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Hijo de Vecino llega al millón de visitas

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En el momento en que escribo estas líneas (1 de Julio 2015), este blog está llegando al millón de visitas. No es que este número sea importante en sí mismo pero al ser una cifra redonda y simbólica me pareció un buen momento para hacer un breve repaso. Este blog vio la luz en Mayo-Junio 2008, hace ahora siete años, y de las humildes 15 visitas por día ha pasado a tener un promedio de 700 visitas cada día. De forma un poco inesperada ese cúmulo de visitantes ha ido formando este millón al que Hijo de Vecino llega hoy.

Soy consciente de que en el actual mundo internético un millón no es nada para un periódico digital o para un vídeo viral de YouTube, y la verdad es que mi vida no ha cambiado esencialmente por tener más visitas (no gano más dinero ni tengo ofertas para promocionar champús), pero no puedo evitar sentir cierta sorpresa por un número que en origen era inimaginable para esta personal colección de crónicas, textos e investigaciones que publico cada semana.

Muchas personas me han dicho que el blog está muy posicionado en Google y que manejo de forma esmerada las estrategias de SEO, pero la realidad es que nunca me he preocupado por el aspecto más promocional del blog y mi único secreto ha sido publicar, cada semana y durante 7 años, material original en lengua española.

En internet uno puede encontrar casi todo y yo soy el primer usuario agradecido por eso. A la vez, es cierto que hay temas poco tratados y en los que la información se repite, de forma acrítica, como un “copia-pega”. Creo que uno de los motivos del “éxito” de este blog es proporcionar material original o, al menos, riguroso y contextualizado sobre temas tan tendientes al malentendido como la espiritualidad, el yoga y la India.

En estos siete años ha habido textos más leídos que otros, especialmente uno de mantras sánscritos para tatuajes, que todavía a día de hoy me implica correos casi diarios pidiendo traducciones de frases célebres, el nombre de mi perro y confirmaciones de palabras “para estar seguro de lo que me escribo en el cuerpo”. Asimismo, todo lo que escribo sobre Ganesha tiene siempre muchas visitas. Y luego hay textos que inesperadamente son muy populares como el de Śavāsana, que en menos de dos meses está entrando en el top ten.

Como aclaración hay que decir que un millón de visitas no implica un millón de “lectores”, pues hay personas que visitan el blog repetidas veces (incluso en un mismo día). En este sentido, quizás sea realista atribuirles unas 100.000 visitas a mi madre y a mi prima Virginia, fieles lectoras desde el origen (de todos modos 900.000 visitas sigue siendo un número para celebrar, ¿no?).

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En estos siete años, este blog ha sido el germen y motor de mis dos libros: el auto-editado Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino, que a pesar de ese título tan largo y poco comercial se ha vendido en diferentes formatos desde 2010 y ahora sólo está disponible en .PDF. Y el reciente Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo, publicado por Editorial Kairós en febrero 2015 y que ha tenido buena recepción en general.

Mi plan es seguir publicando cada semana, viajar a la India este año, escribir otro libro (o más) que tengo en mente y dejar que este “trabajo” me sirva para aprender más y me inspire para practicar más, que es lo único vital en el camino espiritual.

Agradezco a Swami Premananda, mi maestro espiritual, que me impulsó a escribir sobre mis experiencias en la India y, por consecuencia, a empezar este blog. Sin su guía, su ejemplo y su apoyo yo no estaría escribiendo esto y, aún más importante, no sé qué sería de mí en la vida.

Agradezco también a todas las personas que leen Hijo de Vecino y espero poder seguir cumpliendo con mi rol de difundir la tradición espiritual de la India lo mejor posible.

Y parafraseando a esos mensajes fraudulentos que salen en las páginas webs:

“No es broma, ¡Usted es el visitante nº 1.000.000!”.

¡El regreso de los pavos!

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Hace exactamente dos años se publicaba el primer post de este blog, y cuando eso sucedió no pensé que estas dos palabras de una sílaba y tres consonantes se convertirían en pan de cada día, tanto para mí como para mi entorno.

