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El Maestro Bob

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En Mandiram, la escuela de yoga a la que asisto regularmente, tienen un ‘muro de la inspiración’ en el que cuelgan imágenes de personas que, justamente, consideran inspiradoras, sobre todo desde el punto de vista espiritual. Debo admitir que desde el primer día me provocó gran sorpresa que entre las imágenes de reconocidas ‘personalidades’ espirituales como Amma, el Dalai Lama, Swami Sivananda y la Madre Teresa, se encontrara una fotografía de Bob Marley.

Quizás no se trataba de uno de los grandes misterios de mi vida, pero sí es verdad que me intrigaba sobremanera porqué un cantante de reggae jamaiquino compartía muro junto a la diosa Saraswati, la Virgen de Guadalupe y el sabio Patañjali.

Pasaron más de dos años desde aquella sorpresa inicial, y sólo de forma reciente conocí de primera mano los motivos de las directoras de Mandiram para poner la imagen de Marley entre sus referentes.

30

Esta semana se cumplen 30 años de la muerte de Bob Marley y sin rendir especial culto a los números redondos, más bien utilizándolos como buena excusa, pensé en escribir sobre el tema. De hecho, hace ya algunos meses que empecé a interesarme en profundidad en la vida del cantante y hasta me compré un libro en Amazon (Catch a fire: The life of Bob Marley de Timothy White) que demoró más de la cuenta en llegar y ahora estoy leyendo.

De todos modos, antes de leer cualquier libro ya había algo que intuía: si uno escucha únicamente los grandes éxitos de Marley y se deja llevar por las imágenes del jamaiquino que pululan masivamente en camisetas y pósters, más como un símbolo estético (o de moda) que artístico, sin duda se queda con una parte pequeña de todo el cuadro. De la misma forma que la imagen del Che, paradigma revolucionario del siglo XX, ha sido readaptada y asimilada por el sistema consumista y la estética pop, perdiendo así todo su carácter socialista original, la imagen actual y popularizada de Bob Marley tiene apenas un dejo de rebeldía, nada de espiritualidad, y mucho humo de cannabis a su alrededor.

Como con muchos otros personajes de la historia (incluso actuales), la ‘cultura de masas’ tiende a simplificar los hechos y a focalizar la atención en una o dos cualidades puntuales que sirven para etiquetar fácilmente a esa persona, dejando de lado sus posibles matices, complejidades y motivaciones. Hitler quiso conquistar el mundo porque era un pintor fracasado; Yoko Ono causó la separación de The Beatles; Freud era cocainómano o Woody Allen se casó con su propia hija, son algunos ejemplos que me vienen a la mente (haciendo abuso de la simplificación, claro).

En este imaginario popular simplificado, Bob Marley, por su parte, se la pasaba fumando marihuana y cantando ‘everything will gonna be alright’ en la playa.

Rasta

Antes que nada Bob Marley era un rastaman, un practicante del rastafarismo, y toda su vida (incluida su muerte) estuvo determinada por esa creencia religiosa. Por lo tanto, su música y sus letras, también.

El rastafarismo es, ni más ni menos, una religión. Una religión muy joven, nacida a principios del siglo XX entre la población negra de Jamaica, descendiente de esclavos africanos en su mayoría. Su lema original era el de ‘regresar a África’, especialmente a Etiopía, tierra sagrada fundada por el emperador Melenik I, hijo de la reina de Saba, que era negra, y del famoso rey israelita Salomón.

Melenik I se llevó consigo a Etiopía la doctrina abrahámica (tanto judaica como cristiana) y también, según algunas versiones, la desaparecida Arca de la Alianza de los textos bíblicos. De esta forma, la población negra de Etiopía se consideraba, en parte, descendiente del pueblo de Israel. Si bien las prácticas religiosas eran más cercanas al judaísmo, la religión etíope derivó en una forma de cristianismo, y en un libro sagrado – Kebra Nagast – que narra la gloria de los reyes de la dinastía salomónica en Etiopía.

