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Similitudes y diferencias entre mokṣa, kaivalya, nirvāṇa o samādhi

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En el curso presencial de Filosofía & Yoga que imparto en Barcelona surgió la pregunta de la diferencia entre varios conceptos sánscritos referentes al estado espiritual más elevado que puede alcanzar una persona, y que a veces llamamos “iluminación”. Como seres comunicacionales inevitablemente debemos usar las palabras para entendernos, a la vez que las palabras justamente nos pueden jugar en contra con conceptos tan sublimes que están más allá de lo que nuestra limitada mente analítica puede aprehender.

A la limitación lingüística hay que sumarle que cada escuela filosófica agrega su cosmovisión particular a los conceptos tradicionales y que, según quién los diga, su sentido puede verse modificado. En cualquier caso, a continuación hacemos una breve exposición de la terminología y su uso más difundido:

Mokṣa: También conocido como mukti. En ambos casos, el término viene de la raíz verbal √muc, que es “soltar, liberar”, y se suele traducir como “liberación”. De todos los conceptos referidos a la “salvación” mokṣa es probablemente el más usado, ya que es el más importante de lo que, en la tradición hindú, se conoce como los puruṣārtha, los cuatro “fines de la vida”. Según el hinduismo toda persona puede disfrutar de los placeres sensoriales (kāma) y procurarse bienestar material (artha) si lo hace con rectitud, siguiendo el deber social y moral (dharma). Eso sí, el fin último siempre es mokṣa, la liberación del saṁsāra, es decir la rueda de muerte y renacimiento, donde hay altibajos constantes y cuyo balance final siempre es el sufrimiento.

¿Qué pasa cuando uno alcanza mokṣa? Pues la respuesta varía grandemente según la escuela filosófica que responda, pero la declaración unánime es que se trata de un estado de plenitud en el que no hay más sufrimiento ni condicionamientos.

moksha

Kaivalya: Es el término que usan las filosofías Sāṁkhya y Yoga, entendiendo esta última como la escuela basada en los Yogasūtras de Patañjali. Viene de la palabra kevala, que significa “solo, exclusivo, aislado, sin mezcla” y se traduce como “aislamiento”.

La idea puede sonar mal, pero hay que entender que se refiere a la desidentificación entre el espíritu (puruṣa) y la materia (prakṛti), de manera de separar o “aislar” aquello que realmente somos y nunca cambia – espíritu – de lo que está en cambio constante y, por tanto, nos hace sufrir. No se trata de un rechazo a la materia sino más bien de desidentificarse de sus modificaciones que, a la larga, siempre llevan a la enfermedad, la vejez y la muerte físicas. Esta diferenciación se logra mediante el aquietamiento de la mente (nirodha) y el conocimiento discernidor (viveka khyāti). Según se explica, en el estado de kaivalya no hay placer ni dolor sino una paz imperturbable.

Una de las posibles traducciones de la polisémica palabra yoga es “unión” y actualmente la definición más popular de Yoga como disciplina es “unión de mente, cuerpo y espíritu” o quizás “unión de lo individual con lo Supremo”. Es paradójico que la meta final de la filosofía Yoga de hace dos mil años haya sido, no tanto la “unión”, como la “separación” de la consciencia que siempre está observando respecto a la mente que, en realidad, es el objeto de observación.

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Nirvāṇa: Viene del sánscrito √ que es “soplar” y que con el prefijo privativo nir podría ser “sin soplido” o incluso “apagar soplando”, ya que refiere a un elemento – quizás una vela – que se “extingue”. Refiere a un estado de cesación y calma, donde incluso sin soplar el viento la llama de la vela es consumida, como símbolo de la extinción de todos los deseos que nos llevan a crear karma que es, su vez, lo que nos lleva a renacer.

