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La recitación en la práctica de svādhyāya

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La búsqueda espiritual no es otra cosa que un camino de auto-conocimiento. Para saber y experimentar de forma directa quienes somos en realidad – más allá del personaje, los conceptos y las limitaciones de tiempo, espacio y circunstancias – hace falta auto-indagarse, pero también hacen falta muchas prácticas “purificatorias” que nos vayan quitando de encima patrones y tendencias muy arraigadas. Una de esas prácticas se denomina svādhyāya y refiere al “estudio de los textos sagrados”, pues en ellos es posible encontrar enseñanzas y directrices para llevar una vida más armónica que nos ayude a tener calma y claridad interior.

En el famoso aṣṭāṅga yoga presentado por Patañjali en sus Yogasūtras, svādhyāya aparece como uno de los niyamas (“observancias”), aunque la práctica ya figura en el Mahābhārata como parte del “óctuple sendero del dharma” (mārga dharmasyāṣṭa en 3.2.75) con el nombre de adhyayana. Ambas palabras tienen su origen en la palabra adhyāya que técnicamente designa un capítulo o sección de los textos sagrados hindúes y cuya raíz verbal significa “estudiar” pero también “repetir” o “recitar”, pues el estudio tradicional de dichos textos se hacía (todavía se hace en mucha menor medida) de manera oral, memorizándolos de boca de un maestro capacitado.

Siguiendo esta idea, la palabra svādhyāya significa “recitación” (adhyāya) para “uno mismo” (sva), ya que se trata de un acto de aprendizaje que, aunque pueda ser hecho en grupo, está dedicado al crecimiento personal. Cuando la recitación es para otros, entonces el nombre cambia y se habla de, por ejemplo, pravacana, que tiene que ver con la enseñanza formal o con otras ceremonias de carácter público.

Sobre esto, la Taittirīya Upaniṣad (I.9) afirma que, de todos los deberes que tiene un estudiante espiritual, el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana) de los mantras sagrados es el más importante. Lo dice así:

“Lo correcto (ṛtam), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La verdad (satyam), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La austeridad (tapas), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
El auto-control (dama), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana).
La calma (śama), sí; pero también el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana)…

Solo el estudio (svādhyāya) y la enseñanza (pravacana)… Eso es austeridad; eso, en verdad, es austeridad”.

En la actualidad, cuando se habla de svādhyāya se hace hincapié en el “estudio” de los textos pero no tanto en su recitación o repetición verbal y, al faltar ese componente, entonces uno se pierde los beneficios que poseen los sonidos y vibraciones de los antiguos mantras sánscritos, capaces de efectuar cambios a diferentes niveles (físico, cerebral, energético, mental, emocional…).

La tradición hindú considera que el universo fue manifestado a través de una vibración sonora extremadamente sutil, que es eterna y omnipresente, y que tiene su epítome en la sagrada sílaba aum/om. Una de las formas más directas en que esa reverberación sutil se manifiesta es a través de la lengua sánscrita, “cuyo potencial creativo es la fuente del misterioso poder de los mantras”, como dice Sri Shyamji Bhatnagar.

Este fin de semana estuve en la presentación del libro en español de Krishna Das, y aproveché para preguntarle si los mantras o “nombres divinos”, como él dice, tienen el mismo efecto si no son recitados/cantados en sánscrito. Krishna Das dijo que cada quien puede hacer lo que sienta, pero que la lengua sánscrita tiene una sacralidad y una energía que la distinguen y que los “nombres” que aparecen en esos mantras pueden afectarnos en el plano de la emoción pero, en realidad, están más allá de todo concepto y por eso son trascendentes.

Dijo, además, que los mantras sánscritos – a diferencia de otras lenguas – “siembran una semilla” en nuestro interior; una semilla que, en la medida en que uno practique regularmente, va purificándonos.

En este sentido, se suele decir que la sacralidad y la efectividad de la recitación sánscrita están más allá de entender o no el contenido de los mantras que se repiten. Algunos maestros opinan que es incluso mejor no entender nada de lo que se dice para así estar más allá del plano intelectual, que siempre quiere aprehender la información, categorizarla y reforzar los patrones mentales…

La recitación de textos sagrados (sean largos o cortos de una línea) produce, sin dudas, un estado mental de quietud e introspección que nos predispone para estudiar intelectualmente las enseñanzas que contienen y, por ende, a estudiarnos a nosotros mismos de forma consciente en referencia a esas directrices.

Por otro lado, al recitar esos mantras, su vibración antigua y sagrada empieza también a hacer efecto, generalmente de forma inconsciente, en nuestro cuerpo sutil y mental y, como resultado, puede que tengamos vislumbres de quienes somos en esencia, sin necesidad de usar un diccionario de sánscrito. Este es el camino directo. Solo requiere (mucha) práctica.

Una técnica de meditación en 48 días

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La semana pasada cité unas palabras de Swami Premananda sobre cómo vivimos esclavos de nuestros propios pensamientos, la mayoría de ellos negativos o inútiles. A diferencia del paradigma moderno que fomenta la híper-información y la multitarea como estandartes, en espiritualidad la base es siempre reducir los pensamientos y aquietar la mente para así experimentar el espacio de dichoso silencio que todos llevamos dentro. Esta tarea, tan necesaria y a veces tan dificultosa, puede llevarse a cabo, como explica Premananda, a través de la meditación.

A sabiendas de que uno se pone excusas para no meditar (todos nos ponemos las mismas excusas, en realidad), Swami da un simple consejo inicial:

“Puedes practicar meditación a cualquier edad. No necesitas vivir en una comodidad especial ni esperar ninguna circunstancia en particular. No necesitas hacer tu práctica a ninguna hora específica. Puedes meditar en cualquier momento. Siempre puedes hacerlo. En una etapa inicial, es suficiente meditar de cinco a quince minutos”.

