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El milagro de Guru Purnima

La semana pasada escribí sobre Guru Purnima, el día en que se honra al maestro espiritual, que este año 2011 cayó el viernes 15 de julio. Dos días más tarde, todavía frescas las celebraciones, el Sri Premananda Ashram de la India hizo un anuncio grandioso:

“Hoy 17 de julio de 2011 a las 3 de la tarde, cuando los devotos entraban en el Puya Hall en el Ashram, ¡vieron que la foto de Swamiyi estaba cubierta de vibhuti!
Tocaron la campana de emergencia y todo el mundo fue corriendo al Puya Hall a regocijarse en este milagro. Se repartió un poco de vibhuti a todos, mientras se sentaban a cantar bhayans o a meditar”.

Aquí debajo se puede observar la fotografía enviada por el Ashram, tomada momentos después de haberse descubierto el vibhuti:

Vibhuti fluyendo de la fotografía de Swami Premananda en el Puja Hall del Sri Premananda Ashram (17/07/2011)

Vibhuti es la ceniza sagrada y esta no es primera vez que un milagro así sucede en el Ashram. Yo personalmente lo vi, con otra foto, en el año 2003 y, también, a través del cuerpo de Swami en el extraordinario fenómeno llamado Vibhutibhava, durante Mahashivaratri 2010.

No soy quien para ponerle categorías a los milagros, pero la diferencia de los anteriores con el de este Guru Purnima es que Swami no está físicamente con vida, lo cual hace, para mí, más maravilloso el evento.

Ya en marzo de 2011 ocurrió algo similar cuando un Shivalingam apareció en el recién instalado Samadhi de Swami, cumpliendo rigurosamente con la manifestación de Lingams que Swami venía haciendo desde hace más de 40 años. Aquel hecho fue extraordinario.

Lo mismo pasa con la generación espontánea de vibhuti en la foto. Para muchos devotos esto es un signo de que Swami sigue presente a pesar de haber abandonado su cuerpo físico. Sin duda.

Por otra parte, es una muestra de que el poder Divino trasciende la acotada lógica de la materia que tenemos todos, lo cual es una obviedad en la teoría, pero es didáctico comprobar en la práctica. ¿Cómo es posible que salga ceniza de una fotografía? ¿Quién produce un fenómeno de esta naturaleza sino es Dios o una energía universal?

Las mentes más escépticas, que en la foto tienden a ver algo así como un cuadro manchado con pintura gris, seguramente necesitarían una comprobación más cercana, con estudios científicos o pruebas irrefutables. Es normal.

Las mentes escépticas como la mía, pero que ya tuvieron la bendición de ver este tipo de prodigios y de conocer en persona a Swami Premananda, sabemos que lo de esta semana no es casual, que la pintura gris es ceniza sagrada y que el milagro no es otra cosa que el generoso regalo del Guru para sus devotos.

Guru Purnima y el mantra Asato Mā

Buscando entre los archivos del blog me sorprendo a mí mismo al no encontrar, en sus más de tres años de vida, ninguna referencia directa a Guru Purnima, el día del gurú. Tradicionalmente, en el hinduismo (y el budismo) hay un día al año en que se rinde honor al maestro espiritual y, si bien esta fecha es variable, siempre cae en la luna llena (a eso hace referencia la palabra sánscrita purnima) del mes hindú de Ashadh, que por lo general comprende porciones de junio y julio de nuestro calendario gregoriano.

Este año 2011 la celebración cae el viernes 15 de julio y, ya que no lo he hecho en el pasado, quería dedicar un post especial al tema; sobre todo ahora que todavía tengo muy presente el hecho de que mi maestro espiritual abandonara su cuerpo en febrero pasado y no está de más recordar(me) el sentido profundo de tener un gurú.

Dakshinamurti

Si uno lee la Wikipedia verá que allí se explica que el día del gurú se basa en el nacimiento del sabio Vyasa, que fue quien escribió el Mahābhārata entre otros textos sagrados. Como con todo lo referente a la mitología de la India, e incluso con lo referente a espiritualidad, hay más de una versión posible, por lo que la que propone la enciclopedia colectiva puede que sea la versión vaisnava, es decir la que prioriza a Vishnu y sus aspectos y encarnaciones como la Divinidad.

Si bien el Sri Premananda Ashram tiene una perspectiva muy amplia de las religiones y la espiritualidad, se podría decir que posee una tendencia más bien sivaita, o sea de privilegiar a Shiva como lo Divino, debido a la relación de Swami Premananda con los sagrados lingams y, además, al hecho de estar ubicado en el sur del país donde llegan con menos fuerza los hábitos que se consideran mayoritarios en la India.

Es por ello que, en este día especial, a quien se hace referencia en el Ashram es al Señor Dakshinamurti, de quien se dice es el Señor Shiva mismo que descendió a la Tierra para ser el primer gurú de la humanidad. Su imagen es, por lo general, la de un maestro sentado bajo un árbol baniano dando instrucción a sus discípulos, que no son cualquiera, sino grandes sabios y ascetas.

Más allá de estas diferencias en la tradición, está claro que en el Ashram de la India la persona que más se honra en el día del gurú es Swami Premananda.

Una vez al año

La mejor explicación sobre qué es Guru Purnima la da el mismo Swami en su discurso del año 2007 para conmemorar dicha celebración:

“Una vez cada 365 días Guru Purnima vuelve a tener lugar. Desde el tiempo en que este mundo fue creado hasta ahora, las enseñanzas del Guru han sido la razón por la que los seres humanos han logrado un estado elevado. Cuando los niños estudian en la escuela, al maestro que amorosamente les enseña allí, se le llama guru. A una persona que enseña a otra una profesión también se le llama guru. A una persona que enseña política también se le llama guru. Incluso los médicos que tratan a los pacientes en un hospital aprendieron meticulosamente cómo hacer eso y aquél de quien aprendieron es también una clase de guru. Por consiguiente, tener un guru es muy esencial para todo tipo de prácticas.

Sin embargo, este día es un día sagrado en el que celebramos gozosamente para mostrar respeto a aquél que enseña espiritualidad, como un modo de recordarnos a nosotros mismos acerca de sus enseñanzas, sus puntos de vista y sus consejos. Hacemos esto pensando en todos estos Gurus colmados de gracia divina, o pensando solamente en nuestro propio Guru. En un contexto espiritual, a este día se le denomina Guru Púrnima”.

Para celebrar este día se realizan diferentes tipos de rituales tradicionales (pujas), en el caso del Ashram se hace un yagam o ceremonia de fuego.

Swami dice que “llevamos a cabo la puja para pensar en las enseñanzas del Guru y para deshacernos de cualquier mal hábito que podamos tener a fin de alcanzar un elevado estado”.

Asimismo, agrega que “desde tiempos antiguos ha sido una gran creencia védica que el poder divino de los Gurus estará presente en la puja con mucha fuerza”.

Luego, como siempre, Swami da la versión más práctica de la espiritualidad: “Pensad en sus enseñanzas y asimiladlas con todo vuestro corazón. Ésta es la real gran puja de Guru Purnima”.

Práctica

Un aspecto clave en las enseñanzas de Premananda es la exhortación permanente a poner en práctica con presteza todo el bagaje teórico que abunda en el camino espiritual, cualquiera sea su versión. El Guru es necesario como guía para el discípulo porque le lleva por un camino que él mismo ya ha recorrido y completado de forma exitosa; según dicen las escrituras sagradas, sin maestro, el alumno podría no llegar nunca a la meta o, de hacerlo, tardaría infinitamente más tiempo (lo que es decir, muchas vidas).

En su discurso, Swami continúa:

“Tan sólo rezamos pidiendo la gracia de todos estos siddhas (maestros realizados), los grandes santos y avatares pero, realmente, lo que es importante es aceptar sus enseñanzas y seguirlas. En nuestros días la razón por la que la sociedad humana se acerca para obtener el darshan (visión) de santos, de avatares y de siddhas es el deseo de liberarse de sus problemas, dificultades y preocupaciones cotidianos, y los hombres esperan recibir la gracia de esos seres. Esto es como pensar en cosas pequeñas sin valor dentro de un círculo de puro interés personal”.

Y agrega:

“Nuestro nacimiento, este nacimiento humano, es un nacimiento inusual y elevado. Sin embargo, no estamos utilizando este nacimiento para tomar las medidas necesarias que nos permitan aceptar enteramente la gracia, las bendiciones y las enseñanzas de estos seres. No maduramos, no nos desarrollamos espiritualmente ni nos sumergimos en esa sabiduría ni logramos esa felicidad beatífica de manera permanente. Sólo nos dedicamos a resolver nuestros problemas y nuestras dificultades cotidianos y a involucrarnos en esto con todo nuestro corazón”.

De nuestra parte

Finalmente, Swami explica el verdadero sentido de la celebración:

“Guru Purnima es un día que, a través de las enseñanzas de los Gurus, pavimenta el camino para que nosotros hagamos sadhanas (prácticas espirituales) que conduzcan a una paz mental y una dicha firmes e inquebrantables. Lo que debemos comprender en este Guru Purnima es que únicamente sus enseñanzas nos guiarán por el sendero correcto hacia un estado espiritual elevado. Las enseñanzas son esenciales. Debemos seguirlas”.

Este discurso de Swami (que puede leerse completo clicando aquí) deja claro que los maestros espirituales están para darnos más cosas que los clásicos salud, dinero y amor, pero que depende de nosotros solicitarlas, aceptarlas y, más importante, ponerlas en práctica. En cierto sentido, algunas personas creen que por el solo hecho de tener un gurú, uno ya tiene solucionada la vida. No niego que, en gran parte, esto pueda ser así, pero en ese caso hay que tener mucha fe para aceptar todo lo que trae la vida como parte del entrenamiento del maestro.

En muchos casos, al tener un gurú, uno espera que éste le solucione los problemas del día a día para así poder vivir tranquilamente. En general, por más que se tenga un maestro, uno reniega de tener que pasar por situaciones incómodas y dolorosas para evolucionar espiritualmente y le pide al gurú que le arregle los conflictos de un plumazo, sin tener que poner gran esfuerzo de nuestra parte.

