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Ahiṁsā es el deber supremo

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La palabra sánscrita ahiṁsā ha sido popularmente traducida como “no violencia”, en especial con relación al Mahatma Gandhi y sus métodos político-espirituales en favor de la independencia de la India. De todos modos, creo que dicha traducción, aunque no incorrecta, no expresa de forma completa el significado de un concepto muy importante en el hinduismo, como así también en el budismo y el jainismo. Si vamos a la etimología,a-hiṁsā viene de la raíz verbal hiṁs (y ésta a su vez deriva de han), que significa “lastimar, dañar, herir, golpear, matar, destruir”.

Si le preguntáramos de forma aleatoria a cualquier persona en la calle, la mayoría diría que está en contra de la violencia, por supuesto, pero siempre tomando “violencia” como una agresión física o algún tipo de pelea. Cuando uno dice “no violencia” generalmente no piensa en formas de violencia menos visibles, ni en violencia verbal o, más sutil aún, violencia de pensamiento. Esa es la razón por la que encuentro que la traducción “no dañar” es más apropiada para expresar la idea completa y espiritual incluida en ahiṁsā.

Para la mayoría de yoguis, el concepto de ahiṁsā es muy conocido porque es el principal yama (regla ética) en el camino de los ocho pasos del Rāja Yoga, tal como los plantea el sabio Patañjali en los Yoga Sūtras, para llevar a una persona al estado de “interiorización completa” (samādhi). De hecho, todas estas reglas se basan y fundamentan en la práctica de “no dañar” y, como dice Sri Dharma Mittra, “sin Yamas no hay Yoga”.

En este sentido, en la tradición hindú existe una máxima sánscrita:

ahiṁsā paramo dharmah

Cuya traducción posible sería:

“no dañar es el deber supremo”

El término dharma tiene varios sentidos y es imposible de traducir en una sola palabra pero “deber” o “ley” son aproximadas en este caso. Swami Sivananda, por ejemplo, se pone menos literal – pero no por ello menos certero – y en su libro La Ciencia del Pranayama (p. 144) traduce: “ahiṁsā es la primera virtud que debe tener un aspirante espiritual”.

Si bien está máxima (ahiṁsā paramo dharmah) fue muy difundida por Gandhi, al parecer su origen textual se remonta al poema épico del Mahābhārata (Mahabhárata), cuya composición tiene unos 2.500 años de antigüedad (o quizás más). En dicha obra la frase aparece en diversas ocasiones y sobre distintos temas, como cuál debe ser el comportamiento de un brahmán; qué es la conducta virtuosa; o la no necesidad de utilizar animales para sacrificios rituales.

En el contexto de abstenerse de ofrecer o comer carne aparece el consejo del gran patriarca y sabio Bhīṣma (Bhishma) que, en su lecho de muerte y justo en medio de una guerra, dice (Mahābhārata, 13.117.38):

“No dañar es la ley (dharma) más elevada. No dañar es el auto-control (dama) supremo. No dañar es la caridad (dāna) suprema. No dañar es la auto-disciplina (tapas) suprema. No dañar es el ritual de sacrificio (yajña) supremo. No dañar es la fuerza (bala) suprema. No dañar es el amigo (mitra) supremo. No dañar es la felicidad (sukha) suprema. No dañar es la verdad (satya) suprema. No dañar es la enseñanza revelada (śruta) más elevada”.

Bhīṣma en su lecho de muerte compartiendo su conocimiento.

Obviamente, el primer paso para poner en práctica ahiṁsā es evitar la violencia física, lo cual incluye la abstención de comerse otros seres. Por tanto, el vegetarianismo es considerado un requisito ineludible para todo aspirante espiritual serio. Teniendo en cuenta el estado actual de la industria láctica, incluso ser vegetariano puede ser insuficiente, ya que el daño que se causa a otros animales consumiendo leche y sus derivados es muy grande (inyectado de hormonas a la vaca; separación del ternero recién nacido de su madre; extracción continua y antinatural de leche; encierro y mínimo espacio para vivir, etc.), sin hablar de las consecuencias ecológicas para el planeta.

Por ello, se dice que la dieta vegana (es decir, nada de producción animal) es la que, en estos tiempos, mejor respeta la enseñanza de ahiṁsā. En caso de consumir lácteos, se recomienda entonces que sean de la industria orgánica o “bio”, para reducir el impacto.

Como vegetariano que soy (y casi 100% vegano) más de una vez me han hecho la clásica pregunta: “¿Y acaso las plantas no sufren cuando las comen?”. Pues claro que pueden sufrir.

De hecho, el mismísimo Gandhi dijo que “el hombre no puede vivir ni un minuto sin cometer, consciente o inconscientemente, daño (hiṁsā). El sólo hecho de vivir (comer, beber, moverse) necesariamente implica algo de hiṁsā, destrucción de vida, aunque sea ínfima. Por lo tanto, quien ha hecho el voto de ahiṁsā permanece fiel a su voto si la fuente de donde nacen todas sus acciones es la compasión, si evita lo mejor que puede la destrucción de la criatura más minúscula, trata de salvarla y así incesantemente se esfuerza por liberarse de la espiral de hiṁsā” (en La historia de mis experimentos con la verdad, Parte IV, texto 39).

Por supuesto, la comida y la violencia física son sólo la “punta del loto” y practicar el no-dañar en palabra y pensamiento es seguramente más difícil. Lo que pasa es que uno, en general, empieza desde lo más burdo a lo más sutil, aunque los dos niveles puedan entrelazarse en el camino.

En cualquier caso, para mí la palabra clave es compasión y, basado en las enseñanzas de mis maestros, creo fundamental desarrollar esa cualidad tanto para poder desarrollarme espiritualmente, como para que los demás seres sean más felices y para que yo mismo sea más feliz.

Actuar siempre desde el amor y la compasión, sin guardar rencor, envidia ni otros malos sentimientos, debe ser hermoso y liberador. A por ello.

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La importancia del último pensamiento antes de morir

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En la filosofía de la India se considera que, en su condición de sujetos y objetos finitos, todos los componentes de este mundo fenoménico y material están ineluctablemente destinados a desaparecer. Sólo aquello que es eterno e infinito, aquello que no ha nacido ni tuvo principio puede, entonces, no tener muerte ni fin. Esta cualidad inmortal pertenecería al alma, o Ser espiritual, que todos llevamos dentro como parte inseparable de una energía Divina universal.

Todo lo demás, como decía, está condenado a desaparecer. Cuando esto sucede, el alma o chispa Divina, pasa a otro envase y continúa con el proceso evolutivo de esa consciencia particular, hasta trascender la dualidad del mundo material y regresar a la unión con el Alma universal.

Teniendo en cuenta este concepto de la existencia es que la tradición espiritual védica dice que al nacer uno ya comienza a morir. No se trata tanto de una visión pesimista sino, más bien, de una exposición cruda de los hechos. En efecto, nadie puede negar que todo lo que es material y perceptible a los sentidos es perecedero y mortal. La ecuación es simple: si nace debe morir. Para la filosofía de la India, basada en una concepción cíclica del Universo, la ecuación anterior tiene su contraparte natural: si muere debe nacer.

De allí la idea de la reencarnación o transmigración de las almas en la que, al pasar de vida en vida, a priori, uno va aumentando su grado de consciencia espiritual hasta lograr un nacimiento como ser humano, el cual es considerado una gran bendición, por más que en general las personas veamos nuestro nacimiento humano como lo más natural y obvio del mundo. Incluso, según los casos, hay personas que consideran su nacimiento humano como una condena.

