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Visita a Sadāśiva en la Isla de Elephanta

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En 2015 estuve varios días en la ciudad de Mumbai para presenciar parte del multitudinario festival de Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi). Mumbai no me gusta especialmente porque es demasiado grande y urbana, pero de todos modos aproveché esa estadía para visitar algunos sitios de interés espiritual, que tenía pendientes. Entre ellos, la famosa Isla de Elephanta, que está a unos 10 km de distancia de la costa, en aguas del Mar Arábigo, y a la que se llega en ferry desde la turística e icónica Gateway of India.

El curioso nombre actual de la isla se debe al rebautizo que le dieron los colonizadores portugueses en el siglo XVI al ver las colosales estatuas de elefantes que había en su terreno. De todos modos, su gran interés cultural y espiritual está en las grandes grutas esculpidas en plena roca, que tienen casi 1500 años de antigüedad y que incluyen templos, pilares e imágenes religiosas hindúes. De hecho, las grutas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1987 y están bien conservadas, aunque es verdad que durante las diferentes invasiones, comenzando con la llegada de los portugueses, se causaron daños en las esculturas y salas del complejo.

Al llegar al muelle de Elephanta, después de una hora de viajar por las muy marrones aguas, uno tiene la opción de tomar un pequeño tren o caminar los 600 o 700 metros hasta llegar a las escaleras que llevan a las grutas. La explanada tiene puestos de comida, camisetas y todo tipo de recuerdos y artesanías; una escenografía que se mantiene de forma constante durante el ascenso de 110 escalones que solo se hacen duros si uno tiene un  resfrío (como era mi caso).

Lo más curioso de esta subida es el cartel que dice “Beware of monkeys” (“Cuidado con los monos”) y pretende advertir a los turistas que los monos de la zona están especialmente atentos a robar cualquier cosa que parezca alimento. De hecho, numerosos monos están indisimuladamente paseando o sentados dentro y fuera de la escalera, esperando su oportunidad.

Elephanta_monkeys

Monos poniendo cara de que no saben lo que dice el cartel…

El complejo contiene cinco grutas pero solo la primera es de especial relevancia, al menos para alguien no especializado. La gruta tiene en sus tres entradas columnas de unos seis metros de altura y es muy amplia (27m² solo en su zona principal). Naturalmente es húmeda y un poco oscura, pero esa falta de luz solo puede ser un problema a la hora de sacar fotos.

Elephanta Caves Tours, Mumbai Elephanta Caves Tour

Esta foto no es mía porque las mías están todas oscuras…

Especialmente atractivo me pareció el relativamente pequeño y cuadrado altar principal que alberga un tradicional śivalinga, el símbolo abstracto del Absoluto en la tradición shivaíta. Y es que esta gruta está dedicada al Señor Śiva (Shiva).

Templo del shivalinga (foto tampoco mía)

Entre las imágenes esculpidas directamente en las paredes de la roca está Naṭarāja (Śiva en su aspecto de bailarín cósmico), Ardhanārīśvara (Śiva en su aspecto “mitad mujer”), o Bhairava (Śiva en su aspecto más feroz). También hay esculturas con escenas de la mitología tradicional y que incluyen otros dioses relacionados con Śiva. De todas formas, la imagen más conocida y también más potente es la que muestra a Sadāśiva, “el Śiva eterno”, que tiene unos 7 metros de alto y que representa su manifestación más elevada, ya que simboliza “su condición de progenitor de las cinco esferas de la creación”.

La imagen canónica de Sadāśiva posee cinco caras, abarcando los cuatro puntos cardinales más el cenit. En la imagen de Elephanta, la escultura posee solo tres caras visibles, pues se supone que la cuarta (la que mira al sur) está contra la pared y la quinta, que iría arriba, “está presente conceptualmente pero no físicamente”.

De las tres caras visibles hay diferentes interpretaciones, aunque la principal es la que dice que el rostro central es la forma original de Śiva (en calma y meditación), mientras que la cabeza a su izquierda (la derecha en la foto) es un aspecto más amable y femenino de Śiva (de hecho está mirando una flor de loto), y la cabeza a su derecha (izquierda en la foto) representa un aspecto más fiero y masculino (de hecho está observando una cobra).

File:Shiva Trimurti @ Elephanta Caves.jpg

Sadashiva

Por estar compuesta de tres partes, esta imagen se conoce también como Trimūrti, que es también el apelativo tradicional para la tríada esencial de creación-preservación-destrucción del hinduismo genérico: Brahmā, Viṣṇu y Śiva. Quizás por eso, dos guardias que pululaban por la gruta principal me dijeron, por separado, que, si bien la imagen esculpida era Śiva, sus tres caras representaban a Brahmā, Viṣṇu y Śiva, situando a Viṣṇu en el medio. Esta versión no corresponde con la mayoría de fuentes que tengo ni con el hecho irrefutable de que se trata de un templo/gruta dedicado básicamente a Śiva. De ahí que esa imagen tan icónica se conozca como Mahādeva, Maheśvara o Sadāśiva.

Pedí a unos chicos que me hicieran una foto pero quedó fuera de foco. Fui a ver las otras cuevas y no me llamaron demasiado la atención. El entorno frondoso de la isla sí que tiene su encanto.

En cualquier caso, no es difícil de entender porque la gruta principal y su Trimūrti son la verdadera atracción de la isla, ya que aunque haga unos cientos de años que estas cuevas no están activas como centros de adoración, los cientos de años previos de actividad todavía se intuyen si uno agudiza la imaginación (fuego, lámparas, campanas e incienso enfrente de esa enorme imagen…).

E incluso si uno no tiene capacidad de imaginación, la presencia y tamaño de las esculturas es un evocador símbolo de devoción y de verdades espirituales que, como Sadāśiva, son eternas.

La inmersión de Gaṇeśa

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Cada año, después de diez días de adoración y celebración, se llega al fin del festival dedicado al Señor Gaṇeśa (conocido como Gaṇeśa utsava o Gaṇeśa caturthī), que es especialmente importante en el estado indio de Maharashtra y que tiene su expresión más masiva en su capital, Mumbai, la ciudad más poblada de la India. Durante diez días, unos mil pandals (templos temporales) oficiales se instalan en las calles de la megalópolis, cada uno con una imagen (mūrti) de Gaṇeśa que, a pesar de ser de yeso, se consideran sagrada, pues se le ha realizado el prāṇapratiṣṭhā, la ceremonia tradicional para infundirle “vida”.

En el último día de celebraciones llega el apogeo, que se denomina visarjan y que, en este contexto, refiere a “lanzar una imagen en aguas sagradas” como rito final de un festival religioso, que la tradición dice debe ser en agua corriente. En el caso de Mumbai esta inmersión se hace en las aguas del Mar Arábigo, que rodean la ciudad, con especial énfasis en la playa de Chowpatty Girgaon, que es la playa más céntrica y popular. Allí se preparan gradas para las personalidades políticas; se alzan torres de control para la policía; se instalan chapas de acero para que los vehículos autorizados puedan circular por la arena; se colocan baños públicos, todo en medio de un enorme despliegue policial.

