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El yogui y la copa de vino

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Yo hace muchos años que no bebo alcohol y no es ningún esfuerzo porque en general no me gusta su sabor, ya sea vino, cerveza, champagne u otras bebidas espiritosas. De hecho, el único interés que alguna vez – especialmente en la adolescencia – tuve en el alcohol era por su capacidad de alterar (alegrar, liberar) la mente y fue justamente ese factor alterador lo que me hizo dejarlo por completo: no quería condicionantes externos para encontrar mi felicidad interna.

En esta decisión seguramente influyó que mis padres no tomaran bebidas alcohólicas y quizás también el hecho de que para la tradición de la India la droga peor considerada sea el alcohol, pues se le supone una cualidad netamente tamásica, es decir de “inercia, torpeza, confusión”. De hecho, es conocido que muchos sādhus indios fuman cannabis y, aunque sea con fines espirituales un tanto debatidos, se lo acepta como una ayuda para liberar la mente. El alcohol como herramienta espiritual, en cambio, está reservado únicamente a algunos ascetas radicales que rompen todas los tabúes sociales como una forma de destruir y trascender el ego individual. De allí que para su whisky utilicen como copa, por ejemplo, un cráneo humano salvado del crematorio. En este contexto beber alcohol sería lo de menos, claro…

Volviendo a Occidente y a nuestras vidas encuadradas en reglas sociales y culturales, he notado que muchos yoguis beben alcohol, especialmente vino, y en copas de cristal. Este hábito que, según mi tradicional escala de valores, es impropio de un yogui, me generó sensaciones encontradas a medida que fui conociendo a personas que considero genuinos buscadores espirituales y que, con mayor o menor frecuencia, bebían su copita de vino. Cuando digo vino también podría decir cerveza o mojito, aunque supongo que por influencia cultural beber vino tiene un mayor pedigrí que otras bebidas y por ello es lo más difundido.

Entre los nuevos yogas (eso que Ramiro Calle gusta en llamar “pseudo-yogas”) hace tiempo que existe, especialmente en USA, un popular “estilo” llamado yoga & wine que conjuga los beneficios del yoga con el disfrute sensual de beber vino (en general después de la clase de yoga). El vino tiene buena prensa, es antiquísimo, es bastante natural (uva fermentada) y, en teoría, requiere cierto paladar para ser degustado. Quizás por ello son pocos los yoguis que se jactan por ahí de beber cerveza, que para muchos da la idea de estar tirado en el sofá mirando TV, aunque en Alemania ya hayan inventado el infame Bier Yoga.

wine

Para mí sería fácil ridiculizar o enjuiciar la ingesta de alcohol, así que después de investigar y conversar con diversas fuentes, he decidido ampliar un poco mi perspectiva en busca de respuestas para un fenómeno muy actual. En general todos los yoguis parecen estar de acuerdo en que el alcohol (o mejor dicho, el etanol) es una neurotoxina, es decir una sustancia que afecta adversamente al tejido nervioso, pero que bebido con moderación no es grave. Evidentemente, uno estaría mejor sin él porque “impiden el trabajo de purificación que se hace con la práctica de yoga” y también porque el alcohol “no te permite focalizarte bien en las sensaciones/emociones que en ese momento estás viviendo”, o sea es una “distracción”.

Si el yogui busca tener una mente y un cuerpo sanos el vino no ayuda, de acuerdo, pero claramente beber una copa a la semana no debería ser tan terrible para el sistema nervioso o, en realidad, es similarmente terrible que beber Coca-Cola o café. Incluso el té negro es considerado un estimulante no siempre bien visto por los yoguis, ni qué decir de los meditadores. De hecho, si el vino me relaja y aliviana la mente, el café/té me estimula, me despierta o me activa. ¿No es esa también una “distracción”? ¿Una forma de alterar la propia conciencia?

Obviamente hay yoguis estrictos que prescinden del café, alcohol y en general cualquier placer sensorial, fieles a la tradición más ascética del yoga. Si la idea es controlar los sentidos, mejor no darles cuerda con chocolate y otros manjares. En este punto entra el azúcar, el gran infiltrado de todas nuestras comidas (incluso las “saladas”), y al que muchos recurrimos periódicamente para “alterar” nuestras emociones, es decir, para sentirnos más satisfechos, más alegres y completos. Chocolate, galletas, helado, dátiles, yogures… cada uno sabe de lo que hablo. Si para sentirme bien cada noche yo tengo que comer “algo dulce” antes de ir a la cama, ¿qué diferencia esencial hay con beber una copa de vino?

Puede que el vino y hasta el café afecten más la mente, mientras el azúcar vaya más al cuerpo, pero al final sus razones de consumo son las mismas: placer del paladar; hábito psicofísico; intolerancia de las propias sensaciones…

coffe

Si empezamos a hilar fino en lo que uno ingiere, cada alimento tiene sus cualidades y ayuda a generar ciertos tipos de pensamientos. Cualquiera que haya hecho algún tipo de ayuno o dieta desintoxicante habrá notado que la parte psicológica y emocional es mucho más difícil que la parte física, pues el solo pensamiento de que uno no va a comer nada (o “eso” que le gusta) ponen a la mente en un estado de ansiedad desconocido. Solo haciendo ayuno uno se da cuenta de cuánto rato nos pasamos pensando en lo que comemos y bebemos.