El motivo esencial de considerar un nacimiento humano como una gran suerte es que únicamente como ser humano uno tiene la capacidad para entender su verdadera naturaleza espiritual y, además, tiene la posibilidad de realizar los pasos necesarios para la auto-realización espiritual que, según explican las Escrituras sagradas, se erige como el objetivo fundamental de todo ser.

Pienso ergo me convierto

Ya que un cuerpo humano es fundamental para alcanzar la ‘liberación’ o, también, la ‘iluminación’, es importante no desaprovechar la oportunidad que cada uno tiene. También es verdad que las Escrituras dicen que es imposible auto-realizarse en una única vida y que es sólo después de muchas encarnaciones (incluso miles) cuando uno finalmente logra re-unirse con su esencia Divina original. Como nadie sabe si ese auspicioso nacimiento será o no el actual, lo correcto es actuar como si lo fuera y llevar a cabo una vida con el máximo posible de dedicación espiritual.

A este respecto, en la tradición védica se dice que la muerte es el momento más importante de la vida; es decir, es el evento para el que uno se prepara toda la vida, ya que es el momento que determina la próxima encarnación de cada ser. Esto es así porque se dice que en el instante de la muerte, cada ser revela su verdadero estado de consciencia, el cual sencillamente está basado en el tipo de vida que haya llevado y el tipo de pensamientos que haya alimentado durante la misma.

En el transcendental diálogo de la Bhagavad Gītā, Sri Krishna explicita esta importante enseñanza a su amigo y discípulo Arjuna (aquí llamado “hijo de Kuntī”):

“Cualquier sea el objeto en que un ser humano piensa en el momento final, cuando deja su cuerpo, eso mismo obtiene, Oh hijo de Kuntī, por haber estado siempre absorto en él”. (B.G. 8.6)

Esta transcripción del verso original está basada en la traducción de Swami Nikhilananda, perteneciente al linaje de Sri Ramakrishna y Swami Vivekananda, aunque en general todas las versiones son muy coincidentes en la enseñanza que subyace a estas palabras. El mismo Swami Nikhilananda explica, en sus comentarios de la Gītā, que “el estado mental en el momento de la muerte determina el futuro del alma… [ya que] nuestro ser interior se convierte en aquello en lo que pensamos insistentemente con fe y devoción”.

Sabiendo este dato, uno podría especular con esperar al momento de morir para simplemente pensar en Dios, en Jesús, en la Luz Universal o en cualquier otro ‘objeto’ espiritual, de manera de convertirse en un ser iluminado y salir así de la rueda de encarnación y muerte. El problema es que en el lecho de muerte, según se explica, no es posible pensar en lo Divino (o cualquier idea elevada similar) si uno ha pasado su vida con la mente focalizada en aspectos no espirituales ni elevados.

Como dice Swami Nikhilananda: “Los pensamientos recurrentes de toda una vida, ya sean buenos o malos, se presentan vívidamente en el momento de la muerte”.

Swami Nikhilananda

Sobre este proceso, Swami Sivananda, el gran santo fundador de The Divine Life Society, explica en su comentario de la Bhagavad Gītā: “El pensamiento que más importancia haya tenido en esta vida ocupará la mente en el momento de la muerte. La idea que se impone en el momento de la muerte es la que atrajo más la atención durante la vida normal… Los deseos no tienen fin. El ser humano no puede satisfacerlos en una vida. En el momento de la muerte se agita todo el depósito de impresiones y deseos, y el deseo más destacado, fuerte y que más se ha alimentado aflora a la superficie de la mente… Este deseo más fuerte atrae la atención buscando satisfacción inmediata. En la hora de la muerte sólo se piensa en eso… Si no se satisface este deseo la mente queda saturada de él y espera satisfacerlo en la siguiente vida. Este deseo será muy importante en la siguiente vida”.

Swami Sivananda

El rey Bharata y el ciervo

Esta ley espiritual tiene su correlato más famoso en la historia del gran rey Bharata que, como hijo del gran sabio Rishabha, fue un devoto excepcional. El Śrīmad Bhāgavatam, por ejemplo, un texto sagrado del siglo IV con enfásis en la práctica devocional, explica la vida de este rey (cap. 5.7-8).

De hecho, se explica que Bharata reinó sobre la Tierra con gran rectitud y fue un devoto absolutamente pío. Habiendo cumplido de forma impecable con todos sus deberes de gobernante y hombre de familia, el rey dividió las riquezas entre sus hijos y se retiró al bosque. Allí tuvo visiones de lo Divino y “su corazón estaba completamente limpio, y no tenía el mínimo deseo de disfrute material”.

Un día, después de realizar sus abluciones matinales, sentado junto al río cantado mantras, el ahora asceta Bharata vio a una cierva que se disponía a beber agua del río. Mientras estaba bebiendo, un león en las cercanías rugió con gran fuerza y asustó a la cierva, que se lanzó al agua con angustia. La cierva estaba preñada y, al nadar desesperadamente, el bebé ciervo salió de su útero y fue llevado por las aguas del río. La madre, asustada y afligida, apenas pudo alcanzar la otra orilla, donde murió.

Viendo todo esto, Bharata “sintió gran compasión” y como “un amigo sincero” tomó al bebé ciervo del agua y sabiéndolo huérfano lo llevó a su ermita. Gradualmente, Bharata se encariñó tanto con el ciervo que lo trataba como a su propio hijo, al punto de que empezó a descuidar sus prácticas espirituales. Él, que había abandonado riquezas y familia por marcharse al bosque para encontrar a Dios, estaba ahora apegado a un ciervo y se preocupaba por él como si su verdadera felicidad dependiera de ello.

Cuando al rey Bharata le llegó el momento de morir, “el ciervo estaba sentado a su lado como su propio hijo lamentando su muerte”. Como es de esperar, la mente del rey estaba absorta en el cuerpo del ciervo y, consecuentemente, después de morir reencarnó en un cuerpo de ciervo.

Si bien la historia tiene algo de hiperbólica, las enseñanzas son dos: que lo que pensamos al morir es importante y, segundo, que incluso llevando una vida muy espiritual hay que tener atención en no descuidar esa práctica, pues las garras de los hábitos mundanos están siempre al acecho.

Para consuelo del lector cuento que el rey Bharata, debido al servicio devocional de su vida pasada, no olvidó lo que había sucedido, y pudo entender las razones de nacer como ciervo. Por lo tanto, tuvo un nuevo nacimiento como humano en el que, con el nombre de Jadabharata, logró la auto-realización total.

Lo que hay que pensar

Evidentemente, si lo que uno quiere (en esta vida pero, por si acaso, también en la próxima) es re-unirse con su esencia Divina, o alcanzar a Dios, o iluminarse, o encontrar su Ser interior, hay que cultivar pensamientos elevados y espirituales. Volviendo a la Bhagavad Gītā (8.5), Sri Krishna lo dice claro:

“Quienquiera que, en el momento de la muerte, deje su cuerpo recordándome sólo a Mí, llega a mi Ser. No hay duda acerca de ello”.

A este respecto, es famoso el hecho de que cuando Mahatma Gandhi fue asesinado con tres disparos de pistola durante una aparición pública, sus últimas palabras fueron ‘Rām, Rām‘, que son una forma de referirse a Dios en el hinduismo. Tener la capacidad de pensar en Dios, al morir asesinado inesperadamente, no es casualidad ni suerte, sino el fruto de una vida absolutamente dedicada a la búsqueda espiritual, como es el caso de Gandhi.