En 1931 el ras (príncipe) Tafari Makonnen subió al trono como emperador de Etiopía (luego conocido como Haile Selassie I), considerado descendiente directo de Salomón y, además, el Mesías negro que venía a liberar a África y la población negra mundial (mucha en el éxodo) de la opresión de ‘Babilonia’. Para todo el rastafarismo, Haile Selassie era considerado Dios en la tierra.

Robert Nesta Marley nació el 6 de febrero de 1945, hijo de una joven jamaiquina negra de 18 años – Cedella Booker – y de un oficial jamaiquino blanco (de ascendencia inglesa) de la marina – Norval Sinclair Marley -, de 50 años. Si bien era un ‘mestizo’, lo cual le trajo burlas y comentarios en la Kingston de los ’50, él siempre se consideró un negro y, por supuesto, un rasta, con todos los derechos y obligaciones que eso implicaba.

Haile Selassie I

Jah

Las reivindicaciones religiosas rastafaris nacieron muy ligadas a los reclamos políticos y sociales de la población negra, que también abogaba por retornar a África y por liberarse de la opresión. De esta forma, para el movimiento rastafari, la opresión social sobre el negro, su éxodo y su lucha por regresar a África es la versión tangible y material del camino espiritual en el que “todo hombre sufre y se esfuerza por la liberación”, ya que “ese viaje refleja la migración mística del alma hacia la tierra y luego de regreso a Jah” (el nombre que dan a Dios los rastafaris, una abreviación del bíblico Yahvé).

Por lo tanto, siendo un rastafari, el aspecto religioso y el político-social están, en origen, estrechamente ligados. Una ideología que Bob Marley difundió a nivel mundial, llevando su música a los cinco continentes y no únicamente a l mundo occidental o ‘civilizado’.

Evidentemente, el paso de los años modifica las tradiciones y las nuevas generaciones adaptan a su manera el legado cultural que les toca. De todos modos, es bueno saber que si uno se llama sí mismo rastafari, en principio, está declarando su adhesión a una religión. De hecho, es difícil leer la biografía de Bob Marley, e incluso entender algunas de sus letras, sin tener una Biblia a mano.

Sin ir más lejos, la norma en la cual se basan los rastafaris para no peinar ni cortar sus cabellos se encuentra en Levítico 21:5:

“No se raparán la cabeza, ni se cortarán el borde la barba, ni se harán incisiones en el cuerpo”.

En cuanto a la ganja, el nombre rastafari que recibe la marihuana, se la considera una hierba sagrada porque se dice que creció en la tumba del rey Salomón. Aunque esto último parece no estar comprobado, sí hay algunos pasajes bíblicos que los rastafaris utilizan como argumento, entre ellos Salmos 104:14:

“Tú haces germinar la hierba para el ganado y las plantas usadas por los hombres, de forma que del suelo saquen pan”.

A este respecto, Bob Marley explica que fumar ganja (como cigarrillos o en pipas de agua, estilo narguile) sirve para “ayudar a las personas en sus meditaciones en la verdad”. Al leer estas palabras, inevitablemente me vienen a la cabeza los sadhus de la India, esas personas que han dejado todo para peregrinar por el país o habitar en los lugares sagrados, relacionados con Shiva, el señor de los yoguis, y que tienen el cabello largo, con grandes ‘rastas’ (a veces al punto de arrastrarlas al caminar). Entre muchos de ellos, el consumo de ganja es una práctica habitual, siempre con fines ‘místicos’.

Más allá de si uno está a favor o no de esta práctica, y teniendo en cuenta que la filosofía espiritual tradicional de la India no fomenta el consumo de drogas, lo que está claro es que el uso que dan los sadhus a la marihuana y el que, en la teoría, explica Marley, no tienen mucho que ver con el uso ‘recreacional’ que le da la mayoría de las personas en la actualidad.

Cáncer

En 1977, durante su gira europea, en Inglaterra, Bob Marley se hizo una herida en el dedo gordo del pie derecho jugando al fútbol. Al poco tiempo, esa herida derivó en una forma maligna de melanoma, pero el cantante no quiso cancelar sus actuaciones ni someterse a tratamiento. Durante cuatro años la herida fue empeorando claramente, y a cierto punto la única solución era amputar el dedo.

