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El sūtra para la paz emocional (y mental)

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Hay muchos motivos para practicar yoga o meditación: desde tener glúteos firmes, pasando por mejorar el sueño o tener más productividad en el trabajo, hasta la iluminación espiritual. Más allá de las grandes diferencias aparentes de todos estos objetivos, todas las personas que hacemos Yoga en sentido amplio estamos buscando lo mismo: paz mental. En realidad, todas las personas, hagamos yoga o no, seamos religiosas o ateas, pecadoras o virtuosas, estamos buscando paz mental. Por eso los bancos y las compañías de seguro tienen tanto éxito, porque nos venden “tranquilidad”, “un futuro asegurado”, “dormir tranquilos”…

Incluso quienes hacen “yoga glúteos” (no pongo un enlace de esta curiosa disciplina porque se rumorea que trae mal karma), lo que buscan es la paz mental que te da el saber que tienes unos glúteos bien firmes.

Es cierto que muchas veces oímos que lo que todos buscamos es la felicidad, y sin negar esto, la filosofía del Yoga dice que poniendo la mente en calma se produce de forma natural una sensación de bienestar y de balance que ya es una manifestación de gozo interior.

Los famosos Yoga sūtras de Patañjali es el texto yóguico por excelencia que habla de cómo y porqué aquietar la mente, y entre toda esa enseñanza destaca un sūtra (o aforismo) por su aplicación práctica inmediata. Para aplicar y beneficiarse de este consejo, no hace falta – necesariamente – ser practicante de yoga, creer en Dios, ser buena persona ni tener los glúteos firmes.

Conozcámoslo:

maitrīkaruṇāmuditopekṣāṇāṃ sukhaduḥkhapuṇyāpuṇya viṣayāṇāṃ bhāvanātaś cittaprasādanam (I.33)

Es decir (en traducción de Òscar Pujol):

“La paz mental se obtiene cultivando la amistad con los que son felices, la compasión por los que sufren, la alegría con los virtuosos y la indiferencia hacia los malvados”.

Como explican Tola y Dragonetti, la estabilidad mental que tanto buscan los yoguis tiene dos partes: el plano emocional y el plano intelectual. Este sūtra se ocupa del primer plano y postula que fomentando sentimientos positivos se encuentra serenidad mental. Para encontrar la estabilidad en el plano intelectual, lo cual es fundamental para la meditación, se debe practicar, además, “la concentración intensa y prolongada de la mente en un punto”.

La actividad mental está compuesta de pensamientos y también de sentimientos y emociones, por los que es importante usarlos a nuestro favor. En cierta forma, el consejo de cultivar sentimientos positivos o elevados no tiene ningún tinte moralista sino que al principio se propone, podríamos decir, por puro utilitarismo, o sea para beneficio personal, pues todos sabemos que estar colmados de sentimientos positivos genera más bienestar que estarlo de sentimientos negativos.

El comentario clásico del erudito rey Bhoja (siglo XI) sobre este sūtra dice (en traducción de José Antonio Offroy Arranz):

“Tal como sumar es útil en la aritmética para el cálculo, así también, estos sentimientos de felicidad, etc., al producir un estado de beatitud, preparan a la mente para lograr el samādhi, en tanto que contrarrestan la envidia y la pasión”.

También es verdad que estar llenos de sentimientos positivos es una forma – más pura que otras – de actividad mental y que alguien en un estado de euforia, por ejemplo, puede tener bienestar emocional pero no necesariamente quietud mental.

En cualquier caso, el cultivo de las cuatro actitudes citadas en el sūtra, también llamadas en sánscrito brahmavihāra, es un pre-requisito purificatorio para la meditación y, lo que nos interesa hoy, un método infalible para serenar la mente en la vida diaria, especialmente en lo que se refiere a los sentimientos que nos genera la interacción con otras personas.

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Veamos en detalle esas actitudes sublimes:

  1. Amistad (y no envidia) con aquellos que son felices

Como bien dice Óscar Pujol en su comentario:

“Cuando vemos que una persona tiene éxito y es feliz (sukha), sentimos una tendencia natural a la envidia y los celos… si, por el contrario, adoptamos una actitud amistosa (maitrī), podremos ser partícipes de su éxito y sentirlo como propio”.

Me gusta el ejemplo que da el yogui Sri Dharma Mittra cuando dice que si él ve a una persona conduciendo un coche descapotable (símbolo de estatus y de disfrute), en lugar de envidia (que es lo que sentiríamos algunos), él siente que es él mismo quien va al volante, con la brisa acariciando sus cabellos, con el sol en el rostro, etc. De eso se trata sentir simpatía o tener buena disposición hacia la felicidad ajena.

  1. Compasión (y no desprecio) por aquellos que sufren

Dice Pujol:

“Si vemos una persona infeliz (duḥkha) podemos sentir la tendencia a despreciarla, a sentirnos superiores a ella, a hacerla responsable de su desgracia”.

