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Inauguración de Mandiram Yoga en Gràcia

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La que ha sido mi escuela de yoga desde hace tres años, ubicada en el centro de Barcelona, ahora abrió un nuevo espacio en el barrio de Gràcia. Más allá de alegrarme porque haya otra buena sala donde ir a practicar yoga, me sentí especialmente involucrado con esta apertura de puertas debido a que las creadoras de la escuela me invitaron a realizar un ritual de inauguración.

La idea era que hiciéramos una pequeña puja al estilo hindú, por lo que recurrimos, cómo no, al Señor Ganesha, la deidad que remueve obstáculos y abre caminos, fuente ineludible de adoración ante cualquier nuevo inicio de acuerdo a la tradición de la India. Para eso, preparamos un kumbham tradicional, que es una vasija de bronce llena de agua y decorada con hojas, pasta de sándalo, polvo de kumkum y un coco. Este objeto es de tradición védica y representa la auspiciosidad y, en este caso particular, al mismo Ganesha.

Oportunamente, dos de las personas que asistieron a la inauguración trajeron como regalo estatuillas de Ganesha, por lo que el altar de la entrada se vio decorado de manera ideal.

La puja se inició con un arati, es decir mostrando una lámpara con fuego al altar y a Ganesha. El fuego, como sinónimo de la luz, es lo que da inicio.

La ruptura de cocos es muy tradicional en los rituales indios como símbolo de auspiciosidad. De hecho, una forma típica de romperlos es simplemente lanzándolos con fuerza contra el suelo, por lo que cuanto más se rompa el coco, mejor; es decir, a mayor cantidad de trozos más auspiciosidad. El flamante suelo de parquet de la nueva sala de Mandiram no parecía el sitio adecuado para probar esta técnica, así que rompimos un coco con el machete traído de la India.

Luego, aprovechando el agua que había traído una amiga y profesora de la escuela desde la misma fuente del sagrado río Ganges, se salpicaron las instalaciones de la nueva escuela, incluyendo a los presentes que recibieron sus gotas de agua bendita.

De esta forma, con el ritual consumado, todos entramos de forma oficial a la sala principal para tener una charla sobre ‘nuevos comienzos’ y sobre cómo ‘regresar siempre a nuestro centro/equilibrio’. Luego hubo canto grupal de mantras al Señor Ganesha, por su rol destacado en ayudarnos a manejar los obstáculos, a la madre Sarasvati, diosa de la sabiduría y las artes, al Guru, el maestro que siempre nos guía en cualquiera de sus manifestaciones, y al Señor Shiva, el más grande de los yoguis.

Como broche de oro todos los presentes repetimos 108 veces el mantra ‘Om Gam Ganapataye Namaha’ en honor a Ganesha, protagonista absoluto de la tarde.

Personalmente creo que el evento fue, en consonancia con el estilo de Mandiram, muy espiritual, por lo que más allá de alegrarme por encontrar personas amigas y por pasar un buen rato, me encantó que tuviéramos un tiempo de práctica interior.

Además, me gustó mucho realizar el ritual de inauguración, lo cual fue un honor para mí.

Con el material amateur que filmamos el sábado, más las virtudes de edición de Hansika, hemos preparado un vídeo-resumen de lo que fue el evento, para que todos se puedan dar una idea.

Aquí está y ‘Om Vinayaka Devaya Namaha’:

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El Maestro Bob

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En Mandiram, la escuela de yoga a la que asisto regularmente, tienen un ‘muro de la inspiración’ en el que cuelgan imágenes de personas que, justamente, consideran inspiradoras, sobre todo desde el punto de vista espiritual. Debo admitir que desde el primer día me provocó gran sorpresa que entre las imágenes de reconocidas ‘personalidades’ espirituales como Amma, el Dalai Lama, Swami Sivananda y la Madre Teresa, se encontrara una fotografía de Bob Marley.