Por eso Swami dice que el gran ritual verdadero en honor al Guru es asimilar de corazón sus enseñanzas; porque no hay mayor signo de fe en el maestro que el tomarse a rajatabla sus palabras y su ejemplo, lo cual lleva a la auto-realización del discípulo que, a su vez, es el objetivo básico de todo maestro y su máxima felicidad.

Por tanto, el Gurú nos muestra el camino, nos alienta a emprenderlo y a no abandonarlo, pero el trayecto también debemos hacerlo nosotros. No es suficiente con esperar que el Guru nos lleve hasta el final sin nuestro esfuerzo.

Llévame

Existe un famoso mantra védico que aparece en el Brihadāranyaka Upanishad y dice:

“Asato mā sadgamaya tamaso mā jyotirgamaya mrtyor mā amrtamgamaya” (1.3.28)

Una traducción posible y usual sería: “Llévame (o guíame) de lo inexistente (lo falso) a lo existente (lo verdadero), llévame de la oscuridad a la luz, llévame de la muerte a la inmortalidad”.

Esta versión clásica no es mala ni incorrecta, pero sólo estudiando algo de sánscrito uno se llega a enterar de los detalles sutiles y profundos que se le escapan a la traducción popular.

Tratando de simplificar las cuestiones gramaticales que ni yo mismo domino del todo (¡muchas gracias Mar Olmos por las explicaciones técnicas!), puedo decir que la clave del mantra está en el verbo (gamaya), cuya raíz (gam) significa ‘ir’. En el original sánscrito no se utiliza el verbo ‘llevar’ o ‘guiar’, sino que se utiliza ‘ir’.

Asimismo, el verbo en cuestión está conjugado en segunda persona singular del modo imperativo, por tanto es una exhortación directa, en este caso un pedido más que una orden, que se traduce como ‘llévame’ (es decir: lleva tú – verbo imperativo -; a mí – objeto directo que es el vocablo -) porque la opción literal con el verbo ‘ir’ quedaría imposible, ya que la construcción ‘ve tú, a mí’ no encuentra salida digna (supongo que quedaría algo inexistente como ‘vesme’).

Sin embargo, la palabra gamaya está conjugada en una forma particular de imperativo que se denomina ‘causativo’ y que expresa una acción que no es desarrollada enteramente por el sujeto que, en nuestro ejemplo y desde el punto gramatical, es el Guru. De esta forma ‘yo’, es decir la persona que realiza el pedido, sería el objeto directo, aquello que es ‘llevado’ o ‘guiado’ por el Guru, de lo falso a lo verdadero, de la oscuridad a la luz, etc. Y aquí reside la importancia del verbo ‘ir, omitido en las traducciones clásicas.

Si el sujeto de la oración es el Guru, entonces éste realiza una acción (‘ir’), pero al ser ‘causativa’ no lo hace más que parcialmente, dejando la ejecución final de ese desplazamiento a un segundo sujeto que, en este caso, es el discípulo.

Utilizando el rigor filológico, como dice mi profesora de sánscrito, la traducción exacta sería, entonces:

“Haz que yo vaya de lo inexistente a lo existente, haz que yo vaya de la oscuridad a la luz, haz que yo vaya de la muerte a la inmortalidad”.

Sutileza

Si tenemos en cuenta que, por un lado, los textos védicos son considerados sagrados, me parece simplificador creer que las palabras elegidas para componerlos hayan sido casuales o sean lo mismo unas que otras. El significado esencial se mantiene, sin duda, pero la profunda sabiduría espiritual que emana de un segundo y tercer nivel de lectura es valiosa, y amplía el entendimiento del buscador espiritual sincero.

Por otra parte, los textos védicos tienen un origen oral y se mantienen en circulación desde hace siglos gracias a la memoria y a la trasmisión de maestro a discípulo, todo esto sin el soporte de la escritura, un invento mucho más moderno que el habla y el recuerdo. Por tanto, la concisión y la exactitud de cada mantra, sutra o enseñanza eran fundamentales para que se mantuvieran sin cambios a través de las generaciones. De esto se deduce que cada palabra no es una elección azarosa y por más sutil que pueda parecer, la diferencia entre ‘llévame’ y ‘haz que vaya’ tiene su trascendencia.

En este sentido, puede que la traducción ‘guíame’ sea mejor que ‘llévame’, pues da una idea más cercana al concepto original de que el Guru no carga con toda la responsabilidad del camino, sino que es, más bien, el que marca la pauta que debe ser seguida por el alumno.

De hecho, en referencia al discurso de Swami y la necesidad de poner en práctica las enseñanzas del maestro, este mantra milenario nos informa que al Guru no basta con pedirle que nos lleve o guíe para luego dormirnos en los laureles, sino que tenemos que solicitarle que nos ‘haga ir’, dándonos el empujón, proveyéndonos con fuerzas, acompañándonos en el camino, esperándonos en la meta, todo lo que quieran, pero con la necesidad de nuestro esfuerzo, inevitablemente.

Invitación

Este viernes 15 de julio, a las 18hs, haremos (Hansika, yo y otros amigos) un ritual tradicional de la India a los pies simbólicos del Guru. Quienes estén (o puedan estar) en Barcelona (España) están cálidamente invitados a participar y celebrar así este Guru Purnima (contactar por e-mail aquí), que también honra al guía espiritual interior de cada uno, sobre todo para aquellos que no tienen un maestro específico.

Asimismo, aunque este festejo es típicamente hindú, hace referencia a cualquier maestro espiritual verdadero sin importar su religión o creencia, incluyendo a Jesucristo, Buda, Mahoma y cualquier otro maestro menos conocido que dedique o haya dedicado su vida al crecimiento espiritual de la humanidad.

Finalmente, aquí pueden escuchar la bella canción Inside, de Wade Imre Morissette, en la que aparece el mantra Asato Mā, con su clásica traducción en inglés (‘Lead me to the untruth to the truth…’), aunque ahora ya todos podemos recitarlo con mayor conocimiento de causa.

El dilema de romper el coco

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Según Wikipedia, la India es el tercer país en producción mundial de cocos (después de Filipinas e Indonesia) con unos 9 millones de toneladas al año. Sin importarme demasiado la exactitud de estas cifras, es un hecho contrastado que el coco está muy presente en la cultura de la India, no solamente en el ámbito gastronómico.

Desde la populosa presencia de palmeras cocoteras en el vasto paisaje que se ve desde la ventanilla de los trenes que recorren el país, pasando por los turistas bebiendo agua de coco fresco con sorbete, hasta la pelusa de la cáscara de la fruta utilizada para la construcción de cuerdas y barcas, el abanico de usos del coco es muy variado.

Nitya Mataji, sannyasin (renunciante) del Sri Premananda Ashram, cuenta que cuando fue por primera vez a la India una persona le preguntó “cuántos cocos compraban en su casa cada día”. Puede parecer una pregunta simple, pero es una versión posible de las clásicas (e indiscretas para los occidentales) inquisiciones indias para saber de qué tipo de familia o cuán rico es el interlocutor. Nitya Mataji, oriunda de Gales, contestó que “ninguno”.

El indio, entonces, no podía creer que esto fuera cierto y, al parecer, le costó mucho a Mataji hacerle entender que no había cocos en Gales y no se trataba de una tomadura de pelo.

Simbología

Como no podía ser de otra manera, el coco también tiene una implicancia espiritual, sobre todo en los rituales tradicionales hindúes. Como expliqué en el post sobre la simbología del abishekam, la cáscara exterior del coco representa el ego, que es difícil de destruir. La carne blanca y blanda del interior, en cambio, representa la pureza total de la mente después de la destrucción del pertinaz ego. Esta pureza interior del coco hace que la ruptura de la fruta sea parte importante de muchos rituales, a la vez que un símbolo de auspiciosidad.

La simbología del coco en el ritual, como la de la mayoría de ingredientes, tiene coherencia y no es un mero capricho. La idea de destruir el ego es fundamental en el pensamiento espiritual de la India, y no tiene relación con lo que muchas veces se entiende como dejar de ser ‘uno mismo’ o convertirse en un ente sin autonomía ni voluntad propias, sino que es una concepto profundo que refiere a dejar de lado la yoicidad, es decir, la idea de que uno es el ‘hacedor’ y el ser más importante, para entender que se es parte de un todo más amplio.

En el hinduismo, este Todo generalmente se acepta como de carácter Divino, por tanto la destrucción del ego individual es un facilitador para que surja la esencia real de cada ser, que sería Divina.

Incluso si uno no cree en el concepto de ‘divinidad’, la idea de destruir el ego sigue teniendo sentido, pues se trata de deshacerse de todos los aspectos de uno mismo que nos impiden ver la unidad esencial entre los seres. Es decir, aquellos aspectos que nos hacen sentir separados, diferentes y mejores (o peores) que otros seres por el mero hecho de tener otra raza, otro status económico, otra religión, otro idioma…

Desde el punto de vista espiritual, sólo rompiendo la coraza superficial del ego, con sus arraigados preconceptos, miedos y hábitos, se puede llegar a conocerse realmente a uno mismo.

Ego

Para ejemplificar el rol negativo del ego en la vida de las personas según la espiritualidad, comparto un chiste que me contaron una vez en el Ashram de Sathya Sai Baba:

Pregunta el discípulo: – “Maestro, ¿qué es el ego?”

El maestro responde: – “Es el pequeño ‘yo’ que todos llevamos dentro”

El discípulo, irritado, objeta: – “¿Pequeño? ¡¡¿Cómo que pequeño?!!”

Aruba

Está claro que destruir el ego no es tarea fácil, pero tampoco romper un coco es pan comido para alguien falto de costumbre… Debido a la dificultad de encontrar cocos que no estén secos por dentro, en los Centros Sri Premananda de Argentina realizan los rituales de abishekams con manzanas, por lo que a la hora de romper el ego simbólico basta con un cuchillito de sierra. El desafío, en este caso, es que el corte sea simétrico y perfecto, pero no tiene nada que ver con la dureza.

