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La autobiografía de Krishna Das en español

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Cuando leí, en inglés, el libro de Krishna Das sobre su vida pensé que, si yo fuera editor, ése sería el próximo libro que yo publicaría en español. Me pareció una joya. Tuvieron que pasar unos años y ahora, finalmente, aquel deseo ha sido satisfecho por Ediciones La Llave (Barcelona) que publica Cantos de toda una vida, la autobiografía de Krishna Das, el cantante occidental de kīrtan más famoso del mundo, en una edición muy bonita, de tapa dura y con papel de calidad fotográfica, pues incluye variadas imágenes en blanco y negro y también a color.

Personalmente, me encantan las biografías espirituales y la de Krishna Das es muy atractiva porque, por un lado, posee los componentes clásicos y, por otro, un estilo muy divertido y cercano de contar sus experiencias. Cuando digo “componentes clásicos” me refiero a la historia de un joven (occidental en este caso) insatisfecho y perdido con el mundo moderno que siente el llamado de Oriente y se va a la India a buscar a su guru.

En este caso: el legendario Neem Karoli Baba, un santo que algunos consideraban encarnación del dios Hanumān, de quien no se sabía su edad y cuyo paradero cambiaba con frecuencia. Como pasaba gran parte del tiempo envuelto en una manta, también se lo conoce como “el santo de la manta”. Como todos los grandes santos indios, la vida de Maharaj-ji, como lo llaman sus devotos, está llena de hechos prodigiosos que muestran su poder y su conexión con lo Divino.

Neem Karoli Baba

Krishna Das fue a la India en 1970, en la época en que el misticismo indio era la gran atracción de los nacidos después de la segunda guerra mundial. Las experiencias que él vivió, que ahora no son tan fáciles de encontrar en una India tan visitada, son una muestra histórica fiable de todo un movimiento generacional que abrió el camino para muchos de los que, hoy en día, estamos tan interesados en el legado espiritual de la India.

Además de la sinceridad del relato, Krishna Das introduce muchas enseñanzas de su guru y de otros maestros que ha tenido en su largo camino, convirtiendo así el libro en una combinación muy efectiva de anécdotas, experiencias personales y citas profundas de diferentes tradiciones.

En el libro, Krishna Das cuenta descarnadamente el proceso que lo lleva a buscar un maestro, los altibajos emocionales de estar en su presencia física y, sobre todo, la desolación interior de afrontar su inesperada muerte.  El autor no intenta vender una imagen buena de él mismo, sino que con mucha sinceridad explica las crisis y monstruos interiores con los que tuvo (o tiene) que luchar. Estas revelaciones no son ni pesadas ni aburridas para el lector, pues Krishna Das tiene un estilo tan informal y directo que uno se siente totalmente identificado. Además, tiene muy buen sentido del humor y las páginas del libro son tan entretenidas que pasan muy rápido. De hecho, es de esos libros que da pena que acaben.

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La práctica de la que más se habla en el libro es el kīrtan, o “el canto de los Nombres Divinos”, es decir el canto devocional hindú que consiste en la repetición de mantras o invocaciones sagradas. Krishna Das habla mucho y muy claro de esta práctica, que es muy popular por el hecho de que cantar es una actividad que, en general, nos gusta a todos y, otra vez en general, es más fácil de hacer que meditar o hacer posturas físicas, por ejemplo.

Al cantar “nombres Divinos” uno usa la vibración sonora como un instrumento que gradualmente surte un efecto sobre la mente (que se calma) y sobre el corazón (que se abre). Para que esto suceda no hace falta, necesariamente, entender lo que uno canta e, incluso si uno no está bien predispuesto, los cantos llegan rápidamente a mover las emociones.

Uno de los grandes logros de este libro (tanto en inglés como en castellano) es que viene con un CD “para practicar con Krishna Das”. En él hay cinco largos y hermosos kīrtans, en los que Krishna Das canta la primera vuelta y en la segunda deja el vacío vocal para que nosotros lo llenemos con el canto. Si no lo hacemos, el CD queda incompleto y por más que haya miles de discos dando vueltas por el mundo, la sensación es que ese canto que estás escuchando está esperando que lo completes. Es una hermosa práctica y gracias a ella varios viajes en coche se me han hecho muy placenteros (incluso con niñas gritando en la parte de atrás…).

Para los interesados en la música, el libro también trae las notas y partituras de las canciones y, también, las letras de los mantras.

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Obviamente, si uno puede leer el libro original en inglés siempre es mejor porque entonces sentirá mucho más el estilo de Krishna Das, que es difícil de mantener en la traducción. En todo caso, la esencia del libro se mantiene, pues la historia es atrapante y entrañable y las enseñanzas recopiladas son una fuente de inspiración para cualquier buscador de la felicidad y del amor, temas muy recurrentes en la obra. El precio es 28€, que suena algo caro, aunque insisto en que la edición es muy buena e incluye CD.

Para quienes estén en Barcelona, les cuento que este viernes 21 de julio (2017) Krishna Das estará presentando y firmando su libro en la Barcelona Yoga Conference. El día después, sábado 22, hará un multitudinario kīrtan en el mismo sitio.

Recomiendo mucho esta lectura (y estos cantos) y espero que guste e inspire a otras personas tanto como a mí.