Pensemos en el caso de un adicto, al que muchas veces culparíamos por no haber sabido gestionar sus hábitos de vida. O el caso de un mendigo, que más que compasión nos genera el pensamiento, “¿por qué no busca trabajo como todo el mundo?”. Puede que esa persona esté en esa situación por su propia culpa pero eso no nos exime de intentar ser misericordiosos. Como dice Bhoja en su comentario:

“Hacia las personas en desgracia se debe mostrar compasión y deseo de liberarlos de su pesar, sin quedar indiferente ante su sufrimiento”.

Y agrega Swami Satchidananda:

“Más allá de si ese sentimiento de compasión va ayudar o no a la persona sufriente, por solo generar el sentimiento, al menos nosotros nos ayudamos manteniendo nuestra calma mental”.

  1. Alegría (y no burla o irritación) con los virtuosos

Dice Pujol:

“La virtud (puṇya) de los demás a veces nos molesta porque nos recuerda nuestras propias carencias, y entonces adoptamos fácilmente una actitud burlesca o satírica ante los méritos ajenos”.

Especialmente si uno no está satisfecho con su propia vida y logros, ver los logros o capacidades ajenas nos suele irritar. Es frecuente que al ver a alguien que tiene reconocimiento o éxito, en lugar de generarnos alegría (mudita) o satisfacción, nos venga la tendencia a menospreciar sus méritos. Esto pasa con los jugadores de fútbol – “a los que solo pagan por patear una pelota” -; con artistas – “esto lo puede hacer mi hijo de tres años” -; con compañeros de trabajo – “éste porque es un servil adulador del jefe” –; en la educación formal – “ésta porque es una nerd” -; y en la vida misma – “a éste le vino todo dado por los padres…”.

Es interesante que los comentaristas digan que, ante los virtuosos, “hay que estimular su virtud”, ya que “el sentido común nos dice que el hombre virtuoso no puede ser nunca peligroso, sino al contrario, su proximidad es siempre beneficiosa”. ¿Qué mejor para nosotros entonces que todos nuestros amigos, colegas, parientes y vecinos sean virtuosos?

  1. Indiferencia (y no enfado) con los no virtuosos

El mundo está lleno de personas (nosotros incluidos) que actúan, al menos en ocasiones, de forma incorrecta. A veces se habla de personas “malvadas” o “viciosas” aunque podría ser cualquier persona que actúa con demérito (apuṇya) de forma puntual. Ante esos errores o agravios los yoguis propugnan la indiferencia (upekṣā), que como es una palabra que suele ser mal entendida se puede traducir también como “ecuanimidad” o “neutralidad”. Dice Pujol:

“Se trata de una indiferencia benévola y activa, que nos protege del odio, al tiempo que deseamos el bien para el agresor”.

Es una combinación de la imperturbabilidad yóguica con la compasión y empatía de quien entiende que uno también ha estado (o estará) en ese rol y, como dice Dharma Mittra, actúa así “por condicionamiento previo”. Por ende, hay que dejar ir el agravio, soltar la necesidad de que las cosas se hagan “como es correcto”, y seguir en paz.

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Swami Satchidananda compara estas cuatro actitudes con “cuatro llaves” que sirven para abrir los “candados” de los diferentes tipos de personas: felices, infelices, virtuosas y carentes de virtud. Obviamente una misma persona puede aplicarse todas estas etiquetas en diferentes momentos de su vida o ¡de su día! El Swami agrega: “si usas la llave adecuada con la persona adecuada mantendrás tu paz”.

En conclusión, cada vez que generamos un sentimiento negativo se desencadena una serie de ideas y emociones que perturban nuestra calma mental. Por tanto, aunque al principio sea de forma artificial, uno debe cultivar los sentimientos positivos opuestos, si lo que quiere es paz emocional y mental (cittaprasādanam). Y, como ya dijimos, eso sin duda es lo uno quiere. Además de glúteos firmes, claro.

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Guru Pūrṇimā 2016 y el sabio como objeto de meditación

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Hay una canción infantil que estamos cantando mucho en casa estos días, que empieza “ya está aquí, ya llegó…”, y que podría aplicarse a llegada del tan esperado día anual del guru o preceptor espiritual, conocido en sánscrito como Guru Pūrṇimā, ya que es la luna llena (pūrṇimā) del guía espiritual (guru). Cada año trato de hablar de esta celebración, aunque los posts sean breves o repetitivos, porque para un buscador espiritual la existencia del maestro es fundamental.

Por si hace falta recordarlo, aquí lo explica Swami Premananda:

“El gurú conoce el camino hacia el Ser y él o ella puede mostrarte el camino hacía allí. Él ya ha estado allí muchas veces, así que es como instintivo para él. A pesar de que la semilla de la energía divina está dentro de ti, puede suceder que no seas capaz de percibir su luz y que estés luchando en la oscuridad. La gran luz que es el maestro espiritual ciertamente te mostrará el sendero correcto. Esto es necesario porque te identificas grandemente con la mente y el cuerpo. Hasta que pierdas tu actitud de apego a la mente y al cuerpo, el maestro es muy necesario.”

