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Archivo de la etiqueta: Hinduismo

Calendario védico hindú 2017

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El año pasado la Federación hindú de España (FHE) inició un hábito muy útil para los hindúes y otras personas interesadas en la cultura y espiritualidad védica, al publicar un calendario con las festividades más importantes del hinduismo, específicas para España. Ahora que se acerca el nuevo año, la FHE publica el calendario correspondiente a 2017, con los cálculos astrológicos, las ilustraciones y los textos obra de su destacado miembro, instructor de yoga y artista plástico Hari Dasa.

La versión de este año es todavía más completa, ya que explica de forma simple y resumida cómo funcionan los meses en el calendario lunar hindú y qué correspondencia tienen con el calendario gregoriano occidental. Además, las quincenas lunares ahora aparecen en su terminología sánscrita (purnima = luna llena y amavasya = luna nueva).

Y entre las principales festividades religiosas se incluyen con detalle, otra vez, las ekadashi (undécimo día de toda quincena lunar y dedicado a Sri Vishnu) y se agregan los pradosha (decimotercer día de la quincena luna y consagrado al Señor Shiva). Asimismo, en el calendario aparece un abanico muy variado de celebraciones y lo bueno es que al final hay un listado en que se los explica claramente.

calendario2017Como he dicho, las fechas del calendario están calculadas para España. En la mayoría de casos, estas no varían considerablemente con las fechas de las festividades en la India, aunque en términos de horarios propicios sí que hay cambios. Esta información detallada, propia para personas puntillosas y versadas en astrología védica, se omite para mantener el calendario apto para todo público.

Si alguien de Latinoamérica, por ejemplo, quisiera hacer uso de este calendario español tiene que considerar que la diferencia horaria con la India es mayor y que, en algunas celebraciones, podría haber una diferencia de hasta un día más tarde.

calendario2017_2

No es un detalle menor la belleza gráfica del calendario que, además de práctico, lo convierte en un elemento estéticamente inspirador, ya sea que uno decida revisarlo en versión digital o imprimirlo en papel.

Para verlo o descargarlo, clicar aquí. Y que sea de provecho para todos.

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Ākāśa o el quinto elemento hindú

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Quizás algunos cinéfilos recuerden la película de ciencia ficción El quinto elemento (1997) con Bruce Willis y Mila Jovovich, cuya trama básica era la búsqueda de un excepcional quinto elemento que, unido a los cuatro elementos materiales por todos conocidos (agua, tierra, fuego y aire), podría salvar al mundo de las fuerzas del mal. En la película ese raro elemento era – este espóiler tiene casi 20 años de retraso así que no es grave – el amor, y más allá del loable mensaje y del éxito de taquilla del film, la filosofía hindú tiene antiguos argumentos para ampliar ese punto de vista.

Para empezar, en la tradición hindú los mahābhūta o elementos materiales son cinco: los cuatro clásicos ya nombrados y el ākāśa (akasha) que según el caso se traduce como éter, espacio o hasta cielo. Se explica que de los cinco elementos, ākāśa es el más sutil y también el primero en manifestarse (en estrecha relación con el sonido) siendo así la base de los otros cuatro. Sus atributos son que lo penetra todo, que es invisible y que sirve de sostén a los demás elementos.

¿Difícil de entender? En su último libro, Felicidad, manual de instrucciones, el escritor y yogui Javier Salinas dice al respecto: “En yoga existe el concepto de akasha, o espacio; quizá te suene. Quizá pienses que no te dice nada. ¿Espacio? Quizá pienses que ya sabes lo que significa, pero si piensas eso es que no sabes lo que significa. Y no es que me quiera poner misterioso… El caso es que con lo que tiene relación este concepto es con el espacio dentro del espacio, y con tu espacio interior”.

Yo, que realmente no entiendo el concepto, me he puesto a investigar y he visto que los antiguos griegos también habían planteado la existencia de un quinto elemento – la “quinta esencia”- en la composición del universo y especialmente en la formación de las estrellas y cuerpos celestes, que se consideraba no podían estar hechos de materiales “terrenos”. De ahí que ellos le dijeran “éter” (aithēr en griego), cuya etimología está relacionada con el brillo de los astros y, por tanto, con el firmamento.

Por su parte, la palabra sánscrita ākāśa deriva de la raíz verbal √kāś que también tiene una acepción de “brillar, resplandecer” y aunque siempre es mejor usar el término original sánscrito es entendible que se haya elegido la traducción de “éter”, pues hay ciertas similitudes.

