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Annapūrṇā y una oración para antes de comer

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Śiva, la pura Conciencia que todo lo ilumina, le dijo un día a Pārvatī, su consorte, que todo el universo fenoménico no es más que māyā, una “ilusión” cósmica, pues en realidad solo existe el Ser. Pārvatī, que es quien, con su śakti, su energía divina, manifiesta y mueve el mundo, se sintió ofendida, naturalmente. Como escarmiento para su marido dejó de actuar y desapareció voluntariamente. La consecuencia fue un mundo de cartón piedra, vacío, y sin la abundancia de la naturaleza. Los seres vivos sufrieron de diferentes formas la ausencia de la Madre cósmica, pero especialmente echaron de menos el alimento.

Entonces, Śiva se dio cuenta de su error, no hay Conciencia sin Energía, Śiva sin Śakti, y salió a buscar desesperadamente a su media naranja. Supo que se había manifestado en Kashi, la antigua ciudad de Varanasi, bajo la forma de Annapūrṇā, la diosa del alimento. Humildemente, Śiva se acercó a la Diosa con su bol de mendicante para pedirle un poco del arroz con leche que lleva en una de sus manos. La Diosa aceptó y su gesto de nutrir a Śiva se extendió a todos los seres, a quienes alimenta de forma permanente. De allí su nombre sánscrito: anna, “comida” o “grano”, y pūrṇā, “completa”, que se podría traducir literalmente como “llena de alimento” o quizás más bonito “la que nutre”.

Esta historia nos dice muchas cosas, entre ellas que lo Divino está en todo, incluyendo el alimento, pues, para empezar, nos mantiene vivos. Por ello, para la cosmovisión hindú “el alimento es Dios” (annam brahma) y, como en muchas otras tradiciones, no se debe tratar de forma irrespetuosa ni malgastar. Asimismo, al tratarse de un elemento que nos es proveído por la Madre no deberíamos darlo por descontado, sino más bien agradecerlo.

Para la tradición yóguica comer sin conciencia de esta relación de dependencia con la Naturaleza es una forma de “robar” pues, por más que hayamos pagado nuestra comida, estamos ignorando que el alimento llega a nosotros gracias al esfuerzo y la generosidad de la Tierra.

Todo esto es la simple introducción a una tradicional oración hindú que se recita antes de comer, como forma de bendecir los alimentos. Hay muchas oraciones hindúes para este propósito y hace años publiqué un post con una de las más difundidas, que se puede leer aquí. Recitar una no excluye recitar otra, aunque según la escuela que uno siga hay una tendencia definida. La oración de hoy tiene relación con las líneas que siguen a Śiva y a Śakti como aspectos supremos. La veamos:

annapūrṇe sadāpūrṇe śaṅkara prāṇa vallabhe /
jñāna vairāgya siddhyarthaṁ bhikṣāṁ dehi ca pārvatī //

La traducción literal posible sería:

“Oh querida Annapūrṇā, siempre completa, eres la vida de Śiva /
Oh Pārvatī, dame limosnas para obtener conocimiento y desapego.”

La palabra bhikṣā es la que se utiliza para referirse a las “limosnas” o dádivas que reciben los ascetas o monjes indios, que tradicionalmente son en forma de alimentos. De hecho, a los monjes budistas se los llama bhikkhus (en pali) o bhikṣus (en sánscrito) porque se caracterizaban, justamente, por ir con su cuenco por la mañana, de casa en casa, esperando recibir algo para comer. En el contexto de la oración que analizamos la palabra es adecuada porque Śiva mismo tuvo que “mendigar” su comida.

Lo más interesante de la oración es lo que se pide en ella. En lugar de alimentos que meramente nutran su cuerpo, el devoto pide que esa comida le otorgue dos de los grandes propósitos de la búsqueda espiritual: conocimiento y desapego. El conocimiento no refiere al saber intelectual sino al conocimiento de nuestra verdadera naturaleza. Para ello es imprescindible el desapego, es decir la indiferencia hacia todos los elementos o distracciones que nos alejen de ese camino de conocimiento interior.