Sobre esta idea y los conceptos de confianza, fe y obediencia al guru ya he hablado, como así también sobre como en la tradición india el guru es considerado la relación más importante para cualquier persona, o incluso como Dios mismo. Hoy, aprovechando que estoy leyendo la excelente versión de los Yogasūtra de Patañjali a cargo de Òscar Pujol (que, de hecho, presenta en Casa Asia de Barcelona este martes 19 de julio), quería compartir un sūtra pertinente al maestro espiritual.

Dice Patañjali (1.37), hablando de las formas de concentrar la mente en un objeto para calmar sus famosas fluctuaciones (vṛtti) y así eliminar los obstáculos mentales:

vītarāgaviṣayaṃ vā cittam

Es decir, en la traducción de Pujol:

“O bien mediante una mente que tiene por objeto a los que están libres de pasión”.

O sea, como comenta Pujol, que “es posible conseguir paz mental mediante la identificación empática con la mente de los que están libres de pasiones, como los sabios y los santos”. Es decir que la concentración, contemplación o meditación en personas santas es un aquietador de la mente.

Me acuerdo hace varios años, en mi primer viaje a la India, cuando todavía se usaban los tickets aéreos de papel en un talonario que te cortaban entrando al avión, perdimos el billete de una escala de vuelta y nos dimos cuenta ya en el pueblo de Puttaparthi, en el ashram de Sathya Sai Baba. Así que tuve que tomarme un bus hasta Bangalore para arreglar los papeles, con tal inquietud mental que no podía soportarme a mí mismo y hubiera saltado sin pausa durante el viaje. Lo que hice fue seguir el consejo de los maestros y puse la mente en el hermoso rostro de mi guru, una y otra vez, hasta que de forma sorprendente mi mente se calmó.

Por supuesto, también lo dice Patañjali, si uno logra poner la mente en un único objeto, cualquiera mientras sea agradable, entonces las fluctuaciones se aquietan. La ventaja de meditar en sabios y maestros es, por un lado, que este proceso puede ser más rápido por tratarse de seres plenamente conscientes que dirigen la atención hacia aquél que la dirige hacia ellos. Por otro lado, los sabios son inspiradores en sí mismos y también fuente de enseñanza continua, por lo que si uno medita en el sabio de forma constante terminará por tomar parte de su sabiduría, aunque solo sea por imitación.

guru

Sobre esto, Sri Dharma Mittra suele decir que uno de los grandes secretos para hacer “rápido progreso espiritual” es copiar al maestro física y mentalmente. Como comenta Òscar Pujol (siguiendo a Hariharānanda Āraṇayaka), la concentración en los sabios puede hacerse mediante la meditación o también “frecuentando la compañía de santos y observando sus reacciones y estados mentales”.

El maestro B.K.S. Iyengar dice, en su comentario al sūtra, que “si el sādhaka reflexiona en el estado puro y sereno de esas personas divinas y emula sus prácticas, obtiene confianza, logra estabilidad y desarrolla un estado mental carente de deseos”. De hecho, el sūtra hace hincapié en la cualidad desapasionada (vītarāga) del sabio, es decir en su ausencia de apego como aquello que queremos también adquirir.

visualización

La conclusión es que meditar o contemplar en los sabios, incluso más allá de sus enseñanzas, es una gran práctica. De allí el famoso mantra que sale en la Guru Gītā y afirma:

dhyānamūlaṁ gurumūrtiḥ 

O sea:

“La forma del maestro es la raíz de la meditación”

Este año 2016, Guru Pūrṇimā cae el martes 19 de julio. A celebrarlo entonces meditando en los sabios.

Una técnica de meditación en 48 días

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La semana pasada cité unas palabras de Swami Premananda sobre cómo vivimos esclavos de nuestros propios pensamientos, la mayoría de ellos negativos o inútiles. A diferencia del paradigma moderno que fomenta la híper-información y la multitarea como estandartes, en espiritualidad la base es siempre reducir los pensamientos y aquietar la mente para así experimentar el espacio de dichoso silencio que todos llevamos dentro. Esta tarea, tan necesaria y a veces tan dificultosa, puede llevarse a cabo, como explica Premananda, a través de la meditación.

A sabiendas de que uno se pone excusas para no meditar (todos nos ponemos las mismas excusas, en realidad), Swami da un simple consejo inicial:

“Puedes practicar meditación a cualquier edad. No necesitas vivir en una comodidad especial ni esperar ninguna circunstancia en particular. No necesitas hacer tu práctica a ninguna hora específica. Puedes meditar en cualquier momento. Siempre puedes hacerlo. En una etapa inicial, es suficiente meditar de cinco a quince minutos”.