Pero yendo más allá, la necesidad de mirar los mensajes del móvil cada diez minutos o una serie televisiva de moda por la noche, ¿no son también formas de escapar a nuestras sensaciones? ¿No son también parte de lo que los yoguis llaman “apegos”?

Ya ven que esto se está complicando, así que vuelvo al inicio, a la vida de los yoguis que beben vino sin cráneos y comen azúcar cada tanto. Si una posible definición de yoga es “aquietar la mente”, reprimirse de forma muy forzada va a llevarme, en general, a producir más actividad mental (vṛtti en la jerga yóguica). Es decir, si me niego a comerme el helado de chocolate porque tiene azúcar, pero toda mi meditación gira en torno a ese sabroso cacao tropical, su frescura y su crujiente cucurucho, quizás es mejor comerse el helado y meditar en paz. De la misma forma, con el vino.

A este respecto (no del vino, sino de los deseos reprimidos), habla la Bhagavad Gītā (3.6):

karmendriyāṇi saṁyamya ya āste manasā smaran /
indriyārthān vimūḍhātmā mithyācāraḥ sa ucyate //

O sea (en traducción de Fernando Tola):

“Aquel que permanece sentado controlando sus órganos de la acción, pero recordando con su mente los objetos de los sentidos /
con su ser sumido en el error, aquél es llamado un hipócrita”.

No hay que olvidar que el ser humano, por más yogui que sea, necesita disfrutar. Eso no es malo. El objeto de disfrute de un yogui puede ser, en algún momento, una copa de vino, aunque quizás con la práctica y los años ese mismo disfrute lo pueda encontrar en algo más sáttvico, es decir un objeto cuya cualidad principal sea la luminosidad, el balance y la pureza.

Con su particular humor, el gran maestro Sri Dharma Mittra dice que si uno toma heroína debe pasarse a la cocaína, si toma cocaína a la marihuana, si fuma marihuana al tabaco… gradualmente con la práctica los hábitos cambian. Asimismo, Dharmaji dice que practicar la respiración alternada (nadī śodhana) – un tipo de ejercicio respiratorio (prāṇāyāma) – durante media hora es como un “porro espiritual”. Y lo mejor, agrega, “es que estás a salvo de la policía”.

nadi

Buscando alguna conclusión, me gustaría agregar algo clave que, como explican algunos yoguis, tiene que ver con la actitud a la hora de reprimir o permitir esos deseos. Hace poco vi en Facebook a alguien que pensaba asistir a un curso de la Bhagavad Gita “aplicada a la vida” y que para hacérselo saber a sus contactos decía:

“¿Algún plan mejor para desconectar de toda la semana trabajando?
Luego, unas cañas (cervezas) juntos!”

Para algunos esta frase representa irreverencia, para otros ignorancia, para otros naturalidad. En general, después de escuchar la enseñanza espiritual de Kṛṣṇa, la sed que se despierta no se calma con cervezas. Quizás después de hacer el curso esa persona escriba cosas diferentes. Pero eso es algo que cada uno debe experimentar por sí solo.

Lo importante, parece ser, es que si al consumir ese producto (alcohol, café, azúcar, TV), sea el que sea, uno está establecido en o conectado con su “centro”, su conciencia plena o su “corazón espiritual”, entonces podrá saber por qué lo hace, para qué le sirve y, además, cuándo parar.

Para acabar, el ocurrente y difundido vídeo de Yoga para amantes del vino, que es una simple parodia y, por supuesto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Fútbol y espiritualidad, dos pasiones

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Quizás un post como el que aquí comienza sería más adecuado en un blog de fútbol, pero teniendo en cuenta que mi bitácora digital sobre el balompié está algo abandonada desde hace varios meses, y sobre todo, basado en la premisa de darle un enfoque espiritual al tema, he optado por poner en público mi punto de vista sobre la relación entre el fútbol y la espiritualidad.

Dicho punto de vista, sobra decirlo, es personal y ha sido generador de polémicas en más de una reunión de amigos. No creo que la mía sea una visión única, ni tampoco puedo asegurar que sea correcta; de hecho, me parece que es un buen tema para abrir el debate, que espero más de un lector alimente a través de comentarios online o cara a cara.

Pasión

Si bien los conceptos que aquí se vierten han estado dando vueltas en mi cabeza por un tiempo, esta semana han habido dos eventos que sirvieron como detonantes para poner las ideas en el papel, o en la pantalla, si prefieren.

El primero de estos eventos fue ver “El secreto de sus ojos”, la película argentina que ganó, en marzo pasado, el Oscar a mejor película extranjera. No se asusten, no pienso hacer una reseña cinematográfica del film, lo cual no es mi ámbito de ingerencia ni conocimiento.

En realidad, sólo quiero hablar de una escena de la película que tiene relación con el fútbol.

