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La recitación en la práctica de svādhyāya

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La búsqueda espiritual no es otra cosa que un camino de auto-conocimiento. Para saber y experimentar de forma directa quienes somos en realidad – más allá del personaje, los conceptos y las limitaciones de tiempo, espacio y circunstancias – hace falta auto-indagarse, pero también hacen falta muchas prácticas “purificatorias” que nos vayan quitando de encima patrones y tendencias muy arraigadas. Una de esas prácticas se denomina svādhyāya y refiere al “estudio de los textos sagrados”, pues en ellos es posible encontrar enseñanzas y directrices para llevar una vida más armónica que nos ayude a tener calma y claridad interior.

En el famoso aṣṭāṅga yoga presentado por Patañjali en sus Yogasūtras, svādhyāya aparece como uno de los niyamas (“observancias”), aunque la práctica ya figura en el Mahābhārata como parte del “óctuple sendero del dharma” (mārga dharmasyāṣṭa en 3.2.75) con el nombre de adhyayana. Ambas palabras tienen su origen en la palabra adhyāya que técnicamente designa un capítulo o sección de los textos sagrados hindúes y cuya raíz verbal significa “estudiar” pero también “repetir” o “recitar”, pues el estudio tradicional de dichos textos se hacía (todavía se hace en mucha menor medida) de manera oral, memorizándolos de boca de un maestro capacitado.

Siguiendo esta idea, la palabra svādhyāya significa “recitación” (adhyāya) para “uno mismo” (sva), ya que se trata de un acto de aprendizaje que, aunque pueda ser hecho en grupo, está dedicado al crecimiento personal. Cuando la recitación es para otros, entonces el nombre cambia y se habla de, por ejemplo, pravacana, que tiene que ver con la enseñanza formal o con otras ceremonias de carácter público.

Sobre esto, la Taittirīya Upaniṣad (I.9) afirma que, de todos los deberes que tiene un estudiante espiritual, el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana) de los mantras sagrados es el más importante. Lo dice así:

“Lo correcto (ṛtam), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La verdad (satyam), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La austeridad (tapas), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
El auto-control (dama), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La calma (śama), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana)…

Solo el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana)… Eso es austeridad; eso, en verdad, es austeridad”.

En la actualidad, cuando se habla de svādhyāya se hace hincapié en el “estudio” de los textos pero no tanto en su recitación o repetición verbal y, al faltar ese componente, entonces uno se pierde los beneficios que poseen los sonidos y vibraciones de los antiguos mantras sánscritos, capaces de efectuar cambios a diferentes niveles (físico, cerebral, energético, mental, emocional…).

La tradición hindú considera que el universo fue manifestado a través de una vibración sonora extremadamente sutil, que es eterna y omnipresente, y que tiene su epítome en la sagrada sílaba aum/om. Una de las formas más directas en que esa reverberación sutil se manifiesta es a través de la lengua sánscrita, “cuyo potencial creativo es la fuente del misterioso poder de los mantras”, como dice Sri Shyamji Bhatnagar.

Este fin de semana estuve en la presentación del libro en español de Krishna Das, y aproveché para preguntarle si los mantras o “nombres divinos”, como él dice, tienen el mismo efecto si no son recitados/cantados en sánscrito. Krishna Das dijo que cada quien puede hacer lo que sienta, pero que la lengua sánscrita tiene una sacralidad y una energía que la distinguen y que los “nombres” que aparecen en esos mantras pueden afectarnos en el plano de la emoción pero, en realidad, están más allá de todo concepto y por eso son trascendentes.

Dijo, además, que los mantras sánscritos – a diferencia de otras lenguas – “siembran una semilla” en nuestro interior; una semilla que, en la medida en que uno practique regularmente, va purificándonos.

En este sentido, se suele decir que la sacralidad y la efectividad de la recitación sánscrita están más allá de entender o no el contenido de los mantras que se repiten. Algunos maestros opinan que es incluso mejor no entender nada de lo que se dice para así estar más allá del plano intelectual, que siempre quiere aprehender la información, categorizarla y reforzar los patrones mentales…

La recitación de textos sagrados (sean largos o cortos de una línea) produce, sin dudas, un estado mental de quietud e introspección que nos predispone para estudiar intelectualmente las enseñanzas que contienen y, por ende, a estudiarnos a nosotros mismos de forma consciente en referencia a esas directrices.