En Barcelona es mucho más fácil conseguir cocos con su agua dentro (de hecho hubo épocas en que los conseguía en el supermercado de frente a casa). El problema era, en este caso, que el cuchillo de sierra no es suficiente para abrir un coco (a menos que uno tenga paciencia carcelaria) y, por tanto, con Nuria también usábamos manzanas a la hora de hacer abishekams.

Al menos, hasta que mi madre fue a la India el año pasado y nos trajo un aruba, que no es una isla caribeña, sino el nombre tamil del cuchillo especial para quitar malezas y también, cómo no, abrir cocos.

La aruba es una especie de machete que utilizan en el Ashram para los abishekams, pero su uso no es sólo litúrgico y es también el utensilio típico con el que los vendedores de coco abren el hueco a la fruta para que su agua pueda ser bebida. Hay que decir que la aruba impone con su presencia, sobre todo si uno no está habituado a comprar cocos cada día para su dieta y por ende no tiene idea de cómo partir un coco.

96 golpes

En el pasado, realizando abishekams en lugares donde sí tenían machete, yo había partido dos o tres cocos con moderado éxito, pero eso no es suficiente currículum para sentirse confortable cuando llega el momento de romper un nuevo coco después de años. No es como andar en bicicleta, digamos. Si a esto le sumamos que la aruba, por precaución, no está especialmente afilada, hay motivos para no estar optimista.

En el Ashram de la India me contaron una anécdota que sirve de ejemplo: Una devota italiana estaba haciendo un abishekam en el templo del Ashram con un muchacho indio como asistente; cuando llegó el momento de partir el coco, la mujer empezó a darle tímidos golpes con la aruba, aunque sin éxito inmediato. Como corresponde, la devota siguió golpeando hasta que el coco cediera pero el proceso se hizo largo, muy largo.

Entonces, el joven indio estiró su mano, dijo ‘auntie’ (del inglés auntie – tía –, la forma en que los niños indios se dirigen a las mujeres occidentales) y cuando recibió el coco le bastó un golpe seco de machete para partirlo en dos.

Evidentemente, alguien podría argüir que, en este caso, sucede como con los frascos de mermelada, en que toda la fuerza la hace una primera persona, y los méritos se los lleva la segunda persona que simplemente debe girar la tapa del bote. Lo cierto es que, dice la leyenda, una vez terminado el abishekam en cuestión, uno de los presentes afirmó: “Yo los conté. Fueron 96 golpes al coco”.

Para los que no son asiduos espectadores de abishekams debo informar que el promedio de golpes, sobre todo en India y teniendo cierta práctica, no supera jamás los cinco machetazos.

A menos que se utilice el estilo de Swami Premananda, a quien una vez vi partir en dos el coco golpeándolo directamente contra el suelo sin soltarlo de su mano, como uno parte un huevo, digamos. Si nuestro suelo de parquet no es apto para esos menesteres; mucho menos lo es mi técnica.

Mi historia

Mi performance a la hora de partir el coco no es tan mala como la anécdota mencionada, aunque puede que alguna vez haya necesitado unos quince golpes para abrir finalmente la fruta. La falta de práctica personal y la falta de filo de la aruba son mis excusas principales.

Lo peor de emplear tantos golpes no tiene que ver únicamente con la desmoralización individual sino con la infinita cantidad de astillas y pelos de cáscara de coco que empiezan a saltar por doquier, creando una sensación mayor de inutilidad y desesperanza en el golpeador.

Para evitar el vuelo de las esquirlas cocoteras hemos optado por poner, previamente al ritual, la fruta en un bol con agua, de manera que al humedecerse haya menos polvo suelto. Esta estrategia, de todos modos, no soluciona los pequeños trozos voladores de coco.

Si el coco en el ritual del abishekam representa el ego, entonces es lógico que sea duro y difícil de partir. Desde que mi madre trajo la aruba desde India han pasado unos seis meses, y en ese tiempo realizamos siete u ocho abishekams, en los que la ruptura del coco fue dificultosa (Nuria también tiene sus historias al respecto).

El análisis final era siempre el mismo: tengo un ego tan grande y tan duro que el coco no se rompe con facilidad. De todos modos, para matizar, creo que la falta de técnica con el uso del machete también juega su parte en hacerlo más complicado.

Uno de mis primeros intentos con el coco

Golpe perfecto

Extrañamente, en el último abishekam que hicimos rompí el coco de forma perfecta y simétrica con apenas dos golpes, el primero un mínimo toque para marcar el punto de impacto. Ante tal logro me quedé muy sorprendido y contento, pero lo más destacable fue la sensación de satisfacción personal que se tradujo en un inflamiento de mi ego, orgulloso de haber partido el coco tan rápido y bien.

Entonces me percaté de la paradoja de la situación: si el coco no se rompe, me desmoralizo porque es una muestra de la dureza de mi ego. Si el coco se parte sin problemas, en cambio, significa que mi ego es blando, pero automáticamente se infla de orgullo y vuelve a crecer…

La situación me parece bastante divertida, por lo que no pienso hacer un drama existencial de ella, aunque es verdad que no puedo evitar la reflexión espiritual sobre cómo un hecho así de pequeño puede tener implicancias más sutiles de las aparentes, y como el ego aprovecha cualquier resquicio para ganar nuevos puestos.

Estéticamente hablando yo preferiría que el coco se rompiera siempre rápido, por la armonía y la fluidez del ritual y también por la limpieza del salón. Pero, claro, quien me asegura que ese deseo no es de mi ego, que quiere sentirse más orgulloso de sí mismo.

Por si acaso, en el próximo abishekam, voy a tratar de demorarme dos o tres golpes más antes de partir el coco de forma simétrica, hermosa y perfecta, lo cual es, obviamente, mi nuevo estilo.

La práctica espiritual de Omkār

En un post de hace dos años expliqué, con mi finito entendimiento y de manera poco académica, algunas aspectos de la vibración de la sílaba sagrada OM, también conocida como Aum. Por otro lado, hace poco, en clase de sánscrito, supe de un verso del Chandogya Upanishad (uno de los más antiguos Upanishad, que son textos sagrados que explican la filosofía espiritual contenida en los Veda) que habla de Om:

“omkāra evedam sarvamomkāra evedam sarvam” (2.23.3)

El verso, uno entre muchos que define el Om en las antiguas escrituras hindúes, repite la misma simple sentencia: ‘Om ciertamente (es) este todo’.

Por ‘este todo’ se entiende el mundo entero, o más bien el universo. El término omkār, por su parte, se utiliza como sinónimo de Om, pues etimológicamente significa ‘la realización de Om’.

La explicación filosófica de cómo el universo surge de un sonido primordial (Divino dirán algunos) no es única del hinduismo, como lo muestra el clásico ejemplo del Evangelio de San Juan en el cristianismo:

“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (…) Todo llegó a ser por medio de ella; y sin ella nada se hizo de cuanto fue hecho”. (1:1-3)

Más allá de estas cosmogonías sonoras, lo que me interesa resaltar en esta crónica es la posible utilización práctica de Omkār, es decir, su uso cotidiano, una idea que me vino a la cabeza después de leer un antiguo discurso de Swami Premananda.

Shakti

Decir que se me ocurrió una idea es pecar de exagerado, ya que simplemente leí el discurso de Swami y decidí ponerlo en el blog para que todos puedan leerlo, aunque, eso sí, con un mínimo de contextualización de mi parte. En el libro Premananda satsangs Vol. I, encontramos este fragmento de un discurso titulado ‘Shakti’, dado por Swami en 1995:

“En la antigüedad se meditaba repitiendo OM, la sílaba sagrada que representa el sonido primordial de la creación. Así como esta fuerza es llamada Adi Para Shakti (la energía suprema original), también es llamada Om Shakti“.

En la filosofía espiritual de la India, por shakti se entiende la energía dinámica que se encarga de dar forma a todo lo que percibimos en este mundo; o sea, es el aspecto femenino de la energía que pone en acción el poder latente y absoluto de la energía masculina. Es en este sentido que Swami relaciona el Om con la shakti suprema original.

A un nivel más físico, Swami continúa:

“Cuando uno repite OM para sus adentros, o bien externamente, despierta la shakti conocida como kundalini en nuestros cuerpos. Esta energía duerme en la base de la espina dorsal. Repitiendo OM con sentimiento verdadero y profunda concentración podemos despertar las fuerzas divinas en nuestros cuerpos y traerlas hacia arriba hasta la cima de la cabeza. Este proceso debe llevarse a cabo con sumo cuidado y sólo bajo la guía de un Maestro genuino”.

Aquí, Swami hace referencia al despertar de la energía Divina que hay dentro de cada ser humano, una energía (llamada kundalini) que se dice yace en el mūlādhāra chakra, el punto energético en la base de la columna y que, con la práctica espiritual, asciende gradualmente hasta el sahasrāra chakra, en la cima de la coronilla. Swami agrega:

“Con la continua práctica espiritual sincera de esta manera, el sonido de OM y su extraordinaria vibración se mezclarán con la sangre de nuestros cuerpos. A través de la respiración lenta que se requiere para realizar Omkār, la divinidad circula con la sangre por el cuerpo. Llega al corazón y lo hace palpitar con una vibración divina. OM debe circular dentro de ti. Es por ello que no debes repetir OM deprisa. La profunda y prolongada respiración entre cada repetición de OM es sumamente importante sin duda”.

Esto me recuerda al encuentro que tuvimos mis padres y yo con Swami, en que hablando del Gayatri mantra nos dijo que “el mantra debe tener OM”, refiriéndose no sólo a la sílaba sagrada, sino a la vibración de su correcta repetición.

De la misma, en los cursos de meditación Prema Dhyanam, es decir la meditación basada en las enseñanzas de Swami, también se hace hincapié en ese breve lapso que separa cada Om, donde se puede sentir toda la energía despertada por la repetición previa.