De hecho, la ciencia ha aceptado hasta hace poco la idea del éter como un “fluido sutil, invisible y elástico que llenaba todo el espacio y que transmitía la luz”. Quizás hayan escuchado frases del tipo “las ondas radiales viajan por el éter” y aunque la ciencia moderna parece haber abandonado en parte esta teoría, la palabra se sigue usando a nivel “poético” en referencia a la “esfera aparente que rodea la Tierra”.

La palabra éter, creo, no es fácil de aprehender (y la palabra “aprehender” tampoco, la verdad…), por ello me inclino hacia la traducción de ākāśa como “espacio”, cuya ambigüedad nos aporta, curiosamente, más claridad que confusión. Por un lado, el término espacio hace referencia a la idea de “atmósfera, cielo” o a expresiones como “espacio exterior” que generan una imagen mental de infinitud que es coherente con la omnipresencia del ākāśa. No hay sitio en el universo en que no haya ākāśa.

Esto nos lleva a la segunda acepción de “espacio” (muchas veces en dupla con la categoría de “tiempo”), simplemente como “la parte de espacio que es ocupado por cada objeto/ser material”. O sea que no tiene que ser necesariamente en los cielos, sino que también es en la tierra y, quizás principalmente, dentro de nosotros mismos. Dice Alain Daniélou: “los filósofos indios definen el espacio vacío absoluto, al que llaman ākāśa, como un continuo sin límites, indiferenciado e indivisible, en el que se construyen las divisiones imaginarias del espacio relativo”.

Es decir, en la base de toda manifestación material existe ākāśa, o con mis palabras, se necesita espacio (sostén) para manifestar el universo y la única diferencia entre un planeta, una casa y mi cabeza es el material del que están hechas sus divisiones aparentes, no su espacio interior. Como explican los maestros: el espacio que hay adentro de una burbuja es el mismo que hay afuera, solo que está separado, diferenciado, por una fina capa de jabón ¿Qué pasa cuándo explota la burbuja? Se acaba la diferenciación pero el “espacio vacío absoluto”, el sustrato, continúa idéntico.

La Bhagavad Gītā, que tiene ejemplos y respuestas para todos los casos, ofrece un śloka (IX.6) sobre el tema, que me parece muy relevante:

yathākāśasthito nityaṁ vāyuḥ sarvatrago mahān /
tathā sarvāṇi bhūtāni matsthānīty upadhāraya

En una traducción posible, el Señor Kṛṣṇa dice:

Así como el poderoso viento soplando por doquier reposa eternamente en el espacio (ākāśa) /
así también debes tú saber que todos los seres reposan en Mí.

En esta analogía vemos, por una parte, la idea más “física” de que el ākāśa (“vastedad del espacio etéreo” traduce Mascaró por ejemplo) es sostén y vehículo incluso de algo tan inasible como el viento; y por la otra, la enseñanza trascendental de que la esencia de nuestra manifestación, aunque invisible, es la misma para todos.

A esa esencia, “quinta esencia”, algunos le dicen vacío, otros prefieren Dios, otros energía y otros amor, dándole la razón a los guionistas de El quinto elemento.

Para activar ese quinto elemento, los protagonistas de la película eligen como “espacio físico” un antiguo templo egipcio, y siguiendo con las analogías, los grandes maestros explican que el espacio/ubicación (físico y espiritual a la vez) donde buscar la quinta esencia de nuestro ser está en la “cueva del corazón”, donde residen la conciencia, el amor y, por supuesto, el ākāśa y todos los universos que son sostenidos y englobados por ese espacio interior.

Calendario hindú de festividades 2016

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Con el nacimiento de un nuevo año se hace vital, entre otras cosas, tener a mano un almanaque que nos guíe entre las semanas, celebraciones y lunas que regularán nuestra cotidianeidad futura, especialmente si uno tiene intención de guardar, no solo los siempre de moda festivos civiles, sino además las festividades religiosas. En el caso del hinduismo, que tiene un calendario religioso basado en las fases lunares y, por tanto, cambiante cada año, es imprescindible contar con una guía fiable.

Para ello, en la India tradicionalmente se utiliza un calendario llamado pañcāṅga (panchanga) que significa “hecho de cinco partes” y que debe su nombre a que trata cinco cuestiones astronómicas principales: días solares (vāra), días lunares (tithi), casas lunares (nakṣatra), periodos lunares (karaṇā) y conjunciones de los astros (yoga). Este tipo de calendario es complejo y está basado en el jyotiṣa o la llamada “astrología védica” y, si bien es difundido, hay que decir que no es fácilmente entendible en su totalidad por cualquier persona.

