Canal RSS

Archivo de la etiqueta: Comida

Annapūrṇā y una oración para antes de comer

Publicado en

Śiva, la pura Conciencia que todo lo ilumina, le dijo un día a Pārvatī, su consorte, que todo el universo fenoménico no es más que māyā, una “ilusión” cósmica, pues en realidad solo existe el Ser. Pārvatī, que es quien, con su śakti, su energía divina, manifiesta y mueve el mundo, se sintió ofendida, naturalmente. Como escarmiento para su marido dejó de actuar y desapareció voluntariamente. La consecuencia fue un mundo de cartón piedra, vacío, y sin la abundancia de la naturaleza. Los seres vivos sufrieron de diferentes formas la ausencia de la Madre cósmica, pero especialmente echaron de menos el alimento.

Entonces, Śiva se dio cuenta de su error, no hay Conciencia sin Energía, Śiva sin Śakti, y salió a buscar desesperadamente a su media naranja. Supo que se había manifestado en Kashi, la antigua ciudad de Varanasi, bajo la forma de Annapūrṇā, la diosa del alimento. Humildemente, Śiva se acercó a la Diosa con su bol de mendicante para pedirle un poco del arroz con leche que lleva en una de sus manos. La Diosa aceptó y su gesto de nutrir a Śiva se extendió a todos los seres, a quienes alimenta de forma permanente. De allí su nombre sánscrito: anna, “comida” o “grano”, y pūrṇā, “completa”, que se podría traducir literalmente como “llena de alimento” o quizás más bonito “la que nutre”.

Esta historia nos dice muchas cosas, entre ellas que lo Divino está en todo, incluyendo el alimento, pues, para empezar, nos mantiene vivos. Por ello, para la cosmovisión hindú “el alimento es Dios” (annam brahma) y, como en muchas otras tradiciones, no se debe tratar de forma irrespetuosa ni malgastar. Asimismo, al tratarse de un elemento que nos es proveído por la Madre no deberíamos darlo por descontado, sino más bien agradecerlo.

Para la tradición yóguica comer sin conciencia de esta relación de dependencia con la Naturaleza es una forma de “robar” pues, por más que hayamos pagado nuestra comida, estamos ignorando que el alimento llega a nosotros gracias al esfuerzo y la generosidad de la Tierra.

Todo esto es la simple introducción a una tradicional oración hindú que se recita antes de comer, como forma de bendecir los alimentos. Hay muchas oraciones hindúes para este propósito y hace años publiqué un post con una de las más difundidas, que se puede leer aquí. Recitar una no excluye recitar otra, aunque según la escuela que uno siga hay una tendencia definida. La oración de hoy tiene relación con las líneas que siguen a Śiva y a Śakti como aspectos supremos. La veamos:

annapūrṇe sadāpūrṇe śaṅkara prāṇa vallabhe /
jñāna vairāgya siddhyarthaṁ bhikṣāṁ dehi ca pārvatī //

La traducción literal posible sería:

“Oh querida Annapūrṇā, siempre completa, eres la vida de Śiva /
Oh Pārvatī, dame limosnas para obtener conocimiento y desapego.”

La palabra bhikṣā es la que se utiliza para referirse a las “limosnas” o dádivas que reciben los ascetas o monjes indios, que tradicionalmente son en forma de alimentos. De hecho, a los monjes budistas se los llama bhikkhus (en pali) o bhikṣus (en sánscrito) porque se caracterizaban, justamente, por ir con su cuenco por la mañana, de casa en casa, esperando recibir algo para comer. En el contexto de la oración que analizamos la palabra es adecuada porque Śiva mismo tuvo que “mendigar” su comida.

Lo más interesante de la oración es lo que se pide en ella. En lugar de alimentos que meramente nutran su cuerpo, el devoto pide que esa comida le otorgue dos de los grandes propósitos de la búsqueda espiritual: conocimiento y desapego. El conocimiento no refiere al saber intelectual sino al conocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Para ello es imprescindible el desapego, es decir la indiferencia hacia todos los elementos o distracciones que nos alejen de ese camino de conocimiento interior.