Por supuesto, uno está “tan ocupado” que no tiene ni cinco minutos libres para meditar y se conforma pensando que empezará la semana que viene o, aún más ingenuo, cuando “las cosas se acomoden”. Obviamente aquí se aplica el popular y sabio consejo de los cerditos:

“No dejes para mañana lo que puedes hacer oinc”.

cerdito

Swami Premananda nos da más consejos:

“Antes de empezar tu meditación, elige un lugar que esté silencioso mientras dure la meditación. Primero siéntate en una posición confortable (también en una silla), pensado y orando por un minuto a tu deidad favorita”.

Y yo agrego que si no tienes una deidad favorita simplemente puedes concentrarte en alguna cualidad o valor universal que te inspire (amor, compasión, paz, verdad…) o en algún elemento natural (una luz, una flor, la lluvia, el espacio, las olas del mar…) que evoque en ti sentimientos positivos, devoción o reverencia.

Luego, Swami explica la técnica de meditación que hoy nos compete:

“Cierra los ojos y repite de forma continua ‘AUM… AUM’ internamente (AUM y OM son sinónimos). Mientras repitas esto, puede que la mente corra hacia otros pensamientos. No te pongas tenso ni pienses que tu meditación está resultando perturbada. Deja que la mente siga su camino; automáticamente entonces regresará. Sigue repitiendo ‘AUM… AUM’ en tu interior sin interrupción”.

Hay muchísimas técnicas de meditación, aunque grosso modo se pueden dividir en dos tipos: “con semilla” (sabīja) y “sin semilla” (nirbīja). La meditación “con semilla” es aquella en que se utiliza un objeto para mantener la concentración. Ese “objeto” puede ser, por ejemplo, la propia respiración, la visualización de una imagen, la atención en una parte del cuerpo, la repetición de un mantra…

La meditación “sin semilla”, que en general se considera más difícil, es aquella en que no hay un objeto donde fijar la atención y, por tanto, se deja a la mente moverse a su gusto, ya que forzarla puede ser peor, aunque la clave está en no involucrarse con sus vaivenes y simplemente observarlos, desde la quietud interior.

En la técnica que propone Swami hay, según entiendo, un poco de cada tipo de meditación. Por un lado, hay una “semilla” que es la repetición del mantra AUM/OM de forma interna, es decir mentalmente. A la vez, el hecho de dejar que la mente corra donde quiera, “como un caballo salvaje que, antes de ser domado, debe cansarse”, es típico de la meditación “sin semilla”. Es decir que, si bien hay un objeto de concentración (la sílaba AUM) no se intenta traer a la mente una y otra vez a ese objeto, sino que se la deja “en libertad”. Así, dice Swami, la mente volverá sola.

Sobre esta técnica Swami agrega, esperanzador:

“Practica esto cada día por la mañana y por la noche. Si haces esto continuamente durante 48 días, se convertirá en un hábito. Al pasar de estos 48 días, tu mente se volverá calma y feliz. La tensión disminuirá y luego la ira que hay dentro de ti también se marchará. Los pensamientos se formarán de manera correcta. Haciendo esto puedes eliminar pensamientos innecesarios de tu mente y puedes alcanzar un buen estado espiritual”.

El número 48 puede poseer algún simbolismo aunque en este caso también sirve para darle a la mente una meta y, en realidad, si uno tiene la disciplina y la práctica constante durante ese tiempo, entonces es probable que sea capaz de seguir adelante con la meditación después de esas siete semanas.

Y esa regularidad es el primer gran objetivo para que la meditación dé sus beneficios.

(Para leer el texto completo de Swami Premananda, clicar aquí).

La práctica de tener buenos pensamientos

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En la revista Prema Ananda Vahini de Febrero 2015 aparece un discurso de Swami Premananda sobre cómo funciona nuestra mente y cómo uno, muchas veces sin saberlo, está bajo el dominio de sus pensamientos. Uno se cree que pensar mucho es sinónimo de inteligencia y pocas veces se pone a analizar el real contenido de esos pensamientos que, usando terminología psicoanalítica, se presentan en “asociación libre” llevando nuestra atención de un punto a otro, con frecuencia sin rumbo. Por eso se dice que quien domina su mente es más poderoso que un rey y, sobre todo, más valiente.

Sin más, veamos qué dice Swami al respecto:

“¿Qué es esencial para nosotros de modo que podamos vivir como buenas personas con buenos pensamientos? En nuestras mentes humanas hay muchos pensamientos que corren continuamente como olas. ¿Los hemos invitado nosotros o han venido por sí mismos? Pensemos en esto por un momento.

A nuestras mentes llegan, también, pensamientos no deseados. Llegan por sí solos. Aunque no nos gusta tenerlos, aun así surgen. No penséis que llegan porque sí: se forman a causa de nuestras circunstancias de vida, de eventos cotidianos y del estilo de vida que hemos llevado desde nuestra juventud. Nuestros pensamientos dependen de nuestro pasado y de nuestro presente. Hablamos sin recordar lo que ha sido dicho antes; juzgamos si es verdadero o falso lo que dicen los demás. Todo eso se refleja en nuestros pensamientos.