Krishna y el árbol tamāla

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En una situación que es nueva para mí, pero que he descubierto no es únicamente mía, sino común a todos los padres y madres recientes, ahora que tengo una hija me veo en la función cotidiana de hacerla dormir. Dicho objetivo, como es sabido, se logra con mayor facilidad si se entona alguna canción.

A pesar del gran bagaje musical que uno creía llevar, se encuentra cada noche (o siesta o media-mañana) cantando las mismas 3 melodías que, por lo general, suelen salir de zonas olvidadas del subconsciente.

Una de esas melodías la aprendí de mis padres hace años y es un canto devocional llamado Mi Krishna es azul que dice:

Mi Krishna es azul, / tamāla es árbol azul, / así te amo mi tamāla azul. /
Y cuando muera, Madre, / alto levántame / en la rama del tamāla azul. /
Donde Krishna se sentó, allá moriré / en la rama del tamāla azul. /

Como pasa con muchas cosas que se aprenden de niño no me había puesto a analizar el sentido de la canción hasta ahora, momento en que yo se la canto a mi hija. El foco de mi análisis era la palabra tamāla, que se deduce es un árbol, pero yo no sabía qué tipo de árbol y ni siquiera estaba seguro de que se llamara así (o tamar, por ejemplo).

Como no soy gran conocedor en botánica mi información era precaria, aunque me ayudó que la palabra apareciera en las páginas de El Evangelio de Sri Ramakrishna con la siguiente definición: “Árbol de hojas azul oscuro, favorito de Sri Krishna“.

Investigando un poco sobre esta planta puede saber que, ni más ni menos que en el Śrīmad Bhāgavatam, el cuerpo de Krishna es definido como semejante al “color azulino del árbol tamāla“.

Asimismo, en el Śrī Caitanya Caritāmrita y hablando del sagrado nombre de Krishna, el santo místico Śrī Caitanya Mahāprabhu dice que “su único significado es que Él es azul oscuro como el árbol tamāla…”.

Por si alguien desconoce el dato, se dice que el Señor Krishna tiene la piel de color azul.

¿Qué árbol es el tamāla?

Con la palabra ‘tamāla’, el diccionario Sanskrit-English de Monier-Williams lista, al menos, cuatro plantas diferentes: Xanthochymus Pictorius (o Garcinia); Crataeva Roxburghii (o Crateva religiosa); Acacia Catechu; y Cinnamomum tamala, a veces llamado “laurel indio”.

Si bien ninguna de estas plantas parece tener “hojas azul oscuro”, algunas fuentes dicen que el tamāla de Krishna podría ser el último árbol, que se utiliza mucho en cocina india y cuyas hojas son particularmente especiadas, con cierto sabor a canela. Soy incapaz de corroborar o refutar esta información. Quizás algún lector avezado en el tema pueda ofrecer detalles útiles.

Actualización: el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa me informó que, en la tradición váishnava, lo oscuro del árbol tamāla no son las hojas sino la corteza, por lo que las pastorcillas devotas de Krishna (gopīs), arrebatas de amor místico, confunden el tronco del árbol con el propio Krishna, llegando a abrazar el árbol con todas sus fuerzas.

Imagen de un Cinnamomum tamala.

Hojas secas de Cinnamomum tamala, algo más “oscuras”.

Cantos cósmicos

Otro hilo de mi investigación siguió la pista de Paramahansa Yogananda, el gran santo que tanto influyó en la vida espiritual de mi familia y de quien, a veces sin saberlo, cantamos canciones como si fueran parte de la tradición popular.

La ahora devenida canción de cuna Mi Krishna es azul es, en realidad, una traducción de My Krishna is blue, una composición original del mismo Yogananda que aparece en el libro Cosmic Chants y que incluye unas 60 canciones devocionales, siendo más de 40 de su total autoría (las restantes son adaptaciones y versiones de poemas y cantos tradicionales indios).

Según encontré en la red, los devotos de la Self-Realization Fellowship (la asociación fundada por Yogananda en Occidente) cantan My Krishna is blue cada vez que se celebra Janmāsthami (el cumpleaños de Krishna). La versión en inglés, que es la original, sólo tiene pequeñas variaciones:

My Krishna is blue, / the tamal tree is blue, / so i do love thee tamal tree. /
And when I die, oh mother / put me high / on a branch of the tamal tree. /
Where Krishna sat, there I would die / on a branch of the tamal tree. /

Se puede escuchar esta versión en inglés:

A pesar de mi búsqueda no puedo encontrar la versión en español, que tiene la misma melodía. El libro Cosmic Chants no está traducido en su totalidad al español aunque existe un audio-libro titulado Mi corazón Te espera que consiste en “30 interpretaciones de los Cantos Cósmicos de Paramahansa Yogananda”.

Si bien sé que son 2 CD’s grabados por devotos de Buenos Aires (Argentina), no puedo averiguar si Mi Krishna es azul está incluido en la lista de temas (Actualización: la canción NO está incluida en el CD).

Por tanto, no sé si la versión española que yo conozco de la canción es la “oficial” o es la traducción hecha por un devoto estadounidense de Yogananda que la cantó para mis padres en los años ’80. Si fuera así, la canción que cantamos en casa es un ‘inédito’ que no descartamos grabar en forma casera…

En un post lleno de interrogantes inconclusos lo único cierto que puedo decir es que a mi bebé le gustan las canciones a Krishna, que es una personalidad muy amorosa y calma. Sin olvidar, por supuesto, el gusto que tiene por los villancicos y las cumbias morunas que le cantan las abuelas.

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