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Aśvattha, el árbol con las raíces arriba

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La figura del árbol está presente en todas las culturas, con diversos simbolismos como estabilidad, firmeza, generosidad, antigüedad y, ampliando más el abanico y dándole un giro algo inesperado, en la tradición hindú se habla de un árbol muy particular que tiene las raíces arriba y las ramas abajo. Su nombre sánscrito es aśvattha (ashvattha) y la primera referencia textual de este árbol invertido aparece en la Kaṭha Upaniṣad (6.1):

“Con las raíces arriba (ūrdhva-mūlaḥ), con las ramas hacia abajo (avāk-śākha), así es el eterno aśvattha. Eso en verdad es lo puro. Eso es el brahman, al cual llaman el inmortal. En él descansan todos los mundos. No hay nada que lo trascienda. Esto es eso, en verdad”.

De esta forma, el aśvattha designa metafóricamente el saṃsāra, “el devenir empírico”, “la totalidad de la manifestación”, que posee múltiples ramificaciones pero que está enraizado en el ser supremo (brahman), que se considera situado “arriba”, es decir en un plano superior.

Al respecto, dice la Śvetāśvatara Upaniṣad (III.9):

“No hay absolutamente nada más alto que el puruṣa, nada más grande o más pequeño que él. Él está presente como árbol (vṛkṣa) afincado en el cielo. El puruṣa llena el mundo entero”.

La descripción de la manifestación cósmica como un árbol invertido, que a la vez sería idéntico a brahman, ha dado lugar a numerosas interpretaciones, no siempre coincidentes, aunque está claro que la idea principal es que la existencia empírica nace de un principio superior.

Uno de los simbolismos que ofrece el árbol es su rol de conector entre la tierra y el cielo, “la unión de dos planos”, y de hecho en muchas culturas un árbol representa el axis mundis, un punto de conexión entre reinos superiores e inferiores. Por ello el erudito filósofo y político indio S. Radhakrishnan compara el aśvattha con el Yggdrasil de la mitología escandinava, que es “el árbol de la vida”, del cual este mundo es solo una rama, aunque en este caso las raíces siempre están abajo.

Siguiendo con terminología latina, también se dice que el aśvattha sería un imago mundi, es decir una posible “representación del universo”, en este caso un árbol que representa el mundo cuya particularidad es que se nutre de una consciencia superior que figuradamente tiene las raíces arriba.

En la Bhagavad Gītā (XV.1), cuya composición es posterior a las upaniṣad citadas, Śrī Kṛṣṇa (Shri Krishna) da más detalles de este árbol:

“Dicen que existe un aśvattha imperecedero,
con sus raíces arriba,
con sus ramas abajo,
y cuyas hojas son los himnos védicos:
quien lo conoce, conoce el Veda”.

Así como las hojas protegen a un árbol, el conocimiento vertido en los textos védicos protege al hombre (que lo pone en práctica). Si el árbol es toda la manifestación, incluyendo al brahman en su raíz, conocerlo implica que ya no queda nada por conocer y, por tanto, uno sería omnisciente.

El problema es que uno, en general, se va por las ramas que “se alimentan de la savia de los guṇa” y que “tienen como brotes a los placeres de los sentidos”. En la Gītā se explica que, como consecuencia, de las ramas del árbol también nacen raíces que, en este caso, sí van hacia abajo y atan al hombre mediante sus acciones (que en general son egoístas, en el sentido de que se espera un fruto de ellas). Estas raíces secundarias son las que crean los patrones de acción egoísta que hacen que nuestra vida sea cada vez menos libre internamente.

ashvattha

Es muy evocador que de este árbol con las raíces arriba surjan nuevas y secundarias raíces hacia abajo, pues nos remite inevitablemente a una especie de árbol indio del cual crecen lianas hacia la tierra. En realidad nos remite a dos árboles, pues los traductores y comentaristas discrepan al respecto.

La versión más difundida diría que es la que homologa el aśvattha al ficus religiosa, a veces traducido como “higuera sagrada”, y que en India generalmente se conoce como pippala. Este árbol es sagrado también en el budismo con el nombre de bodhi, debajo del cual el Buddha histórico alcanzó la iluminación. El árbol pippala posee lianas aéreas pero no son especialmente gruesas ni llegan al suelo para crear raíces de soporte.