Nirvāṇa (en lengua pali es nibbāna) es el término utilizado por excelencia en el budismo, sobre todo más antiguo, para referirse a la meta de la vida, que no es otra cosa que la liberación de la rueda del saṁsāra. Como en muchos otros casos, el cruce de influencias entre budismo e hinduismo es obvio. La misma palabra nirvāṇa aparece como el fin último en el Mahābhārata, la gran épica hindú. De todos modos, es un concepto preferentemente asociado al budismo.

vela

Samādhi: Su etimología es sam + ādhā, “poner en conjunto”, pero hacer una buena traducción a la altura de este difundido concepto es ardua tarea. Es en la filosofía del Yoga de Patañjali donde más se trata este concepto y allí se presenta tanto como parte del método de ocho elementos (aṣṭāṅga yoga) como su misma meta. Como técnica meditativa, samādhi refiere al estado más refinado de concentración mental en que, aquietando su actividad mental, el sujeto meditador se funde con el objeto de meditación y, en consecuencia, toma consciencia de ser algo separado de su propia mente. Para complicarlo más, Patañjali distingue diferentes tipos de samādhi según los procesos mentales que ocurren durante la meditación.

Entre las posibles traducciones tenemos: contemplación, interiorización completa, absorción, concentración, éxtasis o, como dice Mircea Eliade, énstasis, ya que la experiencia yóguica no va hacia afuera (ex) sino hacia dentro (ens). Para mí la mejor opción es no traducir la palabra, como hacemos con muchos otros términos sánscritos.

En cualquier caso, la naturaleza del samādhi final también es motivo de debate porque, siendo un tipo de concentración mental, algunos estudiosos limitan su experiencia al ámbito de la meditación. Otros, en cambio, consideran que, una vez alcanzado, ese estado se puede mantener en el día a día cotidiano.

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Como conclusión personal, creo que los diferentes términos son diferentes formas de expresar lo que, en esencia, es una misma experiencia. Por supuesto, los métodos para llegar a esa experiencia varían según cada escuela e incluso lo que sucede en ese estado de “liberación” es presentado de forma diversa según cada caso. Dependiendo de nuestra personalidad y tendencias un camino o un concepto pueden ajustarse mejor que otros.

Ojalá todos encontremos el que nos corresponde y ojalá, sobre todo, tengamos la determinación de seguirlo.


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Guru Pūrṇimā 2014 y la Śrī Guru Gītā

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Cada año, con la luna llena de julio (en realidad, del mes hindú de Āṣāḍha) todos los aspirantes espirituales nos ponemos muy contentos porque es el momento de celebrar Guru Pūrṇimā (Guru Púrnima), el día del maestro espiritual. Es un hecho conocido que (casi) nadie nace sabiendo y que para aprender cualquier materia de este mundo hace falta un guía. Por eso se dice que para todos los seres la madre es el primer guru; de la misma forma que al maestro de escuela se le considera un guru y también a aquel que nos enseña un oficio, a tocar un instrumento o a conducir.

Con este criterio, en Guru Pūrṇimā honramos a la(s) persona(s) que nos guía(n) en el camino espiritual, ofreciéndonos así el aprendizaje más valioso del mundo ya que nunca se pierde y porque nos lleva a la felicidad y al auto-conocimiento. Quienes tenemos la fortuna de tener un maestro espiritual, dedicamos ese día especialmente a él o ella; mientras que aquellas personas que no tienen un guru particular aprovechan para honrar a todos los maestros y a pedir, por qué no, por llegar a conocer a su guru en esta misma vida.

Aquí me parecen pertinentes las palabras del yogui Sri Dharma Mittra: “Excepto en el caso sumamente raro en que uno ya nace residiendo por completo en el corazón espiritual, generalmente como resultado de una intensa práctica espiritual en previas encarnaciones, un Guru es una necesidad absoluta“.

Efectivamente, para la tradición espiritual de la India, basada en la transmisión de conocimiento a través de la relación guru-discípulo, el Guru lo es todo. De hecho, como conté el año pasado por estas fechas, el guru se equipara a Dios.