Por supuesto, uno está “tan ocupado” que no tiene ni cinco minutos libres para meditar y se conforma pensando que empezará la semana que viene o, aún más ingenuo, cuando “las cosas se acomoden”. Obviamente aquí se aplica el popular y sabio consejo de los cerditos:

“No dejes para mañana lo que puedes hacer oinc”.

cerdito

Swami Premananda nos da más consejos:

“Antes de empezar tu meditación, elige un lugar que esté silencioso mientras dure la meditación. Primero siéntate en una posición confortable (también en una silla), pensado y orando por un minuto a tu deidad favorita”.

Y yo agrego que si no tienes una deidad favorita simplemente puedes concentrarte en alguna cualidad o valor universal que te inspire (amor, compasión, paz, verdad…) o en algún elemento natural (una luz, una flor, la lluvia, el espacio, las olas del mar…) que evoque en ti sentimientos positivos, devoción o reverencia.

Luego, Swami explica la técnica de meditación que hoy nos compete:

“Cierra los ojos y repite de forma continua ‘AUM… AUM’ internamente (AUM y OM son sinónimos). Mientras repitas esto, puede que la mente corra hacia otros pensamientos. No te pongas tenso ni pienses que tu meditación está resultando perturbada. Deja que la mente siga su camino; automáticamente entonces regresará. Sigue repitiendo ‘AUM… AUM’ en tu interior sin interrupción”.

Hay muchísimas técnicas de meditación, aunque grosso modo se pueden dividir en dos tipos: “con semilla” (sabīja) y “sin semilla” (nirbīja). La meditación “con semilla” es aquella en que se utiliza un objeto para mantener la concentración. Ese “objeto” puede ser, por ejemplo, la propia respiración, la visualización de una imagen, la atención en una parte del cuerpo, la repetición de un mantra…

La meditación “sin semilla”, que en general se considera más difícil, es aquella en que no hay un objeto donde fijar la atención y, por tanto, se deja a la mente moverse a su gusto, ya que forzarla puede ser peor, aunque la clave está en no involucrarse con sus vaivenes y simplemente observarlos, desde la quietud interior.

En la técnica que propone Swami hay, según entiendo, un poco de cada tipo de meditación. Por un lado, hay una “semilla” que es la repetición del mantra AUM/OM de forma interna, es decir mentalmente. A la vez, el hecho de dejar que la mente corra donde quiera, “como un caballo salvaje que, antes de ser domado, debe cansarse”, es típico de la meditación “sin semilla”. Es decir que, si bien hay un objeto de concentración (la sílaba AUM) no se intenta traer a la mente una y otra vez a ese objeto, sino que se la deja “en libertad”. Así, dice Swami, la mente volverá sola.

Sobre esta técnica Swami agrega, esperanzador:

“Practica esto cada día por la mañana y por la noche. Si haces esto continuamente durante 48 días, se convertirá en un hábito. Al pasar de estos 48 días, tu mente se volverá calma y feliz. La tensión disminuirá y luego la ira que hay dentro de ti también se marchará. Los pensamientos se formarán de manera correcta. Haciendo esto puedes eliminar pensamientos innecesarios de tu mente y puedes alcanzar un buen estado espiritual”.

El número 48 puede poseer algún simbolismo aunque en este caso también sirve para darle a la mente una meta y, en realidad, si uno tiene la disciplina y la práctica constante durante ese tiempo, entonces es probable que sea capaz de seguir adelante con la meditación después de esas siete semanas.

Y esa regularidad es el primer gran objetivo para que la meditación dé sus beneficios.

(Para leer el texto completo de Swami Premananda, clicar aquí).

Swami Premananda y cómo ver a Dios

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Estoy de viaje y, por unos días, no tendré tiempo para sentarme a escribir un largo post ni a investigar temas nuevos. Aprovechando la coyuntura, he pensado que los lectores podrían beneficiarse si publico la respuesta de Swami Premananda a, ni más ni menos, la pregunta “¿cómo hacer para ver a Dios?”. Es decir, no nos estamos con rodeos y vamos directo a la pregunta esencial.

No sé si se han hecho esta pregunta alguna vez y no sé si están interesados en “ver a Dios”. Yo sí, y me imagino que cualquier persona que uno pregunte por la calle, creyente o no, también tendría cierta curiosidad. Otra cosa es que esté dispuesta a seguir el método que propone Swamiji que, en este caso, hace énfasis en la auto-indagación y en el proceso de discernimiento entre lo permanente y lo temporario.

Swami es un guru que fomenta los senderos espirituales de la devoción (Bhakti Yoga) y del servicio desinteresado (Karma Yoga), aunque en esta enseñanza nos habla, más bien, del llamado sendero del conocimiento (Jñana Yoga). Si bien este sendero es considerado dificultoso por ser más abstracto que los otros dos y, como tal, se postula como el camino más adecuado para quienes tienen una personalidad “intelectual o racional”, en este discurso Swami también da consejos prácticos que, creo, todos podemos aprovechar.

A continuación publico un fragmento de su respuesta (el discurso completo puede leerse en la edición de abril 2014 de la revista Prema Ananda Vahini, aquí), cuyo final a modo de decálogo espiritual me parece especialmente útil.

Dice Swami:

“Cuando te respondo, estoy seguro de mi respuesta porque siento, tengo la experiencia y entiendo completamente lo que preguntas. Yo no saco mis respuestas de libros ni de Escrituras. Te respondo con el verdadero y supremo deleite de la experiencia espiritual. Pero el oír palabras de mí no es suficiente para ti. Ten paciencia. Siéntate a pensar sobre todo esto por ti mismo. ¡El pensar tampoco es suficiente! Estudia profundamente el significado de mi consejo. No te detengas allí. Disfruta el beneficio de tu auto-indagación. El punto final es ser gozoso y verdaderamente feliz en tu vida.

¡Disipa la oscuridad que hay dentro de ti y tórnate brillante y luminoso! ¡Sé consciente de lo eterno! Aun eso no es suficiente.

Evoluciona y madura lo bastante como para lograr la liberación. ¡Tienes que convertirte en sabiduría pura!

La primera y más importante etapa es hacer germinar el pensamiento y la vigorosa voluntad de alcanzar un elevado estado espiritual. Ese fuerte deseo debe estar presente en ti.