Samadhi de Mahatma Gandhi en New Delhi con la inscripción ‘He Rām’

Por otro lado, siguiendo con los consejos de las Escrituras de la India, hay un pasaje del Chandogya Upanishad (3.17.6) en que se dice que, en el momento de la muerte, hay que repetir tres pensamientos (o mantras) específicos del antiguo Yajur-Veda:

“¡Tú eres el Imperecedero! ¡Tú eres el Inmutable! ¡Tú eres la verdadera esencia de la vida!”

La traducción pertenece al libro The Yoga Tradition del indólogo y académico Georg Feuerstein.

Preparándose para la muerte

Escribir este post no ha sido tan fácil, pues el tema de la muerte es difícil de abordar, sobre todo para alguien con mentalidad occidental, partícipe de una sociedad y una cultura que niegan la muerte todo lo que se pueda. Mi intención al crear este artículo no es la de focalizarme en la muerte, ni tampoco dar consejos a personas moribundas. Por el contrario, mi intención es recordar(me) la importancia de vivir una vida espiritual, con la excusa de que será muy determinante para mi felicidad en el momento de mi muerte, pero también porque creo que es esencial para mi felicidad en el día a día del presente.

Muchas de las lecturas e investigaciones que hice para este post son de alta estatura filosófica, en el sentido de su complejidad. Sin embargo, al escribir estas líneas me vino a la cabeza un discurso de Swami Premananda titulado Preparándose para la muerte
que cité hace ya algunos años y que, en el lenguaje simple y llano que caracteriza las enseñanzas de Swami es, para mí, un resumen perfecto del tema.

Swami Premananda

Swami dice: “A mucha gente no le gusta pensar en la muerte. La consideran como un evento terrible en el que no hay que pensar para nada. No obstante, es tan sólo contemplando la naturaleza de la vida y la muerte, de dónde vinimos, por qué nacimos y el hecho que todos vamos a morir algún día, que podremos comprender la Verdad en esta vida“.

Luego agrega: “¡Mi primer consejo sobre la muerte es que dejes de preocuparte acerca de la muerte! La muerte es una experiencia gozosa. Sin embargo, sólo puede ser así para los que tienen fe en lo Divino de un modo u otro. Los que trabajan con los moribundos pueden confirmar esto. La gente que tiene fe en Dios y que piensa en Él durante sus últimos minutos muere en paz y en felicidad. Los que quieren aferrarse a sus posesiones, a sus parientes y que luchan contra la muerte mueren con miedo y con dificultad. ¿Qué categoría prefieres?“.

Yo creo que la pregunta final que hace Swami es importante. De hecho, puede ser la clave para decidir qué tipo de estilo de vida queremos tener. No sólo por lo fundamental de nuestro momento final, lo repito, sino por el bien de nuestra felicidad actual.

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Los vericuetos del apellido Gandhi

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En este blog he hablado repetidas veces de Mahatma Gandhi, la última de ellas en relación a las manifestaciones ‘indignadas’ de España. Todas las veces que he citado a Gandhi, a lo largo de los 3 años que lleva esta bitácora digital, ha sido con un objetivo espiritual más bien que enciclopédico; es decir, resaltando sus enseñanzas espirituales y su ejemplo de vida para argumentar alguno de mis relatos.

La validez del pensamiento gandhiano (como la de cualquier otro pensamiento) no reside en dónde nació, qué estudió o cuándo murió, sino en la visión actualizada y empírica que presentó al mundo sobre el triunfo del amor sobre el odio. Siempre se debate si la vida y la obra de cualquier gran personalidad deben juzgarse de forma separada o no. En el caso de Gandhi, no hay polémica: su vida y su obra van de la mano, en armonía, haciendo en ocasiones difícil diferenciarlas.

De todos modos, como es normal, todas las personas nos interesamos, en cierta manera, por los detalles más ‘superficiales’ de los demás, sobre todo si son personalidades. Es por ello que, acicateado en mis propias dudas, e intentado desmontar algunas creencias generalizadas, he pensado en hacer unas simples y resumidas aclaraciones sobre Gandhiji, su nombre y su linaje.

Cuatro varones

Mohandas Karamchand Gandhi nació en 1869 y, junto a su esposa Kasturbai, tuvo cuatro hijos, todos ellos varones. Por ende, no tuvo ninguna hija. Ya sé que lo que estoy diciendo es una conclusión obvia, pero hago la aclaración porque probablemente a muchos les suena el nombre de Indira Gandhi.

Indira Nehru, tal era su nombre original, nació en 1917 y era hija de Jawaharlal Nehru, una de las figuras políticas principales del movimiento independentista indio, líder del Partido del Congreso y amigo cercano del Mahatma. Por su parte, en 1947, Nehru padre se convirtió en el primer primer ministro (perdón por la cacofonía) de la India independiente hasta su fallecimiento en 1964.

Para entonces, su hija Indira ya había entrado en el mundo de la política y su apellido había cambiado. Debo decir que, hasta hace poco, yo creía que ese cambio se debía a una especie de homenaje que había hecho Nehru padre al Mahatma. Pues nada de eso. Los hechos son mucho más prosaicos. Resulta que la joven Indira Nehru se casó con un político y periodista indio llamado – nada más ni nada menos – Feroze Gandhi. Feroze era de ascendencia parsi y su familia no tenía (ni tiene) ningún vínculo sanguíneo con la familia del Mahatma.

Ante esta precisa conjunción del destino uno se pregunta, ¿no es demasiada casualidad?

Fragante

Siempre gracias a mis clases de sánscrito me enteré de que la raíz gandh significa ‘perfumar’, y por tanto la palabra gandhi es un adjetivo que se puede traducir como ‘perfumado’ o mejor aún, ‘fragante’.

Como es sabido, en todas las lenguas encontramos el fenómeno de que el significado original y literal que podían tener ciertos apellidos se pierda en detrimento de su nueva función ‘etiquetadora’. De todos modos, es verdad que apellidarse ‘fragante’ no está nada mal, sobre todo en el caso del Mahatma, que quedaría como ‘gran alma fragante’.

Más allá de esta feliz coincidencia en la traducción, al parecer, en la India, el apellido Gandhi es mucho más normal de lo que me imaginaba. Puede que no sea el más común, pero tampoco se trata de un apellido raro y, por tanto, es normal que existan varias personas con este ilustre nombre de familia, sin tener relación sanguínea con los linajes Nehru o Gandhi, en las dos vertientes ya vistas.

Teniendo en cuenta que Indira fue la única hija de Jawaharlal Nehru, el apellido del patriarca quedó fuera de los focos gubernamentales de la India, aunque no su sangre. Indira (cuyo esposo ya había fallecido en 1960) fue la primera y única mujer elegida como primer ministro de la India, cargo que ostentó entre 1966 y 1977, para luego regresar, después de una serie de altibajos político-judiciales, al mismo puesto entre 1980 y 1984, año en que murió asesinada por dos miembros de su guardia personal.

Al morir, Indira ya había dejado como heredero en la arena política a uno de sus dos hijos, de nombre Sanjay Gandhi.

Indira Gandhi con su hijo menor, Sanjay

Saga

Sanjay, el menor de los dos hijos, empezó a participar activamente en política a mediados de los ’70, coincidiendo con la crisis que enfrentaba el gobierno presidido por su madre. En 1980, ya miembro del Parlamento, Sanjay murió en un accidente aéreo, cuando el avión que él mismo tripulaba se estrelló durante una sesión de prueba, en Nueva Delhi.