Para acceder a la playa, que no es especialmente grande, los devotos llegan con sus imágenes de Gaṇeśa desde todas partes de la ciudad y, por tanto, las calles aledañas se ven cortadas, como así también una serie de calles principales que se convierten en la pasarela de miles de mūrtis, en un desfile que dura prácticamente 24 horas. Desde la mañana temprano (que este año 2015, fue el día 27 de septiembre), uno puede ver llegar a diferentes grupos de devotos con sus pequeñas y hogareñas imágenes de Gaṇeśa, para depositarlas en el agua. A medida que pasa el día, el tamaño de las mūrtis va creciendo y el punto máximo, a la madrugada del día siguiente, suele ser la llegada de la imagen de Lālbaugcā Rāja, el Gaṇeśa más famoso de Mumbai.

Devotos rumbo a la playa con su pequeña mūrti.

Devotos rumbo a la playa con su pequeña mūrti.

Sin importar el tamaño de la imagen, al llegar a la playa se le hace un ritual previa inmersión en el agua. Allí se hacen los últimos pedidos típicos para Gaṇeśa: prosperidad material, quitar obstáculos, éxito en los estudios y conocimiento espiritual. Algunos devotos susurran al oído de la imagen sus plegarias, justo antes de enviarla a sumergir.

Esta tarea se hace muchas veces a través de unas balsas oficiales que llevan varias estatuas lejos de la costa y las sumergen allí. En esos casos no se permite a los devotos ir en las balsas, pues hay un personal que se encarga. Cuando la imagen es pequeña, hay niños siempre dispuestos, por unas pocas rupias, a hacer la inmersión a mano, caminando con la imagen hasta hundirla en las aguas a escasa distancia de la costa

Si la mūrti, en cambio, es grande viene acompañada generalmente de grandes grupos de devotos, muchos vestidos con camisetas o sombreros identificatorios, que se encargan personalmente de su traslado mar adentro. De hecho, las imágenes más grandes ya están instaladas sobre plataformas que también van al agua o que, incluso, se convierten en balsas en sí mismas.

Ritual previo a la inmersión.

Ritual previo a la inmersión.

Otro ritual playero

Otro ritual playero

Balsa oficial para llevar estatuas a sumergir.

Balsa oficial para llevar estatuas a sumergir.

Cerca, una estatua pequeña siendo sumergida a mano; a lo lejos una balsa que apenas se divisa.

Cerca, una estatua pequeña siendo sumergida a mano; a lo lejos una balsa que apenas se divisa.

El trayecto de una imagen desde su hogar o pandal hasta la playa de Chowpatty Girgaon puede tomar varias horas, debido a la congestión de las calles. De hecho, se estima que la famosa mūrti de Lālbaugcā Rāja tarda 24 horas en recorrer la distancia, debido a su tamaño y, sobre todo, al gran número de personas que se acumulan para verla pasar. A la vez, esta “lentitud” es también deliberada pues nadie tiene prisa y el desfile, o también se puede decir peregrinaje, se toma como una fiesta en la que todos los devotos van cantando, lanzando polvos de color rojo, que es el color de Gaṇeśa, y disfrutando de la fecha.

El público que no acarrea una imagen, a su vez, se acomoda en las aceras, calles, balcones y techos para ver pasar durante horas un desfile que es religioso, festivo y muy colorido. Los vendedores de comida y bebida hacen buenos beneficios y el evento recuerda, en cierta forma, a los desfiles de carrozas que se hacen en carnaval. En esa procesión, hay imágenes de todo tipo y tamaño, llegando también en todo tipo de vehículos, desde la pequeña estatua que viene sobre la cabeza de un devoto caminante, pasando por las que llegan en camiones, hasta las enormes figuras artísticas en sus carrozas.

Devoto caminante y esforzado.

Devoto caminante y esforzado.

Devotos más modernos.

Devotos más modernos.

Llegando en camión.

Llegando en camión.

Como resultado de la masividad del evento, transitar por las calles se hace muy difícil y yo, por suerte, tenía acceso a la grada de periodistas desde donde pude observar una parte del desfile. También me metí codo a codo con los devotos y, sobre todo, a la hora de entrar en plena playa para ver la inmersión (donde los periodistas y fotógrafos oficiales no son permitidos como tales) tuve que luchar duramente por un espacio físico.

Yo, que he asistido a un par de multitudinarias Kumbha Mela, creo que he estado mucho más apretado en la fiesta de Gaṇeśa, sobre todo cuando llega el atardecer y las estatuas más grandes llegan a la playa.

El desfile muestra sus primeras imágenes monumentales.

El desfile muestra sus primeras imágenes monumentales.

Multitud

Multitud y un peculiar Gaṇeśa montando un tigre.

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Gaṇeśa con elefante

Desde los balcones, visión preferencial.

Desde los balcones, visión preferencial.

A decir verdad, es muy difícil ver la inmersión de las imágenes desde la playa, no solo por la cantidad de personas, sino porque mientras más grandes son las mūrtis, más lejos las llevan y, por tanto, uno termina viendo apenas una silueta, que sumándole la luz del atardecer, crean un ambiente algo poético pero poco viable para las fotos o la mirada objetiva.

Las inmersiones siguen durante la noche y, en mi caso, pude sentir el bullicio de la fiesta desde mi habitación por varias horas hasta que, de a poco, se fue calmando. Cuando salí a las 3am a la calle para dirigirme al aeropuerto, el desfile todavía seguía, aunque mucho más espaciado y con las calles transitables en su mayoría.

En los últimos años ha habido polémica porque el día después del visarjan la playa de Chowpatty (así como otras playas y otros cuerpos de agua a lo largo de la India) aparece llena de los restos de las estatuas sumergidas, ensuciando la playa por un lado y contaminando las aguas por otro. En el pasado estas mūrtis eran hechas de arcilla, que se “biodegradaba” al entrar en contacto con el agua. Por cuestiones económicas y prácticas, los artesanos y escultores a cargo de las imágenes empezaron a utilizar yeso, que no se desintegra fácilmente en el agua, a lo cual hay que sumarle la pintura sintética, los adornos, las ropas y el resto de decoración de las imágenes.

En Mumbai (y todo Maharashtra) las celebraciones de Gaṇeśa utsava son tan importantes desde el punto de vista religioso, económico e identitario que esa desventaja de la inmersión de estatuas se considera apenas un detalles. También es cierto que la playa de Chowpatty está sucia todo el año con bolsas de plástico, envases y todo tipo de basura que no tiene que ver directamente con el festival religioso, por lo que no se puede achacar a ese evento la mayor culpa.

Una visión de la playa antes de las inmersiones.

Una visión de la playa antes de las inmersiones.

En esta línea, un estudio estima que del total de polución de las aguas en la India, sólo el 5% corresponde a la actividad religiosa y ritual. Evidentemente eso no es excusa para contaminar, pero sí queda claro que las ofrendas a los ríos y el mar no son la causa principal. En el estado de Uttar Pradesh, por ejemplo, la Justicia prohibió recientemente la inmersión de imágenes sagradas (5%) al igual que el derrame de aguas cloacales en el río Ganges, siendo esto último el gran motivo de contaminación fluvial (quizás 60%).

De todos modos, las acciones para poner en práctica las prohibiciones han sido dispares: mientras las aguas residuales siguen fluyendo y contaminando el río sagrado, las fuerzas policiales y gubernamentales han hecho hincapié en evitar la inmersión de las estatuas, especialmente en la ciudad de Varanasi.

