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El águila y su enemistad con la serpiente

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En la tradición hindú casi todas las deidades tienen un vāhana, es decir una montura o vehículo, que en general es un animal y que cumple la doble función de ser símbolo de alguna cualidad y también, a nivel práctico, un medio de transporte, sostén o fiel ayudante. A este respecto, el dios Viṣṇu (Vishnu) destaca por tener dos vāhana: una serpiente llamada Ananta o Ādiśeṣa (Adishesha) y un águila conocida como Garuḍa.  De todos modos, lo curioso no es tanto que Viṣṇu tenga dos vehículos sino que éstos sean enemigos entre sí…

Cuando el mundo se “reabsorbe”, es decir se destruye, significa que Viṣṇu deja – temporalmente – de hacer su trabajo de sustentador del universo y se reclina a descansar sobre la gran serpiente, que es “infinita” (ananta) y que es el “vestigio” (śeṣa) que queda cuando todo desaparece; es el germen que, flotando sobre las aguas primordiales, sostiene la esencia del universo durante el sueño cósmico.

Mientras el mundo está en activo, en cambio, Viṣṇu no descansa y vigila que la creación no se corrompa y que el dharma, o sea el orden universal, se mantenga de buena forma. Para ello, a veces es ayudado por Garuḍa, una fabulosa águila (algunos dicen buitre) dorada y brillante como el fuego, que es invencible y que, según el texto, aparece descrito con cuerpo o brazos humanos y cabeza de ave.

Un detalle llamativo es que Garuḍa y Ādiśeṣa son hermanos, pues comparten el mismo padre, el sabio Kaśyapa, que los engendró de dos esposas diferentes: Vinatā, la madre de Garuḍa, y Kadru, la madre primigenia de las serpientes de las cuales procreó mil, entre ellas Ādiśeṣa.

La cuestión es que las dos esposas eran rivales y por una apuesta Vinatā tuvo que someterse a Kadru y ser su sirvienta. Con la intención de rescatar a su madre, Garuḍa preguntó a las serpientes qué querían a cambio de su libertad y ellas pidieron el amṛta (amrita), el codiciado néctar de la inmortalidad que está bajo la custodia de Indra, el rey de los dioses.

A pesar de la dificultad de la misión, la fuerza y la velocidad de Garuḍa le permitieron conseguir el elixir y entonces las serpientes liberaron a Vinatā. Eso sí, Garuḍa fue lo suficientemente astuto para no entregar del todo el amṛta a las serpientes, dejándolas sin inmortalidad, un atributo que él mismo sí había adquirido durante todas sus peripecias. A partir de entonces, la enemistad entre Garuḍa y las serpientes fue máxima y perenne, al punto de que Garuḍa se alimenta de serpientes e incluso las usa como ornamentos. Por ello, en las representaciones iconográficas tradicionales, Garuḍa siempre lleva al menos una serpiente en sus manos-garras o en alguna parte de su cuerpo.

Esta historia de hermanos enemistados se aprecia un poco mejor si uno conoce algunos antiguos simbolismos que hay detrás. En la tradición india todos los animales son sagrados, con la vaca en el podio por supuesto, y por tanto, matarlos o dañarlos se considera una ruptura de la regla de ahiṁsā. La serpiente, sin embargo, por su ambigua condición benevolente-malevolente es uno de los pocos animales que se puede aceptar que sea matado, si el caso lo justifica.

La serpiente en general, llamada nāga en sánscrito, y que significa “moviente”, representa justamente “los ciclos del tiempo”, explicitados en su periódico cambio de piel, por ejemplo. Asimismo, por su relación con el elemento acuoso las serpientes representan “el elemento fertilizante, dador de vida, de las aguas terrenales” y por ello no extraña que exista un culto a ellas en forma de nāgakalas, es decir tablillas de piedra con formas serpentinas talladas en ellas y que están situadas bajo banianos o higueras sagradas.

Temprano por la mañana las mujeres realizan ofrendas a estos nāgakalas, vertiendo leche en agujeros en el húmedo suelo donde se supone que moran las serpientes y circunvalando los árboles sagrados, con el fin de propiciar sus bendiciones de fertilidad, buenos partos o longevidad. Este rol auspicioso de la serpiente se contrapone a su aspecto temido y terrible de animal de sangre fría, escurridizo, vengativo cuando es atacado, letal con una sola mordida.

En el plano esotérico la serpiente simboliza la kuṇḍalinī, la energía adormecida en la base de la columna que hay que despertar para acceder a la iluminación y en ese sentido representa otra vez el germen de fuerza vital, aunque dirigida hacia la trascendencia espiritual. Desde este punto de vista la serpiente se convierte en símbolo de inmortalidad, aunque como vimos su simbolismo principal es el de los ciclos del tiempo que están relacionados con lo mortal y, por tanto, con lo terreno.

El simbolismo del águila es, como es de esperar, opuesto al del ofidio; es decir, representa el ámbito celestial, el reino superior. El mitólogo Heinrich Zimmer dice que el águila “representa el principio espiritual, libre de las ataduras de la materia” en contraposición a la serpiente que se circunscribe “a la esfera de la materia de la vida”.

Las águilas pertenecen al firmamento y tal como lo ha decidido la naturaleza ellas pueden, desde su privilegiada posición, cazar serpientes y devorarlas. Este hecho biológico y natural es reconvertido en la tradición mitológica hindú en la invulnerabilidad e inmortalidad de Garuḍa.

Águila, Serpiente, Matar, Ave, Alas, Garras, Capturados

Ahora que hemos visto un poco de simbolismos, y volviendo al inicio, mi pregunta es ¿por qué Viṣṇu posee dos vehículos que son antagonistas entre sí? Zimmer dice que se trata de “una paradoja razonable” ya que Viṣṇu “es la esencia divina contenedora de todo y comprende todas las dicotomías”. Es decir que tomando a Viṣṇu como un sinónimo de lo Absoluto abarca tanto lo terreno como lo celeste y como consecuencia tiene relación con la fuente de vida terrena y acuosa y también con la majestuosidad y la libertad del espíritu ilimitado.