El conocimiento libresco, las Escrituras y las opiniones de diversos santos ciertamente no son suficientes para ti. Discierne profundamente en lo recóndito de tu propia conciencia. Entra a lo profundo de tu corazón. Cava hondo, muy hondo en tu Ser y allí experimentarás la gracia de Dios.

Descubre qué es perdurable y controla el cuerpo para que se ajuste a lo real y a lo espiritual.

Aquieta la mente y llévala a un punto. Es fácil encontrar el camino, pero realmente practicar espiritualidad es lo de mayor importancia. ¿Dónde está el sendero? No está en ningún sitio específico. Está dentro de tu conciencia.

Para recorrer el sendero con seguridad y seguir sus carteles indicadores es necesario cultivar refinamiento de pensamiento. Ilumina tus procesos de pensamiento con la luz del sol espiritual…

Haz tus pensamientos supremamente puros y cristalinos.

Sé muy, muy paciente.

Controla tu mente con firmeza pero delicadamente.

Sé silencioso interiormente.

Reduce el número de tus pensamientos.

Elimina todas las ideas innecesarias.

Trae la gracia divina más y más cerca de tu conciencia.

Contempla eso.

Siente que todo lo que has visto con tus defectuosos ojos físicos no es significativo.

Pon OM en tu mente iluminada.

Oye el canto de la Divinidad con tus oídos internos.

Trae la luz a tus ojos.

Habiendo controlado la mente, ¡hazla divina!

Trae a Dios a la mente purificada y clarificada.

¡Haz todo esto y verás a Dios!”.

El significado del mantra krīm

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En el hinduismo, un mantra es una fórmula sonora que se considera sagrada, ya que está compuesta por sílabas, palabras o frases (generalmente en lengua sánscrita) que cargan una milenaria vibración positiva, capaz de transformar la conciencia de quien la canta o, también, la escucha.

En la vasta tradición de mantra vidyā (ciencia de los mantras) hay muchos niveles de conocimiento y muchos matices, entre ellos la clasificación de los mantras en diferentes clases. La clase que me interesa hoy es la de los bīja mantra, que son los mantras más breves, al punto de estar compuestos por apenas una sílaba. El bīja mantra por antonomasia es la sílaba Om/Aum, que se considera el primer sonido, del cual se origina todo el universo.

La palabra bīja quiere decir “semilla”, y estos mantras se llaman así porque son el ‘simiente’ de “realidades mucho más complejas y de su correspondiente experiencia espiritual” (G. Feuerstein, The Yoga Tradition). Se trata de fonemas que no son traducibles de manera literal pero que invocan ciertas energías o, también se puede decir, “invocan la potencia específica de una deidad”.

Kālī, la oscura

Entre los muchos bīja mantra que existen (Om, Aim, Klīm…) uno es krīm, que invoca la energía de Kālī, una de las deidades más malentendidas del hinduismo debido a su fiera apariencia. La iconografía tradicional la muestra con la lengua afuera, bailando en éxtasis, ataviada con una guirnalda de cráneos y sosteniendo en una de sus cuatro manos la cabeza recién degollada de un demonio.

Para comprender el simbolismo de Kālī es bueno saber que ella representa uno de los tantos aspectos femeninos de la Divinidad, en particular el rol destructor/transformador de la Madre Divina. El nombre Kālī significa “oscura”, en referencia a su color de piel, aunque en un segundo nivel de lectura también remite a la palabra kāla que puede significar “tiempo” y, por tanto, “muerte”, ya que la muerte es el resultado natural del paso del tiempo.

A pesar de estos signos en apariencia ominosos, Kālī cumple de forma imparcial el inevitable rol ‘destructor’ del tiempo, a la vez que su esencia es transformadora, ya que según la cosmovisión hinduista todo lo que muere está destinado a renacer. De hecho, la cabeza cortada en su mano no representa un asesinato gratuito, sino que es el símbolo del ego del devoto, considerado el principal obstáculo para el camino espiritual, y que la Madre Kālī ha arrancado de raíz.

En este sentido, la ‘muerte’ que representa Kālī es la muerte del ego, lo cual sería “el renacimiento del alma”, al decir del erudito y astrólogo norteamericano David Frawley.

Energía y transformación

Como hemos visto, en el caso de Kālī muerte y transformación van de la mano, y justamente su rol transformador es muy relevante en krīm, ya que es una mantra que “crea poder espiritual” y pone en movimiento la energía transformadora de Kālī, cuyo objetivo más místico sería despertar la energía conocida como kundalinī, la cual es una expresión individual de la Energía Universal (o Shakti).

De todas formas, la energía transformadora de Kālī no funciona de forma mágica y requiere, en la mayoría de casos, de cierto esfuerzo por parte del buscador espiritual, ya que la transformación implica abandonar viejos hábitos y patrones, lo cual puede equivaler a la ‘muerte’ para algunas personas. Por ello, las personas que no están interesada en transformarse ven en Kālī solamente una diosa feroz y sin sentido.

Nadie dijo que la transformación espiritual no sea dolorosa (o incluso ‘oscura’), pero el resultado es siempre luminoso y las Escrituras explican que el buscador sincero no tiene nada que temer a la Madre Kālī o a su mantra invocador krīm.

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Mantras sánscritos para tatuajes

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Hace unos meses, un lector del blog dejo un comentario pidiendo que le dijera algunos mantras en sánscrito para tatuarse. Yo le di una respuesta privada y me quedé pensando por unos días en la cuestión, ya que no era la primera vez que un lector hacía referencia a tatuajes y a la iconografía de la India. Ahora, tiempo después, he pensado en publicar un post al respecto, con la típica flexibilidad temática de Hijo de Vecino.

Lo primero que debo decir es una advertencia para quienes busquen mi consejo: Yo no tengo tatuajes.

Por tanto, se podría decir que no tengo palabra autorizada en el tema. A mi favor, quiero argüir que si me hiciera un tatuaje elegiría alguna imagen o frase que estuviera relacionada con la filosofía espiritual y, probablemente, con la India, ya que siento que es un asunto universal que subyace a todos, y estará siempre en mi vida y más allá. Digo esto porque supongo que arrepentirse de antiguos tatuajes, como de muchas otras decisiones, no es anormal (aquí un caso paradigmático).