Quizás no se trataba de uno de los grandes misterios de mi vida, pero sí es verdad que me intrigaba sobremanera porqué un cantante de reggae jamaiquino compartía muro junto a la diosa Saraswati, la Virgen de Guadalupe y el sabio Patañjali.

Pasaron más de dos años desde aquella sorpresa inicial, y sólo de forma reciente conocí de primera mano los motivos de las directoras de Mandiram para poner la imagen de Marley entre sus referentes.

30

Esta semana se cumplen 30 años de la muerte de Bob Marley y sin rendir especial culto a los números redondos, más bien utilizándolos como buena excusa, pensé en escribir sobre el tema. De hecho, hace ya algunos meses que empecé a interesarme en profundidad en la vida del cantante y hasta me compré un libro en Amazon (Catch a fire: The life of Bob Marley de Timothy White) que demoró más de la cuenta en llegar y ahora estoy leyendo.

De todos modos, antes de leer cualquier libro ya había algo que intuía: si uno escucha únicamente los grandes éxitos de Marley y se deja llevar por las imágenes del jamaiquino que pululan masivamente en camisetas y pósters, más como un símbolo estético (o de moda) que artístico, sin duda se queda con una parte pequeña de todo el cuadro. De la misma forma que la imagen del Che, paradigma revolucionario del siglo XX, ha sido readaptada y asimilada por el sistema consumista y la estética pop, perdiendo así todo su carácter socialista original, la imagen actual y popularizada de Bob Marley tiene apenas un dejo de rebeldía, nada de espiritualidad, y mucho humo de cannabis a su alrededor.

Como con muchos otros personajes de la historia (incluso actuales), la ‘cultura de masas’ tiende a simplificar los hechos y a focalizar la atención en una o dos cualidades puntuales que sirven para etiquetar fácilmente a esa persona, dejando de lado sus posibles matices, complejidades y motivaciones. Hitler quiso conquistar el mundo porque era un pintor fracasado; Yoko Ono causó la separación de The Beatles; Freud era cocainómano o Woody Allen se casó con su propia hija, son algunos ejemplos que me vienen a la mente (haciendo abuso de la simplificación, claro).

En este imaginario popular simplificado, Bob Marley, por su parte, se la pasaba fumando marihuana y cantando ‘everything will gonna be alright’ en la playa.

Rasta

Antes que nada Bob Marley era un rastaman, un practicante del rastafarismo, y toda su vida (incluida su muerte) estuvo determinada por esa creencia religiosa. Por lo tanto, su música y sus letras, también.

El rastafarismo es, ni más ni menos, una religión. Una religión muy joven, nacida a principios del siglo XX entre la población negra de Jamaica, descendiente de esclavos africanos en su mayoría. Su lema original era el de ‘regresar a África’, especialmente a Etiopía, tierra sagrada fundada por el emperador Melenik I, hijo de la reina de Saba, que era negra, y del famoso rey israelita Salomón.

Melenik I se llevó consigo a Etiopía la doctrina abrahámica (tanto judaica como cristiana) y también, según algunas versiones, la desaparecida Arca de la Alianza de los textos bíblicos. De esta forma, la población negra de Etiopía se consideraba, en parte, descendiente del pueblo de Israel. Si bien las prácticas religiosas eran más cercanas al judaísmo, la religión etíope derivó en una forma de cristianismo, y en un libro sagrado – Kebra Nagast – que narra la gloria de los reyes de la dinastía salomónica en Etiopía.

En 1931 el ras (príncipe) Tafari Makonnen subió al trono como emperador de Etiopía (luego conocido como Haile Selassie I), considerado descendiente directo de Salomón y, además, el Mesías negro que venía a liberar a África y la población negra mundial (mucha en el éxodo) de la opresión de ‘Babilonia’. Para todo el rastafarismo, Haile Selassie era considerado Dios en la tierra.

Robert Nesta Marley nació el 6 de febrero de 1945, hijo de una joven jamaiquina negra de 18 años – Cedella Booker – y de un oficial jamaiquino blanco (de ascendencia inglesa) de la marina – Norval Sinclair Marley -, de 50 años. Si bien era un ‘mestizo’, lo cual le trajo burlas y comentarios en la Kingston de los ’50, él siempre se consideró un negro y, por supuesto, un rasta, con todos los derechos y obligaciones que eso implicaba.

