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Viajar a la India espiritual

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Ya es esa época del año otra vez. Es decir, el momento en que se acerca el verano boreal y muchas personas están pensando en visitar la India, ya sea en agosto o en otra fecha que les vaya mejor. El año pasado escribí un post general de consejos para viajar a la India en verano y hace dos años también hablé de la India turística y la espiritual. Este año mi intención es hablar sólo de la India espiritual, aunque es difícil separar este ámbito del resto, pues en la India lo sagrado y lo profano están mezclados de forma permanente.

También es cierto que el viajero occidental espera que la India le ofrezca misticismo y espiritualidad pero sin renunciar a las riquezas sensoriales que ofrece un país lleno de inigualables colores, sonidos, sabores y aromas. Muy pocos vamos a la India para meternos a una cueva en los Himalayas, sino que esperamos tener una epifanía mística visitando el Taj Mahal y, aunque eso pueda pasar, no es lo más usual. En cierta forma uno obtiene lo que busca y, si busca espiritualidad mezclada con turismo, eso es lo que obtendrá.

No tiene nada de malo; lo único que digo es que entonces nadie debería quejarse porque “la India no es tan espiritual como le habían dicho”. Obviamente, todavía hay personas que creen que en cualquier ciudad india las personas practican yoga mientras esperan el autobús, o que todo el mundo tiene paz interior. Pues tengo una noticia: no es así.

De hecho, encontrar paz en India es complicado, ya que hay mucho ruido y muchos estímulos sensoriales; muchos mosquitos según la época; muchos vendedores; y, en muchos casos, falta de comodidades materiales que nos harán añorar nuestro mullido sofá occidental.

Sobre esto, es pertinente el comentario que dejo un lector del blog: “Por lo general, a todos los que conozco que han estado en la India y también a mí, la primera impresión es de shock, por todo lo que ves y experimentas, y efectivamente, te dan ganas de volverte al día siguiente”.

La respuesta para afrontar este choque es paciencia, flexibilidad y relajación. Lamentablemente no son cualidades que se puedan comprar en una tienda antes del viaje, pero el intentar cultivarlas es ya parte de un proceso de crecimiento espiritual.

¿Paz interior?

Para entrar en contacto con “la India espiritual” el viajero puede alojarse en āśrams (áshrams), o sea retiros o monasterios, y también puede visitar lugares sagrados o de peregrinación (llamados tīrthas). Tanto de āśrams como de tīrthas, la India está llena.

De hecho, si uno marcara en un mapa de la India todos los sitios considerados sagrados quedaría poco espacio libre, pues la lista incluiría templos, montañas, ríos, bosques, tumbas de santos, árboles específicos, colinas, playas, ríos subterráneos, ciudades enteras, estanques, glaciares, ermitas…

Uno podría elegir seguir el curso de la sagrada Madre Gangá y visitar los auspiciosos puntos por donde el río pasea sus aguas. O quizás visitar los adorados 12 jyotirlingams, es decir “lingams de luz”, que se encuentran en una docena de templos de Shiva esparcidos a lo largo y ancho de la India. O, por qué no, recorrer “las cuatro moradas sacras” en los Himalayas, que son cuatro pequeñas aldeas montañesas a más de 3.000mt de altura, desde donde nacen importantes ríos sagrados. O, para hacerlo más simple, quedarse a vivir un mes en Kashi (Varanasi o Benarés), la ciudad mas antigua y sagrada del país, centro del universo para el hinduismo, salvoconducto para la salvación eterna.

Mapa simbólico de Kashi.

Según los intereses de cada viajero, la opción de alojarse en áshrams es buena porque convierte el viaje en algo parecido a un retiro espiritual, sobre todo si uno se adecua a los ritmos y las actividades del áshram que, dependiendo del caso, pueden incluir rituales, meditación, yoga, cantos devocionales o ayudar en las tareas cotidianas.

Muchos de estos retiros tienen un líder espiritual que, en caso de ser genuino, hace mucho más atractiva la estadía, pues tener contacto directo con personas evolucionadas espiritualmente es de gran ayuda para el propio progreso. Una vez más, cada persona debe elegir el ambiente y la compañía que más le convenga y se adapte a su personalidad. En ese sentido, la India tiene tantas opciones que nadie puede quedarse afuera. El único problema podría ser encontrar lo que nos conviene y lo que es verdadero en la ingente marea de oferta espiritual.

Para que tantas opciones no se conviertan en un problema puede ser conveniente hacer un viaje grupal, como los que organizan los amigos de Milindias, que ofrecen una muestra de la India turística aunque siempre desde el enfoque espiritual, incluyendo visitas a lugares sagrados y práctica de meditación o yoga. Este verano viajan al sur de la India (Tamil Nadu y Kerala), mi sitio favorito.

Templo tradicional del sur de la India.

Ya sé que este post puede ser escaso para los ávidos de información de la India, pero tengan en cuenta que es apenas una breve introducción para invitarlos a que sigan investigando, sin idealizar la India aunque siendo conscientes de que, efectivamente, tiene un gran tesoro espiritual que ofrecer. Sólo hay que saber buscar o, quién sabe, tener un poco de suerte.

Sobre viajar a la India, sus diferentes lugares, las expectativas cumplidas o no, las aventuras del viajero y, por supuesto, la búsqueda espiritual, hablo en mi libro Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino. Si te interesa leerlo, puedes ver cómo comprarlo, en papel o digital, aquí.