A saber, en la búsqueda infructuosa del asesino, uno de los empleados del poder judicial (encarnado por Guillermo Francella) encuentra algunas referencias que proveen un indicio sobre dónde encontrarlo. Dichas referencias remiten a la “pasión” del asesino, sobre lo cual el empleado dice “…se puede cambiar de mujer, de nombre, de religión, pero no se puede cambiar de pasión”. Dicha pasión, a la sazón, es el equipo argentino de fútbol Racing Club de Avellanada.

Voy a asumir como cierta la tesis postulada por el empleado y voy a considerar a una “pasión” como no-cambiable. Aunque, en la enumeración de elementos que sí se pueden cambiar, el personaje no dice “se puede cambiar de equipo de fútbol..”; y al no decirlo, pone como sinónimos al club de fútbol y a la pasión.

En realidad, siguiendo la tesis dicha en la película uno también podría cambiar de club de fútbol mientras no cambie su pasión, que tranquilamente podría ser una profesión, una mujer, o una religión. Sin embargo, amparada por necesidades del guión, y sobre todo, por la idiosincrasia general argentina que impone la fidelidad a un equipo por sobre todas las otras fidelidades, la película presenta la “pasión” como sinónimo del equipo de fútbol.

¿Por qué?, se preguntarán los lectores, ¿hago yo tanto hincapié, tanto análisis, sobre una escena más de una película de ficción? La verdad es que me sentí tocado. Esa escena, ese diálogo, me hundieron un milímetro más la espina que venía sintiendo clavada, hace ya un tiempo, en mi orgullo.

Veleta

Desde pequeño fui hincha de River Plate, uno de los clubes grandes del fútbol argentino. A pesar de su lejanía geográfica, y supongo que por influencia paterna, me hice acérrimo seguidor de un equipo que, por lo general, cumplía las expectativas de jugar bien y ganar títulos, simplificándome así mi fanatismo.

Alrededor de los veinte años, cuando ya cursaba mis estudios universitarios en la ciudad de Córdoba me empecé a encariñar con un equipo local: Talleres. Esta vez influido por un amigo amante del fútbol y por la cercanía geográfica, comencé a ir al estadio a ver en vivo partidos de fútbol. En lugar de apoyar a la distancia (por TV o radio) a un equipo, podía ahora ver sin mediaciones a los once jugadores, las hinchadas y el verde césped. Una ventaja que, en aquel momento, fue más fuerte que las dos décadas de seguimiento a River Plate.

El hecho de ser un partícipe directo del mundo del fútbol, que yo siempre había vivido a lo lejos, inclinó la balanza para un cambio de intereses (que a pesar de ser un “equipo chico” me dio sus frutos, sobre todo por el histórico título de la Copa Conmebol).

De todos modos, en el interior de Argentina es normal que haya personas que son hinchas de un club local y de un club de Capital Federal o Buenos Aires. Si bien algunos, más radicales, toman esto como un signo de debilidad, está generalmente aceptado por la mayoría de los hinchas de fútbol. Será por ello que mi, entonces, nuevo entusiasmo por Talleres fue tomado como dentro de los límites de la norma.

Una vez que me marché a Europa, mi seguimiento del fútbol argentino fue irregular, y a diferencia de otros inmigrantes, la distancia geográfica repercutió en un alejamiento emocional de uno de los ámbitos más importantes de mi pasada vida en Argentina. De todos modos, el foco de mi interés futbolístico se reubicó en las ligas pertinentes a mi país de residencia. De esta forma me hice simpatizante del Torino, otrora grande equipo, en los últimos años oscilando de la primera a la segunda categoría del calcio italiano.

Asimismo, durante mi estadía en London, me interesé naturalmente en el Arsenal; aunque por cercanía y precios, el equipo que fui a ver fue el Charlton Athletic, ahora en segunda.

Cuando me trasladé a Barcelona, un amigo futbolero me llevó a trabajar al Estadio Olímpico como “vigilante de campo”, durante los partidos que disputaba de local el Espanyol de Barcelona. A fuerza de verlo jugar (en ese momento – 2007 – tenía una buena temporada) me encariñé con el equipo, y lo que se suponía un trabajo de fin de semana era, en realidad, una excusa para ver fútbol desde dentro del campo (aunque se suponía que debíamos mirar hacia las tribunas).

Una vez dejado ese trabajo, influido quizás por el entorno, por un par de visitas al Camp Nou, y por el gran estilo de juego impuesto por Pep Guardiola, me hice hincha profundo del F.C. Barcelona, condición en la que, se podría decir, todavía me encuentro.

¿Cómo es posible?, entonces, ¿qué yo haya cambiado tan fácilmente mi fanatismo por un equipo a otro, habiendo tenido, en algunos casos, mucha pasión? ¿Soy acaso una persona “veleta”, que se acomoda según soplan los vientos de la conveniencia? ¿O es que nunca tuve pasión?

Barça

El segundo detonante que me llevó a estar hoy hablando de fútbol fue la semifinal de la Champions League, jugada esta semana, entre el Barça y el Inter de Milano. Por supuesto, la vi por televisión, y también forcé a Nuria y dos buenos amigos indiferentes al fútbol, a verla conmigo. No se asusten, no voy a hacer una crónica deportiva de lo sucedido en el campo de juego, aunque las ganas las tengo.