Con los años hemos acumulado todo tipo de pensamientos. Cuando leemos periódicos y libros, o miramos TV o películas, sus contenidos se vuelven parte de nuestro conocimiento, aunque no recordemos lo que hemos visto o mirado. El mundo moderno también nos influencia de forma poderosa. Cuando no estamos pensando, algo de esto automáticamente aparecerá en nuestra mente. Mientras que algunos de estos pensamientos pueden ser útiles para nosotros, la mayoría son inútiles. No obstante, según nuestro estado mental, puede que los aceptemos.

Cuando algo atrae nuestra mente, nuestra mente siempre lo desea, incluso si sabemos que no es bueno para nosotros. Con el tiempo la mente empieza a pensar que eso nunca es erróneo y que es siempre acertado. Sin embargo, eso no hace que algo incorrecto sea correcto. Cuando no encontramos una salida a esto sentimos que nos han orientado mal. Nuestros pensamientos nos esclavizan porque creemos que son correctos. Pero si alguien nos dijera esto, nuestras mentes no lo aceptarían. Sin embargo, así es cómo se forjan nuestras vidas”.

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Un ejemplo de “pensamientos que esclavizan”, como dice Swami, es una historia que tengo ganas de contar hace varios meses y creo que ha llegado el momento:

Un hombre decide hacerse monje y pide ingresar en un austero monasterio de reclusión, que se encuentra en lo alto de una montaña y en que los religiosos están todo el día en total silencio. Se dedican a la oración, la contemplación y, por supuesto, a sostener el monasterio con sus propias manos en largas jornadas de trabajo desinteresado y abnegación, pero nada de hablar. Excepto cada cinco años, en que cada residente puede dirigirse al monje superior y decir únicamente dos palabras.

El recién ingresado, que es aún joven, empieza su vida monástica con entusiasmo y anhelo por profundizar en su interior. De todos modos, la vida de renunciante puede ser dura y, como es normal, la mente está siempre entre altibajos. Después de cinco años de práctica y voluntad, el monje se dirige al líder para emitir sus dos palabras. Y dice: ‘Cama dura’.

Así pasan otros cinco años, en que el monje sigue con su práctica, su trabajo en el huerto y la memorización de textos sagrados, y cumplido el ciclo entra al despacho del líder para compartir sus dos palabras. Y dice: ‘Comida mala’.

Cuando pasa otro quinquenio, el monje ya no es aquel joven entusiasta sino una persona más taciturna y, claro está, menos joven. En su turno ante el líder espiritual del monasterio abre su corazón para emitir las dos palabras de rigor. Y dice: ‘Baño sucio’.

Con gran esfuerzo, nuestro monje continúa sirviendo en el monasterio, intentando aquietar su mente y encontrar un elevado estado espiritual. Al pasar otros cinco años, ya con pelos blancos en la hirsuta barba y con callos en los talones de tanto ir descalzo, se presenta una vez más ante el líder para la cita oral. Con gesto entre desafiante y resignado, el monje pronuncia entonces sus dos palabras. Y dice: ‘¡Me voy!’.

El líder levanta la mirada de las hojas de palma donde apuntaba las escuetas palabras de sus hermanos, y rompiendo el tenso silencio que se había generado, responde con vehemencia: ‘¡Menos mal! Porque hace veinte años que lo único que haces es quejarte’.

Una posible moraleja de la historia es obvia: veinte años (que también podría ser ‘toda la vida’) dedicándote a una actividad que se supone te hará feliz y estar en paz y por culpa de los malos pensamientos, tan metidos en nuestra vida diaria, ese tiempo y ese esfuerzo quedan en nada. Evidentemente la historia es divertida y es fácil ver fallas en la actitud del monje, pero la gran pregunta es ¿no será ese monje un reflejo de nuestro actuar cotidiano? ¿No estamos todos a merced de los vaivenes de nuestra mente?

En la enseñanza de Swami antes citada, hay un párrafo más:

“Todo surge de la mente. En la mente existen almacenados incidentes que tuvieron lugar a lo largo de toda tu vida desde la infancia. Haz algo para eliminarlos completamente. ¿Cómo puedes eliminar estos recuerdos? Medita. Al meditar, te purificas”.

meditacion

Ahora que sabemos el secreto para limpiar nuestra mente de malos pensamientos, todo es más fácil. Sólo nos queda empezar a practicar. ¿Qué no sabes cómo hacerlo? No hay problema, hay muchas formas de meditar y la semana próxima compartiré una técnica de meditación explicada por Swami Premananda.

Hasta entonces puedes aprovechar para observar tu mente y ver qué tipos de pensamientos llegan. Eso ya es un gran paso.