Por otro lado, al recitar esos mantras, su vibración antigua y sagrada empieza también a hacer efecto, generalmente de forma inconsciente, en nuestro cuerpo sutil y mental y, como resultado, puede que tengamos vislumbres de quienes somos en esencia, sin necesidad de usar un diccionario de sánscrito. Este es el camino directo. Solo requiere (mucha) práctica.

Vida de un Yogui con Sri Dharma Mittra

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Estoy recién aterrizado en Barcelona después de una estadía de tres semanas en New York City, en donde estuve por motivos yóguicos. Quizás suene contradictorio que esta gran megalópolis, símbolo del capitalismo y del individualismo salvaje, pueda ser un lugar bueno para practicar yoga. Para algunos yoguis tradicionalistas lo peor que podía haberle sucedido a la sagrada ciencia del yoga fue pasar por Estados Unidos, donde se reconvirtió a una disciplina de moda, sin respeto a la tradición y alejada de la esencia espiritual hindú. Para consternación de esos yoguis, otras personas consideran que “la capital mundial del yoga” no está en Rishikesh ni en Mysore, sino en New York.

Yo no pretendo entrar en dicha discusión ahora ni darle una respuesta definitiva, pero sí quiero contar que en pleno Manhattan hay un yogui muy genuino, muy tradicional y, a la vez, adaptado a los tiempos modernos que puede guiar a cualquier aspirante en el camino del auto-conocimiento y la búsqueda espiritual. Su nombre es Sri Dharma Mittra y para poner una etiqueta que dé tranquilidad a la mente racional se le podría encuadrar dentro del Hatha-Rāja Yoga.

En 2011, cuando tuve la fortuna de conocerle personalmente, ya hablé un poco sobre él y su vida. Dharma Mittra nació en 1939 en Brasil y después de una juventud de búsqueda anhelante por Dios viajó, por consejo de su hermano menor, a New York en 1964 para conocer personalmente a un maestro de la India que, finalmente, se convertiría en su Guru: Swami Kailashananda Saraswati (también conocido como Yogi Gupta).

Este maestro fue, después de los famosos Swami Vivekananda y Paramahansa Yogananda, uno de los pioneros en traer la filosofía del yoga a Occidente, en este caso en los años ’50. De hecho, Yogi Gupta publicó en 1958 un muy buen libro llamado Yoga and long life que es un predecesor en temática y estilo, con fotos incluidas, de los famosos Luz sobre el Yoga de B.K.S. Iyengar, de 1966, y Asana Pranayama Mudra Bandha de Swami Satyananda Saraswati, de 1969.

Sri Dharma Mittra a los pies de su guru, Swami Kailashananda Saraswati.

Después de servir a su maestro y vivir en su ashram de Manhattan por diez años, Dharmaji recibió sus bendiciones para dejar la vida de retiro en 1975 y fue así como comenzó su carrera de instructor de yoga en la esfera pública. Desde entonces, su estilo, su forma de enseñar, su compromiso con la búsqueda de Dios y su ejemplo de vida han hecho de Dharma Mittra una leyenda del yoga, que a sus actuales 75 años brilla con luz propia, es decir, con la luz de la auto-realización.

Su amor por el yoga y su interés en ayudar a otros seres hace que, a su edad (y en gran estado de forma), Dharma enseñe en el Dharma Yoga Center cinco días a la semana a todo tipo de estudiantes, repitiendo una y otra vez los consejos y métodos que él mismo ha encontrado útiles y probados en el sendero hacia Dios. Pudiendo retirarse o vivir como un yoga-star de los que pululan en las redes sociales, Dharma elije el perfil bajo, la enseñanza tradicional y el propio ejemplo antes que el popular discurso místico.

Este deseo por difundir las enseñanzas del yoga llevó al Dharma Yoga Center a crear el programa de formación de profesores titulado “Vida de un Yogui” (Life of a Yogi, en inglés), pues el objetivo no es aprender solamente posturas, ajustes o nombres técnicos, sino encaminar o profundizar al estudiante en un modo de vida que implique la filosofía del yoga y lo lleve hacia el conocimiento del Ser.