Justamente sobre la naturaleza del guru, la forma correcta de adorarle, el poder de su gracia y la importancia de la relación guru-discípulo habla la Śrī Guru Gītā, un himno sánscrito cuyo título significa simplemente: “Canción del Guru”. La Guru Gītā es atribuida al sabio Vyāsa (el mismo que compuso el Mahābhārata) y se presenta como un diálogo entre el Señor Śiva (Shiva) y su esposa, la diosa Pārvatī (Párvati), que según la mayoría de entendidos aparece en el Skanda Pūraṇa.

Como pasa con muchos textos tradicionales, hay más de una versión de la Guru Gītā: algunos linajes hablan de 182 versos, otros de 216, otros de 352 estrofas y siempre habrá otras opciones, pero sea cual sea la versión elegida, ésta contendrá algunos mantras que destacan con luz propia como mantras independientes sobre el rol del guru (obviamente estos mantras también tienen sus pequeñas diferencias formales según la fuente).

Uno de ellos es el que quiero compartir hoy, en vísperas de Guru Pūrṇimā:

dhyānamūlaṁ gurumūrtiḥ pūjāmūlaṁ gurupadam /
mantramūlaṁ guruvākyaṁ mokṣamūlaṁ gurukṛpā //

Una traducción bastante literal sería:

La raíz de la meditación es la forma del maestro; la raíz de la adoración son los pies del maestro /
La raíz del mantra son las palabras del maestro; la raíz de la liberación es la gracia del maestro //

La palabra sánscrita mūla puede significar “raíz” y también “base, fuente, origen, causa”. Por tanto, uno puede intercambiar cualquiera de estos términos y el mantra seguirá teniendo un profundo sentido.

En su libro El juego de la conciencia, por ejemplo, el famoso Swami Muktananda explica que su “método de meditación” era meditar en el propio Guru, lo cual define como “el camino supremo” que da “el más grandioso de los frutos”. En la tradición espiritual se explica que imitar al propio guru tanto física, mental y espiritualmente es uno de los grandes secretos para que el estudiante llegue a su objetivo de ser auto-realizado.

Swami Muktananda junto a su guru, Bhagavan Nityananda.

La adoración a los pies del Guru puede ser simbólica, aunque en la tradición hindú es más bien literal y se explica en el hecho de que los pies son tradicionalmente considerados como un “terminal de poder y gracia espiritual”, como dice Georg Feuerstein en su libro La tradición del yoga. Asimismo, el hecho de postrarse a los pies del guru también expresa la auto-entrega por parte del devoto. Es decir, es la forma externa de demostrar su devoción y obediencia interna a las enseñanzas de ese maestro particular. Sin genuino respeto y adoración por el propio maestro, el aspirante, en general, no podrá tener esas cualidades esenciales con el resto del mundo.

Las palabras del maestro son sagradas. La tradición considera que incluso cuando el maestro dice algo que al discípulo le parece ilógico, es su deber seguir y obedecer lo que diga el guru. Evidentemente, un maestro genuino fomenta el sentido de la discriminación en sus estudiantes y los insta a reflexionar y analizar, pero también sabe que la mente tiene muchos trucos y que el laberinto intelectual no siempre tiene salida. Por tanto, si quiere avanzar realmente en el sendero, hay veces en que el estudiante simplemente debe tener fe inquebrantable en las palabras de su guru y seguir sus órdenes o consejos ciegamente.

La liberación o moka (moksha) implica salir de la rueda de muerte y nacimiento y estar libre de todo condicionamiento material; es decir, ser uno con la esencia universal que es la misma que la propia. Este maravilloso fenómeno ocurre, únicamente, con la gracia o kpā (kripa)del maestro. Es decir, uno tiene que hacer su parte, su práctica y su esfuerzo, pero para terminar el proceso de liberación total, siempre es necesaria esa gracia espiritual.

Este mantra que acabamos de ver se puede escuchar (en el minuto 2:05) en una hermosa canción de Krishna Das llamada Shiva Puja & Chant:

Este año 2014, Guru Pūrṇimā cae el sábado 12 de Julio. En nuestra familia haremos un par de festejos en Barcelona. Por un lado, por la mañana, mi esposa Hansika dará una clase especial de yoga, una práctica completa de dos horas con āsana, prāṇāyāma y meditación al estilo Dharma Yoga, en honor a nuestro maestro de yoga Sri Dharma Mittra. Si quieres unirte a las pocas plazas disponibles puedes ver detalles aquí.