Marley, siempre fiel a su religión, declaró: “El rasta no acepta la amputación. Yo y mis hermanos no aceptamos que un hombre sea desmantelado. Jah me curará con las meditaciones de mi cáliz de ganja (…) o Él me llevará como un hijo a Su Reino. Ningún bisturí rayará my carne”.

De la misma forma, tampoco aceptó tratamiento médico, excepto en la recta final de su enfermedad, pero ya era demasiado tarde y con su salud deteriorándose y el cáncer difundiéndose por su cuerpo de 36 años, Marley murió el 11 de mayo de 1981.

Paradoja

Probablemente muchos lo desconocen, pero no hay disco de Bob Marley que no contenga, al menos, un par de canciones sobre Jah, o sea, sobre Dios. Asimismo, y esto es un poco más conocido, no hay discos suyos sin canciones reivindicativas por los oprimidos del mundo, sobre todo los negros. De hecho, Marley tiene algunos discos que son casi totalmente ‘políticos’ como Catch the fire (1973) y Survival (1979), este último cantándole a la independencia de Zimbawe y a un África unida, por ejemplo.

Volviendo a mi idea inicial de que la imagen masiva y de consumo de Bob Marley está simplificada y ‘vaciada’ de su sentido original, hay sin embargo algo paradójico. A pesar de esta ‘ignorancia’ sobre la vida y obra de Marley, su música parece poder llegar a casi todo el mundo, y no sólo de forma superficial, sino tocando algunas capas más profundas.

White lo explica en su libro: “Quizás lo más increíble sobre el ascenso de Marley a la fama es cuan poco sus fans alrededor del mundo necesitaron saber acerca del trasfondo temático de su música, de los diferentes niveles en que su mensaje era emitido, y de los roles que el rastafarismo y la cultura tradicional jamaiquina jugaron en todo esto”.

Efectivamente, sin saber nada de todo esto, incluso sin hablar inglés y sin entender sus letras (y aún sabiéndolo no garantiza nada, pues muchas letras tienen partes en lengua patois, es decir inglés con palabras africanas o inglés jamaiquino), personas de los cinco continentes encuentran un tipo de satisfacción en la música de Marley. Y por más que en la historia haya habido grandes estrellas de la música, no estoy seguro de cuantos otros hayan llegado a tantos lugares y personas. ¿Cuán famosos eran The Beatles en Eritrea en los ’70, por ejemplo?

¿Qué tiene, entonces, la música de Bob Marley que, en general, le guste a todos y además trasmita una sensación de tranquilidad, de calma, de alegría, de ensoñación, y otros adjetivos positivos según a quien se consulte?

Rollo

En Mandiram me lo resumieron con una expresión: “Buen rollo”.

El motivo para que Bob Marley comparta muro inspiracional con Pattabhi Jois y Jesucristo es así de simple. Cada vez que uno escucha una canción de Marley, o ve una fotografía suya, sostienen en Mandiram, le genera energía positiva, ‘buena onda’ y otras cualidades positivas, que a fin de cuentas son esencialmente espirituales.

Si bien, en un nivel estricto, colocar a Bob Marley a la altura de maestros espirituales, encarnaciones de Dios en la tierra y deidades, puede sonar algo herético (en mi caso así fue), creo entender el razonamiento que me explicaron, que no tiene que ver con jerarquías o etiquetas, sino con la difusión de las cualidades positivas que, considero, sin duda tiene Bob Marley (más allá de que pueda tener otras negativas).

Antes de bucear en la vida de Marley ya intuía (y obviamente no sólo yo) su sustrato espiritual, después de leer sobre su historia las piezas encajan mejor, y todavía me parece muy fuerte que vayamos cantando sus canciones sin saber que, en muchos casos, son loas a Dios.

Además, cuando no le canta directamente a Jah, sus letras contienen, por lo general, un mensaje espiritual universal. En Redemption song, una de sus canciones más conocidas y quizás la más emblemática, Marley dice, por ejemplo: “Emancipaos de la esclavitud mental, nadie más que nosotros puede liberar nuestras mentes”. Visto desde la perspectiva espiritual de la India, no puede estar más acertado.

