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Esperando un nombre espiritual

Durante las últimas semanas las crónicas de este blog se han centrado, inevitablemente, en el samadhi de Swami Premananda y, por ende, en temáticas relacionadas con la muerte. Supongo que de forma gradual iré cambiando de temas, aunque no prometo nada, pues se trata de un evento difícil de asimilar. No sólo por la tristeza de que Swami no esté en su forma física, sino por las desventajas prácticas que esto conlleva, entre ellas una de las más destacadas, la referente a las cartas.

Si bien, como antes, se le pueden seguir escribiendo cartas a Swami, que serán depositadas en su samadhi en el templo de Shiva en el Ashram de la India, ya no seguiremos recibiendo, como es lógico, respuestas personales de Swami, ya sean de papel o por correo electrónico. Para los que nos gustaba recibir consejo personal, directo y escrito de Swami, esto es una pérdida. Yo no dudo que escribirle a Swami sea suficiente para solucionar un problema o encontrar una respuesta interior, pero de todos modos siempre es bello recibir palabras personales de un maestro espiritual.

De la misma forma, hubo personas que escribieron a Swami antes de que él abandonara su cuerpo y no recibieron respuesta, pues sus cartas no llegaron a manos de Swami, o quizás llegaron pero Swami no llegó a responderlas. Este era el caso de Nuria, que le había pedido a Swami un nombre espiritual ya hace varios meses, sin recibir respuesta. Por tanto, cuando Swami dejó su cuerpo, una de las tantas sensaciones de Nuria (me permito hablar por ella con conocimiento de causa) era la de “nunca tendré mi nombre espiritual”.

Significado

Antes de seguir, ¿qué es esto de tener un nombre espiritual? Básicamente, el nombre que cada persona recibe cuando nace está basado en una elección ‘mundana’, según las preferencias, gustos y contexto de los padres. En algunos casos se elige el nombre de un recién nacido porque su sonoridad agrada, en otros por su significado, en otros casos por una cuestión de moda. Cuando digo una elección ‘mundana’, no quiero decir que todos pongan a sus hijos nombres de estrellas pop o modistos (aunque también existen esos casos), sino que los criterios que se utilizan para seleccionar el futuro nombre de esa persona se basan en general en el aspecto material, o sea en lo que el ojo y la mente humana pueden atrapar.

Hay niños que, por ejemplo, reciben los nombres de sus antepasados por motivos emocionales y de tradición, mientras hay otros que reciben nombres con referencias religiosas y espirituales debido a las creencias de sus padres. En ningún caso se critican estas elecciones. De hecho, cada padre elige el nombre que considera mejor para su hijo, sea por el motivo que sea (significado, sonoridad, árbol genealógico, homenaje cultural…)

La idea de un nombre espiritual tiene su asidero en que esta elección hecha por los padres no contempla, en la mayoría de casos, las cualidades esenciales de esa personalidad (o de esa alma). Y no lo hace por dos razones: no las conoce de antemano y aún queriendo, tampoco son visibles para la mayoría.

Un nombre espiritual verdadero sería aquel que se corresponde con las cualidades particulares de esa alma, no simplemente describiéndola, sino alentándola a identificarse con ellas de manera de poder avanzar más rápidamente en su camino espiritual.

Gustos

Mi nombre, por ejemplo, con el que estoy inscrito en el registro civil, es Naren, y como expliqué una vez, hace referencia a un gran santo de la India. A pesar de estas motivaciones ‘espirituales’, el nombre fue elegido por mis padres desde un punto de vista ‘mundano’, pues no reflejaba necesariamente las cualidades particulares de mi alma en este nacimiento. Eso no quita que mi nombre me guste mucho y, según el punto de vista, se pueda considerar más ‘espiritual’ que la elección de aquel asiático que como nombre de pila, a su hijo le puso David Beckham.

De la misma forma, muchos padres creyentes dan a sus hijos nombres de santos o vírgenes, especialmente en la religión católica, que es lo más habitual en Occidente. De hecho, gran parte de los nombres tradicionales en Occidente (aunque cambien los idiomas) tienen su origen en personajes bíblicos, santos y místicos, tanto del catolicismo como del judaísmo.

Sin embargo, repito, que el origen del nombre sea religioso o ‘espiritual’ no significa que sea el adecuado para esa persona en particular. Asimismo, es verdad que hay muchas personas que no están felices con el nombre ‘mundano’ que recibieron de sus padres, y esto podría deberse a que su ‘alma’ no se identifica con él, pero también es factible que se deba a una cuestión ‘mundana’ de gustos, de la misma forma que a mí puede no agradarme tener el cabello rizado que me ha tocado en suerte.