9 veces

En el Sri Premananda Ashram de la India cada mañana, a las 5am, se realiza un abishekam al Señor Ganesha. Una vez finalizado el ritual, la persona a cargo se dirige afuera del templo para lanzar contra el suelo uno de los cocos ofrecidos a la deidad. Se trata de una tradición antigua, que se aplica al dios con cabeza de elefante, y que se resume en que en cuantos más trozos sea partido el coco, más auspicio será considerado el ritual (o lo que se haya pedido en él).

Durante el tiempo que lleva a la persona correspondiente salir del templo, partir el coco y regresar, los asistentes hacen una práctica de Omkār, repitiendo en voz alta y conjuntamente la sílaba Aum nueve veces. De todos modos, sin necesidad de hacerlo a las 5am o de romper cocos, cualquier persona puede probar esta práctica espiritual en su casa y ver si algunas de las palabras citadas de Swami se aplican a su caso personal.

En lo relativo a cuantas veces se ha de repetir el Om, según el hinduismo hay varios números propicios, pero algunas de las opciones clásicas son 3, 9, 21 o 108. Yo diría que es mejor empezar por un número bajo y hacer la prueba.

Está claro que no hay nada que perder (más allá de algún retazo de pudor), aunque sí varias opciones por ganar, entre ellas, aclarar la garganta, vibración Divina, mejor circulación sanguínea y paz interior. Nada mal.

Sathya Sai Baba abandonó su cuerpo físico

Hace apenas dos meses este blog tuvo un titular muy similar al de hoy, con la diferencia del sujeto. Hace algo más de dos meses, el 21 de febrero de 2011, Swami Premananda entró en Samadhi y dejó su cuerpo terrenal. Hoy, domingo 24 de abril de 2011, también Sathya Sai Baba abandonó su cuerpo físico.

Sai Baba es probablemente el maestro espiritual vivo (o mejor dicho, encarnado) más conocido del mundo. Nació en 1926 y tenía 84 años. Desde niño tuvo inclinaciones espirituales y ya en los años ’60 y ’70 era popular en Occidente.

Nació en el pequeño pueblo de Puttaparthi, en el estado de Andra Pradesh en el sur de la India, y allí vivió toda su vida, donde creó un gran ashram y numerosas acciones caritativas y sociales. Yo estuve de visita en su ashram, llamado Prashanti Nilayam (‘Morada de la Paz’), en el año 2003, durante diez días y lo cuento en un antiguo post.

Al igual que Swami Premananda, durante cada Mahashivaratri, Sai Baba realizaba el milagro del Lingodbhava, dando nacimiento a los sagrados lingams.

Diagnóstico

Como siempre, lo primero que se pregunta cuando alguien deja este mundo es ‘de qué’ y ‘cómo’. Sai Baba, al igual que Swami Premananda, son considerados avatares, personas santas, y todos sus devotos confían en que cuando abandonan su cuerpo físico lo hacen de manera consciente y voluntaria, siguiendo el plan marcado por lo Divino.

De todos modos, esta partida tiende a ser muy ‘humana’. El parte médico del director del Instituto Sai Baba de Ciencias Médicas informa: “Bhagavan Sri Sathya Sai Baba dejó su cuerpo terrenal a las 7.40am (hora india) debido a una falla cardio-respiratoria”.

En el caso de Swami Premananda, su problema principal estaba relacionado con el hígado que no funcionaba. Todos los grandes santos de la historia, al abandonar su cuerpo físico, lo han hecho de forma ‘ordinaria’, como cualquier hijo de vecino, al menos en apariencia (incluyendo al mismísimo Jesucristo).

En un discurso de 2003, hablando de su salud física que ya era precaria por ese entonces, Sai Baba dice: “Yo experimento todo este sufrimiento sólo para demostrar que uno no debe estar apegado al cuerpo. Por el contrario, uno debe desarrollar conciencia divina. No soy este cuerpo. La conciencia del cuerpo lleva al sufrimiento. Para disfrutar de la felicidad y la paz uno debe deshacerse del apego al cuerpo”.

Pascua

Si uno cree que nada sucede por casualidad, entonces mucho menos tratándose de una persona santa. Que Sathya Sai Baba, considerado para muchos un mahavatar (es decir, Dios encarnado en la Tierra en su máxima expresión), promotor de la unidad de todas las religiones (el emblema de su organización incluye los de las principales religiones del mundo) y de valores humanos universales y a la vez tan cristianos (paz, amor, verdad, rectitud, no violencia), entre en samadhi el día mismo de Pascua, no me parece casual.

Evidentemente, yo no puedo saber (ni entender) los entretelones de las acciones divinas. De todos modos, mi sensación es que la fecha del samadhi de Baba no es caprichosa. Él, que pregona el Amor como el camino principal hacia la felicidad y la paz, deja su cuerpo el día que se conmemora el triunfo de Jesucristo (otro gran – quizás el más grande – militante del Amor) sobre la muerte.

Al igual que pasó con Swami Premananda, el samadhi de un santo no me alegra, lo siento como una pérdida, pero a la vez, me gusta encontrar conexiones espirituales, que si bien pueden ser incompletas me ayudan a entender algunos aspectos y a sentir que hay una razón para todo.

Samadhi

Según la información oficial de la organización Sai, el cuerpo del santo será velado durante dos días (lunes 25 y martes 26 de abril 2011) en el Sai Kulwant Hall, también conocido como el mandir, lugar central del ashram de Baba en Puttaparthi, donde él realizaba sus discursos y sus darshan.

El miércoles 27 de abril están previstas las ceremonias funerarias, con la llegada de miles de devotos.

Cuando muere alguien, famoso o no, cercano o lejano, el mundo invariablemente sigue girando. Cuando muere una persona santa, también. La diferencia, sin embargo, es que la gran labor de beneficio espiritual masivo – paradójicamente invisible para la mayoría – que hace esa persona, pasa a un nivel más sutil (donde ya no podemos verlo con estos ojos físicos, ni oírlo con estos oídos físicos…) y en cierta forma eso es un déficit.

Seguramente desde ese nivel más sutil Sai Baba seguirá guiando a sus devotos y ojalá, desde allí, también siga guiando, con su energía, a muchas otras personas en su crecimiento espiritual, incluso sin conocerle.

Satyameva jayate

El escudo de la India contiene cuatro leones y está basado en un pilar que el emperador Ashoka colocó hace un par de miles de años para marcar el sitio donde el Buda enseñó por primera vez su doctrina. En el escudo hay muchos simbolismos, varios desconocidos para mí.

De todos modos, lo que me interesa es la inscripción que aparece debajo del escudo y que, según he venido a saber recientemente, es el lema de la India. Escrito en alfabeto devanagari dice: “satyameva jayate”.

Su traducción literal sería: “La verdad ciertamente vence”.

Lemas

Hasta este descubrimiento no me había puesto a pensar en que la mayoría de países tienen lemas. A la cabeza me vinieron algunos clásicos como el positivista Ordem e progresso de Brasil y el humanista Liberté, Égalitè, Fraternité de Francia.

Picado por la curiosidad supe (o quizás recordé) que el lema de Argentina es el independentista En unión y libertad, mientras que el de España es Plus ultra (‘más allá’), una reminiscencia colonialista. Para los interesados hay un artículo (no exento de ambigüedades) en, cómo no, la Wikipedia.

Con la excepción del lema de la República Checa (La verdad prevalece), no he encontrado otro que se parezca al indio, y no tanto porque contenga la palabra ‘verdad’, sino porque su sustrato sea estrictamente espiritual. Se podría argüir, por ejemplo, que el lema (¿eslogan?) In God we trust de los Estados Unidos tiene una base espiritual, pero me parece que esa idea no es necesariamente compartida por todos sus ciudadanos, pues es obvio que no todos creen en Dios.

En cambio, en el caso de la India, el lema nace de una antigua escritura védica (Mundaka Upanishad) con claro componente espiritual, y sin embargo es declarado lema nacional por una república que se proclama laica y contiene diversas religiones. Quiero decir, sin importar la creencia religiosa, la mayoría de indios parecen estar de acuerdo en su lema, sobre todo porque es parte fundamental de su tradición filosófico-espiritual.

Eterno

Cuando se habla del triunfo de la Verdad, el lema no se refiere simplemente a ‘no mentir’ en el sentido más prosaico, sino a algo superior. Por un lado, en los Yoga Sutras, el sabio Patañjali expone a Satya (verdad) como una de las cinco restricciones de Yama, la primera etapa en su óctuple camino del yoga. Además de ser veraces en pensamiento y obra, hay detalles más sutiles como entender que la verdad es siempre buena y por ende, no debería dañar. Un antiguo post habla en profundidad sobre ello.

De todos modos, la Verdad (la ‘que triunfa’) es una forma de denominar a aquello que no es Falso. Según la filosofía espiritual de la India, todo aquello que es perecedero, que muere, que tiene un fin, es Falso. Sólo lo eterno es considerado real o verdadero. ¿Qué es lo eterno, entonces?

Por un lado, lo que llamamos Dios (y cada uno puede darle el nombre que desee) sería eterno, pues se entiende que es infinito y no nace ni muere. Por otro lado, sin entrar en cuestiones “divinas” que no a todos caen bien y a las cuales ni siquiera los textos védicos siempre hacen referencia, se toma como eterno al Sanatana Dharma, es decir las leyes universales y espirituales para vivir de forma correcta y feliz.

Esta forma ‘correcta y feliz’, por supuesto, se basa en que el ser humano es algo más que su cuerpo y su mente, es algo más que la parte ‘perecedera’.

En el Hinduismo existe el concepto de maya, que generalmente se traduce como ‘ilusión’, y remite al mundo fenoménico que todos experimentamos y que, como un velo, nos cubre de lo real y permanente, que no es otra cosa que nuestra verdadera esencia (y aquí se podría agregar, divina).

Neutralidad

En morfología sánscrita, la palabra satya es un sustantivo neutro y seguramente no es casual. La Verdad, con mayúsculas, según la explicaron los sabios de la antigüedad, no es masculina ni femenina y se mantiene incólume ante las fluctuaciones del mundo, aunque no siempre sea fácil de explicar.