Para esto, Dharmaji hace hincapié en los yamas y niyamas, las reglas éticas y las observancias para una vida correcta en sociedad y con uno mismo. El yama principal es ahimsā, “no-violencia”, lo cual implica, para empezar, una dieta vegetariana/vegana, pues “nuestra compasión debe extenderse más allá de nuestras mascotas”. La importancia que Dharma da a estas reglas se resume en una frase: “Sin yamas no hay yoga“.

Sri Dharma Mittra

Para Dharma, las posturas (āsana) son una herramienta para mantener el cuerpo sano y fuerte, para así poder avanzar en el sendero espiritual interior y, como explica la tradición, poder mantener el cuerpo en una posición sentada de meditación durante largos períodos. De hecho, las técnicas de concentración y visualización son muy importantes en las enseñanzas de Dharma, pues sólo una concentración prolongada se convierte en meditación.

En cuanto al aspecto físico, Dharma da mucha importancia a la relajación como proceso renovador y revitalizador. Una de sus frases clásicas es: “La relajación es el mejor antídoto para las impurezas“. Por eso, sus clases suelen ser exigentes físicamente pero no excesivamente dinámicas, dejando siempre breves momentos de relajación y haciendo hincapié en la relajación final, que no es sólo un trámite ni un momento para dormir, sino la oportunidad de recargar la energía.

Dharma es famoso por haber creado un poster con 908 posturas de yoga, algunas extremadamente difíciles, al punto de que él tuvo que ayunar por 30 días para hacer algunas de ellas. A pesar de ello, él explica que las posturas básicas son sólo ocho y que el resto son variaciones y, sobre todo en el caso de los estudiantes avanzados, desafíos para que la mente no se aburra y se disperse. De hecho, Dharma es un experto en el paro de cabeza, haciendo decenas de variaciones, incluyendo algunas sin manos, que seguramente es su postura más famosa.

Cualquier sitio es bueno para una postura invertida.

A nivel más filosófico, Dharmaji nunca olvida mencionar que la práctica de āsana debe ser ofrecida sin expectativas a Dios (o al Ser Supremo) de forma que no se trate de una actividad guiada por el ego sino que se hace “porque tiene que ser hecha”. Esta idea se relaciona con el camino del Karma Yoga, del servicio desinteresado, en que uno actúa sin esperar los frutos de sus actos. Obviamente, esta forma de vida no se limita a la esterilla sino a cada momento del día.

Otro pilar filosófico de Dharma es svādhyāya, el estudio de las Escrituras, los textos sagrados, como forma de darse cuenta y de entender, al menos intelectualmente, que uno no es el ego individual, sino que es una porción del Ser Universal. Dharma dice que “creer no es suficiente” y que uno debe experimentar y conocer esa verdad y, para eso, la lectura de textos como los Yoga Sūtras, la Bhagavad Gītā y la Hatha Yoga Pradīpikā es esencial.

En cuanto a sus clases, Dharma fomenta la “mente colectiva”, es decir el movimiento grupal coordinado para poner la atención colectiva en una misma sintonía. Es increíble lo poderosa que puede ser una clase cuando la energía de todos los estudiantes están dirigidas al mismo punto, actuando en conjunto y armonía, y no con cada persona en su mundo.

De hecho, a diferencia de otros estilos, Dharma alienta mirar al estudiante del costado para copiar sus trucos y aprender a mejorar la propia postura. Esta “comparación” es siempre impulsada desde la compasión y no desde la envidia. De hecho, Dharma recomienda que al ver a otra persona que hace una postura que no nos sale, “nos imaginemos que somos esa persona” y disfrutemos a través de ella.

Como Dharma es tan fiel a su guru y logró su rápida evolución espiritual obedeciéndole al pie de letra, él insta a los estudiantes a que obedezcan y respeten al maestro; no a él, sino a la figura del maestro, sea quien sea, como forma de fomentar la humildad y la disciplina en el estudiante. Él explica que, incluso si un profesor está enseñando en clase una postura que nos parece errada, por respeto uno debería obedecer y mantenerla. Como siempre, primero va ahimsā, la compasión, y después nuestro interés personal.

Clase Junio 2014 del LOAY 200h, con Dharmaji en el medio.

Este resumen es escueto y es para dar una idea general de lo mucho que disfruté y aproveché con el curso de formación de 200h de Vida de un Yogui. En realidad, el curso sigue porque para estar certificado en Dharma Yoga hay que tomar ciertas clases específicas, hacer una auto-práctica regular, escribir un par de textos, hacer servicio al maestro y también dar varias clases. De hecho, si estás en Barcelona y te interesa tomar clases de Dharma Yoga conmigo puedes mirar los horarios aquí.