De hecho, en vísperas de la inmersión de las mūrtis de Gaṇeśa este año 2015 en Varanasi hubo una brutal agresión policial sobre devotos hindúes que llevaban una imagen y que, al ver limitado su paso, hicieron una sentada pacífica. Entre las personas que protestaban se encontraba Swami Avimukteshwaranand, a quien conozco personalmente y sé que es un renunciante genuino y un maestro muy dedicado a mantener las tradiciones hindúes, y también algunos jóvenes estudiantes. Todos ellos fueron víctima de golpes por parte la policía, llegando algunos, incluido el swami, a ser internados en el hospital por sus heridas.

De esta forma, el contraste es impactante: mientras en Varanasi la policía golpea con bastones a los swamis que quieren defender la inmersión de mūrtis, en Mumbai la ciudad se detiene para observar el acontecimiento con la aprobación popular y oficial.

Un punto medio que suena razonable es la utilización de imágenes hechas con arcilla, a la vieja usanza, para que así se vuelvan “ecológicas”. No todos los artesanos están de acuerdo, pues es más caro y más esfuerzo, pero es una opción que habría que tener en cuenta.

Primer plano de un mūrti con una persona cerca para notar la proporción. Atención a la guirnalda que lleva Gaṇeśa, hecha con billetes de 10 rupias.

Primer plano de una mūrti con una persona cerca para notar la proporción. Atención a una de las guirnaldas que lleva Gaṇeśa, hecha con billetes de 10 rupias.

Mientras tanto, en Mumbai no parecen muy preocupados por la cuestión ambiental y miles de mūrtis son sumergidas al mar durante 24 horas de pura fiesta, donde todos entonan la misma oración: Ganapati bappa morya pudhchya varshi lavkar ya. Un pedido en marathi, la lengua de Maharashtra, para que Gaṇapati (que es otro nombre de Gaṇeśa) “vuelva pronto el próximo año”.

La playa de Chowpatty en pleno visarjan.

La playa de Chowpatty en pleno visarjan.

Yo no sé cuándo volveré, pero después de muchos años de planearlo he podido ver el visarjan de Mumbai en vivo y directo. Con penas y alegrías, reflexiones agridulces y mucho sudor, pero inolvidable al fin.

Las imágenes rumbo a las aguas.

Las imágenes rumbo a las aguas.

PS: todas las fotos son mías y se agrandan al clicarlas.

¡Jai Gaṇeśa!

El Ganesha más famoso de Mumbai

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De todos los pandals o altares callejeros que se montan en la ciudad de Mumbai para la festividad de Gaṇeśa (Ganesha), hay uno que es especialmente famoso y concurrido: Lālbaugcā Rāja (Lalbaugcha raja).

Lalbaug es un conocido barrio de Mumbai, en donde su mercado original (especializado en pescado, ya que Mumbai está en la costa del Mar Arábigo) fue cerrado en 1932. Ante esta situación los pescadores y vendedores hicieron una promesa al Señor Gaṇeśa con el fin de obtener un nuevo sitio permanente para su mercado y su trabajo. Gracias a la gestión de algunas autoridades, finalmente se les concedió un terreno donde se erigió el nuevo mercado y entonces los pescadores cumplieron su voto: instalar una estatua de la deidad con cabeza de elefante en el día de Gaṇeśa Caturthī (Ganesha Chaturthi).

Ese hecho ocurrió en 1934 y desde entonces la tradición se repite cada año. Debido a que Gaṇeśa cumplió el deseo de aquellos pescadores, esa estatua se hizo conocida por cumplir los deseos de sus devotos y, por tanto, cada nueva celebración se hizo más populosa la concurrencia, al punto de llegar a los dos millones de personas en los diez días que dura el festival.

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La fachada principal del pandal de Lālbaugcā Rāja (todas las imágenes se agrandan al clicarlas).

Para gestionar esta cantidad de devotos, los organizadores crearon dos colas diferentes: una para recibir las bendiciones directamente de la estatua, tocando sus pies de yeso, y otra para simplemente tener la visión (darśana) de Gaṇeśa. En ambos casos las filas son largas, aunque es más larga la primera, pues se supone que tocar la estatua (y hacer una ofrenda directa) es más efectivo para obtener el cumplimiento de los deseos.

Yo no tuve que hacer cola (que puede demorar horas) porque entré como periodista y recibí trato especial, pudiendo pasar a la zona “VIP” desde donde el acceso a la estatua es directo, y también pude subir a la zona de periodistas (donde hay especialmente fotógrafos y camarógrafos), con buena visión desde arriba de todo el evento.

A los lados, dos filas para tener darśana; al fondo la estatua que solo se intuye.

A los lados, dos filas para tener darśana; al fondo la estatua que solo se intuye.

Desde esta perspectiva cenital, y además con cierta comodidad, observar a la marea humana empujándose y luchando para obtener un mínimo acercamiento al ídolo me generó sensaciones ambivalentes. Por un lado, uno puede elogiar la devoción y la fe de esas personas, dispuestas a esperar por horas para apenas observar por menos de 1 minuto a la deidad y dar su ofrenda de cocos a un ayudante que las recoge en una caja sin que nunca lleguen a tocar los pies de Gaṇeśa.

Por otro lado, teniendo en cuenta que Gaṇeśa (por mucho que yo lo quiero) es considerado un dios relacionado con el plano material y con la satisfacción de esas necesidades, yo no puede evitar sentir que ese apretujado torrente de devotos pidiendo por dinero, trabajo y salud estaba más cerca del mero intercambio interesado (flores x éxito material) que de la pura devoción espiritual.

Obviamente, yo también le pido a Gaṇeśa por cuestiones materiales pero quizás porque no me tengo que empujar con nadie para ello me parece más “espiritual”. Como siempre, depende del punto de vista, que mis días en Mumbai (con su gran bullicio, la ciudad más poblada de la India) habían sesgado hacia la mirada crítica.

Para dar más datos tengo que decir también que, por un lado, los devotos pueden hacer su donación online y también así recibir su bendición, pero es bueno saber que gran parte del dinero recaudado durante el festival se usa para actividades caritativas.

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Al fin, la visión de Lālbaugcā Rāja.

La estatua de Lālbaugcā Rāja es creación, desde su origen, de una misma familia de escultores. La estatua mide unos seis metros y cada año se renueva, pues al final del festival es llevada en procesión al mar para ser sumergida en sus aguas, al igual que otros miles de ídolos de todos los tamaños. El hecho de que la estatua sea “nueva” y no sea una imagen cargada de decenas, cientos o miles de años de adoración continua influyen en mi percepción de que la masiva visita al mercado de Lalbaug es más una transacción comercial que un acontecimiento espiritual.

A este respecto, es verdad que a pesar de tener dos semanas de antigüedad, a esta imagen se le realiza el prāṇapratiṣṭhā (pranapratishtha), la ceremonia en que se le “abren” (pintan) los ojos, infundiéndole así “vida” y por tanto, según la tradición, tiene tanta sacralidad como una estatua antigua.

Mi percepción fue que tener fe en una imagen de yeso que tiene dos semanas (aunque tarde unos meses en terminarse, claro) se justificaba porque durante años (cada año una imagen distinta) ha cumplido deseos, pero no porque tenga una sacralidad en sí misma. Por supuesto, entiendo el concepto del símbolo y veo claro que esa imagen, muy hermosa por cierto, representa algo más que ese conjunto de yeso y pintura de este año actual.

Solo cuento mis impresiones, sin duda teñidas por el calor y el fragor de Mumbai, aunque sin olvidar que durante años he sido un fiel devoto del Señor Gaṇeśa (considerándolo siempre mucho más que un simple “eliminador de obstáculos”).