Sobre todo lo anterior hablaré en detalle en la charla que daré en la escuela Mandiram Yoga de Barcelona el próximo Viernes 23 de Mayo, a las 18:30h. Es una charla gratuita y habrá ejemplares del libro a la venta; la idea es orientar a las personas que están pensando en viajar a la India y quieren hacerlo desde un enfoque espiritual. Por si quieren apuntarse o mirar los detalles prácticos, el evento en Facebook se ve clicando aquí. Abajo también pueden ver el cartel promocional (se amplía al clicar).

PresentaciónCharla_Mandiram2014

¡Nos vemos! Y traigan sus preguntas preparadas.

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Las frutas favoritas de Ganesha

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Ganesha es una deidad peculiar que presenta varios enigmas para quienes estudian su origen, su historia y sus simbolismos. A pesar de los debates académicos y espirituales que uno puede encontrar sobre él, de lo que no hay duda es de que Ganesha es muy goloso. Como niño que es, obviamente tiene afición por los dulces (le encanta la caña de azúcar) y le gustan mucho las frutas, como sucede de forma natural con todos los niños, al menos antes de que las golosinas industriales les cambien el paladar.

A la hora de descubrir cuáles son las frutas que prefiere Ganesha, para saber sus gustos y complacerlo mejor, hay cierto consenso aunque no unanimidad. Una fuente consultada nos dice, certera pero esterilmente, que le gustan “todas las variedades de frutas, especialmente aquellas preferidas por los elefantes”.

Investigando descubrimos que las antiguas imágenes de Ganesha del norte de la India y Nepal muchas veces lo representan con un rábano (mūlaka en sánscrito), una raíz que, al parecer, comen los elefantes. Pero un rábano no es una fruta.

También se habla de la piña o ananá (ananasa) como una fruta que le agrada a Ganesha, y aunque eso puede ser cierto se trata de una planta oriunda de Sudamérica que fue introducida en la India en tiempo reciente (siglo XVI), por lo que no es su comida tradicional.

Una fruta que sí está estrechamente relacionada con Ganesha es el coco (nārikela), la cual se le ofrece sobre todo como ingrediente de comida elaborada. Como la fruta sola, en cambio, la costumbre es romperla ante su imagen, pues el coco es el símbolo del ego del devoto, duro por fuera, puro por dentro. En conclusión, es una fruta muy querida por Ganesha pero más por su simbolismo espiritual que como alimento frutal.

Continuando con la búsqueda, hay un antiguo poema tamil a Ganesha llamado Vināyaka Avahal de la santa Auvaiyar que habla del cariño de la deidad con cabeza de elefante por “las tres frutas afamadas”, pero no dice cuáles son… Ya sé que a esta altura se están impacientando y quieren que vaya al grano. Muy bien.

Según el maestro Sivaya Subramuniyaswami, por ejemplo, la fruta preferida por Ganesha es el árbol de jack o yaca, llamada jackfruit en inglés y panasa phala en sánscrito. Es una fruta típica de la India, desconocida en Occidente, y cuyo sabor Wikipedia define como “mezcla de mango y naranja”.

Es una fruta muy grande que parece una sandía, aunque con una cáscara muy rugosa y por dentro la parte comestible es amarillenta. La he visto mucho en el sur de la India y debo decir que cuando la he probado no me ha gustado mucho, aunque ese es mi problema.

Detalle de panasa phala (se agranda al clicar).

En esta pintura que representa a Vishvarūpa Ganapati se puede ver cómo uno de los dos auxiliares de Ganesha sostiene en sus manos una yaca, mientras el otro tiene una cesta con dulces.

Si uno quiere ir a lo seguro, yo (y no sólo yo) diría que la fruta favorita de Ganesha es el mango (āmra), ya que además de por su sabor, Ganesha le tiene especial cariño porque es el premio que sus padres, Shiva y Pārvatī, le dieron por su sabiduría y su devoción. Por tanto, representa “el máximo logro espiritual”, al decir de Subramuniyaswami.

Siguiendo con ir a lo seguro, el plátano o banana (kadalīphala) es otro clásico, ya que es una fruta muy difundida en la India y que se ofrece a los elefantes, que las reciben con gusto.

Otra fruta que place a Ganesha es la lima (jambira), que es una ofrenda tradicional para muchas deidades y también para el guru (maestro espiritual). Se utiliza en rituales como el abhishekam para lavar y dar brillo a las imágenes de la divinidad y se la considera una fruta dadora de pureza y paz mental. Asimismo, es normal ver limas clavadas en los tridentes que simbolizan al dios Shiva o a la Madre Durgā, como repelentes de las malas influencias.

De las 32 formas clásicas de Ganesha, al menos cuatro llevan en sus manos una granada (dādima), cuyas diferentes partes son utilizadas en la medicina ayurvédica y sus granos como condimento en la cocina india. No es sorpresa que entonces sea también considerada una de sus frutas favoritas.

La forma de Kshipra Prasāda Ganapati (“Ganapati que gratifica rápidamente”) con la granada en su mano izquierda central (la imagen se agranda al clicar).

Luego, hay otra fruta que se cita con frecuencia como querida por Ganesha y que en inglés se llama wood-apple o elephant-apple, en sánscrito kapittha y en español sería simplemente Limonia. Es una fruta típica de India que, como el jackfruit, tampoco conocemos en Occidente. Tiene la cáscara dura, como una nuez (o como ‘madera’, de ahí su nombre inglés), aunque es más grande (5-9 cm de diámetro) y por dentro es más bien ácida (de ahí su nombre científico, Limonia acidissima).

Al parecer esta fruta y las hojas de su planta se utilizaban para alimentar a los elefantes y, con certeza, es usada en Āyurveda. Yo nunca la he probado.

Limonia acidissima por dentro y por fuera.