árbol pippala

La otra traducción para aśvattha es “árbol baniano”, lo cual corresponde al ficus indica o benghalensis, que es muy vistoso por, justamente, sus raíces aéreas que una vez que llegan al suelo se arraigan y se convierten, digamos, en soporte que permiten que el árbol siga creciendo.

árbol baniano

Los dos árboles, pippala y baniano, son considerados sagrados y en ocasiones se los confunde entre sí, aunque yo diría que para la alegoría del árbol del samsāra sería más adecuado el baniano porque gracias a sus raíces secundarias se va ramificando y creciendo cada vez más.

A nivel etimológico, también hay dos versiones, pues para algunos aśvattha es el “sitio donde residen (sthā) los caballos (aśva)”, ya que debajo de esos grandes árboles eran atados los equinos para que descansasen a la sombra. Otra versión dice, en cambio, que la palabra significa “transitorio” en referencia al mundo que siempre está cambiando. Como pasa muchas veces en la tradición hindú, una definición no invalida a la otra.

Por tanto, este mundo sería un árbol enorme e invertido del cual no somos capaces de ver “donde comienza ni donde acaba”; a la vez, todo lo que vemos es ese principio supremo en forma manifiesta, pero también hay unas raíces que no vemos y que son la esencia.

La Bhagavad Gītā dice que para cortar este árbol que no para de crear raíces secundarias y nos ata hacia abajo hay que usar la “poderosa hacha (śastra) del desapego (asaṅga)”. Es decir no actuar esperando ciertos resultados ni buscar el interés personal con nuestras acciones…

El tema del desapego es complejo y no voy a profundizar en él hoy. Mi objetivo era simplemente compartir la representación del universo como un árbol al revés, pues me pareció una imagen muy sugerente para explicar este mundo que todos vivimos y que, a veces, es difícil de comprender.

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Oración hindú para bendecir las comidas

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Hace unos días estuvimos con Hansika en el darshan de Amma en Granollers y, entre otras muchas cosas, fijé mi atención en la oración sánscrita que, escrita en pancartas colgadas de la pared, presidía la cafetería y el amplio comedor. Se trata, obviamente, de la oración que se dice antes de ingerir una comida, no sólo en la misión de Amma, sino en la tradición hindú en general.

La oración en cuestión no es otra cosa que el mantra 4.24 de la Bhagavad Gītā y dice:

brahmārpanam brahma havir brahmāgnau brahmanā hutam /
brahmaiva tena gantavyam brahmakarma samādhinā //

Una traducción posible y bastante literal (hecha por mí basándome en mis conocimientos y, sobre todo, en otras traducciones) sería:

Brahman (es) la ofrenda, Brahman (es) la oblación, por Brahman (es) vertida la ofrenda en el fuego de Brahman / Ciertamente, Brahman (es) alcanzado por aquel que está absorto en la acción de Brahman //”

Aclaraciones y relaciones

Brahman es el nombre del Absoluto, que no tiene género, que es imposible de describir, pero que es el sustrato de todo lo que existe. Es el Ser Supremo o, si se quiere, Dios.

La traducción que presento más arriba tiene muchas otras variantes posibles, aunque la idea básica es que “todo es Brahman” y que, para conocerlo (en el sentido de obtener la trascendencia espiritual), hay que ser capaz de verlo en todas las acciones (propias y ajenas). Y una de esas acciones, tan cotidiana, es justamente comer.

¿Por qué si Brahman está en todas las acciones, este verso se utiliza únicamente antes del acto de comer? Dicha relación está basada, al parecer, en el concepto de “las ofrendas del sacrificio”, que suelen ser comestibles.

Las ofrendas al fuego hacen referencia al sacrificio tradicional védico (llamado yajña o homa) que consiste en ofrecer “fluidos y granos” al fuego, especialmente mantequilla clarificada (llamada ghī o ghrita). Esta tradición se basa en la idea de que el fuego (Agni) es el intermediario entre los hombres y Dios y, por tanto, se le ofrecen oblaciones como forma de honrar y propiciar a Dios.

Asimismo, se explica que este universo es un gran sacrificio constante en que el Sol se consume para dar la vida a todos los seres y, de la misma forma y muy pertinente para el tema de hoy, todos los alimentos que necesitamos para subsistir son un ofrecimiento diario para el “fuego” de nuestro sistema digestivo.