La imagen y sus devotos, desde el palco de periodistas.

La imagen y sus devotos, desde el palco de periodistas.

La cuestión es que cientos de miles de personas hacen fila para llegar el encuentro de Lālbaugcā Rāja. Quienes van por la cola más lenta y larga, pueden como recompensa apoyar su frente sobre los grandes pies de la imagen y dejar su ofrenda (billetes de rupias, dulces, cocos, flores, etc.) antes de ser sacados rápidamente de allí para que siga fluyendo la masa. Quienes llegan de frente, para tener la visión a lo lejos, se quedan a unos diez metros de la imagen pero no renuncian a dar su ofrenda.

Algunos devotos lanzan flores desde la distancia; otros simplemente depositan sus ofrendas en una especie de sección lateral que se va llenando de bolsas; otros ceden objetos más pesados a los voluntarios que, según el caso, los van pasando de mano en mano hasta acercarlos a la deidad. Muchos padres van con sus hijos pequeños (incluso bebés) y vi el caso de un padre que pasaba a su hijo (de quizás 6 meses) a un voluntario, para que lo pasara a otro ayudante, para que el niño llegara a tocar la valla que dividía las dos filas y recibiera las bendiciones.

Dos voluntarios poniendo una guirnalda a la deidad, en pleno ajetreo.

Dos voluntarios poniendo una guirnalda a la deidad, en pleno ajetreo.

Como ven, mi sensación no fue especialmente inspiradora, aunque mi experiencia fue completa pues además de darme motivos para reflexionar tuve pase VIP y vista preferencial, pero también me metí en el meollo por un rato, para ver y ser empujado, y hasta toqué los pies de la imagen (haciendo mi pedido material, naturalmente) e incluso me saqué una foto, como hace la mayoría de los devotos.

No quise privar a los lectores del darśana de mi cara.

No quise privar a los lectores del darśana de mi cara.

La devoción tiene muchas facetas y la religión también. La espiritualidad, en esencia, está más allá de todos estos rituales aunque para algunas personas son necesarios y útiles. Se dice que siempre, al menos, hay dos puntos de vista. En la India, eso es cierto y además se queda corto: los puntos de vista son infinitos.

La hermosa estatua al completo y sin nadie (esta imagen es de la web oficial lalbaugcharaja.com)

La hermosa estatua al completo y sin nadie (esta imagen es de la web oficial lalbaugcharaja.com)

Para que juzguen ustedes mismos comparto un breve vídeo hecho a los tumbos por mí, con el enjambre humano y la hermosa estatua de Lālbaugcā Rāja, en el día inaugural para el público:

¡Om Vināyaka Devāya Namaha!

Ganesha Chaturthi en Mumbai

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Acabo de regresar de pasar dieciséis días en la India, adonde fui con tres objetivos principales:

Gaṇeśa Caturthī es la festividad anual en honor a Gaṇeśa, la popular deidad con cabeza de elefante, que se celebra en toda la India pero que es especialmente importante en el estado de Maharashtra, cuya capital es la gran ciudad de Mumbai (antes Bombay).

Gaṇeśa Caturthī se celebra el cuarto día de luna creciente del mes hindú de Bhādrapada (Agosto-Septiembre), que este año 2015 cayó el 17 de Septiembre, y si bien ese día es el más famoso, para los habitantes de Mumbai se trata apenas del inicio de una festividad que dura diez jornadas. El primer día, en realidad, se instala una imagen de la deidad, tanto en casa o en la vía pública, para ser adorada durante todo el festival y como colofón de los festejos dicha imagen (hecha generalmente de yeso o arcilla) es sumergida en agua, en el caso de Mumbai en aguas del Mar Arábigo.

La cuestión es que el día de Gaṇeśa Caturthī la mayoría de personas aprovechan para ir a comprar su imagen del dios, que puede ser de todos los tamaños, colores y formas imaginables. Por supuesto, si es una imagen para uso hogareño será pequeña; si se trata de una imagen para un altar barrial será más grande y según el poder adquisitivo y el sitio donde se situará, la estatua puede llegar a tener varios metros de altura.

Decenas de estatuas de Gaṇeśa desplegadas para la venta.

Decenas de estatuas de Gaṇeśa desplegadas para la venta.

Al adquirir la imagen, los devotos la llevan a su casa en carros (como en la foto), en coche, cargando sobre la cabeza o en camiones.

Al adquirir la imagen, los devotos la llevan a su casa en carros (como en la foto), en coche, cargando sobre la cabeza o en camiones.

Una estatua grande de Gaṇeśa es llevada tranquilamente a su altar temporal.

Una estatua grande de Gaṇeśa es llevada tranquilamente a su altar temporal.

En este caso, las estatuas son llevadas en camiones.

En este caso, las estatuas son llevadas en camiones.

Cuando se trata de imágenes grandes y que están en la vía pública, éstas se albergan en pandals, que son altares temporales, algo así como tiendas o pabellones, hechos de palos, cuerdas y telas. Según los datos oficiales, este año el ayuntamiento de Mumbai autorizó la erección de 1146 pandals en la vía pública (aunque, según noticias, la policía investigaba otros 350 pandals montados de forma “ilegal”), lo cual da una idea de lo omnipresente que es la imagen de Gaṇeśa durante esos 10 días.

Estos pandals varían en tamaño y sofisticación y son financiados por los vecinos o por los comerciantes de una calle; en algunos casos son patrocinados por una empresa a cambio de ver su marca en los carteles; en otros casos son financiados por partidos políticos, lo cual siempre incluye una foto de los líderes políticos en los carteles.

Es decir, a veces estos altares son montados en base a la pura devoción y en otros casos un poco con fines promocionales o políticos. Lo cierto es que todas las calles de Mumbai tienen su pandal, por humilde que sea, y son siempre foco de devoción para los transeúntes y de reunión social para el barrio.

Un pandal en una calle cualquiera.

Un pandal en una calle cualquiera.

Otro pandal.

Otro pandal.

El interior del pandal de arriba.

El interior del pandal de arriba.

Otro pandal visto del exterior.

Otro pandal visto del exterior.

El interior del pandal, con luces que cambiaban de color, dando un toque llamativo. El selfie, casi tan omnipresente como Gaṇeśa.

El interior del pandal, con luces que cambiaban de color, dando un toque llamativo. El selfie, casi tan omnipresente como Gaṇeśa.

El pandal al lado de la icónica ‘Puerta de la India’, epicentro turístico de Mumbai.

El pandal al lado de la icónica ‘Puerta de la India’, epicentro turístico de Mumbai.

Las imágenes dentro del pandal anterior.

Las imágenes dentro del pandal anterior.

Un pandal de cara a la calle de un transitado mercado, con Gaṇeśa visible para todos.

Un pandal de cara a la calle de un transitado mercado, con Gaṇeśa visible para todos.

Un Gaṇeśa hecho de bolitas dulces, que también irán al mar.

Un Gaṇeśa hecho de bolitas dulces, que también irán al mar.

Cuando cae la noche muchos pandals se iluminan y dan un especial colorido a las calles de la ciudad, que envuelta en clima festivo sigue de todos modos su trajinar incesante.

Calle decorada, con el pandal al fondo.

Calle decorada, con el pandal al fondo.

La entrada iluminada de una pandal en una calle concurrida.

La entrada iluminada de una pandal en una calle concurrida.

El humilde pandal nocturno de una callejuela lateral.

El humilde pandal nocturno de una callejuela lateral.