Por tanto, si uno no es iniciado en jyotiṣa (como es mi caso), lo que necesita es más bien un calendario simple, fiable y, preferentemente, inspirador para llevar a cabo un buen año de práctica espiritual.

Pues, practicantes y practicantas, estamos de suerte, ya que la Federación Hindú de España acaba de publicar para beneficio de los hindúes e interesados un “calendario védico hindú” para 2016. Los cálculos astrológicos fueron hechos por el sacerdote hindú y astrólogo Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa) mientras que la maquetación y el arte estuvieron a cargo de Hari Dasa.

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A nivel práctico, en el calendario aparecen las principales festividades religiosas hindúes y otras no tan principales pero que pueden ser de interés para algunos devotos; también salen los aniversarios de nacimiento de cuatro maestros (ācāryas) clásicos, y se presentan las fechas de celebración mensual de ekādaśī, que es el undécimo día de toda quincena lunar y que es un día de buen augurio en que se suele ayunar de forma total o parcial. Asimismo, se especifican los días de luna llena y luna nueva de cada mes.

En cuanto a los cálculos astrológicos, hay que aclarar que fueron hechos de acuerdo al horario y ubicación de España, lo cual no varía considerablemente con las fechas de las festividades en la India, aunque sí en algunos casos con las horas (y aunque eso no se explicita sí que fue tenido en cuenta).

Si alguien de Latinoamérica, por ejemplo, quisiera hacer uso de este calendario español tiene que considerar que la diferencia horaria es mayor y que, en algunas celebraciones, podría haber una diferencia de hasta un día más tarde. Sobre esto hay diferentes posturas y algunos devotos simplemente celebran en su país el mismo día que se celebra en la India, mientras que otros son más puntillosos con los cálculos, incluso de las horas, del jyotiṣa.

A nivel estético, el calendario cumple con su rol inspirador gracias a los dibujos originales de Hari Dasa, que le dan un toque devocional y evocador.

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Para ver y descargar el calendario en .pdf y consultarlo en la propia pantalla o bien imprimirlo en papel, se puede clicar aquí.

Gracias a Krishna Kripa Dasa y a Hari Dasa por su servicio desinteresado y que sea un año de mucha práctica espiritual para todos.

La carne, el cáncer y el vegetarianismo en el hinduismo

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Hace varias semanas hubo revuelo mediático por el informe divulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los riesgos de cáncer asociados con el consumo de carne roja y de carne procesada. Las respuestas fueron variopintas: desde vegetarianos satisfechos de confirmar sus sospechas hasta carnívoros cínicos afirmando que “de todos modos, de algo hay que morir”.  A pesar de que la inmediatez es la clave del éxito digital, yo decidí esperar unos días antes de hablar sobre el tema, a ver si se calmaban los ánimos y podía juntar datos útiles.

Lo que dice el informe en cuestión es básicamente que el consumo excesivo de carne roja y muy especialmente de carne procesada (salchichas, jamón, embutidos, carne en lata) ha sido asociado con una mayor incidencia de varios tipos de cáncer, sobre todo el colorrectal y, en menor medida, el cáncer de páncreas y de próstata y quizás de estómago (sumado a los ya conocidos riesgos de enfermedades del corazón o diabetes). De todos modos, la OMS no recomienda dejar de comer carne (pues considera que “tiene beneficios para la salud”) sino más bien moderar su consumo, un hecho que no parece estar en la intención de los habitantes de este planeta.

En un artículo que me pareció muy lúcido (y admito que, en general, la forma de ver el mundo de este autor no me “resuena”), el escritor argentino Martín Caparrós ofrece datos muy claros: “En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población del mundo. Mientras tanto, un buen tercio de la población mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada día es arroz, y un cuarto más, trigo y maíz”.

Por tanto, resume Caparrós, “consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir: se necesitan diez calorías vegetales para producir una caloría de vaca o de cordero (‘para producir un filete de unos 200 gramos se precisan unos 45 cuencos de cereales’). Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de maíz, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco, ocho, diez personas”.

Hace un par de años yo mismo escribí un artículo sobre cómo la alimentación vegetariana (o vegana) podría “salvar al mundo” en el sentido bien literal de la expresión y ponía datos tan llamativos (o poco conocidos) como que “la ganadería industrial realiza una contribución al calentamiento global que es un 40% mayor que la de todo el sector del transporte junto, lo que la convierte en la responsable número uno del cambio climático”. O sea, que hay personas que dejan de viajar en avión como forma de activismo ecológico y sería más efectivo dejar de comer carne.