Por la tarde, haremos una reunión espiritual en nombre del Centro Premananda de Barcelona para realizar una Guru Pāda Pūjā, es decir un ritual a los pies simbólicos del maestro que, en este caso, es nuestro guru Sri Swami Premananda. También habrá cantos y debate de temas espirituales. Es un evento abierto y gratuito en el que todos son bienvenidos. Detalles aquí.

Swami Premananda

De hecho, como suele pasar últimamente en el Sri Premananda Ashram, ha habido un milagro ante la proximidad de Guru Pūrṇimā: una vez más ha salido espontáneamente (el 4 de julio 2014) vibhuti de la estatua de Swami Premananda en el templo del Ashram. Una confirmación más de que el Guru está siempre presente. 

La estatua de Swami cubierta de ceniza sagrada.

Para acabar este post, quiero compartir estas recitaciones de la Guru Gītā en que aparece el mantra explicado más arriba, aunque es apenas un momento más en un largo himno de alabanza que es hermoso y muy meditativo.

La versión del linaje Siddha Yoga de Swami Muktananda:

La versión de la Misión de Amma:

¡Jai Guru!

Banaras, a mystic love story

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A pesar de mi ignorancia cinematográfica, cada tanto se me da por escribir sobre alguna película debido a que posee algún componente espiritual, aunque sólo sea siguiendo el hilo de la libre asociación de ideas. Esta semana, la película que presento tiene de por sí un contenido muy espiritual, así que no se trata de una referencia traída de los pelos.

Se trata de Banaras, a mystic love story, un film indio del año 2006, por lo que me pueden reprochar que no les esté trayendo el último grito de Bollywood. Más allá de mi tardanza, lo que no podrán negarme es la profundidad de algunos mensajes que tiene el largometraje, que por lo que he leído no tuvo una masiva repercusión. Si bien una película comercial con tanto basamento espiritual es mucho más posible en la India que en países occidentales, eso no quita que los grandes éxitos de allí tiendan a tratar temas más ‘mundanos’.

En todo caso, la historia de base es sobre una pareja que encuentra trabas externas para concretar su amor, es decir, la vieja historia tantas veces repetida, pero con trasfondo místico. La chica, de casta brahmán y clase acomodada, se enamora del chico, que es huérfano, y que como fue criado por una barrendera es considerado de casta baja. Además, hay un Guru que se hace cargo de la guía espiritual del chico desde pequeño, enseñándole la profunda sabiduría que contiene la filosofía Vedanta.

De esta forma, con enseñanzas transcendentales que se dictan explícitamente de maestro a discípulo, con el amor sensual mezclándose con el amor Divino, y con algo de música y baile, la película me pareció atrapante. Aah, el toque extra lo pone la ciudad…

Varanasi

Como se puede deducir del título, la historia se desarrolla casi totalmente en la sagrada ciudad de Banaras. Y si no se deduce es porque la ciudad en cuestión tiene tantos nombres que puede confundir. Estamos hablando de Varanasi, la ciudad más sacra de la India, quizás también la más antigua, fundada por el mismo dios Shiva según las escrituras hindúes. Con el río Ganges de color ‘café con leche’ fluyendo a su orilla, todos hemos visto imágenes de este sitio, que también es conocido como Kashi, Benares, Benaras y, claro, Banaras.

En la tradición védica, la forma de morir es considerada de gran importancia, pues se dice que la muerte es el momento más importante de la vida, aquel para el que uno se prepara durante toda la vida, ya que es el momento que determina la próxima encarnación del alma y el que muestra el verdadero estado de consciencia del individuo en cuestión.