Fue entonces cuando el primogénito, Rajiv Gandhi, que había decidido hacer una vida alejada de la política y era, irónicamente, piloto profesional de Indian Airlines, se convirtió en el reemplazante de su hermano en el entramado del Partido del Congreso. Eventualmente, cuando Indira fue asesinada en 1984, Rajiv se erigió como el candidato natural para reemplazarla al frente del Gobierno. De esta forma, ganó las elecciones y con 40 años se convirtió en el más joven primer ministro de la India post-colonial, ejerciendo entre 1984 y 1989.

Fiel a la aciaga suerte de la familia, Rajiv Gandhi murió en 1991 asesinado por una extremista suicida de los Tigres de la Liberación Tamil, una organización que reclamaba un estado tamil independiente en Sri Lanka, como reacción a la mayoría cingalesa. Por otra parte, esta especie de guerra civil que se inició a fines de los ’70 en Sri Lanka, llena de disturbios étnicos, fue el motivo principal de que Swami Premananda se trasladara a la India en 1983, como alguna vez relaté aquí.

Rajiv Gandhi

Cuando Rajiv Gandhi murió, el Partido del Congreso invitó a su esposa, Sonia Gandhi, a liderar el partido.

La historia peculiar de Sonia Gandhi reside en que su nombre de nacimiento es Edvige Antonia Albina Maino, y sobre todo, en que es italiana. Ella conoció a Rajiv en Inglaterra en los años ’60 mientras ambos eran estudiantes (y ella, además, camarera). Se casaron en 1968 y Sonia siempre mantuvo un perfil bajo alejado de la política, incluso cuando su esposo era primer ministro.

Sólo en 1997, ante el repetido pedido del partido, decidió dedicarse por completo a la política como líder del Partido del Congreso, puesto que todavía ocupa.

Al mismo tiempo, el primer hijo que tuvieron con Rajiv, llamado Rahul Gandhi, de 40 años, también está involucrado en política, continuado así con una saga de gobernantes que comparten la misma sangre y la militancia en el Partido del Congreso, la facción política que ha gobernado la India de forma casi permanente desde la independencia, con sólo tres intervalos (1977-80 / 1989-1991 / 1996-2004).

Sonia Gandhi

Caprichos

El Partido del Congreso, dirigido por Mahatma Gandhi a inicios de los años ’20, símbolo fundamental de la independencia de la India, también ha sufrido el paso de los años y su prestigio ya no es el de antaño. El hecho de que la dirección del partido haya estado, durante estos 65 años de la era post-independencia, siempre bajo un miembro de la familia Nehru-Gandhi es uno de los motivos.

Más allá de si uno está de acuerdo o no con las iniciativas políticas de Sonia Gandhi y su partido, lo seguro es que poco queda, más allá de lo simbólico, de aquella relación estrecha con el Mahatma Gandhi, inspirada en la no-violencia, la renuncia y la Verdad.

Qué caprichoso es el destino, pienso nuevamente, que eligió darle a esta dinastía gubernativa el apellido del hombre más reconocido de la India. ¿O es que quizás habrá algo más? ¿Alguna razón kármica?

No tengo la respuesta. Insondables son los vericuetos del destino, supongo.

Violencia es mentir

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Esta mañana encendí mi ordenador y vi la noticia de que la policía catalana (los Mossos d’esquadra) estaba desalojando la Plaça Catalunya de Barcelona, centro de operaciones de la acampada de los ‘indignados’, con la excusa de ‘motivos de salubridad’. Lo que más me impactó del evento fue la violencia con que la policía se dirigía a los manifestantes (vídeo aquí), incluso cuando estos últimos se resistían a abandonar la plaza de forma pacífica.

Si bien es verdad que estas imágenes de choques entre manifestantes y policías las había visto cientos de veces en los medios, la cercanía geográfica y emotiva de las protestas barcelonesas me afectó con mayor fuerza. Una vez más, lo que sobre todo me impactó es el hecho de que la policía golpeara a manifestantes que no hacían nada, más que estar con los brazos en alto o simplemente gritar consignas contra la acción policial.

Más allá de que uno pueda estar a favor o en contra de esta manifestación y sus razones, más allá de que (según dicen algunos, lo cual es muy debatible) todas esas personas sean hippies, holgazanes, okupas o anti-sistemas, no entra en mi cabeza que la policía, que se supone debería proteger a los ciudadanos, golpee sin vergüenza con sus porras a personas que están en el suelo indefensas, o que simplemente hacen ‘resistencia pasiva’.

Nuestro amo juega al esclavo

Cuando era adolescente me hice fanático de la popular banda argentina de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que amén de su peculiar nombre, fue el grupo de rock más masivo de los años ’90, convirtiéndose en un mito después de la separación de sus miembros. Los Redondos se caracterizaban, entre otras cosas, por sus letras crípticas y bastante profundas (en la medida en que uno pudiera descifrarlas, claro), y hubo muchas frases que hicieron mella en mi mente juvenil.

De todos esos mensajes, hay uno que me gusta mucho y que me vino a la cabeza, una vez más, al ver los eventos tristes de la acampada en Barcelona: ‘Violencia es mentir’.

Este aforismo se encuentra en la canción Nuestro amo juega al esclavo, del disco Bang! ¡Bang!! .. Estás liquidado, y no soy yo el primero en utilizarlo para explicar la dinámica de ‘patas cortas’ que tiene la violencia en todos los ámbitos.

Si bien el debate sobre las enigmáticas letras ‘ricoteras’ está todavía vigente en Argentina, la trasparencia de la idea ‘violencia es mentir’ es, para mí, absoluta. Y no sólo eso, sino que se trata de un pensamiento muy profundo, al menos desde el punto de vista védico.

As / Sat

Es bueno recordar que los Veda, las escrituras sagradas del hinduismo, fueron compuestos en lengua sánscrita y todas las palabras ‘técnicas’ que se utilizan a día de hoy para explicar la filosofía espiritual y la religión de la India mantienen ese origen.

A este respecto, el vocablo sánscrito sat es traducido, de manera generalizada, como ‘verdadero’. En lengua sánscrita, la raíz verbal as significa ‘ser, existir’. De esta forma, asmi, por ejemplo, es ‘yo soy’.

Yo, que gracias a María Elena Sierra, mi profesora de sánscrito, he aprendido muchas nuevas cosas, puedo ahora decir que sat es el participio presente de as, y por tanto significa, literalmente, ‘existente’.

¿Por qué, entonces, se traduce como verdadero? Pues, desde el punto de vista de la filosofía espiritual védica se considera existente únicamente a aquello que no es perecedero, ergo eterno. Todo aquello que muere, que perece, que tiene un final, es considerado falso, ya que forma parte del llamado velo de maya, de la ilusión cósmica, del mundo fenoménico que se pone frente a nuestros ojos espirituales para hacernos creer que la materia es más que el espíritu.

Por tanto, sólo aquello que es eterno, duradero, que no tiene nacimiento ni muerte (como el alma o, para los que quieran decirle así, la Divinidad), puede considerarse verdadero.

Si desde esta perspectiva la mayoría de lo que experimentamos superficialmente en el Universo es falso, entonces, con más razón, la violencia es claramente falsa. La violencia es impermanente y, por ende, una mentira, porque sólo puede considerarse verdadero aquello que nos da felicidad permanente e incondicionada.

Puede haber discusiones y debates filosóficos sobre qué es lo que otorga esta felicidad permanente (algunos lo llaman Dios, otros ‘encontrarse con uno mismo’, otros Amor universal…), pero lo seguro es que la violencia, de cualquier índole, no entra en esta categoría.