Como dice Caparrós, “comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusión es condición necesaria —y nunca suficiente—.”

Curiosamente, esta tendencia mundial del comer carne como signo de mejorar el estatus socio-económico ha sido objetada durante siglos por la sociedad india, fundamentalmente por el hinduismo (y en menor escala por el jainismo), donde, por el contrario, ser vegetariano es un símbolo de “pureza ritual” al decir de Agustín Pániker, o sea que da mayor “prestigio” social y religioso. Aunque hay diferentes versiones, se sabe que desde hace unos 20 siglos, al menos, el hinduismo ha adoptado el vegetarianismo como el ideal dietético, en consonancia con el tradicional valor de ahiṁsā (no-violencia) y reflejando los hábitos ascéticos de las respetadas órdenes monásticas hindúes.

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Obra de Hari Dasa (www.narayana-hare.blogspot.com.es)

Poner cifras exactas es difícil pero, por ejemplo, el editor Álvaro Enterría calcula que actualmente “el 30% de los indios son vegetarianos”, lo cual es bastante para un país “emergente” y, por consiguiente, para una sociedad con creciente poder adquisitivo. Los vegetarianos indios (que en su mayoría son de religión hindú) tampoco comen huevo. Después hay otro grupo que engloba a las personas que en lenguaje moderno se denominan “flexitarianas”, y son aquellas con una dieta vegetariana en general y que no comen carne en casa pero que, en situaciones especiales (fiestas, invitaciones, bodas), sí comen carne o pollo o simplemente huevo.

Asimismo, en las zonas costeras de la India hay mucha tradición de comer pescado y a pesar de eso muchas personas siguen llamándose vegetarianos a sí mismos, quizás porque no comen carnes rojas. De hecho, para este tipo de dieta, muy de moda en Occidente, existe el término “pescetarianismo” (o “pesco-vegetarianismo”). Otros hindúes comen pollo, que es quizás la carne más difundida, cordero y quizás cerdo, pero por supuesto casi nadie come carne de vaca, porque como todos saben son consideradas sagradas, ya que según la tradición, y como explica el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), “se la considera nuestra segunda madre, pues después de que tomamos leche del pecho de nuestra madre, continuamos tomando leche de la vaca”.

Todos estos datos son indicativos pero no definitivos, ya que los números varían según la región, la casta y hasta la familia. En cualquier caso, son las personas de casta brāhmaṇa (o brahmán, es decir la casta “sacerdotal”) las que más practican el vegetarianismo, aunque esta regla tenga muchas excepciones (por ejemplo Bengala). A nivel de regiones, justamente Bengala y Kérala, al sur, son los dos estados donde se permite el sacrificio de vacas para consumo humano. Y este es un punto al que quería llegar.

Sorprendentemente, en estos tiempos India encabeza la exportación mundial de carne de vacuno (delante de Brasil), aunque esos datos se refieren a “carne de búfalo”, que es legal, y no de vaca, ya que la exportación de ternera está prohibida. Sin embargo, explica el periodista Jordi Joan Baños, “dicha prohibición es burlada a diario en la frontera entre India y Bangladesh, por la que son transportadas de contrabando, para ser sacrificadas, cientos de miles de reses indias cada año”, para consumo musulmán. En cualquier caso, en el periodo 2010-2014 “las exportaciones legales de vacuno han aumentado en un 44%”.

Estos datos me parecen muy relevantes porque significa que la tendencia mundial a comer carne como forma de legitimar el estatus socio-económico y forma de dar placer al paladar también está afectando a la sociedad india, otrora defensora de valores muy tradicionales. Como acota Ramchandani, hace varias décadas que, imitando a los invasores británicos, algunos hindúes empezaron a comer carne “como símbolo de modernidad y elitismo”. Ahora, ya independientes y emergentes, los indios, especialmente de clase media, ven en la carne otro estandarte de éxito, tal como bien lo define Caparrós.

A nivel espiritual y según la tradición hindú, no hay dudas de la importancia de una dieta vegetariana y como dice Enterría, “las personas que reciben iniciación de un guru normalmente se hacen vegetarianas” pues se considera un acto meritorio y purificador. Swami Premananda lo dice muy claro en uno de sus discursos: “Dices que sientes amor en tu corazón y que quieres amar a Dios. ¿Cómo puedes pensar en el amor si, porque te agrada el sabor, puedes comer otra criatura?”.