Ahora, habiendo investigado un poco en la vida de Marley, habiendo analizado sus letras, habiendo confirmado con argumentos ‘tangibles’ mi intuición sobre la vibración espiritual de su música, no me extraña que en la escuela lo llamen el Maestro Bob.

Las batallas de la meditación

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La semana pasada veíamos cómo sobre la interioridad de la meditante se cernía la inminente batalla, símbolo de la lucha interna que sufre cada persona a la hora de la meditación, ejemplificada en escena por la pelea entre SuperMeditator vs. The Mind.

Como condimento, para hacer más entretenida la obra, y también para dar cabida a todos los participantes, habíamos elucubrado la aparición de aliados y secuaces, ayudantes del Bien y mentores del Mal, que le darían a la pareja protagonista un entorno apropiado. Las ocurrentes opiniones de la familia, el género y número de los participantes, más la influencia histórica de los “SúperAmigos” (aquel equipo de superhéroes de cómic conformado por La Mujer Maravilla, Aquaman, Linterna Verde, etc.), también fueron claves a la hora de las decisiones finales.

Tanto los nombres como los “poderes” de cada uno de los personajes fueron debidamente meditados, a saber…

Leg’s Pain

“Cuando tratamos de meditar, ella da dolor a nuestras piernas”, decía la voz en off que introducía a Leg’s Pain (Dolor de Piernas), la primera de las secuaces de The Mind en ingresar a escena, para provocarle a la meditante la molestia más prosaica de la meditación.

Ya en los clásicos “Yoga Sutras” de Patanjali, uno de los rishis (sabios espirituales) de la India, más destacados de la antigüedad, se describen ocho etapas para llegar al estado de samadhi (iluminación). Una de estas etapas es asana (postura) y hace referencia a la importancia primordial de cómo sentarse para la correcta práctica de la meditación (lo cual incluye espalda erguida, inmovilidad absoluta, y atención en el entrecejo). Encontrar la postura correcta, se dice, puede llevar años, y no es algo para tomarse a la ligera.

Nosotros, occidentales acostumbrados a sentarnos en sillas y con la espalda no erguida, encontramos rápidamente dificultad en sentarnos con las piernas cruzadas por muchos minutos. El primer consejo que se da a un aspirante a meditante es el de sentarse bien, de manera cómoda, relajada; una manera que, en lo posible, no le obligue a moverse en lo que dure su práctica.

De esta forma, el dolor de piernas es, como símbolo material (corporal), lo más contrapuesto a todo lo que se espera de la meditación: percepción de planos sutiles, elevación a una conciencia superior, concentración en la propia esencia espiritual.

La malvada Leg’s Pain de la obra lleva en sus manos dos rayos con los que pincha las piernas de la meditante para disturbarla en su meditación. Una cierta similitud fonética en el nombre con Lex Luthor, el famoso enemigo de Superman, también colaboró para la creación de este personaje, que fue acompañado con acertada música de Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook (específicamente, la canción “Taa Deem” remixada por Asian Dub Foundation).

Asana Sisters

Uno de los mejores antídotos contra nuestras limitaciones corporales es el Hatha Yoga. En este caso, las asanas de yoga son, junto a la práctica regular, el camino más directo para adoptar una buena postura de meditación. A este respecto, es bueno aclarar que la etapa de asana a la que se refiere Patanjali en sus “Aforismos” va más allá de las útiles asanas de hatha yoga, ya que en el primer caso se trata, básicamente, de permanecer inmóvil física y mentalmente.

De todos modos, no hay duda de la utilidad del hatha yoga como herramienta para combatir el “dolor de piernas”. Fue así que nacieron las Asana Sisters (Hermanas Asana), dos heroínas espirituales que, amparadas por una música relajante de atmósfera india, realizan al unísono una sencilla rutina de yoga que, a la vez que devuelve la armonía a la meditante, hiere con su vibración a Leg’s Pain, quien se ve forzada a abandonar sus intentos de incordio.

Por algo, ante la aparición de las hermanas, la voz en off del narrador dice, como simple prólogo, “El Yoga es bueno para la meditación”.

De esta forma, toma lugar el primer duelo entre los dos bandos que disputan la batalla de la meditación. Con su simetría y su práctica, las Asana Sisters vencen inequívocamente a Leg’s Pain, el más trivial de los enemigos de un meditante.