En cuanto a los ‘mantras en sánscrito’ como motivo de tatuajes, al parecer se trata de una tendencia en aumento. Así como estuvo en boga (¿o está todavía?) tatuarse el propio nombre en idiomas ‘exóticos’ como el chino o el japonés, ahora parece llegar el turno del devanagari, que es el alfabeto con que se escribe la lengua sánscrita (al igual que las lenguas llamadas neo-indias, como el hindi).

Más allá de las modas, y si bien los mantras en sánscrito pueden quedarse en el plano ‘exótico’, es también verdad que contienen una vibración milenaria que está cargada de energía espiritual.

Veamos…

¿Qué es un mantra?

En la filosofía espiritual de la India, un mantra es una fórmula sonora que se considera sagrada, ya que está compuesta por sílabas, palabras o frases en lengua sánscrita que cargan una milenaria vibración positiva, capaz de transformar la conciencia de quien la canta o, también, la escucha.

El término mantra nace como combinación de la raíz sánscrita man que significa ‘meditar’ o ‘pensar’, y del sufijo –tra  que posee valor instrumental. Por tanto, un mantra no es otra cosa que un ‘instrumento para el pensamiento’, es decir, una herramienta que nos sirve como ayuda para la concentración de la mente.

A este respecto, la técnica espiritual conocida en sánscrito como japa, que quiere decir ‘murmurar’ y refiere a la idea de repetir un mantra de forma interna, es una de las prácticas espirituales más extendidas. Esto es porque, a través de ella, el practicante fácilmente concentra su atención en un punto elevado de conciencia y, según explican los maestros espirituales, es una de las formas más útiles de purificar la mente y alcanzar un estado profundo de meditación.

Tipos de mantra

Según la filosofía védica, en todo mantra hay un nāman, es decir, un nombre de lo Divino. Con esta cualidad positiva ya asegurada, una de las distinciones clásicas que sí se puede realizar entre los diferentes mantras es en base a la extensión, a saber:

Bīja mantra: Se trata de las sílabas que son consideradas ‘semilla’ (bīja), es decir fragmentos primordiales de sonido que generalmente aparecen al inicio de los mantras y que, además, tienen valor evocador en sí mismos, como el famoso Om, o también Hrim o Hum.

Mūla mantra: Los bīja mantras en combinación con nombres de deidades del panteón hindú forman los mantras raíz (mūla), utilizados en meditación y en la liturgia. Un ejemplo es el famoso Gayatri mantra, que originariamente posee 24 sílabas, aunque no todos los mūla mantra han de tener esta extensión.

Mahā mantra: Se trata del ‘gran mantra’, que cuenta con 32 sílabas, popularizado en Occidente por el movimiento conocido como Hare Krishna y que reza: Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare // Hare Rāma Hare Rāma Rāma Rāma Hare Hare.

Esta taxonomía clásica es orientativa, en el sentido de que existen muchos mantras que difieren en extensión. Por ejemplo, el antiquísimo e importante “Om Namah Shivaya” es también conocido como Panchakshara mantra, es decir el que “tiene cinco sílabas” (sin contar la sílaba Om, que es común denominador de todos los mantras y es anterior a ellos).

Por otra parte, fragmentos de escrituras sagradas como la Bhagavad Gītā no serían considerados mantras en sentido estricto, porque si bien podrían ser “fórmulas sonoras con vibración”, no son originariamente presentados como una oración autónoma y su función principal reside más en el contenido informacional como enseñanza que en la sonoridad.

Esto no quita que, al muchos de esos fragmentos ser utilizados como elementos de enseñanza espiritual, puedan también tener, a fin de cuentas, una utilidad totalmente válida como ‘instrumento para el pensamiento” y convertirse de alguna forma en mantras.

Mantras de famosos

Investigando sobre la moda de los mantras en sánscrito, no pude evitar enterarme de que hay muchos famosos y famosas que marcan tendencia al respecto. No voy a ahondar en el tema, excepto por el caso de la cantante barbadense Rihanna que al parecer generó polémica alrededor de su tatuaje, ya que se dice que está mal escrito.

Siguiendo algunas pistas en internet di con el blog de un lingüista norteamericano que, según creo (y teniendo en cuenta mis rudimentos básicos en lengua sánscrita), analiza muy bien el asunto.

Al parecer, Rihanna se hizo tatuar un fragmento de la Bhagavad Gītā, la escritura sagrada más representativa del hinduismo, en su cadera derecha. Como bien dice el lingüista en su blog, y yo mismo he podido comprobar en mis búsquedas, parece imposible encontrar una imagen nítida y completa del tatuaje, lo cual es paradójico teniendo en cuenta la visibilidad pública que tienen, por lo general, las caderas de esta chica.

De las dos mejores imágenes encontradas, una tiene un trozo de la faldilla blanca de Rihanna tapando parte del texto y fue rotada por el lingüista para una correcta lectura. La segunda imagen es desde otro ángulo y permite ver la parte de texto que está tapada en la primera foto.

El texto tatuado remite a los ślokas (versos) 4-5 del capítulo 10 en el que Krishna explica a Arjuna que Él es, en realidad, el Señor Supremo y dicen:

“La inteligencia, la sabiduría, la ausencia de engaño, la tolerancia, la verdad, el autocontrol, la calma, la felicidad, el dolor, la vida, la muerte, el miedo, la ausencia de temor,…

… la no-violencia, la ecuanimidad, el contentamiento, la austeridad, la caridad, el prestigio y la mala fama, todas estas diferentes cualidades de los seres vivos proceden ciertamente de Mí”. (Bg.G. 10.4-5)

Al tratarse de una enumeración, para mejor entendimiento los comentaristas traducen los dos ślokas – 4 y 5 – de manera conjunta pero, en realidad, Rihanna sólo tiene tatuada un fragmento del primer śloka.

Según lo que se deduce de las fotos, ese verso 4 estaría sólo a la mitad, y por partes, y diría: “la tolerancia, la verdad, el autocontrol, la calma… el miedo y la ausencia de temor“.