De todos modos, mi intención principal con este post no es hacer especial hincapié en los méritos religiosos/espirituales de la dieta vegetariana ni tampoco defender al hinduismo como religión.

Mi objetivo es poner a la vista, una vez más, los beneficios colectivos de la dieta vegetariana (o vegana):

  1. Evitar sufrimiento a otros seres, que son matados para que los comamos (o que son hacinados y maltratados para sacarles huevos o leche).

  2. Salvar al planeta de ir a la ruina por falta de recursos naturales (“1.500 litros de agua para producir un kilo de maíz vs. 15.000 para un kilo de vaca”).

Pero claro, el planeta no le importa a nadie, así que le agregamos un nuevo factor:

  1. El consumo de carne ha sido asociado científicamente con una mayor incidencia de cáncer (amén de otras enfermedades).

Ya que el bienestar común y terrenal (que también es el propio) no parece ser motivo suficiente, la noticia de que la carne da cáncer quizás influya en alguien para que reduzca (¡o frene!) su consumo, aunque solo sea por puro beneficio personal. El mundo también estará agradecido.

Tercer Encuentro de hindúes de España

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El fin de semana del 20 y 21 de Junio de 2015 se llevó a cabo el 3er Encuentro de Hindúes de España en el Templo Jhulelal, en Madrid. A diferencia de los dos Encuentros anteriores (2014 y 2013), en que hubo diferentes ponencias y mesas redondas sobre aspectos religiosos y culturales, esta reunión tuvo un carácter más técnico y estuvo destinada casi íntegramente a trabajar en la constitución de la Federación Hindú de España.

Para ello, miembros de diversas asociaciones religiosas hindúes españolas estuvieron presentes, trabajando con dedicación, codo a codo, para delinear los estatutos y la visión de esta inminente Federación. Entre ellos, el monje y maestro Swami Satyānanda Saraswatī, el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani, el escritor y editor Álvaro Enterría, el Doctor en Filosofía y autor Javier Ruiz Calderón, el profesor Oscar Montero y el artista Hari Das.

Cartel conmemorativo del III Encuentro, obra de Hari Das

Desde hace años, y especialmente a través de la difundida práctica del haṭha yoga, la filosofía hindú y sus conceptos están cada vez más presentes en Occidente, incluyendo España, y por tanto hay cada vez más personas interesadas en la visión de mundo hindú. Este interés contrasta, muchas veces, con el poco conocimiento general que hay del hinduismo y su amplia filosofía y práctica (que es muchas veces mezclada indiferenciadamente con el budismo) como también con la escasa rigurosidad con que se tratan, en medios de comunicación y demás, los temas relacionados a la religión, la espiritualidad y la cultura hindú.

Por eso la Federación Hindú tiene entre sus objetivos principales:

  • La representación de las diferentes tradiciones religiosas hindúes ante la Administración Pública.
  • Reconocimiento del hinduismo como una realidad social “notorio arraigo” en España.
  • Legalización del matrimonio hindú.
  • Entrada en hospitales y prisiones como consejeros espirituales.
  • Profundizar y difundir el estudio y práctica del hinduismo en España.
  • Atender la vida religiosa de los hindúes dentro de los fines y límites contemplados por la ley.
  • Propiciar la relación con otras representaciones hindúes a nivel internacional.
  • Difundir el mensaje del Sanātana Dharma y realizar estudios sobre su cultura, lenguas, arte, historia y cualquier otra materia que contribuya a un mejor conocimiento de la realidad del hinduismo.
encuentro

Mesa de trabajo

Como decía, por su carácter multiforme, flexible y complejo el hinduismo o Sanātana Dharma está sujeto a muchas confusiones y malentendidos para quienes lo analizan desde una perspectiva lineal, cerrada y euro-centrista. Para adecuarse al contexto y facilitar la comprensión colectiva, la futura federación, en sus estatutos, delinea aquellas creencias que la mayoría de tradiciones religiosas profesan dentro de lo que llamamos hinduismo. A saber:

  • Creencia en un Ser Supremo, a la vez inmanente y trascendente. Este Ser es llamado y representado de distintas maneras por las distintas tradiciones y escuelas del hinduismo.
  • Creencia en el ātman, o alma, como sustrato eterno de todos los seres y en la eternidad de este ātman. Creencia en que el ser humano puede evolucionar a través de prácticas hasta su identificación con este ser.
  • Creencia en la ley de karma o principio de causa y efecto, como ley universal.
  • Creencia en la relación maestro-discípulo. Tradicionalmente las prácticas arriba mencionadas son aprendidas de un maestro (guru).
  • Creencia en la práctica de ahiṁsā o no violencia basada en el respeto y consideración hacia todas las criaturas.