Por su parte, Gandhi mismo tituló, a la que se conoce como su ‘autobiografía’, como La historia de mis experimentos con la verdad. El Mahatma, enraizado profundamente en la tradición, eligió esa palabra, pilar fundamental de la filosofía védica, para describir el objetivo de su ejemplar camino espiritual.

Asociación

Una vez que supe el lema de la India me acordé de cuántas veces había leído u oído una frase muy similar de parte de Swami Premananda y empecé a asociar. Swami siempre decía La verdad triunfará (‘Truth will win’) y, en general yo lo tomaba como una referencia a su caso legal, y a cómo su inocencia, tarde o temprano, se iba a dar a conocer.

Sin embargo, ahora creo que su mensaje tenía un carácter más universal y era apto para una doble (o triple) lectura.

Sí creo que, en un punto, Swami se refería estrictamente a su caso legal, y de hecho éste sigue, pues aunque Swami haya abandonado su cuerpo, hay otras tres personas inocentes (una de ellas un monje) que fueron acusadas junto a él, y que todavía están en prisión.

Swami Premananda en el Ashram - www.sripremananda.org

Por otro lado, Swami nació en Sri Lanka (un país justamente sin lema) y siempre fue considerado por la ley india como un ‘extranjero’. A pesar de sus obras caritativas y su servicio social desinteresado, las leyes lo tenían como ‘extranjero’ y ese status le trajo problemas prácticos en cuanto a su caso legal, al tratamiento de sus enfermedades y, una vez en samadhi, a la entrega por parte de las autoridades de su cuerpo físico al Ashram.

Que Swami declamara permanentemente que ‘la verdad triunfará’ lo veo como un guiño que simboliza su adherencia al concepto védico (Swami con frecuencia enseñaba acerca de discernir entre lo Verdadero y lo Falso), a la vez que como una seña de ‘fidelidad’ a la India, más allá de que, en apariencia, sus leyes, su burocracia y su corrupción le dieran problemas.

A fin de cuentas, como es norma, las palabras de Swami eran más profundas de lo que uno creía, trayendo siempre más reflexiones y enseñanzas espirituales.

Es que es así, la verdad ciertamente triunfa.

Esperando un nombre espiritual

Durante las últimas semanas las crónicas de este blog se han centrado, inevitablemente, en el samadhi de Swami Premananda y, por ende, en temáticas relacionadas con la muerte. Supongo que de forma gradual iré cambiando de temas, aunque no prometo nada, pues se trata de un evento difícil de asimilar. No sólo por la tristeza de que Swami no esté en su forma física, sino por las desventajas prácticas que esto conlleva, entre ellas una de las más destacadas, la referente a las cartas.

Si bien, como antes, se le pueden seguir escribiendo cartas a Swami, que serán depositadas en su samadhi en el templo de Shiva en el Ashram de la India, ya no seguiremos recibiendo, como es lógico, respuestas personales de Swami, ya sean de papel o por correo electrónico. Para los que nos gustaba recibir consejo personal, directo y escrito de Swami, esto es una pérdida. Yo no dudo que escribirle a Swami sea suficiente para solucionar un problema o encontrar una respuesta interior, pero de todos modos siempre es bello recibir palabras personales de un maestro espiritual.

De la misma forma, hubo personas que escribieron a Swami antes de que él abandonara su cuerpo y no recibieron respuesta, pues sus cartas no llegaron a manos de Swami, o quizás llegaron pero Swami no llegó a responderlas. Este era el caso de Nuria, que le había pedido a Swami un nombre espiritual ya hace varios meses, sin recibir respuesta. Por tanto, cuando Swami dejó su cuerpo, una de las tantas sensaciones de Nuria (me permito hablar por ella con conocimiento de causa) era la de “nunca tendré mi nombre espiritual”.

Significado

Antes de seguir, ¿qué es esto de tener un nombre espiritual? Básicamente, el nombre que cada persona recibe cuando nace está basado en una elección ‘mundana’, según las preferencias, gustos y contexto de los padres. En algunos casos se elige el nombre de un recién nacido porque su sonoridad agrada, en otros por su significado, en otros casos por una cuestión de moda. Cuando digo una elección ‘mundana’, no quiero decir que todos pongan a sus hijos nombres de estrellas pop o modistos (aunque también existen esos casos), sino que los criterios que se utilizan para seleccionar el futuro nombre de esa persona se basan en general en el aspecto material, o sea en lo que el ojo y la mente humana pueden atrapar.

Hay niños que, por ejemplo, reciben los nombres de sus antepasados por motivos emocionales y de tradición, mientras hay otros que reciben nombres con referencias religiosas y espirituales debido a las creencias de sus padres. En ningún caso se critican estas elecciones. De hecho, cada padre elige el nombre que considera mejor para su hijo, sea por el motivo que sea (significado, sonoridad, árbol genealógico, homenaje cultural…)

La idea de un nombre espiritual tiene su asidero en que esta elección hecha por los padres no contempla, en la mayoría de casos, las cualidades esenciales de esa personalidad (o de esa alma). Y no lo hace por dos razones: no las conoce de antemano y aún queriendo, tampoco son visibles para la mayoría.

Un nombre espiritual verdadero sería aquel que se corresponde con las cualidades particulares de esa alma, no simplemente describiéndola, sino alentándola a identificarse con ellas de manera de poder avanzar más rápidamente en su camino espiritual.

Gustos

Mi nombre, por ejemplo, con el que estoy inscrito en el registro civil, es Naren, y como expliqué una vez, hace referencia a un gran santo de la India. A pesar de estas motivaciones ‘espirituales’, el nombre fue elegido por mis padres desde un punto de vista ‘mundano’, pues no reflejaba necesariamente las cualidades particulares de mi alma en este nacimiento. Eso no quita que mi nombre me guste mucho y, según el punto de vista, se pueda considerar más ‘espiritual’ que la elección de aquel asiático que como nombre de pila, a su hijo le puso David Beckham.

De la misma forma, muchos padres creyentes dan a sus hijos nombres de santos o vírgenes, especialmente en la religión católica, que es lo más habitual en Occidente. De hecho, gran parte de los nombres tradicionales en Occidente (aunque cambien los idiomas) tienen su origen en personajes bíblicos, santos y místicos, tanto del catolicismo como del judaísmo.

Sin embargo, repito, que el origen del nombre sea religioso o ‘espiritual’ no significa que sea el adecuado para esa persona en particular. Asimismo, es verdad que hay muchas personas que no están felices con el nombre ‘mundano’ que recibieron de sus padres, y esto podría deberse a que su ‘alma’ no se identifica con él, pero también es factible que se deba a una cuestión ‘mundana’ de gustos, de la misma forma que a mí puede no agradarme tener el cabello rizado que me ha tocado en suerte.

Elección

Entonces, si los padres en general no son capaces de elegir un nombre espiritual para sus hijos, ¿quién puede? Pues hay distintas alternativas. En la filosofía espiritual relacionada con el hinduismo, donde predomina la relación Guru-discípulo, es justamente el Guru quien da el nombre espiritual al aspirante. Si se trata de un maestro verdadero, entonces se da por sentado que es capaz de saber el nombre que corresponde a nuestra alma y que se ajusta a nuestras necesidades espirituales.

Evidentemente mi relación más cercana con los nombres espirituales se da a través de Swami Premananda, y hasta hace dos meses uno podía pedir su nombre al hacerse miembro del Sri Premananda Ashram (como fue el caso de Nuria), y entonces recibía un nombre espiritual en sánscrito o en tamil elegido por Swami. Según se explica, “el uso de este nombre te ayuda a estar consciente de tu naturaleza espiritual y de que has comenzado una nueva vida espiritual. Cada nombre dado por Swamiyi posee una cualidad y una vibración espiritual propia y te ayuda en tu sendero espiritual”.

De esta forma, recibir un nombre espiritual tiene dos aspectos básicos: Por un lado, es una ‘marca’ que recuerda al buscador espiritual que ha entrado efectivamente en el camino espiritual. De manera similar, cuando una persona deja la vida secular para tomar los hábitos religiosos (en cualquier religión) generalmente debe cambiar sus ropas y su nombre, no sólo como una forma de demostrar pertenencia a un grupo particular, sino como un símbolo de haber dejado atrás el antiguo ‘yo’ mundano en pos de un ‘yo’ espiritual.

Probablemente este proceso nos parece más normal cuando refiere a una vida monástica, pero la idea esencial es la misma.

Casos

Recibir un nombre espiritual puede sonar raro para algunas personas, pero es una práctica mucho más extendida de lo que creemos. Si los actores y los músicos se cambian el nombre para fines artísticos o comerciales, cómo no va a tener sentido hacerlo con fines espirituales.

En el caso de los hábitos religiosos, es normal que el monje o renunciante iniciado haga ciertos votos y asuma su nueva ‘personalidad’ con un nuevo nombre, que según la tradición que siga puede ser dado por un tercero o ser elegido personalmente. Paradigma de esto último es el caso de los Papas católicos, que deben elegir su nombre espiritual dependiendo de sus ideales y del tipo de ministerio que pretenden implantar en la Iglesia. El mismo criterio, aunque con menos repercusión mediática, se da con los sacerdotes y monjas católicas que, en general, abandonan sus apellidos y adquieren un título como ‘hermano’, ‘padre’ o ‘sor’.

En cuanto el islamismo, son muy famosos los casos de personas que decidieron convertirse a la religión de Mahoma y por ende debieron cambiarse el nombre. El campeón de boxeo Mohammed Alí (antes Cassius Clay) y el cantautor Yusuf Islam (antes Cat Stevens), son quizás los ejemplos más conocidos.

El budismo, el jainismo y el sikhismo, por nombrar otras religiones, en este caso muy cercanas al hinduismo, también utilizan la práctica del nombre espiritual. De hecho, el sikhismo es una de las religiones que más lo fomenta, y en algunos casos se puede pedir por internet llenado una solicitud, aunque eso depende de la ‘escuela’ que uno siga.