Sobre esto, Zimmer agrega que en la tradición occidental este antagonismo no se resuelve ya que el héroe o principio celestial es siempre considerado superior al terrenal y animal. En cambio en la India, continúa Zimmer, la serpiente y el habitante del cielo son dos “manifestaciones básicas de una sustancia divina única y omnicomprensiva”.

La tradición hindú siempre destaca, de una u otra forma, que el universo está compuesto de dos principios igual de importantes: el femenino (llámese prakṛti, śakti, māyā…), relacionado con la manifestación material, y el masculino (llámese puruṣa, śiva, viṣṇu), ligado a la conciencia espiritual. A nivel individual o micro-cósmico puede que sean “enemigos”, pero están obligados a convivir y cada uno de nosotros lo experimenta a su manera.

Hacer prevalecer el águila sobre la serpiente parece ser el objetivo del camino espiritual, pero ya vimos que la serpiente también tiene aspectos positivos y que, además, representa ni más ni menos que la energía mística kuṇḍalinī que una vez despierta nos lleva también a la trascendencia.

Yo, personalmente, tengo fobia a las serpientes y me inclino naturalmente por el ave, pero no quiero dar nada por sentado y quizás me convenga familiarizarme con mi lado más vital y terreno antes de alcanzar lo etéreo.

Supongo que cada uno hace su camino y espero que estas reflexiones nos inspiren para ello.

Los nombres de las caracolas de guerra

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La guitarra del blusero B.B. King se llamaba Lucille; los abuelos de mi esposa bautizaron como Enrique a su Seat 126; mi amiga Julieta le puso Bianca a su portátil Mac; Tom Hanks nombró Wilson a una pelota de vóley; y, adentrándonos un poco en la temática de hoy, la legendaria espada del Rey Arturo es conocida como Excálibur. Como se ve, y por curioso que parezca a primera vista, darle nombre a objetos aparentemente sin vida es una tendencia muy difundida en general y tiene una tradición milenaria, especialmente en la India, donde todavía a día de hoy se hacen rituales a los utensilios de cocina, libros de estudio, instrumentos musicales, vehículos o las herramientas de trabajo como forma de adoración y de propiciar su buen uso y provecho durante el año.

Esta visión india de un espíritu esencial en todos los seres y objetos hace muy natural darle nombre a elementos que, en estrecha relación con el hombre, se convierten en compañeros cotidianos. En el contexto de la gran épica del Mahābhārata (Mahabhárata), donde los protagonistas son guerreros, esos objetos que expresan vida son las armas y las trompetas de guerra y por ello muchas veces reciben nombre propio. De hecho, y mostrando más paralelismos, en la tradición medieval castellana el Cid Campeador posee una espada llamada Tizona.

Volviendo al Mahābhārata, cuando digo “trompetas” de guerra también podría decir, haciendo la analogía con otras culturas, “clarines” o incluso “cuernos” y me refiero en realidad a las caracolas de mar, llamadas śaṅkha (shankha) en sánscrito, que cumplen la función de llamar a la batalla y, según el caso, de atemorizar al enemigo.

caracola1

La sacralidad de la caracola en la tradición hindú no se limita a su uso bélico, sino que tiene directa relación con su sonoridad y su relación con la vibración original AUM (OM). El sonido que se escucha al acercar el oído a una caracola para algunos es el del mar (las aguas primordiales) y para otros la vibración de OM. Asimismo, el sonido profundo que sale de una caracola al ser soplada tiene gran semblanza con esa reverberación primera y universal.

Todavía en la actualidad, soplar la caracola es un símbolo hindú muy frecuente en el ámbito religioso y un gesto considerado auspicioso. Se entiende que su sonido es purificador en sí mismo. Por ello, la caracola que se utiliza suele ser blanca, símbolo de pureza y brillo divinos y, de hecho, se afirma que nunca pierde ese color. Hay un dicho en lengua tamil que dice: “Incluso si quemas una caracola, ésta seguirá siendo blanca”.

A la vez, en los rituales tradicionales hindúes se utiliza la caracola como recipiente para ofrecer o verter agua a una imagen sagrada, en parte por su relación con el mantra OM y en parte por su asociación natural con el elemento agua. En los Purāṇa, los textos antiguos que tratan la historia, la mitología y la cosmología hindú, se explica que entre los elementos maravillosos que nacieron del batido del océano primordial estaba el śaṅkha (masculino en sánscrito) o caracola, que además vino a convertirse en uno de los principales atributos del dios Viṣṇu (Vishnu), con su sonido pudiendo simbolizar “el llamado de lo Divino”.

caracola

Swami Premananda bañando una imagen durante un ritual tradicional.

Hablando de llamados, es en el campo de Kurukṣetra, a punto de comenzar la gran guerra relatada en el Mahābhārata, cuando los estertores de las caracolas se sienten con mayor fuerza que nunca. Y de todas las caracolas que suenan, hay seis que destacan especialmente, no solo por sus nombres propios sino, sobre todo, por sus poseedores: Śrī Kṛṣṇa (Shri Krishna) y los cinco hermanos Pāṇḍava (Pándava), defensores del dharma.

El Señor Kṛṣṇa, que es un rey y un guerrero aunque en esta guerra solo hace de auriga y consejero, es en realidad un avatāra de Viṣṇu, un descenso a la Tierra del dios sustentador del universo que tiene entre sus símbolos principales, como ya vimos, una caracola. Por tanto, el śaṅkha en manos de Kṛṣṇa se puede interpretar naturalmente como el mismo śaṅkha del Señor Viṣṇu, cuyo sonido despierta en el hombre su anhelo, siempre latente, por lo Supremo.