Bendecir la mesa no es una actividad especialmente popular en la actualidad. En casa de mis padres no siempre lo hicimos, aunque ellos ya conocían un mantra pertinente del capítulo IV de la Bhagavad Gītā. En algunos ashrams indios, antes de comer, recitan por entero ese capítulo, lo cual puede llevar unos diez minutos. Por supuesto, no era el caso de mi familia.

Eso sí, en un momento dado empezamos a bendecir la mesa usando una larga oración traducida al español y originalmente creada por Paramahansa Yogananda. Yo llevé ese hábito cuando nos fuimos a vivir juntos con Hansika, pero con la llegada de nuestras hijas la simplificamos con la repetición tres veces del mantra hari om.

Hace poco yo he recuperado el verso de la Gītā y le hemos agregado la oración de hoy, que está teniendo éxito con las nenas y nos parece muy bonito.

Para escucharlo recitado:

Para quien tenga 10’ y quiera escuchar el capítulo IV de la Bhagavad Gītā:

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¿Para qué Dios creó este mundo?

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En todo curso de formación de profesores de yoga, taller de filosofía hindú o encuentro espiritual al que asisto alguien, inevitablemente, hace una pregunta existencial básica: “¿Para qué Dios creó el mundo?”. Si todos los seres somos chispas divinas y el objetivo de la vida es reconocer nuestra propia naturaleza esencial que hemos olvidado, ¿por qué Dios no nos lo hace recordar de un chasquido en lugar de hacernos pasar por todas estas vicisitudes? ¿Qué necesidad hay de experimentar los altibajos constantes de la vida, que para muchos es más sufrimiento que disfrute, si ya somos divinos? ¿Es acaso Dios perverso?

Por supuesto, todas las religiones y las filosofías han propuesto respuestas más o menos convincentes al respecto, desde la debilidad humana por una manzana, pasando por el capricho divino y llegando hasta la idea de un demiurgo ciego. En la tradición hindú, que es la que nos compete aquí, se dice que el universo nace debido al “deseo” de crear que surge en lo Divino. Ese podría ser el porqué, pero lo que nos interesa hoy es el para qué, el fin de esa creación. Los fatalistas dicen que solo es para sufrir, los optimistas dicen que es para disfrutar y los que estamos en el medio creemos que detrás de la constante oscilación entre placer/dolor hay algo más.

El gran santo y filósofo hindú Swami Vivekananda, en sus famosos discursos del Parlamento de las Religiones de Chicago en 1893, habla de esta paradoja de ser espíritu puro y libre, a la vez que un cuerpo limitado y atado por la materia. Y dice que en lugar de emplear “sonoros nombres científicos” el hindú es sincero y responde: “No lo sé”.

Para muchos esta respuesta es chocante, sobre todo en tiempos de materialismo y cientificismo donde lo que no es probado racional y empíricamente no puede ser aceptado. A mí, en cambio, me encanta la respuesta pues demuestra que el foco espiritual no está en “entender” sino en “experimentar”.

Por supuesto que el hinduismo tiene sus teorías, entre ellas que este universo es la “danza” de Śiva, bajo cuya música todos bailamos (muchas veces fuera de ritmo), o la līlā, el juego de Dios, en que todos somos personajes de un drama casi teatral.  Sin embargo, a diferencia de otras tradiciones, el hinduismo no hace hincapié en una filosofía especulativa sino en una filosofía práctica que, más que explicar las razones divinas para el origen de este mundo, nos ayude a salir de él o, mejor, a vivir en él sin sufrimiento.

La famosa parábola de la “flecha envenenada” que se atribuye al Buddha en el Cula-Malunkyovada Sutta del canon pali lo muestra muy claro. En ella se cuenta que un monje, como condición de seguir con su entrenamiento espiritual, le pide al Buddha que le confirme verdades del tipo: “El cosmos es eterno o no”, “El cosmos es infinito o no” o “Después de la muerte, el Buddha existe o no”. El Buddha le dice:

“Si un hombre dice, no viviré bajo las enseñanzas del Buda a menos que me declare estas verdades, ese hombre morirá y esas cosas seguirán sin ser declaradas por el Buddha”.