Finalmente, una fruta que se repite en las referencias a Ganesha es el jambu que, al parecer en español es el ‘jambul‘ (nombre científico Syzygium cumini), una baya asiática que también se conoce como “mora india” por su color oscuro.

Esta planta es especialmente evocativa ya que, en la cosmografía hindú, la isla donde viven los seres humanos (que no es otra cosa que el planeta Tierra) se conoce como jambudvīpa, “la isla del árbol jambu“, porque en la cima del monte central hay, justamente, un árbol jambu. Lamento decir que tampoco la he probado.

En conclusión, hay al menos siete frutas que son muy queridas por Ganesha para comer y ya serían nueve si agregamos el coco y la piña. Decir con exactitud cuál de todas estas opciones es la favorita de Ganesha no sería prudente de mi parte, pues no tengo la respuesta absoluta.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta la dificultad de conseguir ciertas frutas indias viviendo en Barcelona, yo me quedo con la tríada de mango, plátano y granada, por ejemplo. Con la lima como plan B. Y, por supuesto, el coco siempre a mano para preparar algún dulce que, después de la devoción espiritual, es lo que más atrae a Ganesha.

FlyerGanesha_Yogaroom

El cartel se agranda al clicar.

Si te ha gustado este post, es muy probable que te interese el taller Ganesha, el eliminador de obstáculos que daré en la escuela Yogaroom de Barcelona sobre los misterios de la deidad más popular de la India. Trataremos, entre otras cosas, su historia y simbolismos, el porqué de su cabeza de elefante, apodos y anécdotas, su rol en el universo, estado civil y vehículo, su relación con el OM y la esvástica, sus frutas favoritas, mantras adecuados y adoración tradicional. Más detalles aquí

Om Srī Ganeshāya Namah!

Primavera en la India

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A través de este blog, muchas personas se contactan conmigo para hacerme preguntas sobre sus viajes a la India y para pedirme algún dato personal, que no sale en las guías turísticas. A veces puedo dar algún indicio y otras muchas veces no, porque la India es muy grande para conocerla bien y la experiencia y gustos de cada uno no son siempre similares.

De todos modos, y por regla general, las personas que viajamos a la India queremos todo, es decir: un poco de espiritualidad y también hacer turismo; vivir la India ‘real’ pero tener cierto confort; hacer yoga o meditar y también divertirnos; tener una experiencia mística a la vez que traernos ropas exóticas muy baratas… Lo increíble de la India es que, con bastante probabilidad, todo esto se puede lograr en un viaje. La pregunta es ¿cómo?

La India es impredecible y sin duda hay muchas maneras de lograrlo, pero si tienes poco tiempo, no conoces el país y quieres rascar un poco detrás de la fachada turística típica, yo creo que una buena opción es hacer un viaje organizado con enfoque espiritual.

Digo esto porque conozco a las personas detrás de MilIndias, un pequeño grupo de buscadores que ha llegado a la India por la famosa ‘llamada interna’ y eso les ha cambiado la vida.

No es lo mismo ir a la India con un guía de manual (ya sea nativo o no), que nos ofrece datos históricos y frases hechas, que con personas que viven o han vivido en la India partiendo del asombro y la búsqueda espiritual. Asimismo, para un occidental es muchas veces mejor tener como guía otro occidental que conozca de primera mano las dos culturas y no dé nada por supuesto ni sobrentendido.

Todo esto lo digo porque una de las columnas de MilIndias es Uma Devi, una chica de origen alemán, que vivió 10 años en Barcelona y después de estudiar yoga se fue a la India, donde vive desde 2007.

La historia de Uma es increíble y ella misma la cuenta (sólo en inglés por ahora) de forma muy divertida en su blog Himalayan Cakes; el punto más ‘loco’ de su historia es que se casó con un sādhu, es decir un asceta hindú que se había ido de casa a los once años, construyeron una casa en los Himalayas y ahora tienen una hermosa niña de dos años, llamada Nitya.

Uma Devi, su esposo Baba y la pequeña Nitya

Esta anécdota viene a cuento porque Uma es la acompañante del grupo para el viaje que MilIndias tiene organizado para mediados de Marzo 2014. Es un viaje de 9 días, para sacarle el máximo jugo al equinoccio primaveral y para vivir el comienzo de la estación más colorida del año en el norte de la India.

El viaje se promociona como Holi El Festival del Color pues una de las propuestas principales es celebrar este festival religioso y popular al más puro estilo indio; es decir, salir con ropas blancas a la calle dispuesto a que te llenen (y llenes a todo el que pase por allí) de polvos de colores. Se trata de una festividad en que las barreras sociales caen por un día y en que todos ríen y se divierten como niños.

El resto de la ruta también es atractiva e incluye Rishikesh, para muchos capital mundial del yoga; Haridwar, una de las siete moradas sagradas para el hinduismo; Agra con su asombroso Taj Mahal y Delhi, gran capital urbana, hogar de la mayor mezquita de la India y también poseedora de bazares y barrios que parecen haberse quedado en el tiempo.

Lo bueno, para mí, es que esta ruta que para muchos es meramente turística, puede convertirse en una experiencia espiritual al viajar con una persona que sabe yoga y meditación y, de hecho, las imparte al grupo durante el recorrido. A la vez, la idea es visitar lugares sagrados menos conocidos e incluso visitar algún maestro espiritual, que si bien abundan en la India, lo difícil es saber quiénes de ello son genuinos y quiénes no.

Charla espiritual en Rishikesh

Y otro detalle muy importante: la posibilidad de bañarse en las sagradas aguas de Gangā Mā, el reverenciado río Ganges. A pesar de su imagen colectiva de río polucionado, sus aguas en Rishikesh y Haridwar todavía son aceptables, pero más allá de eso, es bueno tener a alguien que nos diga cómo y dónde bañarnos.