Estuve varios días en Mumbai tratando de empaparme con el clima de celebración de Gaṇeśa y en realidad desde el primer día hasta el último no hay muchos cambios externos en la adoración y la decoración, ambos aspectos que se integran con el fluir cotidiano de la cuidad. Solo el último día, cuando se avecina el momento de llevar las imágenes a sumergir en el agua, se empieza a percibir una energía similar a la de un hormiguero en ebullición.

Cuando llega la hora, la marea humana cubre las calles y las imágenes se convierten en grandes protagonistas de un desfile multitudinario. Pero esa es otra historia, que explicaré (con muchas imágenes) en un par de semanas. Por ahora, una imagen más del Señor Gaṇeśa, durante sus diez días de fiesta.

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¡Ganapati Bappa Morya!

Templo Sri Sri Radha Gopinath en Mumbai

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Después de dos semanas de sudar de forma ininterrumpida, de escuchar bocinazos hasta en el baño (que no tiene ducha, obvio), de líneas telefónicas cortadas, mucho arroz blanco y viajes nocturnos en autobuses traqueteantes el cuerpo pide un poco del confort al que está acostumbrado.

La ciudad de Mumbai, donde estoy ahora después de pasar unos días en Tamil Nadu, tiene disponible algo de ese confort (sobre todo si uno tiene el dinero), pero aún así es una megalópolis tan contaminada y ruidosa, que saldría corriendo si pudiera.

Por razones de “investigación” decidí estar aquí unos cuantos días y entonces fue un oasis para mí descubrir cerca de mi hotel el famoso templo Sri Sri Radha Gopinath, perteneciente a ISKCON, la Sociedad Internacional para la Consciencia de Krishna, o también conocidos popularmente como los “Hare Krishna”.

Fachada exterior del templo.

Fachada exterior del templo.

ISKCON es una organización espiritual fundada por Swami Prabhupada en 1966 y está muy extendida en Occidente porque Prabhupada, a sus 70 años y siguiendo las instrucciones de su maestro, viajó en 1965 a New York en barco (con solo siete dólares y sin conocer a nadie) para difundir el mensaje entre, principalmente, la “contracultura” norteamericana que estaba viviendo el hippismo, experimentando con drogas y descubriendo las filosofías orientales.

De la “nada”, únicamente con su presencia magnética, su enseñanza sobre la devoción (bhakti) a Dios y cantando el mantra ‘Hare Krishna’, Prabhupada fue sumando seguidores de forma exponencial y se convirtió casi en una celebridad espiritual (George Harrison de The Beatles fue uno de sus devotos más famosos), pero sin perder su esencia.

De esta forma, los templos de ISKCON empezaron a surgir por todo el mundo, teniendo incluso en origen una presencia mayor fuera de la India que dentro de ella. En este contexto, en 1988 se abrió el templo de Sri Sri Radha Gopinath en Mumbai, en la zona de Girgaum Chowpatty, que está cerca del mar y actualmente es un área considerada de buen nivel económico.

Desde 1990 la persona que ha guiado el crecimiento de este templo y su comunidad es Radhanath Swami, un renunciante norteamericano que conoció a Prabhupada en los 1970’s en India, después de un viaje y una búsqueda fascinantes que están plasmados en su libro The journey home.

Fachada interna del templo.

Fachada interna del templo.

El templo en cuestión es realmente hermoso y su interior tiene pequeños balcones con arabescos tallados en madera y un suelo de mármol. Lo mejor del templo es el altar principal, que alberga al Señor Krishna en su aspecto de Radha Gopinath, es decir Krishna, en forma de vaquero, como el señor (nath) de la pastorcita (gopī) Radha, su más querida devota.

La gracia del altar, más allá de la hermosura intrínseca de las imágenes sagradas, está en la decoración general, que busca recrear la atmósfera natural y dulce de los bosques de Vrindavan, donde en origen se llevaron a cabo los ‘pasatiempos’ (līlās) de Radha y Krishna. Esta atmósfera bucólica y juguetona se logra a través de la presencia en el altar de imágenes de muchos animales como vacas, ciervos, loros, monos y pavos reales.

Altar multicolor con muchos animales.

Altar multicolor con muchos animales.

Asimismo, la decoración varía según el día. En mi primera visita el altar estaba lleno de pavos reales, incluyendo las vestimentas de las deidades hechas con plumas de pavos reales, y también el fondo de un color más bien verde. En mi segunda visita, en cambio, había una gran variedad de animales, el fondo de color rojo y las vestimentas eran multicolores.

Altar decorado con pavos reales.

Altar decorado con pavos reales.

En todos los casos pude presenciar el ritual de adoración a las deidades, con decenas de devotos circulando por el templo repitiendo de forma murmurante o interna el famoso mahamantra:

‘Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare / Hare Rama Hare Rama, Rama Rama Hare Hare’.

El ambiente es muy tranquilo, muy hospitalario y la vibración me pareció muy espiritual. Un lugar ideal para sentarse a meditar o a observar las deidades o a repetir el mantra en quietud.

En mi segunda visita, que fue en fin de semana, había un poco más de trajinar y los devotos estaban realizando la práctica de samkirtan, que es el “canto congregacional” o colectivo, lo cual es muy inspirador, y esta vez muchos devotos también estaban bailando con brazos en alto mientras repetían los nombres sagrados. Mi anfitrión, un devoto indio de la organización, me incitó a bailar y me unió a una ronda de devotos que giraban y bailaban al ritmo de ‘Hare Krishna Hare Krishna…’.

Disfrutar de esta simplicidad casi infantil de la devoción a Krishna ha sido muy inspirador para mí y es un regalo que no esperaba en este viaje a la India, que tenía otros objetivos prioritarios (como siempre, uno hace planes pero India los adapta como le place).

Estoy muy agradecido con Sri Sri Radha Gopinath por su hospitalidad, por ofrecerme un oasis espiritual en el bullicio de Mumbai y por recordarme mi amorosa relación con el Señor Krishna, el ladrón de corazones.

Consejos para viajar a la India este verano

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El verano boreal ya ha llegado y muchas personas se aprestan para las vacaciones, lo cual tiene una repercusión inesperada para mí: recibir mensajes y correos de personas que me piden consejos sobre viajar a la India. Estos pedidos me ponen en un brete, porque a pesar de haber ido siete veces a la India siempre lo hice según unos criterios muy personales y, por tanto, mi conocimiento de la India ‘turística’ es limitado. De todos modos, sí que puedo hablar de mi experiencia y ofrecer mi opinión personal, dando así información que, cada cual sabrá decidir si le es de alguna utilidad.

Lo primero que pregunto cuando me piden consejo es: “¿Cuánto tiempo vas?, ¿Solo o acompañado?, y ¿Qué intereses tienes, es decir, espirituales, turísticos, o una mezcla de ambos?”. Como estamos hablando del verano europeo, ya doy por sentado que la mayoría de personas que viajan desde España lo hacen en julio-agosto. La cuestión de la duración es importante porque la India es muy grande (el séptimo país más extenso del mundo) y en tres semanas o un mes, que es el tiempo máximo que tiene un turista estándar, no es aconsejable intentar conocerlo todo. Ni qué decir si son 15 días de viaje.