Este simbolismo no es poca cosa, aunque hoy me interesan los nombres. Y la caracola de Kṛṣṇa se llama Pāñcajanya (panchajanya), cuya etimología está relacionada con “los cinco (pañca) tipos de seres (jana)”. Estos cinco tipos de seres serían, según algunas versiones, los dioses (deva); los seres humanos (jana); los ancestros (pitṛ); los músicos y ninfas celestiales (gandharva y apsara); y las serpientes semidivinas relacionadas con el agua (nāgā). En otras versiones también se incluyen a los seres maléficos o demoníacos (asura y rākṣasa).

Por tanto, y siguiendo con el simbolismo que veníamos viendo, se podría entender que ese “llamado divino” de la caracola es para todos los seres y razas, sin importar su condición.

Por otro lado, y como siempre pasa con el hinduismo y su multiplicidad de “verdades”, la sagrada escritura del Śrīmad Bhāgavatam cuenta otra versión de cómo Kṛṣṇa obtuvo su caracola (10:45.30-31 y siguientes):

Después de residir como estudiante en el āśrama (ashram) del sabio Sāndīpani (Sandípani) y ya cumplidos sus estudios, el joven Kṛṣṇa siguió la tradición de ofrecer una gurudakṣiṇā u ofrenda por las enseñanzas recibidas y preguntó al maestro cómo podía pagarle. Sāndīpani contó que, muchos años atrás, su hijo se había ahogado en el mar y que ni siquiera había podido encontrar su cuerpo, por lo que volver a ver  a su hijo vivo sería el mejor regalo que podría recibir.

Sin dudarlo, Kṛṣṇa viajó hasta la costa y exigió al señor de los océanos que devolviera al joven ahogado pero el océano respondió que el culpable no había sido él, sino un demonio llamado Pañcajana, que vivía debajo del agua, adoptando la forma de una caracola marina. Al escuchar esto, Kṛṣṇa se sumergió en el océano, encontró al demonio y lo mató aunque no encontró al hijo de su maestro. Entonces tomó la caracola que se había formado con el cuerpo muerto del demonio y se fue al reino del dios de la muerte, Yamarāja.

Una vez allí, Kṛṣṇa hizo sonar su recién adquirida caracola y, escuchándola, Yamarāja se presentó rápidamente, ofreciendo respetos. Kṛṣṇa dijo que venía a buscar al hijo de su guru, y el dios de la muerte se lo entregó sin reparos. De esta forma, Kṛṣṇa cumplió con su donativo para Sāndīpani. Desde entonces, la caracola de Kṛṣṇa se conoce como Pāñcajanya, que simplemente querría decir “relativa al demonio Pañcajana”.

Sin duda, la caracola de Kṛṣṇa es la más conocida e importante, pero también me dan mucha curiosidad las de los cinco Pāṇḍava y el porqué de sus peculiares nombres. He investigado y preguntado y las respuestas que presento aquí son solo aproximaciones, basado en la tesis de que ningún nombre es casual ni está exento de simbolismo, y de que cada caracola tiene una relación directa con la personalidad o la historia de su poseedor.

Empecemos por Arjuna, el gran arquero, arquetipo del discípulo y del alma humana en su búsqueda de trascendencia. Su śaṅkha se llama Devadatta, que literalmente sería “dada por los dioses”, y de las cinco caracolas de los Pāṇḍava su historia es la más conocida y clara.

Durante un año de los doce del exilio forzado de los Pāṇḍava, Arjuna viajó solo y, entre otras cosas, se dirigió a los Himalayas en busca de los dioses para obtener armas y bendiciones. Allí se encontró con Indra, el dios del cielo y el rayo, que de paso es también su padre. También se encontró y lucho con el Señor Śiva (Shiva) y estuvo con otros devas (Kubera, Yama). Todos ellos le dieron armas, incluyendo la mencionada caracola, que al parecer recibió del dios Varuṇa, rey de los mares. Así de simple… aunque la lectura entre líneas siempre puede ser más profunda.

Como vimos, Arjuna es el discípulo por excelencia, dispuesto a abrirse, a escuchar la enseñanza y a seguir el camino del auto-conocimiento, y como me comentó mi amigo Joan, amante de los símbolos, ese anhelo espiritual se considera en muchas tradiciones como un “don Divino”, un regalo de Dios, pues sin ese ardiente deseo por la liberación (mumukṣutva, en sánscrito) no hay posibilidad de trascendencia. Por tanto, los dones que recibe Arjuna no se limitan a las poderosas armas o a su regio linaje, sino que también tiene el regalo más valioso: anhelo por Dios.

El hermano mayor de los Pāṇḍava, Yudhiṣṭhira (Yudhíshthira), es hijo de Dharma, el dios del orden moral, la justicia y la virtud. Por tanto, el rey Yudhiṣṭhira es la manifestación humana del dharma, el orden y sostén del mundo y casi (digo “casi” porque en cierto momento él sucumbe a la tentación de un juego de dados, que es vital para la trama de la historia) todos sus actos y palabras están guiados por la rectitud, la nobleza y el bienestar colectivo.

A pesar de su nombre, “firme en la batalla”, y de guiar las huestes de su ejército en la guerra, Yudhiṣṭhira tiene más bien el temperamento de un renunciante que de un guerrero. Sin embargo, su śaṅkha se llama Anantavijaya, es decir “victoria (vijaya) eterna (ananta)”.

Desde el punto de vista bélico el nombre podría ser apropiado, ya que el ejército de Yudhiṣṭhira fue el vencedor de la guerra, aunque solo en el sentido de recuperar el reino porque a nivel emocional, familiar y social fue una inolvidable tragedia para todos, incluyendo los pocos sobrevivientes.

Por tanto, y esta es solo mi hipótesis, la cualificación de “siempre victorioso” podría estar más relacionada con la idiosincrasia dhármica de Yudhiṣṭhira, pues si hay algo que siempre vence es el dharma, la ley cósmica en armonía con el orden universal.