Mrs. Past & Mr. Future

Como dice el proverbio, el ganar una batalla no asegura ganar la guerra, y por lo tanto, inmediatamente aparece un nuevo enemigo para la meditación. En realidad, dos enemigos inseparables: Mrs. Past & Mr. Future (Señora Pasado & Señor Futuro).

Al uno sentarse a meditar con los ojos cerrados, raudamente la mente comienza su loca carrera hacia planes futuros (“Esta noche voy a comer lasagna”; “¿Quién ganará el pichichi en la Liga Española?”; “¿Dónde iré de vacaciones en julio?”), o hacia hechos pasados (“¡Qué largo se me hizo el día en el trabajo!”; “¡Debería habérselo contado!”; “En la radio dijeron que subió el dólar”).

La mente, por su naturaleza, no logra estar quieta, y siempre está fluctuando entre lo que pasará y lo que pasó. Una de las pocas veces en que la mente está focalizada en el presente es cuando está concentrada en una actividad o hecho muy puntual. Por ello, las tareas manuales son tan abiertamente recomendadas, por todo tipo de disciplinas, como método de relajamiento, ya que ayudan a que la mente deje de vagar de un lugar a otro, para concentrarse en lo que está haciendo, es decir, en el presente.

Siguiendo esta línea, en el caso de la meditación, el presente sería simplemente concentrarse en la respiración, o todavía mejor, no pensar en nada; ya que en ese preciso instante no estamos, de hecho, haciendo nada. Sin embargo, es muy difícil dominar la mente en esta situación, pues no hay una actividad propiamente dicha (llámese, jardinería, pintura, cocina…) en la cual concentrarse.

En el caso de nuestra obra, Señora Pasado & Señor Futuro están atados entre sí con una cuerda, de manera que mientras uno quiere ir hacia una dirección, el otro siempre quiere ir hacia la opuesta; mientras uno anhela ir hacia atrás, el otro aspira a moverse hacia adelante. La eterna contradicción de estos dos villanos, ejemplificada con un show payacesco de tira y afloje (musicalizado por una canción de la banda mexicana Nortec Collective), simboliza el constante fluir de la mente del meditante, siempre atrapada entre el pasado y el futuro.

Captain Present

Pero, ¿por qué preocuparse? Para contrarrestar los ataques de Mrs. Past & Mr. Future está el Captain Present (Capitán Presente), un superhéroe de look calmo, que con sus largas rastas (dreadlocks, para los entendidos) y su gorro con colores rastafari se encarga de recordarnos la importancia del “Ahora”.

Apelando en cierta forma a los estereotipos, utilizamos la idea de “tomárselo con calma” de la música reggae, para relacionarlo con un meditante que se concentra en el presente, en lugar de estar maquinando sobre el antes y el después.

Para completar el concepto, recurrimos a una, quizás obvia, pero no carente de resultado, canción de Bob Marley (“Put it on”), que repite cadenciosamente una fórmula muy adecuada para un meditador, “Siente el espíritu/ Siéntete bien ahora…”.

Sobre esto, las simplificaciones y la desinformación han reducido a Bob Marley, al menos a nivel masivo, a un icono del consumo de marihuana y la cultura del “todo bien”, que también se podría traducir en “nada me importa”. En realidad, el mensaje de Marley era mucho más profundo que eso, con fuertes raíces religiosas en el Movimiento Rastafari, y por ende con un gran componente social y espiritual. A este respecto, las letras de sus canciones, famosas o no, tienen por lo general un mensaje que, desde el punto de vista espiritual universal, es positivo.

De hecho, en el altar de nuestra escuela de yoga en Barcelona, junto a imágenes de personas santas, se encuentra también una fotografía del, así llamado, “Maestro Bob”.

Por su parte, en la obra nuestro Capitán Presente lleva un traje naranja y verde, con la palabra “Now” (“Ahora”) inscripta en gran tamaño sobre su pecho. De esta forma, con sus pegadizos pasos de baile insta a la meditante a vivir en el ahora, como la solución contra los pérfidos Señora Pasado & Señor Futuro.