Justamente ayer regresamos, con Nuria, a Barcelona, la ciudad que vio nacer efectivamente esta bitácora digital. Y digo nacer, porque la fecundación primigenia tuvo lugar en la sagrada tierra de la India, ¿dónde sino?

Ante esta efeméride, y fiel a mi bianual puntualidad semanal, con los husos horarios trastornados, maletas semi-llenas en el salón y una sospechosa pila de cartas junto al portal, trataré de explicar, de manera resumida, la trastienda y evolución de este diario de viaje espiritual online.

Germen

Escribir me gusta mucho y la India también. Son dos de mis grandes pasiones, ambas alimentadas desde niño. Por ello, era quizás inevitable que algún día yo escribiera metódicamente sobre la India.

Sin embargo, no me imaginaba que sería de la forma que fue.

A este respecto, quienes han asistido a las presentaciones del libro “Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino” (o han leído el prólogo del libro) conocen esta parte de la historia. De todos modos, estoy seguro que sabrán consentir este déjà vu abreviado.

En enero de 2007 visité a Swami Premananda, mi maestro espiritual, en el sur de la India. Entre otros temas, le pedí consejo sobre mi vida profesional, sobre todo como periodista.

Su respuesta final fue, “Un libro espiritual, escribe un libro espiritual”, a la vez que en el aire iba dibujando el posible título con la mano, mientras decía, como si lo leyera, casi deletreando, “Mis experiencias en la India”.

Seguidamente, Swami me aconsejó escribir acerca de mis experiencias con diferentes maestros espirituales, entre los cuales nombró a Sathya Sai Baba y Ammaji, aunque en un gesto de su típica modestia no se incluyó a sí mismo en la lista.

Fue así como, gracias a las palabras de mi maestro, se materializó una intención propia que tenía, algo escondida, en lo profundo del arcón de mis deseos. Un deseo que pocas veces me anima a mirar de frente, dejándolo siempre para más adelante.

Más allá de la alegría que me produjo que Swami me impulsara hacia la escritura de un libro, demoré bastante en ponerme manos a la obra, abrumado por la seriedad del trabajo que me esperaba.

En realidad, pasó más de un año desde que Swami me dio su consejo, hasta el día en que me senté por primera vez a redactar concienzudamente la primera línea de lo que algún día sería un libro, aunque ahora era un blog…

Click

La idea de sentarme a escribir un libro desde cero me abrumaba. La clave que me permitió comenzar la tarea de una buena vez me fue dada por la valiosa sugerencia de mi amigo Daniel Abate Daga: hacer un blog.

Probablemente, en el pasado, algún otro amigo ya había sugerido de manera tangencial la alternativa digital, pero se ve que cuando lo dijo el Dani, mi sensibilidad estaba más permeable a las ideas nuevas.

También puede que haya influido un diálogo que el Dani había tenido con un editor, en el que a mi amigo le era revelado el cruel secreto para publicar un libro: “Ser conocido”.

De esta forma, tener un blog era un primer paso para lograr algún tipo de reconocimiento; pero principalmente era una solución perfecta para mis obstáculos de escritor novel. Es decir, en lugar de abrumarme con la prolongada idea de hacer un libro, escribiría una crónica semanal que podría ser leída online sincrónicamente, suponiéndome así un compromiso con el lector, a la vez que me permitiría conocer su feedback.

Asimismo, el blog se convirtió en un efectivo método de avanzar sin pausas con la creación literaria, ya que mi compromiso semanal me “obligaba” a escribir, pase lo que pase.

De esta forma, desde finales del mes de mayo de 2008, y durante cada viernes, he escrito una nueva crónica, que con el pasar de los meses fueron lentamente sumando kilobytes en la Internet y, para mi sorpresa, también una gran cantidad de tinta cuando fueron pasadas al papel, en la versión libro.