Por ello en el Mahābhārata se repite con frecuencia la idea (XI.14, por ejemplo):

yato dharmastato jayaḥ

Es decir:

“Allí donde está el dharma, allí está la victoria”.

pandavas

El más fuerte de los Pāṇḍava, el glotón y temperamental Bhīma, es también un grandulón de buen corazón, siempre y cuando no se metan con él. Su nombre significa “el terrible” y en la batalla es implacable y sin duda difícil de derrotar. Su caracola se llama Pauṇḍra, y quiere decir “relativo a Puṇḍra”, que es el nombre de una antigua región al noreste de la India, de sus habitantes y también de uno de sus reyes.

Según el Mahābhārata, estas tierras estaban habitadas por tribus “bárbaras” que no respetaban la religión védica y es por ello que, antes de la gran guerra, el terrible Bhīma hizo una expedición para someterlas, con éxito, al reino de su familia.

No he podido encontrar referencias textuales directas ni datos detallados, pero la hipótesis principal es que Bhīma obtuvo su caracola durante sus conquistas por el noreste (quizás actual Bengala Occidental) y de ahí su nombre. Cuando llegó la hora de la gran guerra, y sin que esto sea una sorpresa, los puṇḍra junto a otras tribus de aquella zona se alistaron con el ejército de los Kauravas, los enemigos de los Pāṇḍava.

Si la hipótesis es correcta, de punta se les deben haber puesto los pelos a los pobres puṇḍra cuando escucharon su propia caracola sonar de la boca del guerrero más terrible de todos, hijo de Vāyu, el poderoso dios del viento.

bhima

Nakula (Nákula) y Sahadeva, los dos Pāṇḍava restantes, son gemelos y son hijos de los Aśvin (Ashvins), dioses védicos también gemelos, relacionados con los caballos, la agricultura, la medicina y también con el ciclo del día y la noche. En los textos antiguos se explica que los Aśvin son jóvenes, bellos y benevolentes.

Pues, de tal palo tal astilla: entre las descripciones de Nakula y Sahadeva en el Mahābhārata encontramos frases que los definen como “los seres más hermosos de entre todas las criaturas”; “de belleza sin igual en la tierra”; o “de rasgos hermosos y siempre dedicados al servicio de sus mayores”.

En concordancia con estos atributos de belleza y energía, la caracola de Nakula se llama Sughoṣa (sughosha) y la de Sahadeva Maṇipuṣpaka (manipúshpaka). Veamos detalles…

Sughoṣa quiere decir “bien sonante” o, más poético, “dulcisonante” y podría ser un nombre apropiado para alguien hermoso o, más bien, para alguien mesurado y respetuoso que usa las palabras de forma justa para complacer a los demás. Lo único curioso para mí es la etimología del nombre Nakula, que tradicionalmente se suele definir en relación a su hermosura y que, revisando distintas fuentes, no puedo confirmar.

De hecho, la principal acepción del término nakula es “mangosta”, un mamífero similar a una comadreja o un tejón, y cuya especie principal en la India es de color “gris”. Una de sus características principales es que come serpientes y no se ve afectada por su veneno. En términos mitológicos la mangosta está relacionada con el deforme Kubera, el dios de las riquezas y protector de los tesoros, y también jefe de los espíritus del bosque (yakṣa).

Es un tanto extraño que alguien tan hermoso como Nakula tenga el nombre de “mangosta”, que no es un animal considerado especialmente bello, aunque sí muy auspicioso por ser enemigo de las serpientes y dador de riquezas. A la vez, se podría entender que a pesar de su carácter reservado y no feroz, Nakula no teme enfrentarse a sus enemigos, por más letales que puedan parecer.

Siguiendo esta pista, en el Veṇīsaṁhāra, una obra teatral india de alrededor del siglo VI-VII E.C. que adapta algunos hechos del Mahābhārata, aparece una escena en que la esposa de Duryodhana, el jefe de los Kauravas, sueña que una mangosta (nakula) mata a cien serpientes. En la obra esto se considera un presagio de que los Pāṇḍava matarán a los cien hermanos Kaurava.

Yendo un poco más allá con esta analogía Nakula-mangosta, desde el punto de vista biológico parece ser que, en la fase del cortejo y en el momento del apareamiento, las mangostas emiten un sonido agudo, que yo personalmente nunca he escuchado y que quizás se pudiera relacionar con el “dulcisonante” de la caracola.

mangosta

En cuanto a Sahadeva, cuyo nombre significa “con los dioses” o “que tiene a los dioses con él”, podemos decir que su caracola Maṇipuṣpaka podría traducirse como “joya florida”, que es un título muy evocativo en relación, otra vez, a su hermosura física y sus nobles cualidades.

No he encontrado pistas viables sobre el origen de esta caracola, aunque por el nombre uno se la imagina, o bien envuelta en una guirnalda de flores, o bien engarzada con gemas, quizás porque una de las acepciones de la palabra puṣpaka es un tipo de “brazalete enjoyado”.

Siempre buscando una segunda lectura más espiritual, uno podría decir que una persona que es bella, inteligente y que posee grandes conocimientos y a la vez se mantiene humilde y servicial es, sin duda, una “joya” y, por supuesto, nunca dejará de tener a “los dioses” a su lado.

¿Por qué Kṛṣṇa es azul?

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He leído y escuchado más de una vez que los dioses hindúes “tienen muchos brazos y son de color azul”, y aunque el tema de los brazos no está desencaminado, la cuestión cromática es muy debatible ya que, dando una mirada amplia al panteón hindú, es patente que la mayoría de deidades no son azuladas. De hecho, los dos dioses que sin dudas tienen este color son Viṣṇu (Vishnu) y Kṛṣṇa (Krishna), lo cual es natural si se tiene en cuenta que el segundo es considerado tradicionalmente como un avatāra, es decir un “descenso” a la Tierra, del primero.