Haile Selassie I

Jah

Las reivindicaciones religiosas rastafaris nacieron muy ligadas a los reclamos políticos y sociales de la población negra, que también abogaba por retornar a África y por liberarse de la opresión. De esta forma, para el movimiento rastafari, la opresión social sobre el negro, su éxodo y su lucha por regresar a África es la versión tangible y material del camino espiritual en el que “todo hombre sufre y se esfuerza por la liberación”, ya que “ese viaje refleja la migración mística del alma hacia la tierra y luego de regreso a Jah” (el nombre que dan a Dios los rastafaris, una abreviación del bíblico Yahvé).

Por lo tanto, siendo un rastafari, el aspecto religioso y el político-social están, en origen, estrechamente ligados. Una ideología que Bob Marley difundió a nivel mundial, llevando su música a los cinco continentes y no únicamente a l mundo occidental o ‘civilizado’.

Evidentemente, el paso de los años modifica las tradiciones y las nuevas generaciones adaptan a su manera el legado cultural que les toca. De todos modos, es bueno saber que si uno se llama sí mismo rastafari, en principio, está declarando su adhesión a una religión. De hecho, es difícil leer la biografía de Bob Marley, e incluso entender algunas de sus letras, sin tener una Biblia a mano.

Sin ir más lejos, la norma en la cual se basan los rastafaris para no peinar ni cortar sus cabellos se encuentra en Levítico 21:5:

“No se raparán la cabeza, ni se cortarán el borde la barba, ni se harán incisiones en el cuerpo”.

En cuanto a la ganja, el nombre rastafari que recibe la marihuana, se la considera una hierba sagrada porque se dice que creció en la tumba del rey Salomón. Aunque esto último parece no estar comprobado, sí hay algunos pasajes bíblicos que los rastafaris utilizan como argumento, entre ellos Salmos 104:14:

“Tú haces germinar la hierba para el ganado y las plantas usadas por los hombres, de forma que del suelo saquen pan”.

A este respecto, Bob Marley explica que fumar ganja (como cigarrillos o en pipas de agua, estilo narguile) sirve para “ayudar a las personas en sus meditaciones en la verdad”. Al leer estas palabras, inevitablemente me vienen a la cabeza los sadhus de la India, esas personas que han dejado todo para peregrinar por el país o habitar en los lugares sagrados, relacionados con Shiva, el señor de los yoguis, y que tienen el cabello largo, con grandes ‘rastas’ (a veces al punto de arrastrarlas al caminar). Entre muchos de ellos, el consumo de ganja es una práctica habitual, siempre con fines ‘místicos’.

Más allá de si uno está a favor o no de esta práctica, y teniendo en cuenta que la filosofía espiritual tradicional de la India no fomenta el consumo de drogas, lo que está claro es que el uso que dan los sadhus a la marihuana y el que, en la teoría, explica Marley, no tienen mucho que ver con el uso ‘recreacional’ que le da la mayoría de las personas en la actualidad.

Cáncer

En 1977, durante su gira europea, en Inglaterra, Bob Marley se hizo una herida en el dedo gordo del pie derecho jugando al fútbol. Al poco tiempo, esa herida derivó en una forma maligna de melanoma, pero el cantante no quiso cancelar sus actuaciones ni someterse a tratamiento. Durante cuatro años la herida fue empeorando claramente, y a cierto punto la única solución era amputar el dedo.

Marley, siempre fiel a su religión, declaró: “El rasta no acepta la amputación. Yo y mis hermanos no aceptamos que un hombre sea desmantelado. Jah me curará con las meditaciones de mi cáliz de ganja (…) o Él me llevará como un hijo a Su Reino. Ningún bisturí rayará my carne”.