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Vista de Rishikesh y el sagrado Ganges fluyendo a su lado.

Si este resumen del viaje les pareció atractivo o llamativo, entonces pueden ver la totalidad del itinerario y sus detalles prácticos aquí. Para cualquier consulta o pregunta lo ideal no es hablar conmigo sino contactar con Dani Fernández aquí. Él es el alma mater de MilIndias y con su experiencia de haber vivido tres años de búsqueda interior en la India es una persona fiable y sincera. Su objetivo es compartir todo lo que ha descubierto y aprendido y la verdad es que lo hace con mucho entusiasmo y desde el corazón.

Un buen resumen de los viajes de MilIndias

Un buen resumen de los viajes de MilIndias

Pueden decirle que van de parte mía, aunque eso no sea un salvoconducto para obtener descuentos, je.

Esto es todo y como dicen en hindi: Mangal Yātrā (o sea, ¡Buen Viaje!)

El Taj Mahal en cómic

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Desde que era chico tuve una especie de obsesión por el Taj Mahal, que realmente me atraía mucho, aunque sólo lo veía en las fotografías de las revistas. Eventualmente, en mi primer viaje a la India, pude conocer en persona ese monumento que para el resto del mundo es el icono de la India, y su hermosura estuvo a la altura de mis expectativas. Desde entonces mi obsesión se redujo. Al menos hasta que descubrí el cómic en español Taj Mahal: Amor y tragedia en la corte del emperador mogol.

Este cómic es creación del artista GOL, a quien los lectores de este blog ya deben conocer por ser también el autor de la historieta Peregrinaje a Kashi: Benarés, Varanasi, Kashi. Historia, mitología y cultura de la ciudad más extraña y fascinante de la India y, más recientemente, de la obra Mahabhárata: La gran guerra del clan de los Bháratas, una ambiciosa novela gráfica en tres tomos, dos de los cuales ya están publicados y la venta: Los Pándavas (Tomo I) y Dráupadi (Tomo II).

Taj Mahal fue el segundo tebeo que Gol, experto en el cómic histórico, realizó con temática india y su fecha original de publicación fue el año 2003. Yo recién pude tenerlo en mis manos el año pasado (2012) y posiblemente era la última o anteúltima copia que tenían en la Librería Altaïr de Barcelona. Ahora, en 2013, Indica Books, con sede en Varanasi (India) ha hecho una nueva publicación del cómic original en español (también está en francés), para el deleite de los fanáticos del Taj Mahal como yo (las imágenes se amplían al clicarlas).

El Taj Mahal fue encomendado por el emperador Shah Jahan, descendiente de la dinastía mogol, después de la muerte de su amada esposa Mumtaz Mahal. Como en todo linaje real que se precie, las complejidades del árbol genealógico, las intrigas palaciegas y los vaivenes socio-políticos pueden confundir al neófito. La claridad con que se exponen los hechos históricos del origen, creación y destino del Taj son, por tanto, de agradecer, pues sitúan al lector de forma cómoda en una época y lugar, a priori, ajenos.

En este sentido, la introducción histórica que hace al autor sobre “Los mogoles” me parece deliciosa, dando una sencilla semblanza de una dinastía poco conocida para el público de habla hispana. El rigor histórico de la obra, basado en una profunda investigación documental, se ve reflejado en los dibujos que representan con naturalidad el arte y la arquitectura mogoles de la época, ofreciendo así de forma visual muchísima información histórica, casi sin darnos cuenta.

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Quienes seguimos la obra de Gol hemos descubierto con gozo su elegante pluma y su ductilidad como guionista de viñetas, todo lo cual se ve resumido de forma genial en la “ficción narrativa” que él introduce para hablar de Ustad Isa, el posible arquitecto del Taj Mahal. Como no existe, dice Gol, “un nombre que represente la autoría del Taj“, él apela a un relato ficcional paralelo a los hechos históricos, “con el objetivo de presentar una tesis que explique la mágica, objetiva e inexplicable atracción del Taj“.

De esta forma conocemos detalles apócrifos de la poco conocida vida del aparejador Ustad Isa y esto, por extraño que parezca, encaja de forma perfecta con la atmósfera de la obra, llevando al lector a sentir algo del amor y el dolor que inspiraron la construcción del monumento más famoso de la India. Por algo el acertado subtítulo de la obra es Amor y tragedia en la corte del emperador mogol.

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Como es claro, recomiendo la lectura del cómic, que es un disfrute tanto en el plano artístico, como en el histórico, documental y literario. Para los amantes de la India o del cómic es una obra muy atractiva.

Lo único malo es que es difícil de conseguir actualmente. Sin duda se puede pedir a Indica Books en Varanasi, con un precio asequible, aunque el gasto de envío costará igual que el cómic. Otra opción es preguntar en la Librería Oriental de Madrid, donde puede que, si insisten, lo traigan. El último recurso es probar con Librería Altaïr de Barcelona, a ver si mi ejemplar no fue el último y todavía queda uno más…

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¡Aviso!: El único riesgo de leer el cómic es que les pase como a mí, que creía haber sofocado mi obsesión por el Taj Mahal, y ahora, al saber nuevos detalles históricos y arquitectónicos, estoy deseoso de volver para poder confirmarlos en directo.

Mandalas y Yantras, diagramas geométricos espirituales

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En una sobremesa dominguera con las profesores de yoga Ariyogananda, Lara, Pat (más Oli) y Hansika surgió el tema de los mandalas debido a un libro que pasaba de mano en mano titulado La biblia de los mandalas. La idea de este post no es recomendar ni defenestrar dicho libro, ya que no lo he leído, sino tratar de explicar (y entender) un concepto de la filosofía de la India que se ha hecho muy popular (es decir, el de ‘mandala’), aunque, al parecer, variando en parte su sentido original.