Resistencia pasiva

En su lucha por la independencia de la India, y salvando las distancias, Mahatma Gandhi utilizó tácticas similares a las utilizadas por los manifestantes indignados de Barcelona, es decir, desobediencia civil y resistencia pasiva y pacífica. A Gandhi y a sus seguidores también les pegaron y les encarcelaron, ya que parece que no siempre alcanza con ser pacífico para evitar la violencia.

Sobre esto, Gandhi siempre sostuvo que la fuerza del amor puede vencer a la del odio, y llevando su tesis de amor a la humanidad al extremo dijo: “Si la pérdida de la vida se hace necesaria en una batalla justa, uno debe estar preparado para derramar su propia sangre, y no la de otros. De ese modo, finalmente habría menos derramamiento de sangre en el mundo”.

Con esto no quiero insinuar que haya que perder la vida por la acampada de Barcelona, sino que la historia demuestra que no siempre es tan sencillo como levantar los brazos en son de paz para así tranquilizar a las fieras.

Pero eso no significa, nunca olvidarlo, que la violencia sea verdadera.

La Sangre del Mahatma

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Ya decía yo en la crónica de la semana pasada que el tema relacionado con Mahatma Gandhi da para mucho. También dije que, según mi punto de vista, su principal legado era el basamento espiritual de toda su vida y obra.

 

Hablando de legado, justamente, me vuelvo a adentrar en el Museo Gandhi de Madurai, para analizar diversos aspectos que me resultaron de interés.

 

Museo

A pesar de los varios museos dedicados a Gandhi que hay en la India, yo nunca había estado en uno de ellos.

El Museo de Madurai, en particular, tiene una primera sección donde se explica la historia de la independencia de la India, desde los inicios de la colonización europea. Esta primera sección es grande y tiene muchos datos interesantes, infografías, mapas e imágenes.

 

En esta primera etapa no se habla de Gandhi, pues se trata de un etapa anterior a su vida, donde los príncipes y maharajás se entablaron en batalla con las potencias colonizadoras, principalmente Francia e Inglaterra.

 

De por sí, conocer algunos de estos detalles me parecía interesante, no sólo desde el punto de vista histórico, sino que me sirvió para confirmar algunos conceptos culturales, que no se limitan a la India. Con esto me refiero, a que la forma en que cualquier información es presentada depende directamente de quien la presenta. Una obviedad, claro.

A nivel de la Historia, con mayúscula, ya sabemos que el vencedor no presenta la información de la misma forma que el perdedor. O es más, a veces sucede que mirando el bando que se mire, simplemente hay dos vencedores, nadie se considera perdedor.

 

El mostrar el vaso medio lleno de lo propio, es una práctica normal de las naciones y grupos sociales, a lo largo de la Historia. Para crear conciencia de grupo (sobre todo a nivel nación) es necesario legitimar cierto pasado común, mientras más glorioso mejor.

 

La India tiene un pasado común que podría superar a cualquier otro pueblo del mundo. Los últimos quinientos años de historia, en que aparecen las potencias europeas en escena, son sólo un eslabón más de la larga cadena de eventos del subcontinente. De todos modos, la presentación que hace el museo de Madurai de la lucha de la independencia india no se diferencia mucho de las presentaciones vistas en, por ejemplo, Sudamérica.

 

Lo que más me llamaba la atención, era la forma en que a los luchadores indios se los calificaba de héroes (esto es evidente) y se loaban sus matanzas en defensa de la patria. Repito, cada grupo social considera a sus muertos, ‘mártires’, y a sus matadores, ‘héroes’. O, también, ‘héroes’ en los dos casos. Más allá de la paradoja que esto genera, visto objetivamente, lo que más me llamaba la atención de esta forma de presentar los eventos, repito, era que se trataba de la introducción a la historia de Gandhi, el paradigma de la No-violencia.

 

Indian soldiers

 

Taparrabos

 

Por otro lado, visitando el museo de Madurai, me vino a la mente la pregunta ¿qué tiene que ver Madurai con Gandhi?

Al parecer, en el año 1921, Mahatma Gandhi visitó la ciudad en una de sus giras. Se dice que durante la noche se encontró mentalmente agitado y preocupado al pensar en todos los campesinos y pobres que había encontrado en su camino, vestidos con escasa ropas, consistentes en una pequeña toalla alrededor de la cintura, temblando de frío, mientras él usaba turbante y largas ropas.

 

Entonces, durante la noche Gandhi tomó la decisión de que él debería ser un modelo para todos y por ende debería vestirse de manera simple, como los campesinos y pobres que había visto en su periplo hacia Madurai. De hecho, el siguiente día comenzó a implementar esta idea.

Dicha mañana todos los presentes se vieron impactados al verlo vestido de esta forma y entonces Gandhi les explicó acerca de la decisión y la mantuvo durante toda su vida.

 

Desde entonces, Mahatma Gandhi se vestía con una tela alrededor de la cintura, similar a un taparrabos, por no encontrarle un nombre mejor en español. Cuando hacía frío, también se agregaba un tela o chal sobre los hombros.

 

Quizás la idea del cambio de vestimenta había estado dando vueltas en la cabeza de Gandhi por algún tiempo, pero como en muchas otras ocasiones, una vez que la decisión fue tomada, no hubo vuelta atrás. Así de adamantina era la voluntad del ‘padre de la independencia’ de la India.

 

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Partición

 

Como fue insinuado en la crónica pasada, la lucha por la independencia de la India, era para Gandhi la forma de poner en acción todos sus ideales espirituales, era su campo de experimentación para hacer valer la justicia, la verdad y la rectitud.

No creo que sea casualidad que todo haya sucedido en la India, pero incluso en cualquier otra parte del mundo, Gandhi hubiera hecho lo mismo. De hecho, su carrera como luchador por los derechos civiles había comenzado en Sudáfrica.

 

El proceso de descolonización e independencia de la India fue muy largo. Siendo, por entonces, la joya de la Corona Británica, no era fácil que los ingleses simplemente hicieran las maletas y se marcharan. No sólo por razones económicas y de orgullo, sino porque temían que el país cayera en el caos político y gubernamental al no tenerlos a ellos como regidores.

 

Durante cientos de años, la India había podido autogobernarse sin ningún problema, ¿por qué ahora habría de crearse caos? Por un lado, el sistema de gobierno con el que se pretendía dejar a la India ahora era el de una república democrática. Los ingleses no estaban dispuestos a dejar a la India otra vez a cargo de sus maharajás y reyes, sino que querían dejar un gobierno ‘civilizado’.

Gandhi estaba de acuerdo con establecer una democracia; y por otro lado, las protestas de los antiguos regidores feudales se arreglaron con el otorgamiento de títulos y tierras.

 

Sin embargo, el principal problema estuvo en satisfacer a la minoría musulmana del país, que temiendo quedar sometida bajo un gobierno de cariz totalmente hindú, reclamaban un estado propio. Sin abundar en detalles, después de largas deliberaciones, la Corona Británica decidió partir la India y crear un estado musulmán. Debido a que los musulmanes estaban dispersos por todo el país, se eligió crear el nuevo estado en las zonas con mayoría musulmana, que a la sazón eran dos: el noroeste del país, lo que actualmente se conoce como ‘Pakistán’, al límite de la zona de Cachemira, y el noreste del país, lo que actualmente se conoce como ‘Bangla Desh’.

 

En el momento de la partición (1947), los estados se llamaban ‘Pakistán occidental’ y ‘Pakistán oriental’. Se trataba de un mismo estado, dividido a la mitad por la India. Se trataba de un estado que nacía ya partido y separado. Un absurdo.

Con los años ‘Pakistán oriental’ se independizó para ser ahora ‘Bangla Desh’.