Y entonces explica que esta actitud es equivalente a la de una persona, que al ser herida por una flecha envenenada, se niega a sacársela hasta saber, por ejemplo, el nombre del hombre que le disparó, sus datos familiares, su estatura y color de pelo, su lugar de nacimiento, el tipo de arco que usó, de qué material estaba hecha la cuerda del arco y a qué animal pertenece la pluma que portaba la flecha.

En este sentido, la filosofía hindú prioriza siempre sacarse la flecha y luego, si corresponde a nuestro temperamento, hacernos preguntas especulativas que no hacen más que satisfacer la curiosidad intelectual hasta cierto grado. De todos modos, hacerse de forma honesta una pregunta tan esencial como “¿por qué y para qué existe el mundo?” es natural para quienes tenemos un interés, al menos incipiente, en la verdad de las cosas. Y es importante porque nos lleva a preguntas más importantes como “¿cuál es la razón de mi vida?”.

Volviendo al tema de hoy, y habiendo notado que la curiosidad especulativa está en muchos de nosotros, quería compartir la respuesta que da Swami Premananda cuando un devoto le pregunta la razón de toda esta creación. Su respuesta me parece reveladora. Dice Swamiji:

“Si Dios no hubiera creado el mundo no serías capaz de verlo, ¿verdad? Tienes suerte de que Dios lo haya creado porque ahora puedes verlo. Has venido a la India. Si Dios no hubiera creado todo, ¿por qué habrías venido a la India? ¿Por qué habrías nacido? Te sientes afortunado y disfrutas de todo; es la creación de Dios lo que estás disfrutando. Si Dios no hubiera creado todo, entonces no estarías haciendo esta pregunta. Debido a la creación divina estás haciendo esta pregunta. Dios creó el mundo, los seres humanos, los animales, las plantas y todo y entonces tú vienes a este mundo y le preguntas a Dios por qué te creó ¡Ese es el propósito de la creación divina! Así que la respuesta es: para que preguntes”.

Para mí, la conclusión de la respuesta de Swami es que la vida es una oportunidad para descubrir la razón de nuestra existencia y, por tanto, una oportunidad para conocer nuestra naturaleza real. Eso sí, es importante hacerse las preguntas correctas, esas que nos aportan soluciones y vías de acción y no mera especulación. “¿Para qué he nacido?” o “¿Quién soy yo?”, dicen los sabios, entran en la categoría buena.

Para despedirme, una viñeta del dibujante Grant Snider sobre esta “inusuales” preguntas que tanto sirven (traducción abajo):

AskingQuestions

“Pequeñas preguntas… llevan a pequeños descubrimientos” / “Preguntas más grandes… llevan a descubrimientos más grandes”

“Algunas preguntas… solo revelan misterios más profundos” / “Incluso si sabes qué pregunta hacer… la respuesta puede que te sorprenda”

“Hacer preguntas enormes… puede crear problemas enormes” / “Hacer demasiadas preguntas… puede hacer que te veas ridículo”

“Cuando te encuentras con una pregunta inusual… no hay mucho más que hacer… / …más que quedarte a su lado… y ver adonde te lleva”.

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Calendario hindú para 2018

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Empieza un nuevo año y empieza un nuevo ciclo de festividades y eventos religiosos y espirituales para el hinduismo. Como ya expliqué una vez, no se puede hablar de un único calendario hindú ya que éste puede variar según la región, la lengua o las costumbres o puede basarse en las fases lunares o en el giro de la Tierra alrededor del Sol. De todos modos, hay una serie de festividades e hitos comunes a la mayoría del hinduismo que es importante tener en cuenta si uno quiere celebrarlos adecuadamente.

En la rica tradición hindú hay tantas festividades que no se espera que un devoto celebre necesariamente cada ocasión, sino que más bien se focalice en las fiestas relacionadas con el aspecto de la divinidad que más le atrae. Por tanto, los devotos váishnavas ayunarán en ekādaśī (undécimo día de la quincena lunar) y los shivaítas en pradoṣa (decimotercer día de la quincena lunar), por dar un ejemplo. Y también habrá personas que se interesen solo en dos o tres grandes celebraciones al año.