Más allá de mi fanatismo por el Barça, lo doloroso de la derrota del equipo catalán es el triunfo de un paradigma sobre otro. Éste es mi punto. El triunfo de una forma de ver el fútbol que, según mi perspectiva, simboliza un eslabón más de la cadena de equivocaciones en que vive el mundo. Es decir, el triunfo de la cosmovisión que tiene como regente al resultado (en deporte, resultadismo), a toda costa. Una cosmovisión que es generalizada en la sociedad mundial (sobre todo occidental), y en que los resultados son siempre más importantes que la forma en que se los alcanza.

En esta visión de mundo, el fin siempre justifica los medios, y por lo tanto el concepto de “daños colaterales” está tan de boga, incluso cuando se habla de cuestiones que no son estrictamente bélicas.

En el partido de fútbol, el Inter prioriza el romper, la destrucción antes que la construcción. Se pone en el tapete la ley de mezquinar para poder conseguir algo, un fruto. Lo mismo pasa en el mundo, donde la idea imperante es la de acumular para uno mismo, ante la posibilidad de dar para recibir, o incluso dar sin esperar nada a cambio.

En las calles de Chennai, en la India, una vez tomamos una foto de un cartel que dice, “Para obtener más de la vida, da más de ti mismo”. No es un cartel promocionado por una entidad religiosa (lo cual no estaría tampoco mal), sino un anuncio de una entidad laica, pues lo que está exhortando no es otra cosa que un valor espiritual, algo que está incluso más allá de las religiones.

Difícilmente veamos en Occidente un anuncio de esta naturaleza, donde estamos abrumados por mensajes de consumo, individualismo, obtención de resultados, acumulación de bienes, beneficios tangibles e inmediatos…

No me malinterpreten, no estoy diciendo que la ideología futbolística del Barça, que representa lo bello, el medio antes que el fin, la apuesta al largo plazo, sea la salvación para la sociedad mundial. Soy consciente de que toda esta analogía está llena de hipérboles, y que un triunfo del Barça no hubiera cambiado el rumbo de la economía del planeta, ni hubiera aliviado el calentamiento global.

De todos modos, me hubiera gustado que gane, básicamente por dos pasiones.

Apegos

Hablaba unos párrafos más arriba de mi cambiante fanatismo por equipos de fútbol, lo cual suponía una ausencia de pasión. Sin embargo, he descubierto con los años que mi pasión está intacta, ya que trasciende a cualquier equipo y es más bien una pasión por el fútbol en sí mismo.

Para algunos esto es signo de traición, para otros una forma de acomodarse a la situación más confortable; para mí, un síntoma de que mi pasión por el buen fútbol puede más que cualquier identificación temporal con un equipo particular. Incluso mi entusiasmo por la Selección Argentina, el equipo de fútbol con el que tengo mayor identificación, se tambalea cuando veo sus demostraciones mediocres sin buen juego, con perdón para todos los amigos que me van a vilipendiar por esta declaración.

Mi segunda pasión, además del fútbol, es la espiritualidad, por lo que no puedo dejar de analizar este sencillo juego y sus aledaños con la lupa de las enseñanzas espirituales. Por un lado, para la filosofía espiritual de la India, las pasiones relacionadas con los sentidos no son favorables, ya que tarde o temprano traen sufrimiento.

Es decir, debido al apego que producen en uno, las pasiones están destinadas a mantenernos en la dualidad natural de este mundo, con los altibajos típicos que nos llevan del placer al dolor de manera regular. El gol sobre la hora de Iniesta en Stamford Bridge la temporada pasada, se contrapone lógicamente a la eliminación del miércoles pasado por el esquema mezquino del Inter. Euforia y disforia, las consabidas dos caras de la misma moneda.

Es para evitar el sufrimiento que se recomienda reducir los apegos y las pasiones; pero esto no es para obviarle al ser humano los extremos de placer y dolor, sino para que encontrar un equilibrio desde donde percibir algo inmutable, algo que sea susceptible de dualismos.

Evidentemente, con esto, la filosofía espiritual se refiere a lo Divino, o a cualquier nombre que se le quiera dar a esta energía superior.

De hecho, desde este punto de vista la pasión por la Divinidad es la única que se podría considerar como útil para ser más feliz, pues es duradera e incondicionada. Por supuesto, todos los grandes valores espirituales pueden ser incluidos en esta pasión. Mahatma Gandhi hablaba de “Verdad”; Swami Vivekananda hablaba de “Libertad”; Jesucristo hablaba de “Amor”.

Como dije, mi pasión por el fútbol sigue intacta, y de hecho, este apego muchas veces me da problemas y amargura, pues no siempre se puede disfrutar. Mientras tanto, mi pasión por lo Divino también sigue adelante, llevándome a ver en un simple partido fútbol el reflejo de la situación del planeta, y muchas otras cuestiones, quizás menos banales.

Espero sinceramente que una de estas dos pasiones siga creciendo, ¿adivinan de cuál se trata?