Yo ya conocía el concepto, pero al leer la contratapa del libro me sorprendí, ya que decía que “el mandala es un símbolo de plenitud que se encuentra en culturas de todo el mundo… En este libro se presentan las múltiples y diferentes formas que pueden adoptar, abordando tanto los antiguos mandalas hindúes como las formas complicadas de las pinturas de arena de los indios americanos o de los nudos celtas”.

Hasta ayer, para mí, mandala era un término netamente relacionado con el hinduismo y el budismo y no se me había ocurrido que existieran ‘mandalas celtas’ o que, el rosetón de vitral de una iglesia católica se considerara, también, un mandala.

Etimología redonda

En la sobremesa ya citada yo, adalid de la rigurosidad, critiqué esta libertad de uso de la palabra ‘mandala’, pues su origen está, sin dudas, en la lengua sánscrita y en las prácticas espirituales de la India. De hecho, hace un par de meses respondí al comentario de una lectora sobre la etimología de la palabra en cuestión.

Lo que dije entonces, y ahora amplio, es que, según el reputado diccionario de Sanskrit-English de Monier-Williams, la raíz verbal maṇḍ significa ‘adornar, decorar’; y la primera acepción de la palabra maṇḍala es ‘circular o redondo’. Asimismo, puede referirse a ‘un disco; cualquier cosa redonda; un círculo; circunferencia’, y más.

Teniendo en cuenta la etimología, es difícil oponerse a que el término ‘mandala’ sea ahora masivamente utilizado para referirse a ‘diseños circulares’ en general. De la misma forma que el término sánscrito avatar ha trascendido su sentido original para designar “objetos digitales que representan al usuario” o seres azules muy taquilleros, me parece normal que la palabra mandala pueda ahora tener un sentido más amplio y alejado de su origen, ya que como dice el libro que dio vida al debate, los mandalas reflejan símbolos universales como “la simetría de las formas naturales, el ciclo del tiempo y el círculo de la comunidad”.

De todas formas, esta tendencia general no quita que la palabra tenga un sentido primigenio y espiritual ligado a la India y su filosofía. Incluso la RAE, con quien desacuerdo con frecuencia, consigna el término como parte de la tradición hinduista y como una representación de las “fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación”.

A este respecto, si bien la RAE acepta dos acentuaciones de la misma palabra, me gustaría decir que la forma correcta, desde el punto de vista sánscrito, es con acentuación esdrújula; es decir, ‘mándala’ y no ‘mandala‘, aunque yo la escriba sin acento porque prefiero no españolizar demasiado la terminología sánscrita.

El juego de las diferencias

Hablando de terminología sánscrita, un detalle que me perturbó del libro La biblia de los mandalas es la sección titulada “Yantras: los mandalas hinduistas”. Como ya he explicado, para mí un mandala no puede ser otra cosa que hinduista (o budista, pero la raíz lingüística y filosófica sigue siendo la misma), a la vez que en esa definición se mezclan dos términos. Por lo que sé y he leído, mandala y yantra se usan muchas veces como sinónimos, aunque al parecer no lo son.

En todo caso, ambos son definidos como diagramas geométricos simbólicos que representan a una deidad en particular o, como dice A. Daniélou en su Dioses y mitos de la India, “energías básicas del mundo natural”.

Según explica Álvaro Enterría en su libro La India por dentro, los mandalas son “más elaborados (que los yantras), son representaciones en forma circular de fuerzas cósmicas y son muy utilizados por el budismo tibetano”. En efecto, el mandala es más ‘figurativo’ que el yantra, sobre todo en el budismo, donde las representaciones incluyen imágenes del Buda o de deidades budistas.

El yantra, en cambio, se limita a elementos lineales y geométricos como cuadrados, círculos, triángulos, elipses, espirales o cruces, pero nunca aparecen elementos figurativos como imágenes antropomórficas (aunque sí pueden aparecer algunas sílabas sánscritas consideradas sagradas).

Al parecer, entonces, en el hinduismo coexisten los conceptos de mandala y yantra, pero en el budismo se habla principalmente de mandala.

La base espiritual

La filosofía espiritual de la India explica que el ser humano, con su mente limitada y racional, no puede comprender de manera completa la realidad trascendente, infinita e inmanifestada que llamamos Divinidad. La mente humana no puede concebir nada sin un ‘nombre’ y una ‘forma’. De esta forma, se explica que la utilización de símbolos para vincular lo Divino con lo humano es de gran utilidad para el buscador espiritual. La representación simbólica de la Divinidad tiene diferentes grados de abstracción, siendo una estatua (imagen antropomórfica) la menos sutil.

Los mantras, por ejemplo, son representaciones sonoras de lo Divino y son más abstractos que las formas materiales. Siguiendo esta línea, los mandalas y los yantras como diagramas geométricos son también considerados sutiles en su grado de representación. Así como existe un tipo de Yoga basado en la repetición de mantras sagrados, también existe el Yantra Yoga, un camino espiritual basado en la meditación y visualización en diagramas místicos que representan las formas principales del Universo.

Se explica que cada deidad tiene su yantra, su representación visual geométrica. Probablemente el yantra más conocido es el llamado Sriyantra (o Srichakra) que, según Daniélou, “representa a la diosa universal”, y está formado por triángulos entrecruzados con la punta hacia arriba y hacia abajo, representando la energía masculina y femenina respectivamente, y en cuyo centro está el punto, origen de toda la existencia.