Para empezar hay que elegir si viajar al Norte o al Sur de la India, que son dos mundos muy distintos y alejados, tanto geográfica como cultural y paisajísticamente. El Sur se podría decir que empieza en Mumbai (o Bombay), aunque esta ciudad es un lugar aparte, una megalópolis de la que, según mi opinión, es mejor irse rápido. Es como pasar tu verano en Manhattan, pero sin el glamour. En realidad, mi opinión de las grandes urbes indias es mala, especialmente New Delhi, llena de contaminación y ruido, donde no recomiendo pasar mucho tiempo.

En cuanto a viajar solo o acompañado, lo pregunto porque viajar solo en la India puede ser cansador, ya que el sistema organizativo no es tan eficiente como en Occidente y uno puede sentirse perdido, deseando tener a alguien cerca que lo ayude o, al menos, comparta sus sensaciones. Mi primer viaje a la India lo hice solo y sobreviví, por lo que tampoco es tan grave, pero de todos modos mi conclusión fue que hubiera preferido tener compañía. Estas decisiones dependen de la personalidad del viajero y las circunstancias personales, pero como opción al periplo solitario existen viajes organizados que están bien.

Aquí es donde entra la cuestión de los intereses. Generalmente, las personas que me contactan dicen tener algún interés espiritual, pero evidentemente también tienen interés por conocer el país y hacer turismo, pues son sus vacaciones y quieren aprovecharlas al estilo clásico, que no incluye retiros en monasterios. Si alguien quiere recluirse es mejor que me contacte directamente, este post no es para él, sino para las personas que mezclan interés espiritual y turístico.

Monzón

Ya sé que todos van a la India en agosto porque es cuando les tocan las vacaciones, pero tengo una mala noticia para darles: no es la mejor época para ir. En Julio se supone que comienza el monzón, la larga temporada de lluvias que tanto caracteriza a la India y, por tanto, agosto es un mes pasado por agua. Como todos sabemos, el clima está muy loco, pero no tanto para que no haya monzón; de hecho, hace una semana (16-17 de junio 2013) el río Ganges creció abruptamente por las lluvias adelantadas, provocando grandes catástrofes en muchas zonas de los Himalayas y dejando aislados a muchos peregrinos. La moraleja de esto, para mí, es que en agosto es mejor no ir a las montañas.

Otra opción es ir a Rajastán, que es desierto y aunque llueva es más soportable. Además, Rajastán es la típica zona por la que el turista occidental se adentra en la India por primera vez, ya que sus palacios reconvertidos en hoteles y su buena infraestructura turística son de lo más visto en los folletos de agencias de viajes. Para algunos viajeros puede ser bueno entrar por lo clásico y así disminuir el choque sensorial y mental que produce llegar a la India.

Varias personas parecen tener interés en visitar Goa, un pequeño estado bastante más al sur de Mumbai, famoso por su pasado como colonia portuguesa, paraíso hippie y epicentro festivo. Yo nunca he estado en Goa. Según mis fuentes, que son de fiar, Goa no es sólo fiesta y drogas que (si uno quiere) se pueden evitar sin problemas, sino que también hay muchas opciones para hacer yoga, con profesores buenos e internacionales.

Por su influencia portuguesa hay muchos cristianos e iglesias, creando un contraste interesante con lo hindú, más predominante en el resto del país. De todos modos, el monzón se interpone otra vez y, al parecer en julio y agosto no hay mucho que hacer, salvo esperar hasta noviembre, que es la época buena las actividades de todo tipo

Por supuesto, Goa tiene playas, y eso es lo que más atrae a muchas personas. En la India hay varios sitios con playas conocidas. En cualquier caso, mi opinión, polémica, es que la India no es el sitio para ir a hacer playa. Por un lado, la relación de los indios con la playa no es la de los occidentales, que vamos prácticamente desnudos a bañarnos y tomar el sol. Yo también me he bañado en la India pero nunca me sentí cómodo, aunque quizás sea, según se vea, por mi respeto a las costumbres locales o por mi excesivo puritanismo.

Por otro lado, el mar de la India es más bien océano y sus aguas no son nada amigables, al menos esa es mi experiencia. Si yo quisiera bañarme en aguas calmas, cristalinas y cálidas me iría a Formentera, que es más cerca y más bello en cuanto a su mar. Si, además de mar, el viajero desea algunas experiencias ‘exóticas’ que no se encuentran en las Islas Baleares, entonces que se vaya a Tailandia.

Lo espiritual

La única razón ir en agosto a la India es, entonces, tener algún interés espiritual que equilibre las dificultades de la lluvia. Si tienes poco tiempo, intereses espirituales y es tu primer viaje, quizás te conviene un viaje organizado. Tengo muy buenas referencias de Mil Indias, un reducido grupo de personas espirituales que recorren Himalayas y Nepal por un lado, y el Sur de la India por otro.

Mi opinión es que lo más conveniente durante agosto es viajar al sur, pues allí el monzón llega algo más tarde que al norte. Eso no quiere decir que no llueva en agosto, pero no es el mes principal de lluvias. El Sur de la India también es muy extenso y por eso el viaje de Mil Indias está bien, porque toca pocos puntos pero importantes. En cualquier caso que uno elija, este debe ser el método: calidad sobre cantidad, ya que trasladarse en la India es lento y cansador.

Si tengo que decir lugares espirituales (y no por ello carentes de interés turístico) que valen la pena en el sur, diría especialmente sitios en el estado de Tamil Nadu: Tiruvannamalai y su montaña de fuego; el alejado pueblo de Rameshwaram, que está en una isla; Madurai y su colorido templo de Minakshi; Chidambaram y su venerado templo de Shiva Nataraja; Kanyakumari, el extremo sur del país. Asimismo, el estado de Kerala, muy exuberante y tropical, es hermoso de conocer.

Después de tantas malas noticias con el monzón y las playas, quiero decir que, por más poco tiempo que uno tenga para el viaje, los días en la India rinden el doble que en otro país, ya que los estímulos y las experiencias que se viven allí son únicos. Sobre todo si uno va como buscador espiritual.

En este sentido, y como último dato, por más genuinamente espiritual que uno sea, es mejor no ir esperando ningún tipo de experiencia mística ni revelación trascendental, porque entonces no pasa nada.

Negociaciones en Bombay

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Los seguidores del blog habrán notado que por tercera vez en un mes, aparece la ciudad de Bombay/Mumbai como eje temático. Los seguidores, también habrán notado que en las dos entregas anteriores el tono general era más bien alicaído, ya que mi interés por estar en la ciudad era muy poco, y sólo esperaba tomarme el avión de regreso a casa.

He contado mi llegada a la India a través de Bombay, y he contado mi regreso a la ciudad más poblada del país, para enfrentarme a una forzada estadía de una semana. Al decir de un lector, “he dado muchas vueltas” con el texto, para finalmente no decir casi nada, más bien sensaciones, y pocos hechos.

En esta última parte de mi experiencia con Mumbai me propongo contar brevemente lo sucedido en aquella estadía hebdomadaria, que por más banal que sea, dará un esperado cierre a este tema, tanto para mí como para los lectores.

Slum

Ya ha sido dicho que Bombay es la capital comercial y financiera de la India. Como pasa en las grandes urbes, los contrastes son grandes. Los hombres más ricos de la India residen allí; el motor económico del país se mueve desde allí; el flujo migratorio hacia allí es permanente en busca de crecimiento económico… a su vez, alrededor del 60% de la población de Mumbai vive en “slums”.

Uso la palabra inglesa “slum”, porque no sé bien cuál es el término justo para describirlo en castellano. Por un lado, en Argentina se podría traducir como “villas miseria”, o cruzando la frontera se podría usar la tristemente universal palabra brasilera, “favela”. Por otro lado, cuando uno busca en el diccionario se encuentra con palabras como “chabola” y “pocilga”.