En cuanto a los posibles fallos ortográficos del tatuaje, el lingüista determina sólo una falta (que no es muy grave y no voy a explicar ahora para no entrar en tecnicismos), y luego dice que hay algunos caracteres que se asemejan demasiado entre sí, a pesar de ser diferentes letras. Pero, claro, la falta de nitidez de las imágenes impide ser totalmente rígido con esta conclusión, a la vez que el tipo de fuente utilizado por el tatuador podría ser el culpable de esa ‘ambigüedad’ gráfica.

En conclusión, el tatuaje es mejorable desde el punto de vista morfo-lingüístico, y sobre todo en cuanto a su sentido, ya que es una versión simplificada y descontextualizada de los versos de la Gītā.

Consejos obvios

Entonces, si a alguien le interesa mi inexperta opinión en la materia, yo diría que hay unas reglas básicas a tener en cuenta si uno desea tatuarse un mantra en sánscrito. Primero, obviedades como que el devanagari se escribe y lee de izquierda a derecha (nada raro para los habituados al alfabeto occidental); que la característica línea horizontal que une los caracteres se coloca en la parte superior y no inferior; y que no se hace distinción entre mayúsculas y minúsculas.

De la misma forma que la pronunciación correcta es necesaria para poner en funcionamiento la vibración sonora de un mantra, la escritura correcta del mismo es necesaria para que su contenido simbólico y espiritual encuentre una expresión ideal. Por tanto, es conveniente verificar el sentido del mantra que uno se tatúa, como así también la forma en que está escrito.

Puede sonar simplista, pero poner en el buscador de imágenes de Google el ‘mantra correspondiente  + devanagari‘ y confrontar la similitud de, al menos, tres resultados diferentes es una forma de estar prevenido.

Además, el traductor de Google también puede ser una opción de prueba, pero hay que tener en cuenta que el idioma que se utiliza allí es hindi y no sánscrito, por lo que puede haber variaciones sutiles. Lo mismo que esta herramienta online para tipear en el teclado occidental y obtener el resultado directamente en devanagari.

En todo caso, para evitar sorpresas, lo mejor sería confirmar la corrección del mantra en alguna publicación especializada, como un diccionario de sánscrito, aunque hay ciertos mantras tan populares que uno se puede fiar de lo que encuentra en Internet.

La elección

En cuanto a qué mantra elegir para tatuarse, hay muchas opciones y yo creo que dependen bastante de cuales son las inclinaciones espirituales, simbólicas y estéticas de cada uno.

Un clásico innegable es el afamado OM, que en sánscrito se representa con la grafía . Si bien esta grafía es utilizada, en general, como símbolo del hinduismo, no se trata propiamente de un símbolo, en la forma en que lo son la cruz cristiana, la media luna islámica, o el ying-yang taoísta. Es decir, que esta representación gráfica no es un dibujo o un ideograma, sino que son las letras que, en forma fosilizada – arcaica – del lenguaje, corresponden al sonido ‘aum‘ (‘om‘). Por más que no sea el tatuaje más original, el OM es considerado el sonido primordial.

Por otro lado, el conocido mantra budista ‘Om Mani Padme Hum‘ también es muy utilizado para tatuajes, aunque hay que decir que muchas veces se lo ve, no en sánscrito (que también existe) sino en alfabeto tibetano (del que soy ignorante), por lo que habría que ser consciente de la diferencia visual a la hora de hacerse el tatuaje.

Sánscrito

Tibetano

Por otro lado, entre los mantras clásicos está el ya nombrado ‘Om Namah Shivaya‘, que es corto, poderoso y significa literalmente ‘Mis reverencias a Shiva’, remitiendo al Señor Shiva, el aspecto destructor/regenerador del Absoluto.

Si uno prefiere el aspecto más dulce de la Madre Divina, es decir el aspecto femenino de la Divinidad, puede apelar al genérico y simple ‘Jai Ma‘ que significa ‘Viva la Madre Universal’.

Asimismo, Ganesha, la deidad con cabeza de elefante, es muy querido en general por su simpático aspecto y por su capacidad de destruir los obstáculos, por lo que se puede optar por mantras con sus diversos nombres como ‘Om Gam Ganapataye Namaha‘ o ‘Om Vinayaka Devaya Namaha‘.

Si, en cambio, uno prefiere el aspecto humano de la Divinidad podría elegir un mantra a Krishna o Rama, encarnaciones en la Tierra de Vishnu, el aspecto preservador del Universo. Entre las opciones está ‘Sri Ram Jai Ram‘ o el extenso mahamantraHare Krishna‘ antes mencionado.

La decisión sobre la extensión del mantra supongo que dependerá, entre otras cosas, de donde vaya uno a hacerse el tatuaje. Es verdad que hay artesanos que pueden escribir nuestros nombres en un minúsculo grano de arroz, pero al mahamantra, por ejemplo, no lo veo muy adecuado para un dedo meñique.

En todo caso, estas fueron mis ideas y consejos básicos, luego cada uno sabrá lo que decide, pero ¡no digan que no hice lo mejor que podía para, al menos, evitar errores de ortografía!

La práctica espiritual de Omkār

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En un post de hace dos años expliqué, con mi finito entendimiento y de manera poco académica, algunas aspectos de la vibración de la sílaba sagrada OM, también conocida como Aum. Por otro lado, hace poco, en clase de sánscrito, supe de un verso del Chandogya Upanishad (uno de los más antiguos Upanishad, que son textos sagrados que explican la filosofía espiritual contenida en los Veda) que habla de Om:

“omkāra evedam sarvamomkāra evedam sarvam” (2.23.3)

El verso, uno entre muchos que define el Om en las antiguas escrituras hindúes, repite la misma simple sentencia: ‘Om ciertamente (es) este todo’.

Por ‘este todo’ se entiende el mundo entero, o más bien el universo. El término omkār, por su parte, se utiliza como sinónimo de Om, pues etimológicamente significa ‘la realización de Om’.