Para todos los casos es muy útil tener un calendario hindú y este año quiero compartir la generosa creación de KrishnaKali Yoga Ashram (antiguamente Suddha Sattva) que proporciona las principales festividades, ekādaśīs y pradoṣas y las lunas nuevas (amāvāsyā) y llenas (pūrṇimā) de los meses hindúes. El calendario está particularmente pensado según el horario y calendario de España, por lo que para otros países, especialmente latinoamericanos, en algunos casos las fechas pueden variar de un día a otro.

Además de estar bellamente diseñado, el calendario incluye mantras de apertura y cierre y, para cada mes, un inspirador verso tradicional de las Escrituras hindúes. Para ver y descargar gratuitamente el calendario en formato .pdf creado por KrishnaKali Yoga Ashram solo basta clicar aquí.

calendario2018

Calendario védico hindú 2017

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El año pasado la Federación hindú de España (FHE) inició un hábito muy útil para los hindúes y otras personas interesadas en la cultura y espiritualidad védica, al publicar un calendario con las festividades más importantes del hinduismo, específicas para España. Ahora que se acerca el nuevo año, la FHE publica el calendario correspondiente a 2017, con los cálculos astrológicos, las ilustraciones y los textos obra de su destacado miembro, instructor de yoga y artista plástico Hari Dasa.

La versión de este año es todavía más completa, ya que explica de forma simple y resumida cómo funcionan los meses en el calendario lunar hindú y qué correspondencia tienen con el calendario gregoriano occidental. Además, las quincenas lunares ahora aparecen en su terminología sánscrita (purnima = luna llena y amavasya = luna nueva).

Y entre las principales festividades religiosas se incluyen con detalle, otra vez, las ekadashi (undécimo día de toda quincena lunar y dedicado a Sri Vishnu) y se agregan los pradosha (decimotercer día de la quincena luna y consagrado al Señor Shiva). Asimismo, en el calendario aparece un abanico muy variado de celebraciones y lo bueno es que al final hay un listado en que se los explica claramente.

calendario2017Como he dicho, las fechas del calendario están calculadas para España. En la mayoría de casos, estas no varían considerablemente con las fechas de las festividades en la India, aunque en términos de horarios propicios sí que hay cambios. Esta información detallada, propia para personas puntillosas y versadas en astrología védica, se omite para mantener el calendario apto para todo público.

Si alguien de Latinoamérica, por ejemplo, quisiera hacer uso de este calendario español tiene que considerar que la diferencia horaria con la India es mayor y que, en algunas celebraciones, podría haber una diferencia de hasta un día más tarde.

calendario2017_2

No es un detalle menor la belleza gráfica del calendario que, además de práctico, lo convierte en un elemento estéticamente inspirador, ya sea que uno decida revisarlo en versión digital o imprimirlo en papel.

Para verlo o descargarlo, clicar aquí. Y que sea de provecho para todos.

Ākāśa o el quinto elemento hindú

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Quizás algunos cinéfilos recuerden la película de ciencia ficción El quinto elemento (1997) con Bruce Willis y Mila Jovovich, cuya trama básica era la búsqueda de un excepcional quinto elemento que, unido a los cuatro elementos materiales por todos conocidos (agua, tierra, fuego y aire), podría salvar al mundo de las fuerzas del mal. En la película ese raro elemento era – este espóiler tiene casi 20 años de retraso así que no es grave – el amor, y más allá del loable mensaje y del éxito de taquilla del film, la filosofía hindú tiene antiguos argumentos para ampliar ese punto de vista.

Para empezar, en la tradición hindú los mahābhūta o elementos materiales son cinco: los cuatro clásicos ya nombrados y el ākāśa (akasha) que según el caso se traduce como éter, espacio o hasta cielo. Se explica que de los cinco elementos, ākāśa es el más sutil y también el primero en manifestarse (en estrecha relación con el sonido) siendo así la base de los otros cuatro. Sus atributos son que lo penetra todo, que es invisible y que sirve de sostén a los demás elementos.