Es verdad, el blog fue un medio para conseguir un fin: el libro.

Sin embargo, con el paso de las semanas, el blog también fue cobrando su propia entidad y en cierta forma ha superado al libro, por varias razones.

Por un lado, online hay actualmente el doble de crónicas de las que pudieron ser publicadas en papel, ya que cuando se comenzó el proyecto del libro como tal, hubo que decidir un punto de cierre, y desde entonces el blog ha seguido actualizándose puntualmente.

Por otro lado, una de las virtudes de los medios digitales es la eliminación, a su modo, de las barreras espaciales, por lo que el blog puede ser leído, desde su casa, por personas de cualquier parte del mundo, a diferencia del libro de papel.

Estadísticas

Evidentemente, al inicio de esta historia digital las visitas al blog eran pocas. Como método publicitario, creé una lista de contactos compuesta en su mayoría por mis amigos y también conocidos, que rondaba las ciento veinte personas. A dicha lista envié un e-mail informando del nacimiento del blog, aunque luego, sin premeditación, continué con dicho “mail de actualización” cada semana.

Alguien me dijo que técnicamente esta acción no se considera spam, ya que soy un “remitente conocido” para mis contactos; de todos modos, estoy seguro de que muchos me han puesto en el “correo no deseado”, y dos o tres personas me han pedido expresamente quitarlos de la lista.

Dicho mail de actualización continúa a día de hoy, y la lista se ha ido incrementando en estos dos años, ya que, aun que no lo crean, hay personas que voluntariamente piden ser incluidas en la lista.

Puede que actualmente no sea necesario recurrir al mail para tener más tráfico en el blog, pero hace dos años el promedio de visitas diarias era de dieciséis (quinientas por mes aprox.). Durante ocho meses (junio 2008 a enero 2009) este patrón no se modificó, no obstante una pequeña nota sobre el blog en el conocido periódico catalán “La Vanguardia”.

Fue en febrero 2009 cuando hubo un aumento en las visitas, que extrañamente se duplicaron a treinta y tres por día (mil por mes aprox.). Este cambio coincidió con mi visita a la India, específicamente al Ashram de Swami Premananda, con quien tuve la fortuna de hablar, entre otros temas, del blog. Sobre ello, Swami me dijo que lo que había escrito era correcto y que siguiera adelante.

Después de aquellas palabras de Swami, las visitas al blog no dejaron de crecer y, paulatinamente, llegaron a ser alrededor de cien diarias (tres mil por mes aprox.). Fue en este momento, un año más tarde, en febrero 2010, que volví a viajar a la India. Una vez más tuve la bendición de ver a Swami Premananda y hablar con él. Para ese entonces, ya tenía el libro de papel conmigo y le hice entrega de un ejemplar a mi maestro.

Al volver a Occidente noté que las visitas habían pasado a ser ciento setenta por día (5250 en el mes de marzo), y dos meses después, en este segundo aniversario del blog, son más de doscientas visitas diarias (más de seis mil en el mes de mayo).

Todos estos datos no son para mostrar cuánto más popular se ha vuelto “Hijo de Vecino”, sino para destacar cómo cada una de mis visitas a Swami le ha dado un inusual impulso de tráfico al blog, en contra de las estadísticas, de hecho. Vaya coincidencia.

Detalles

Más allá del empujón anual de Swami, hay un par de detalles estadísticos que pueden ser destacados.

Aparte de la página principal, el post más visitado en dos años (más de ocho mil visitas en total) es, “Ganesha, la deidad con cabeza de elefante”, la crónica personal de mi relación con la deidad más popular de la India, que haciendo honor a este título es muy buscada en la web (y yo recibo los beneficios colaterales).

En el segundo puesto (con más de cinco mil visitas totales), también debido a su popularidad general, está la crónica sobre “Hanuman, el dios mono”.

En la sección de “Estadísticas” de WordPress hay un apartado que enumera “las palabras con las cuales las personas encuentran el blog”. Es decir, qué palabras, puestas en diferentes buscadores de Internet, llevan a algún post de mi diario de viaje digital.

