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Holi, la famosa fiesta de los colores

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Desde hace un tiempo los telediarios se llenan, por un día, de las sugestivas imágenes del festival de Holi, “la celebración más alocada” de la India como dicen algunos en la búsqueda de un eslogan atractivo. De todos los eslóganes, el más usado es el de “la fiesta de los colores” ya que la celebración es conocida porque los participantes se lanzan polvos de colores y agua coloreada en una actitud de juego y alegría. Todo este despliegue cromático es, en realidad, un símbolo de la llegada de la primavera con sus tonalidades de vida y, por tanto, el Holi es actualmente una mezcla de festividad religiosa, profana y conmemoración del ciclo natural de la estaciones.

En el hemisferio norte el equinoccio de primavera ocurre alrededor del 21 de Marzo, aunque como la fecha de Holi varía según el calendario lunar (cae en la luna llena del mes de Phalguna, o sea febrero-marzo) este año 2015 tocó el 6 de Marzo, un poco temprano. Por este motivo, en la ciudad sagrada de Varanasi, por ejemplo, Indica Books informaba que no hacía suficiente calor para jugar con agua, aunque eso no impediría que la vida normal de la ciudad se detuviera por un día para celebrar.

El gran valor de esta festividad, además de divertirse, es que por un día caen las barreras sociales, con todas las caras igual de pintarrajeadas, y “las enemistades y las tensiones se solucionan en un abrazo de amor”. Ni siquiera hace falta ser un hindú para celebrar el Holi, aunque su origen sea considerado religioso. Hay al menos tres relatos mitológicos que explican el nacimiento de Holi, de los cuales el más popular es el que dice que se conmemora el día en que el dios Viṣṇu (Vishnu) salvó a su joven devoto Prahlāda de morir quemado en una hoguera en un ardid de la mujer-demonio Holikā, que se suponía era inmune al fuego y, en realidad, fue ella quien se quemó por intervención Divina. Justamente esta historia y el nombre de la demonio dan nombre al festival que nos compete hoy. Y por ello también es tradición encender hogueras la noche previa a Holi.

Tradicionalmente esta celebración tiene mayor popularidad en el norte de la India, especialmente entre los devotos del Señor Kṛṣṇa (Krishna), y por eso la mayoría de imágenes que aparecen en los medios de comunicación son de templos o sitios de las ciudades de Vrindavan o Barsana (o Varsana), epicentro mundial del culto a Kṛṣṇa, donde el aspecto religioso de Holi realmente es tenido en cuenta y entonces el resultado visual es mucho más evocador para los interesados en “la India espiritual”.

De todos modos, en la actualidad Holi está difundido por todo el país y no solo eso, sino que todo alrededor del mundo hay celebraciones de Holi organizadas incluso por grupos de personas que no son indias, ni hindúes y que simplemente quieren participar en un evento tan divertido y colorido, sin ningún trasfondo religioso o espiritual. No me parece grave, excepto cuando esas reuniones son, en realidad, fiestas de puro exceso como cualquier otra rave pero con el toque distintivo de los colores. ¿Hay alguna diferencia entre eso y la “fiesta de la espuma” que se organizaba regularmente en la discoteca de mi pueblo?

Como siempre, yo abogo más por espiritualizar la vida cotidiana que por banalizar y consumir como producto cotidiano la tradición espiritual. De hecho en la mayoría de ciudades europeas, y por cuestiones climáticas, la fiesta de Holi es en abril o mayo, dejando atrás una relación directa con el origen del festival, excepto quizás con la idea de ser niños por un rato (que no está mal).

Acabo de ver el programa especial que grabó el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani) acerca de este Holi 2015 y como él lo explica muy bien y yo no estoy especialmente locuaz recomiendo ver y oír estos 10’ en que Ramchandani resume los detalles del festival de forma clara y muy entretenida, incluyendo una divertida anécdota personal.

Dejo, además, unas pocas imágenes muy atractivas para que no olvidemos nuestro lado infantil y alegre:

OM

Deva Premal y el mantra a Narasimha

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Coincidiendo con la luna llena de mayo, en que se celebra Wesak, el festival budista más importante del año (que conmemora nacimiento, iluminación y fallecimiento del Buda), con Hansika asistimos a un concierto de mantras, en Barcelona. Específicamente, fuimos a ver y escuchar a Deva Premal y Miten, una pareja muy conocida en el mundo de la música espiritual.

En el pasado ya he hablado del kirtan, el estilo de canto espiritual de la India que más ha calado en la idiosincrasia occidental, consistente en la repetición colectiva de ciertos mantras sánscritos y que tiene grandes representantes como Krishna Das o Jai Uttal. El estilo de Deva Premal también podría etiquetarse de forma general como kirtan, aunque lo suyo me parece más encuadrado en la ‘recitación de mantras’ que en el ámbito de la ‘canción’. La distinción es sutil, pero implica que a diferencia del clásico concierto de kirtan en que uno no para de cantar activamente, en el caso de Deva Premal hay muchos momentos en que uno es más un observador que un participante o, mejor dicho, la participación es más silenciosa e interna.