Elección

Entonces, si los padres en general no son capaces de elegir un nombre espiritual para sus hijos, ¿quién puede? Pues hay distintas alternativas. En la filosofía espiritual relacionada con el hinduismo, donde predomina la relación Guru-discípulo, es justamente el Guru quien da el nombre espiritual al aspirante. Si se trata de un maestro verdadero, entonces se da por sentado que es capaz de saber el nombre que corresponde a nuestra alma y que se ajusta a nuestras necesidades espirituales.

Evidentemente mi relación más cercana con los nombres espirituales se da a través de Swami Premananda, y hasta hace dos meses uno podía pedir su nombre al hacerse miembro del Sri Premananda Ashram (como fue el caso de Nuria), y entonces recibía un nombre espiritual en sánscrito o en tamil elegido por Swami. Según se explica, “el uso de este nombre te ayuda a estar consciente de tu naturaleza espiritual y de que has comenzado una nueva vida espiritual. Cada nombre dado por Swamiyi posee una cualidad y una vibración espiritual propia y te ayuda en tu sendero espiritual”.

De esta forma, recibir un nombre espiritual tiene dos aspectos básicos: Por un lado, es una ‘marca’ que recuerda al buscador espiritual que ha entrado efectivamente en el camino espiritual. De manera similar, cuando una persona deja la vida secular para tomar los hábitos religiosos (en cualquier religión) generalmente debe cambiar sus ropas y su nombre, no sólo como una forma de demostrar pertenencia a un grupo particular, sino como un símbolo de haber dejado atrás el antiguo ‘yo’ mundano en pos de un ‘yo’ espiritual.

Probablemente este proceso nos parece más normal cuando refiere a una vida monástica, pero la idea esencial es la misma.

Casos

Recibir un nombre espiritual puede sonar raro para algunas personas, pero es una práctica mucho más extendida de lo que creemos. Si los actores y los músicos se cambian el nombre para fines artísticos o comerciales, cómo no va a tener sentido hacerlo con fines espirituales.

En el caso de los hábitos religiosos, es normal que el monje o renunciante iniciado haga ciertos votos y asuma su nueva ‘personalidad’ con un nuevo nombre, que según la tradición que siga puede ser dado por un tercero o ser elegido personalmente. Paradigma de esto último es el caso de los Papas católicos, que deben elegir su nombre espiritual dependiendo de sus ideales y del tipo de ministerio que pretenden implantar en la Iglesia. El mismo criterio, aunque con menos repercusión mediática, se da con los sacerdotes y monjas católicas que, en general, abandonan sus apellidos y adquieren un título como ‘hermano’, ‘padre’ o ‘sor’.

En cuanto el islamismo, son muy famosos los casos de personas que decidieron convertirse a la religión de Mahoma y por ende debieron cambiarse el nombre. El campeón de boxeo Mohammed Alí (antes Cassius Clay) y el cantautor Yusuf Islam (antes Cat Stevens), son quizás los ejemplos más conocidos.

El budismo, el jainismo y el sikhismo, por nombrar otras religiones, en este caso muy cercanas al hinduismo, también utilizan la práctica del nombre espiritual. De hecho, el sikhismo es una de las religiones que más lo fomenta, y en algunos casos se puede pedir por internet llenado una solicitud, aunque eso depende de la ‘escuela’ que uno siga.

Identificación

El segundo aspecto fundamental de recibir un nombre espiritual (además de recordatorio de la entrada al sendero espiritual) tiene que ver con el significado de ese nombre, que “posee una cualidad y una vibración espiritual propia”. Esta ‘vibración’ puede estar directamente relacionada con las cualidades del alma del aspirante, en el sentido que fomenta esos aspectos más puros o positivos de la personalidad, creando así un sentimiento de identificación que ayuda a la persona a ser más feliz.

A la vez, las cualidades referidas en el nombre espiritual pueden no parecer, a priori, directamente relacionadas con la personalidad de ese aspirante, sino que se convierten más bien en un estímulo de aquello a lo que la persona debe aspirar; es decir, una pista de hacia dónde dirigir sus esfuerzos para evolucionar espiritualmente.

Como regla general, si uno medita y reflexiona sobre el significado profundo que tiene el propio nombre espiritual, seguramente encontrará mucho material para trabajar internamente, a la vez que hallará una ayuda y una guía personal en el propio camino espiritual.

El idioma en que se recibe el nombre espiritual depende de cuál es la lengua tradicional (o sagrada) de cada religión o escuela espiritual. Para el islamismo será en árabe, para el hinduismo en sánscrito (en el caso de Premananda también incluye el tamil que es su lengua materna), para el budismo en sánscrito o en pali, para el catolicismo, aunque los nombres son los mismos, dependerá de la lengua que se hable en cada país.