En este sentido, los hindúes consideran que morir en Varanasi libera del ciclo de nacimiento y muerte, de forma que su propia alma no tendrá que reencarnar si abandona el cuerpo en un sitio tan sagrado como Benares y así alcanzará el objetivo de todos los seres, que es moksha, liberación, el regreso a la esencia Divina original. Es por ello que tantos hindúes llegan a Varanasi a pasar sus últimos días.

Asimismo, las últimas palabras (que es lo mismo que los últimos pensamientos) de una persona cuando muere son fundamentales para su próxima encarnación (o incluso para liberarle de la rueda de nacimiento y muerte). Puede sonar simple de lograr, pero según dicen los sabios, si uno ha vivido una vida sin pensar en Dios, es imposible que en el momento de la muerte uno piense en lo Divino. En este sentido, la historia de Gandhi y la repetición del nombre Divino en el instante de su asesinato es un caso paradigmático (se puede leer aquí).

La misma idea, pero con diferentes resultados, es la que relata la antigua historia india del sabio rey Bharata, que ya anciano, después de reinar el mundo por muchos prósperos años, se retiró al bosque para realizar una vida de asceta, tal como dicta la tradición. Un día, el rey vio un venado recién nacido cuya madre había muerto, por lo que se apiadó de él, cuidándolo y encariñándose como si fuera miembro de su familia. Bharata se apegó tanto al animal que, al morir, sólo podía pensar en él y, por tanto, en la siguiente vida el sabio rey encarnó como un venado.

Así de importante es ese último pensamiento.

Protagonistas

Los detalles contextuales que explico en estas líneas no son meramente informativos, sino que tienen relevancia en el argumento de la película y conocerlos ayuda a entender y disfrutar mejor toda la trama. Lo mismo sucede con los nombres de los protagonistas, que no son casuales:

Shvetambari es el nombre de la enamorada muchacha brahmán que, a pesar de ser muy dotada para el canto, decide estudiar Física. Shvetambari, a su vez, es un nombre de Sarasvati, la diosa de las artes, la sabiduría y las ciencias, que significa ‘vestida de blanco’, pues su naturaleza esencial es la pureza.

El muchacho huérfano es bautizado como Sohan por la barrendera que lo encuentra en los ghats (los grandes escalones que llevan hacia el agua) de Varanasi. Sohan en hindi significa ‘buen mozo’, ‘guapo’ o ‘encantador’. Siendo todavía un niño, el que será su Guru le dice que de ahora en más se llamará Soham, con ‘m’ al final. Soham es, en lengua sánscrita, la contracción de los pronombres personales sah (‘el/eso’)
+ aham (‘yo’), y significa ‘él es yo’, refiriéndose a que el alma individual es parte del alma universal o Divina. Asimismo, Soham es un mantra milenario, a la vez que una técnica de respiración y de concentración.

El sutil cambio nominal que el Guru realiza con el niño (pasar de una ‘n’ a una ‘m’), es comparable a una iniciación pues, por norma general, el maestro tradicionalmente inicia al discípulo dándole un nombre espiritual. Por otra parte, a pesar de cambiar apenas una letra, el simbolismo del nuevo nombre se puede ver como opuesto al antiguo, ya que mientras Sohan refiere a cualidades materiales y mundanas (‘guapura’, ‘belleza’), Soham tiene implicancias místicas profundas.

Con el pasar de los minutos el espectador comprobará que las aptitudes espirituales del personaje Soham van de acuerdo con su nombre.

Spoiler

Para no arruinarle la película a nadie, no quiero desvelar más detalles de la cuenta. Sólo diré que hay que estar atento a las enseñanzas espirituales, y también al argumento, que es simple en apariencia pero tiene sus recovecos.

No me puedo resistir, así que también diré que finalmente hay un triunfo del amor; si es el material, el espiritual o ambos, lo sabrán cuando acabe el film.

Personalmente, esta película la vi gratis a través de YouTube en Internet; está subida de forma completa (dura 2hs) y buena. La película original es en hindi con subtítulos en inglés, o sea que sólo pueden aprovecharla los que entiendan un mínimo de inglés y tengan ganas de leer (no descubrí si existe una versión en internet que esté en español). Para los que sabemos lo básico de sánscrito, en la película se pueden entender algunas palabras en lengua original, pues el hindi es derivado directo del sánscrito.