De todos modos, el concierto me pareció muy bueno y variado, en el sentido de que los diferentes mantras y estilos elegidos mantuvieron al público muy entretenido y, a la vez, activo, ya que también hubo grandes momentos de participación colectiva. Si bien para muchas personas la espiritualidad es sinónimo de aburrimiento, el concierto de L’Auditori de Barcelona demostró, una vez más, que se puede ser espiritual y divertido, y por tanto, pasarlo muy bien con un estado de conciencia elevado que nace del interior.

Deva Premal es alemana, canta y toca los teclados; Miten es inglés, también canta y toca la guitarra; mientras que Manose es nepalí y toca el bansuri, que es una flauta traversa india. Entre los tres hacen muy entretenido el espectáculo, incluyendo chistes, enseñanzas espirituales y promoviendo los coros del público. Los mantras sánscritos son obvios protagonistas, aunque también hubo un canto amazónico de la tradición de la ayahuasca, un canto al amor de los indios nativos norteamericanos (con baile incluido), la repetición de un mantra tibetano, un par de canciones en inglés y hasta un blues clásico.

De todos modos, quizás debido a mi amor por el sánscrito, el mantra que me quedó grabado fue el que Miten explicó era “para protección”. Con mis conocimientos básicos pude darme cuenta que se trataba de un mantra a Narasimha, el dios que es hombre-león, aunque tuve que esperar a volver a casa para investigar y conocer el sentido completo del mantra:

“Narasimha tava dāso’ham”

“Señor Narasimha, yo soy tu siervo”, sería una posible traducción, siendo tava el genitivo de tvam (por tanto, ‘tuyo’); dāsah es ‘sirviente’ (aunque por modificación fonética queda ‘daso’); y aham es ‘yo’ (también por modificación fonética cae la ‘a’ inicial y queda ‘ham’).

Por su parte, el nombre Narasimha se compone del inequívoco nara = ‘hombre’ y simha = ‘léon’ (por ejemplo, el nombre de Singapur deriva de esta misma palabra, siendo ‘tierra de leones’).

La razón por la que un mantra al dios Narasimha es una oración de protección es debido a que su aparición en la Tierra fue para ayudar a alguien piadoso que estaba en apuros.

La muerte de Hiranyakasipu

En realidad, Narasimha no es un mero hombre-león, sino que es el cuarto avatar del dios Vishnu, que es quien encarna en la Tierra cada vez que declina la justicia y aumenta la injusticia. En este caso específico, los dioses estaban especialmente preocupados porque un demonio de nombre Hiranyakasipu había recibido la garantía del dios Brahmā de ser invulnerable y, aprovechándose de esa cualidad, martirizaba “los tres mundos”.

El principal afectado por este comportamiento demoníaco era Prahlāda, el propio hijo de Hiranyakasipu, que era un joven muy devoto de Vishnu. ¿Qué peor tormento puede haber para un demonio que su propio hijo sea piadoso? Teniendo en cuenta que su hijo avergonzaba el linaje familiar, Hiranyakasipu se dedicó de forma implacable a convertirlo en un demonio hecho y derecho. Sin embargo, el joven Prahlāda sólo pensaba en Vishnu y, a pesar de sufrir castigos y amenazas, nunca desvió su mente de Dios.

Ante esta situación, y visto lo inútil del esfuerzo, Hiranyakasipu decide matar a su propio hijo, pero falla varias veces por la gracia de Vishnu. Finalmente, harto de su hijo, el demonio señala una columna y le pregunta si “su Señor” que es tan poderoso y omnipresente, también está en ese objeto inanimado. Prahlāda responde afirmativamente, lo cual desata la ira absoluta del demonio y es en ese momento cuando Narasimha entra en acción, saliendo desde la misma columna.

La promesa que Brahmā había concedido a Hiranyakasipu era la de que no podría ser matado por hombre ni por animal, ni de día ni de noche, ni fuera ni dentro, ni en el suelo ni en el aire, ni por un arma animada ni inanimada. Por tanto, para vencer al demonio pero no contradecir la promesa de Brahmā, Vishnu se encarna como un ser mitad hombre mitad animal, y lo hace en el crepúsculo, matando a Hiranyakasipu en el umbral del palacio, apoyándolo sobre sus rodillas y desgarrándole las entrañas con sus uñas (el arma no animada ni inanimada).

Protección

De esta historia nace la tradición de orar al Señor Narasimha para solicitar protección, ya que su rol es defender a sus devotos cuando lo necesitan, tal como hizo con el piadoso Prahlāda. El aspecto feroz de Narasimha, que bien puede amedrentar a quienes no están familiarizados con su iconografía, es en realidad sólo terrible para aquellos que no confían en lo Divino. Quienes confíen en Dios, en su ayuda y su omnipresencia, verán en el hombre-león un aliado y un protector.

Volviendo al concierto de Deva Premal, Miten y Manose, en este breve vídeo del diario La Vanguardia, que califica a la alemana como “la reina del mantra”, se puede ver un fragmento del espectáculo clicando aquí.

Asimismo, quienes deseen escuchar la canción Narasimha en su totalidad, perteneciente a Password, el último disco de Deva Premal, pueden clicar aquí.

Y, por último, una foto muy adecuada de la página de Facebook de Deva Premal y Miten, en que se ve a Manose montando un león, en el monumento a Cristóbal Colón en Barcelona.

Quizás no sea Narasimha en persona, pero si el joven Prahlāda vio a Vishnu en una columna de piedra, no me digan que no es mucho más fácil verlo en un león de piedra.

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