Grupo de trabajo del Encuentro y la Federación Hindú de España.

En el III Encuentro se aprobaron los estatutos y la constitución de la Federación, que agrupa a las asociaciones religiosas legalmente inscritas en el Ministerio de Justicia. Si todo sigue su curso normal la Federación estará  legalmente constituida y formalizada este mismo año 2015 y entonces el próximo Encuentro hindú podrá ser abierto a mucho más público y enfocado a actividades menos burocráticas, para beneficio espiritual y deleite de los asistentes.

Hasta que llegue ese momento, deseo mucha suerte a la Federación para que se concrete su creación, por el bien de todos los seguidores e interesados en el Sanātana Dharma en España.

Buddha Pūrṇimā 2015 o el nacimiento del Buda

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Para los budistas de todo el mundo, en general, la celebración religiosa más importante es el aniversario del nacimiento de Siddhārtha Gautama, conocido también como Buddha Śākyamuni o como el Buda a secas. Menos general es el acuerdo sobre cuál fue la fecha exacta de ese nacimiento. La tradición budista de la India (y de Nepal y, en cierta forma, Sri Lanka) considera que Gautama llegó a este mundo en el plenilunio del mes hindú de Vaiśākha (Vaishakha). Eso, en calendario gregoriano occidental, corresponde generalmente a la luna llena del mes de Mayo, que este año 2015 cae el lunes 4 de Mayo.

El nombre de esta festividad budista varía según el país y el idioma, aunque en la India se la conoce como Buddha Pūrṇimā, ya que, en este contexto, pūrṇimā (púrnima) significa “luna llena”. De todos modos, es cierto que, mundialmente, el nombre más difundido de la festividad es Wesak (o Vesak), que parece ser una deformación fonética del mes de Vaiśākha/Veśākha. Asimismo, también se habla de Buddha Jayantī, que vendría a ser “el cumpleaños del Buddha”, una definición que no está errada pero sí incompleta…

La luna llena de Mayo (Vaiśākha pūrṇimā) de, probablemente, el año 563 a.C. vio nacer a Gautama en el seno de una familia aristocrática en una zona del norte de la India que hoy pertenece a Nepal. La historia que sigue es conocida: A los 29 años, Gautama deja una vida de confort y prosperidad material (incluyendo mujer e hijo) en pos de la iluminación y, en esa búsqueda, conoce maestros, prueba el ascetismo extremo y encuentra el camino del Medio para, finalmente, sentado bajo un árbol bodhi (ficus religiosa o “higuera religiosa”) experimentar el supremo estado de nirvāṇa.

Curiosamente, la tradición dice que este importante evento también tuvo lugar durante la luna llena de Vaiśākha; eso sí, 35 años después de nacer.

Después de su iluminación, el “despierto” pasaría 45 años predicando la enseñanza que él mismo había descubierto y corroborado en primera persona sobre cómo escapar del sufrimiento de este mundo. A los 80 años, en un remoto pueblo, el Buddha murió o, mejor dicho, alcanzó el paranirvāṇa (equivalente al Mahāsamādhi en la tradición hindú), dejando así su cuerpo físico. Una vez más, dice la tradición, la luna llena de Vaiśākha iluminaba el cielo indio.

Por tanto, en Buddha Pūrṇimā se conmemora tanto el nacimiento, la iluminación y el fallecimiento del Buda.

A veces se dice que el Buda fue criado como un hindú, aunque algunos estudiosos budistas lo niegan alegando que él estaba en contra de la tradición brahmánica (que para algunos sería el predecesor de lo que llamamos “hinduismo”), la cual hacía hincapié en las Escrituras de los Vedas, en los sacrificios védicos y en el sistema jerárquico de castas. En cualquier caso, todos acuerdan en que Gautama rechazó el status quo en que el complejo sacrificio ritual tenía preponderancia como práctica y también renegó de la preeminencia espiritual del sacerdote brahmán sobre las otras castas.