Patatas y conexión

Dar las gracias (o “bendecir la mesa”) antes de comer es una tradición de todas las religiones; e incluso lo realizan personas que no se consideran religiosas (algunas agradecerán a Dios, otros a la vida y otros a la Madre Tierra). La significancia de este ritual es obvia: agradecer por tener un plato de comida, combustible básico de nuestro cuerpo físico.

Asimismo, se considera que al ofrecer el alimento (o cualquier acción) a Dios, éste se vuelve sagrado, lo que se conoce como prasadam, y entonces su ingesta tiene también beneficios espirituales. Este ofrecimiento puede hacerse de forma mental, aunque también es muy usual ofrecer una porción de los alimentos a una imagen de la deidad o guru antes de consumirlos.

Yo, personalmente, no recito el mantra de la Bhagavad Gītā antes de las comidas sino otra oración que aprendí en mi casa y es en español. De todos modos, no es algo que haya hecho toda mi vida. Supongo que tuvo que ver mi primer viaje a la India, una tierra en que la liturgia cotidiana está muy extendida.

Recuerdo que en un largo viaje en tren (de Chennai hacia Bhubaneshwar) coincidí con un muchacho hindú, muy pío, que estaba comiendo patatas fritas de bolsa y antes de ingerir ¡cada patata!, decía un breve mantra de bendición. Eso sí me pareció “estar concentrado en la acción de Brahman“.

Por supuesto, como dice el maestro norteamericano Ram Dass, “los rituales pueden ser cosas rígidas o pueden tener vida” y decir una oración antes de comer puede convertirse en un acto automático, sin contacto con la esencia original.

De cualquier forma, continúa Ram Dass, “con el tiempo, a medida que practicas [la oración], observa como este ritual de bendición se convierte en una declaración viviente de tu conexión con lo Divino, de tu unidad con todo lo manifiesto en el universo”.

Ram Dass

Pretender que una acción tan breve y simple como rezar antes de comer nos traiga “conocimiento de Brahman” quizás suene algo ambicioso; de todas maneras, aunque sólo sea un granito más de arena en nuestra práctica, por experiencia personal puedo decir que ese pequeño momento puede ayudar a aquietar la mente y re-conectar con nuestro interior. Y no es poco.

La Trimūrti: Brahmā, Vishnu y Shiva

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Hace unos días, una lectora del blog dejó un comentario pidiéndome que haga un “cuadro conceptual de dioses” para entender mejor los parentescos y relaciones Divinas en la mitología hindú. Entiendo el pedido porque es sabido que el panteón hindú es muy amplio, a lo que se suma que muchas veces se hace referencia a una misma deidad pero con diferentes nombres, lo cual agrega dificultad a los neófitos. Aunque yo no sea un experto sí tengo un conocimiento básico del tema y pensé que sería buena idea seguir el consejo de la lectora.

Puede que yo sepa de la India y tenga cierto dominio de la palabra escrita, pero lo que no tengo es aptitudes visuales, en el sentido del diseño y la estética. Fue por ello que a la hora de hacer un esquema de las deidades me salían párrafos en lugar de cuadros y flechas. Ante mi incapacidad como diseñador pensé que lo ideal sería una imagen simple y atractiva, sin demasiadas explicaciones. Fue así que desempolvé mis saberes de Photoshop y luchando contra mi cuadratura mental visual me dispuse a crear una imagen que explicara lo más básico del panteón hindú.

Obviamente, el esquema sería larguísimo y la imagen no entraría en la pantalla si pusiera solamente las deidades principales y sus funciones. Por tanto, decidí exponer únicamente la Trimūrti y sus consortes. La Trimūrti es la tríada esencial del hinduismo y su traducción podría ser ‘las tres formas’. El hinduismo considera que el Ser Supremo (llamado Brahman) es Absoluto, no manifestado, imposible de describir, sin nombre ni forma y, por tanto, no puede ser representado. Por ello, la Trimūrti es la representación masculina de las tres cualidades fundamentales que rigen el Universo.

Asimismo, cada uno de estas representaciones masculinas tiene su contraparte femenina en la forma de diosas (sus consortes) como personificaciones de la Madre Divina o la energía femenina universal (shakti), tan valorada en la filosofía de la India. Sobre todo la shakti de Durgā (destrucción/regeneración) posee diversas manifestaciones, aunque en el esquema sólo he puesto una de ellas, la madre de Ganesha, la por todos querida deidad con cabeza de elefante.