¿Difícil de entender? En su último libro, Felicidad, manual de instrucciones, el escritor y yogui Javier Salinas dice al respecto: “En yoga existe el concepto de akasha, o espacio; quizá te suene. Quizá pienses que no te dice nada. ¿Espacio? Quizá pienses que ya sabes lo que significa, pero si piensas eso es que no sabes lo que significa. Y no es que me quiera poner misterioso… El caso es que con lo que tiene relación este concepto es con el espacio dentro del espacio, y con tu espacio interior”.

Yo, que realmente no entiendo el concepto, me he puesto a investigar y he visto que los antiguos griegos también habían planteado la existencia de un quinto elemento – la “quinta esencia”- en la composición del universo y especialmente en la formación de las estrellas y cuerpos celestes, que se consideraba no podían estar hechos de materiales “terrenos”. De ahí que ellos le dijeran “éter” (aithēr en griego), cuya etimología está relacionada con el brillo de los astros y, por tanto, con el firmamento.

Por su parte, la palabra sánscrita ākāśa deriva de la raíz verbal √kāś que también tiene una acepción de “brillar, resplandecer” y aunque siempre es mejor usar el término original sánscrito es entendible que se haya elegido la traducción de “éter”, pues hay ciertas similitudes.

De hecho, la ciencia ha aceptado hasta hace poco la idea del éter como un “fluido sutil, invisible y elástico que llenaba todo el espacio y que transmitía la luz”. Quizás hayan escuchado frases del tipo “las ondas radiales viajan por el éter” y aunque la ciencia moderna parece haber abandonado en parte esta teoría, la palabra se sigue usando a nivel “poético” en referencia a la “esfera aparente que rodea la Tierra”.

La palabra éter, creo, no es fácil de aprehender (y la palabra “aprehender” tampoco, la verdad…), por ello me inclino hacia la traducción de ākāśa como “espacio”, cuya ambigüedad nos aporta, curiosamente, más claridad que confusión. Por un lado, el término espacio hace referencia a la idea de “atmósfera, cielo” o a expresiones como “espacio exterior” que generan una imagen mental de infinitud que es coherente con la omnipresencia del ākāśa. No hay sitio en el universo en que no haya ākāśa.

Esto nos lleva a la segunda acepción de “espacio” (muchas veces en dupla con la categoría de “tiempo”), simplemente como “la parte de espacio que es ocupado por cada objeto/ser material”. O sea que no tiene que ser necesariamente en los cielos, sino que también es en la tierra y, quizás principalmente, dentro de nosotros mismos. Dice Alain Daniélou: “los filósofos indios definen el espacio vacío absoluto, al que llaman ākāśa, como un continuo sin límites, indiferenciado e indivisible, en el que se construyen las divisiones imaginarias del espacio relativo”.

Es decir, en la base de toda manifestación material existe ākāśa, o con mis palabras, se necesita espacio (sostén) para manifestar el universo y la única diferencia entre un planeta, una casa y mi cabeza es el material del que están hechas sus divisiones aparentes, no su espacio interior. Como explican los maestros: el espacio que hay adentro de una burbuja es el mismo que hay afuera, solo que está separado, diferenciado, por una fina capa de jabón ¿Qué pasa cuándo explota la burbuja? Se acaba la diferenciación pero el “espacio vacío absoluto”, el sustrato, continúa idéntico.

La Bhagavad Gītā, que tiene ejemplos y respuestas para todos los casos, ofrece un śloka (IX.6) sobre el tema, que me parece muy relevante:

yathākāśasthito nityaṁ vāyuḥ sarvatrago mahān /
tathā sarvāṇi bhūtāni matsthānīty upadhāraya

En una traducción posible, el Señor Kṛṣṇa dice:

Así como el poderoso viento soplando por doquier reposa eternamente en el espacio (ākāśa) /
así también debes tú saber que todos los seres reposan en Mí.

En esta analogía vemos, por una parte, la idea más “física” de que el ākāśa (“vastedad del espacio etéreo” traduce Mascaró por ejemplo) es sostén y vehículo incluso de algo tan inasible como el viento; y por la otra, la enseñanza trascendental de que la esencia de nuestra manifestación, aunque invisible, es la misma para todos.