De todos modos, cuando parece que el fluctuar de pensamientos se sosiega al fin, el superhéroe es traicionado y queda atrapado en la cuerda que une a Mrs. Past & Mr. Future, preso de los saltos en el tiempo que, sin cesar, da la mente.

La oportuna voz del narrador, entonces, nos lo recuerda, “Algunas veces es difícil vivir en el presente”.

MC Pranayama

“Pranayama” se podría traducir, de manera más o menos literal, como “control (yama) de la energía de vida (prana)”. Según la filosofía espiritual de la India, esta energía de vida o Prana, está presente en todo el Universo; en cada objeto, en cada ser, en la comida que comemos y, por supuesto, en el aire que respiramos. Evidentemente, esta energía de vida tiene un carácter sutil y, por lo tanto, puede ser difícil de identificar y percibir.

A este respecto, y citando del libro “Ashtanga Yog: simplificado”, de Sri Ananda Giri, “La respiración es el medio o instrumento más usual empleado en desarrollar el sentido de ser consciente y control de las energías sutiles de vida”.

Es decir, que la respiración sería el lazo más tangible que tiene el ser humano entre la energía universal y la propia energía individual, que a su vez es parte de la primera.

A través de ejercicios respiratorios específicos (conocidos generalmente como pranayama), uno puede llegar a tener control total o parcial de esa “energía de vida” y, de esta forma, entrar en sintonía con la energía de vida que habita en uno mismo. A su vez, el control del prana repercute en el control de la propia mente, ya que un correcto uso de la respiración, con técnicas específicas, logra aquietar la mente.

Así como cuando uno se ofusca, le recomiendan contar hasta diez y respirar profundamente como remedio para calmarse, los ejercicios de pranayama tienen el objetivo más profundo de aquietar la mente, liberándola del fluir incesante de pensamientos ya explicado, de manera que la energía de vida en nuestro interior pueda ser percibida.

Siendo el objetivo de la meditación vaciar la mente de pensamientos para profundizar en nuestro ser interno, los pranayamas son considerados una herramienta fundamental en la práctica de un meditante.

Por estos motivos, cuando, como suele ocurrir con frecuencia en la vida real, el Capitán Presente es enredado en la trajinada cuerda de Señora Pasado & Señor Futuro, hace su entrada en escena, un superhéroe que tiene el método para traerle quietud al meditante.

Se trata de MC Pranayama, un rapero espiritual que, con un rítmico beatbox de fondo (obra del artista californiano MC Yogi), baila su mensaje mientras realiza ejercicios respiratorios.

De esta forma, su canción y sus pranayamas liberan al Capitán Presente de la cuerda del tiempo, estimulando entonces a la meditante, a que controle su respiración para lograr cierta paz mental.

Lady Attachments

Sin embargo, hay rivales que están a la altura de los ejercicios respiratorios. Éste es el caso de Lady Attachments (La Dama de los Apegos), “la gran enemiga de nuestra libertad”, como anuncia la voz del narrador cuando hace su aparición esta dama, que simboliza la sensualidad y los deseos mundanos del ser humano.

Con su cigarro con boquilla, su copa de champagne y su andar sugerente, ella nos recuerda dos de nuestros apegos más fuertes: codicia y lujuria.

Desde el punto de vista espiritual, los apegos están considerados entre los mayores obstáculos para la felicidad en general. En cuanto a “enemigos de la libertad”, elementos como el tabaco y el alcohol son apegos obvios que, por condicionar la satisfacción de una persona a su tenencia, se convierten en condicionamientos para su felicidad.

De todos modos, Lady Attachments representa todos los apegos, muchos de ellos más allá de la frontera meramente material. De esta forma, al meditar, no sólo nos viene a la cabeza el deseo de “tomar una taza de té” o “fumar un cigarrillo”, sino que apegos menos superficiales también comandan nuestros pensamientos que, como hemos visto, nunca dejan de fluctuar.

Por otra parte, los paradigmas de lujuria y codicia pueden ser equiparados a la expresión “mujer y oro”, que el gran santo Sri Ramakrishna Paramahansa utilizaba para referirse a los principales obstáculos para el camino espiritual.