Por algún motivo, el título de la película ganadora de tantos Oscars en 2009, “Slumdog Millonaire”, generalmente no fue traducido en los países de habla hispana. El término “slumdog” se podría traducir como “perro de chabola”, que es una forma despectiva de llamar a los habitantes de los “slums”. Se ve que el problema de traducción era más resoluble dejando el título original (de hecho, en Italia la película se tituló como “Millonaire”, a secas).

La dificultad de encontrar un término exacto no es sólo idiomática, sino cultural. Es decir, lo que en Occidente se considera una “chabola”, no es siempre equivalente en la India, donde el nivel de confort y riqueza es mucho más bajo.

Cuando leo una estadística como la de más arriba me parece terrible, a la vez que trato de buscarle algo de relatividad, como para poner en contexto esos números y entenderlo desde varios puntos de vista.

Como es lógico en un turista, durante mi estadía en Bombay no fui mucho más allá de las zonas preparadas para ese fin. Es decir, no me metí en Dharavi, el segundo “slum” más grande de Asia, por ejemplo. Por otra parte, para descubrir el contraste social y económico de una ciudad no hace falta investigar demasiado; en todas las grandes ciudades éste se deja ver de alguna forma, y con más razón en la India, donde las condiciones de vida son, para el ojo occidental, mucha veces inadmisibles.

Saliendo de la zona central, hacia la periferia, especialmente en el largo camino al aeropuerto, pude ver muchas “chabolas”, o en realidad, personas durmiendo prácticamente en la calle con una chapa o cartón como techo. Nada que no haya visto en otros lugares, pero a mayor escala, como todo en la India. Dicen que después de mi viaje en 2003, el ayuntamiento de Bombay “limpió” esa imagen. Los turistas, por supuesto, agradecidos.

Puerta

Hablando de turismo, la ciudad tiene algunos atractivos que, por si hace falta repetirlo, a mí mucho no me interesaban. Pero visto que tenía una semana de espera, decidí salir a recorrer.

El primer lugar de visita es obligado: la Puerta de la India. Se trata de un monumento en forma de arco construido para conmemorar la visita del rey británico George V en 1911. De todos modos, la puerta fue recién terminada e inaugurada en 1924. La puerta tiene veintiséis metros de alto y la intención era convertirla en la primera vista que tuvieran los visitantes al llegar a la ciudad.

Efectivamente, la vista de la Puerta desde el agua, junto al lujoso hotel Taj Mahal, son una imagen icónica que se repite sin cesar en cada postal. De todos modos, vista desde tierra y de cerca, la puerta no presentó gran atractivo para mí, aunque admito que con este espíritu simplificador el Arc de Triumph y el Arco de Tito,  también se podrían considerar apenas como dos arcadas.

Otro icono de la ciudad es Victoria Terminus, cuya construcción data de fines del siglo XIX, con un diseño gótico que presenta algunas similitudes con la estación londinense de Saint Pancras, donde se filmaron algunas escenas ferroviarias de la saga de Harry Potter.

La estación de Victoria Terminus todavía es el cuartel general de los Ferrocarriles Indios Centrales, aunque su nombre oficialmente haya cambiado en 1996 al de Chatrapati Shivaji. Este cambio sigue la tónica de renombrar ciertos lugares con antiguos nombres indios, en contraposición a las designaciones heredadas de la colonia británica; tal es el caso de la colonial Bombay vs. la moderna Mumbai.

Además de estos iconos, uno de mis lugares frecuentes fue el Oval Maidan, un gran parque con forma ovoide, que tiene propósitos meramente recreativos y que para mí era un oasis en la gran metrópolis india. Allí, sentado bajo la escueta sombra de las palmeras, yo dejaba correr el tiempo pasivamente; quizás justamente por ello, el tiempo más bien caminaba y mis horas se hacían más largas de lo usual.

Uno de mis entretenimientos en aquellas horas muertas era comer trozos de fruta que eran vendidos en unas canastita de hojas, y que traían sandía, papaya, banana e incluso remolacha y pepino.

Pero mi principal entretenimiento era ver cricket.

Cricket

¡Como habré estado de aburrido para entretenerme con el cricket! Saben de qué hablo, ¿verdad? Ese juego que parece béisbol (baseball) pero es todavía más estático. La idea es siempre la de pegarle a la pelota con una especie de bate, que en este caso es plano (como un remo sin el mango), pero de pique al suelo. Para ser sincero, no conozco las reglas y mi análisis es más bien sesgado, pero no me puedo resistir. Ahí vamos:

En el cricket, los test matches (que viene a ser los grandes partidos) duran días enteros. Eso da una idea de lo lento que es este juego. Otro síntoma de la duración y el aburrimiento del cricket, para mí lo demuestra el hecho de que gran parte de sus jugadores tengan que llevar sombreros estilo panameño para cubrirse del sol. No para cubrirse del reflejo del sol en los ojos, o para evitar que el cabello caiga sobre los ojos, como en otros deportes, sino un sombrero pura y exclusivamente para evitar que la exposición solar después de tantas horas deje secuelas. De hecho, los jugadores de cricket se ponen protector solar en el rostro.

Desde mi punto de vista, ningún juego y/o deporte divertido puede implicar jugadores con sombrero, crema solar en el rostro y manos cruzadas atrás de la espalda, esperando por horas que una pelota se digne a llegar hasta su zona de injerencia.

Para apoyar mis ideas radicales, hay una película canadiense llamada “La gran seducción” (La grande séduction, en francés original), en la que los habitantes de una minúscula isla necesitan los servicios de un médico permanente. Para convencerlo de quedarse, entre otras cosas, los isleños inventan un equipo de cricket y se hacen pasar por apasionados de ese deporte, del cual desconocen todo.

La escena que resume el esfuerzo de la población se da cuando en el televisor del único bar todos simulan ver un anodino partido de cricket; en un momento dado, el doctor, único interesado, se va al lavabo, y entonces los isleños aprovechan para cambiar al partido de hockey sobre hielo, que con su fricción y velocidad les hace volver la pasión al punto de gritar efusivamente un gol. El doctor, escuchando los alaridos, y a mitad de su trámite urinario, se desespera por volver a la sala, para conocer el motivo de tal euforia.

Así, mientras el doctor regresa jadeante al grito de, “¿Qué pasó?, ¿qué pasó?”, el canal es cambiado de nuevo, y todos los espectadores se limitan a mirar desilusionados la partida de cricket, sin poder siquiera inventar una mentira creíble sobre la inexistente pasión del cricket.

Conversión

Obviamente, estoy hablando con una mentalidad totalmente estrecha, criado bajo la égida del fútbol. Con argumentos diferentes pero conclusiones similares, los norteamericanos consideran al fútbol como aburrido (porque puede terminar sin puntuación, es decir 0-0) y tendencialmente femenino (la selección de fútbol femenino de USA ha salido dos veces campeona mundial, a diferencia del combinado masculino).

Con este ínfimo ejemplo, entiendo que mi opinión sobre el cricket está muy parcializada. Conozco a Prem, un joven holandés con ascendencia india, que fue criado en Europa y ahora vive en el Sri Premananda Ashram de la India. Él es el propulsor del fútbol entre los niños del orfanato y la escuela del Ashram. Sin embargo, cada nuevo año que lo visito, lo veo más interesado en el cricket, deporte nacional por excelencia en la India. Ante mis reproches, él explica que una vez que se comienzan a entender las reglas, la opinión sobre el juego cambia. Él también, me dice, pasó del escepticismo total al interés redoblado.

