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¿Todo está escrito?

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Hace algunos meses escribí una crónica sobre el concepto que dice que “Todo es voluntad de Dios”. Asimismo, en aquella ocasión me vi tentado a ampliar el texto con otra idea filosófica referente a si “todo ya está escrito”, es decir, básicamente, nuestro destino (individual y global, claro).

Tratándose de un concepto complejo, muy discutido por todas las escuelas filosóficas y teológicas, al punto de estar lejos de una respuesta consensuada, entonces decidí dejarlo para más adelante, a sabiendas de que el afán abarcativo me haría perder capacidad de apriete.

Ahora, sin estar del todo listo, en un gesto de kamikaze valentía he decidido volver a la carga para indagar en una cuestión de cariz puramente filosófico.

¡Pero no teman! (también me lo digo a mí mismo) Con las enseñanzas espirituales como hilo, estoy seguro de que encontraré una salida para este laberinto, habitado por el Minotauro de las especulaciones intelectuales.

Una salida que, incluso, puede ser feliz.

Albedrío

Leyendo la edición de mayo 2010 de la revista oficial del Sri Premananda Ashram de la India, llamada Prema Ananda Vahini, me encontré con un discurso que había dado Swami Premananda en el pasado mes de febrero, durante mi estadía en el Ashram. En aquel discurso (que, en realidad, se trataba de la respuesta a la pregunta de una devota), Swami había dicho que “No hay nada que podamos planear o hacer que no esté ya escrito”.

Asimismo, Swami dijo que es “Dios el que hace todo esto (lo que sucede)”, significando así la cuestión ya analizada de que “Todo es voluntad de Dios”.

Sin embargo, desde el plano estrictamente filosófico, se puede hallar un leve matiz entre las dos ideas. El hecho de que “todo fue, es y será voluntad de Dios” implica una forma espiritual de aceptación para cada hecho de la vida como un hecho correcto, un hecho que sucede por una razón correcta (ya sea como una prueba espiritual, como un hecho que nos enseña algo, como un efecto inevitable del karma acumulado…) En cierto sentido, pensar que todo lo que nos suceda será voluntad de Dios nos tranquiliza, pues nos da la seguridad que será lo mejor y lo correcto.

Por su parte, la idea de que “todo ya está escrito” también podría producir un efecto similar, de que nuestra vida (o destino) fue diseñada por Dios, y por ende irá a buen puerto. Pero a la vez, según he comprobado personalmente y a través de amigos, es normal que esta idea genere confusión y desaliento. Es decir, si realmente está todo escrito, ¿cuál es el rol de cada persona en su propio destino? Para muchos, de esta idea se desprende que uno no es más que un títere del destino (o de quien sea), que carece de autonomía y que, a fin de cuentas, no tiene libre albedrío.

marioneta

Aporía

Hace algunos años, un amigo que gustaba de los debates intelectuales y además había estudiado filosofía, sembró en mí el dilema sobre el nivel de autonomía individual frente a la idea de que todo ya esté escrito.

En aquel entonces recurrí a mi tío Murali, que para ilustrarme sobre la inutilidad de las especulaciones meramente intelectuales me citó una versión de la “paradoja de la piedra” que decía: “¿Puede Dios, en su omnipotencia, crear una piedra indestructible que ni Él mismo pueda destruir?”

Investigando, veo que este tipo de enunciado se enrola bajo una categoría denominada “paradojas de la omnipotencia”. La paradoja es evidente: si Dios es omnipotente tendría que poder crear dicha piedra indestructible, y también romperla, pero si la rompe anularía la propia omnipotencia original.

Dependiendo del temperamento filosófico de cada uno, esta cuestión puede parecer profunda o vana. Al parecer, grandes filósofos y teólogos de todos los tiempos han invertido su tiempo en esta idea, sin sacar, por ello, una conclusión decisiva.

Según parece, se trata de una aporía, es decir, según la RAE, “un enunciando que expresa o contiene una inviabilidad de orden racional”. Paradójicamente (y nunca mejor usado el adverbio), a pesar de contener una “inviabilidad de orden racional”, este concepto ha sido usado por la Filosofía durante siglos, para intentar demostrar la existencia o no-existencia de Dios.

No pretendo profundizar mucho más en la cuestión de las aporías, aunque sí que me gustaría citar una idea que encontré en Internet del intelectual y ensayista C.S. Lewis sobre la paradoja de la omnipotencia. Según él, “una combinación sin sentido de términos no adquiere sentido sólo por ponerle adelante palabras como ‘Dios puede’”.

Esto me hace acordar a esas ideas sin sentido que le vienen a uno a la cabeza cuando es chico, por ejemplo: “Si un asesino nos tiene atrapados a mí y a mi mamá, haciéndome elegir a quien de los dos matar, ¿qué elegiría? Obviamente, prefiero que me mate a mí para que mi mamá viva, porque la quiero. Pero si el asesino me mata a mí, mi mamá sufriría mucho, y entonces es mejor que la mate a ella para que sufra menos …”  Si la disyuntiva suena tortuosa, pues ¡mejor! ¡esa es la idea! Se trata de una mera especulación intelectual que no tiene sentido ni asidero en la realidad.

Es decir, una pérdida de tiempo.