 

IndianPartitionMap

 

Rol

 

Luego de luchar por años por la independencia de la India, Gandhi había logrado que el Imperio Británico se rindiera a las ideas de un hombre en taparrabos, sin que para ello hubiera necesitado disparar una sola bala. Un hito de la política y las relaciones internacionales; una fresca innovación en el arte de la guerra; sobre todo, un milagro espiritual.

 

Sin embargo, gran parte de por lo que había luchado Gandhi fue arruinado por esta inminente partición de la India en tres partes. Gandhi dijo que si los musulmanes temían ser subyugados por una mayoría hindú, entonces que se le diera el cargo de Primer Ministro a un musulmán.

Tal era su convicción en la India como un todo (como siempre había sido) y su certeza de que no había diferencias reales, a pesar de los dogmas religiosos y raciales, que no tuvo reparos en ofrecer el poder a quienes para algunos eran considerados los enemigos.

 

Cuando el pueblo y los dirigentes luchaban por echar al colonizador y ‘ser libres’, todos siguieron a Gandhi; cuando la libertad fue asegurada y llegaba el momento de repartir el ‘poder’, los conceptos espirituales de base no eran tan caros a los amantes de la posesión.

 

El rol de Gandhi durante el proceso de partición fue reservado. Con los hechos consumados, él prefirió retirarse de la escena y no ser partícipe del error.

De hecho, durante la serie de migraciones que llevó a miles de musulmanes hacia los nuevos estados de Pakistán, a la vez que miles de hindúes se marchaban de ellos, se dieron encuentros violentos que dejaron muchos muertos. La partición de la India sólo generó más resentimiento entre las dos religiones principales.

Hoy en día, Bangla Desh es uno de los países más pobres del mundo en todos los sentidos. Pakistán, por su lado, como se sabe, no goza de estabilidad de ningún tipo.

Los atentados que esporádicamente suceden en la India, tienen su asidero en el resentimiento de la infausta partición.

 

Paradoja

 

El 30 de enero de 1948, ni siquiera seis meses después de la anhelada independencia de la India, Mahatma Gandhi fue asesinado en Nueva Delhi durante su caminata pública al atardecer. Le dispararon tres tiros de pistola.

Su asesino se llamaba Nathuram Godse, y era un hindú radical que tenía relación con movimientos nacionalistas extremos.

La razón que esgrimió el asesino era que Gandhi había traicionado la patria, ya que por un lado apoyaba a las minorías musulmanas, y que incluso la partición del país era su culpa.

 

Gandhi, a quien había dolido en el corazón no poder evitar la partición, era acusado de causarla, y de traicionar su país. Justamente él, que había sido el ‘padre de la independencia’ de la India.

 

La historia está llena de casos así, quienquiera que defienda valores altos siempre tendrá muchos enemigos y siempre tendrá que luchar contra la opinión y acción de la mayoría. Mantenerse fiel a si mismo muchas veces genera rechazo.

 

Manchas

 

En el museo de Madurai, como último paso en el recorrido por la vida y obra del Mahatma, se encuentra un trozo de la vestimenta que él usaba el día en que fue asesinado (el otro trozo está en el museo de New Delhi).

La tela está debajo de un cristal y todavía se pueden ver las manchas de sangre del fatídico día.

 

En varias ocasiones, antes de su muerte, el Mahatma había dicho que él esperaba que una vez llegado su día el pudiera dejar este mundo repitiendo las palabras ‘Ram, Ram’ (otros sostienen que es ‘Hare Ram’), que hacen referencia al Señor Rama, gran avatar del Hinduismo, de quien Gandhi era muy devoto.

 

En el Hinduismo existe la creencia de que, si al morir, las últimas palabras, y por ende los últimos pensamientos, están dedicados a Dios, entonces uno alcanza moksha, la liberación del ciclo de reencarnación y muerte. Puede sonar simple de lograr, pero según dicen los sabios, si uno ha vivido una vida sin pensar en Dios, es imposible que en el momento de la muerte uno piense en lo Divino. Por el contrario, uno tiende a pensar en lo que deja, en el miedo, en el dolor, o en la sorpresa y la confusión, si se trata de un asesinato a sangre fría.

 

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Últimas palabras

 

Testigos presenciales del momento de la muerte, han confirmado que las últimas palabras pronunciadas por el Mahatma fueron ‘Ram, Ram’.

 

Allí, en la oscura habitación del museo de Madurai, contemplando la tela manchada con sangre del Mahatma, no pude evitar las ganas de llorar.

Llorar porque una gran alma había muerto de esa forma; llorar porque los seres verdaderamente excepcionales tienen destinos difíciles; llorar porque la incomprensión y la ignorancia de la mente humana es infinita…

Pero sobre todo, llorar porque hasta en el mismo instante de morir, aunque sea de manera sórdida, Mahatma Gandhi había sido fiel a su propósito en esta vida, la unión con Dios.

Había vivido como un santo, basando cada uno de sus actos, palabras y pensamientos en las verdades espirituales, y por consiguiente había, también, muerto como un santo.

 

Modelo de vida y también de muerte. Ojalá que mis lágrimas, de alguna forma, me acerquen a ese modelo.

El ejemplo de Gandhi

Publicado en

La semana pasada hice una desviación en la hoja de ruta que estaba llevando a través del relato. Todavía en Madurai, había prometido hablar de algo más que la ciudad tenía para mostrar. Con una semana de retraso, entonces, ahora sí me dispongo a contar un aspecto de la India, que tarde o temprano iba a llegar.

 

Digamos que la ciudad de Madurai me presentó la excusa perfecta para hablar de un tema que me apasiona y que es inherente a la India: Mahatma Gandhi.

Digo excusa por que se da el caso que en Madurai se encuentra un ‘Museo Mahatma Gandhi’, uno de los tantos que hay en la India.

 

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Libro

 

Quien más, quien menos, todos hemos escuchado el nombre de Mahatma Gandhi. Quienes tengan una relación relativamente cercana con la India, quizás conocerán más. No sólo porque en la India todos los billetes de rupia lleven su rostro, o porque todas las ciudades tengan calles con su nombre, sino también porque la filosofía de vida de Gandhi se forjó en esa tierra santa, y sobre todo, allí se puso en práctica.

 

Personalmente, la vida y obra de Mahatma Gandhi me gusta mucho y me parece admirable. En está crónica no pretendo hacer una descripción exhaustiva de vida y obra; primero porque no estoy capacitado, no soy un experto en el tema; segundo porque sé que el lector se aburriría de tantos datos.

A pesar de no ser un experto, he leído e investigado un poco y siempre aprendo más cosas que me atraen de Gandhi. Si tengo que nombrar un libro sobre Gandhi que me parece fundamental es el conocido como ‘Autobiografía de Gandhi: La historia de mis experimentos con la Verdad’.

 

Dicho libro fue escrito en los años ’20, cuando el Mahatma estaba en plena lucha por la independencia. No fue escrito como un libro, sino que se trataba de crónicas semanales que hacía el mismo Gandhi para un periódico de Gujarat.

No estoy seguro de cuando fue la última edición publicada en castellano del libro, pero hace algunos años a mí me costó mucho encontrarlo en Córdoba. De hecho, sólo lo encontré en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Ahora, en España, parece más fácil hallarlo, y en versión inglesa, mucho más aún.

 

A cualquiera que le interese un poco la vida y visión de Gandhi, me parece que este libro es imprescindible, sobre todo porque es un relato en primera persona, de primera fuente.