No es sorpresivo que la palabra principal sea Ganesha (y su versión abreviada, Ganesh), que suma casi tres mil clicks.

Lo que sí me sorprende es la aparición de la palabra “océano”, con casi la misma cantidad de clicks. Durante mucho tiempo descreí de ese dato, pues yo mismo lo he intentado y, como es lógico, con “océano” este blog no aparece ni entre las primeras ciento cincuenta entradas de Google. Sin embargo, si uno busca “Imágenes” sobre el océano, entonces sí aparece “Hijo de Vecino”, en segundo lugar, con la fotografía de un infinito mar. De la misma forma que yo tomé, hace meses, dicha imagen de la red, para ejemplificar una idea que Swami repite con frecuencia – “La espiritualidad es un océano” -, se ve que ahora también hay otros internautas que la necesitan.

En general, la mayoría de las palabras que con más asiduidad guían a los internautas hacia el blog son de tinte hindú: Krishna, Karma, Hanuman, Parvati, Varanasi… Sin embargo, hay otra excepción excéntrica, y se trata de “Chapulín colorado”. Otra vez, como con “océano”, es la búsqueda de la imagen la que hace del torpe pero querible superhéroe mexicano uno de los protagonistas de las estadísticas.

Comentarios

Cuando me toca nombrar el punto más débil del blog desde el punto de vista estadístico, no tengo dudas que son los comentarios. No la calidad de los mismos, faltaría más, sino la cantidad.

Soy consciente, pues así fui instruido en casa, la Universidad y la espiritualidad, que la calidad es preferible a la cantidad. De todas formas, teniendo en cuenta el número de posts que lleva el blog (con el de hoy son 104), la cantidad de comentarios me parece baja (198 al publicar este post). Es decir que, en promedio, hay menos de dos comentarios por entrada publicada.

Teniendo en cuenta, además, que el número de visitas actuales es de más de mil por semana, me parece extraño que no haya más de dos comentarios semanales. Es verdad que las estadísticas son muchas veces engañosas. Con mucha probabilidad, gran cantidad de los visitantes del blog no permanecen largos periodos o ni siquiera leen, pues, como hemos visto, llegan en busca de imágenes.

De todos modos, me gusta creer que hay personas que sí leen el blog y, por ende, podrían tener algún comentario en mente. Me han dicho que la naturaleza de los temas tratados, a veces “complejos” o “profundos”, podría ser un freno para que más personas dejen sus comentarios. No lo sé. Personalmente trato de que los textos sean claros y, en lo posible, alejados de lenguajes demasiado “metafísicos” o ajenos.

A su vez, es verdad que los textos de este blog son largos para la media de los textos digitales, y es también probable que al llegar al final, en el caso de llegar, a muy pocos lectores les quede aliento para, además, escribir un comentario.

Bromas aparte, agradecería cualquier sugerencia sobre este tema, y no porque necesariamente quiera que me pongan comentarios sobre los comentarios.

Evolución

Recapitulando, la evolución del blog en estos dos años no sólo pasa por lo estadístico. También ha habido algunos cambios a nivel formal y literario, sobre todo basado en sugerencias de amigos (por ello también recurro a ustedes por el tema de los comentarios).

Con el paso de las semanas, y siguiendo algunas opiniones (la más fundamentalista de parte de Julieta), decidí poner muchas más imágenes ilustrativas en las crónicas, sobre todo para aliviar la lectura frente a la pantalla, gran enemiga de los textos digitales.

Asimismo, implementé la modalidad de los subtítulos, de manera que la lectura sea más espaciada y generé en el lector el alivio mental del que hablaba apenas más arriba. Por esta misma razón, algunos textos recientes son menos extensos que los primeros, aunque sobre esto debo decir que, en general, todavía mi cabeza se rige por la escuela de la tinta y el papel.