El hecho de que Kṛṣṇa sea, según algunos autores, “la deidad más querida y popular en la India” y su consiguiente amplia difusión iconográfica es quizás un factor determinante para que el público no-iniciado infiera que todos los demás dioses hindúes son azules. También es verdad que esta creencia no rigurosa genera imágenes modernas con deidades azules que refuerzan el imaginario colectivo.

Si bien es cierto, por ejemplo, que el Señor Rāma es también un avatāra de Viṣṇu y se lo suele representar en tono azul, hay escuelas teológicas que argumentan que el famoso príncipe podría tener color verdoso, basándose en que en el clásico Rāmāyaṇa de Valmiki la única referencia a la complexión de Rāma es que es de color “aceitoso”, quizás “aceitunado”.

De la misma forma, al Señor Śiva (Shiva) se le representa en general de color azul, pero en realidad su color original, que podría ser el negro, debería estar, al menos en su aspecto de mahāyogin, cubierto de las cenizas con que se untan los ascetas hindúes. Por tanto, el color de Śiva como ermitaño sería más bien el gris o blanquecino.

A la vez, Śiva es también conocido por el epíteto Nīlakaṇṭha, “el de garganta azul”, ya que se tragó el veneno que surgió en la creación del universo, el cual dejó una marca azulada (quizás un “moretón”) en su cuello. En cualquier caso, si Śiva fuera totalmente azul, ¿qué sentido habría en llamarle “el del cuello azul” como signo de distinción?

Muchas deidades y pocas azuladas.

De regreso a Kṛṣṇa, pues ser útil saber que el significado tradicional de su nombre es “el negro” o “el oscuro”, aunque existe también una popular interpretación váishnava como “el atractivo” (de la raíz verbal √kṛṣ, “arrastrar o tirar”). Sin tomar partido por una u otra, elijo la primera versión para el beneficio de mi análisis, pues lo que me interesa es el color. De hecho, en lenguaje astronómico la quincena “oscura” de la Luna, es decir la fase menguante, se denomina kṛṣṇa.

Por tanto, está claro que la tradición considera a Kṛṣṇa de color negro u oscuro ¿Por qué? Quizás simplemente porque era de piel oscura y, a este respecto, algunas interpretaciones ven en el color de Kṛṣṇa un símbolo de los pobladores dravídicos de la India, de tez más oscura, habitantes actuales del sur del país.

En mi casa, desde pequeño, siempre escuché que Kṛṣṇa era tan pero tan negro de piel que se volvía azulado o incluso violáceo. Este fenómeno es plausible y se puede comprobar si uno ve a una persona de raza negra o marrón (“brown”, como dicen los indios de sí mismos) con su color de piel bien acentuado.

En este sentido, algunas tradiciones krishnaítas definen el color de Kṛṣṇa, de forma algo ambigua pero muy hermosa, como “oscuro como una nube de tormenta”, haciendo referencia a la tonalidad casi negra, más bien violácea, que adquiere una nube cargada de lluvia.

Por su parte, otras interpretaciones modernas no hablan del color de la piel, sino de un aura azul que expresa su energía en ese color. En cualquier caso, ¿qué simboliza el azul en este contexto?

Nubes de tormenta

Entre los estudiosos y maestros hinduistas hay acuerdo en que el color azul representa “el infinito, lo sin forma, que lo incluye todo” y, por tanto, también se relaciona con el cielo (o incluso con el mar, que es más finito). En el caso de Kṛṣṇa, esta cualidad de infinitud parece venirle “heredada” directamente de Viṣṇu, que en realidad es él mismo, pues se suele decir que de todos los avatāras de Viṣṇu, Kṛṣṇa es pūrṇāvatāra, es decir “el descenso completo” de la Divinidad.

De hecho, una historia tradicional cuenta que Viṣṇu se arrancó dos pelos de la cabeza, uno moreno y otro rubio, y de ellos nacieron respectivamente Kṛṣṇa, de tez oscura, y Bālarāma, el hermano de Kṛṣṇa, que tenía la piel clara. Con este ejemplo se ve que no necesariamente por ser encarnación de Viṣṇu, se tiene color azulado, lo que refuerza la idea de que Kṛṣṇa está más cercano a Viṣṇu (o es una mayor expresión de Viṣṇu) que las demás encarnaciones.

Bālarāma y Kṛṣṇa

Para los desprevenidos, es bueno saber que Viṣṇu es el dios encargado de la preservación/mantenimiento del universo en la llamada Trimūrti, la trinidad hindú que crea, sostiene y destruye el cosmos de forma cíclica. Por tanto, teniendo un importante rol de equilibrio y preservación, suena natural que Viṣṇu posea un color que es sinónimo de “tranquilidad”. En un artículo reciente leí que “entre el 60% y el 70% de los logos tienen colores azules, porque evocan relajación y confianza”.

A este respecto, no deja de tener gracia que los actuales diseñadores y especialistas en mercadotecnia tengan una percepción similar a la de los antiguos ṛṣi (rishis, “sabios”) de la antigüedad, que vieron en Kṛṣṇa (y en Viṣṇu) un símbolo de la infinitud y plenitud Divina, representada, entre otras cosas, por el color azul.

Holi, la famosa fiesta de los colores

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Desde hace un tiempo los telediarios se llenan, por un día, de las sugestivas imágenes del festival de Holi, “la celebración más alocada” de la India como dicen algunos en la búsqueda de un eslogan atractivo. De todos los eslóganes, el más usado es el de “la fiesta de los colores” ya que la celebración es conocida porque los participantes se lanzan polvos de colores y agua coloreada en una actitud de juego y alegría. Todo este despliegue cromático es, en realidad, un símbolo de la llegada de la primavera con sus tonalidades de vida y, por tanto, el Holi es actualmente una mezcla de festividad religiosa, profana y conmemoración del ciclo natural de la estaciones.