Identificación

El segundo aspecto fundamental de recibir un nombre espiritual (además de recordatorio de la entrada al sendero espiritual) tiene que ver con el significado de ese nombre, que “posee una cualidad y una vibración espiritual propia”. Esta ‘vibración’ puede estar directamente relacionada con las cualidades del alma del aspirante, en el sentido que fomenta esos aspectos más puros o positivos de la personalidad, creando así un sentimiento de identificación que ayuda a la persona a ser más feliz.

A la vez, las cualidades referidas en el nombre espiritual pueden no parecer, a priori, directamente relacionadas con la personalidad de ese aspirante, sino que se convierten más bien en un estímulo de aquello a lo que la persona debe aspirar; es decir, una pista de hacia dónde dirigir sus esfuerzos para evolucionar espiritualmente.

Como regla general, si uno medita y reflexiona sobre el significado profundo que tiene el propio nombre espiritual, seguramente encontrará mucho material para trabajar internamente, a la vez que hallará una ayuda y una guía personal en el propio camino espiritual.

El idioma en que se recibe el nombre espiritual depende de cuál es la lengua tradicional (o sagrada) de cada religión o escuela espiritual. Para el islamismo será en árabe, para el hinduismo en sánscrito (en el caso de Premananda también incluye el tamil que es su lengua materna), para el budismo en sánscrito o en pali, para el catolicismo, aunque los nombres son los mismos, dependerá de la lengua que se hable en cada país.

Hansika

Hace algunos días llegó un e-mail del Ashram de la India. El e-mail traía una respuesta personal de Swami, realizada antes de su samadhi, al pedido de nombre espiritual de Nuria. Cuando Swami entró en samadhi, algunas respuestas a cartas de devotos ya habían sido hechas, pero quedaron en el camino esperando su traducción final o su envío. No eran muchas cartas, pero una de ellas era para Nuria, o mejor dicho, para Hansika, ya que este es el nombre espiritual que Swami le dio.

Indagando con mi profesora de sánscrito, ella me explicó que el nombre deriva de Hamsaa, que significa ‘cisne’ (y por ende, la pureza y también la capacidad de discriminación). El sufijo –ikaa, me explicó mi profe, expresa un matiz entre cariño y respeto, que se podría comparar con el uso del diminutivo en castellano, por lo que Hansika (el cambio de ‘m’ por ‘n’ es una variación) es el diminutivo femenino de cisne, es decir ‘cisnita’ o ‘cisnecita’. La acentuación de la palabra es esdrújula.

Más allá de la explicación etimológica, con sus correspondientes connotaciones espirituales, lo más lindo de que Nuria haya recibido su nombre espiritual es que se trata de un ‘último regalo’ de Swami; o sea un regalo material, tangible, una carta y además un nombre, cuando ya parecía que no era posible.

Swami y su energía están en el corazón de sus devotos, eso no se discute, pero que bueno es comprobar que él también sigue presente, de alguna forma, en los aspectos prácticos.

 

Imágenes:

iuvalladolid2011.org

himalayanacademy.com

independent.co.uk

exoticindiaart.com

Un lingam desde la ‘muerte’

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Antes de que Swami Premananda abandonara su cuerpo, la razón principal (no sólo mía sino de todos los devotos y visitantes) para visitar la India era estar en el Sri Premananda Ashram para las celebraciones de Mahashivaratri, como cada año. Una vez que se supo la triste noticia, la prioridad de la gran noche del Señor Shiva quedó relegada por las ceremonias funerarias, al menos para mí.

Sobre esto, no fui yo el único en notar que Swami tuvo un gran timing para elegir la fecha para ‘entrar en samadhi’; es decir, si él hubiera abandonado su cuerpo en otra época del año, difícilmente cientos de devotos habrían podido arreglar de un día para otro una visita fugaz al Ashram para presenciar el funeral. En cambio, es en época de Shivaratri cuando la mayor cantidad de devotos y visitantes llegan al Ashram, justamente para presenciar el milagro del Lingodbhava. Por ende, nadie cree que sea casual la fecha elegida por Swami.

Cuando digo ‘elegida’, lo hago basándome en la creencia de que cuando una persona ‘entra en samadhi’ lo hace por propia voluntad, lo hace con conocimiento de causa, y no se trata de una muerte ‘ordinaria’. Otra cosa es que yo no sepa o entienda por qué Swami tuvo que dejar su cuerpo en este momento de su vida y no en otro. De hecho, Swami decía que todo lo que él hacía era por “voluntad de lo Divino”, y en este sentido doy por sentado que su samadhi fue una ‘decisión de Dios’ que Swami ya conocía.

El hecho que él no lo comunicara no es sorprendente, y en las vidas de los santos de todas las épocas hay muchas historias similares sobre cómo abandonan su cuerpo sin preaviso o simplemente dando pistas indirectas a sus allegados.

Samadhi de Swami Premananda

 

Mahashivaratri

En cierta forma, dentro de la tristeza, todos los presentes estábamos agradecidos con esta ‘treta’ de Swami, ya que nos había permitido asistir a las ceremonias funerarias, cosa que habría sido muy difícil en otra época, como ya he dicho.

De hecho, el año pasado (2010), la cantidad de personas que llegaron para Mahashivaratri era muy grande, pues ser testigo del nacimiento de los lingams no es un programa que pasen en televisión todos los días. Este año, sin embargo, el número de visitantes fue menor, ya que puede que muchos de ellos decidieran cancelar su viaje a último momento por las circunstancias. De todos modos había muchas personas, aunque no tengo el número oficial.

Una vez pasada la jornada del funeral (28 de febrero), el 2 de marzo comenzaron los preparativos para Mahashivaratri, que este año 2011 fue, justamente, de la noche del 2 al 3 de marzo. Las celebraciones fueron las tradicionales, aunque con variaciones. Por ejemplo, este año no se construyó un gran salón al aire libre, ni un gran escenario, ya que todas las actividades se llevaron a cabo junto al recién instalado samadhi de Swami, en el templo de Shiva.

Por otro lado, los maharudra abishekams, es decir, los rituales que cada año se hacían al gran shivalingam de piedra del Ashram, fueron realizados al nuevo shivalingam colocado sobre el samadhi de Swami, en el santuario principal del templo. Como cada año, se realizaron cuatro de estos abishekams, el primero a las 9pm del 2 de marzo, y el segundo a medianoche; a las 3am se realizó el tercer abishekam y a las 4.30am hubo un yagam, una ceremonia de fuego. El cuarto y último abishekam comenzó alrededor de las 6am, y en él fue posible que cada uno de los presentes hiciera la ofrenda personal de una flor al samadhi de Swami.

A las 8am todos los rituales tradicionales habían concluido y yo (como muchos otros) me retiré a dormir porque estaba muy cansado.

Diferencia

Si bien las actividades de la noche de Shiva eran similares a otros años, era evidente la gran diferencia: Swami no estaba físicamente vivo y presente. Que no estuviera físicamente presente podía ser considerado plausible, ya que hasta el año 2008 y desde 1995, Swami había pasado las noches de Shivaratri en la prisión. De hecho, yo mismo había celebrado Shivaratri en el Ashram en 2007 sin la presencia física de Swami, y se trató de una ocasión muy bendita.

Ahora, la gran diferencia era que no vería más a Swami en su cuerpo físico, y mucho menos manifestando lingams. Desde este punto de vista, me costaba disfrutar plenamente de la noche de Shivaratri.

De todos modos, todos los devotos participamos de las celebraciones y, como cada año, se arregló un sitio (ubicado detrás del samadhi de Swami) para la recitación del mantra ‘Om Namah Shivaya’ durante 24 horas (desde las 8am del 2 de marzo hasta las 8am del 3 de marzo). En dicha habitación se pusieron a la vista los primeros lingams manifestados por Swami durante los lingodbhava de los últimos cuarenta años. Había incluso un porta-lingam preparado para el año 2011, pero claro, estaba vacío…

Primeros lingams de cada año manifestados por Swami Premananda

 

Mensaje

A las 4.30pm del 3 de marzo yo todavía dormía en mi colchón, cuando mi hermano vino a nuestra habitación comunitaria y me despertó. Traía un mensaje: Un lingam había aparecido en el samadhi de Swami.

Mientras se estaba preparando el abishekam de la tarde al shivalingam en el samadhi de Swami, un devoto que estaba quitando las flores del último Maharudra abishekam de la noche anterior descubrió un lingam cubierto de kumkum entre las flores.

Efectivamente, como pude comprobar al levantarme e ir al templo, se trataba de un lingam rosado de un tamaño que se puede considerar grande para la medida estándar de los lingams manifestados por Swami cada año. Asimismo, todavía estaba cubierto de kumkum, el polvo rojo sagrado utilizado para rituales en la India y que Swami genera espontáneamente por su boca al dar nacimiento a los lingams. Realmente el lingam era hermoso y yo pude percibir su fuerte energía.

Todos los devotos se reunieron a contemplar el lingam recién llegado, y entonces una mataji del Ashram se encargó de darnos bendiciones con el lingam, uno por uno, a todos los presentes.

Lingam rosado "manifestado" por Swami Premananda en Mahashivaratri 2011

 

Naturalidad

Como es lógico, a alguien le pueden surgir dudas de si ese lingam no fue puesto allí por algún interesado, en lugar de haber aparecido por la gracia Divina. Como siempre, la experiencia ajena no alcanza para solventar la duda. Ni siquiera fui yo el que encontró el lingam entre las flores, y si bien yo no dudo ni un ápice del milagro, no puedo dar pruebas “científicas”.

De todos modos, en mi caso, yo ya había experimentado la aparición de lingams en el Ashram durante Mahashivaratri. En el año 2007, con Swami en la prisión, dos lingams aparecieron en su silla del Puja hall (el salón de rituales) y a todos nos alegró, como una muestra de la presencia y el poder de Swami.