Disfrútenla:

La Sangre del Mahatma

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Ya decía yo en la crónica de la semana pasada que el tema relacionado con Mahatma Gandhi da para mucho. También dije que, según mi punto de vista, su principal legado era el basamento espiritual de toda su vida y obra.

 

Hablando de legado, justamente, me vuelvo a adentrar en el Museo Gandhi de Madurai, para analizar diversos aspectos que me resultaron de interés.

 

Museo

A pesar de los varios museos dedicados a Gandhi que hay en la India, yo nunca había estado en uno de ellos.

El Museo de Madurai, en particular, tiene una primera sección donde se explica la historia de la independencia de la India, desde los inicios de la colonización europea. Esta primera sección es grande y tiene muchos datos interesantes, infografías, mapas e imágenes.

 

En esta primera etapa no se habla de Gandhi, pues se trata de un etapa anterior a su vida, donde los príncipes y maharajás se entablaron en batalla con las potencias colonizadoras, principalmente Francia e Inglaterra.

 

De por sí, conocer algunos de estos detalles me parecía interesante, no sólo desde el punto de vista histórico, sino que me sirvió para confirmar algunos conceptos culturales, que no se limitan a la India. Con esto me refiero, a que la forma en que cualquier información es presentada depende directamente de quien la presenta. Una obviedad, claro.

A nivel de la Historia, con mayúscula, ya sabemos que el vencedor no presenta la información de la misma forma que el perdedor. O es más, a veces sucede que mirando el bando que se mire, simplemente hay dos vencedores, nadie se considera perdedor.

 

El mostrar el vaso medio lleno de lo propio, es una práctica normal de las naciones y grupos sociales, a lo largo de la Historia. Para crear conciencia de grupo (sobre todo a nivel nación) es necesario legitimar cierto pasado común, mientras más glorioso mejor.

 

La India tiene un pasado común que podría superar a cualquier otro pueblo del mundo. Los últimos quinientos años de historia, en que aparecen las potencias europeas en escena, son sólo un eslabón más de la larga cadena de eventos del subcontinente. De todos modos, la presentación que hace el museo de Madurai de la lucha de la independencia india no se diferencia mucho de las presentaciones vistas en, por ejemplo, Sudamérica.

 

Lo que más me llamaba la atención, era la forma en que a los luchadores indios se los calificaba de héroes (esto es evidente) y se loaban sus matanzas en defensa de la patria. Repito, cada grupo social considera a sus muertos, ‘mártires’, y a sus matadores, ‘héroes’. O, también, ‘héroes’ en los dos casos. Más allá de la paradoja que esto genera, visto objetivamente, lo que más me llamaba la atención de esta forma de presentar los eventos, repito, era que se trataba de la introducción a la historia de Gandhi, el paradigma de la No-violencia.

 

Indian soldiers

 

Taparrabos

 

Por otro lado, visitando el museo de Madurai, me vino a la mente la pregunta ¿qué tiene que ver Madurai con Gandhi?

Al parecer, en el año 1921, Mahatma Gandhi visitó la ciudad en una de sus giras. Se dice que durante la noche se encontró mentalmente agitado y preocupado al pensar en todos los campesinos y pobres que había encontrado en su camino, vestidos con escasa ropas, consistentes en una pequeña toalla alrededor de la cintura, temblando de frío, mientras él usaba turbante y largas ropas.

 

Entonces, durante la noche Gandhi tomó la decisión de que él debería ser un modelo para todos y por ende debería vestirse de manera simple, como los campesinos y pobres que había visto en su periplo hacia Madurai. De hecho, el siguiente día comenzó a implementar esta idea.

Dicha mañana todos los presentes se vieron impactados al verlo vestido de esta forma y entonces Gandhi les explicó acerca de la decisión y la mantuvo durante toda su vida.