En el hemisferio norte el equinoccio de primavera ocurre alrededor del 21 de Marzo, aunque como la fecha de Holi varía según el calendario lunar (cae en la luna llena del mes de Phalguna, o sea febrero-marzo) este año 2015 tocó el 6 de Marzo, un poco temprano. Por este motivo, en la ciudad sagrada de Varanasi, por ejemplo, Indica Books informaba que no hacía suficiente calor para jugar con agua, aunque eso no impediría que la vida normal de la ciudad se detuviera por un día para celebrar.

El gran valor de esta festividad, además de divertirse, es que por un día caen las barreras sociales, con todas las caras igual de pintarrajeadas, y “las enemistades y las tensiones se solucionan en un abrazo de amor”. Ni siquiera hace falta ser un hindú para celebrar el Holi, aunque su origen sea considerado religioso. Hay al menos tres relatos mitológicos que explican el nacimiento de Holi, de los cuales el más popular es el que dice que se conmemora el día en que el dios Viṣṇu (Vishnu) salvó a su joven devoto Prahlāda de morir quemado en una hoguera en un ardid de la mujer-demonio Holikā, que se suponía era inmune al fuego y, en realidad, fue ella quien se quemó por intervención Divina. Justamente esta historia y el nombre de la demonio dan nombre al festival que nos compete hoy. Y por ello también es tradición encender hogueras la noche previa a Holi.

Tradicionalmente esta celebración tiene mayor popularidad en el norte de la India, especialmente entre los devotos del Señor Kṛṣṇa (Krishna), y por eso la mayoría de imágenes que aparecen en los medios de comunicación son de templos o sitios de las ciudades de Vrindavan o Barsana (o Varsana), epicentro mundial del culto a Kṛṣṇa, donde el aspecto religioso de Holi realmente es tenido en cuenta y entonces el resultado visual es mucho más evocador para los interesados en “la India espiritual”.

De todos modos, en la actualidad Holi está difundido por todo el país y no solo eso, sino que todo alrededor del mundo hay celebraciones de Holi organizadas incluso por grupos de personas que no son indias, ni hindúes y que simplemente quieren participar en un evento tan divertido y colorido, sin ningún trasfondo religioso o espiritual. No me parece grave, excepto cuando esas reuniones son, en realidad, fiestas de puro exceso como cualquier otra rave pero con el toque distintivo de los colores. ¿Hay alguna diferencia entre eso y la “fiesta de la espuma” que se organizaba regularmente en la discoteca de mi pueblo?

Como siempre, yo abogo más por espiritualizar la vida cotidiana que por banalizar y consumir como producto cotidiano la tradición espiritual. De hecho en la mayoría de ciudades europeas, y por cuestiones climáticas, la fiesta de Holi es en abril o mayo, dejando atrás una relación directa con el origen del festival, excepto quizás con la idea de ser niños por un rato (que no está mal).

Acabo de ver el programa especial que grabó el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani) acerca de este Holi 2015 y como él lo explica muy bien y yo no estoy especialmente locuaz recomiendo ver y oír estos 10’ en que Ramchandani resume los detalles del festival de forma clara y muy entretenida, incluyendo una divertida anécdota personal.

Dejo, además, unas pocas imágenes muy atractivas para que no olvidemos nuestro lado infantil y alegre:

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Draupadī, el sari infinito y la invocación a Kṛṣṇa

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En la historia central del gran poema épico Mahābhārata (Mahabhárata), uno de los momentos de mayor intensidad dramática sucede cuando el hermano mayor de los Pāṇḍava (Pándavas), que son quienes representan la defensa del dharma, pierde el reino y las riquezas de la familia jugando a los dados. Al punto de que, enajenado por el juego, también apuesta y pierde a sus hermanos, a sí mismo y finalmente a su propia esposa, la reina Draupadī (Dráupadi).

Como consecuencia, Draupadī es llevada a la corte, frente a todos los hombres, y presentada como esclava de los Kaurava (Káuravas), el grupo que representa la falta de rectitud. Como punto culminante, se da la orden de quitar los ropajes reales del cuerpo de Draupadī, lo cual la dejaría desnuda frente a la asamblea masculina y sería una de las máximas humillaciones imaginables para cualquier mujer india, con más razón si es de familia real y carácter noble.

Para ponerle más tensión, sus maridos, los Pāṇḍava, a pesar de estar presenciando el ultraje, no pueden rescatarla porque ellos también son ahora esclavos de los príncipes Kaurava.

Entonces, ya sin recursos, Draupadī eleva una plegaria al Señor Kṛṣṇa (Krishna), que además de ser primo de la familia y protagonista de la historia, no es otro que Dios mismo encarnado en la Tierra. De esta forma, a medida que uno de los viles príncipes tira del sari de Draupadī y lo va desenrollando para desnudarla, aparece más tela que tirar, como si sus vestidos fueran infinitos. Después de largo rato de tirar y quitar en vano, se forma una montaña de ropajes y la reina sigue vestida e impoluta.

La historia explica que es el Señor Kṛṣṇa quien, de forma invisible pero siempre protector del dharma, el orden universal, se encarga de salvaguardar la dignidad de Draupadī.

Toda esta historia es para contar que la plegaria que Draupadī dirige a Kṛṣṇa antes de que le intenten quitar el sari está compuesta por unos versos que son bastante famosos, especialmente en canciones devocionales. A saber:

śrī kṛṣṇa govinda hare murāre /
he nātha nārāyaṇa vāsudeva //

Si bien la plegaria original parece ser más larga, estos versos vienen a representar la entrega a Dios como último refugio y la idea de que para quien tiene devoción y fe en lo Divino nada es imposible. Los versos son básicamente nombres del dios Viṣṇu (Vishnu) en algunos de los diferentes aspectos de su encarnación como Kṛṣṇa , ya sea sus atributos físicos, sus cualidades espirituales o sus actividades “terrenales”, como pastor de vacas.