 

gandhi rupia

 

Fragmento

 

Voy a contar algo aunque me haga quedar mal: cuando pensé en hacer estas crónicas, este diario de viaje espiritual, uno de los ejemplos que tuve muy en cuenta fue la autobiografía de Gandhi. No hace falta que ahondemos en las diferencias del caso, las conocemos de sobra.

Más allá de cada caso particular, lo que yo quería emular del libro de Gandhi era su espíritu, al menos algo de su espíritu.

Cito entonces un fragmento de la introducción de dicho libro:

 

‘…En realidad, no es mi propósito escribir una autobiografía en el sentido cabal de la palabra. Simplemente, quiero relatar la historia de mis numerosos experimentos con la verdad, y como mi vida consiste de esas experiencias únicamente, resulta que tal narración tomará la forma de una autobiografía.

Mas no pienso preocuparme si en cada una de sus páginas sólo se habla de esos experimentos. Creo, o al menos me halaga, abrigar la creencia de que la relación de tales pruebas será beneficiosa para el lector. Mis experimentos en el campo político son hoy conocidos no sólo en la India, sino también, y en cierta medida, en el mundo “civilizado”. Lo cual para mí no tiene gran valor y el título de Mahatma que me dieron por ese motivo, vale para mí menos todavía. Con frecuencia ese título me ha causado pesar y no logro acordarme de un sólo instante en que haya servido para halagar mi vanidad.
De todos modos me agrada narrar mis experimentos en el campo espiritual que sólo yo conozco y, verdaderamente, de ellos he obtenido la fuerza que poseo para mi actuación en la esfera política. Si tales experimentos son realmente espirituales, entonces no queda lugar alguno para el auto-elogio y sólo pueden sumarse a mi humildad. Porque cuanto más reflexiono y contemplo el pasado, más vívidamente siento mis limitaciones’.
 

 

Me encanta el concepto de ‘experimentos con la Verdad’, que se refiere directamente al ámbito espiritual. Como decía, no voy a relatar la vida y obra del Mahatma. Hay muchísimos aspectos distintos en los cuales uno debería detenerse, y yo no soy capaz de hacerlo. Sin embargo, hay un aspecto, que considero el principal, que es el que quisiera destacar. Se trata, justamente, del basamento totalmente espiritual de la vida y obra de Mahatma Gandhi.

 

Los famoso conceptos de no violencia, resistencia pasiva, ayuno, celibato y no cooperación, no podrían haber sido concebidos, y sobre todo llevados a cabo, sin una fuerte base espiritual. Son estos ideales espirituales los que guían, como él mismo explica en sus escritos, a Gandhi en su lucha por la justicia y la verdad, que se cataliza en la lucha por la independencia de la India.

 

Gandhi-autobiografia

 

Política

 

Desde la mirada exterior general, Gandhi muchas veces es considerado un estadista, un político, un rebelde, un líder de masas. En lo que quiero hacer hincapié es en el profundo compromiso espiritual de Gandhi.

 

‘Si parece que tomo parte en política, es solamente porque hoy en día la política nos envuelve como una serpiente de la que uno no puede escapar, sin importar cuanto lo intente. Deseo, por lo tanto, luchar con la serpiente’.

 

Con la política como herramienta, Mahatma Gandhi llevó adelante un camino espiritual ejemplar, tanto personal como nacional.

En sus palabras, siempre en la introducción de la autobiografía:

 

‘Lo que quiero alcanzar —lo que me he estado esforzando por lograr en estos últimos treinta años— es el perfeccionamiento de mí mismo, para mirar a Dios cara a cara, para alcanzar el moksha (liberación, para más detalles ver ‘Mahashivaratri 2008’). Vivo, actúo y encauzo mi ser, hacia la consecución de esa meta. Todo cuanto hago, hablo y escribo y todas mis aventuras en el campo político, están dirigidas al mismo fin. Pero como siempre he creído que lo que es posible para uno, lo es también para todos, no he desarrollado mis experimentos en secreto, sino a campo abierto y no creo que ese hecho disminuya su valor espiritual’.

 

La relación de Gandhi con la espiritualidad no se limita a la piedad de un hindú con su religión. Gandhi fue un practicante de la espiritualidad considerada como esencia de todas las verdaderas religiones. Justamente su consideración de otras religiones como igual de válidas, sobre todo el Islamismo, fue lo que llevo a que lo asesinaran.

Para aquellos que sólo veían en Gandhi su aspecto superficial, un hombre de política, su total adherencia a los principios esenciales de la espiritualidad fue considerada una traición política y no un merito gigantesco.

 

Gandhi Nehru

 

Ejemplo

 

Por supuesto, para muchos otros, Gandhi es considerado un líder espiritual, un santo. Personalmente, lo que me conquistó de su personalidad es su estricta adherencia a los principios espirituales, su total coherencia entre ‘lo dicho’ y ‘lo hecho’, su humildad y su falta de vergüenza en mostrar sus debilidades, a pesar de que para mí él sea increíblemente fuerte.

 

Haber tomado su autobiografía como ejemplo a seguir con mis sencillas crónicas me da un poco de pudor, ya que puede sonar un poco soberbio; sin embargo, pensándolo bien no hay de que avergonzarse, pues los buenos ejemplos están para eso, para tratar de seguirse.

¿Y qué pasa con la vaca?

Publicado en

Detrás de mi mamá y de mi novia, el mayor porcentaje de comentarios de este blog pertenece a Alex, un amigo que siempre se las arregla para hacer algún tipo de acotación, ya sean éstas eruditas, humorísticas o reflexivas.


Después de la última entrega, correspondiente a los animales sagrados en la India, Alex puso sobre el tapete un tema clásico al comentar: “Es por eso que las vacas son sagradas???”

Pues bien, como sabemos, el de las vacas es uno de los grandes estereotipos de la India y aprovechando la pregunta me propuse dar una descripción del fenómeno, para tratar de entenderlo lo mejor posible, yo incluido.


vaca sagrada aureola

Intocables

Digo esto de tratar de entenderlo, porque hay muchas versiones que explican la razón de este comportamiento del Hinduismo hacia este animal.

Uno de los grandes argumentos es el que dice que como todas las personas beben leche de vaca, las vacas son consideradas como madres de la humanidad. De allí viene el concepto de que matar una vaca es como matar una madre.

Justamente, la difundida expresión “vaca sagrada” se refiere a algo que es intocable, a algo que debe ser respetado y dejado en su sitio.


Esta intocabilidad de las vacas en la India es totalmente cierta, aunque tiene sus matices. Es decir, una vaca puede estar sentada plácidamente en un bulevar de Bangalore entorpeciendo el tránsito y es visto como lo más natural del mundo; con este criterio, muchas vacas deambulan de aquí hacia allá, sin rumbo fijo y en busca de comida, sobre todo en las ciudades.

O sea, de la misma forma en que se las deja vivir, nadie se hace cargo de ellas. Es así como, con frecuencia, las vacas se acercan a las tiendas de alimentos en busca de alguna provisión, sobre todo si las muestras están sobre la acera o la puerta.

Este gesto puede provocar reacciones mezcladas. El tendero puede echar un poco a golpes a la vaca; en otros casos, tratar de empujarla con más diplomacia; y en algunos casos el tendero se puede sentir honorado. Lo cierto es que la vaca es sagrada, pero no todos quieren que se le acerque a comerle la mercancía, por ejemplo.