En lugar de explayarme demasiado, mi plan para hoy fue crear una imagen y dejar que lo visual prime sobre lo escrito. Ya dije que no es mi fuerte. De hecho, me tomó bastante trabajo hacer el esquema, que aquí presento (hacer click en la imagen para ampliar):

Esquema de la Trimūrti

Supongo que la semana que viene volveré a la escritura, mi procedimiento tradicional; a menos, claro, que reciba una avalancha de comentarios pidiendo mis servicios como diseñador.

El monoteísmo y sus imágenes

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Hace tres semanas contaba parte de la historia de Swami Vivekananda, y relataba brevemente cómo la presencia de este santo y filósofo de la India en el Parlamento Mundial de las Religiones de Chicago, en 1893, había servido como introducción histórica del Hinduismo y su filosofía en el mundo occidental.

Además de explicar detalladamente la milenaria filosofía espiritual que sustenta al Hinduismo, a la vez que ejemplificar el aspecto práctico de la misma y sus diferentes alternativas, el Swami dejó clara una cuestión que, en ocasiones, causa confusión, a saber: “El Hinduismo no es politeísta”.

Hoy, ciento veinte años después de aquellos discursos esclarecedores, tengo la sensación de que la mayoría de las personas en Occidente cree que el Hinduismo es, efectivamente, politeísta.

Brahman

A esta altura, los lectores crónicos del blog ya saben la historia, pues en más de una oportunidad se habló del tema. De todos modos, me gustaría resumir algunos de esos conceptos tratando de dejarlos claros.

Y no porque yo sea hinduista (que no lo soy) o quiera defender una cosmovisión en particular, sino porque el completo entendimiento del teísmo hindú repercute en la aplicación de las enseñanzas espirituales, que a la sazón, son lo que me interesa.

Entonces, el Hinduismo es monoteísta. El nombre que recibe este dios es Brahman, y se correspondería con el Alá del Islamismo; el Yahvé del Judaísmo; el Ahura-Mazda de los zoroastrianos y el Padre Celestial de los cristianos.

Brahman es inmanifestado, es decir, no tiene forma, es único y es infinito.

A este respecto, la idea de divinidad del Hinduismo no es exclusivamente masculina, ya que el aspecto femenino es igual de importante, y se lo conoce con el nombre de Shakti, que viene a ser la puesta en acción de la energía inmanifestada del Absoluto. Es decir, el aspecto masculino de la divinidad representa el poder absoluto y no manifestado, mientras que el aspecto femenino simboliza la energía dinámica que pone dicha fuerza en movimiento, haciendo funcionar el universo.

Mi analogía favorita, que tantas veces usé, es el sol y sus rayos, siendo el primero la fuerza del Absoluto, y los segundos la manifestación concreta a través del dinamismo de la, así llamada, Madre Divina.

Trinidad

Asimismo, esta cualidad sin forma de Brahman, es lo que lleva a su representación mediante cientos y miles (algunos dicen millones) de imágenes y deidades en la India. Dicha representación siempre es parcial, pues es imposible, todos acuerdan, representar algo absoluto y sin forma.

Lo que se hace, en cambio, es simbolizar diferentes aspectos y cualidades de ese Dios único.

De todos modos, es verdad que hay algunas deidades más importantes que otras, y en este sentido el primer puesto se lo lleva la Trinidad elemental del Hinduismo: Brahma (que no es Brahman!) representa el proceso de “Creación”; Vishnu el de “Preservación”; y Shiva el de “Destrucción / Regeneración”.

Se trata de una tríada que expresa de manera simple el proceso cíclico del Universo, basada en un Dios que no tiene principio ni fin y en la teoría de la reencarnación.

A su vez, cada uno de estos tres aspectos principales de Brahman tienen sus contrapartes femeninas, sus Shaktis: Saraswati; Lakshmi; y Kali, respectivamente.

Si bien la Trinidad Brahma-Vishnu-Shiva (junto a sus consortes femeninas) es fundamental por simbolizar el ciclo de la vida, hay también muchas otras deidades e imágenes que representan aspectos menos elementales.

Por ejemplo, Hanuman, el dios mono, encarna la fidelidad y el valor. Lakshmi, la consorte de Vishnu, representa también la prosperidad y la buena suerte derramando monedas de oro desde una de sus cuatro manos. A su vez, Skanda (Muruga en el sur de la India) es el dios de la guerra, y personifica al guerrero eternamente joven.