Una posible traducción sería:

Oh Tú, Venerable (śrī), el de complexión oscura (Kṛṣṇa), el que busca las vacas (Govinda), el que quita el sufrimiento (Hari), enemigo del demonio Mura (Murāri)/
Oh Señor (nātha), hogar de todos los hombres (Nārāyaṇa), hijo de Vasudeva (Vāsudeva) //

Para darnos una idea de cómo pudo ser el momento de la invocación de Draupadī, pongo esta versión del mantra en voz femenina a cargo de Karnamrita Dasi (que es occidental):

Para el oído occidental, quizás la versión más conocida sea una de Krishna Das, aunque no sea necesariamente canónica ya que mezcla otros mantras:

Finalmente, una versión más tradicional con cantante indio:

Esta semana tengo poco tiempo, así que no puedo alargarme más. De todos modos prometo que para la próxima publicaré una ramificación de este tema para profundizar en el mantra, en Kṛṣṇa como niño y en la devoción a Dios. ¡Qué la espera sirva para fomentar vuestro anhelo!

5 canciones espirituales para acabar/empezar el año

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En estas épocas de celebraciones religiosas o seculares, de reuniones sociales, de vacaciones, de excesos para unos y de introspección para otros, he encontrado tiempo para hacer un post musical con unas pocas canciones con esencia espiritual. No son canciones nuevas y puede que ustedes ya conozcan algunas de ellas.

En realidad, la intención de este post no es la primicia ni la crítica musical, sino compartir cinco canciones que me gustan y que tienen una intención espiritual. Como a la hora de los gustos es difícil satisfacer a todos, la breve lista que propongo tiene artistas indios y no-indios y una equilibrada mezcla de tradición, rock y Bollywood.

Ahora que termina el año 2013 y comienza el 2014, esta música celebratoria de lo Divino en sus diferentes aspectos me pareció una buena idea. Allí vamos.

1. Banjara por el dúo Maatibaani (ella canta, él toca) que se define comouna banda de World Music que combina elementos de la música clásica indostaní con diversos estilos de música folclórica y sonidos New Age”.

Lo bueno de esta canción es que cuenta con la colaboración y la voz de Mooralala Marwada, un cantante sufí de Gujarat que, en este caso, canta un poema devocional de Kabir, el santo y místico medieval que enseñó acerca de la unión fundamental que hay entre hinduismo e islamismo. Si el profundo y devoto canto de este hombre no les llega, entonces mejor no sigan leyendo:

2. Hare Krishna Mantra (Reggae Style) por la cantante C.C. White, que es conocida como la “reina del soul kirtan“. En este caso, la norteamericana está 9′ poniéndole ritmo de reggae al famoso Mahamantra, el mantra que, según explican los vaishnavas, es el más efectivo para evolucionar espiritualmente en esta “era de la ignorancia”. O sea, 9′ bien gastados.

3. Ma Rewa por Indian Ocean, considerada la banda pionera del rock fusión indio. En este caso comparto la versión unplugged, especialmente fina en su percusión. Esta canción es de tradición popular (específicamente de Madhya Pradesh) y está dedicada al río Narmada. En la India los ríos se consideran femeninos y Madres porque son dadores de vida. Esta canción es un himno ecológico que honra los servicios que Narmada da a la tierra y sus habitantes. En estos tiempos de crisis ambiental, ¿hay algo más espiritual que la ecología?

4. Let’s Get Together de EarthRise SoundSystem, un grupo norteamericano con intenciones yóguico-electrónicas. En este caso colaboran en las voces la ya mencionada C.C. White y Srikala, un rapero radicado en Brooklyn. La canción es muy veraniega y, por ello, es ideal para los lectores del hemisferio sur, aunque también espero que sirva para quitar el frío de los lectores del hemisferio norte:

5. Mukunda Mukunda por la cantante Sadhana Sargam. Esta canción pertenece a la banda sonora de la película Dasavathaaram, que Wikipedia define con el apabullante estilo de “ciencia ficción desastre”. Se trata de una película de lo que llamamos Bollywood, aunque en realidad la película original está en lengua tamil y es una producción del sur de la India. La canción en cuestión habla de las diez encarnaciones principales del Señor Vishnu, especialmente del Señor Krishna, siendo Mukunda otro de sus santos nombres.

A pesar de ser una película comercial, la canción suena “verdadera”. Por un lado, pongo la versión en lengua telugu que incluye las imágenes de la película:

Para acabar, la versión en tamil, que sería la más fiel al idioma original de la película. Aunque es verdad que para el oído no- entrenado las dos versiones suenan casi iguales:

¡Feliz y Espiritual Año Nuevo 2014!

Guru Pūrnimā 2013 y el Guru Mantra

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Para cualquier aspirante espiritual uno de los días más importantes del año, sino el más importante, es Guru Pūrnimā, el día del guru, que se celebra en la luna llena del mes hindú de Āshādha, es decir junio-julio del calendario occidental. Este año 2013, cae el Lunes 22 de Julio. En ese día se honra al maestro espiritual por su rol fundamental de guiar a cualquier persona en el sendero hacia la Verdad Suprema. Si uno tiene un guru específico, entonces le rinde homenaje a ese ser; si uno no tiene un maestro particular, entonces venera a todos los preceptores espirituales o, al menos, al papel esencial que juegan en el avance espiritual de cualquier persona.

En Occidente, donde los valores del individualismo y la hiper-información son ley, puede que no sea muy popular la idea de seguir a otra persona como nuestro guía. A este respecto, un reconocido maestro espiritual de la India daba un curso de respiración y meditación en Argentina y una persona, ignorante del contenido del curso, se burlaba, pues ella “ya sabía respirar”. Quizás inhalamos y exhalamos, pero no por eso “sabemos respirar”.