Piedra

Acción

Entonces, volviendo a “todo está escrito”, ¿cuál sería el sentido de este planteamiento? Uno podría decir que incluso si no actúa, eso ya está escrito, por tanto prefiero no hacer nada, si a fin de cuentas el resultado será el mismo. Es decir, si todo está escrito ¿qué sentido tiene actuar?

Evidentemente, por más vueltas filosóficas que uno le dé, es inevitable actuar. Puede estar todo escrito, pero uno no sabe cuál es ese contenido y por ende tiene que tomar decisiones y realizar acciones de forma diaria.
Asimismo, dichas decisiones/acciones deben ser las que uno considere correctas, es decir aquellas que nos hagan más felices, pues más allá de lo que pueda estar escrito uno experimenta los resultados con la propia felicidad o el propio sufrimiento.

O sea, si uno se aprovecha de este dilema filosófico y decide quedarse todo el día en la cama diciendo que ya está escrito, llegará un punto que le corten la electricidad por falta de pago y se le vacíe la nevera, lo cual lógicamente también estará escrito, al igual que el hambre que uno pasará… Sin embargo, no creo que la idea de que todo está escrito sea suficiente para calmar nuestro hambre, a menos que uno esté en sintonía perfecta con el ya escrito plan Divino.

Según me explica mi tío Murali (a quien he recurrido nuevamente en esta ocasión), esta sintonía con la voluntad de Dios “sólo puede experimentarse después de trascender la dualidad y el ego”, y en ese caso ya todo nos parecería voluntad de Dios, pues estaríamos en contacto con el plano trascendental o absoluto.

Sin embargo, en el plano relativo, donde estamos la mayoría, uno no puede percibir realmente aquello que está escrito y por ende “experimenta una libertad que le obliga a discernir, a elegir, pues de lo contrario sufre las consecuencias de sus errores”.

Auriga

Me parece evidente que si uno quisiera se podría pasar la vida entera analizando estos dilemas intelectuales, sin llegar a una conclusión cierta.

Siendo totalmente prácticos, es mejor dejar de lado estas especulaciones y, más allá de lo que esté escrito, actuar como si todo dependiera de uno mismo.

A su vez, desde una óptica espiritual, también conviene saber que, en el fondo, todo es voluntad de Dios. Es decir, a pesar de ser uno el que (aparentemente) toma las decisiones, no creerse el Hacedor.

A este respecto, me viene a la mente un concepto que aparece con frecuencia en las enseñanzas del gran santo bengalí Sri Ramakrishna Paramahansa: “Yo soy la máquina y Tú, oh Señor, el Maquinista. Yo soy la casa y Tú eres el Morador. Soy el carro y Tú eres el Auriga. Me muevo como Tú me mueves; hablo como Tú me haces hablar”.

En resumen, ya sea que uno crea o no que todo está escrito, deberá ineluctablemente actuar a cada momento; ya sea que uno considere o no que tiene libre albedrío, deberá decidir a cada instante; y siempre, en todo los casos, con la consigna de hacer lo correcto para la propia felicidad y también la ajena.

Siguiendo este método, entonces, la aceptación espiritual de que todo es voluntad Divina (o todo ya está escrito) nos sirve para estar tranquilos con nuestras propias acciones y decisiones.

De hecho, la popular frase “Que sea lo que Dios quiera”, refiere a que después de la decisión tomada por una persona, ésta se entrega a la voluntad Divina.

O sea, y repitiendo una enseñaza espiritual fundamental, uno debería actuar como si todo dependiera de sí mismo, pero sin olvidarse que en realidad todo depende de Dios.

Imágenes:

catalogomagico.blogspot.com

deista.wordpress.com

artespain.com

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  1. Que buen post!
    Pero donde esta el debate? es que los lectores no son polemistas o es que aceptan la voluntad del Hacedor del blog? jajaja

    Responder
  2. Pablo Aguilar.

    No te puedes hacer una idea de lo aliviado que me he sentido al leer lo que estaba buscando, si he llegado a tu misma reflexión ha sido por que en un inicio decidí buscar la respuesta..lo que es realmente bueno es lo conciso de la solución que propones;

    A. Uno no puede estar quieto pensando que la voluntad divina o cosmos lo hará todo
    B. Uno no puede querer controlar las dos partes de la ecuación..humano y divino (o cosmos) dentro de la misma acción….lo puede intentar con fatales consecuencias normalmente.

    C. SOLUCIÓN; uno hace lo que cree conveniente de una manerta correcta desde su punto de vista individual consciente de que esa decisión_acción deberá ser refrendada o completada por la parte divina o cosmos

    RESUMEN;
    “—la popular frase “Que sea lo que Dios quiera”, refiere a que después de la decisión tomada por una persona, ésta se entrega a la voluntad Divina.”

    Realmente tu lectura me ha servido para atar bastantes cabos que llevaba sueltos por mi cabeza, y lo mejor es que la hipótesis es muy fuerte y sólida con pocos puntos débiles…mil gracias por tu aporte!!!!!

    Responder
  3. Me ha encantado. Llevo ya un tiempo pensando lo mismo, y aunque, como tu dices, en la gente este pensamiento genera cierto rechazo, yo me siento totalmente ceñido a el. Un fuerte abrazo.

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