Imágenes:

criticacreacion.files.wordpress

rivermillonarios.com.ar

actualidadfutbol.com

jchamizo.wordpress.com

Las batallas de la meditación

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La semana pasada veíamos cómo sobre la interioridad de la meditante se cernía la inminente batalla, símbolo de la lucha interna que sufre cada persona a la hora de la meditación, ejemplificada en escena por la pelea entre SuperMeditator vs. The Mind.

Como condimento, para hacer más entretenida la obra, y también para dar cabida a todos los participantes, habíamos elucubrado la aparición de aliados y secuaces, ayudantes del Bien y mentores del Mal, que le darían a la pareja protagonista un entorno apropiado. Las ocurrentes opiniones de la familia, el género y número de los participantes, más la influencia histórica de los “SúperAmigos” (aquel equipo de superhéroes de cómic conformado por La Mujer Maravilla, Aquaman, Linterna Verde, etc.), también fueron claves a la hora de las decisiones finales.

Tanto los nombres como los “poderes” de cada uno de los personajes fueron debidamente meditados, a saber…

Leg’s Pain

“Cuando tratamos de meditar, ella da dolor a nuestras piernas”, decía la voz en off que introducía a Leg’s Pain (Dolor de Piernas), la primera de las secuaces de The Mind en ingresar a escena, para provocarle a la meditante la molestia más prosaica de la meditación.

Ya en los clásicos “Yoga Sutras” de Patanjali, uno de los rishis (sabios espirituales) de la India, más destacados de la antigüedad, se describen ocho etapas para llegar al estado de samadhi (iluminación). Una de estas etapas es asana (postura) y hace referencia a la importancia primordial de cómo sentarse para la correcta práctica de la meditación (lo cual incluye espalda erguida, inmovilidad absoluta, y atención en el entrecejo). Encontrar la postura correcta, se dice, puede llevar años, y no es algo para tomarse a la ligera.

Nosotros, occidentales acostumbrados a sentarnos en sillas y con la espalda no erguida, encontramos rápidamente dificultad en sentarnos con las piernas cruzadas por muchos minutos. El primer consejo que se da a un aspirante a meditante es el de sentarse bien, de manera cómoda, relajada; una manera que, en lo posible, no le obligue a moverse en lo que dure su práctica.

De esta forma, el dolor de piernas es, como símbolo material (corporal), lo más contrapuesto a todo lo que se espera de la meditación: percepción de planos sutiles, elevación a una conciencia superior, concentración en la propia esencia espiritual.

La malvada Leg’s Pain de la obra lleva en sus manos dos rayos con los que pincha las piernas de la meditante para disturbarla en su meditación. Una cierta similitud fonética en el nombre con Lex Luthor, el famoso enemigo de Superman, también colaboró para la creación de este personaje, que fue acompañado con acertada música de Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook (específicamente, la canción “Taa Deem” remixada por Asian Dub Foundation).

Asana Sisters

Uno de los mejores antídotos contra nuestras limitaciones corporales es el Hatha Yoga. En este caso, las asanas de yoga son, junto a la práctica regular, el camino más directo para adoptar una buena postura de meditación. A este respecto, es bueno aclarar que la etapa de asana a la que se refiere Patanjali en sus “Aforismos” va más allá de las útiles asanas de hatha yoga, ya que en el primer caso se trata, básicamente, de permanecer inmóvil física y mentalmente.

De todos modos, no hay duda de la utilidad del hatha yoga como herramienta para combatir el “dolor de piernas”. Fue así que nacieron las Asana Sisters (Hermanas Asana), dos heroínas espirituales que, amparadas por una música relajante de atmósfera india, realizan al unísono una sencilla rutina de yoga que, a la vez que devuelve la armonía a la meditante, hiere con su vibración a Leg’s Pain, quien se ve forzada a abandonar sus intentos de incordio.

Por algo, ante la aparición de las hermanas, la voz en off del narrador dice, como simple prólogo, “El Yoga es bueno para la meditación”.

De esta forma, toma lugar el primer duelo entre los dos bandos que disputan la batalla de la meditación. Con su simetría y su práctica, las Asana Sisters vencen inequívocamente a Leg’s Pain, el más trivial de los enemigos de un meditante.

Mrs. Past & Mr. Future

Como dice el proverbio, el ganar una batalla no asegura ganar la guerra, y por lo tanto, inmediatamente aparece un nuevo enemigo para la meditación. En realidad, dos enemigos inseparables: Mrs. Past & Mr. Future (Señora Pasado & Señor Futuro).

Al uno sentarse a meditar con los ojos cerrados, raudamente la mente comienza su loca carrera hacia planes futuros (“Esta noche voy a comer lasagna”; “¿Quién ganará el pichichi en la Liga Española?”; “¿Dónde iré de vacaciones en julio?”), o hacia hechos pasados (“¡Qué largo se me hizo el día en el trabajo!”; “¡Debería habérselo contado!”; “En la radio dijeron que subió el dólar”).

La mente, por su naturaleza, no logra estar quieta, y siempre está fluctuando entre lo que pasará y lo que pasó. Una de las pocas veces en que la mente está focalizada en el presente es cuando está concentrada en una actividad o hecho muy puntual. Por ello, las tareas manuales son tan abiertamente recomendadas, por todo tipo de disciplinas, como método de relajamiento, ya que ayudan a que la mente deje de vagar de un lugar a otro, para concentrarse en lo que está haciendo, es decir, en el presente.