Sin dudas, la imagen favorita para hindúes y no hindúes es Ganesha, un niño con cabeza de elefante, deidad de la sabiduría, los viajeros y los estudiantes; removedor de obstáculos y dador de auspiciosidad en cada inicio.

En esta línea, algunas de las deidades y sus representaciones pueden parecernos muy simples, mientras otras nos parecen complejas, llenas de simbolismos; algunas son francamente amigables, mientras otras son feroces e intimidantes; algunas son inspiradoras y motivo de devoción; otras son sólo bellos y exóticos colores…

Como dije, las distintas imágenes y deidades del Hinduismo no son otra cosa que una representación, parcial, de los diferentes e inabarcables aspectos o atributos de ese Absoluto inmanifestado, que podríamos llamar Dios.

Disertación

Sobre este tema, Swami Vivekananda también dio un discurso, como anticipé, en el Parlamento Mundial de las Religiones de Chicago, en 1893. Citó, entonces, un extracto de su “Disertación sobre el Hinduismo” (Ediciones Kier, 1971):

Ante todo puedo deciros que no existe politeísmo en la India. Si uno se detiene a escuchar, hallará que en cada templo los devotos aplican todos los atributos de Dios, incluso la omnipresencia, a las imágenes. Esto no es politeísmo, ni tampoco la denominación de henoteísmo explicaría la situación..

Hermanos míos, a nosotros nos es tan imposible pensar sin una imagen mental, como vivir sin respirar. Por ley de asociación, la imagen material evoca la idea mental y viceversa. Por este motivo el hindú usa un símbolo externo cuando adora, y os dirá que ello le ayuda a mantener fija la mente en el Ser a quien adora. Sabe, tan bien como vosotros, que la imagen no es Dios, ni es omnipresente..

Así como hallamos que de un modo u otro tenemos que asociar nuestras ideas de infinidad con la imagen del cielo azul o del mar, por las leyes de nuestra constitución mental, así también relacionamos nuestra idea de santidad con la imagen de una iglesia, de una mezquita o de una cruz..


Los hindúes han asociado las ideas de santidad, pureza, verdad, omnipotencia y otras, con diferentes imágenes y formas. Pero con esta diferencia: mientras que algunas personas dedican toda su vida al ídolo de su iglesia y nunca se elevan más porque para ellos la religión significa un asentimiento a ciertas doctrinas y hacer bien a sus semejantes, toda la religión hindú se halla concentrada en la realización. El hombre ha de llegar a ser divino por la realización de lo divino; los ídolos, los templos, las iglesias y los libros son tan sólo los soportes, las ayudas de su infantil espiritualidad; pero debe continuar progresando constantemente..

Si un hombre puede realizar su naturaleza divina con el auxilio de una imagen, ¿sería justo llamar pecado a esto? Ni aun cuando haya pasado por este estado debería llamarlo error. Para el hindú, el hombre no pasa del error a la verdad, sino que va de verdad en verdad, de una verdad inferior a una superior. Para él todas las religiones, desde el más bajo fetichismo al más elevado absolutismo, significan otros tantos esfuerzos del alma humana por realizar y alcanzar lo Infinito..

Unidad en la variedad es el plan de la naturaleza, y el hindú lo ha reconocido..

Los hindúes han descubierto que lo Absoluto sólo puede ser realizado, imaginado o expuesto, mediante lo relativo; y las imágenes, cruces y medias lunas constituyen simplemente otros tantos símbolos, otras tantas perchas donde colgar ideas espirituales. No es que esta ayuda resulta necesaria para todos, pero quienes no la necesitan no tienen derecho a decir que es mala. Ni es obligatoria en el Hinduismo”.

Meta

Al comienzo dije que entender el monoteísmo hindú y el porqué de tantas deidades e imágenes era clave para comprender una enseñanza espiritual universal: Todos los caminos van hacia la misma meta.

Pero también, gracias a la clara explicación de Vivekananda, no sólo uno puede hacerse más tolerante y aceptador, sino que puede profundizar en la utilidad (y a veces inevitabilidad) de las imágenes, y en su función principal como herramientas para la auto-realización.

Auto-realización que – a veces escondida bajo las meras teorías, otras veces tácitamente, otras a flor de piel – es el fin último de todas las religiones verdaderas, sin importar las muchas o pocas deidades que éstas puedan tener.

Imágenes:

cabalaytarot.com

sabersiocupalugar.blogspot.com

lagrini99.skyrock.com

ramakrishnavivekananda.info

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