Esta religiosidad “simplificada” sin rituales reservados a unos pocos ni jerárquicas de nacimiento atrajo mucho al pueblo y, entonces, el budismo se expandió por la India. Como consecuencia, hubo influencia mutua entre budismo e hinduismo durante algunos siglos, si bien alrededor del siglo X d.C. el budismo ya había decrecido mucho en su tierra natal, aunque ciertamente se había difundido por gran parte de Asia. En la actualidad la población budista de la India es menor al 1% del total.

De todos modos, la presencia del Buddha es aún palpable en la India debido a la existencia de los lugares sagrados donde él vivió y enseñó, y también por el hecho de que la tradición hindú haya incorporado su figura, especialmente en la doctrina váishnava de los daśāvatāra (dashavatara).

En la filosofía hindú un avatāra es la Divinidad (o una expansión de la misma) que desciende a la Tierra con un objetivo concreto para mantener el orden universal. Según esta tradición, a lo largo de los tiempos ha habido muchas de estas encarnaciones, y continúa habiéndolas, en la medida que la humanidad cae en la ignorancia y el mundo vive períodos de oscuridad, lo cual no es poco frecuente.

A este respecto, los más conocidos son los diez (daśa) descensos (avatāra) principales del Señor Viṣṇu (Vishnu), la deidad que representa el aspecto de la conservación en el ciclo universal. Entre estas diez encarnaciones destacan Rāma, Kṛṣṇa (Krishna) y, como toca hoy, Buddha. Es muy irónico que el Buda rechazara la tradición védica y que, entonces, esta misma tradición (o al menos una porción de ella) lo incorpore más tarde a su panteón.

En la mitología hindú se explica que el descenso del Buddha es la “encarnación del error” (moha en sánscrito), ya que sus enseñanzas heterodoxas sirvieron para “engañar” a los hombres de “baja cuna, malvados y demonios, que estaban muy avanzados en el estudio de las ciencias sagradas y, por lo tanto, suponían una amenaza para la supremacía de los dioses”.

Es decir que, según esta visión, toda la enseñanza búdica contra los rituales y la tradición védica no era reformismo espiritual sino una fachada para confundir y desviar a las personas no espirituales que estaban ganando méritos a través del estudio y el ritual, lo cual desequilibraba el orden cósmico. Una vez cumplida su misión, el budismo desaparece prácticamente de la India, acompañado del renacer del hinduismo, que siempre estuvo más arraigado.

Representación hindú de los daśāvatāra, con el Buddha como la 9ª encarnación, el cuarto de la fila de abajo (empezando por la izq.)

Evidentemente, los budistas no están de acuerdo con esta visión hindú. Probablemente algunos hindúes tampoco, ya que la figura y enseñanza del Buddha han trascendido su supuesto rol de “engañador”, tanto en el tiempo (más de 2000 años ya) como en el espacio (casi todo el mundo). De hecho, y como acota el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani) la misma tradición vaishnava, y dependiendo del linaje particular, puede incluir o no a Buddha como uno de los daśāvatāra (por ejemplo, la Śrī Sampradāya fundada por Śrī Rāmānujācārya no incluye a Buddha. El noveno avatāra después de Kṛṣṇa es, en este caso, su hermano mayor Balarāma).

Yo no soy budista (soy más bien hinduista), no estoy especializado en budismo ni este blog trata específicamente de temas budistas, pero cada tanto nombro al Buddha porque me parece un maestro muy inspirador y porque mi propio guru, nacido en Sri Lanka donde el budismo y el hinduismo han convivido por siglos, lo citaba con asiduidad. De hecho en su ashram del sur de la India se celebra cada año Buddha Pūrṇimā (como así también principales festividades de otras religiones).

A pesar de mi afecto y respeto por el budismo, de estar a favor del diálogo interreligioso y siendo firme creyente de que “todos los caminos llevan a la misma meta”, he notado que, sobre todo en Occidente, hay una gran confusión entre budismo e hinduismo, en algunos casos por simple ignorancia y, en otros casos, por la mezcla deliberada de componentes de las dos “religiones”. Y como amante de la rigurosidad que soy, eso me perturba un poco porque se trata de dos filosofías diversas que, a su vez, tienen muchas sub-divisiones internas.

De ninguna manera quiero entablar un debate de hinduismo vs budismo, ya que yo mismo en ocasiones realizo prácticas budistas (especialmente de meditación). No pienso criticar a quienes ponen en un mismo altar al Buddha y al Señor Shiva. Ni deseo dejarme llevar y ponerme demasiado quisquilloso con los álbumes de música espiritual que combinan sin reparo mantras tibetanos con stotras sánscritos.