Ahora que he escrito mi opinión y aclarado (dentro de mis posibilidades) detalles sobre mandalas y yantras, cada uno es libre de usar dichas palabras como quiera; libre de diseñar diagramas, de pintar mandalas, de meditar en yantras

Sólo espero que, con el nombre que sea, estas prácticas sirvan para nuestro crecimiento espiritual.

Sita sings the blues

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Hace exactamente dos años escribí un post titulado Sita y Rama, un culebrón espiritual, en que explicaba de forma resumida la trama de este largo poema épico de la India llamado Ramayana (‘el viaje de Rama’), incluyendo la serie de ingredientes que hacían de esta historia un tentador guión para cualquier telenovela latinoamericana.

Por otro lado, la semana pasada hablé de la propiedad intelectual y de cómo la liberalidad era una de las prácticas espirituales recomendadas para Kali Yuga.

Nina Paley es una artista estadounidense que, casualmente, conjuga estos dos aspectos (el Ramayana como culebrón y la necesidad de desprenderse del copyright) de manera muy activa y me viene muy bien como ejemplo para corroborar, tanto mis dichos de dos años atrás, como los de hace siete días.

La depresión

En cuanto al Ramayana, esta artista radicada en New York aborda la cuestión telenovelesca centrándose únicamente en la relación entre Sita y Rama, los que, según dice, “son dioses encarnados como seres humanos e incluso no pueden hacer funcionar su matrimonio”.

Para entender este enfoque hay que saber que en 2002, ante el “fracaso” de su propio matrimonio, Nina Paley encontró muchas similitudes personales con la historia contada en el Ramayana y la forma en que, según sus palabras, “Rama rechazó a Sita” a la vez que su propio marido la rechazó a ella. Entonces, ella se preguntó ‘por qué’ y decidió crear un largometraje de animación como terapia de catarsis. Funcionó y, además, el filme fue un éxito.

La película se llamó Sita sings the blues y muestra el supuesto paralelismo entre la relación amorosa de la autora con su ex-marido y la relación de Sita con Rama, todo el melodrama condimentado con las canciones de Annette Hanshaw, una olvidada cantante de jazz de los años ’20. De hecho, las canciones de Hanshaw fueron la principal inspiración (junto al fallido matrimonio) que tuvo Paley para dedicarse durante cuatro años a la creación de la película.

En inglés, la palabra ‘blues’ no refiere únicamente a un género musical sino también a una expresión (‘to have the blues’) que remite a ‘estar deprimido’ o ‘tener depresión’, y por tanto lo que canta la heroína del film no es sólo música sino también un estado de ánimo. En este sentido, las milenarias aventuras de la fiel Sita acompañando a su esposo Rama durante su forzado exilio en el bosque y siendo raptada por Ravana, el demonio de diez cabezas, se ven extrañamente aplicables a las tristes canciones de amor de principios del siglo XX.

Copyleft

Coincidentemente, al toparse con los grandes obstáculos que el sistema de monopolio de la propiedad intelectual le imponía por los derechos de esas canciones de Hanshaw que contaban con ochenta años de antigüedad, Nina Paley se convirtió en una activista de la llamada ‘cultura libre’, es decir, una defensora de la libre circulación de contenidos, también conocida como copyleft, en contraste con el término copyright (jugando con los significados en inglés de ‘right’ – derecho– y ‘left’ –izquierdo-).

Está claro que siendo una artista, Paley quiere vivir de su arte, pero esto no impide que considere el actual sistema de copyright como imperfecto y anacrónico. Debido a que los derechos de las canciones de Hanshaw están controlados por corporaciones, en teoría no pueden ser utilizados a menos que se pague por ellos, y en el caso de Paley le pidieron unos 20.000 U$ por canción, al menos originalmente. El problema de estas cifras no es únicamente no poder pagarlas, sino que muchísimo y valioso material artístico no puede ser editado o publicado, pues los derechos pertenecen a una multinacional que, más que en el arte, se interesa en los beneficios económicos.

Según explica Paley, “más del 90 % del contenido cultural no está disponible debido a cuestiones de derechos”, y justamente “las corporaciones que tienen esos derechos son empresas culturales que, a su vez, controlan la mayoría de los nuevos contenidos culturales que se hacen públicos”. La caricaturista agrega, “el Arte no tiene vida si las personas no pueden compartirlo”.

Sobre esto, Paley sostiene: “Las personas copian cosas que les gustan. No copian cosas que no les gustan. Cuando más copiada es una obra, más valiosa se vuelve. El valor no es quitado por los seguidores, sino que es agregado por ellos cada vez que copian”.

Annette Hanshaw

Copyheart

Ante el miedo generalizado de que una obra ‘sin derechos’ sea utilizada para el enriquecimiento ajeno, Nina Paley utiliza una perspectiva bastante kármica y mantiene la idea de que si un tercero logra beneficio económico con su obra (o derivados), eventualmente este beneficio también llegará a ella. Es importante aclarar que liberar de ‘derechos’ la obra propia no significa que alguien más la pueda utilizar diciendo que es suya. Es decir, la atribución (o reconocimiento) al autor original es necesaria para que se cierre este círculo virtuoso que pregona Paley. De lo contrario hablamos de plagio.

En este caso específico, los métodos de la artista fueron muy efectivos ya que la película obtuvo galardones en diferentes festivales de cine y animación y, sobre todo, se convirtió en un éxito en internet, lanzando a Nina Paley a la fama (es decir, a tanta fama como puede aspirar un director independiente de filmes de animación) y también erigiéndola como un
referente de la ‘cultura libre’, al punto de dar conferencias sobre el tema alrededor del mundo.