La explicación filosófica de cómo el universo surge de un sonido primordial (Divino dirán algunos) no es única del hinduismo, como lo muestra el clásico ejemplo del Evangelio de San Juan en el cristianismo:

“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (…) Todo llegó a ser por medio de ella; y sin ella nada se hizo de cuanto fue hecho”. (1:1-3)

Más allá de estas cosmogonías sonoras, lo que me interesa resaltar en esta crónica es la posible utilización práctica de Omkār, es decir, su uso cotidiano, una idea que me vino a la cabeza después de leer un antiguo discurso de Swami Premananda.

Shakti

Decir que se me ocurrió una idea es pecar de exagerado, ya que simplemente leí el discurso de Swami y decidí ponerlo en el blog para que todos puedan leerlo, aunque, eso sí, con un mínimo de contextualización de mi parte. En el libro Premananda satsangs Vol. I, encontramos este fragmento de un discurso titulado ‘Shakti’, dado por Swami en 1995:

“En la antigüedad se meditaba repitiendo OM, la sílaba sagrada que representa el sonido primordial de la creación. Así como esta fuerza es llamada Adi Para Shakti (la energía suprema original), también es llamada Om Shakti“.

En la filosofía espiritual de la India, por shakti se entiende la energía dinámica que se encarga de dar forma a todo lo que percibimos en este mundo; o sea, es el aspecto femenino de la energía que pone en acción el poder latente y absoluto de la energía masculina. Es en este sentido que Swami relaciona el Om con la shakti suprema original.

A un nivel más físico, Swami continúa:

“Cuando uno repite OM para sus adentros, o bien externamente, despierta la shakti conocida como kundalini en nuestros cuerpos. Esta energía duerme en la base de la espina dorsal. Repitiendo OM con sentimiento verdadero y profunda concentración podemos despertar las fuerzas divinas en nuestros cuerpos y traerlas hacia arriba hasta la cima de la cabeza. Este proceso debe llevarse a cabo con sumo cuidado y sólo bajo la guía de un Maestro genuino”.

Aquí, Swami hace referencia al despertar de la energía Divina que hay dentro de cada ser humano, una energía (llamada kundalini) que se dice yace en el mūlādhāra chakra, el punto energético en la base de la columna y que, con la práctica espiritual, asciende gradualmente hasta el sahasrāra chakra, en la cima de la coronilla. Swami agrega:

“Con la continua práctica espiritual sincera de esta manera, el sonido de OM y su extraordinaria vibración se mezclarán con la sangre de nuestros cuerpos. A través de la respiración lenta que se requiere para realizar Omkār, la divinidad circula con la sangre por el cuerpo. Llega al corazón y lo hace palpitar con una vibración divina. OM debe circular dentro de ti. Es por ello que no debes repetir OM deprisa. La profunda y prolongada respiración entre cada repetición de OM es sumamente importante sin duda”.

Esto me recuerda al encuentro que tuvimos mis padres y yo con Swami, en que hablando del Gayatri mantra nos dijo que “el mantra debe tener OM”, refiriéndose no sólo a la sílaba sagrada, sino a la vibración de su correcta repetición.

De la misma, en los cursos de meditación Prema Dhyanam, es decir la meditación basada en las enseñanzas de Swami, también se hace hincapié en ese breve lapso que separa cada Om, donde se puede sentir toda la energía despertada por la repetición previa.

9 veces

En el Sri Premananda Ashram de la India cada mañana, a las 5am, se realiza un abishekam al Señor Ganesha. Una vez finalizado el ritual, la persona a cargo se dirige afuera del templo para lanzar contra el suelo uno de los cocos ofrecidos a la deidad. Se trata de una tradición antigua, que se aplica al dios con cabeza de elefante, y que se resume en que en cuantos más trozos sea partido el coco, más auspicio será considerado el ritual (o lo que se haya pedido en él).

Durante el tiempo que lleva a la persona correspondiente salir del templo, partir el coco y regresar, los asistentes hacen una práctica de Omkār, repitiendo en voz alta y conjuntamente la sílaba Aum nueve veces. De todos modos, sin necesidad de hacerlo a las 5am o de romper cocos, cualquier persona puede probar esta práctica espiritual en su casa y ver si algunas de las palabras citadas de Swami se aplican a su caso personal.

En lo relativo a cuantas veces se ha de repetir el Om, según el hinduismo hay varios números propicios, pero algunas de las opciones clásicas son 3, 9, 21 o 108. Yo diría que es mejor empezar por un número bajo y hacer la prueba.

Está claro que no hay nada que perder (más allá de algún retazo de pudor), aunque sí varias opciones por ganar, entre ellas, aclarar la garganta, vibración Divina, mejor circulación sanguínea y paz interior. Nada mal.

Aum Amma, loca por Dios

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Hoy, viernes 8 de octubre, es el inicio de Navaratri, el festival hindú anual dedicado a la Madre Divina. Dicha celebración se extiende durante nueve noches y diez días (este año hasta el 17 de octubre) y es una forma de adoración al aspecto femenino de la Divinidad; un aspecto igual de importante, para el Hinduismo, que el masculino.

Si el aspecto masculino es considerado el Poder Absoluto e Inmanifestado, el aspecto femenino es la puesta en acción de dicho poder, la Energía dinámica que da vida a todo lo que existe. Al igual que el aspecto masculino, la Madre Divina tiene diversas facetas: creación, preservación y destrucción/renovación.

Teniendo en cuenta que Navaratri dura diez días, no descarto profundizar sobre el tema la semana próxima. Sin embargo, para hoy, el primer día de celebración, he preferido hablar de un ejemplo práctico y viviente de la Madre Divina.

Es decir, de una santa de la India que, además de ser mujer y por ende representar el aspecto femenino de Dios, trata a quienes llegan a ella con amor incondicional y Divino. Ya hablé en el pasado del silencio espiritual de Sri Siva Shakti Ammaiyar y de los abrazos universales de Amma (o Amrita).

Hoy es el turno de Aum Amma, una santa loca por Dios.

Datos

Aunque para nuestras mentes occidentales pueda sonar raro, en la India es posible encontrar personas santas por doquier. Como ya expliqué en otras ocasiones, al decir “personas santas” me refiero literalmente a ello; es decir, a personas que están en unión perfecta con la Divinidad, a personas consideradas como enviados o ejemplos de Dios en la Tierra, a personas que con su vida redimen al mundo y guían a la humanidad…

En la India hay santos de todo tipo, y si uno quisiera investigar en profundidad no acabaría nunca de hacer el inventario sagrado de un país que, además de extenso, posee joyas espirituales en todas partes.