Bendecir la mesa no es una actividad especialmente popular en la actualidad. En casa de mis padres no siempre lo hicimos, aunque ellos ya conocían un mantra pertinente del capítulo IV de la Bhagavad Gītā. En algunos ashrams indios, antes de comer, recitan por entero ese capítulo, lo cual puede llevar unos diez minutos. Por supuesto, no era el caso de mi familia.

Eso sí, en un momento dado empezamos a bendecir la mesa usando una larga oración traducida al español y originalmente creada por Paramahansa Yogananda. Yo llevé ese hábito cuando nos fuimos a vivir juntos con Hansika, pero con la llegada de nuestras hijas la simplificamos con la repetición tres veces del mantra hari om.

Hace poco yo he recuperado el verso de la Gītā y le hemos agregado la oración de hoy, que está teniendo éxito con las nenas y nos parece muy bonito.

Para escucharlo recitado:

Para quien tenga 10’ y quiera escuchar el capítulo IV de la Bhagavad Gītā:

—————————————————————————————————————————————-

Si te gusta este blog seguramente te puede interesar la nueva edición del Curso de Filosofía del Yoga que daré en Barcelona a partir del 24 de febrero de 2018. ¡Solo quedan 2 plazas! Para más detalles del curso, clicar aquí.

filosofia_flyer_primavera18

Elucubraciones de un viajero en tren

Publicado en

Ya sobre el tren, rumbo a Bengala Occidental, el estado de cuya capital es la ciudad de Calcuta, mi mente divaga y se entretiene con balances y observaciones.

Mis ojos, desde la ventanilla, se posan en los interminables campos de arroz, colmados de agua donde se refleja la noche y donde se confunde en que punto termina la tierra y en que punto empieza el cielo.

Miro la luna, y por supuesto, como le pasaría a cualquiera, me nace la veta de poeta, pero que coraje hay que tener para escandir la misma luna que escandió Rabindranath Tagore, el gran poeta bengalí ganador del premio Nobel de Literatuta y fundador de una educación experimental más relacionado con la naturaleza.

Aplazo entonces mis veleidades poéticas y regreso a cuestiones más a mano, a hechos cotidianos que se convierten en normales luego de un tiempo en la India, pero que no dejan de llamarme la atención.

Entre ellos

Es muy general ver a los hombres en la India tomándose de la mano entre ellos; lo hacen de una forma natural y no es un signo de homosexualidad, sino de confianza y amistad. No sólo se ve entre adolescentes o jóvenes, sino entre hombres adultos y también ancianos.

Yo mismo, una vez que me hice amigo de personas indias he vivido esa experiencia de ser tenido por la mano, y debo admitir que al principio me daba una sensación extraña, pero luego comprendí que era un signo de verdadero afecto y la verdad es que me siento como halagado cuando alguien me toma así de la mano.

En cambio, por razones culturales, es muy difícil, excepto en ciertos lugares de las grandes ciudades (como centros comerciales del tipo occidental), ver a hombres y mujeres tomados de la mano. Mucho menos posible es ver una pareja besándose en público; de hecho, las famosas películas de Bollywood están llenas de amor y de pasión pero jamás se ve un beso explícito entre hombre y mujer.

Otra cosa: Al no ser tan frecuente la presencia de lavabos en las casas, sobre todo en las zonas más pobres, que son muchas, las personas realizan sus tareas de aseo matinal en algún área común, que puede ser junto a un estanque público o, con frecuencia, junto a las vías del tren.

Por la mañana es normal ver a los indios cepillarse los dientes, sobre todo desde el tren; se los puede ver entre chabolas, entre arbustos o entre la mugre pero siempre cepillándose los dientes. Incluso caminando por la calle cepillándose, o sentados en una pirca mientras miran pasar el tren.

Por lo general no usan un cepillo de dientes tal como lo conocemos nosotros, sino ramitas del árbol de nim, un árbol que tiene muchas propiedad curativas. El colmo es aquellos que se cepillan sólo con los dedos, que también los he visto.

El contraste es que en un país que a primer golpe de vista parece anti-higiénico, las personas den tanta importancia a un hecho como lavarse los dientes. Pero no se trata de una lavada protocolar para cumplir sino que están al menos diez minutos en este proceso.

De hecho, Gandhi cuenta que aprovechaba ese tiempo para aprender extractos de las escrituras, por ejemplo.