Asimismo, si te interesa disfrutar de una práctica completa de Dharma Yoga, Hansika Yoga dará una sesión especial de 2 horas el sábado 12 de julio (11h). Detalles del evento aquí.

En las próximas semanas espero publicar más información sobre Sri Dharma Mittra y su estilo de yoga que, como digo, es muy tradicional y genuino pero adaptado a nuestros tiempos.

Mientras tanto, con mucha gratitud (a la vida, a Dios, a mi esposa Hansika, a mi hija, a mis suegros y a mis amigos Ale, Jenny y Gaetan) por la oportunidad que tuve de pasar esos días en compañía de Dharmaji, me despido con su frase de cabecera: “Sé receptivo a la gracia de Dios”.

Shibendu Lahiri y qué es Kriyā Yoga

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Gracias a un flyer que me trajo Hansika, supe que el maestro indio Shibendu Lahiri visitaba Barcelona entre el 14 y 19 de febrero 2012 para una serie de encuentros espirituales, con el fin de dar iniciación en Kriyā yoga. Yo no conocía a este maestro, que resulta ser el bisnieto de Lahiri Mahasaya (1828-1895), el gran santo que Paramahansa Yogananda dio a conocer al mundo a través de su famoso y, para muchos iniciático, libro Autobiografía de un yogui.

Para los que necesitan un recordatorio, en su libro, Yogananda explica que el Kriyā yoga es un “método psicofisiológico”, llevado a cabo a través de técnicas científicas de respiración y meditación específicas, que acelera el desarrollo espiritual del ser humano. Dichas técnicas no son de conocimiento público, pero sí están al alcance de cualquier persona que desee tomar las lecciones de la Self-Realization Fellowship, la organización fundada por Yogananda.

Según explica Yogananda, Kriyā yoga “es una ciencia antigua” que se había perdido en el tiempo y fue “redescubierta y clarificada” en el S.XIX por Babaji, el inmortal guru de Lahiri Mahasaya, a quien se la enseñó, y éste a su vez la pasó a su linaje de discípulos, entre los que se encuentra Yogananda, por supuesto, y también su bisnieto Shibendu Lahiri, nacido en 1939, y que si bien no conoció personalmente a su famoso bisabuelo, recibió la enseñanza de su padre Satyacharan Lahiri, en 1960.

Pre-iniciación

De los encuentros organizados por la visita de Shibendu Lahiri a Barcelona, yo asistí a la conferencia abierta que se llevó a cabo, el miércoles 15/02 a las 18hs, en el Centre Cívic de la Barceloneta. Esta conferencia gratuita estaba destinada a ser la introducción al programa de iniciación de Kriyā yoga que se llevaría cabo el siguiente fin de semana del 18-19/02.

Sinceramente, yo no tenía intenciones de recibir dicha iniciación, debido a que ya cuento con la fortuna de tener un maestro espiritual – Swami Premananda – y de haber sido iniciado en meditación según su método. De todos modos, mis padres sí que recibieron, hace muchos años, la iniciación en Kriyā yoga a través de las lecciones de la SRF y, por tanto, en mi familia hay mucho amor por Yogananda, su linaje y sus enseñanzas. Con estos antecedentes, yo no quería perderme la oportunidad de conocer a Shibendu Lahiri, con el motivo agregado de que el contacto con maestros espirituales siempre es positivo.

Para mi sorpresa, éramos muy pocas las personas interesadas en escuchar a Shibendu Lahiri. En total, en la sala de actos, había unas quince personas, de las cuales sólo tres (yo incluido) éramos ‘nuevos’, es decir no-iniciados y, por tanto, a quienes estaba destinada, en principio, esta charla. La docena restante de asistentes eran devotos o seguidores del maestro que habían sido iniciados en el pasado.

Según explicaron, se había organizado en este mismo viaje un programa similar en Pamplona y había tenido bastante éxito, con casi 50 personas recibiendo iniciación. Asimismo, dijeron, en años anteriores, la visita a Barcelona había tenido mayor repercusión pública y no estaba claro porqué este año éramos tan pocos los interesados.