Por supuesto, hay lugares que son considerados especialmente sagrados, como es el caso de las ciudades de Varanasi y Rishikesh por la presencia del río Ganges; Rameswaran, por su templo; o la ciudad de Tiruvannamalai debido a Arunachala, la sagrada montaña del Señor Shiva.

De esta forma, en estos sitios de gran tradición religiosa y energía espiritual, es más frecuente encontrar personas santas, junto a sannyasins (renunciantes), sadhus, e infinidad de devotos.

Justamente en Tiruvannamalai es donde se encuentra actualmente Paramatma Aum Amma, o Aum Amma a secas, la santa que fui a ver, junto con Nuria y otros devotos argentinos, en febrero 2010. Al parecer, mi tío había tenido noticias de esta santa a través de Internet, y no se trataba de las santas más conocidas, aunque una vez en la ciudad sí que vi afiches que anunciaban alguna de sus actividades públicas.

Evidentemente, las personas que llevan algún tiempo en Tiruvannamalai saben de la santa, pero para nosotros y nuestro desbrujulado chofer, no era fácil encontrarla teniendo apenas los datos mínimos. De hecho, las coordenadas que ofrece la página web oficial de Aum Amma son más bien estimativas, con referencias como “cerca de la parada de autobús de Iyyam Palayam” o “la calle frente a la hilandería”. Al menos para extranjeros como nosotros, estos datos eran insuficientes.

Finalmente, después de algunas vueltas llegamos a nuestro destino. En mi caso, sin saber con exactitud con qué me iba a encontrar.

Aum Amma map

Darshan

Los datos de que dispongo sobre la biografía de la santa no son minuciosos. Según se explica en la página oficial, Aum Amma vivió durante dos años (2001-2003) en una cueva de la montaña Arunachala, donde era conocida como “La Amma de la cueva”. A este respecto, Amma es una forma cariñosa de decir “madre”.

No se precisa cuánto tiempo vivió Aum Amma en Tiruvannamalai ni su lugar de nacimiento, pero sí que ha viajado alrededor de la India ofreciendo su especial darshan. El darshan, como en alguna ocasión expliqué, es la posibilidad de ver o estar en contacto directo con un santo.

Luego del período en la cueva, donde muchos devotos venían cada día, Aum Amma marchó hacia el norte del país, para vivir a los pies del Himalaya en una simple tienda de campaña. Al tiempo regresó a Tiruvannamalai y gradualmente su vida pública comenzó a ser más frecuente. Primero en  una casa, y actualmente en un pequeño chalet en las afueras de la ciudad, que tanto nos costó encontrar.

Es aquí donde se llevan a cabo los “darshan del domingo”, con flores, arati, cantos devocionales y prasadam. Si bien, al parecer, la santa recibe algunas visitas entre semana, es los domingos por la mañana que se realiza la actividad pública principal, y allí es donde queríamos llegar a tiempo. Debido a nuestro ajustado cronograma y a la dificultad de hallar la casa, llegamos con algo de retraso, más bien cerca del mediodía, lo cual nos impidió ver el darshan público.

¿Qué hacía especial ese darshan, más allá de ver a la santa? Pues, según sabíamos, el nombre de Aum Amma no era casual, y habiéndose acuñado durante su época en la cueva, refería a la “Madre del Om (o Aum)”, ya que en estado de exaltación espiritual, el mantra (Aum) aparecía brillando en la frente de la santa. Es decir, el mantra Om (Aum), en su clásico símbolo sánscrito, aparece espontáneamente en el entrecejo de Aum Amma, en el sitio donde se dice que tenemos nuestro tercer ojo, el ojo espiritual.

Tanto en las fotos como en los videos, es posible discernir un círculo de luz brillando en la frente de Aum Amma, aunque es verdad que no siempre se ve de forma tan nítida. Nuestra intención era ver, en vivo y en directo, esa manifestación externa de su iluminación espiritual.

Por llegar tarde no lo vimos (si bien no estoy seguro de que ese día el milagro haya tenido lugar); sin embargo, sí tuvimos nuestro darshan personal, un resultado mucho mejor que lo planeado.

Cortina

Cuando llegamos a la casa de la santa, todavía había algunas personas esperando verla, quizás unas quince. Nosotros, a su vez, éramos unos diez. Al principio, nos acomodamos en el porche de la casa, y allí esperamos durante una hora aproximadamente. Mientras tanto, el monje que cuida de la santa más un par de jóvenes ayudantes se encargaron de mostrarnos álbumes fotográficos de Aum Amma, y también unos videos donde se veía el típico estado extático de la santa y el milagroso signo OM apareciendo en su frente.

Todo esta preparación me venía bien, pues así estaría más instruido para ver a la santa, pudiendo en teoría saber lo que me esperaba. Después de un tiempo, algunas personas salieron de la casa, y entonces algunos de los miembros de nuestra comitiva fueron entrando al pequeño salón, donde también esperaban otras personas.

Eventualmente yo también entré a la habitación, donde según entendí se llevaban a cabo los darshan públicos. Sin embargo, ahora sólo estábamos unos pocos visitantes y devotos, mientras la santa parecía estar en una habitación contigua, a la cual se ingresaba descorriendo una cortina.

Uno a uno, los visitantes iban pasando a dicha habitación, permanecían allí un rato que me parecía bastante largo, y luego salían con rostros beatíficos, pétalos de flores o lágrimas en cascadas.

Esta dinámica de darshan me resultaba inesperada, pues aún cuando habíamos apenas visto fotos y videos, no parecía tratarse exactamente de la misma secuencia de hechos. A su vez, desde dentro de la sala donde estaba la santa no se oía música, cantos, ni siquiera palabras, es decir, ningún sonido que sirviera de pista. Además, por lo que yo sabía, la santa no era de dar discursos públicos, ni de responder preguntas personales a los visitantes.