Otro detalle que ha variado mínimamente es la imagen de cabecera del blog, que en sus orígenes, y por muchos meses, tenía dos pavos reales paseándose por el techo de hojas de palmera de una de las construcciones del Sri Premananda Ashram, en la India.

En cierto momento, para dar un golpe de marketing, cambié la imagen de los pavos por una fotografía, también mía, de un viejo sadhu y una vaca en Rishikesh. Además de contener elementos clásicos de la iconografía india, sobre todo para el imaginario occidental, la foto es en color sepia, lo cual le da un aire más mítico, se podría decir.

Atendiendo al segundo aniversario del blog, he retocado la imagen original de los pavos, de los que tanto me costó desapegarme, para ilustrar de manera naif el silencioso festejo de esta redacción unipersonal.

Fieles

En realidad, decir “redacción unipersonal” es injusto. Porque si bien yo soy el que escribe, hay un equipo de contención que me ha hecho más asfaltado el camino de estos dos años.

Por un lado, Nuria, que ha resignado decenas de actividades de viernes por la noche y que ha acomodado sus cronogramas en pos (y en post, je) del blog. Además de sus opiniones, sugerencias y sostén permanentes.

Por otro lado, los fieles lectores, con mi mamá encabezando la lista, que desde la cercanía y la lejanía, según el caso, siempre parece desesperada por leer el blog. No es un reproche, claro.

En la misma bolsa desesperada entran otros lectores, sobre todo Alex y Paula, quienes no perdonan un mínimo atraso en la actualización del blog. Su interés y apoyo han sido permanentes, excepto cuando Paulita comenzó un boicot al blog, que consistía en no leerlo hasta que yo diera más prioridad a mis amigos que a la escritura. Esta sensación de abandono se trasluce de manera excelente en el único post publicado hasta ahora en “Las verdades de Alex”, y titulado “La verdad sobre Narén” (así escrito, con acento en la “e”).

Recomiendo su lectura, sobre todo para los que me conocen, y también para los que gustan de la ironía y el sarcasmo.

Esta misma repercusión, aunque atenuada, fue vivida por todos mis amigos alrededor del mundo, de una u otra forma. No obstante este hartazgo temporal con el blog (acentuado por mi e-mail semanal), la mayoría de ellos han regresado con más fuerzas, o al menos eso me han hecho creer. Mi agradecimiento para con ellos (o sea, ustedes).

Swami en el Ashram - 2009

Swami en el Ashram - 2009

104

Después de ciento cuatro semanas de constante escritura, soy consciente de que a quien más ayuda el blog (y también la versión en libro) es a mí mismo. Soy consciente de que Swami Premananda me impulsó hacia la concreción de este antiguo deseo para ayudarme, sobre todo, a cumplir con mis necesidades profundas de escribir. Además de servirme de lugar de reflexión, no siempre afable, sobre mis propias creencias y argumentos.

Por ello, en el ranking del “equipo del contención”, Swami está en el primer puesto. Porque no sólo me impulsó a cumplir un anhelo literario, sino que además estuvo (y está) a mi flanco durante todo el proceso, sirviéndome de inspiración y guía.

No siempre escribo sobre Swami, no siempre escribo sobre temas estrictamente “espirituales”, pero siempre escribo pensado en él y en sus enseñanzas espirituales, que no son otras que las enseñazas universales y eternas para ser más feliz.

Ojalá eso se note, al menos, en algún fragmento de los textos de estos dos años.

Ojalá, también, que si hay otro(s) aniversario(s), la vibración de Swami y su energía espiritual se sientan, cada vez, mucho más.

Imagen de blog:

enriquedans.com

El blog en los medios

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No lo puedo evitar. Ya vengo con la cuestión del libro desde hace un par de semanas y no logro cambiar el disco. Sepan entender.

En realidad, el tema del libro me viene rondando desde hace muchos meses, sobre todo con el proceso de corrección y edición. Por otro lado, el proceso de publicación también fue desgastante, porque implicaba trabajar a la distancia, ya que el libro fue impreso en la ciudad de Córdoba, Argentina, mientras yo estaba en Barcelona.