El beneficio del ritual por Swami Premananda

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En estos días he estado releyendo varios textos de Swami Premananda sobre rituales o pūjā, especialmente sobre el abhishekam, que es el ritual tradicional que enseñaba Swami y que se realiza en su Ashram y en sus Centros alrededor del mundo. Al leer estas enseñanzas me pareció que estaría bien publicar alguna de ellas para tratar de darle actualidad a un tema que, en general, no parece muy popular. En estos tiempos modernos y de tendencia laica, la adoración ritual a una forma de Dios no parece estar de moda.

Swamiji se explica muy bien por él solo, así que sin más introducción comparto la mayor parte de su discurso sobre “el beneficio del ritual”:

“Hay muchas formas de practicar espiritualidad. La mayoría de las prácticas fueron prescritas en tiempos antiguos por almas avanzadas como los medios a través de los que uno puede alcanzar el auto-conocimiento. Actualmente, muchas personas están cambiando y modernizando esos métodos de acuerdo a sus propias ideas y conceptos. En esta época en que todo va tan rápido, las personas esperan que todo en la vida sea fácil. Quieren entendimiento instantáneo y exigen atajos hacia la espiritualidad elevada.

Los antiguos sabios sabían que la búsqueda espiritual seria requiere de una dedicación a tiempo completo y de un esfuerzo continuo. Al aspirante espiritual de hoy en día le cuesta entender que los lentos y seguros métodos tradicionales traen realización verdadera y duradera junto con una fuerte devoción.

En estos tiempos, la mayoría de aspirantes están involucrados en la vida mundana… Sin embargo, esas personas pueden hacer un esfuerzo para involucrase en la vida espiritual de forma profunda y diaria por un breve periodo y así absorber intensa energía espiritual en ese tiempo. ¿Cómo? Utilizando el antiguo método de adoración ritual a una deidad.

Abhishekam a la estatua de Amman (la Madre Divina) en el Sri Premananda Ashram.

Realizada de forma regular, esta práctica trae resultados maravillosos y dominio de la mente. Durante los rituales, la mente está totalmente absorta en lo que estás haciendo de forma práctica con tus manos. Primero, tu mente es limpiada y purificada cuando te preparas para la adoración… Mientras preparas los elementos para usar durante la ceremonia ritual tu mente estará absorta en que no falte nada para la adoración de la deidad.

En la siguiente etapa estarás concentrado en la ejecución del ritual a la deidad, en cualquier forma que tú elijas (Madre Divina, Krishna, Shivalingam…). Después de un tiempo llevando a cabo estas prácticas, absorberás vibraciones divinas. Tu mente estará totalmente involucrada en las acciones del ritual. Tu boca estará cantando mantras antiguos y sagrados que purifican el corazón y estabilizan la mente. La respiración estará controlada siguiendo el ritmo divino, dando paz física y mental… Estos rituales, realizados con un motivo puro, sólo pueden dar buenos resultados.

Ritual a la estatua de Bhairava, en el templo Sri Premeshvarar del Sri Premananda Ashram.

Normalmente sólo piensas en cuestiones materiales. Por ello, puede que sufras de tensión. Algunas personas manifiestan ansiedad, reacciones nerviosas y estrés. En estos casos es especialmente beneficioso cultivar devoción hacia una forma apropiada de Dios y así concentrar la mente de forma completa por entre 15 y 60 minutos al día.

Si puedes vincularte con la imagen, ella puede hacer surgir amor, devoción y dedicación en tu corazón. Cuando sientes que Dios en persona está en la imagen, entonces tu devoción y contemplación se ha vuelto profunda y significativa. Tu adoración ha alcanzado lo Divino. En este mundo loco habrás ganado elevación para el alma.

A esta altura, muchos dicen: ‘Pero Swamiji, sin dudas la meditación es la práctica más elevada…‘ Así es, pero ¿por qué todos asumimos, en nuestra arrogancia, que estamos listos de forma instantánea para lo más elevado? Adorar a Dios con forma es una práctica gloriosa y altamente benéfica, que lleva directamente a la meditación espontánea en una forma de Dios y más allá de lo innombrable, inefable y sin límite.

Abhishekam al Shivalingam que se encuentra en el Mahāsamadhi de Swamiji en el Sri Premananda Ashram.

Cuando uno empieza en el camino espiritual, simplemente sentarse y meditar resulta, con frecuencia, en una mente que se va constantemente hacia afuera. La mente salta de un pensamiento a otro, como un mono de una rama a otra del árbol. El estado mental durante el ritual es inevitablemente de concentración y foco en un punto. El cuerpo y los órganos de los sentidos están en acción pero conectados a la adoración a Dios, mientras que la mente está conectada con el ritual.