A esa esencia, “quinta esencia”, algunos le dicen vacío, otros prefieren Dios, otros energía y otros amor, dándole la razón a los guionistas de El quinto elemento.

Para activar ese quinto elemento, los protagonistas de la película eligen como “espacio físico” un antiguo templo egipcio, y siguiendo con las analogías, los grandes maestros explican que el espacio/ubicación (físico y espiritual a la vez) donde buscar la quinta esencia de nuestro ser está en la “cueva del corazón”, donde residen la conciencia, el amor y, por supuesto, el ākāśa y todos los universos que son sostenidos y englobados por ese espacio interior.

Calendario hindú de festividades 2016

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Con el nacimiento de un nuevo año se hace vital, entre otras cosas, tener a mano un almanaque que nos guíe entre las semanas, celebraciones y lunas que regularán nuestra cotidianeidad futura, especialmente si uno tiene intención de guardar, no solo los siempre de moda festivos civiles, sino además las festividades religiosas. En el caso del hinduismo, que tiene un calendario religioso basado en las fases lunares y, por tanto, cambiante cada año, es imprescindible contar con una guía fiable.

Para ello, en la India tradicionalmente se utiliza un calendario llamado pañcāṅga (panchanga) que significa “hecho de cinco partes” y que debe su nombre a que trata cinco cuestiones astronómicas principales: días solares (vāra), días lunares (tithi), casas lunares (nakṣatra), periodos lunares (karaṇā) y conjunciones de los astros (yoga). Este tipo de calendario es complejo y está basado en el jyotiṣa o la llamada “astrología védica” y, si bien es difundido, hay que decir que no es fácilmente entendible en su totalidad por cualquier persona.

Por tanto, si uno no es iniciado en jyotiṣa (como es mi caso), lo que necesita es más bien un calendario simple, fiable y, preferentemente, inspirador para llevar a cabo un buen año de práctica espiritual.

Pues, practicantes y practicantas, estamos de suerte, ya que la Federación Hindú de España acaba de publicar para beneficio de los hindúes e interesados un “calendario védico hindú” para 2016. Los cálculos astrológicos fueron hechos por el sacerdote hindú y astrólogo Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa) mientras que la maquetación y el arte estuvieron a cargo de Hari Dasa.

panchanga

A nivel práctico, en el calendario aparecen las principales festividades religiosas hindúes y otras no tan principales pero que pueden ser de interés para algunos devotos; también salen los aniversarios de nacimiento de cuatro maestros (ācāryas) clásicos, y se presentan las fechas de celebración mensual de ekādaśī, que es el undécimo día de toda quincena lunar y que es un día de buen augurio en que se suele ayunar de forma total o parcial. Asimismo, se especifican los días de luna llena y luna nueva de cada mes.

En cuanto a los cálculos astrológicos, hay que aclarar que fueron hechos de acuerdo al horario y ubicación de España, lo cual no varía considerablemente con las fechas de las festividades en la India, aunque sí en algunos casos con las horas (y aunque eso no se explicita sí que fue tenido en cuenta).

Si alguien de Latinoamérica, por ejemplo, quisiera hacer uso de este calendario español tiene que considerar que la diferencia horaria es mayor y que, en algunas celebraciones, podría haber una diferencia de hasta un día más tarde. Sobre esto hay diferentes posturas y algunos devotos simplemente celebran en su país el mismo día que se celebra en la India, mientras que otros son más puntillosos con los cálculos, incluso de las horas, del jyotiṣa.

A nivel estético, el calendario cumple con su rol inspirador gracias a los dibujos originales de Hari Dasa, que le dan un toque devocional y evocador.

panchanga1

Para ver y descargar el calendario en .pdf y consultarlo en la propia pantalla o bien imprimirlo en papel, se puede clicar aquí.

Gracias a Krishna Kripa Dasa y a Hari Dasa por su servicio desinteresado y que sea un año de mucha práctica espiritual para todos.