 

Desde entonces, Mahatma Gandhi se vestía con una tela alrededor de la cintura, similar a un taparrabos, por no encontrarle un nombre mejor en español. Cuando hacía frío, también se agregaba un tela o chal sobre los hombros.

 

Quizás la idea del cambio de vestimenta había estado dando vueltas en la cabeza de Gandhi por algún tiempo, pero como en muchas otras ocasiones, una vez que la decisión fue tomada, no hubo vuelta atrás. Así de adamantina era la voluntad del ‘padre de la independencia’ de la India.

 

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Partición

 

Como fue insinuado en la crónica pasada, la lucha por la independencia de la India, era para Gandhi la forma de poner en acción todos sus ideales espirituales, era su campo de experimentación para hacer valer la justicia, la verdad y la rectitud.

No creo que sea casualidad que todo haya sucedido en la India, pero incluso en cualquier otra parte del mundo, Gandhi hubiera hecho lo mismo. De hecho, su carrera como luchador por los derechos civiles había comenzado en Sudáfrica.

 

El proceso de descolonización e independencia de la India fue muy largo. Siendo, por entonces, la joya de la Corona Británica, no era fácil que los ingleses simplemente hicieran las maletas y se marcharan. No sólo por razones económicas y de orgullo, sino porque temían que el país cayera en el caos político y gubernamental al no tenerlos a ellos como regidores.

 

Durante cientos de años, la India había podido autogobernarse sin ningún problema, ¿por qué ahora habría de crearse caos? Por un lado, el sistema de gobierno con el que se pretendía dejar a la India ahora era el de una república democrática. Los ingleses no estaban dispuestos a dejar a la India otra vez a cargo de sus maharajás y reyes, sino que querían dejar un gobierno ‘civilizado’.

Gandhi estaba de acuerdo con establecer una democracia; y por otro lado, las protestas de los antiguos regidores feudales se arreglaron con el otorgamiento de títulos y tierras.

 

Sin embargo, el principal problema estuvo en satisfacer a la minoría musulmana del país, que temiendo quedar sometida bajo un gobierno de cariz totalmente hindú, reclamaban un estado propio. Sin abundar en detalles, después de largas deliberaciones, la Corona Británica decidió partir la India y crear un estado musulmán. Debido a que los musulmanes estaban dispersos por todo el país, se eligió crear el nuevo estado en las zonas con mayoría musulmana, que a la sazón eran dos: el noroeste del país, lo que actualmente se conoce como ‘Pakistán’, al límite de la zona de Cachemira, y el noreste del país, lo que actualmente se conoce como ‘Bangla Desh’.

 

En el momento de la partición (1947), los estados se llamaban ‘Pakistán occidental’ y ‘Pakistán oriental’. Se trataba de un mismo estado, dividido a la mitad por la India. Se trataba de un estado que nacía ya partido y separado. Un absurdo.

Con los años ‘Pakistán oriental’ se independizó para ser ahora ‘Bangla Desh’.

 

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Rol

 

Luego de luchar por años por la independencia de la India, Gandhi había logrado que el Imperio Británico se rindiera a las ideas de un hombre en taparrabos, sin que para ello hubiera necesitado disparar una sola bala. Un hito de la política y las relaciones internacionales; una fresca innovación en el arte de la guerra; sobre todo, un milagro espiritual.

 

Sin embargo, gran parte de por lo que había luchado Gandhi fue arruinado por esta inminente partición de la India en tres partes. Gandhi dijo que si los musulmanes temían ser subyugados por una mayoría hindú, entonces que se le diera el cargo de Primer Ministro a un musulmán.

Tal era su convicción en la India como un todo (como siempre había sido) y su certeza de que no había diferencias reales, a pesar de los dogmas religiosos y raciales, que no tuvo reparos en ofrecer el poder a quienes para algunos eran considerados los enemigos.

 

Cuando el pueblo y los dirigentes luchaban por echar al colonizador y ‘ser libres’, todos siguieron a Gandhi; cuando la libertad fue asegurada y llegaba el momento de repartir el ‘poder’, los conceptos espirituales de base no eran tan caros a los amantes de la posesión.