Para poder comprender el potencial completo de esta adoración, estos rituales se deben realizar con un espíritu de auto-entrega, como si uno estuviera ofreciendo su propio corazón a Dios. El factor importante es fe e inmersión de la mente en Dios. La Divinidad es una realidad, no un juego. No estamos haciendo estos rituales para meramente obtener belleza exterior o una bonita fotografía. Uno debe purificar mente y corazón para revelar la deidad, el verdadero Ser, que tiene su altar en nuestro interior.

Dios existe en todos nosotros. El objetivo de la espiritualidad es comprender y realmente conocer este hecho. Esta es la meta definitiva de la disciplina de abhishekam“.

Primavera en la India

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A través de este blog, muchas personas se contactan conmigo para hacerme preguntas sobre sus viajes a la India y para pedirme algún dato personal, que no sale en las guías turísticas. A veces puedo dar algún indicio y otras muchas veces no, porque la India es muy grande para conocerla bien y la experiencia y gustos de cada uno no son siempre similares.

De todos modos, y por regla general, las personas que viajamos a la India queremos todo, es decir: un poco de espiritualidad y también hacer turismo; vivir la India ‘real’ pero tener cierto confort; hacer yoga o meditar y también divertirnos; tener una experiencia mística a la vez que traernos ropas exóticas muy baratas… Lo increíble de la India es que, con bastante probabilidad, todo esto se puede lograr en un viaje. La pregunta es ¿cómo?

La India es impredecible y sin duda hay muchas maneras de lograrlo, pero si tienes poco tiempo, no conoces el país y quieres rascar un poco detrás de la fachada turística típica, yo creo que una buena opción es hacer un viaje organizado con enfoque espiritual.

Digo esto porque conozco a las personas detrás de MilIndias, un pequeño grupo de buscadores que ha llegado a la India por la famosa ‘llamada interna’ y eso les ha cambiado la vida.

No es lo mismo ir a la India con un guía de manual (ya sea nativo o no), que nos ofrece datos históricos y frases hechas, que con personas que viven o han vivido en la India partiendo del asombro y la búsqueda espiritual. Asimismo, para un occidental es muchas veces mejor tener como guía otro occidental que conozca de primera mano las dos culturas y no dé nada por supuesto ni sobrentendido.

Todo esto lo digo porque una de las columnas de MilIndias es Uma Devi, una chica de origen alemán, que vivió 10 años en Barcelona y después de estudiar yoga se fue a la India, donde vive desde 2007.

La historia de Uma es increíble y ella misma la cuenta (sólo en inglés por ahora) de forma muy divertida en su blog Himalayan Cakes; el punto más ‘loco’ de su historia es que se casó con un sādhu, es decir un asceta hindú que se había ido de casa a los once años, construyeron una casa en los Himalayas y ahora tienen una hermosa niña de dos años, llamada Nitya.

Uma Devi, su esposo Baba y la pequeña Nitya

Esta anécdota viene a cuento porque Uma es la acompañante del grupo para el viaje que MilIndias tiene organizado para mediados de Marzo 2014. Es un viaje de 9 días, para sacarle el máximo jugo al equinoccio primaveral y para vivir el comienzo de la estación más colorida del año en el norte de la India.

El viaje se promociona como Holi El Festival del Color pues una de las propuestas principales es celebrar este festival religioso y popular al más puro estilo indio; es decir, salir con ropas blancas a la calle dispuesto a que te llenen (y llenes a todo el que pase por allí) de polvos de colores. Se trata de una festividad en que las barreras sociales caen por un día y en que todos ríen y se divierten como niños.

El resto de la ruta también es atractiva e incluye Rishikesh, para muchos capital mundial del yoga; Haridwar, una de las siete moradas sagradas para el hinduismo; Agra con su asombroso Taj Mahal y Delhi, gran capital urbana, hogar de la mayor mezquita de la India y también poseedora de bazares y barrios que parecen haberse quedado en el tiempo.

Lo bueno, para mí, es que esta ruta que para muchos es meramente turística, puede convertirse en una experiencia espiritual al viajar con una persona que sabe yoga y meditación y, de hecho, las imparte al grupo durante el recorrido. A la vez, la idea es visitar lugares sagrados menos conocidos e incluso visitar algún maestro espiritual, que si bien abundan en la India, lo difícil es saber quiénes de ello son genuinos y quiénes no.

Charla espiritual en Rishikesh

Y otro detalle muy importante: la posibilidad de bañarse en las sagradas aguas de Gangā Mā, el reverenciado río Ganges. A pesar de su imagen colectiva de río polucionado, sus aguas en Rishikesh y Haridwar todavía son aceptables, pero más allá de eso, es bueno tener a alguien que nos diga cómo y dónde bañarnos.

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Vista de Rishikesh y el sagrado Ganges fluyendo a su lado.