De la misma forma, quizás hayamos leído muchos libros filosóficos y espirituales, pero eso no es suficiente para progresar si no hay un maestro genuino que nos guíe. Sin entender esto, creemos que lo sabemos todo, pues ahora tenemos ADSL en casa, conexión satelital en el teléfono y noticias de todo el mundo en tiempo real.

Para la tradición hindú, en cambio, el binomio guru-discípulo es básico y en él se fundamenta todo el proceso de desarrollo espiritual de cualquier persona. Sólo quien conoce el camino y ha llegado a la meta puede guiar a otros, de lo contrario se trata de “un ciego guiando a otro ciego”, como dicen los sagrados textos de las Upanishads. Esta alta estima que posee el maestro espiritual en la tradición védica se ve reflejada en el hecho de que se le compara con la misma Divinidad.

De allí, la existencia del conocido Guru Mantra:

gururbrahmā gururvishnur gururdevo maheshvarah /

guruh sākshāt parambrahmā tasmai srī gurave namaha //

Es decir:

“El Gurú es Brahmā, el Guru es Vishnu, el Guru Divino es Shiva (Maheshvara)/

El Gurú es la Realidad Suprema directa, reverencias al respetable Gurú”.

Por tanto, para la tradición espiritual de la India, el maestro espiritual representa la misma Trimūrti, o sea los tres dioses principales del cíclico proceso que crea (Brahmā), sustenta (Vishnu), destruye y regenera (Shiva) el Universo. Ya sea que uno tome esta definición como literal o como simbólica, nos da una idea de la importancia del guru.

Yo tengo la buena fortuna, en realidad bendición, de tener un maestro espiritual particular a quien dedicarle especialmente este día de Guru Pūrnimā. Su nombre es Sri Swami Premananda y ya he hablado de él en otras ocasiones. Como celebración de este día especial, además de honrarle y agradecerle de forma privada, aprovecho para publicar un discurso suyo sobre la relevancia de Guru Pūrnimā en que también habla del guru mantra.

Creo que no hay mejor forma de honrar un día así, que dejando que el mismo maestro hable y nos instruya en el sendero espiritual que todos, de una u otra forma, recorremos.

Swami Premananda

Swami dice:

“Sabios espirituales con mentes altamente desarrolladas dejaron sentadas las antiguas enseñanzas universales. Este Sanātana Dharma explica el estado divino en el que el Guru y Dios se vuelven idénticos. Esa es también la razón por la cual ellos explicaron: ‘Gurur Brahmā Gurur Vishnur Gururdevo Māheshvarah’.

Desde el tiempo en que este mundo fue creado, el Sol ha estado poniendo sus ojos sobre la Tierra. Todos los seres vivos de la Tierra, tales como la hierba, los gusanos y demás, son creaciones de Dios. Para que la creación de Dios evolucione y crezca, la Tierra dio nacimiento a grandes personas de sabiduría: rishis, santos, místicos, avatāras, siddhas y profetas. Los seres humanos no comprenden plenamente la energía divina de esta Tierra y el estado de sabiduría. La Tierra contiene dentro de sí muchos sabores, tales como dulce, amargo, agrio, picante, salado y también contiene muchos aromas. ¿Podemos entender algo de esto con sólo mirar el suelo?

La planta de la caña de azúcar que brota de la tierra toma de ésta su dulzura y la pasa a otros. Asimismo, los demás árboles y las otras plantas también toman el sabor que es esencial para su crecimiento. Los árboles toman el sabor y la fragancia de la tierra y los pasan a través de sus frutos. Del mismo modo, cuando un ser humano madura, él toma la sabiduría de la Tierra y eso se transforma en sabiduría espiritual. Esta Tierra contiene todas las formas de energía. Sin comprender la grandeza de esta Tierra, vivimos alegremente en ella.

Sólo las grandes almas entienden verdaderamente la sabiduría espiritual y a ellos se les considera gurus. Para la palabra guru hay numerosas explicaciones y muchos significados. Jesús vino para nacer como Dios y enseñó como un guru. Buda vino como una encarnación de Dios y enseñó como un maestro espiritual. El Profeta Mahoma enseñó sobre Dios. Así, las deidades Brahmā, Vishnu y Māheshvara también instruyeron a la sociedad. Dios y los mensajeros de Dios enseñan para ayudar a los seres humanos.

Leed las enseñanzas de estas personas iluminadas y prestadles atención. Puede que ellos hagan miles de milagros, pero no hay mucho en eso. Sobre todo, es la enseñanza lo que importa. El día de Guru Púrnima nos recuerda estas enseñanzas. Puede que haya muchas religiones, muchos idiomas y muchas subdivisiones de religiones, pero es la enseñanza divina la que contiene sabiduría espiritual.

Algunos que no han logrado el estado de sabiduría y que no poseen la experiencia o la madurez espiritual se imaginan que son gurus y empiezan a predicar. Los alumnos que estudian con ellos, sin madurez, no progresarán. Puede que al principio no comprendan lo que está sucediendo, pero cuando sean afectados de manera adversa se darán cuenta.

Cuando los santos, los sabios, los siddhas y los avatāras viven en la Tierra, a menudo tienen que sufrir numerosas y severas pruebas y dificultades. Incluso han derramado su sangre. Sus cuerpos tal vez hayan experimentado mucho sufrimiento, pero ellos nunca perdieron su modo sabio de pensar ni olvidaron sus prácticas espirituales.

Sin importar qué ocurría, ellos siempre continuaron enseñando. El hombre no entendió el elevado estado en el que ellos se hallaban, pero su valor y su influencia jamás se han reducido. Al igual que diamantes cortados y pulidos, ellos se han vuelto crecientemente más y más brillantes.

Aunque no podemos pensar en estos gurus 365 días al año, al menos pensemos en ellos una vez al año. Es por eso que celebramos este día de Guru Púrnima. Celebremos este día como un día sagrado y divino, como un día abundante de Dios y del Guru y digamos plegarias espirituales significativas y benevolentes para el beneficio de todos”.

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