Más allá del aparente simplismo de estas categorías, no hay que malentenderlo, ya que Sri Ramakrishna hablaba abiertamente de “mujer y oro” no desde una perspectiva anti-feminista sino debido a que la mayoría de sus devotos, en la India del siglo XIX, eran varones. A su vez, entre sus seguidoras mujeres, la expresión se modificaba a “hombre y oro”.

Más allá de esta distinción de género, lo que el santo quería implicar con “mujer/hombre” no era una mera cuestión de atracción sexual sino que hacía referencia a todos los lazos de apego que se generan a través de la constitución de una familia. A este respecto, hay que tener en cuenta que Sri Ramakrishna no estaba en contra de la familia, sino que era un maestro espiritual a cargo de jóvenes discípulos (muchos de los cuales luego fueron monjes) a los que debía instruir en el camino de lo que él llamaba “el discernimiento y la renunciación”.

Por su parte, a sus así llamados devotos hogareños, es decir, con familia, él nunca aconsejó abandonar sus deberes mundanos sino más bien cumplirlos debidamente, aunque con la atención puesta en lo Divino.

De la misma forma, cuando decía “oro”, se refería, obviamente al dinero, y además a todos los apegos derivados que éste conlleva, tales como el trabajo, la riqueza, las posesiones materiales y todas las preocupaciones mentales que la carencia de dichas posesiones provoca.

En conclusión, cuando el meditante cierra sus ojos, a su mente llegan pensamientos directamente ligados a todo tipo de apegos personales, desde los más relacionados con el cuerpo, como hambre, sed, frío o ganas de fumar; pasando por cuestiones cotidianas de la mente, como “tengo que llamar al plomero”, “necesito unos zapatos nuevos” o “¡cómo haré para llegar a fin de mes!”; hasta preocupaciones más profundas, como qué querer hacer de la propia vida, extrañar a un ser querido o preguntarse si existe algo tal como un destino escrito.

Pelea

En el caso de la obra, Lady Attachments entra en escena con una canción de Marilyn Monroe como acompañamiento (“I wanna be loved by you”), y se pasea sugerentemente hasta dar con MC Pranayama, quien se ve disturbado por su presencia, lo cual decanta en un nuevo duelo.

Para dicho duelo, recurrimos una vez más a los antecedentes de la obra Snake vs. Aquiles, en este caso tomando prestada una lucha en forma de danza, es decir golpes de puño y patadas voladoras con una coreografía muy marcada y una música especialmente creada para ese fin.

Sobre esto, los intérpretes de estos dos personajes éramos Nuria (Lady Attachments) y yo (MC Pranayama, a mucha honra), que bajo el entrenamiento de Rakhal y Celia (mi hermano y su novia, los protagonistas originales), logramos aprender de manera honrosa la secuencia de lucha y baile. El efecto de los supuestos golpes, dados en tiempo y con un mínimo de ritmo, es muy atractivo para cualquier espectador.

Después de una intensa lucha entre estos dos personajes, no hay un ganador claro; con ambos contendientes exhaustos y la meditante aún en medio de la vorágine de pensamientos.

Es entonces cuando, por fin, llega la pelea final.

Con lentitud y firmeza, los dos protagonistas pisan el centro de la escena, a la vez que el narrador, desde su sapiente invisibilidad, nos prepara, “SuperMeditator vs. The Mind, ¿Quién ganará?”.

Luego de un breve diálogo picante, ambos están preparados para decidir el futuro de la meditante, cada uno con sus armas.

Ninja

Basándose en la técnica teatral del “gabinete negro”, a la hora de definir la trama, Rakhal había votado por una batalla final con “objetos suspendidos en el aire”. En realidad, “objetos que parecieran suspendidos en el aire”.

La técnica del “gabinete negro” o “teatro negro” consiste en una escenografía mayoritariamente de color negro, escasa iluminación, y cuyos intérpretes también están vestidos en colores negros. La idea es que debido al mimetismo y la confusión entre el fondo estático y los actores, se produzcan situaciones escénicas que generen en el espectador la sensación de un efecto fantástico o imposible. Además, a través del contraste entre fondo oscuro y objetos de colores claros, se producen escenas que refuerzan esta idea de hechos rocambolescos y fuera de la norma.