Siguiendo esta línea, en el caso de la meditación, el presente sería simplemente concentrarse en la respiración, o todavía mejor, no pensar en nada; ya que en ese preciso instante no estamos, de hecho, haciendo nada. Sin embargo, es muy difícil dominar la mente en esta situación, pues no hay una actividad propiamente dicha (llámese, jardinería, pintura, cocina…) en la cual concentrarse.

En el caso de nuestra obra, Señora Pasado & Señor Futuro están atados entre sí con una cuerda, de manera que mientras uno quiere ir hacia una dirección, el otro siempre quiere ir hacia la opuesta; mientras uno anhela ir hacia atrás, el otro aspira a moverse hacia adelante. La eterna contradicción de estos dos villanos, ejemplificada con un show payacesco de tira y afloje (musicalizado por una canción de la banda mexicana Nortec Collective), simboliza el constante fluir de la mente del meditante, siempre atrapada entre el pasado y el futuro.

Captain Present

Pero, ¿por qué preocuparse? Para contrarrestar los ataques de Mrs. Past & Mr. Future está el Captain Present (Capitán Presente), un superhéroe de look calmo, que con sus largas rastas (dreadlocks, para los entendidos) y su gorro con colores rastafari se encarga de recordarnos la importancia del “Ahora”.

Apelando en cierta forma a los estereotipos, utilizamos la idea de “tomárselo con calma” de la música reggae, para relacionarlo con un meditante que se concentra en el presente, en lugar de estar maquinando sobre el antes y el después.

Para completar el concepto, recurrimos a una, quizás obvia, pero no carente de resultado, canción de Bob Marley (“Put it on”), que repite cadenciosamente una fórmula muy adecuada para un meditador, “Siente el espíritu/ Siéntete bien ahora…”.

Sobre esto, las simplificaciones y la desinformación han reducido a Bob Marley, al menos a nivel masivo, a un icono del consumo de marihuana y la cultura del “todo bien”, que también se podría traducir en “nada me importa”. En realidad, el mensaje de Marley era mucho más profundo que eso, con fuertes raíces religiosas en el Movimiento Rastafari, y por ende con un gran componente social y espiritual. A este respecto, las letras de sus canciones, famosas o no, tienen por lo general un mensaje que, desde el punto de vista espiritual universal, es positivo.

De hecho, en el altar de nuestra escuela de yoga en Barcelona, junto a imágenes de personas santas, se encuentra también una fotografía del, así llamado, “Maestro Bob”.

Por su parte, en la obra nuestro Capitán Presente lleva un traje naranja y verde, con la palabra “Now” (“Ahora”) inscripta en gran tamaño sobre su pecho. De esta forma, con sus pegadizos pasos de baile insta a la meditante a vivir en el ahora, como la solución contra los pérfidos Señora Pasado & Señor Futuro.

De todos modos, cuando parece que el fluctuar de pensamientos se sosiega al fin, el superhéroe es traicionado y queda atrapado en la cuerda que une a Mrs. Past & Mr. Future, preso de los saltos en el tiempo que, sin cesar, da la mente.

La oportuna voz del narrador, entonces, nos lo recuerda, “Algunas veces es difícil vivir en el presente”.

MC Pranayama

“Pranayama” se podría traducir, de manera más o menos literal, como “control (yama) de la energía de vida (prana)”. Según la filosofía espiritual de la India, esta energía de vida o Prana, está presente en todo el Universo; en cada objeto, en cada ser, en la comida que comemos y, por supuesto, en el aire que respiramos. Evidentemente, esta energía de vida tiene un carácter sutil y, por lo tanto, puede ser difícil de identificar y percibir.

A este respecto, y citando del libro “Ashtanga Yog: simplificado”, de Sri Ananda Giri, “La respiración es el medio o instrumento más usual empleado en desarrollar el sentido de ser consciente y control de las energías sutiles de vida”.

Es decir, que la respiración sería el lazo más tangible que tiene el ser humano entre la energía universal y la propia energía individual, que a su vez es parte de la primera.

A través de ejercicios respiratorios específicos (conocidos generalmente como pranayama), uno puede llegar a tener control total o parcial de esa “energía de vida” y, de esta forma, entrar en sintonía con la energía de vida que habita en uno mismo. A su vez, el control del prana repercute en el control de la propia mente, ya que un correcto uso de la respiración, con técnicas específicas, logra aquietar la mente.

Así como cuando uno se ofusca, le recomiendan contar hasta diez y respirar profundamente como remedio para calmarse, los ejercicios de pranayama tienen el objetivo más profundo de aquietar la mente, liberándola del fluir incesante de pensamientos ya explicado, de manera que la energía de vida en nuestro interior pueda ser percibida.

Siendo el objetivo de la meditación vaciar la mente de pensamientos para profundizar en nuestro ser interno, los pranayamas son considerados una herramienta fundamental en la práctica de un meditante.