El duro trabajo de seguimiento (y hasta hostigamiento) para con la imprenta cordobesa, fue hecho principalmente por mi madre, por una cuestión de cercanía física, aunque también por motivos de carácter. Quiero decir: en general, a mí me cuesta ser proactivo y necesito algún estímulo exterior para arrancar con las cosas. Mi mamá es más determinada, o al menos, pone en acción la fuerza de voluntad de manera continua, y entonces se encargó de llamar a la imprenta cada día durante tres semanas, para así asegurar la puntual entrega de los doscientos ejemplares del “Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino”.

No cuento todo esto sólo para que sepan que todavía soy un “nene de mamá”, sino porque he descubierto (como sospechaba), que una vez publicado el libro, el trabajo que me espera es, al menos, igual de duro que el de la escritura del mismo.

De hecho, estoy viendo que el libro está pasando de ser un ejercicio literario a convertirse en un “ejercicio espiritual”.

Difusión

 

Evidentemente, el hecho de que el libro esté publicado en carne y hueso no garantiza, ni mucho menos, que el libro se difunda, se distribuya, y en última instancia, se venda. Para lograr estos objetivos, es necesario moverse, es decir, trabajar.

En algún impermeable recodo de mi corazón de escritor, perdura la ilusión de que una vez escrito, el libro se venda solo. O sea, se eleve solo; solito se traslade hacia los escaparates de las librerías; también solo lleve su imagen a la mente de los potenciales lectores, creándoles el deseo irrefrenable de leerlo; para finalmente llegar a sus manos, con la ayuda del librero de turno.

Ya sé que es obvio, pero bueno, hay cosas que no se comprenden hasta que se viven tangiblemente.

Por suerte para el libro, mi mamá (mi Agente de Prensa, entre muchos otros cargos), había previsto algunas de estas obviedades, de manera que organizó dos presentaciones públicas del libro. Más allá de mi negación inicial, las presentaciones resultaron ser satisfactorias para mí, y además una forma excelente de poner en práctica la auto-confianza, el coraje y la calma, entre otras tantas aptitudes a desarrollar.

Además de las presentaciones, hubo una ronda por los medios, por supuesto organizada por mis padres. Una ronda mediática que, cómo no, también iba a requerir de gimnasia espiritual.

Desprevenido

En realidad, el primer contacto fue hecho con una buena amiga periodista, Carolina, que trabaja en el canal televisivo de Cemdo, en Villa Dolores.

Allí llegamos una mañana, con Nuria, para grabar mi primera aparición televisiva.

Además de Carolina, estaba Daniel, el periodista que a la sazón me haría la nota. Daniel me hizo sentar en una pequeña mesa redonda, junto a él, y yo me preparé mentalmente para dar mi primera entrevista. Lo bueno, pensé, es que al ser grabada, cualquier gran metida de pata podría ser reparada, si era necesario.

Entonces, Daniel dijo, “Aquí estamos de vuelta, en nuestro programa de la mañana, televisión en vivo, señoras y señores”.

Con mi sagacidad característica, me di cuenta que estábamos saliendo sin filtros al aire, en un programa matinal que yo desconocía, pues había llegado al canal pensando en grabar una breve nota para el noticiero del mediodía.

Obviamente, no fue tan grave. De todos modos, tuve que cambiar el marco mental en un segundo y adaptarme. A este respecto, Swami Premananda dice que el principal motivo por el que nos enfadamos es que los hechos no se adecuan a nuestras expectativas. Cuando algo no sucede de la manera que lo esperábamos, entonces nos ofuscamos o confundimos.

En mi caso, claro, el paso del programa grabado al directo no se puede considerar entre las pruebas más duras para el ser humano, aunque sí me hizo trabajar el aspecto de adaptación a las nuevas condiciones y el abandono de las expectativas.

Es por detalles pequeños como este que hablo de la difusión del libro como un ejercicio espiritual.