 

El rol de Gandhi durante el proceso de partición fue reservado. Con los hechos consumados, él prefirió retirarse de la escena y no ser partícipe del error.

De hecho, durante la serie de migraciones que llevó a miles de musulmanes hacia los nuevos estados de Pakistán, a la vez que miles de hindúes se marchaban de ellos, se dieron encuentros violentos que dejaron muchos muertos. La partición de la India sólo generó más resentimiento entre las dos religiones principales.

Hoy en día, Bangla Desh es uno de los países más pobres del mundo en todos los sentidos. Pakistán, por su lado, como se sabe, no goza de estabilidad de ningún tipo.

Los atentados que esporádicamente suceden en la India, tienen su asidero en el resentimiento de la infausta partición.

 

Paradoja

 

El 30 de enero de 1948, ni siquiera seis meses después de la anhelada independencia de la India, Mahatma Gandhi fue asesinado en Nueva Delhi durante su caminata pública al atardecer. Le dispararon tres tiros de pistola.

Su asesino se llamaba Nathuram Godse, y era un hindú radical que tenía relación con movimientos nacionalistas extremos.

La razón que esgrimió el asesino era que Gandhi había traicionado la patria, ya que por un lado apoyaba a las minorías musulmanas, y que incluso la partición del país era su culpa.

 

Gandhi, a quien había dolido en el corazón no poder evitar la partición, era acusado de causarla, y de traicionar su país. Justamente él, que había sido el ‘padre de la independencia’ de la India.

 

La historia está llena de casos así, quienquiera que defienda valores altos siempre tendrá muchos enemigos y siempre tendrá que luchar contra la opinión y acción de la mayoría. Mantenerse fiel a si mismo muchas veces genera rechazo.

 

Manchas

 

En el museo de Madurai, como último paso en el recorrido por la vida y obra del Mahatma, se encuentra un trozo de la vestimenta que él usaba el día en que fue asesinado (el otro trozo está en el museo de New Delhi).

La tela está debajo de un cristal y todavía se pueden ver las manchas de sangre del fatídico día.

 

En varias ocasiones, antes de su muerte, el Mahatma había dicho que él esperaba que una vez llegado su día el pudiera dejar este mundo repitiendo las palabras ‘Ram, Ram’ (otros sostienen que es ‘Hare Ram’), que hacen referencia al Señor Rama, gran avatar del Hinduismo, de quien Gandhi era muy devoto.

 

En el Hinduismo existe la creencia de que, si al morir, las últimas palabras, y por ende los últimos pensamientos, están dedicados a Dios, entonces uno alcanza moksha, la liberación del ciclo de reencarnación y muerte. Puede sonar simple de lograr, pero según dicen los sabios, si uno ha vivido una vida sin pensar en Dios, es imposible que en el momento de la muerte uno piense en lo Divino. Por el contrario, uno tiende a pensar en lo que deja, en el miedo, en el dolor, o en la sorpresa y la confusión, si se trata de un asesinato a sangre fría.

 

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Últimas palabras

 

Testigos presenciales del momento de la muerte, han confirmado que las últimas palabras pronunciadas por el Mahatma fueron ‘Ram, Ram’.

 

Allí, en la oscura habitación del museo de Madurai, contemplando la tela manchada con sangre del Mahatma, no pude evitar las ganas de llorar.

Llorar porque una gran alma había muerto de esa forma; llorar porque los seres verdaderamente excepcionales tienen destinos difíciles; llorar porque la incomprensión y la ignorancia de la mente humana es infinita…

Pero sobre todo, llorar porque hasta en el mismo instante de morir, aunque sea de manera sórdida, Mahatma Gandhi había sido fiel a su propósito en esta vida, la unión con Dios.

Había vivido como un santo, basando cada uno de sus actos, palabras y pensamientos en las verdades espirituales, y por consiguiente había, también, muerto como un santo.

 

Modelo de vida y también de muerte. Ojalá que mis lágrimas, de alguna forma, me acerquen a ese modelo.

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