Quizás por esos antecedentes, la aparición de un lingam “de la nada” me pareció lo más natural del mundo. Estábamos en Shivaratri, y no era la primera vez que veía un milagro similar, por ende lo tomé con naturalidad.

Día después

Con esta naturalidad seguí mi vida en el Ashram durante varias horas, hasta que al levantarme al día siguiente (esta vez temprano), caí en la cuenta de lo que había sucedido. Swami había hecho un milagro con mayúsculas, un milagro desde la ‘muerte’.

En muchas cartas previas, Swami había invitado a muchas personas a ir al Ashram por Mahashivaratri, prometiéndoles que “podrían ser testigos del Lingodbhava“. Aunque no de la manera esperada, su promesa se cumplió, y todos vimos el nacimiento de un nuevo lingam lleno de energía.

Por otra parte, después de una “muerte” tan inesperada y “ordinaria” (en el sentido de que en apariencia podría parecer impropia de una persona santa), en los corazones de muchos devotos había un anhelo de que Swami hiciera algo que demostrara su poder, es decir, que él todavía estaba con nosotros. Y lo hizo con un milagro, que no es poco, pero además demostrando que la “muerte” no era un obstáculo.

Acorde con las enseñanzas espirituales más antiguas y profundas, que dicen que el alma es inmortal, y que aquella persona que ha alcanzado a Dios, o ha conocido su verdadero Ser, es una con el Universo, Swami Premananda ‘puso’ un lingam sobre su samadhi, para demostrarnos la vigencia de esas palabras.

Cuando fui a contarle mi ‘revelación’ a Nuria, ella me dijo: “Claro, ¿recién ahora te das cuenta?”.

Y sí, recién entonces me había dado cuenta de lo grande del milagro, de su mensaje, y sobre todo, de que a pesar de su ausencia física, Swami seguía teniendo el poder de hacer lo que quisiera, lo cual como devoto me da protección, sosiego y fe.

El Samadhi de Swami (2da parte)

Mi relación con la muerte no es particularmente fluida. Ni próxima. Al menos hasta ahora. Quiero decir que, por un lado, en mis treinta y un años de vida no había sufrido una pérdida tan cercana e inesperada como esta de Swami Premananda, por lo tanto no estoy habituado a “tratar” con este fenómeno.

Sin embargo, por otra parte, y como todos sabemos, este fenómeno es una condición inherente a la vida misma. Y aún así, parece que en general uno omite esta irremediable obviedad.

En el tercer capítulo (Vana Parva) del más grande poema épico de la India, el Mahabharata, hay un famoso episodio en que Yudhishthira, hijo del Dharma, es sometido por un yaksha (una especie de espíritu de los bosques), a una larga serie de profundas preguntas sobre ética, filosofía y espiritualidad. Entre ellas, el yaksha pregunta: “¿Cuál es la cosa más maravillosa de este mundo?”

A lo que Yudhishthira responde: “Día tras día, incontables vidas entran al Templo de la Muerte. Observando este espectáculo, el resto de esas vidas, las que aquí se quedan, creen ser permanentes, inmortales. ¿Puede algo ser más maravilloso que esto?”.

Cuerpo

El domingo 27 de febrero llegamos al Sri Premananda Ashram de la India y tuvimos la oportunidad de ver el cuerpo de Swami Premananda que aún estaba siendo velado y honrado en el llamado Puja hall, es decir la sala de rituales y meditación. Si bien el ambiente allí era de paz, mi primera sensación fue que ese cuerpo dentro de la urna de cristal estaba vacío, que no era Swami.

Como cada experiencia es personal, había personas que sí notaban energía especial en ese cuerpo, lo cual tiene sentido tratándose de una persona santa. A mí me generó respeto, por supuesto, pero no una profunda devoción o tristeza. Yo no lograba ver en ese cuerpo más que un contenedor, ahora vacío.

Desde un punto de vista optimista, esta sensación puede ser considerada como un signo de maduro entendimiento de que el cuerpo es un mero envoltorio de algo inmortal y superior (conocido como alma o espíritu). Desde otra visión más psicológica, se podría intuir como un tipo de bloqueo sobre los sentimientos negativos que podía producirme la situación, o como una forma alternativa de negar la muerte física de Swami.

En esos momentos pensaba mucho en toda la cuestión, a la vez que trataba de no pensar mucho, dejando las conclusiones para más tarde.

Ceremonias

Las ceremonias funerarias tuvieron lugar al día siguiente, el 28 de febrero, y comenzaron temprano. A las 6am el cuerpo de Swami ya había sido trasladado al templo de Shiva, el nuevo templo que aún está en fases de construcción en el Ashram. El recinto, que ahora es el samadhi de Swami, es una especie de mausoleo, de base rectangular (4mt x 5mt aprox.) y con estructura de torre (de unos 8-9mt de altura aprox.) decorada con el estilo de los gopurams de los tradicionales templos del sur de la India.

Dicho recinto era originalmente el santuario principal para un Shivalingam, lo cual no cambió, aunque ahora se había excavado un pozo de 2mt de profundidad x 2mt de ancho para colocar allí el cuerpo de Swami.

Antes de ese momento, los devotos presentaron sus últimos respetos al cuerpo de Swami, a la vez que un ramo grande de flores le era ofrecido en nombre de todos los devotos del mundo.

Luego, 17 sacerdotes brahmines venidos especialmente desde el vecino estado de Kerala realizaron una serie de ceremonias preparatorias. Es bueno decir que en la India todo se hace prolongado, al menos en comparación con la concepción del tiempo occidental. Los viajes en tren o autobús son largos; los trámites son largos; las bodas son largas; y evidentemente los funerales son largos (en total, las ceremonias de la jornada se extendieron de las 6am a las 5pm).

Para empezar, antes del amanecer, algunos miembros de la familia de Swami, sanniasines (renunciantes) y devotos fueron junto con sacerdotes al sagrado río Kaveri a recoger agua; allí realizaron un ritual para luego llevar el agua consagrada en el kumbam (un tipo de vasija importante en los rituales) para la ceremonia. Una vez que dicha agua llegó al Ashram, los brahmines recitaron milenarios mantras de los Vedas durante varias horas y también cantaron antiguos cantos, conocidos como tevarams, de los santos de Tamil Nadu.

Asimismo, los sacerdotes realizaron un gran yagam, una ceremonia del fuego, en la que todos los presentes pudimos participar tocando los elementos (principalmente granos) que serían luego ofrecidos al fuego.

El simbolismo de cada paso fue explicado, pero digamos que el significado principal de todos estos rituales preparatorios es que el alma de Swami ahora se unía definitivamente con Paramatma (“el alma suprema”), que según una versión del Hinduismo también puede ser identificado como Vishnu.

Entierro

Después de varias horas de ceremonias llegó el momento más emotivo, cuando el cuerpo de Swami fue colocado dentro del santuario según la antigua tradición. Alguna vez he hablado de cómo en la India la muerte (merced a, entre otras cosas, la creencia en la reencarnación) es vista con menos fatalismo que en Occidente. En cierta forma, en la India, la muerte es menos tabú que en Occidente.

Por eso mismo, quizás, el féretro donde estaba el cuerpo de Swami era de cristal, y se lo podía ver sin problemas. De la misma forma, a la hora de colocar el cuerpo en el santuario, un grupo de jóvenes indios residentes del Ashram (bajo la indicación de los brahmines) se encargaron de alzarlo (ya sin la urna) e instalarlo en el samadhi. Para nosotros, occidentales, ver que un cuerpo muerto es tocado, levantado y movido sin ningún pudor, sino con toda solemnidad y devoción, es un hecho extraño, seguramente generador de sensaciones múltiples.

Incluso sintiendo que se trataba “sólo de un cuerpo”, en mi caso personal, ese fue el momento más emotivo de toda la jornada de ceremonia. Lo cual quizás es lógico, pues al parecer es común que cuando se coloca el féretro del ser querido en la correspondiente tumba o nicho, uno toma renovada consciencia de la pérdida, y evidentemente se emociona. Sea como sea, la imagen del cuerpo de Swami, cubierto en una túnica amarilla, elevado por sus devotos rumbo al santuario, quedará en mi memoria.

El cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, dos metros por debajo la superficie del altar, sobre una plataforma de sándalo cubierta de hierbas sagradas. Los sacerdotes le pusieron guirnaldas de la planta tulasi (conocida como “albahaca sagrada”), hojas del árbol de bilva (considerado sagrado para el Señor Shiva) y collares de semillas del árbol de rudraksha. Luego se vertió amorosamente sobre su cuerpo vibhuti (ceniza sagrada), polvo de sándalo y cristales de sal.

Una vez que fue cubierto por éstos, se puso sobre el cuerpo de Swami tierra del Ashram y encima se colocó una losa de piedra especial.

Samadhi de Swami Premananda después de las ceremonias funerarias

Shivalingam

Antes de abandonar su cuerpo, Swami había dado instrucciones acerca del tipo y el tamaño del shivalingam que debía instalarse en el templo de Shiva. Se trataba de un shivalingam de piedra, de unos 1,20mt de alto y muy pesado. Dicho lingam también fue traído al templo y se realizaron las ceremonias adecuadas para su instalación.

Con el cuerpo de Swami ya colocado en el samadhi, la base del shivalingam fue instalada sobre la losa de piedra, al tiempo que los devotos recitábamos el conocido y poderoso mantraOm Namah Shivaya”. Asimismo, se pusieron algunos objetos religiosos pertenecientes a Swami en la base. Entonces, el lingam propiamente dicho se colocó sobre estos objetos. Inmediatamente, alrededor de la base y del lingam se untó una pasta ayurvédica de color naranja, hecha de hierbas y otras substancias, sellando así ambas partes entre sí.

Entonces, los sacerdotes hicieron el primer abishekam al gran shivalingam y los kumbams resultantes del anterior yagam fueron vertidos sobre el lingam. Acto seguido se mostró al nuevo samadhi un arati (una lámpara de luz o fuego) muy especial, ya que tenía unas 54 llamas (lo normal son 5 o 7 por ejemplo). A partir de ese día, y durante 48 días (hasta el 16 de abril), se comenzaron a llevar a cabo dos abishekams diarios al shivalingam del samadhi de Swami como parte de los rituales funerarios.