Justamente hablando de expectativas, Nuria estaba filmando el backstage del programa con su cámara de mano, luego de haber rechazado gentilmente la invitación del periodista de sentarse en la mesa redonda.

A poco de comenzada la entrevista, el periodista, en un gesto que el mismo calificó graciosamente como “traición”, pidió que las cámaras enfocaran a Nuria y la “instó” a unirse a la mesa. El carácter de extranjera de Nuria, es decir su catalanidad/españolidad, fueron un gancho periodístico demasiado apetitoso para dejarse escapar.

De esta forma, Nuria se tuvo que sentar entre nosotros, para también hablar de sus experiencias en la India, e incluso de las diferencias entre Argentina y España. Esta vez fue ella la que tuvo que adecuar sus expectativas, de camarógrafa escondida a entrevistada televisiva.

De todos modos, hay que aclarar que Nuria, fiel a su estilo, no robó excesiva cámara, y fui yo el que habló más.

Confusión

 

Sin embargo, en la siguiente aparición mediática, el imán de la extranjería volvió a entrar en acción.

Me explico: nuestra siguiente parada fue Radio Champaquí, siempre en Villa Dolores. Allí fue como adelantado mi padre, preparando el terreno mientras Nuria y yo llegábamos desde el canal de televisión.

Una vez en el salón de espera del estudio radial, uno de los locutores nos pidió paciencia, y al rato informó a la audiencia de la futura entrevista. Dijo algo así como, “Después de la pausa comercial hablaremos con la autora del libro”.

Es normal. No es la primera vez que mi raro nombre lleva a confusión a quienes no me conocen. Esto, sumado a la presencia de una chica en la sala, hace que estos errores pasen. Es normal.

Una vez en el aire, el presentador del programa hizo la corrección correspondiente y todos contentos.

Esta vez Nuria se quedó afuera del estudio, sobre todo por miedo a que la forzaran a hablar.

Sin duda, el libro está poniéndonos a prueba a los dos.

Redundancia

 

Al terminar la entrevista, nos dirigimos a Radio Libertad, a una calle de distancia. Allí nos recibieron sin problemas, y otra serie de preguntas y respuestas fue enviada al éter.

Por la noche, un canal de televisión se acercó al lugar de la presentación para hacer una entrevista relámpago, para el noticiero de la noche. A su vez, el canal de la mañana (Cemdo) filmó parte de la charla pública para un futuro noticiero.

Al día siguiente, la reseña de la charla apareció en el diario local, llamado Diario Democracia. Más tarde en la semana, yo visité dicho diario donde también me hicieron una entrevista.

Asimismo, fui recibido en la Radio de Las Rosas, donde se habló de la segunda presentación del libro y otros pormenores.

A este punto, ya se me había hecho más natural responder a distintas preguntas, aunque no siempre estaba listo para las respuestas. Durante estas entrevistas, expliqué varias veces los motivos del libro y su contenido, conté detalles de la India y de mis intereses espirituales; repeticiones todas que además de difundir, me sirvieron para pasar en limpio en mi cabeza cuestiones que ya sabía, pero no necesariamente estaban bien ordenadas para el discurso público.

En algún momento, con infantil auto-conmiseración, pensé que repetir sin cesar las mismas ideas era cansador para mí mismo. Luego pensé que de eso se trata difundir. También pensé que era trabajo y había que hacerlo. Finalmente, pensé que Swami Premananda repite las mismas enseñanzas espirituales, incluso a las mismas personas, desde hace muchos años. Las repite una y otra vez, como si fuera la primera vez.

Si yo quiero ser un digno discípulo de Swami Premananda, si quiero que el libro también me sirva para mejorar espiritualmente; entonces, será necesario, entre otras cosas, que diga mis ideas más de una vez, con o sin micrófonos, pero tratando de mantener la convicción, siendo fiel a mí mismo y a mi obra.

Como un constante ejercicio espiritual.

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