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El maestro, la saṅgha y los tiempos modernos

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En 1968, John Lennon compuso su conocida canción Across the universe, que algunos críticos musicales calificaron de “infantil y aburrida” y que, además de estar llena de referencias a sus viajes lisérgicos, incluye una frase sánscrita tomada de Maharishi Mahesh Yogi, el gurú indio difusor de la Meditación Transcendental que llevó a The Beatles a Rishikesh. La frase o mantra en cuestión es:

jai guru deva om

O sea:

“Viva el divino maestro om

Si bien el movimiento de Meditación Trascendental no puede ser considerado ortodoxo desde el punto de vista hindú, el mantra jai guru deva om hacía referencia al propio guru de Maharishi Mahesh, que sí era un shankaracharya ortodoxo, es decir la figura principal de los monasterios (math) tradicionales hindúes. En medio de la efervescencia ideológica y espiritual de los 1960’s, Lennon mezcla LSD con mantras al gurú, dejando así patente que el enfoque occidental sobre el rol del maestro espiritual traería variaciones respecto a la antigua tradición hindú.

Como sabemos, la relación guru-śiṣya, es decir “maestro-discípulo”, es básica en la visión hindú, en la que el conocimiento espiritual siempre se ha transmitido directamente, en una relación cara a cara, y en la que la enseñanza oral tiene gran importancia, pero todavía mucha más la enseñanza silenciosa que consiste en la transmisión psíquica o energética que un maestro puede otorgar solo con su presencia física (este documental en inglés es un gran ejemplo). En Occidente, con la popularización del Yoga y la filosofía hindú, esta relación personal, y sobre todo jerárquica, fue perdiendo vigencia.

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Mirando atrás vemos que este fenómeno ya comenzó en los años 1920’s, cuando los primeros gurús indios llegaron a Estados Unidos, y para difundir sus enseñanzas utilizaron el entonces popular método de “lecciones por correspondencia”. El mismo Paramahansa Yogananda, quizás el maestro indio más influyente en la difusión de la filosofía espiritual india en Occidente en la primera parte del siglo XX, y su organización (Self-Realization Fellowship) enseñaron e iniciaron por correo a miles de personas en todo el mundo y todavía lo hacen (aunque ahora la iniciación formal se hace de manera presencial).

Sobre estos cursos por carta, el estudioso Mark Singleton dice que podemos tomarlo como una “fase intermedia en el pasaje de un modelo exclusivamente basado en la relación guru-discípulo, hacia el modelo de autoayuda que predomina hoy”.

Modelo de autoayuda significaría que, por un lado, uno no requiere necesariamente de un maestro, ya que la información está más disponible que nunca y, por otro lado, que uno puede ir tomando lo mejor de cada método o maestro y así armarse su propio camino personal. Por tanto, en la actualidad pocas personas están interesadas en tener un compromiso formal con un “maestro”, aunque eso no niega que todos tengamos, de una u otra manera, personas que nos inspiran y de las que tomamos enseñanzas.

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La modernidad, que es el tiempo en el que los sociólogos dicen que vivimos, es una época paradójica porque, por un parte, se han derrumbado las grandes ideologías colectivas y todo parece haberse centrado en el individualismo y el hedonismo. Al mismo tiempo, esta importancia que ha cobrado el individuo tiene aspectos positivos en la supuesta igualdad de derechos universales que tenemos todas las personas. Las jerarquías tradicionales han perdido fuerza y hay una tendencia hacia la horizontalidad. Justamente, y en contra de este individualismo extremo, cada vez más se puede ver un fenómeno de unión social a diversos niveles, como son las cooperativas, las asambleas, los proyectos de financiación colectiva, las plataformas de intercambio de casas o de compartir coches.

El mensaje actual, tanto a nivel publicitario como a nivel espiritual, es que uno puede hacer “todo por sí mismo”, “puede construirse su futuro” y “alcanzar todos sus sueños”. Para mí está claro que ese mensaje es un arma de doble filo y, especialmente en el plano del autoconocimiento, hay que analizar bien si para uno es suficiente con ser su propio maestro o necesita de un tercero.

Esta tendencia a prescindir de un maestro externo se puede ver en muchos lados, pero me llamó especialmente la atención cuando escuché la “traducción” del mantra jai guru deva om por parte de un conocido devoto de Sri Sri Ravi Shankar, a su vez discípulo del ya citado Maharishi Mahesh. La traducción que hace es:

“Saludo a lo más hermoso que hay en ti”.

Yo soy tradicionalista y me gusta la idea de tener gurú, pero también he notado este fenómeno de horizontalidad y me pregunto si los tiempos están cambiando. Como ejemplo, me vienen al dedillo estas palabras del escritor y filósofo español Vicente Merlo, hablando de lo que él llama la “espiritualidad transreligiosa”:

“Cada vez me gusta menos emplear el término ‘maestro’ en el campo de la espiritualidad. Y no porque crea que no hay personas que merecen ese calificativo en su más alto sentido, sino porque genera casi inevitablemente una distancia y un sentimiento de minusvalía ante la persona a la que se tiende a idealizar y deshumanizar subiéndola al pedestal y lanzando multitud de proyecciones sobre ella. Creo que no es necesario recordar los muchos aspectos positivos de la relación maestro-discípulo, cuando esta es sana y fecunda, un impulso para el crecimiento auténtico, pero no quiero ignorar los aspectos menos positivos, que a menudo se activan ante el simple hecho de llamar a alguien ‘maestro’.
Prefiero, más bien el término ‘amigo espiritual’, que sin ser tan rimbombante y aunque sea más ambiguo, puede recoger perfectamente el valor de una relación que en la forma llama a la horizontalidad y la comunicación entre iguales, aunque en el fondo estimule sobre todo la profundidad y el ascenso vertical, propiciando una relación inter-personal que se convierte en transpersonal”.

Es un tema para reflexionar y que genera polémica entre la visión tradicional y la moderna. A veces el problema simplemente radica en la palabra que se usa, pues a muchas personas modernas no le gusta usar gurú o maestro, aunque la función de la relación sea similar.

Al mismo tiempo, de acuerdo con este paradigma de la horizontalidad, además del “amigo maestro” es muy importante la comunidad de practicantes como sostén para el propio camino individual. Sobre todo si el maestro está lejos, o también porque con los demás practicantes tenemos total simetría relacional, la comunidad puede convertirse en una inspiración, un refugio y un acicate.

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Esto, en realidad, no es moderno. Ya hace más de dos mil años el Buddha creó las órdenes monásticas, que se conocen como saṅgha, y que, junto al rol del maestro y su enseñanza (dharma) son las “tres joyas” en las que toman refugio los practicantes budistas.

La palabra sánscrita saṅgha significa “asamblea, grupo, asociación, compañía, comunidad” y actualmente muchos buscadores espirituales, que no son budistas ni se comprometerían abiertamente con una religión o camino espiritual específico, destacan la saṅgha como sostén de su práctica.

Por supuesto, para que haya saṅgha tiene que haber enseñanza y tiene que haber un maestro que la imparta o haya impartido. En ese sentido, el gurú externo sigue siendo inevitable. La cuestión parece residir, entonces, en la importancia que hoy se le otorga y, especialmente, en la posición que asume dentro del creciente paradigma moderno de horizontalidad.

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encuesta

Swami Premananda y la relación gurú-discípulo

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Pasaron las celebraciones de Guru Pūrṇimā 2015 (Guru Púrnima) y después de la adoración y la devoción puede ser buen momento para la reflexión. Pensar en la importancia del maestro espiritual es parte de celebrar el día del guru, pero entender profundamente la especial relación guru-śiṣya (maestro-discípulo) es, sin duda, tarea de años (o vidas, dirán algunos).

Aprovechando la reciente publicación, en la página oficial de su misión, de diferentes mensajes de Swami Premananda sobre Guru Pūrṇimā, comparto un discurso acerca de la relación guru-śiṣya (shishya), que me pareció apropiado.

Swami Premananda sin barba

Dice Swami:

“Una vez una persona fue a ver a un gran santo y le pidió consejo espiritual. El santo simplemente dijo: ‘Sólo sé’. ¿Sabéis lo que significa ‘solamente ser’? Si comprendes esto comprenderás la relación entre gurú y discípulo.

Conozco otra historia acerca de otro santo. Un día, alguien fue a verle para pedirle consejo. El santo fue muy duro y reprendió a su visitante usando palabras poco amables. ¡Luego le gritó, diciéndole que se marche! ¡Este santo no era como Swami Premananda! Echó al pobre hombre como si fuera un perro. Cuando los santos hacen esto, algunos devotos salen corriendo, mientras que otros se quedan con un santo así a pesar de que les reprenda una y otra vez. Aun si ese santo reprende a esos devotos y les dice que se marchen, ellos simplemente se sientan en algún lugar que esté cerca del santo y le esperan.

Entonces, después de haber echado a todos el santo salió caminando del ashram y encontró un devoto sentado allí, esperándole. Así que le preguntó: ‘¿A qué has venido aquí?’ El devoto respondió: ‘Vine a verle a Usted’. Entonces el santo dijo: ‘¿Para qué vienes a verme? ¿Por qué no te miras a ti mismo? Has venido a verme sin verte primero a ti mismo. ¡Tienes tiempo para verme, pero no tienes tiempo para verte a ti mismo!’.

Con eso, el santo se alejó y el devoto volvió a su casa para reflexionar sobre lo que el santo había querido decir cuando dijo: ‘Mírate primero a ti’. Si entiendes esta historia, entonces entenderás todo acerca de la relación guru-śiṣya. Si no la comprendes no sabrás el significado de ella.

Un gurú dijo: ‘Sólo sé’. Otro gurú dijo: ‘Conócete a ti mismo’. Si yo te pido que te conozcas o que te mires a ti mismo, irás a tu cuarto a mirarte en el espejo y volverás diciendo que has visto tu cara. Cuando un gurú pide a sus devotos que se miren a sí mismos, puede que ellos teman hallar suciedad en sus rostros. Sin embargo, irán a verse en el espejo y entonces regresarán para decir: ‘No, estoy bien’.

Si hubieras ido a ver un gurú en los viejos tiempos y le hubieras dicho que te miraste y que te has visto cuando miraste en el espejo esa mañana, él te habría dado una bofetada y echado de su vista. Te habría golpeado de tal modo que tus dientes habrían caído. ¿Por qué crees que él habría hecho eso? ¿No es acaso porque cuando dijo que deberías mirarte a ti mismo, lo que quiso decir era, no que mires tu cara externa, sino tus pensamientos, tu ser interior y todos tus sentimientos internos y demás? Él está hablando de limpieza interna, no de limpieza externa.

¿Cómo nos limpiamos internamente? Tenemos que liberar nuestra mente de competitividad, de celos, de ego y orgullo. Eso es lo que quiso decir con esta pequeña oración: ‘Mírate a ti mismo’.

Cuando el otro santo dijo: ‘Sólo sé’ lo que quiso decir fue, no permitas que tu mente se extravíe por doquier; simplemente sé, no te extravíes. Ésta era la manera en que los antiguos gurus enseñaban a sus discípulos. La lección que os estoy enseñando es la misma. ¿Puedo enseñaros estas lecciones a vosotros ahora? ¿Está interesado alguno de vosotros?”.

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Las pādukās (pies simbólicos) de Swamiji cubiertas de flores.

La pregunta final de Swami es clave para saber si uno quiere o no quiere ser discípulo: ¿Estamos interesados en estas enseñanzas? ¿En mirarnos internamente? ¿En evitar que nuestra mente se extravíe? ¿En ser y nada más?

El 62º cumpleaños de Swami Premananda

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El 17 de noviembre de 1951, en Sri Lanka, nacía Swami Premananda. El 21 de febrero de 2011, en Tamil Nadu (India), abandonada su cuerpo físico, a la edad de 59 años. Este año 2013 el 17 de noviembre se conmemoraba el 62º aniversario del nacimiento de Swami y sus devotos y seguidores de todo el mundo festejaron de diferentes maneras, que coincidieron con la luna llena.

En el Sri Premananda Ashram del sur de la India, donde se encuentra el samādhi de Swami, se realizaron las celebraciones principales. Para comenzar, se realizó una pūjā a Ganesha, deidad encargada de despejar el camino para los inicios; en este caso a la estatua situada en la entrada del templo del Ashram.

Luego, siempre temprano en la mañana, hubo un Ganapati homa, es decir una ceremonia de fuego para propiciar un buen día de celebraciones. El homa fue realizado por sacerdotes brāhmanas.

Lo siguiente fue hacer una Pāda pūjā a las pādukās de Swami Premananda. Esto consiste en un ritual a los pies del maestro espiritual en que se lavan sus pies mediante una serie de polvos y líquidos considerados sagrados por la cultura védica (cúrcuma, vibhūti, polvo de sándalo, leche, agua de rosas y más).

Si el maestro está presente en su cuerpo físico, este ritual se hace directamente a sus pies de carne y hueso. Si, en cambio, no está presente físicamente, entonces se recurre a las pādukās, unas sandalias de metal o madera que representan los pies del guru.

Más tarde se realizó un abhishekam al Shivalinga situado en el samādhi de Swamiji en el templo.

Vertido de cúrcuma en el Shivalingam instalado en el templo del Ashram.

Finalmente, se realizó la ceremonia principal que consistió en un mahābhishekam a la estatua de Swamiji en el templo.

Devotos y residentes del Ashram presenciado el ritual a la estatua de Swamiji.

Niños de la escuela haciendo su ofrenda de leche a la estatua de Swamiji.

Vertido de agua sobre la estatua en pleno abhishekam.

La estatua de Swamiji después del abhishekam, bellamente decorada y con su mano en gesto de bendición para todos.

¡Feliz Cumpleaños Swamiji!

¡Om Sri Sri Swami Premananda Gurudevāya Namaha!

El doble significado de la palabra ‘guru’

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El yoga y la filosofía espiritual de la India están metidos en la cotidianeidad de occidente desde hace unas pocas décadas; las suficientes, sin embargo, para que su terminología basada en la milenaria y sagrada lengua sánscrita se vaya colando en nuestro vocabulario de forma (casi) natural. Entre términos ahora tan comunes como karma, nirvana o mandala se destaca guru, una palabra que despierta ciertos picores entre los yoguis occidentales, ya que la idea de poner la propia evolución espiritual bajo las instrucciones de otra persona se considera una gran pérdida de autonomía.

En la India, en cambio, el concepto de guru es muy normal. La idea de que alguien que ya conoce el camino (o parte de él) hacia la felicidad nos lo enseñe no es vista como un signo de sometimiento u opresión, sino más bien como una gran suerte y una gran oportunidad. Esta relación guru-discípulo es natural en la India, donde tradicionalmente los padres confiaban la educación de sus hijos a manos de un sabio espiritual.


A este respecto, muchos creen que el individualismo occidental ofrece “libertad”, pero en realidad la mayoría de las personas también sigue ciegamente los preceptos de otros seres humanos (llámense deportistas, modistos o gurus de las nuevas tecnologías) como si se tratara de mandatos divinos. Esto no impide que el concepto dominante sobre los gurus espirituales sea el de estafadores, megalómanos o, en el mejor de los casos, delirantes.

Sin negar la existencia de éstos últimos, la presencia de un verdadero maestro espiritual se considera fundamental para el rápido y seguro avance de cualquier persona en el sendero espiritual y yóguico.


Si bien la palabra guru (cuya acentuación sánscrita es llana) se suele traducir simplemente como “maestro”, su significado etimológico original es “que tiene peso”. Es decir, un guru es una persona que posee un rol preponderante, de importancia, tal como se lo concibe en la tradición yóguica.

Si, en general, las palabras suelen ser elementos volátiles, cuando se habla de filosofía espiritual éstas siempre tienen, al menos, dos significados: uno literal y otro simbólico. Ambos sentidos tienen su razón de ser y su utilidad. El significado literal generalmente nos provee información ‘objetiva’ (lingüística, etimológica, histórica), mientras que el simbolismo del vocablo nos desvela cuestiones más esotéricas, es decir información oculta a primera instancia.

A este respecto, las enseñanzas de la mayoría de las tradiciones espirituales de la India tienen un carácter esotérico en origen, pues no fueron ideadas para divulgación pública sino que eran transmitidas oralmente a través de la iniciación de un instructor cualificado. Actualmente, con el auge del yoga en occidente y la universalidad de la información, cualquier persona que lo desee (occidental u oriental) puede tener acceso a la otrora secreta filosofía de la India.

De esta forma, con probabilidad todos hemos oído decir que guru es “el que quita la oscuridad” (el propio Joaquín Sabina, con su habitual aire decadente, juega con dicho significado en la canción Princesa).

En cuanto a las fuentes sagradas fiables, la Advaya-Tāraka Upanishad define al guru de esta forma (traducción basada en la versión de Georg Feuerstein):

“La sílaba gu [significa] oscuridad. La sílaba ru [significa] el destructor de esa oscuridad. Debido a la habilidad para destruir la oscuridad, él es llamado guru“. (v. 16)

De manera similar, la Guru Gītā, atribuida al sabio Vyāsa, explica:

“La sílaba gu es la oscuridad y se dice que la sílaba ru es la luz. No hay duda de que el guru es ciertamente el conocimiento supremo que disipa [la oscuridad de] la ignorancia”.

Por tanto, etimológicamente hablando, guru es alguien “con peso” y relevancia como maestro. En una segunda lectura, guru es quien, disipando la oscuridad, nos muestra el camino; que es lo mismo que decir que, con su sabiduría y experiencia, elimina nuestra ignorancia, que nos ciega, y no nos deja ver nuestra verdadera esencia espiritual.

En occidente, donde lo sabemos todo y somos tan reacios a que un tercero nos muestre el camino, muchos se alivian al escuchar la, con frecuencia malinterpretada, frase: “el guru verdadero está en tu interior”.

¡Tengo buenas noticias! Esta máxima es totalmente veraz. Así lo certifican las Escrituras del yoga y las enseñanzas de todo maestro espiritual genuino.

Lo cual no significa, claro, que uno se vea eximido de tener un guru externo; a menos que considere que por sí mismo es capaz de ser su propio guía y disipador de la oscuridad.

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Este artículo fue publicado originalmente en Yoga en Red. Si te gusta el estilo del mismo, daré un taller titulado Conceptos básicos de la filosofía del Yoga el 28 de Septiembre (18:00h) en el espacio Jardín de Hara de Barcelona con un enfoque similar.

El taller pretende dar a conocer algunas de las nociones fundamentales del pensamiento yóguico tradicional, con la intención de comprender cómo estas ideas milenarias son universales y pueden experimentarse en nuestra vida diaria.

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El mantra “tvameva mātā ca pitā tvameva…”

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Cuando hace dos semanas preparaba la celebración de Guru Pūrnimā me vino a la mente un tradicional mantra que dice, básicamente, que Dios es todo. Y yo pensé que esa idea también se podía aplicar al maestro espiritual. El mantra en cuestión es el famoso:

tvameva mātā ca pitā tvameva /

tvameva bandhush ca sakhā tvameva /

tvameva vidyā dravinam tvameva /

tvameva sarvam mama deva deva //

En cuanto a la pronunciación, en sánscrito, la ‘V’ después de consonante (como en tvam) tiene un sonido entre una ‘v’ y una ‘u’ corta. Por otro lado, la ‘C’ se pronuncia siempre como ‘ch’. Las rayitas arriba de las vocales implican que éstas son el doble de largas que las sin rayita. La traducción (casi) literal del mantra sería:

“Tú eres ciertamente madre y tú eres ciertamente padre /

Tú eres ciertamente pariente y tú eres ciertamente amigo /

Tú eres ciertamente sabiduría y tú eres ciertamente riqueza /

Tú eres ciertamente mi todo, Oh Dios de dioses” //

Añadiendo un par de notas a la traducción, la palabra bandhu, que traduzco en su más usual acepción de ‘pariente’ también podría significar ‘hermano’, sobre todo en traducciones más poéticas. Asimismo, la palabra sakhā, con ‘a larga’, significa ‘amigo’ pero en hindi, y al parecer se habría colado en este mantra de lengua sánscrita (si fuera sánscrito quedaría sakhas).

Origen incierto

Esta aparente mezcla hindi-sánscrito es sólo un síntoma más de las dificultades para determinar el origen de este mantra tan conocido y repetido. Tradicionalmente se dice que se trata de una oración que aparece en el gran texto épico del Mahābhārata, específicamente en el Strī parva, el libro 11, en que las mujeres lloran a los numerosos caídos de la gran guerra entre Pāndavas y Kauravas, estos últimos los grandes derrotados. El mantra se atribuye a la reina Gāndhārī, esposa del rey ciego Dhritarāshtra, patriarca de los Kauravas, que debe soportar la muerte de sus cien hijos.

Ante tal pérdida, Gāndhārī maldice al Señor Krishna por no haber evitado la fatal guerra, aunque previamente, según la tradición popular, le dirige con devoción la oración que nos compete. En mi investigación personal no pude encontrar el fragmento con el mantra en las ediciones del Mahābhārata consultadas, mientras sí que está la maldición de Gāndhārī.

Como la fuente no era clara seguí la investigación y por lo que encuentro el mantra aparece en un texto aparentemente compilado en el siglo XX llamado Pāndava Gītā (también Prapanna Gītā), que es una “colección de hermosos versos de diferentes fuentes” o “una antología de delicadas citas llenas de devoción, en la que muchos personajes del Mahābhārata figuran como autores”. Sin embargo, según se explica, la mayoría de esos mantras “no aparecen en el Mahābhārata“.

La conexión Rāmānuja

Sri Rāmānuja fue un gran santo y filósofo vaishnava del sur de la India, que vivió en el siglo XI-XII d.C. Es muy conocido por sus filosóficos comentarios de las escrituras y por ser el precursor de lo que se conoce como la escuela del ‘No dualismo cualificado’ o Vishishtādvaita. Al mismo tiempo, Rāmānuja era un ferviente devoto y promulgador del camino del corazón, por lo que también escribió inspirados versos a su amado Señor Vishnu.

Específicamente nos interesa su Sharanāgati Gadyam, una plegaria de entrega total al Señor Nārāyana en que aparece un mantra familiar:

tvameva mātā ca pitā tvameva /

tvameva bandhush ca gurustvameva /

tvameva vidyā dravinam tvameva /

tvameva sarvam mama deva deva //

La única diferencia es que la palabra sakhā (que ya dijimos sería en lengua hindi), es reemplazada por guru (“tú eres ciertamente maestro espiritual”).

Teniendo en cuenta que esta última versión es toda sánscrita y documentada uno podría creer que es más fiable que la que se atribuye a la reina Gāndhārī en el Mahābhārata (de todos modos, la versión más difundida es la que dice ‘sakhā’).  A la vez, el mismo Rāmānuja podría haber tomado un mantra clásico como inspiración para su poema devocional. Por otro lado, la tradición oral popular siempre se supone más antigua, aunque también más proclive a las variaciones.

En cualquier caso, mi inacabada investigación académica fue sólo una consecuencia aleatoria de mi intención primigenia de recordar un mantra muy hermoso, que creo es aplicable tanto a Dios como al maestro. Las divergencias de uno o dos términos sólo reafirman que lo Divino y sus roles nunca pueden ser limitados por las palabras, apenas indicios de un Todo inefable.

El día después del curso de meditación

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Acabo de regresar del curso y retiro de meditación Prema Dhyanam. Se trata del curso de meditación basado en las enseñanzas y las directrices de Swami Premananda y, en este caso, ha sido la primera vez que se impartía en España. Junto a Hansika, tuvimos la gran bendición de organizar este curso, y digo “gran bendición” porque todos los maestros espirituales y las Escrituras dicen claramente que hacer servicio para el Gurú es el mayor servicio, pues es como servir a Dios.

No se trata de un culto personalista, sino que al servir al Gurú, uno lo que hace, en realidad, es colaborar con la misión del maestro, la cual a su vez es, simplemente, difundir la espiritualidad y ayudar a la mayor cantidad posible de personas a encontrar felicidad y paz permanente. Por tanto, servir al Gurú es, al mismo tiempo, servir a la humanidad.

El curso y el retiro fueron muy bien y superaron las expectativas de los participantes e incluso ¡de los organizadores! Por supuesto, todo ese éxito es mérito de Swami Premananda, sus enseñanzas universales y su siempre tangible energía Divina.

Asimismo, Nitya Devi Mataji, discípula de Swami y sannyasin (es decir, monja renunciante), la persona encargada de impartir el curso, debe llevarse su fundamental parte de mérito, pues su carisma, su sabiduría y su amor la hacen indispensable para que los nuevos meditadores salgan preparados para una nueva vida; para crear, como ella dice, “un nuevo ciclo de paz”.

El curso Prema Dhyanam es hermoso, es profundo y es intenso, como la meditación misma. Sus contenidos no son revelados públicamente y sólo “los valientes” que participan pueden sacar todo el jugo de esa experiencia. Por tanto, yo no puedo contar mucho más.

Como he estado de retiro unos días tengo muchos asuntos mundanos pendientes y, por supuesto, poco tiempo. Por tanto, el post de hoy es breve, pero en compensación me permito revelar el último consejo del curso Prema Dhyanam; un consejo útil para todos, no sólo en lo referente a la meditación.

El consejo es:

“Considérate siempre un principiante”.

Puede que uno haya meditado durante unos meses, o puede que haya leído varios libros de filosofía; puede incluso que hasta haya conocido en persona a algún maestro espiritual. En estos casos lo normal es que uno comience a creer que sabe algo sobre la espiritualidad. Es ahí cuando se introduce el ego y arruina todo el trabajo espiritual que uno ha hecho. Toda la práctica que uno ha realizado con voluntad y consciencia puede tirarse por la borda cuando uno se cree que es un experto en la materia.

Por ende, escribo este consejo para recordarme que, no importa cuánto medite o lea, sigo siendo un hijo de vecino. Sencillamente un principiante en el camino espiritual, preparado para la maravillosa e impredecible aventura de conocerme a mí mismo.

La misma aventura que todos, de una forma u otra, habremos de experimentar.

Todos queremos ser especiales

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Tengo una teoría. Como sucede con la creación de muchas otras teorías informales – o sea poco “científicas” – de cosecha propia, utilizo el método de la inducción, es decir que parto de lo particular hacia lo general. Este hecho particular es, generalmente, mi experiencia personal, que me permite, y esto es muy discutible, conformar una tendencia colectiva sobre cuestiones de la naturaleza humana.

Dicha tendencia colectiva, basada en mi experiencia personal, no se refiere a cuestiones de gustos o estilos de personalidad, lo cual daría un resultado sin duda incorrecto, sino que remite a cuestiones profundas, que entiendo, afectan a todas las personas y están relacionadas con temas universales e inevitables como la búsqueda de la felicidad, el amor, el bien y el mal…

Sin duda las condiciones (sociales, culturales, educativas…) de cada persona determinan, en parte, el enfoque que tenga sobre dichas cuestiones mencionadas, pero creo que hay una visión general que trasciende las particularidades, e incluso las épocas.

Asimismo, mis teorías, por frágiles que sean, están de alguna forma constatadas por personas de mi entorno. También es verdad que uno se junta con quienes se le parecen, y por tanto mi teoría se podría limitar a personas que cumplen ciertos requisitos de similitud con mi visión de mundo.

Otro detalle importante es que la filosofía espiritual dice que siempre hay que considerar la multiplicidad de puntos de vista, sin enfrascarse en lo que uno considera la “propia” verdad.

Siendo consciente de la falta de rigurosidad de mis tesis, y confiando en que seré debidamente refutado a través de los siempre bienvenidos comentarios, me propongo, de todos modos, postular una idea, no como fin en sí misma sino como medio para un análisis espiritual del rol del Gurú.

Special

Tesis

La teoría en cuestión no es un secreto, ya que fue adelantada en el título de esta crónica: “Todos queremos ser especiales”. Al menos esa es mi sensación. Que todas las personas, desde pequeños, queremos ser diferentes, tener algo que nos distinga de los demás, que nos haga únicos.

Esta es una de las tantas razones para que la fama, el dinero y el éxito sean objetivos considerados de valor para la sociedad en general. Por ello, también se idolatra a estrellas de cine, músicos, deportistas, porque ocupan un puesto deseado por todos, un puesto que los hace únicos o especiales.

Evidentemente, en todos los ámbitos, hay personas que tienen mayor tendencia a querer ser “especiales” y realizan acciones que se salen de la norma para lograrlo. De todos modos, querer ser especial no implica solamente querer ser una estrella de rock, ni tampoco ser extrovertido o exótico.

Algunos consideramos ser especiales el ser elegidos por la chica más guapa del barrio; otros el tener las notas más altas de la clase; otros el conocer los nombres de pila de los autores de la literatura clásica rusa.

Por supuesto, uno es todavía más especial si es protagonista de hechos que nadie, o casi nadie más, realiza, como por ejemplo, ver gnomos en el bosque, avistar un OVNI o hablar con los espíritus.

A este respecto, la literatura, la televisión y todo el imaginario infantil que desde siempre se inculca a los niños, acorde con su supuesta visión fantástico-pueril de mundo, sean probablemente una de las causas de que todos queramos tener esas experiencias de fantasía que nos diferencien, a la vez que reafirmen lo aprendido.

De todos modos, alejándonos del mundo de los niños, cuando uno se supone que madura y abandona veleidades y fantasías vanas, dándose cuenta de que la vida no es como en los cuentos, sigue queriendo ser especial de alguna forma.

En algunos casos, esa “especialidad” se traduce en considerar la propia visión de mundo como la única correcta, y que muchas veces es puesta en práctica por medio de la crítica a todas las ideas que son diferentes. Ser especial significa, en este caso, saber cómo funciona el mundo o la vida, en sus variados ámbitos.

Obviamente, y siguiendo esta línea, otra opción es la de no criticar, llevando adelante la idea considerada correcta en la propia vida, suponiéndose especial por hacer lo correcto, probablemente lo que la mayoría no hace…

Seguramente hay infinitas formas de sentirse especial, y mi lista no es exhaustiva; de hecho, es más bien, como ya anticipé, basada en parámetros personales (sobre todo lo de los gnomos).

Finalmente, es claro que no todos nos sentimos especiales, pero creo que, en mayor o menor medida, todos sí que queremos ser especiales.

Gnomo

Inspiración

Para que el entramado de esta crónica sea completo, debo explicar de donde nace su inspiración: En la edición de abril 2010 de Prema Ananda Vahini, la revista mensual del Sri Premananda Ashram de la India – revista que no se puede comprar, y se recibe por ser miembro del Ashram o, en todo caso, por solicitud expresa -, hay un artículo titulado “El hombre de las mil miradas”, escrito por Dakshakanya, una devota argentina.

El artículo habla acerca de su visita al Ashram de la India, su encuentro con Swami Premananda y de cómo una persona puede llegar a sentirse “especial” por tener un Gurú, es decir un maestro espiritual.

En sus propias palabras: “Cuando tienes un Gurú, sientes que eres ‘especial’. Quizás esto parezca un pensamiento egoísta pero sientes que estás bajo su protección y por ende eres ‘especial’ por tener esa oportunidad. Cuando fui al Ashram, este sentimiento cambió un poco. Lo que vi es que todos los devotos que estaban allí, e incluso los que no estaban presentes, son todos igualmente especiales…”.

Efectivamente, durante el festival de Mahashivaratri, hay cientos de devotos intentado estar en contacto directo con Swami Premananda y, entonces, como escribe Dakshakanya, “es la combinación de ver una celebridad y un padre rodeado de muchos niños que reclaman su atención”. Si en la vida mundana, el tener un maestro espiritual es algo “especial”, pues en el Ashram es la norma general, y por tanto perdemos nuestra tan anhelada categoría.

De hecho, este mismo fenómeno ocurre en cualquier ámbito, y nuestra exclusividad depende mucho de con quien nos comparemos, pues lógicamente el deseo de ser “especial” tiene su asidero en la comparación con los demás.

Asimismo, considero, la necesidad de sentirse especial también está relacionada con creer que la propia existencia es más importante que las demás. Esta importancia personal no se basa tanto en nuestro rol en el mundo (ya que con está lógica el presidente de los Estados Unidos sería objetivamente más importante, por ejemplo), sino en que se trata de la única existencia que tenemos y por tanto nos parece trascendental.

Cuando uno va, digamos en autobús y mirando por la ventanilla, ve a cientos de otras personas allí afuera, simplemente como parte del decorado de la vida, y en realidad cada una de esas personas tiene una existencia igual de real que la nuestra, a la vez que cada una de esas personas tiene la sensación de que su propia existencia es la más importante de todas.

El filósofo francés Blaise Pascal (por citar a alguien reconocido) dijo que cada persona se cree el centro del universo porque, justamente, para ella el universo nace y muere junto a ella. Por ende, la persona es incapaz, a priori, de darse cuenta de que antes y después de ella ha habido y seguirá habiendo un mundo, y que su existencia personal no lo condiciona. Esta “ignorancia” sobre el ínfimo rol individual en el mundo es también causa del citado afán por creerse especial.

Blaise Pascal

Afortunado

Volviendo al artículo de Dakshakanya y su desengaño al darse cuenta de que no era la única persona con un Gurú, en este caso Swami Premananda, ella misma explica su solución personal:

“Entonces decidí cambiar la palabra ‘especial’ por afortunada, ya que ‘especial’ implica un tipo de exclusividad o favoritismo, algo que Swami ha totalmente trascendido, a pesar del hecho que él realmente tiene una conexión personal con cada uno de nosotros”.

Veamos, en el ámbito espiritual considerase “único” puede tener mucho que ver con sentirse que uno está consciente de una realidad más profunda, con sentirse especialmente guiado o con tener conocimientos sobre filosofía o misticismo que son ajenos a la mayoría. Si estar en el camino espiritual implica alguna de esas características, entonces no es motivo de soberbia o superioridad, sino de agradecimiento.

Aquí, como en cualquier ámbito de la vida, el tener conocimientos, adjetívense estos como mejores o diferentes, no implica el derecho a mirar a los demás como inferiores sino con empatía, es decir, poniéndose en su lugar y comprendiendo su punto de vista.

Este ejercicio de humildad y también de hermandad, en el sentido de crear un relación simétrica (horizontal) con los demás, se ve fructuosamente estimulado por el ejemplo de Swami Premananda, que a pesar de ser un Gurú, y ser considerado un santo, en esencia trata a todas las personas por igual.

Sobre esto dice Dakshakanya:

“Durante uno de sus discursos yo estaba sentada a gran distancia de Swami y pude notar una cosa. Sus ojos, profunda y vívidamente, expresaban algo inexplicable para mí. Además del significado real de sus palabras, el alcance de su mirada era infinito. Swamiyi me estaba hablando a mí y, al mismo tiempo, su mirada descansaba en todas y cada una de las cientos de personas allí sentadas… Puedes sentir que él está hablando para todos y, al mismo tiempo, a cada uno en particular. Su mirada puede fijarse en cada uno de los presentes y a la vez emana una especie de energía colectiva idéntica para todos”.

Swami mirada

Swami en el Ashram

Especial

Lo que explica Dakshakanya me recuerda lo que me dijo sobre Swami una entonces residente del Ashram de la India, la primera vez que lo visité, en el año 2003:

Swami tiene la capacidad de hacer que cada persona se sienta única y especial”.

Para lograr esto, Swami no necesita apelar al conocido truco de los músicos pop, que al llegar a cualquier país o ciudad afirman con una mentira, que sólo siendo ingenuos podríamos considerar piadosa, que “es el mejor público que han tenido”.

Swami, en cambio, nos hace sentir únicos, y de hecho nos convierte en únicos, pero no por ello los demás son inferiores o peores.

Como ya he contado otras veces, la espiritualidad logra satisfacer deseos que de manera mundana serían más difíciles de conseguir. En este caso, el afán de ser especial es satisfecho por el hecho de tener un maestro espiritual que me guía y me ama. Asimismo, y sin dejar nada al azar, esta sensación de exclusividad, que en la mera vida material puede ser negativa, se convierte en una enseñanza gracias a la intervención de la espiritualidad.

Es decir, si uno se siente especial por tener un Gurú, muy bien, pero en todo caso se siente igual de especial que los demás y esto sirve de enseñanza para la vida en general, en la que todos deberíamos ser considerados únicos, simplemente por ser parte de lo Divino, parte de la misma energía, o como uno quiera llamarle, si es que cree en la hermandad fundamental de todos los seres.

Swami Premananda pregona con el ejemplo, y mi profundo anhelo es imitarlo, dándole las gracias por lo que me da, a la vez que pudiendo ver esa chispa especial en cada uno.

Fuentes de imágenes:

perso.wanadoo.es

galeria.infojardin.com

timerime.com

sripremananda.org

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