Coherente con su filosofía, la artista inventó un nuevo tipo de licencia libre, que más bien se podría definir como una no-licencia y tiene como nombre copyheart, ya que en lugar de referirse al ‘derecho a copia’ remite a ‘copiar con el corazón’, o sea con amor, y se limita a una simple afirmación:
Copiar es un acto de amor. Por favor, copia y comparte.

Oblación

Volviendo a Sita sings the blues y su trama, hay que decir que es bastante irreverente para aquellos que amen la fidelidad al clásico original. El sólo hecho de pensar que Sita se la pasa cantando jazz puede poner los pelos de punta a los puristas. Asimismo, la narración de la historia es hecha por tres voces con marcado acento indio (2 masculinas y 1 femenina), pero no es nada convencional ya que estos narradores agregan sus propias interpretaciones de lo que está sucediendo, llegando incluso a discrepar entre ellos.

De toda la posible irreverencia de la película, lo único que a mí me choca mucho es la presentación que se hace de Sita, como una mujer dominada y rechazada por Rama, que no coincide con la visión clásica (que también es la mía) de la historia. Este rechazo machista del que se hace eco la autora del filme tiene su origen en una escena del Yuddha kanda, último capítulo en la historia original, en que habiendo conquistado Lanka y matado a todos sus enemigos, Rama le pide a Sita que se marche pues no puede aceptar que su esposa “haya estado bajo el mismo techo que otro hombre”.

La princesa Sita, entristecida y humillada, pero sin perder su adoración por Rama, pide que se construya una pira funeraria porque prefiere morir después de oír dichas palabras de su esposo. De esta forma, Sita entra al fuego como si fuera una “sagrada oblación de mantequilla clarificada”, una significativa comparación con los rituales védicos en que el fuego todo lo purifica. Mientras tanto, los dioses bajan a ver el evento y preguntan a Rama porqué actúa de ese modo insensible, ya que Sita es la misma diosa Lakshmi en la Tierra.

Acto seguido, el dios del fuego en persona devuelve a Sita intacta, alabando sus virtudes. Y entonces Rama se explica diciendo que él ya sabía de la pureza de Sita, pero para evitar que el pueblo hablara a sus espaldas, su deber de rey era demostrar a todos la castidad de su esposa de forma pública. Después de esto, sin remordimientos, ambos se dirigen de regreso a Ayodhya, la capital del reino, donde Rama es coronado rey y se inicia un reinado próspero y feliz por muchos años.

Uttara kanda

Existe un capítulo del Ramayana llamado Uttara kanda y que, al parecer, fue una adición posterior a la obra original escrita por el poeta Valmiki. Es por ello que dicho capítulo no aparece en todas las versiones del Ramayana. Trata básicamente de cómo después de años de reinado feliz vuelve a haber rumores sobre la castidad de Sita y entonces Rama, fiel a su dharma de rey que hace prevalecer el bienestar del pueblo, la envía al bosque en exilio.

Resulta que, cuando se marcha, Sita está embarazada y eventualmente tiene gemelos en el bosque (Lava y Kusha), bajo la protección de un sabio que no es otro que Valmiki, el escritor del poema. El poeta escribe el poema, lo enseña a los niños herederos y les manda al palacio a recitarlo. Rama comprende todo y va al bosque a buscar a Sita, aunque en vano, ya que ésta viendo que su tiempo en este mundo toca su fin, llama a la Madre Tierra y desaparece por una grieta en el suelo (como detalle es bueno saber que Sita es originariamente hija de la diosa Tierra y que su nombre significa ‘zanja’ o ‘surco’).

Si bien este capítulo es discutido y considerado posterior, en el caso de Sita sings the blues la autora sí que lo tiene en cuenta y basa gran parte de su idea de ‘rechazo’ hacia Sita en esta sección final.

Desacuerdo

Personalmente, esta es la parte de la película que no me gusta, conceptualmente hablando, ya que la formada por Sita y Rama ha sido siempre considerada una pareja ideal, en la que Rama representa el rey perfecto (que prioriza sus deberes antes que sus derechos), siempre adherido al dharma, y Sita es el epítome de las virtudes femeninas, al menos para lo que se entiende en la India. Hay que tener en cuenta que el Ramayana tiene diferentes niveles de lectura y, aunque el sexista podría ser uno, no parece ser este el mensaje fundamental de la obra, que es esencialmente espiritual.

De esta forma, Rama es la encarnación de Vishnu, así como Sita de Lakshmi, ambos los encargados de preservar el Universo, en sus dos aspectos de poder absoluto (masculino) y energía dinámica (femenino).

Asimismo, como en otras obras clásicas de la espiritualidad india, los dioses se comportan en ocasiones como humanos, dejándose atrapar por la universal fuerza de maya, la ‘ilusión cósmica’, que es la culpable de muchos de los malentendidos que pululan la mitología. Incluso los héroes más intachables cometen errores si son presos de la ilusión, una clara enseñanza de cuán despierto debe estar el ser humano corriente si quiere evolucionar de su estado actual.

Esperando haber dejado clara mi posición sobre la gran historia de amor espiritual de Sita y Rama, y habiendo marcado mis discrepancias con la película, de todos modos recomiendo ver Sita sings the blues. Su duración es de 1h21′ y se puede ver online y en inglés clicando aquí.

Los que prefieren los subtítulos en español pueden clicar aquí debajo (aunque la calidad de imagen es inferior), y cuando se empieza a reproducir el vídeo hay que pulsar sobre el botón llamado “CC” en la parte de abajo del reproductor, junto a la opción de “pantalla completa”. Luego se pueden elegir distintos idiomas.