Solo quería destacar que el budismo se entrelaza con el hinduismo en diversas maneras pero no son sinónimos y eso, según mi punto de vista, está bien saberlo, porque no le quita grandeza a ninguno de los dos y, en todo caso, genera más entendimiento y capacidad de discernimiento.

¡Feliz luna llena!

Pinceladas de la presentación de ‘Kumbha Mela’

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Para complacer a mi madre y especialmente a mi suegra, me afeité, me corté el pelo y me puse una camisa planchada: un hecho que ocurre con la misma frecuencia que la Kumbha Mela. Todo para estar pulcro para la esperada presentación en Barcelona de mi libro Kumbha Mela, la celebración espiritual más grande del mundo publicado por Editorial Kairós.

Para hacerlo corto: todo fue muy bien y estoy satisfecho y contento. Hubo una muy buena asistencia, con todas las sillas ocupadas, muchas personas de pie y otras tantas en la escalera. Fiel al espíritu de la celebración multitudinaria que es la Kumbha Mela, la presentación fue populosa. Y también fieles al estilo de la Kumbha no contamos los asistentes de forma científica, sino a ojo, y calculamos que hubo unas 100 personas o más en el momento de máxima audiencia. (Nota: todas las imágenes se agrandan al clicar en ellas).

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Vista desde la escalera, en lo más atrás, de cuan llena estaba la sala.

Obviamente la presencia de Swami Satyānanda Saraswatī fue un gran imán, ya que la oportunidad de escuchar y ver a un maestro espiritual genuino no debe desaprovecharse. Justamente la presencia y charla del Swami acerca del monasticismo y las organizaciones religiosas hindúes fue motivo de gran alegría para mí y todo lo que dijo fue interesante y una gran inspiración. Como muestra comparto algunas frases que dijo Satyānanda: “En la India la vida contemplativa todavía existe… En Occidente la vida contemplativa está desapareciendo. La palabra contemplación ¿cuándo la habéis oído por última vez?… Por la radio nunca la oís”. “La renuncia no sería el hecho de afeitarse o ponerse una ropa, sino que es la renuncia interior del ego; ir más allá de la limitación egoica. Esta sería la auténtica renuncia… Un caso perfecto de renuncia, de desapego total es tener sólo la necesidad de recibir el conocimiento”. “En la India actual habrá 5 o 6 millones de sādhus, personas que han abandonado sus familias, sus vidas, para vivir en la contemplación. Unas 200.000 o 300.000 de estas personas visitan la Kumbha Mela. Esta presencia es muy preciada para un hindú”. “En los sādhus ves otra forma de vivir; el sādhu vive en el mundo del símbolo, en el mundo del mito; el sādhu parece que aún conviva con Śiva (Shiva)… Lo importante es estar en lo trascendente, en la contemplación”.

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Swami Satyānanda Saraswatī explicando el concepto de renuncia y desapego, con Agustín Pániker a su lado absorbiendo cada palabra.

Para quienes no pudieron estar en la presentación ni pudieron verlo en streaming, la grabación de esa transmisión sigue disponible en YouTube y puede verse aquí. La calidad del vídeo es baja aunque el audio es aceptable. Como hemos hecho una grabación aparte de mejor calidad, esperamos subirla pronto a la red y compartirla. Quiero dar las gracias a todas las personas involucradas en la presentación, tanto a nivel organizativo y práctico como a quienes asistieron y aguantaron de pie o sentados de forma poco confortable e incluyendo también a las personas que hicieron cola amablemente para que yo les firmara el libro.

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Otra vista de los asistentes, incluyendo el detalle de la escalera convertida en gradería.

Además de las palabras de Agustín Pániker, de Swami Satyānanda y de las mías, se proyectó el espectacular booktráiler del libro, hecho por las amorosas manos de mi esposa Hansika. Y al final, después de unas 3 o 4 preguntas finales, tuvo lugar la prometida sorpresa especial: Accediendo a mi pedido, Swami Satyānanda roció a los presentes con algunas gotas de agua sagrada traída directamente del sangam, la conjunción de los ríos, de Prayāg (Allahabad). Dicha agua la recogí yo mismo en el día más auspicioso de la Kumbha Mela 2013 y como todavía me quedaba un poquito pensé que sería una buena forma de que todos nos “sumergiéramos” en el festival.

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Los tres ponentes juntos.

Una vez más gracias a todos por el apoyo.

¡Hara Hara Mahādeva Śambho!

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