A este punto debo admitir que yo estaba algo incómodo, ya que me sabía mal por la organización, a la vez que siendo tan pocas personas me sentía (junto a las otras dos personas) foco de atención y expectativas. Sin rodeos, Shibendu Lahiri dijo que el programa de iniciación del fin de semana debía ser cancelado, ya que “no valía la pena”. Explicó que para dar iniciación, tanto para tres personas como para trescientas, su cuerpo debe pasar por una serie de procesos energéticos profundos, durante varias horas, y eso no es fácil a los 73 años. Dijo que lo sentía y que, en todo caso, podríamos hacerlo el año próximo, si él regresa a España.

¿Dónde está el poder?

Swami Premananda solía bromear con la actitud de muchas personas que llegaban a verle. Según decía, llegaban y empezaban a mirarle escudriñadoramente, moviéndose como si buscaran algo, pensando, “¿Dónde está el poder? ¿Dónde está el poder?”. Esta es la típica actitud que uno tiene ante las personas consideradas santas, como si uno pudiera juzgar con estos ojos físicos la evolución espiritual de un maestro por su apariencia o sus movimientos.

Inevitablemente, aunque mi intención era sincera, yo también analizaba a Shibendu Lahiri, incluso sabiendo que lo único que realmente cuenta es el ejemplo que el maestro da con su vida y las enseñanzas que transmite.

Al referirse a la cancelación del programa de iniciación, él dijo que era por “deseo Divino”, y que “como este cuerpo no tenía expectativas, entonces no sentía desilusión”. Ya con eso me cayó muy bien. Luego dijo que aunque la iniciación se cancelaba, íbamos a aprovechar para tener la planificada charla introductoria, ya que siempre es bueno escuchar esas enseñanzas.

¿Qué es kriyā?

Escribir este apartado me ha llevado bastante investigación y constatación, ya que la palabra kriyā es muy frecuente en las enseñanzas espirituales de la India, tiene más de una acepción y, también, más de una interpretación que puede generar confusión. Lo cierto es que kriyā deriva de la raíz kṛ (léase kri) que significa ‘hacer’ y, por tanto, su traducción literal sería ‘acción’ o ‘actividad’.

De esta forma, solo y sin complementos, el término kriyā tiene dos significados en lo que respecta a la práctica espiritual. Por un lado, refiere a “una acción específica para purificación” (Jivamukti) o “proceso de limpieza” (Iyengar), y son antiguas técnicas de limpieza física para sanar el cuerpo y prepararlo para la meditación, incluyendo limpieza nasal, intestinal, ocular, etc., y ciertos ejercicios respiratorios.

Por otro lado, la palabra kriyā remite a “movimientos purificatorios burdos (físicos) o sutiles (mentales, emocionales) promovidos por el despertar de la energía Kundalini o cósmica, que purifican el cuerpo y el sistema nervioso permitiéndole así al buscador soportar la energía de estados de consciencia superiores” (Muktananda).

De hecho, por lo que entiendo, muchos de estos movimientos yóguicos son los mismos que se utilizan como las técnicas de limpieza arriba descritas, la diferencia es que aquellas son premeditadas (haciendo uso de la volición) mientras que estas últimas son espontáneas (como fruto natural de la práctica espiritual).

Ahora bien, cuando la palabra kriyā se junta con yoga, el tema se vuelve más complejo, pues hace referencia a una “ciencia” que, según explica Yogananda (Cap. 26 de Autobiografía de un yogui), es la misma que el Señor Krishna enseñó a Arjuna en la Bhagavad Gī y que, también, fue dada a conocer por el sabio Patañjali en sus Yoga Sūtra.

En cuanto a la Bhagavad Gī, Yogananda cita las dos estrofas en que se hace referencia a la ciencia de Kriyā yoga en el texto. Para las citas recurro a la versión de Swami Sivananda por motivos, como dice mi profesora de sánscrito, de “rigurosidad filológica”, ya que la traducción de Yogananda me parece más libre e interpretativa.