Que lo disfruten y luego me dan su opinión.

La práctica espiritual de Omkār

Publicado en

En un post de hace dos años expliqué, con mi finito entendimiento y de manera poco académica, algunas aspectos de la vibración de la sílaba sagrada OM, también conocida como Aum. Por otro lado, hace poco, en clase de sánscrito, supe de un verso del Chandogya Upanishad (uno de los más antiguos Upanishad, que son textos sagrados que explican la filosofía espiritual contenida en los Veda) que habla de Om:

“omkāra evedam sarvamomkāra evedam sarvam” (2.23.3)

El verso, uno entre muchos que define el Om en las antiguas escrituras hindúes, repite la misma simple sentencia: ‘Om ciertamente (es) este todo’.

Por ‘este todo’ se entiende el mundo entero, o más bien el universo. El término omkār, por su parte, se utiliza como sinónimo de Om, pues etimológicamente significa ‘la realización de Om’.

La explicación filosófica de cómo el universo surge de un sonido primordial (Divino dirán algunos) no es única del hinduismo, como lo muestra el clásico ejemplo del Evangelio de San Juan en el cristianismo:

“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (…) Todo llegó a ser por medio de ella; y sin ella nada se hizo de cuanto fue hecho”. (1:1-3)

Más allá de estas cosmogonías sonoras, lo que me interesa resaltar en esta crónica es la posible utilización práctica de Omkār, es decir, su uso cotidiano, una idea que me vino a la cabeza después de leer un antiguo discurso de Swami Premananda.

Shakti

Decir que se me ocurrió una idea es pecar de exagerado, ya que simplemente leí el discurso de Swami y decidí ponerlo en el blog para que todos puedan leerlo, aunque, eso sí, con un mínimo de contextualización de mi parte. En el libro Premananda satsangs Vol. I, encontramos este fragmento de un discurso titulado ‘Shakti’, dado por Swami en 1995:

“En la antigüedad se meditaba repitiendo OM, la sílaba sagrada que representa el sonido primordial de la creación. Así como esta fuerza es llamada Adi Para Shakti (la energía suprema original), también es llamada Om Shakti“.

En la filosofía espiritual de la India, por shakti se entiende la energía dinámica que se encarga de dar forma a todo lo que percibimos en este mundo; o sea, es el aspecto femenino de la energía que pone en acción el poder latente y absoluto de la energía masculina. Es en este sentido que Swami relaciona el Om con la shakti suprema original.

A un nivel más físico, Swami continúa:

“Cuando uno repite OM para sus adentros, o bien externamente, despierta la shakti conocida como kundalini en nuestros cuerpos. Esta energía duerme en la base de la espina dorsal. Repitiendo OM con sentimiento verdadero y profunda concentración podemos despertar las fuerzas divinas en nuestros cuerpos y traerlas hacia arriba hasta la cima de la cabeza. Este proceso debe llevarse a cabo con sumo cuidado y sólo bajo la guía de un Maestro genuino”.

Aquí, Swami hace referencia al despertar de la energía Divina que hay dentro de cada ser humano, una energía (llamada kundalini) que se dice yace en el mūlādhāra chakra, el punto energético en la base de la columna y que, con la práctica espiritual, asciende gradualmente hasta el sahasrāra chakra, en la cima de la coronilla. Swami agrega:

“Con la continua práctica espiritual sincera de esta manera, el sonido de OM y su extraordinaria vibración se mezclarán con la sangre de nuestros cuerpos. A través de la respiración lenta que se requiere para realizar Omkār, la divinidad circula con la sangre por el cuerpo. Llega al corazón y lo hace palpitar con una vibración divina. OM debe circular dentro de ti. Es por ello que no debes repetir OM deprisa. La profunda y prolongada respiración entre cada repetición de OM es sumamente importante sin duda”.

Esto me recuerda al encuentro que tuvimos mis padres y yo con Swami, en que hablando del Gayatri mantra nos dijo que “el mantra debe tener OM”, refiriéndose no sólo a la sílaba sagrada, sino a la vibración de su correcta repetición.

De la misma, en los cursos de meditación Prema Dhyanam, es decir la meditación basada en las enseñanzas de Swami, también se hace hincapié en ese breve lapso que separa cada Om, donde se puede sentir toda la energía despertada por la repetición previa.

9 veces

En el Sri Premananda Ashram de la India cada mañana, a las 5am, se realiza un abishekam al Señor Ganesha. Una vez finalizado el ritual, la persona a cargo se dirige afuera del templo para lanzar contra el suelo uno de los cocos ofrecidos a la deidad. Se trata de una tradición antigua, que se aplica al dios con cabeza de elefante, y que se resume en que en cuantos más trozos sea partido el coco, más auspicio será considerado el ritual (o lo que se haya pedido en él).

Durante el tiempo que lleva a la persona correspondiente salir del templo, partir el coco y regresar, los asistentes hacen una práctica de Omkār, repitiendo en voz alta y conjuntamente la sílaba Aum nueve veces. De todos modos, sin necesidad de hacerlo a las 5am o de romper cocos, cualquier persona puede probar esta práctica espiritual en su casa y ver si algunas de las palabras citadas de Swami se aplican a su caso personal.

En lo relativo a cuantas veces se ha de repetir el Om, según el hinduismo hay varios números propicios, pero algunas de las opciones clásicas son 3, 9, 21 o 108. Yo diría que es mejor empezar por un número bajo y hacer la prueba.

Está claro que no hay nada que perder (más allá de algún retazo de pudor), aunque sí varias opciones por ganar, entre ellas, aclarar la garganta, vibración Divina, mejor circulación sanguínea y paz interior. Nada mal.

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