Aquí tienes la serie de vídeos:

En esta serie de vídeos voy a compartir contigo 5 posibles comienzos filosóficos para una clase de yoga en que muestro:

  • cómo presentar un tema de forma atractiva
  • cómo explicarlo de forma amena y clara
  • cómo tocar cierto nivel de profundidad
  • al tiempo que intento despertar curiosidad en la/el alumna/o…

 

Una vez hecho esto, durante el resto de la clase, en los momentos de pausa de las posturas, en la relajación final (que ojalá guardes unos minutos para ofrecerla) o en el cierre, podrás ampliar el tema inicial, si eso te parece adecuado.

1. No puede haber yoga sin atención

Si tuviéramos que resumir la historia del yoga en una frase diría que se trata de la “historia de la atención”. No puede haber yoga sin aten­ción.

¿Qué es la atención? No es únicamente una cualidad de la mente, sino que es -como dice Oscar Pujol- “la luz interior que siempre está encendida”. La atención es la expresión de la Conciencia en versión reducida.

2. ¿Qué es el ego?

Hace un tiempo estaba dando una charla en Bilbao y pregunté al público “¿Qué es el ego?”.

Entonces recibí dos respuestas, de dos personas diferentes. Una dio una definición bastante clásica: “Es un obstáculo que nos limita”.

La otra persona dijo lo opuesto: “El ego es algo necesario”.

Y, aunque nos choque, las dos respuestas son correctas.

En la filosofía del Yoga se distingue entre dos términos sánscritos: ahamkara y asmitá.

3. Ego vs Autoconfianza

Es normal que surjan dudas sobre los límites de un ego útil o de un ego negativo, sobre todo porque vivimos en una sociedad que se basa en un paradigma individualista del DIY, de youtubers, de que con un teléfono montamos una empresa desde casa, de que si quieres puedes…

Y entran las dudas entre ser egocéntrico y ambicioso o estar en el buen camino…

4. Sobre no esperar los resultados

Todo en este universo está en movimiento, desde los astros hasta el nivel molecular, por tanto, la acción es inevitable.
 
Por tanto, si no podemos escapar a la acción, incluso metiéndonos en un monasterio, la solución está en saber cómo actuar a cada momento, que sería, básicamente, “sin esperar nada a cambio”.

5. Desapego, renuncia y otras palabras feas

El desapego se dice vairagya en sánscrito y sería literalmente “sin coloración”. 

Cada vez que nuestra mente se colorea, perdemos contacto con nuestra esencia que, según el Yoga, es una realidad siempre calma y completa en sí misma.

El problema, además, es que esa coloración sucede de forma involuntaria e incluso subconsciente, por lo que en muchas ocasiones nos encontramos pensando o reaccionando de forma automática (e indeseada) a las situaciones de la vida, sobre todo a las que nos provocan tensión o conflicto.

Después de estas posibles introducciones, durante el resto de la clase -incluyendo especialmente el cierre- puede ser adecuado ampliar el tema inicial para darle mayor profundidad y propiciar así que la enseñanza se pueda vivenciar también desde el cuerpo. 

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