¿Qué decir? En una tierra de fe como la India, hasta creo en milagros de cricket.

Regateos

Además de los partidos de cricket, mi esparcimiento fundamental en aquellos días fue salir de compras. En realidad, salir a mirar, sopesar, regatear, y con mucha suerte, comprar.

Por un lado, era la oportunidad perfecta para comprar algunos regalos, ya que el tiempo me sobraba, tanto como los vendedores. Al estar en zona turística, las ofertas eran permanentes y variadas. En las jornadas en que me sentía más fuerte, salía rumbo a los puestos y empezaba a comparar, regatear y luchar por objetos que me interesaban.

De esta manera, me probé muchas remeras con deidades hindúes estampadas, y finalmente traje unas cuantas; compré porta-inciensos y cajitas de colores. Pase muchas horas negándome a pagar altos precios por bolsos, que los vendedores exaltaban recalcando que eran de “cuero de camello”. Me encontré con un vendedor de tambores, a quien había conocido en otra parte de la India, y que aquí como allí, volvió la carga.

Yo me quejo del acoso de los vendedores, pero no debe haber peor cliente que yo mismo en aquella época. No es que ahora sea un gran comprador, pero en aquel entonces, regatear se había convertido en un acto reflejo. Podía pasarme media hora regateando, para luego irme y volver al día siguiente a empezar de nuevo. Todo esto por quince rupias, que a mí no me cambiaban en nada.

En este sentido, conozco otros casos, más o menos cercanos, que sufrieron el mismo síndrome, pero no por ello me alivio.

Caracolas

El paradigma de esta “fiebre de regateo” llegó con el tema de las caracolas. Sobre todo porque al tomar el avión de regreso a Argentina, mis padres me habían dejado un encargo ineludible: comprar una caracola sagrada.

Explico: Desde tiempos inmemoriales, la caracola de mar (conocida como Shankha en sánscrito) es considerada sagrada por el Hinduismo, y más tarde por el Budismo. Específicamente, se trata de una caracola más bien alargada y puntiaguda, de base ancha, típica del Océano Índico y mares adyacentes, de color claro y textura porcelanosa en su interior.

En el Hinduismo, la caracola es uno de los atributos del dios Vishnu, además de ser la morada de su consorte, la diosa Lakshmi. En la antigüedad, la caracola fue usada como trompeta de guerra, y a día de hoy se continua usando como trompeta, aunque con fines religiosos. Para el uso musical es generalmente necesario hacer un agujero en la base de la caracola, que a la sazón produce una nota sonora invariable, monótona pero penetrante y profunda.

Asimismo, otro de los usos de la shankha es el de herramienta para el tradicional ritual llamado abishekam. Abishekam se llama al baño ritual que se realiza con agua a estatuas o imágenes sagradas. En estos casos, la forma más auspiciosa de verter el agua sobre la imagen es con una caracola sagrada. Justamente para este fin era que mis padres me habían pedido comprarles una.

En realidad, para que una caracola sea considerada verdaderamente sagrada tiene que tener un detalle más: la dirección correcta de crecimiento. Es decir, la forma en que nace su curva desde la base, que puede ser siguiendo las agujas del reloj o en su contra. Vista con la apertura hacia arriba, la caracola que tiene un crecimiento en contra de las agujas del reloj (empezando hacia la derecha) posee una apertura hacia la derecha. Estas caracolas son consideradas sagradas.

Y parte de ello se debe a que son una especie muy rara de encontrar, pues la mayoría de las caracolas tienen una espiral de crecimiento hacia la izquierda, que se deduce también en una apertura final hacia la izquierda.

En el caso de las caracolas sagradas, que la apertura esté a la derecha es consecuente con la idea, tanto hinduista como budista, de que el lado derecho es la representación de lo noble y lo puro.

Negociaciones

En Mumbai, mis negociaciones por conseguir una buena caracola no fueron fáciles; después de todo son sagradas. Una vez cumplida la fase de mi estudio de mercado inicial me encontré con que solamente había dos puestos callejeros de venta de caracolas. Al menos en el itinerario turístico que yo manejaba. La otra opción eran las tiendas, pero los precios eran más altos.

En mi primera visita, recorrí los puestos haciéndome el desinteresado y pregunté al pasar algunos precios, desdeñándolos, por supuesto. Al siguiente día, y a pesar de mi fingido desinterés, los vendedores ya sabían que era presa fácil, pues un potencial cliente que vuelve es, para ellos, un cliente seguro. De la misma forma que, se dice, los perros huelen el miedo; los vendedores de caracolas notaban mi interés hasta en la forma de caminar.

Yo me sentía en inferioridad, pero decidí luchar. Un día me levanté determinado a terminar con la agonía y fui directo a un puesto de venta. Los precios me parecían altos y el tamaño de las caracolas pequeño. Entonces me trasladé al segundo puesto, ubicado a unos treinta metros. Cuando empecé a pedir mejores precios y grandes caracolas, ¡me empezaron a traer la mercancía del primer puesto!

Hasta el día de hoy no entiendo la forma en que los indios manejan sus sociedades de negocios, ¡pero lo seguro es que a mí no me convenía! Me puse duro, y entonces me prometieron caracolas más grandes para la tarde.

Ya por la tarde, las caracolas era más grandes, aunque tampoco demasiado, y los precios eran los mismos. Yo seguía luchando, a sabiendas de que tendría que rendirme en algún momento. Viendo mi indocilidad transaccional, uno de los vendedores (porque esto era una lucha desigual…) puso en el tapete una oferta especial: una pequeñísima caracola que se agregaba a la grande, con sólo un leve cambio de precio.

Además de la caracola grande, para mis padres, yo también necesitaba una pequeña caracola para mis futuros y simples abishekams a la reciente estatuilla de Ganesha, que me había sido dada por Swami Premananda. En ese contexto, la introducción de la oferta fue, para mí, el momento de quiebre, y desembolsando más de mil rupias, que todavía un poco me duelen, me llevé lo que necesitaba.

Visto en retrospectiva, no fue un negocio tan malo, pues las dos caracolas siguen en uso permanente, por lo que ya amortizamos su precio; sumado al hecho de que siguen sanas y tan sagradas como el primer día.

Paces

Debido a la eterna y ubicua verdad de que “uno siempre quiere lo que no tiene”, yo me pase una semana en Bombay, queriendo volver a Argentina. Muchas veces más tarde, recordando esos días, se me ocurrieron ideas y planes para llevar a cabo, y por ende deseé estar de vuelta en la ciudad más grande la India.

Desde lejanos ordenadores, muchos amigos veían lucidamente la situación, mientras me aconsejaban y hasta regañaban por no aprovechar el momento. Yo, en algún punto, también lo veía claro, pero en el fragor de mi victimismo, era incapaz de revertir la tendencia de mis atávicos hábitos.

Muchas otras veces, en lugares y situaciones menos lejanas o exóticas, la misma escena se sucedió. Me gusta creer que con los años voy aprendiendo la lección, y que en la próxima oportunidad pasaré la prueba. Hasta entonces no podré saberlo.

Lo único seguro es que, tarde o temprano, tendré que regresar a Bombay, para amigarme con mi recuerdo.

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