Respecto a los darshan en general, en el pasado yo había tenido experiencia con Amma (Amrita), esperando durante horas para recibir su abrazo de diez segundos, que si bien vale totalmente la pena, era más breve que esta estadía de los devotos en la habitación contigua. Asimismo, con Swami Premananda había tenido la fortuna de tener entrevistas personales o hablar directamente con él, pero siempre el tiempo me parecía poco.

Por todo esto me intrigaba qué estaba sucediendo del otro lado de la cortina, a medida que mi turno se acercaba, cada vez más.

Dentro

Una vez dentro de la sencilla habitación pude ver a Aum Amma sentada en una silla decorada con telas, rodeada de flores y de pétalos, que pululaban por el suelo, sobre los vestidos de la santa, y también sobre su cabeza.

Mi primera reacción fue la de agacharme reverentemente a tocarle los pies, como corresponde con las personas santas. Ella, por su parte, se me acercó para abrazarme y entonces el monje que la cuida, que de a ratos entraba en la habitación, me indicó que me pusiera más recto para que la santa no tuviera que esforzarse agachándose.

Ahora yo estaba sobre mis rodillas frente a Aum Amma, y ella comenzó como a besarme en las mejillas; digo “como” porque eran unos besos raros que tenían una especie de respiración que me parecía poderosa. Al principio, estos besos me pusieron algo tenso porque, por un lado, yo no me considero una persona muy propensa al contacto físico, y por otro, porque el hecho de ser besado por una extraña no es normal.

Evidentemente, ni esta “extraña” ni esta situación podían calificarse como normales, ni ordinarias; eran, más bien, extra-ordinarias. Los besos de la santa eran tan amorosos que a mí, todavía dudoso de cómo actuar, me parecían demasiado.

Lo siguiente que hizo conmigo la santa fue abrazarme, al estilo Ammachi, y quizás por eso ya me sentí más cómodo, más familiar con lo que estaba sucediendo. A la vez que me abrazaba contra su pecho me acariciaba el cabello. Luego de un rato de abrazo me alejó de ella y me pegó una especie de cabezazo con el rodete de cabello que lleva atado en la cima la cabeza. No fue un golpe real, sino como un latigazo de broma. Entonces, yo le seguí el juego devolviéndole el ataque. En ese momento ella ya se estaba riendo muy juguetonamente y me contagiaba a mí la risa.

De todos modos, es verdad que me costaba entregarme de manera total a la situación, ya que estaba sorprendido por lo que sucedía, sumado a lo dicho sobre el contacto físico con extraños, aún si se trata de una santa. Lo que está claro es que el hecho de tratarse de una santa me iba aflojando la coraza, y dejando mi reticencia inicial ahora ya me sentía parte de un juego especial y Divino.

Lo siguiente que hizo Aum Amma fue ofrecerme una flor, que cuando yo estaba a punto de agarrar, me quitó de las manos; repitió la misma broma tres o cuatro veces, como si yo, o mejor dicho, ella, fuera un niño.

Después de hacerme estirar varias veces la mano en vano, la santa me dio la flor, para luego verterme unas cuantas flores y pétalos sobre la cabeza. Aum Amma se pasaba las flores por la cara y luego las lanzaba hacía mí, ella y los alrededores, lo cual explicaba el tapizado floral de la habitación.

No sé cuánto tiempo duró todo esto, pero claramente no fue poco, y es probable que quienes estuvieran afuera percibieran mi estancia, al igual que yo había hecho con los demás, como prolongada.

Aum_amma con flores

Éxtasis

De hecho, según comprobé, no había un punto final determinado para el darshan de cada persona, sino que era el monje, o algún ayudante, el que avisaba al visitante que ya era tiempo de salir. Por su parte, Aum Amma estaba en lo que parece ser éxtasis o trance espiritual, y mi impresión fue que sin importar quien tuviera delante ella actuaba siempre de la misma forma. Por ello, para la santa no había un punto final con cada persona, pues, estoy convencido, veía en todos la misma esencia Divina. Para ella, jugar con nosotros era como jugar con Dios; besarnos y abrazarnos, era como tener a la Divinidad entre sus brazos; lanzarnos flores era como adorar a la Energía Cósmica.

En mis viajes por la India vi otras personas santas, pero nunca había visto alguien en ese estado extático tan obvio para mis ojos materiales. La santa tenía constantemente la mirada perdida, con los ojos vueltos hacia arriba, como si mirara su entrecejo, su ojo espiritual, o porqué no, hacia zonas más elevadas.

Asimismo, de a ratos, el rostro de Aum Amma parecía como desencajado por su embriaguez espiritual. Este detalle puede ser un factor importante para que yo me haya sentido inhibido al principio, pues mi mirada superficial no era capaz de ver plenamente el estado espiritual de la santa, a diferencia de ella, que era incapaz de ver otra cosa que la naturaleza Divina de cada visitante.

Por otra parte, Aum Amma tiene en momentos unos temblores o espasmos, que al parecer son generados por su estado de éxtasis. El mismo estado que lleva a sus manos a adoptar gestos extraños, que a la sazón no son otra cosa que mudras (gestos sagrados hechos con el cuerpo).

Todos estos detalles – rostro desencajado, espasmos, mirada perdida… –, al menos en primera instancia, sin duda que generan un shock. Al tratarse de una persona que está actuando fuera del ámbito “normal” nos cuesta asimilar que dichos síntomas sean de carácter espiritual.

Sin embargo, el diagnóstico es uno solo y muy claro: Aum Amma está loca, totalmente loca por Dios.

Es verdad que si uno ve a la santa a través de video, probablemente le cueste percibir su aura espiritual de buenas a primeras.

Sin embargo, al ver a Aum Amma en persona, su fuerte energía espiritual, junto con su Divina inocencia pueril, hicieron que deje mis prejuicios de lado, y lograra entregar mi ego por unos pocos minutos, para así ser el afortunado compañero de juegos de la Divinidad.

Lo cual me permitió, además, ver en la santa un reflejo de mi propia chispa Divina. Una chispa que, aunque esté escondida, estoy seguro que brilla. Como en cada uno.

Todas las imágenes de:

http://www.aumamma.com

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