Por estos motivos, cuando, como suele ocurrir con frecuencia en la vida real, el Capitán Presente es enredado en la trajinada cuerda de Señora Pasado & Señor Futuro, hace su entrada en escena, un superhéroe que tiene el método para traerle quietud al meditante.

Se trata de MC Pranayama, un rapero espiritual que, con un rítmico beatbox de fondo (obra del artista californiano MC Yogi), baila su mensaje mientras realiza ejercicios respiratorios.

De esta forma, su canción y sus pranayamas liberan al Capitán Presente de la cuerda del tiempo, estimulando entonces a la meditante, a que controle su respiración para lograr cierta paz mental.

Lady Attachments

Sin embargo, hay rivales que están a la altura de los ejercicios respiratorios. Éste es el caso de Lady Attachments (La Dama de los Apegos), “la gran enemiga de nuestra libertad”, como anuncia la voz del narrador cuando hace su aparición esta dama, que simboliza la sensualidad y los deseos mundanos del ser humano.

Con su cigarro con boquilla, su copa de champagne y su andar sugerente, ella nos recuerda dos de nuestros apegos más fuertes: codicia y lujuria.

Desde el punto de vista espiritual, los apegos están considerados entre los mayores obstáculos para la felicidad en general. En cuanto a “enemigos de la libertad”, elementos como el tabaco y el alcohol son apegos obvios que, por condicionar la satisfacción de una persona a su tenencia, se convierten en condicionamientos para su felicidad.

De todos modos, Lady Attachments representa todos los apegos, muchos de ellos más allá de la frontera meramente material. De esta forma, al meditar, no sólo nos viene a la cabeza el deseo de “tomar una taza de té” o “fumar un cigarrillo”, sino que apegos menos superficiales también comandan nuestros pensamientos que, como hemos visto, nunca dejan de fluctuar.

Por otra parte, los paradigmas de lujuria y codicia pueden ser equiparados a la expresión “mujer y oro”, que el gran santo Sri Ramakrishna Paramahansa utilizaba para referirse a los principales obstáculos para el camino espiritual.

Más allá del aparente simplismo de estas categorías, no hay que malentenderlo, ya que Sri Ramakrishna hablaba abiertamente de “mujer y oro” no desde una perspectiva anti-feminista sino debido a que la mayoría de sus devotos, en la India del siglo XIX, eran varones. A su vez, entre sus seguidoras mujeres, la expresión se modificaba a “hombre y oro”.

Más allá de esta distinción de género, lo que el santo quería implicar con “mujer/hombre” no era una mera cuestión de atracción sexual sino que hacía referencia a todos los lazos de apego que se generan a través de la constitución de una familia. A este respecto, hay que tener en cuenta que Sri Ramakrishna no estaba en contra de la familia, sino que era un maestro espiritual a cargo de jóvenes discípulos (muchos de los cuales luego fueron monjes) a los que debía instruir en el camino de lo que él llamaba “el discernimiento y la renunciación”.

Por su parte, a sus así llamados devotos hogareños, es decir, con familia, él nunca aconsejó abandonar sus deberes mundanos sino más bien cumplirlos debidamente, aunque con la atención puesta en lo Divino.

De la misma forma, cuando decía “oro”, se refería, obviamente al dinero, y además a todos los apegos derivados que éste conlleva, tales como el trabajo, la riqueza, las posesiones materiales y todas las preocupaciones mentales que la carencia de dichas posesiones provoca.

En conclusión, cuando el meditante cierra sus ojos, a su mente llegan pensamientos directamente ligados a todo tipo de apegos personales, desde los más relacionados con el cuerpo, como hambre, sed, frío o ganas de fumar; pasando por cuestiones cotidianas de la mente, como “tengo que llamar al plomero”, “necesito unos zapatos nuevos” o “¡cómo haré para llegar a fin de mes!”; hasta preocupaciones más profundas, como qué querer hacer de la propia vida, extrañar a un ser querido o preguntarse si existe algo tal como un destino escrito.

Pelea

En el caso de la obra, Lady Attachments entra en escena con una canción de Marilyn Monroe como acompañamiento (“I wanna be loved by you”), y se pasea sugerentemente hasta dar con MC Pranayama, quien se ve disturbado por su presencia, lo cual decanta en un nuevo duelo.

Para dicho duelo, recurrimos una vez más a los antecedentes de la obra Snake vs. Aquiles, en este caso tomando prestada una lucha en forma de danza, es decir golpes de puño y patadas voladoras con una coreografía muy marcada y una música especialmente creada para ese fin.

Sobre esto, los intérpretes de estos dos personajes éramos Nuria (Lady Attachments) y yo (MC Pranayama, a mucha honra), que bajo el entrenamiento de Rakhal y Celia (mi hermano y su novia, los protagonistas originales), logramos aprender de manera honrosa la secuencia de lucha y baile. El efecto de los supuestos golpes, dados en tiempo y con un mínimo de ritmo, es muy atractivo para cualquier espectador.

Después de una intensa lucha entre estos dos personajes, no hay un ganador claro; con ambos contendientes exhaustos y la meditante aún en medio de la vorágine de pensamientos.

Es entonces cuando, por fin, llega la pelea final.