La carne, el cáncer y el vegetarianismo en el hinduismo

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Hace varias semanas hubo revuelo mediático por el informe divulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los riesgos de cáncer asociados con el consumo de carne roja y de carne procesada. Las respuestas fueron variopintas: desde vegetarianos satisfechos de confirmar sus sospechas hasta carnívoros cínicos afirmando que “de todos modos, de algo hay que morir”.  A pesar de que la inmediatez es la clave del éxito digital, yo decidí esperar unos días antes de hablar sobre el tema, a ver si se calmaban los ánimos y podía juntar datos útiles.

Lo que dice el informe en cuestión es básicamente que el consumo excesivo de carne roja y muy especialmente de carne procesada (salchichas, jamón, embutidos, carne en lata) ha sido asociado con una mayor incidencia de varios tipos de cáncer, sobre todo el colorrectal y, en menor medida, el cáncer de páncreas y de próstata y quizás de estómago (sumado a los ya conocidos riesgos de enfermedades del corazón o diabetes). De todos modos, la OMS no recomienda dejar de comer carne (pues considera que “tiene beneficios para la salud”) sino más bien moderar su consumo, un hecho que no parece estar en la intención de los habitantes de este planeta.

En un artículo que me pareció muy lúcido (y admito que, en general, la forma de ver el mundo de este autor no me “resuena”), el escritor argentino Martín Caparrós ofrece datos muy claros: “En las últimas décadas el consumo de carne aumentó el doble que la población del mundo. Mientras tanto, un buen tercio de la población mundial sigue comiendo como siempre: miles de millones no prueban la carne casi nunca, la mitad de la comida que la humanidad consume cada día es arroz, y un cuarto más, trigo y maíz”.

Por tanto, resume Caparrós, “consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir: se necesitan diez calorías vegetales para producir una caloría de vaca o de cordero (‘para producir un filete de unos 200 gramos se precisan unos 45 cuencos de cereales’). Lo mismo pasa con el agua: se necesitan 1.500 litros para producir un kilo de maíz, 15.000 para un kilo de vaca. O sea: cuando alguien come carne se apropia de recursos que, repartidos, alcanzarían para cinco, ocho, diez personas”.

Hace un par de años yo mismo escribí un artículo sobre cómo la alimentación vegetariana (o vegana) podría “salvar al mundo” en el sentido bien literal de la expresión y ponía datos tan llamativos (o poco conocidos) como que “la ganadería industrial realiza una contribución al calentamiento global que es un 40% mayor que la de todo el sector del transporte junto, lo que la convierte en la responsable número uno del cambio climático”. O sea, que hay personas que dejan de viajar en avión como forma de activismo ecológico y sería más efectivo dejar de comer carne.

Como dice Caparrós, “comer carne es establecer una desigualdad bien bruta: yo soy el que puede tragarse los recursos que ustedes necesitan. La carne es estandarte y es proclama: que este planeta sólo se puede usar así si miles de millones se resignan a usarlo mucho menos. Si todos quieren usarlo igual no puede funcionar: la exclusión es condición necesaria —y nunca suficiente—.”

Curiosamente, esta tendencia mundial del comer carne como signo de mejorar el estatus socio-económico ha sido objetada durante siglos por la sociedad india, fundamentalmente por el hinduismo (y en menor escala por el jainismo), donde, por el contrario, ser vegetariano es un símbolo de “pureza ritual” al decir de Agustín Pániker, o sea que da mayor “prestigio” social y religioso. Aunque hay diferentes versiones, se sabe que desde hace unos 20 siglos, al menos, el hinduismo ha adoptado el vegetarianismo como el ideal dietético, en consonancia con el tradicional valor de ahiṁsā (no-violencia) y reflejando los hábitos ascéticos de las respetadas órdenes monásticas hindúes.

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Obra de Hari Dasa (www.narayana-hare.blogspot.com.es)

Poner cifras exactas es difícil pero, por ejemplo, el editor Álvaro Enterría calcula que actualmente “el 30% de los indios son vegetarianos”, lo cual es bastante para un país “emergente” y, por consiguiente, para una sociedad con creciente poder adquisitivo. Los vegetarianos indios (que en su mayoría son de religión hindú) tampoco comen huevo. Después hay otro grupo que engloba a las personas que en lenguaje moderno se denominan “flexitarianas”, y son aquellas con una dieta vegetariana en general y que no comen carne en casa pero que, en situaciones especiales (fiestas, invitaciones, bodas), sí comen carne o pollo o simplemente huevo.