Hay que decir, que este es un fenómeno más bien urbano, ya que en el campo las vacas cuentan con más espacio y lugares de pastoreo, aunque al menos sean arbustos.


vaca sagrada calle

Cinco elementos

Volviendo a las razones de la sacralidad, la más plausible siempre me pareció que era la de simplemente adorar y respetar a un ser que brinda grandes beneficios a la sociedad, sobre todo a la sociedad rural. Teniendo en cuenta que la sacralidad de las vacas en la India se remonta a miles de años atrás, entonces todo era más bien rural.

Una aclaración: cuando se dice la vaca también se puede incluir al toro y a otros parientes bovinos (como el cebú o el buey) que reciben un respeto similar.

Siguiendo con la vida rural, la vaca & Cia. siempre fueron grandes ayudas para las tareas del campo, como en todas partes. Además, la presencia de una vaca en una familia india es una gran fuente de alimentos derivados, también como en todas partes.

Entre estos derivados hay principalmente cinco elementos que son considerados valiosos en la India: leche, yogurt, ghi (manteca clarificada), bosta de vaca y orina de vaca.

En este sentido, la leche, el yogurt (o cuajada) y el ghi son además de alimentos, elementos que se consideran sagrados para los rituales tradicionales védicos. En cuanto a la bosta y la orina, son considerados antisépticos, y son usados para generar productos típicos de rituales como el vibhuti (ceniza sagrada) y el kumkum (polvo rojo ritual). El excremento se usa para quemar y dar calor en invierno, y también para poner en el suelo de las casas como, lo dicho, desinfectante.

Además, estos dos últimos elementos son también usados para medicina por su cualidad antiséptica.


vaca sagrada

Inversión

De todos modos, los beneficios de la vaca india siguen siendo parecidos a los que da en cualquier parte del mundo. ¿Por qué en la India no las matan? ¿Por qué en la India no se las comen?

Pues, parece ser que originariamente la ganancia de tener una vaca viva por largo tiempo era mucho mayor a sacrificarla para gastarla en unas cuantas comidas. O sea, además de leche diaria y los demás elementos ya mencionados, servía para arar campos o tirar un carro. Esto hizo que se optara por dejar los animales vivos antes que matarlos, pues el beneficio era mayor, una inversión a mediano plazo, y no la búsqueda del fruto inmediato, que se reduciría a unas pocas comidas.

Sin embargo, esta teoría tiene un posible “pero”. Esta decisión de respetar la vida de las vacas debido a su leche o fuerza de tracción, también podría haber sido aplicada en cualquier otra cultura o civilización. Pero no ha sido así.

De hecho, hay civilizaciones que no pierden estos beneficios de la vaca, y para ello mantienen con vida una cantidad de ganado vacuno, a la vez que destinan otra parte de ese ganado para el consumo de su carne. Es decir, que no se pierde ninguna de las ventajas.

Entonces, ¿qué pasó? ¿los sabios del Hinduismo no vieron que también podían sacar aún más provecho de la vaca? Es verdad que en el Hinduismo hay una fuerte cultura de vegetarianismo, y eso influye; pero con ese criterio porqué sólo son sagradas las vacas y no también las cabras y las gallinas… Ya que en McDonald’s India no hay hamburguesas de carne vacuna, pero si hay McChicken, por ejemplo.


vaca sagrada MCdonald's

Gandhi

Todas estas preguntas que postulo no son sólo una forma de introducir el tema, son también mis interrogantes…

Una persona que ha vivido mucho en la India y sabe de su cultura me dijo una vez que los antiguos rishis (sabios) de la India consideraban a la vaca como la última encarnación de un animal antes de convertirse en ser humano, y por ende matar una vaca es como matar a un hombre.

Ya sé, uno imaginaría que lo anterior a ser humano es más bien un mono, un delfín, un elefante… Antes de entrar en la polémica, dejo esta vertiente hipotética porque no he encontrado otras fuentes que la corroboren o apoyen.

En cambio, lo que he hecho fue investigar en las opiniones de Mahatma Gandhi sobre el tema. Personalmente, todo lo que diga Gandhi lo tomo como algo muy cercano a la verdad, y digo cercano para no sonar tan radical.

La explicación de Gandhi me sorprendió un poco al principio. Según sus palabras:

“El hecho central del Hinduismo es la protección de la vaca. La protección de la vaca es para mí uno de los más maravillosos fenómenos de la evolución humana… Para mí, la protección de la vaca no es mera protección de la vaca. Significa protección de todo lo que vive y que está indefenso y débil en el mundo. La protección de la vaca significa protección de toda la callada creación de Dios”.

Para entender este punto de vista quizás hace falta saber que Gandhi se basa en uno de sus preceptos fundamentales: ahimsa. Ahimsa es un término sánscrito que se traduce generalmente como “no violencia”, pero cuyo sentido total se asemeja más a la traducción “no dañar”. Pues se trata de una regla de conducta que implica no herir ni matar a ningún ser vivo, de manera física por supuesto pero incluso se puede trasladar a planos más simbólicos. En ese punto, ahimsa perfecto es también no dañar de palabra y de pensamiento, además de acción.

Pero centrándonos sólo en el plano físico, la vaca viene a representar un animal desprotegido o débil. De hecho, la vaca puede caernos simpática o no, pero creo que todos estamos de acuerdo en calificarla como un animal más bien apático, que no parece tener demasiadas ansias de rebeldía ni de cambio.


gandhi

Vaca mirando el tren

Por ejemplo, la expresión argentina “como vaca mirando el tren”, hace referencia a alguien que se queda en presencia de algo como si mirara el horizonte, como si fuera un hecho que pasa y no le pertenece, una mezcla de perplejidad con desinterés… Como, justamente, se supone que una vaca al costado de su alambrado, mira pasar el tren raudo mientras rumia unos pastos.

Esta expresión, me parece, resume un poco esta personalidad vacuna a la que se refiere Gandhi. Un animal al que lo pueden llevar al matadero y hasta parece que no se da cuenta.

Cuando Gandhi habla de la “callada (o muda) creación de Dios”, se refiere a esos seres que no tienen ni voz ni voto, los que dependen en parte de los seres superiores en la escalera biológica.

Sobre el hecho de “no dañar”, Gandhi dijo que “mientras más débil es un ser vivo, más derecho tiene a ser protegido”; o en otra versión “más responsabilidad hay por parte de los más fuertes de proteger al débil”.

Lo que quiere decir Gandhi, creo entender, es que el hecho de no matar un animal tan indefenso como la vaca, usado en este caso como paradigma, es un gesto de compasión que es sinónimo de respeto a esas leyes tácitas de ahimsa, que para él son universales y absolutas.

Es en este sentido, que Gandhi se refiere a esta práctica como “fenómeno de la evolución humana”, pues considera que en la India, al menos con este factor, la sociedad se acerca más a su meta de respetar la creación  Divina.


vaca mirando el tren

Cerrando

Está claro, esto es un tema que da para más discusión. Hay muchos argumentos y fuentes, y dependiendo del caso, la balanza se inclina por una versión u otra.

Yo aún no tengo claro cuál es la razón definitiva de esta sacralidad. El argumento de respetar a quien nos ha ayudado a arar la tierra, a tirar nuestros carros, a alimentar a nuestros hijos y a calentar nuestros inviernos me parece válido, aunque con ese criterio, como he dicho, muchos otros animales podrían gozar del mismo status.

La idea de Gandhi de que la vaca es un símbolo, un epítome de todas las criaturas vivientes que merecen ser protegidas, me gusta mucho.

Obviamente, el hecho de que yo sea vegetariano me inclina de forma natural hacia esta última opción. De todos modos mi respuesta no es definitiva, lo tengo que analizar un poco más en profundidad.

A lo mejor, todos lo tenemos que analizar.

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