Si este resumen del viaje les pareció atractivo o llamativo, entonces pueden ver la totalidad del itinerario y sus detalles prácticos aquí. Para cualquier consulta o pregunta lo ideal no es hablar conmigo sino contactar con Dani Fernández aquí. Él es el alma mater de MilIndias y con su experiencia de haber vivido tres años de búsqueda interior en la India es una persona fiable y sincera. Su objetivo es compartir todo lo que ha descubierto y aprendido y la verdad es que lo hace con mucho entusiasmo y desde el corazón.

Un buen resumen de los viajes de MilIndias

Un buen resumen de los viajes de MilIndias

Pueden decirle que van de parte mía, aunque eso no sea un salvoconducto para obtener descuentos, je.

Esto es todo y como dicen en hindi: Mangal Yātrā (o sea, ¡Buen Viaje!)

Swami Premananda y el karma yoga

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El karma yoga se define generalmente como “el yoga de la acción” y hace referencia al camino espiritual del servicio desinteresado; es decir a actuar sin esperar los frutos de la acción, simplemente realizando nuestros actos como una ofrenda a lo Divino. A pesar de lo grandioso de este sendero, en la tradición de la India se considera que el hombre de contemplación es superior al hombre de acción, pues su método es más difícil.

Evidentemente, estar todo el día meditando o realizando auto-indagación consciente no son actividades para la mayoría de personas, sino más bien patrimonio de yoguis y ascetas. El hombre común, en cambio, debe estar inmerso en la acción cotidiana y es allí donde el karma yoga cobra gran importancia y se convierte, para muchas personas, en el camino hacia lo Divino.

Swami Premananda es un maestro de enseñanzas claras y directas, totalmente basadas en las Escrituras sagradas aunque expresadas con palabras modernas o simplificadas. Él mismo lo dice: “No es nada nuevo esto que estoy diciendo”. Uno de los rasgos fundamentales de Swami es ser capaz de expresar el gran, y a veces intrincado, espectro de enseñanzas de la India en lenguaje claro y universal.

En el discurso que publico a continuación, Swami habla de la práctica espiritual de karma yoga y de su relevancia, siempre con un estilo tan sencillo que combina sin problemas sabiduría tántrica, servicio social y conceptos de la Bhagavad Gītā. Porque puede que sus enseñanzas sean antiguas o repetidas pero no están pasadas de moda y ¡qué bien que hace oírlas!

La práctica espiritual de karma yoga

“Algunos de vosotros decís que no os gustan prácticas como karma yoga y que es inferior a la meditación. Pero yo digo enfáticamente que si habláis así no sabéis lo que estáis diciendo. ¿Sabéis qué es la meditación? ¿Por qué consideráis tan elevado el sentarse en meditación? ¿Es porque pensáis que es la única forma para que el alma se una con lo Divino?

Soy un maestro espiritual que alienta a sus estudiantes a dar servicio. No os estoy diciendo simplemente que trabajéis. Os estoy diciendo que veáis a la Madre Divina (Shakti) en aquellos a los que dais servicio y de esta manera la adoréis.

¿Es la adoración de Shakti tan diferente de la meditación en Shakti?

Quizás la verdad es que no podéis encontrar en vuestro corazón el ver a la Madre Divina en los demás, pero en ese caso no tenéis derecho a decir que ese servicio es inferior. Si hacéis servicio en la forma correcta, totalmente inmersos en la actitud que he descrito, ¡experimentaréis conocimiento espiritual en un tiempo muy corto!

No es correcto hacer servicio esperando amor a cambio. ¡Dios no ha hecho eso! Al servir a los desdichados, los afligidos y a aquellos con problemas como si fueran personificaciones de lo Divino, vuestro propio corazón será purificado. Lo Divino se manifiesta naturalmente en un corazón puro.

No es nada nuevo esto que estoy diciendo. Todas las religiones y los maestros espirituales han dicho esta verdad. Si veis lo Divino en aquellos a los que servís, entonces vuestros corazones se acercarán cada vez más a Dios. Cuando Dios se manifiesta en el corazón, sentís que de allí surge una gran compasión. Un corazón así se derretirá de compasión por los demás seres. El deseo de hacer servicio es entonces una elección automática para dichas personas. Cuidan de los demás como una verdadera madre cuida de sus hijos. El hacer este tipo de servicio nos infunde un sentimiento de alegría porque estamos protegiendo la propia creación de Dios.

Comprended que Dios está en todas partes y Dios es amor. Dios está en todos los seres que veis. Al negarse a ayudar a otros y buscar a Dios, ¿dónde estáis buscando? El devoto que ama todos los seres como a sí mismo, sin distinción, y ve a todo equitativamente en ese gran amor, está adorando a Dios en la mejor forma posible.

Sabed, también, que Dios observa y sabe todo lo que hacemos. Por lo tanto, para tener cualquier beneficio en nuestras vidas, nuestras acciones deben ser en esencia dirigidas hacia la Divinidad. El servicio desinteresado sin expectativas de elogios, nombre o fama trae a su tiempo grandes beneficios para todos.

¡Sed pacientes y servid, servid, servid!”.

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