copia porque mi hermano pidió una a Canadá para mí, como regalo.

Quizás gracias a esa compra, el otro día recibí una solicitud de amistad en Facebook de Jean-Pierre Piché, el director del documental y, por esas cosas de las nuevas tecnologías, ahora somos amigos.

Para los que estén interesados en el film les dejo al menos el tráiler (en inglés):

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