Shivalingam instalado sobre el Samadhi de Swami

Presencia

Como comenté la semana pasada, Swami había dicho en repetidas ocasiones que cuando él dejase su cuerpo físico, una poderosa energía espiritual se irradiaría desde su samadhi durante 2500 años. Yo no había pensado demasiado en ese tema, pues me parecía algo lejano (no sólo los 2500 años, sino la “muerte” de Swami). Visto en retrospectiva, ahora se entiende por qué durante el último año, Swami le dio tanta importancia a la finalización del templo de Shiva en el Ashram.

Asimismo, Swami había dicho que durante estos 2500 años todo lo que pidiéramos a su samadhi sería respondido (ya sean preguntas o pedidos). De ahí que el nombre del templo de Shiva (según anunció Swami en diciembre) será Kurai Teerkum Shiva, que en lengua tamil significa “Shiva que resuelve todos los problemas”.

Torre del Samadhi decorada al estilo de los templos del sur de la India

Ahora, casi un mes después de las ceremonias funerarias, sigo analizando los hechos en general, y sin duda me queda mucho por comprender. De todos modos, hay un detalle respecto al samadhi que tuve en cuenta ya desde mi estancia en el Ashram y que me interesa destacar: Una vez que el cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, y todas las ceremonias fueron realizadas, mi percepción interior fue que ese templo, ese santuario, tenía mucha energía espiritual.

Es decir, el santuario que contenía el cuerpo de Swami, ese mismo cuerpo que antes me había parecido vacío, ahora me transmitía gran vibración espiritual y me parecía poderoso, tal como había predicho Swami.

Este cambio, algunos lo atribuirán a las complejas ceremonias de consagración hechas por los sacerdotes; otros, a un efecto psicológico producido por el hecho de ya no ver el cuerpo muerto; otros, a la focalización de la mente en la “energía” de Swami, ya que su cuerpo ya no estaba… Seguramente hay muchas opciones para discutir y todavía no tengo la respuesta definitiva.

Lo único cierto es que ese cuerpo “vacío” ahora me parecía dotar de santidad ese samadhi, y aunque yo crea (y muchos más) que la presencia de Swami y su energía está en “todos lados” (incluyendo en mi corazón), no me parece nada mal tener un sitio material al cual dirigir la atención, sobre todo estando en el Ashram. De hecho, me hace ilusión pensar que podré visitar el samadhi de Swami cada vez que vuelva de visita al Ashram.

Seguramente, cada una de las personas que estuvo en esas fechas en el Ashram tendrá sus propias impresiones. Las arriba descriptas son las mías, vistas todavía de bastante cerca, y no son únicas ni definitivas. Aún estoy en proceso de asimilación y esta crónica, además de informar, sirve (como tantas otras) para sacar a la luz pensamientos-sentimientos internos y sopesarlos mejor. En eso estamos.

Imágenes:

bhagavananandamurti.wordpress.com

absolut-india.com

Nuria Parera

El Samadhi de Swami

Después de dos semanas en la India, pasados casi íntegramente en el Sri Premananda Ashram, regresamos (Nuria y yo) a Barcelona. El evento principal de este viaje eran las ceremonias funerarias del cuerpo de Swami Premananda, que como informé en el último post, dejó su cuerpo físico el 21 de febrero pasado.

Una semana después de su deceso, el lunes 28 de febrero, tuvieron lugar en el mismo Ashram los rituales pertinentes, en este caso los rituales que corresponden a una persona considerada santa.

Polisemia

Como todas las lenguas, pero en mayor medida, el sánscrito es polisémico; es decir, que una misma palabra puede designar diferentes elementos y puede variar su sentido según el ámbito en que se utilice. El término samadhi es un buen ejemplo de esto. Su significado más popular es, seguramente, el que hace referencia a un estado de consciencia elevado en que una persona trasciende su ego individual y entra en comunión con su verdadera esencia o con lo Divino. Es sinónimo aproximado del nirvana budista.

Por otro lado, cuando una persona santa deja su cuerpo también se dice que “ha entrado en samadhi“, lo cual es una forma de decir que su alma se funde con lo Divino de forma total, ya no limitada por el cuerpo.

Asimismo, samadhi es el nombre que se da al sitio donde se entierra el cuerpo físico de una persona santa. Es decir, lo que para una persona normal sería una tumba, tiene otro status tratándose de un santo, ya que se considera que tales lugares son muy poderosos espiritualmente pues el santo continúa interactuando con los devotos a través de su samadhi.

Como es sabido, la religión hindú tiene la tradición de cremar a sus muertos, basada en que el fuego purifica y en que cualquier identificación que pueda quedar por parte del alma con el cuerpo expirado sea eliminada, para así ayudarla en su proceso de trasmigración. Esta regla tiene una excepción, y es que a la persona santa (considerada devoto puro) no es necesario incinerarla, ya que obviamente no requiere purificación.

En la India hay gran cantidad de samadhis de este tipo, pues es natural que una tierra de numerosos santos vivos deje, a su debido tiempo y siguiendo el ciclo humano de la vida, numerosas tumbas de santos. Algunos de estos samadhis son muy conocidos, como es el caso del de Sri Aurobindo en Pondicherry.

Samadhi de Sri Aurobindo en Pondycherry

Darlymple

Justamente estoy leyendo un libro llamado “Nine lives”, del autor escocés William Dalrymple (“Nueve vidas” en español, editado por Kairós) que en uno de sus capítulos habla de la ciudad pakistaní de Sehwan Sharif, conocida por su templo y su samadhi al santo sufí Lal Shahbaz Qalendar, donde tanto peregrinos sufíes y musulmanes como hindúes, llegan para rendir culto.

Además de transportar al lector a las desérticas veladas de música y baile en que extáticos derviches buscan el paraíso en su propio interior, el autor muestra el contraste teológico existente entre esta celebración pan-religiosa y la rigidez del Islam más ortodoxo, totalmente contrario a la utilización de la música y el baile por considerarlos “pecadores”.

Del mismo modo, esta línea islámica considera que “no hay que rezar a hombres muertos ni pedirles cosas, incluso a los santos, ya que el Islam no cree en otro poder que el de Dios”. “No recéis a un cadáver. Id a la mezquita no a una tumba”, agrega el director de la madraza ortodoxa de Sehwan Sharif aduciendo que dicha práctica se basa en “influencia hindú”.

Evidentemente, si tenemos en cuenta que lo que hoy es Pakistán fue parte de la India hasta hace 60 años, y que Sehwan Sharif se encuentra cerca de la frontera, no es sorprendente que prácticas del Hinduismo influenciaran a los sufíes, del mismo modo que ha sucedido a la inversa.

Samadhi de Lal Shahbaz Qalendar en Sehwan Sharif

Poder

No es mi intención denostar al Islamismo ortodoxo en contraposición al Sufismo danzarín (aunque es claro que estos últimos me caen muy simpáticos), sino que la discusión me pareció pertinente teniendo en cuenta mi relato del samadhi de Swami.

¿Puede una tumba tener poder espiritual y ser de alguna forma como estar frente a la persona santa? ¿Puede convertirse una tumba en un sitio de peregrinación espiritual que dé paz mental a los visitantes?, y me refiero a algo más que la famosa tumba de Jim Morrison en el cementerio Père Lachaise de París.

Pues bien, como es de esperar, la respuesta final a estas preguntas sólo la puede obtener cada persona después de su experiencia directa y particular. Como siempre en temas espirituales, la fe es importante, pero más importante es la experiencia personal directa que destierra – o no – toda duda. De todos modos, Swami Premananda hablaba a menudo del poder de los samadhis de personas santas. Explicó, por ejemplo, que en muchos templos poderosos de Tamil Nadu está el cuerpo de un gran santo.

Asimismo, Swami había hablado varias veces de su propio samadhi, aunque en realidad nadie (o al menos yo) se había dado cuenta de manera cabal…

Tumba de Jim Morrison en el cementerio Pére Lachaise

Templo

En el Ashram se comenzó hace varios meses, por decisión de Swami, un templo dedicado al Señor Shiva. Swami dijo que si alguien oraba en ese templo, sus problemas se resolverían y sus pedidos serían concedidos. Agregó que él haría que fuera un templo sumamente especial. Además, Swamiyi dijo que él construiría el templo de tal manera que sus poderes obrarán allí durante los próximos 2500 años.

Yo personalmente pensé que eso estaba muy bien, pero no le di más vueltas. Un templo a Shiva seguramente es poderoso, y más si está en tierras del Ashram, razoné. Y los 2500 años de poder, pues, no lo pongo en duda, aunque tampoco soy de pensar a tan largo plazo, concluí.

Lo que no tuve en cuenta ni un minuto, ni una vez, ni siquiera cuando supe que Swami había “entrado en samadhi” y que su cuerpo estaba siendo velado en el Ashram, es que su samadhi (en el sentido de tumba) estaría en el templo de Shiva en construcción. Es decir, Swami habló en repetidas ocasiones del poder que tendría dicho templo, de cómo se convertiría en lugar de peregrinación, en cómo uno podría resolver sus aflicciones en él, porque claramente tenía planeado que instalaran su samadhi allí.

Sin embargo, esta opción a mí no se me había ocurrido y en verdad, dentro de la tristeza general de la situación, este fue un hecho que me dio alegría. O sea, saber que el Ashram ahora tendría un rincón aún más sagrado, y además tener la bendición de ver el proceso en vivo.

Detalle del Templo de Shiva en el Sri Premananda Ashram

La semana que viene, esperando retomar mi frecuencia bloguera, contaré los detalles de la ceremonia funeraria y de la instalación del samadhi, un evento para mí tan desconsolador como bendito.

Imágenes:

sabda.sriaurobindoashram.org

urdumaza.com

flickr.com/photos/ronbrinkmann/

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