En el primer pasaje citado por Yogananda se habla del control de la energía vital a través de técnicas respiratorias (prāāyāma):

“Otros [yoguis] ofrecen como sacrificio el aliento expirado en el inspirado, y éste en aquél, controlando el curso de ambos, absortos sólo en el control de la respiración”. (Bg.G. 4.29)

En el segundo pasaje, la explicación de lo que compone la ciencia de Kriyā yoga se extiende más allá de las técnicas respiratorias:

“Excluyendo los contactos exteriores y fijando la mirada entre las cejas, igualando la expiración y la inspiración que circulan por las fosas nasales, con los sentidos, la mente y el intelecto controlados, teniendo como su meta suprema la liberación, libre de deseo, miedo e ira, el sabio está verdaderamente liberado para siempre” (Bg.G. 5.27-28)

Personalmente, no pongo en duda lo que dice Yogananda, aunque teniendo en cuenta que la Gī tiene 18 capítulos y 700 versos, estos dos ejemplos aislados, que no dejan de ser verdaderos, no me parecen la esencia de la enseñanza del Señor Krishna, al menos desde mi punto de vista limitado.

Por otro lado, Yogananda también cita dos de los Yoga Sūtra de Patañjali y aquí sí que veo más clara la relevancia del Kriyā yoga en el texto. El sūtra que se lleva toda la atención es el primero del segundo capítulo (o pada) y dice:

Kriyā yoga es tapas, svādhyāya e Īshvarapranidhāna

Poniendo esta no-traducción me saco el problema de encima, ya que el debate viene cuando hay que definir los tres términos que componen Kriyā yoga.

Allí vamos: Tapas deriva de ‘generar calor’ y, en general, se traduce como ‘austeridades’ o ‘penitencias’. Yogananda lo traduce como “disciplina física”; B.K.S. Iyengar como “ardiente celo en la práctica” o “autodisciplina”; Swami Satchidananda como “aceptación del dolor (inherente a la vida) como ayuda para la purificación”, y Shibendu Lahiri como la “eliminación de todo condicionamiento usando ciertas prácticas“.

Por su parte, svādhyāya es comúnmente aceptado, al decir de Iyengar o Satchidananda, como “estudio del sí-mismo y de las Escrituras”; Yogananda lo traduce como “control mental”; mientras que Shibendu Lahiri lo define como “meditación en el ego-mente”.

Īshvarapranidhāna se traduce mayoritariamente como “entrega a Dios o al Ser Supremo”, y en el caso de Shibendu Lahiri como “percepción de la totalidad” (su versión completa de los capítulos I y II de los Yoga Sūtra, traducida al español, se puede ver aquí y aquí).

Por lo que leí y escuché de Shibendu Lahiri, el sūtra arriba citado es fundamental en su enseñanza.

El otro sūtra de Patañjali que cita Yogananda como referencia a la técnica de Kriyā refiere directamente al control de la energía vital (es el II.49 y cito la versión de Iyengar):

Prānāyāma es el control del flujo respiratorio entrante y saliente junto con retención”.

Toda esta recensión, que puede parecer larga pero les aseguro que es resumida, sirve para situarnos y entender desde qué base filosófico-espiritual impartió Shibendu Lahiri su charla para tres personas.

Lenguaje psicológico

Lo primero que explicó Shibendu es que Kriyā yoga es “un proceso de sanación psicológico, y no un curso para tener buena forma física”. Según dijo, de todos los Kriyā yogas disponibles en el “mercado espiritual”, el único que se menciona en los Sūtra es el que él enseña y que le fue pasado en la tradición Guru-discípulo.

El ejercicio hermenéutico realizado más arriba era, justamente, mi manera de comprobar cuán enraizadas en la tradición ‘original’ están las enseñanzas de Shibendu Lahiri. Seguramente su enfoque (y quizás método) tiene variaciones respecto al de Yogananda, ya que si bien beben de la misma fuente, la iniciación de Shibendu vino exclusivamente a través del ámbito familiar (Shibendu está casado y tiene 3 hijos), mientras que el linaje de Yogananda se basa en una orden monástica.

De todos modos, ambos coinciden en utilizar un lenguaje ‘occidentalizado’ (más allá de referencias a la tradición sánscrita), para que las diferencias culturales no sean un impedimento a la hora de aprender espiritualidad.

En el caso de Yogananda, su lenguaje hacía referencia constante a la tradición judeocristiana, de manera que los norteamericanos, sobre todo, pudieran sentirse más cercanos y seguros. Por su parte, Shibendu adopta, me parece, una terminología más psicológica, adecuada a la tendencia laica y descreída de estos tiempos.