Con lentitud y firmeza, los dos protagonistas pisan el centro de la escena, a la vez que el narrador, desde su sapiente invisibilidad, nos prepara, “SuperMeditator vs. The Mind, ¿Quién ganará?”.

Luego de un breve diálogo picante, ambos están preparados para decidir el futuro de la meditante, cada uno con sus armas.

Ninja

Basándose en la técnica teatral del “gabinete negro”, a la hora de definir la trama, Rakhal había votado por una batalla final con “objetos suspendidos en el aire”. En realidad, “objetos que parecieran suspendidos en el aire”.

La técnica del “gabinete negro” o “teatro negro” consiste en una escenografía mayoritariamente de color negro, escasa iluminación, y cuyos intérpretes también están vestidos en colores negros. La idea es que debido al mimetismo y la confusión entre el fondo estático y los actores, se produzcan situaciones escénicas que generen en el espectador la sensación de un efecto fantástico o imposible. Además, a través del contraste entre fondo oscuro y objetos de colores claros, se producen escenas que refuerzan esta idea de hechos rocambolescos y fuera de la norma.

En nuestro caso, la intención era que el duelo final entre SuperMeditator y The Mind, tuviera un efecto fantástico y que la lucha se mantuviera en un plano que no fuera tan corporal, sino más sutil, como correspondía con los implicados.

Fue así que se ideó la opción de que, merced a sus poderes, se lanzaran entre ellos ciertos objetos, y que la sensación del público fuera la de que esos objetos tenían una energía propia. Con esto en mente nació nuestro “ninja”, un valiente actor que desafiando los calores del sur de la India, decidió cubrirse por completo de negro (¡pasamontañas incluido!), para manejar a la distancia los objetos que se lanzaban los duelistas.

De manera de hacer plausible el efecto, tuvimos que poner como escenografía un fondo negro de seis metros de ancho por tres de alto, provocando así la desaparición del “ninja” ante los ojos del público. Asimismo, hubo que diseñar un sistema para sostener y mover los objetos (dibujos de tela y cartón) a la distancia y con agilidad. En este punto, fue también el “ninja” quien creó un palo extensible de más de dos metros de largo, que permitía el manejo de los objetos desde una cómoda ubicación detrás de la meditante.

Con los requisitos técnicos cumplimentados, la pelea, ahora sí, comienza.

Lanzamiento

El primero en atacar es, como de costumbre, La Mente, que con una música acorde (otra vez, Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook), parece estar amasando energía negativa para materializar así un enorme signo de dólar, símbolo de la codicia, que lanza con rabia a SuperMeditator. Regulado por el “ninja”, el dólar volador flota en el aire con calma, hasta dar en el pecho del superhéroe, que se ve herido por primera vez.

Entonces, The Mind lanza su segundo objeto, esta vez menos simbólico: una botella de Limca, una bebida sabor limón de la compañía Coca-Cola, exclusiva para el mercado indio. La botella es un símbolo de nuestros apegos más banales, a la vez que es un objeto contundente, capaz de lastimar.

Por fortuna, SuperMeditator logra esquivarlo en el último momento.

Ante esto, ofuscado, The Mind materializa de la nada su más potente arma, una bomba redonda y negra, con la mecha encendida, quizás marca Acme, digna de los más clásicos dibujos animados. Sin embargo, el superhéroe de la meditación no se entrega, y con su energía revierte la dirección de la bomba, de manera que el explosivo permanece largo rato en el aire, en el medio del escenario, debatiéndose entre las dos energías opuestas que la empujan.

Finalmente la bomba cae, sin herir a nadie, como un gesto que trasluce lo que todos esperamos: la fuerza espiritual de SuperMeditator puede más que las malas intenciones de La Mente.

Pero aún hay más. Ahora es SuperMeditator el que prepara un lanzamiento, y después de un “Hasta la vista, baby”, que homenajea sus orígenes, el héroe lanza, envuelto en llamas, un “Om” gigante; es decir, un clásico símbolo de “Om” representado con la escritura en sánscrito.

Al grito de “Om Namah Shivaya”, uno de los mantras considerados más poderosos del Hinduismo, el “Om” recorre el escenario para explotar sobre The Mind y sus secuaces, dejándolos derrotados de manera definitiva.

Por fin, luego de una dura batalla, la meditante puede meditar en paz. Habiendo vencido a La Mente y a sus trucos, surge la esencia Divina de su interior, y en estado de éxtasis se dispone a bailar en sintonía con el ritmo de la música celestial. Esta danza de gozo la llevan a la escena los héroes de la lucha. Pero como en el corazón de SuperMeditator y sus aliados no hay lugar para el rencor, también invitan a los derrotados a unírseles en un baile final, en que se celebra la dicha de la paz interior.

Próximamente

A este respecto, nuestros superhéroes podrán ser grandes paladines de la espiritualidad, pero nadie asegura que sean bailarines competentes.

La próxima semana, la atareada historia de hacer un baile conjunto, y sobre todo, la puesta en escena de todo este guión tan bien preparado.

Porque una cosa es pensarlo en el papel, pero otra muy distinta es tener que concretarlo en una única función, en la India y con la posible presencia de Swami Premananda entre la audiencia.

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