Otro detalle es que no se trata de un lavado después de cada comida, sino sólo matinal. Por esta razón, en el tren más de una vez he sido motivo de sonrisas o miradas sorprendidas, sobre todo al lavarme los dientes antes de ir a dormir.

En cuanto a la higiene, otra costumbre india es la de orinar en público y prácticamente en cualquier parte. Todos lo hacen: personas de camisa y pantalón, personas con dothi (una especie de tela envuelta alrededor de la cintura), estudiantes, mendigos; todos por igual.

Comida

Cuando planeaba mi viaje a la India, uno de los puntos más controvertidos era la comida. Personas con experiencia me habían aconsejado ser precavido a la hora de elegir los alimentos pues las condiciones higiénicas no son las mejores.

Me habían dicho que es preferible todo aquello que venga en paquete cerrado, y también las frutas, ya que se pueden lavar o pelar.

Por otro lado, es sabido que la mayoría de la comida india es picante y muy condimentada, cosa a la que no estamos tan acostumbrados en Occidente. Si uno ingiere este tipo de alimentos, tarde o temprano, tiene alguna consecuencia intestinal, que muchas veces es sólo una anécdota y otras veces puede convertirse en algo más grave.

En cuanto a la bebida, una regla de oro es no tomar otra agua que no sea mineral, a menos que esté potabilizada o hervida. Sin embargo, los jugos y licuados de frutas son realmente recomendables y nunca me acarrearon problema alguno, a pesar de no ser siempre hechos con agua mineral.

Evidentemente, los primeros días fui más cauto respecto a la comida, pero luego de un tiempo me relajé, sobre todo después que unos residentes del Sri Premananda Ashram me llevaran a un restaurante típico, es decir al que van los indios.

Esta clase de restaurantes se encuentran principalmente en el sur del país, y son estrictamente vegetarianos en su mayoría. Para mi desconcierto, no tienen nada que ver con los que conocía y fue una experiencia novedosa.

En primer lugar, se trata de locales de paso, donde la gente se va apenas termina de comer, y si no, los camareros traen la cuenta, aunque uno no se la pida. Lo que sucede es que los restaurantes casi siempre están llenos y se necesitan nuevos asientos. Es por ello que en ciertas ocasiones los recién llegados se acomodan donde encuentran cualquier silla libre. Es así que más de una vez he compartido la mesa con lugareños desconocidos que, evidentemente, tratan de sacar un poco de conversación.

En la India, la forma tradicional y difundida de comer es con la mano, siempre la mano derecha, y sólo se usan cucharas para las sopas.

Es todo un aprendizaje poder hacer una perfecta bola de arroz y llevársela a la boca, sin que se caiga la mitad en el camino.

Otro detalle es que para tomar agua, los indios no tocan el borde del vaso o de la botella con la boca, y manteniéndolo lejos dejan caer el líquido como en cascada. No hace falta que diga cuantas camisetas empapé experimentando con este sistema.

En los restaurantes típicos, es decir los que no están preparados para el turismo, se pone como plato una hoja de plátano y allí se sirve la comida.

En lugar de pan hay una masa chata, cocinada a la plancha, que tiene distintas variaciones. La más conocida en Occidente es el chapati, pero dependiendo del grosor, los ingredientes o la consistencia, adquiere otros nombres como puri, dhosa, naam, parotha, etc. Esto es usualmente acompañado de salsas y aderezos, por supuesto, muy picantes.

Personalmente, yo me acostumbré a ese sabor, aunque siempre que vuelvo a la India trato de hacerlo gradualmente, ya que la primera vez tuve que pasar por una semana de acidez constante. Además, aquel exceso de confianza me jugó una mala pasada, ya que probé una especie de ají en aceite, que me ardió más que nada en la vida y me hizo transpirar varios litros. Fue como si me hubiera lastimado la garganta, así que me quedé quieto un rato sentado en el restaurante, hasta que el ardor-dolor fue disminuyendo.

De todos modos, también probé muchas cosas raras que resultaron muy ricas, como el kashmiri pulao, un arroz con verduras que además tiene banana, manzana, ananá, castañas de cajú y papaya!

Y así iba yo, dejando mi mente errar por los callejones de los recuerdos y las elucubraciones, mientras el tren cruzaba la incansable tierra de la India y se acercaba, arropándome, a la esperada ciudad de Calcuta.

A %d blogueros les gusta esto: