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El guru es inevitable

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El sábado 8 de julio se celebra Guru Pūrṇimā (guru púrnima), el día anual en honor al maestro espiritual, que suele caer en la luna llena del mes de julio. Para cualquier persona que tenga un maestro espiritual este día es de gran importancia pues el guru es quien nos muestra el camino para conocernos a nosotros mismos. No podemos esperar que el guru haga todo el trabajo ni que recorra el camino por nosotros pero sí podemos depender de su guía, al menos hasta que tengamos la madurez suficiente para ir solos.

Un fragmento de la antigua Chāndogya Upaniṣad (VI.14.1-2) nos habla de esto:

“Si de la región de los Gandhāras (un pueblo de la antigua India) un hombre fuese llevado con los ojos vendados y luego abandonado en un lugar desierto, ese hombre clamaría a las cuatro direcciones que ha sido llevado con los ojos vendados, abandonado con los ojos vendados.

Pero si alguien le aflojara las vendas y le dijera: ‘La tierra de los Gandhāras está en esa dirección. Vete a buscarlos en esa dirección’, entonces él, estando bien informado y siendo inteligente, llegaría a los Gandhāras indagando de aldea en aldea. De la misma manera, también en este mundo quien tiene maestro sabe que permanecerá aquí solamente mientras no se libere y que después llegará”.

Es decir que el maestro nos abre los ojos, nos muestra el camino correcto, y luego depende de cada uno seguirlo o no. Una persona, aunque tenga un maestro, si no hace esfuerzo alguno (“indagar de aldea en aldea”) difícilmente podrá avanzar en el sendero del auto-conocimiento. De forma similar, una persona con mucho anhelo y práctica puede sentirse a veces perdida sin una guía adecuada, pues podría ir en la dirección incorrecta.

Vivimos en un tiempo en que el rol del guru está en debate, ya que la tendencia del mundo moderno parece ir hacia la horizontalidad, es decir que las jerarquías se difuminan y todos, al menos teóricamente, valemos lo mismo y tenemos los mismos derechos y oportunidades. Hablamos de democracia asamblearia, de DIY, de tener tu propio blog independiente, de eliminar intermediarios, de proyectos de financiación colectiva, de economía basada en el intercambio de servicios… En este contexto, y bajo el lema de “todo está en uno mismo”, es normal que las personas renieguen de tener un guru.

Yo soy bastante tradicionalista y me encanta tener guru (de hecho, tengo al menos dos), pero entiendo que haya reticencia a aceptar que otra persona nos diga cómo vivir para conocer la realidad última. Curiosamente, que nos digan cómo vestir, cuán larga debe ser la barba, qué comer, qué leer, cómo amar, cómo criar hijos e incluso cómo solucionar nuestros traumas de infancia nos parece aceptable, pero cómo conocer nuestra esencia es algo demasiado íntimo para aceptar la opinión de terceros.

Mi ligero tono irónico se basa en que cuando aceptamos la verdad de que “todo está dentro nuestro” es porque la estamos escuchando de alguien y, por tanto, ese alguien se convierte, de una u otra forma, en nuestro guru. Si la frase la has visto en una publicación de Facebook y la tomas solo porque te legitima para hacer siempre lo que quieres, entonces no cuenta. “Todo está dentro” no significa que eres el emperador del universo sino que si ahora mismo se cortara la conexión de wi-fi, tuvieras la nevera vacía y estuvieras solo, podrías sentarte en quietud diez minutos y todo estaría bien.

Puede ser que parte del problema esté en la misma palabra guru, cuyo significado en la modernidad se ha desvirtuado un poco y también, hay que decirlo, porque siempre ha habido gurus falsos o engañadores. Si decimos maestro, guía o referente quizás suena mejor. Si decimos “inspiración” todos contentos. Yo, un poco por la celebración que nos atañe y otro para meter el dedo en la llaga, prefiero continuar, en este texto, hablando de guru.

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Hay muchas personas que se sienten grandemente atraídas por las enseñanzas del filósofo Jiddu Krishnamurti, cuya proposición básica es la de “hacer una revolución en la propia mente” ya que “el ser humano no puede ser iluminado por ninguna organización, credo, dogma, sacerdote, ritual, conocimiento filosófico ni técnica psicológica… y solo por observación de los contenidos de su mente”. Por supuesto, Krishnamurti reniega totalmente del papel del guru, habiendo él mismo renunciado a ese rol (en su caso, lo habían presentado casi como un Mesías). La paradoja está, sin embargo, en que quienes siguen las enseñanzas de Krishnamurti lo adoptan, explícitamente o no, como guru, como guía espiritual.

A este respecto me gusta una anécdota que cuenta Radhanath Swami en su hermosa autobiografía, The Journey Home, en donde relata su asistencia a varias charlas de J. Krishnamurti en 1970, en Delhi. Radhanath Swami, que todavía no era swami, estaba acompañado de un monje budista tailandés que tenía a su cargo a otros miles de monjes en un monasterio institucionalizado donde enseñaba meditación y ritual, justo todo lo contrario de lo que proponía Krishnamurti.

Al acabar la primera charla el monje admitió que lo que decía Krishnamurti era verdad, que tenía mucha lógica, y que tendría que “pensar seriamente sobre el tema” para saber cómo proseguir su camino religioso. Después de varios días de charlas, Radhanath le preguntó al monje si ya había tomado una decisión, y éste respondió:

  • “Regresaré a mi monasterio… Voy a seguir las enseñanzas del señor Jiddu Krishnamurti”.
  • “¿Cómo harás eso?”, dijo Radhanath.
  • “Voy a rechazar las enseñanzas del maestro que nos enseña a rechazar los maestros y las enseñanzas”, dijo con una pícara sonrisa.

Por supuesto que uno debe asumir la “responsabilidad personal y no apegarse excesivamente al aspecto externo del maestro”, como dice Radhanath Swami, pero tener un guía no solo es necesario, es inescapable. Para algunas personas serán los padres, o cierta ideología, o ciertos libros. Quienes tienen hijos siempre dicen que “son los más grandes gurus”, quizás porque te aniquilan el ego al obligarte a poner tus intereses siempre en segundo plano. Para otros, como Ramiro Calle, el maestro puede ser su gato o para muchas personas es simplemente “la vida”. De hecho, como ya sabemos, la vida es una gran escuela y está llena de maestros.

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Como buen ejemplo, en el Śrīmad Bhāgavatam (11.7.33-35), un sabio identificado como avadhūta, enumera los 24 gurus de los que ha aprendido la ciencia del Ser y ellos son:

“La tierra, el viento, el cielo, el agua, el fuego, la luna, el sol, la paloma y la serpiente pitón; el mar, la polilla, la abeja, el elefante y el ladrón de miel; el ciervo, el pez, una prostituta, un ave y un niño; una joven casadera, un fabricante de flechas, una serpiente, una araña y una avispa”.

De la tierra serenidad y dedicación, del viento desapego, del agua su pureza innata, del mar su capacidad de asimilación, de la abeja la cualidad de tomar solo lo bueno de cada cosa, del fabricante de flechas su concentración mental y así.

Personalmente, considero que tener un guru humano genuino que te guíe de forma personalizada, integral y directa en el camino espiritual es una gran fortuna y el método más seguro. Si alguien prefiere decirle maestro, hermano o amigo me parece bien. Si a alguien le alcanza con verlo en la naturaleza, lo celebro. Si alguien cree que únicamente “está dentro de uno mismo”, le doy la razón (aunque lo invito a estar vigilante). Si alguien cree que no existe, que se vuelva a leer este texto y, sobre todo, mire mucho a su alrededor.

La forma y el nombre pueden cambiar pero hay un principio universal, que en el hinduismo se denomina guru tattva, y que nos va guiando a todos y cada uno hacia el conocimiento de nuestra real esencia. Quien no quiera verlo solo demora un proceso que ya está en marcha. El guru es inevitable. Y por eso lo celebramos.

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Guru Pūrṇimā 2015 y la confianza

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Si se asoman por sus ventanas, verán que la Luna de julio se está llenando y, por tanto, otra vez llega ese momento de júbilo para los devotos y discípulos espirituales de todo el mundo: Guru Pūrṇimā (Guru Púrnima), el día en que se honra al preceptor espiritual. Los que tienen un guru celebran con agradecimiento este día porque han experimentado que tener un maestro es una gran fortuna y un acelerador para el propio camino. Los que (aún) no tienen un guru, también lo celebran porque de alguna forma se nutren de las enseñanzas de los maestros y han entendido (o vislumbrado) que sin un guía el camino es imposible (y en caso de ser posible, es mucho más largo y doloroso).

La ancestral relación guru-śiṣya (maestro-discípulo) es una relación difícil de explicar y de entender para quien no la ha vivenciado, pues el maestro genuino se convierte en padre, madre y amigo, a la vez que supera esos conceptos y se convierte en la relación más importante y duradera de todas, ya que es vital en el (re)conocimiento de nuestra propia esencia divina y además puede mantenerse durante diferentes vidas (si uno acepta la existencia de la reencarnación).

Sea cual sea la historia particular de cada caso, lo cierto es que no puede haber relación maestro-discípulo sin confianza. En sánscrito hay una palabra para definir esta cualidad y es śraddhā (shraddhá), que según el contexto también puede traducirse como “fe”. El año pasado, por estas fechas, escribí un post sobre la importancia de obedecer al guru y en él hablé de la importancia de “tener fe inquebrantable en las palabras del guru”.

Un gran ejemplo de esa entrega al guru es Sri Dharma Mittra que, deseaba tanto tener uno, que a los 25 años vendió todo lo que tenía y dejó su Brasil natal con un billete solo de ida a New York, porque recibió una carta de su hermano diciendo que allí había encontrado un maestro (llamado Swami Kailashananda Saraswati). Dharma Mittra hizo servicio desinteresado por dos años hasta que el maestro aceptó iniciarlo y entonces se incorporó al ashram de Manhattan donde estuvo, en total, diez años sirviendo, para luego empezar a enseñar por su cuenta. En esos diez años se explica que Dharma alcanzó el auto-conocimiento siguiendo al pie de la letra lo que decía su maestro.

Y, para ello, uno de los secretos, según él mismo cuenta, es obedecer e imitar en todo al guru, tanto física, mental como espiritualmente. En sus años de renunciante Dharma le admitió a su guru que le imitaba en todo y éste le dijo: “That’s it! This is the trick!” (“¡Eso es! ¡Ese es el truco!”).

Como una de las tantas muestras de esa confianza total de Dharmaji hacia su guru, alcanza con contar una anécdota del curso de formación de profesores de yoga al que tuve la suerte de asistir en el Dharma Yoga Center en 2014.

En una sesión de preguntas, un estudiante preguntó: “¿Por qué al hacer japa (recitación) con una mālā (rosario hindú) no se debe usar el dedo índice para tocar las cuentas?”. A lo que Dharma contestó: “No lo sé, así me lo enseñó mi maestro”.

Obviamente que él lo sabe, porque hasta yo lo sé y porque lleva más de 50 años en el mundo del yoga e incluso en el mismo manual del curso de formación, y que él ha supervisado, se explican esos datos, pero el camino que enseña Dharma no es el del conocimiento intelectual sino el de la entrega, la fe y la confianza en el maestro para obtener la experiencia directa y personal.

Probablemente, cuando Dharmaji aprendió de su maestro a utilizar una mālā no sabía porque no se usaba el índice, pero eso no le detuvo para seguir sin dudas su enseñanza. Obedecer al guru cultiva la humildad del estudiante, y qué mayor muestra de humildad y respeto al propio maestro que un yogui legendario diga todavía “no lo sé”.

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Sri Dharma Mittra en dedicación plena (Foto: Fabio Filippi)

Siguiendo con Sri Dharma y la confianza, doy otro ejemplo que me toca de cerca: hay mantras que canta Dharmaji en los que yo, como estudiante de sánscrito, puedo ver “errores” de pronunciación. Es terrible para un estudiante ver errores en su maestro porque eso puede minar la confianza. En realidad, Dharma canta los mantras de la misma forma como los aprendió de su maestro, de forma puramente oral (lo cual podría explicar irregularidades de pronunciación), y además él nunca se preocupó por la correcta escritura del mantra o por juzgar si estaban bien o mal. Yo, en cambio, con mente académica, me puse a analizar si la pronunciación era correcta o no y durante nueves días de curso no pude cantar ni un mantra sin juzgarlo.

Entonces me di cuenta de que me estaba perdiendo una experiencia más profunda, porque la mente se queda enredada en el mero análisis intelectual. El último día del curso practiqué la entrega y repetí tal cual, sin pensar, los mantras dichos por el maestro, intentando imitar el sonido y no juzgar. El resultado fue paz mental.

Esta anécdota no es nada comparada con el hecho de que mi maestro, Swami Premananda, haya sido condenado a prisión, en 1994, por violación y homicidio. Mantener la confianza en el guru sabiendo eso es una buena prueba, lo puedo asegurar (para los interesados, la info y detalles sobre el “caso legal” de Premananda pueden leerse aquí).

Sri Swami Premananda

Hablando de Swami, en las celebraciones de Guru Pūrṇimā 2005 dio unos consejos que me gustaron mucho y que me parecen válidos también este año. Dijo Swami:

“Guru Púrnima es un día para recordar a los santos, los sabios espirituales, los avatares y los maestros espirituales que nos guían en el sendero espiritual y que han nacido en esta Tierra desde el tiempo en que el mundo fue creado. Este día llega una vez cada 365 días. En este día, pensemos en esas grandes almas y en nuestras mentes cantemos: ‘Gurur Brahma, Gurur Vishnur, Gururdevo Maheshvarah’ y pensemos en lo Supremo, que es el Guru de los Gurus.

Luego piensa en el Maestro espiritual que has aceptado como tu guru y repite su nombre nueve veces. Esto equivaldrá a recibir la gracia de tu guru por todo el año.

Durante la mañana, ayuna, y rompe tu ayuno por la tarde, comiendo algo de comida vegetariana.

Durante Guru Púrnima practica algunas sadhanas espirituales, tales como permanecer en silencio, escuchar satsangs, cantar cantos devocionales y participar de abhishekam o meditación. En este día especial y sagrado, piensa profundamente en tu guru, lee alguna de sus enseñanzas y desde ese momento en adelante sigue una de estas enseñanzas durante el resto de tu vida.

Este día llega tan sólo una vez al año. Aunque puede que tengas mucho trabajo y muchos deberes en este día, no te olvides de su grandeza. Si aprecias que éste es el único gran día en el que puedes recibir la gracia de tu guru perfectamente, entonces definitivamente te serán dados los beneficios de la gracia del guru durante los 365 días del año.

Además, el aceptar a un maestro espiritual como tu guru puede ser tu deseo, pero si ese guru, también, te acepta a ti, ello será tu gran buena fortuna. Guru Púrnima es el día para hacernos recordar de esa fortuna”.

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Así que, afortunados amigos, les deseo un dichoso Guru Pūrṇimā, que este año 2015 cae el Viernes 31 de Julio.

Para quienes estén en Barcelona o alrededores, habrá un par de celebraciones públicas el Sábado 1º de Agosto:

– A las 11h el Centro Sri Premananda de Barcelona hará una pāda pūjā a los pies simbólicos del maestro.

– A las 18h, la asociación Advaitavidya festeja, en Llerona, el día del guru en consonancia con el cumpleaños de Swami Satyānanda Saraswatī. Detalles aquí.

¡Jai Guru Om!

El mantra “tvameva mātā ca pitā tvameva…”

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Cuando hace dos semanas preparaba la celebración de Guru Pūrnimā me vino a la mente un tradicional mantra que dice, básicamente, que Dios es todo. Y yo pensé que esa idea también se podía aplicar al maestro espiritual. El mantra en cuestión es el famoso:

tvameva mātā ca pitā tvameva /

tvameva bandhush ca sakhā tvameva /

tvameva vidyā dravinam tvameva /

tvameva sarvam mama deva deva //

En cuanto a la pronunciación, en sánscrito, la ‘V’ después de consonante (como en tvam) tiene un sonido entre una ‘v’ y una ‘u’ corta. Por otro lado, la ‘C’ se pronuncia siempre como ‘ch’. Las rayitas arriba de las vocales implican que éstas son el doble de largas que las sin rayita. La traducción (casi) literal del mantra sería:

“Tú eres ciertamente madre y tú eres ciertamente padre /

Tú eres ciertamente pariente y tú eres ciertamente amigo /

Tú eres ciertamente sabiduría y tú eres ciertamente riqueza /

Tú eres ciertamente mi todo, Oh Dios de dioses” //

Añadiendo un par de notas a la traducción, la palabra bandhu, que traduzco en su más usual acepción de ‘pariente’ también podría significar ‘hermano’, sobre todo en traducciones más poéticas. Asimismo, la palabra sakhā, con ‘a larga’, significa ‘amigo’ pero en hindi, y al parecer se habría colado en este mantra de lengua sánscrita (si fuera sánscrito quedaría sakhas).

Origen incierto

Esta aparente mezcla hindi-sánscrito es sólo un síntoma más de las dificultades para determinar el origen de este mantra tan conocido y repetido. Tradicionalmente se dice que se trata de una oración que aparece en el gran texto épico del Mahābhārata, específicamente en el Strī parva, el libro 11, en que las mujeres lloran a los numerosos caídos de la gran guerra entre Pāndavas y Kauravas, estos últimos los grandes derrotados. El mantra se atribuye a la reina Gāndhārī, esposa del rey ciego Dhritarāshtra, patriarca de los Kauravas, que debe soportar la muerte de sus cien hijos.

Ante tal pérdida, Gāndhārī maldice al Señor Krishna por no haber evitado la fatal guerra, aunque previamente, según la tradición popular, le dirige con devoción la oración que nos compete. En mi investigación personal no pude encontrar el fragmento con el mantra en las ediciones del Mahābhārata consultadas, mientras sí que está la maldición de Gāndhārī.

Como la fuente no era clara seguí la investigación y por lo que encuentro el mantra aparece en un texto aparentemente compilado en el siglo XX llamado Pāndava Gītā (también Prapanna Gītā), que es una “colección de hermosos versos de diferentes fuentes” o “una antología de delicadas citas llenas de devoción, en la que muchos personajes del Mahābhārata figuran como autores”. Sin embargo, según se explica, la mayoría de esos mantras “no aparecen en el Mahābhārata“.

La conexión Rāmānuja

Sri Rāmānuja fue un gran santo y filósofo vaishnava del sur de la India, que vivió en el siglo XI-XII d.C. Es muy conocido por sus filosóficos comentarios de las escrituras y por ser el precursor de lo que se conoce como la escuela del ‘No dualismo cualificado’ o Vishishtādvaita. Al mismo tiempo, Rāmānuja era un ferviente devoto y promulgador del camino del corazón, por lo que también escribió inspirados versos a su amado Señor Vishnu.

Específicamente nos interesa su Sharanāgati Gadyam, una plegaria de entrega total al Señor Nārāyana en que aparece un mantra familiar:

tvameva mātā ca pitā tvameva /

tvameva bandhush ca gurustvameva /

tvameva vidyā dravinam tvameva /

tvameva sarvam mama deva deva //

La única diferencia es que la palabra sakhā (que ya dijimos sería en lengua hindi), es reemplazada por guru (“tú eres ciertamente maestro espiritual”).

Teniendo en cuenta que esta última versión es toda sánscrita y documentada uno podría creer que es más fiable que la que se atribuye a la reina Gāndhārī en el Mahābhārata (de todos modos, la versión más difundida es la que dice ‘sakhā’).  A la vez, el mismo Rāmānuja podría haber tomado un mantra clásico como inspiración para su poema devocional. Por otro lado, la tradición oral popular siempre se supone más antigua, aunque también más proclive a las variaciones.

En cualquier caso, mi inacabada investigación académica fue sólo una consecuencia aleatoria de mi intención primigenia de recordar un mantra muy hermoso, que creo es aplicable tanto a Dios como al maestro. Las divergencias de uno o dos términos sólo reafirman que lo Divino y sus roles nunca pueden ser limitados por las palabras, apenas indicios de un Todo inefable.

Guru Purnima 2012

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Cada año, cuando llega la luna llena del mes hindú de Āshādha (junio-julio del calendario occidental) se celebra Guru Purnima. Se trata del día del Guru, es decir del maestro espiritual, por lo tanto se honra a todos los preceptores y guías espirituales.

La palabra sánscrita pūrṇimā refiere a la noche o el día de luna llena y deriva del vocablo pūrṇa que significa ‘lleno’ o ‘completo’. Justamente acabo de recibir el comentario de un lector preguntando por la escritura correcta de la palabra pūrṇimā que, al parecer, él conocía como poornima. Esta forma de escribir la palabra, con dos oes, es simplemente la forma inglesa popular de transliterar pūrṇimā para mantener el sonido original ‘u’ del sánscrito en la lengua anglosajona.

De esta forma, pūrṇimā hace referencia a cualquier día de luna llena y no únicamente al día del Guru, siendo Buddha Purnima (el día del nacimiento e iluminación de Gautama, el Buda) en el mes de mayo, o Sharad Purnima (la primera luna llena de otoño), algunas de las grandes celebraciones indias conocidas y relacionadas con la luna llena.

Swami Premananda dixit

Hace un año escribí un post bastante largo y detallado sobre el significado de Guru Purnima y el rol del maestro espiritual en el crecimiento individual del devoto. En aquel post incluía un discurso espiritual de Swami Premananda que explica muy bien el tema. Este año, para no olvidar la importancia de conmemorar esta fecha, cito un fragmento de otro discurso de Swami:

Guru Purnima es un día del año en que los aspirantes espirituales y los devotos de maestros espirituales recuerdan la bondad, la compasión y el servicio que los maestros han dado al mundo y la gracia que aún están concediendo. Los maestros espirituales provienen de todas las religiones y de una variedad de países y entornos culturales, y no obstante su meta es la misma: elevar y guiar espiritualmente a los seres humanos y aliviarles de sus sufrimientos en este mundo.

Debido a las bendiciones de los maestros y a los muchos frutos de sus poderosas sadhanas (prácticas espirituales), los estudiantes de hoy pueden progresar rápidamente en el sendero espiritual si poseen la voluntad y la sincera aspiración de hacerlo.

Lo Divino vive dentro de todos vosotros, pero al moveros en el mundo olvidáis totalmente la Divinidad interior. A medida que crecéis, la Divinidad se pierde. En esta etapa necesitáis ayuda. Necesitáis un Guru que os haga conocer y comprender que el Yo supremo es la gran verdad y la realidad en vuestra vida, no vuestro cuerpo físico y vuestra mente. Sin el gran poder del Guru es muy difícil realizar el estado interior de Divinidad.

El Guru les ofrece a los que verdaderamente buscan el sendero, una vida Divina con instrucción, guía y gracia constantes. Cuando digo gracia, me refiero a la energía de lo Divino. Al acercaros a lo Divino, shakti, la fuerza sagrada os atrae más y más cerca. La rapidez con la que vais hacia lo Divino depende de vuestra sinceridad y ahínco. Un acercamiento obstinado, continuo y resuelto es de gran valor en el sendero”.

Postración a los pies

Este año 2012, la celebración anual de Guru Purnima es el martes 3 de julio. Si bien es una festividad de origen indio, también se conmemora en el resto del mundo, en cualquier lugar donde haya personas dispuestas a homenajear y recordar a sus maestros espirituales, tan fundamentales en el camino espiritual de cada ser, según explican las Escrituras sagradas de la India.

La forma tradicional de celebrar este día es realizando ofrendas al Guru que, por lo general, incluyen frutas (cocos, limas, plátanos…), guirnaldas de flores, nuevas ropas (ya que tradicionalmente un maestro espiritual es un renunciante que no posee nada), y dinero.

Asimismo, se puede adorar al Guru con un ritual llamado Pāda Pūjā, es decir un ritual a los pies del maestro espiritual en que se lavan sus pies mediante una serie de polvos y líquidos considerados sagrados por la cultura védica (cúrcuma, vibhuti, polvo de sándalo, leche, agua de rosas y más). Si el maestro está presente en su cuerpo físico, este ritual se hace directamente a sus pies de carne y hueso. Si, en cambio, no está presente físicamente, entonces se recurre a las pādukās, unas sandalias de metal o madera que representan los pies del Gurú.

La adoración a los pies del Guru (ya sea literal o simbólica), se explica en el hecho de que los pies son tradicionalmente considerados como un “terminal de poder y gracia espiritual”, como dice Georg Feuerstein en su libro The Yoga tradition. Asimismo, el autor explica que el hecho de postrarse a los pies del Guru también expresa la auto-entrega por parte del devoto. Es decir, es la forma externa de demostrar su devoción y obediencia interna a las enseñanzas de ese maestro particular.

De todos modos, postrarse ante un maestro espiritual puede, también, simplemente significar una muestra de respeto, sin que por ello la persona postrada sea seguidora de ese Guru. En la India, aún a día de hoy, muchas personas tocan los pies de los monjes, sadhus o renunciantes, como así también de las personas mayores o de los propios padres, como un signo de respeto tradicional.

Ante la inminente llegada de Guru Purnima 2012, sirva este post como recordatorio de la importancia que tienen los maestros espirituales en la vida de todo buscador espiritual y sirva, también, para que los honremos como corresponde, con devoción, agradecimiento y amor.

El milagro de Guru Purnima

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La semana pasada escribí sobre Guru Purnima, el día en que se honra al maestro espiritual, que este año 2011 cayó el viernes 15 de julio. Dos días más tarde, todavía frescas las celebraciones, el Sri Premananda Ashram de la India hizo un anuncio grandioso:

“Hoy 17 de julio de 2011 a las 3 de la tarde, cuando los devotos entraban en el Puya Hall en el Ashram, ¡vieron que la foto de Swamiyi estaba cubierta de vibhuti!
Tocaron la campana de emergencia y todo el mundo fue corriendo al Puya Hall a regocijarse en este milagro. Se repartió un poco de vibhuti a todos, mientras se sentaban a cantar bhayans o a meditar”.

Aquí debajo se puede observar la fotografía enviada por el Ashram, tomada momentos después de haberse descubierto el vibhuti:

Vibhuti fluyendo de la fotografía de Swami Premananda en el Puja Hall del Sri Premananda Ashram (17/07/2011)

Vibhuti es la ceniza sagrada y esta no es primera vez que un milagro así sucede en el Ashram. Yo personalmente lo vi, con otra foto, en el año 2003 y, también, a través del cuerpo de Swami en el extraordinario fenómeno llamado Vibhutibhava, durante Mahashivaratri 2010.

No soy quien para ponerle categorías a los milagros, pero la diferencia de los anteriores con el de este Guru Purnima es que Swami no está físicamente con vida, lo cual hace, para mí, más maravilloso el evento.

Ya en marzo de 2011 ocurrió algo similar cuando un Shivalingam apareció en el recién instalado Samadhi de Swami, cumpliendo rigurosamente con la manifestación de Lingams que Swami venía haciendo desde hace más de 40 años. Aquel hecho fue extraordinario.

Lo mismo pasa con la generación espontánea de vibhuti en la foto. Para muchos devotos esto es un signo de que Swami sigue presente a pesar de haber abandonado su cuerpo físico. Sin duda.

Por otra parte, es una muestra de que el poder Divino trasciende la acotada lógica de la materia que tenemos todos, lo cual es una obviedad en la teoría, pero es didáctico comprobar en la práctica. ¿Cómo es posible que salga ceniza de una fotografía? ¿Quién produce un fenómeno de esta naturaleza sino es Dios o una energía universal?

Las mentes más escépticas, que en la foto tienden a ver algo así como un cuadro manchado con pintura gris, seguramente necesitarían una comprobación más cercana, con estudios científicos o pruebas irrefutables. Es normal.

Las mentes escépticas como la mía, pero que ya tuvieron la bendición de ver este tipo de prodigios y de conocer en persona a Swami Premananda, sabemos que lo de esta semana no es casual, que la pintura gris es ceniza sagrada y que el milagro no es otra cosa que el generoso regalo del Guru para sus devotos.

Guru Purnima y el mantra Asato Mā

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Buscando entre los archivos del blog me sorprendo a mí mismo al no encontrar, en sus más de tres años de vida, ninguna referencia directa a Guru Purnima, el día del gurú. Tradicionalmente, en el hinduismo (y el budismo) hay un día al año en que se rinde honor al maestro espiritual y, si bien esta fecha es variable, siempre cae en la luna llena (a eso hace referencia la palabra sánscrita purnima) del mes hindú de Ashadh, que por lo general comprende porciones de junio y julio de nuestro calendario gregoriano.

Este año 2011 la celebración cae el viernes 15 de julio y, ya que no lo he hecho en el pasado, quería dedicar un post especial al tema; sobre todo ahora que todavía tengo muy presente el hecho de que mi maestro espiritual abandonara su cuerpo en febrero pasado y no está de más recordar(me) el sentido profundo de tener un gurú.

Dakshinamurti

Si uno lee la Wikipedia verá que allí se explica que el día del gurú se basa en el nacimiento del sabio Vyasa, que fue quien escribió el Mahābhārata entre otros textos sagrados. Como con todo lo referente a la mitología de la India, e incluso con lo referente a espiritualidad, hay más de una versión posible, por lo que la que propone la enciclopedia colectiva puede que sea la versión vaisnava, es decir la que prioriza a Vishnu y sus aspectos y encarnaciones como la Divinidad.

Si bien el Sri Premananda Ashram tiene una perspectiva muy amplia de las religiones y la espiritualidad, se podría decir que posee una tendencia más bien sivaita, o sea de privilegiar a Shiva como lo Divino, debido a la relación de Swami Premananda con los sagrados lingams y, además, al hecho de estar ubicado en el sur del país donde llegan con menos fuerza los hábitos que se consideran mayoritarios en la India.

Es por ello que, en este día especial, a quien se hace referencia en el Ashram es al Señor Dakshinamurti, de quien se dice es el Señor Shiva mismo que descendió a la Tierra para ser el primer gurú de la humanidad. Su imagen es, por lo general, la de un maestro sentado bajo un árbol baniano dando instrucción a sus discípulos, que no son cualquiera, sino grandes sabios y ascetas.

Más allá de estas diferencias en la tradición, está claro que en el Ashram de la India la persona que más se honra en el día del gurú es Swami Premananda.

Una vez al año

La mejor explicación sobre qué es Guru Purnima la da el mismo Swami en su discurso del año 2007 para conmemorar dicha celebración:

“Una vez cada 365 días Guru Purnima vuelve a tener lugar. Desde el tiempo en que este mundo fue creado hasta ahora, las enseñanzas del Guru han sido la razón por la que los seres humanos han logrado un estado elevado. Cuando los niños estudian en la escuela, al maestro que amorosamente les enseña allí, se le llama guru. A una persona que enseña a otra una profesión también se le llama guru. A una persona que enseña política también se le llama guru. Incluso los médicos que tratan a los pacientes en un hospital aprendieron meticulosamente cómo hacer eso y aquél de quien aprendieron es también una clase de guru. Por consiguiente, tener un guru es muy esencial para todo tipo de prácticas.

Sin embargo, este día es un día sagrado en el que celebramos gozosamente para mostrar respeto a aquél que enseña espiritualidad, como un modo de recordarnos a nosotros mismos acerca de sus enseñanzas, sus puntos de vista y sus consejos. Hacemos esto pensando en todos estos Gurus colmados de gracia divina, o pensando solamente en nuestro propio Guru. En un contexto espiritual, a este día se le denomina Guru Púrnima”.

Para celebrar este día se realizan diferentes tipos de rituales tradicionales (pujas), en el caso del Ashram se hace un yagam o ceremonia de fuego.

Swami dice que “llevamos a cabo la puja para pensar en las enseñanzas del Guru y para deshacernos de cualquier mal hábito que podamos tener a fin de alcanzar un elevado estado”.

Asimismo, agrega que “desde tiempos antiguos ha sido una gran creencia védica que el poder divino de los Gurus estará presente en la puja con mucha fuerza”.

Luego, como siempre, Swami da la versión más práctica de la espiritualidad: “Pensad en sus enseñanzas y asimiladlas con todo vuestro corazón. Ésta es la real gran puja de Guru Purnima”.

Práctica

Un aspecto clave en las enseñanzas de Premananda es la exhortación permanente a poner en práctica con presteza todo el bagaje teórico que abunda en el camino espiritual, cualquiera sea su versión. El Guru es necesario como guía para el discípulo porque le lleva por un camino que él mismo ya ha recorrido y completado de forma exitosa; según dicen las escrituras sagradas, sin maestro, el alumno podría no llegar nunca a la meta o, de hacerlo, tardaría infinitamente más tiempo (lo que es decir, muchas vidas).

En su discurso, Swami continúa:

“Tan sólo rezamos pidiendo la gracia de todos estos siddhas (maestros realizados), los grandes santos y avatares pero, realmente, lo que es importante es aceptar sus enseñanzas y seguirlas. En nuestros días la razón por la que la sociedad humana se acerca para obtener el darshan (visión) de santos, de avatares y de siddhas es el deseo de liberarse de sus problemas, dificultades y preocupaciones cotidianos, y los hombres esperan recibir la gracia de esos seres. Esto es como pensar en cosas pequeñas sin valor dentro de un círculo de puro interés personal”.

Y agrega:

“Nuestro nacimiento, este nacimiento humano, es un nacimiento inusual y elevado. Sin embargo, no estamos utilizando este nacimiento para tomar las medidas necesarias que nos permitan aceptar enteramente la gracia, las bendiciones y las enseñanzas de estos seres. No maduramos, no nos desarrollamos espiritualmente ni nos sumergimos en esa sabiduría ni logramos esa felicidad beatífica de manera permanente. Sólo nos dedicamos a resolver nuestros problemas y nuestras dificultades cotidianos y a involucrarnos en esto con todo nuestro corazón”.

De nuestra parte

Finalmente, Swami explica el verdadero sentido de la celebración:

“Guru Purnima es un día que, a través de las enseñanzas de los Gurus, pavimenta el camino para que nosotros hagamos sadhanas (prácticas espirituales) que conduzcan a una paz mental y una dicha firmes e inquebrantables. Lo que debemos comprender en este Guru Purnima es que únicamente sus enseñanzas nos guiarán por el sendero correcto hacia un estado espiritual elevado. Las enseñanzas son esenciales. Debemos seguirlas”.

Este discurso de Swami (que puede leerse completo clicando aquí) deja claro que los maestros espirituales están para darnos más cosas que los clásicos salud, dinero y amor, pero que depende de nosotros solicitarlas, aceptarlas y, más importante, ponerlas en práctica. En cierto sentido, algunas personas creen que por el solo hecho de tener un gurú, uno ya tiene solucionada la vida. No niego que, en gran parte, esto pueda ser así, pero en ese caso hay que tener mucha fe para aceptar todo lo que trae la vida como parte del entrenamiento del maestro.

En muchos casos, al tener un gurú, uno espera que éste le solucione los problemas del día a día para así poder vivir tranquilamente. En general, por más que se tenga un maestro, uno reniega de tener que pasar por situaciones incómodas y dolorosas para evolucionar espiritualmente y le pide al gurú que le arregle los conflictos de un plumazo, sin tener que poner gran esfuerzo de nuestra parte.

Por eso Swami dice que el gran ritual verdadero en honor al Guru es asimilar de corazón sus enseñanzas; porque no hay mayor signo de fe en el maestro que el tomarse a rajatabla sus palabras y su ejemplo, lo cual lleva a la auto-realización del discípulo que, a su vez, es el objetivo básico de todo maestro y su máxima felicidad.

Por tanto, el Gurú nos muestra el camino, nos alienta a emprenderlo y a no abandonarlo, pero el trayecto también debemos hacerlo nosotros. No es suficiente con esperar que el Guru nos lleve hasta el final sin nuestro esfuerzo.

Llévame

Existe un famoso mantra védico que aparece en el Brihadāranyaka Upanishad y dice:

“Asato mā sadgamaya tamaso mā jyotirgamaya mrtyor mā amrtamgamaya” (1.3.28)

Una traducción posible y usual sería: “Llévame (o guíame) de lo inexistente (lo falso) a lo existente (lo verdadero), llévame de la oscuridad a la luz, llévame de la muerte a la inmortalidad”.

Esta versión clásica no es mala ni incorrecta, pero sólo estudiando algo de sánscrito uno se llega a enterar de los detalles sutiles y profundos que se le escapan a la traducción popular.

Tratando de simplificar las cuestiones gramaticales que ni yo mismo domino del todo (¡muchas gracias Mar Olmos por las explicaciones técnicas!), puedo decir que la clave del mantra está en el verbo (gamaya), cuya raíz (gam) significa ‘ir’. En el original sánscrito no se utiliza el verbo ‘llevar’ o ‘guiar’, sino que se utiliza ‘ir’.

Asimismo, el verbo en cuestión está conjugado en segunda persona singular del modo imperativo, por tanto es una exhortación directa, en este caso un pedido más que una orden, que se traduce como ‘llévame’ (es decir: lleva tú – verbo imperativo -; a mí – objeto directo que es el vocablo -) porque la opción literal con el verbo ‘ir’ quedaría imposible, ya que la construcción ‘ve tú, a mí’ no encuentra salida digna (supongo que quedaría algo inexistente como ‘vesme’).

Sin embargo, la palabra gamaya está conjugada en una forma particular de imperativo que se denomina ‘causativo’ y que expresa una acción que no es desarrollada enteramente por el sujeto que, en nuestro ejemplo y desde el punto gramatical, es el Guru. De esta forma ‘yo’, es decir la persona que realiza el pedido, sería el objeto directo, aquello que es ‘llevado’ o ‘guiado’ por el Guru, de lo falso a lo verdadero, de la oscuridad a la luz, etc. Y aquí reside la importancia del verbo ‘ir, omitido en las traducciones clásicas.

Si el sujeto de la oración es el Guru, entonces éste realiza una acción (‘ir’), pero al ser ‘causativa’ no lo hace más que parcialmente, dejando la ejecución final de ese desplazamiento a un segundo sujeto que, en este caso, es el discípulo.

Utilizando el rigor filológico, como dice mi profesora de sánscrito, la traducción exacta sería, entonces:

“Haz que yo vaya de lo inexistente a lo existente, haz que yo vaya de la oscuridad a la luz, haz que yo vaya de la muerte a la inmortalidad”.

Sutileza

Si tenemos en cuenta que, por un lado, los textos védicos son considerados sagrados, me parece simplificador creer que las palabras elegidas para componerlos hayan sido casuales o sean lo mismo unas que otras. El significado esencial se mantiene, sin duda, pero la profunda sabiduría espiritual que emana de un segundo y tercer nivel de lectura es valiosa, y amplía el entendimiento del buscador espiritual sincero.

Por otra parte, los textos védicos tienen un origen oral y se mantienen en circulación desde hace siglos gracias a la memoria y a la trasmisión de maestro a discípulo, todo esto sin el soporte de la escritura, un invento mucho más moderno que el habla y el recuerdo. Por tanto, la concisión y la exactitud de cada mantra, sutra o enseñanza eran fundamentales para que se mantuvieran sin cambios a través de las generaciones. De esto se deduce que cada palabra no es una elección azarosa y por más sutil que pueda parecer, la diferencia entre ‘llévame’ y ‘haz que vaya’ tiene su trascendencia.

En este sentido, puede que la traducción ‘guíame’ sea mejor que ‘llévame’, pues da una idea más cercana al concepto original de que el Guru no carga con toda la responsabilidad del camino, sino que es, más bien, el que marca la pauta que debe ser seguida por el alumno.

De hecho, en referencia al discurso de Swami y la necesidad de poner en práctica las enseñanzas del maestro, este mantra milenario nos informa que al Guru no basta con pedirle que nos lleve o guíe para luego dormirnos en los laureles, sino que tenemos que solicitarle que nos ‘haga ir’, dándonos el empujón, proveyéndonos con fuerzas, acompañándonos en el camino, esperándonos en la meta, todo lo que quieran, pero con la necesidad de nuestro esfuerzo, inevitablemente.

Invitación

Este viernes 15 de julio, a las 18hs, haremos (Hansika, yo y otros amigos) un ritual tradicional de la India a los pies simbólicos del Guru. Quienes estén (o puedan estar) en Barcelona (España) están cálidamente invitados a participar y celebrar así este Guru Purnima (contactar por e-mail aquí), que también honra al guía espiritual interior de cada uno, sobre todo para aquellos que no tienen un maestro específico.

Asimismo, aunque este festejo es típicamente hindú, hace referencia a cualquier maestro espiritual verdadero sin importar su religión o creencia, incluyendo a Jesucristo, Buda, Mahoma y cualquier otro maestro menos conocido que dedique o haya dedicado su vida al crecimiento espiritual de la humanidad.

Finalmente, aquí pueden escuchar la bella canción Inside, de Wade Imre Morissette, en la que aparece el mantra Asato Mā, con su clásica traducción en inglés (‘Lead me to the untruth to the truth…’), aunque ahora ya todos podemos recitarlo con mayor conocimiento de causa.

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