Asimismo, en las zonas costeras de la India hay mucha tradición de comer pescado y a pesar de eso muchas personas siguen llamándose vegetarianos a sí mismos, quizás porque no comen carnes rojas. De hecho, para este tipo de dieta, muy de moda en Occidente, existe el término “pescetarianismo” (o “pesco-vegetarianismo”). Otros hindúes comen pollo, que es quizás la carne más difundida, cordero y quizás cerdo, pero por supuesto casi nadie come carne de vaca, porque como todos saben son consideradas sagradas, ya que según la tradición, y como explica el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), “se la considera nuestra segunda madre, pues después de que tomamos leche del pecho de nuestra madre, continuamos tomando leche de la vaca”.

Todos estos datos son indicativos pero no definitivos, ya que los números varían según la región, la casta y hasta la familia. En cualquier caso, son las personas de casta brāhmaṇa (o brahmán, es decir la casta “sacerdotal”) las que más practican el vegetarianismo, aunque esta regla tenga muchas excepciones (por ejemplo Bengala). A nivel de regiones, justamente Bengala y Kérala, al sur, son los dos estados donde se permite el sacrificio de vacas para consumo humano. Y este es un punto al que quería llegar.

Sorprendentemente, en estos tiempos India encabeza la exportación mundial de carne de vacuno (delante de Brasil), aunque esos datos se refieren a “carne de búfalo”, que es legal, y no de vaca, ya que la exportación de ternera está prohibida. Sin embargo, explica el periodista Jordi Joan Baños, “dicha prohibición es burlada a diario en la frontera entre India y Bangladesh, por la que son transportadas de contrabando, para ser sacrificadas, cientos de miles de reses indias cada año”, para consumo musulmán. En cualquier caso, en el periodo 2010-2014 “las exportaciones legales de vacuno han aumentado en un 44%”.

Estos datos me parecen muy relevantes porque significa que la tendencia mundial a comer carne como forma de legitimar el estatus socio-económico y forma de dar placer al paladar también está afectando a la sociedad india, otrora defensora de valores muy tradicionales. Como acota Ramchandani, hace varias décadas que, imitando a los invasores británicos, algunos hindúes empezaron a comer carne “como símbolo de modernidad y elitismo”. Ahora, ya independientes y emergentes, los indios, especialmente de clase media, ven en la carne otro estandarte de éxito, tal como bien lo define Caparrós.

A nivel espiritual y según la tradición hindú, no hay dudas de la importancia de una dieta vegetariana y como dice Enterría, “las personas que reciben iniciación de un guru normalmente se hacen vegetarianas” pues se considera un acto meritorio y purificador. Swami Premananda lo dice muy claro en uno de sus discursos: “Dices que sientes amor en tu corazón y que quieres amar a Dios. ¿Cómo puedes pensar en el amor si, porque te agrada el sabor, puedes comer otra criatura?”.

De todos modos, mi intención principal con este post no es hacer especial hincapié en los méritos religiosos/espirituales de la dieta vegetariana ni tampoco defender al hinduismo como religión.

Mi objetivo es poner a la vista, una vez más, los beneficios colectivos de la dieta vegetariana (o vegana):

  1. Evitar sufrimiento a otros seres, que son matados para que los comamos (o que son hacinados y maltratados para sacarles huevos o leche).

  2. Salvar al planeta de ir a la ruina por falta de recursos naturales (“1.500 litros de agua para producir un kilo de maíz vs. 15.000 para un kilo de vaca”).

Pero claro, el planeta no le importa a nadie, así que le agregamos un nuevo factor:

  1. El consumo de carne ha sido asociado científicamente con una mayor incidencia de cáncer (amén de otras enfermedades).

Ya que el bienestar común y terrenal (que también es el propio) no parece ser motivo suficiente, la noticia de que la carne da cáncer quizás influya en alguien para que reduzca (¡o frene!) su consumo, aunque solo sea por puro beneficio personal. El mundo también estará agradecido.

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