En nuestro caso, la intención era que el duelo final entre SuperMeditator y The Mind, tuviera un efecto fantástico y que la lucha se mantuviera en un plano que no fuera tan corporal, sino más sutil, como correspondía con los implicados.

Fue así que se ideó la opción de que, merced a sus poderes, se lanzaran entre ellos ciertos objetos, y que la sensación del público fuera la de que esos objetos tenían una energía propia. Con esto en mente nació nuestro “ninja”, un valiente actor que desafiando los calores del sur de la India, decidió cubrirse por completo de negro (¡pasamontañas incluido!), para manejar a la distancia los objetos que se lanzaban los duelistas.

De manera de hacer plausible el efecto, tuvimos que poner como escenografía un fondo negro de seis metros de ancho por tres de alto, provocando así la desaparición del “ninja” ante los ojos del público. Asimismo, hubo que diseñar un sistema para sostener y mover los objetos (dibujos de tela y cartón) a la distancia y con agilidad. En este punto, fue también el “ninja” quien creó un palo extensible de más de dos metros de largo, que permitía el manejo de los objetos desde una cómoda ubicación detrás de la meditante.

Con los requisitos técnicos cumplimentados, la pelea, ahora sí, comienza.

Lanzamiento

El primero en atacar es, como de costumbre, La Mente, que con una música acorde (otra vez, Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook), parece estar amasando energía negativa para materializar así un enorme signo de dólar, símbolo de la codicia, que lanza con rabia a SuperMeditator. Regulado por el “ninja”, el dólar volador flota en el aire con calma, hasta dar en el pecho del superhéroe, que se ve herido por primera vez.

Entonces, The Mind lanza su segundo objeto, esta vez menos simbólico: una botella de Limca, una bebida sabor limón de la compañía Coca-Cola, exclusiva para el mercado indio. La botella es un símbolo de nuestros apegos más banales, a la vez que es un objeto contundente, capaz de lastimar.

Por fortuna, SuperMeditator logra esquivarlo en el último momento.

Ante esto, ofuscado, The Mind materializa de la nada su más potente arma, una bomba redonda y negra, con la mecha encendida, quizás marca Acme, digna de los más clásicos dibujos animados. Sin embargo, el superhéroe de la meditación no se entrega, y con su energía revierte la dirección de la bomba, de manera que el explosivo permanece largo rato en el aire, en el medio del escenario, debatiéndose entre las dos energías opuestas que la empujan.

Finalmente la bomba cae, sin herir a nadie, como un gesto que trasluce lo que todos esperamos: la fuerza espiritual de SuperMeditator puede más que las malas intenciones de La Mente.

Pero aún hay más. Ahora es SuperMeditator el que prepara un lanzamiento, y después de un “Hasta la vista, baby”, que homenajea sus orígenes, el héroe lanza, envuelto en llamas, un “Om” gigante; es decir, un clásico símbolo de “Om” representado con la escritura en sánscrito.

Al grito de “Om Namah Shivaya”, uno de los mantras considerados más poderosos del Hinduismo, el “Om” recorre el escenario para explotar sobre The Mind y sus secuaces, dejándolos derrotados de manera definitiva.

Por fin, luego de una dura batalla, la meditante puede meditar en paz. Habiendo vencido a La Mente y a sus trucos, surge la esencia Divina de su interior, y en estado de éxtasis se dispone a bailar en sintonía con el ritmo de la música celestial. Esta danza de gozo la llevan a la escena los héroes de la lucha. Pero como en el corazón de SuperMeditator y sus aliados no hay lugar para el rencor, también invitan a los derrotados a unírseles en un baile final, en que se celebra la dicha de la paz interior.

Próximamente

A este respecto, nuestros superhéroes podrán ser grandes paladines de la espiritualidad, pero nadie asegura que sean bailarines competentes.

La próxima semana, la atareada historia de hacer un baile conjunto, y sobre todo, la puesta en escena de todo este guión tan bien preparado.

Porque una cosa es pensarlo en el papel, pero otra muy distinta es tener que concretarlo en una única función, en la India y con la posible presencia de Swami Premananda entre la audiencia.

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