Inteligencia Universal

En su charla, Shibendu Lahiri dijo que “a diferencia de los demás seres vivos que sólo ‘viven’, el ser humano está siempre agitado, haciendo esto o aquello, ya que en él, la ‘vida’ está en estado durmiente y es la mente la que domina”. Entonces preguntó, “¿Quién es ese ‘yo’ que está siempre agitado?”, para responder: “el pequeño ‘yo/ego’ son las fluctuaciones de la mente (chittavritti). El gran YO es la Inteligencia Universal (Chaitanya)“.

Luego agregó, “si hay una ‘vida’ durmiente y una mente/ego que domina, existe una separación que genera conflicto”. ¿Se puede uno liberar de la ‘yoicidad’? Pues con eso lidia el Kriyā yoga que cuenta con ciertas técnicas psicofísicas para liberar la ‘vida’ durmiente del dominio de la mente. A dichas técnicas, Shibendu las asimila con el componente de tapas de Patañjali y también las denomina como kriyās, en el sentido de “acciones de purificación”, por lo que los diferentes sentidos de la palabra siempre convergen, a fin de cuentas, en su origen.

De esta manera, el sūtra II.1 de Patañjali entra en escena de forma actualizada, con otras palabras pero misma esencia, siendo tapas las técnicas psicofísicas, a la vez que svādhyāya sería entender el funcionamiento de ese ‘yo’ no liberado, es decir, practicar auto-indagación.

Shibendu explicó que “el ‘yo’ debería tener el rol de un ‘coordinador’ que pone en uso nuestros conocimientos en cada caso pertinente, para luego regresar a su estado de ‘silencio’, lo cual sería ideal. El problema es que el ‘yo’, además de involucrarse de forma ‘técnica’, se involucra de forma ‘psicológica’ en las acciones, deja de ser un ‘punto de referencia’ y comienza tener ‘continuidad’, y eso no tiene fin”.

Continuó: “No es malo el conocimiento; lo que sucede es que todo conocimiento crea separación. En el momento en que ‘yo’ conozco algo, somos ‘yo’ y ‘mi conocimiento’. La fragmentación en el mundo técnico es útil, pero la fragmentación en el mundo interno es falsa y no hace más que mantener el círculo de auto-continuidad”.

Intelectualizando

Las enseñanzas pueden ser dichas de forma simple o de forma compleja. Personalmente, el lenguaje psicológico de Shibendu Lahiri me costaba en algunos momentos, incluso cuando intuía que la esencia era la misma que la de todas las enseñanzas espirituales universales. Probablemente, una charla introductoria de 1h30 no es suficiente para juzgar el estilo de un maestro y, por más que yo no le entienda todo, eso no significa que su enseñanza no sea genuina.

A fin de cuentas, lo curioso es que todo este análisis intelectual tiene como fin aquietar la mente y, en cierta forma, dejar de pensar para, más bien, ‘ser’. Es decir, uno requiere del intelecto, del entendimiento y del discernimiento para deshacerse de los arraigados procesos mentales que nos mantienen separados de nuestra verdadera naturaleza.

Sobre esta aparente contradicción, al final de la charla, Shibendu Lahiri dijo, “si no entiendes lo que dice el orador, no trates de entender, mejor haz algunos kriyās“, refiriéndose a las técnicas específicas para liberarse de la ‘yoicidad’, ya que sin práctica no hay resultados y, sobre todo, porque más vale actuar que pensar.

Aquel día yo todavía tenía una mezcolanza de conceptos sobre la palabra kriyā, por lo que mi entendimiento era más intuitivo que intelectual; es decir, creía ver verdad en esas enseñanzas pero me hubiera costado sistematizarlas y exponerlas. Por ello, apunté varias ideas, tomé las que me pareció me podían servir e investigué un poco las otras, sobre todo las variaciones de kriyā. De ahí nació este post. Ahora que pasaron un par de semanas, entiendo más detalles que en el día de la charla, sobre todo después de estudiar la base filosófica del maestro.

Como detalle final, quiero decir que la vibración de Shibendu Lahiri me pareció buena (volviendo, con perdón, al tema de “¿dónde está el poder?”) y me dio alegría escuchar sus palabras de sabiduría y comprobar que, con diferentes lenguajes y enfoques, todas las enseñanzas espirituales vienen, en cierta forma, de la misma fuente y, sobre todo, apuntan a la misma meta.

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