De la misma forma, tampoco aceptó tratamiento médico, excepto en la recta final de su enfermedad, pero ya era demasiado tarde y con su salud deteriorándose y el cáncer difundiéndose por su cuerpo de 36 años, Marley murió el 11 de mayo de 1981.

Paradoja

Probablemente muchos lo desconocen, pero no hay disco de Bob Marley que no contenga, al menos, un par de canciones sobre Jah, o sea, sobre Dios. Asimismo, y esto es un poco más conocido, no hay discos suyos sin canciones reivindicativas por los oprimidos del mundo, sobre todo los negros. De hecho, Marley tiene algunos discos que son casi totalmente ‘políticos’ como Catch the fire (1973) y Survival (1979), este último cantándole a la independencia de Zimbawe y a un África unida, por ejemplo.

Volviendo a mi idea inicial de que la imagen masiva y de consumo de Bob Marley está simplificada y ‘vaciada’ de su sentido original, hay sin embargo algo paradójico. A pesar de esta ‘ignorancia’ sobre la vida y obra de Marley, su música parece poder llegar a casi todo el mundo, y no sólo de forma superficial, sino tocando algunas capas más profundas.

White lo explica en su libro: “Quizás lo más increíble sobre el ascenso de Marley a la fama es cuan poco sus fans alrededor del mundo necesitaron saber acerca del trasfondo temático de su música, de los diferentes niveles en que su mensaje era emitido, y de los roles que el rastafarismo y la cultura tradicional jamaiquina jugaron en todo esto”.

Efectivamente, sin saber nada de todo esto, incluso sin hablar inglés y sin entender sus letras (y aún sabiéndolo no garantiza nada, pues muchas letras tienen partes en lengua patois, es decir inglés con palabras africanas o inglés jamaiquino), personas de los cinco continentes encuentran un tipo de satisfacción en la música de Marley. Y por más que en la historia haya habido grandes estrellas de la música, no estoy seguro de cuantos otros hayan llegado a tantos lugares y personas. ¿Cuán famosos eran The Beatles en Eritrea en los ’70, por ejemplo?

¿Qué tiene, entonces, la música de Bob Marley que, en general, le guste a todos y además trasmita una sensación de tranquilidad, de calma, de alegría, de ensoñación, y otros adjetivos positivos según a quien se consulte?

Rollo

En Mandiram me lo resumieron con una expresión: “Buen rollo”.

El motivo para que Bob Marley comparta muro inspiracional con Pattabhi Jois y Jesucristo es así de simple. Cada vez que uno escucha una canción de Marley, o ve una fotografía suya, sostienen en Mandiram, le genera energía positiva, ‘buena onda’ y otras cualidades positivas, que a fin de cuentas son esencialmente espirituales.

Si bien, en un nivel estricto, colocar a Bob Marley a la altura de maestros espirituales, encarnaciones de Dios en la tierra y deidades, puede sonar algo herético (en mi caso así fue), creo entender el razonamiento que me explicaron, que no tiene que ver con jerarquías o etiquetas, sino con la difusión de las cualidades positivas que, considero, sin duda tiene Bob Marley (más allá de que pueda tener otras negativas).

Antes de bucear en la vida de Marley ya intuía (y obviamente no sólo yo) su sustrato espiritual, después de leer sobre su historia las piezas encajan mejor, y todavía me parece muy fuerte que vayamos cantando sus canciones sin saber que, en muchos casos, son loas a Dios.

Además, cuando no le canta directamente a Jah, sus letras contienen, por lo general, un mensaje espiritual universal. En Redemption song, una de sus canciones más conocidas y quizás la más emblemática, Marley dice, por ejemplo: “Emancipaos de la esclavitud mental, nadie más que nosotros puede liberar nuestras mentes”. Visto desde la perspectiva espiritual de la India, no puede estar más acertado.

Ahora, habiendo investigado un poco en la vida de Marley, habiendo analizado sus letras, habiendo confirmado con argumentos ‘tangibles’ mi intuición sobre la vibración espiritual de su música, no me extraña que en la escuela lo llamen el Maestro Bob.

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