Hansika

Hace algunos días llegó un e-mail del Ashram de la India. El e-mail traía una respuesta personal de Swami, realizada antes de su samadhi, al pedido de nombre espiritual de Nuria. Cuando Swami entró en samadhi, algunas respuestas a cartas de devotos ya habían sido hechas, pero quedaron en el camino esperando su traducción final o su envío. No eran muchas cartas, pero una de ellas era para Nuria, o mejor dicho, para Hansika, ya que este es el nombre espiritual que Swami le dio.

Indagando con mi profesora de sánscrito, ella me explicó que el nombre deriva de Hamsaa, que significa ‘cisne’ (y por ende, la pureza y también la capacidad de discriminación). El sufijo –ikaa, me explicó mi profe, expresa un matiz entre cariño y respeto, que se podría comparar con el uso del diminutivo en castellano, por lo que Hansika (el cambio de ‘m’ por ‘n’ es una variación) es el diminutivo femenino de cisne, es decir ‘cisnita’ o ‘cisnecita’. La acentuación de la palabra es esdrújula.

Más allá de la explicación etimológica, con sus correspondientes connotaciones espirituales, lo más lindo de que Nuria haya recibido su nombre espiritual es que se trata de un ‘último regalo’ de Swami; o sea un regalo material, tangible, una carta y además un nombre, cuando ya parecía que no era posible.

Swami y su energía están en el corazón de sus devotos, eso no se discute, pero que bueno es comprobar que él también sigue presente, de alguna forma, en los aspectos prácticos.

 

Imágenes:

iuvalladolid2011.org

himalayanacademy.com

independent.co.uk

exoticindiaart.com

Un lingam desde la ‘muerte’

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Antes de que Swami Premananda abandonara su cuerpo, la razón principal (no sólo mía sino de todos los devotos y visitantes) para visitar la India era estar en el Sri Premananda Ashram para las celebraciones de Mahashivaratri, como cada año. Una vez que se supo la triste noticia, la prioridad de la gran noche del Señor Shiva quedó relegada por las ceremonias funerarias, al menos para mí.

Sobre esto, no fui yo el único en notar que Swami tuvo un gran timing para elegir la fecha para ‘entrar en samadhi’; es decir, si él hubiera abandonado su cuerpo en otra época del año, difícilmente cientos de devotos habrían podido arreglar de un día para otro una visita fugaz al Ashram para presenciar el funeral. En cambio, es en época de Shivaratri cuando la mayor cantidad de devotos y visitantes llegan al Ashram, justamente para presenciar el milagro del Lingodbhava. Por ende, nadie cree que sea casual la fecha elegida por Swami.

Cuando digo ‘elegida’, lo hago basándome en la creencia de que cuando una persona ‘entra en samadhi’ lo hace por propia voluntad, lo hace con conocimiento de causa, y no se trata de una muerte ‘ordinaria’. Otra cosa es que yo no sepa o entienda por qué Swami tuvo que dejar su cuerpo en este momento de su vida y no en otro. De hecho, Swami decía que todo lo que él hacía era por “voluntad de lo Divino”, y en este sentido doy por sentado que su samadhi fue una ‘decisión de Dios’ que Swami ya conocía.

El hecho que él no lo comunicara no es sorprendente, y en las vidas de los santos de todas las épocas hay muchas historias similares sobre cómo abandonan su cuerpo sin preaviso o simplemente dando pistas indirectas a sus allegados.

Samadhi de Swami Premananda

 

Mahashivaratri

En cierta forma, dentro de la tristeza, todos los presentes estábamos agradecidos con esta ‘treta’ de Swami, ya que nos había permitido asistir a las ceremonias funerarias, cosa que habría sido muy difícil en otra época, como ya he dicho.

De hecho, el año pasado (2010), la cantidad de personas que llegaron para Mahashivaratri era muy grande, pues ser testigo del nacimiento de los lingams no es un programa que pasen en televisión todos los días. Este año, sin embargo, el número de visitantes fue menor, ya que puede que muchos de ellos decidieran cancelar su viaje a último momento por las circunstancias. De todos modos había muchas personas, aunque no tengo el número oficial.

Una vez pasada la jornada del funeral (28 de febrero), el 2 de marzo comenzaron los preparativos para Mahashivaratri, que este año 2011 fue, justamente, de la noche del 2 al 3 de marzo. Las celebraciones fueron las tradicionales, aunque con variaciones. Por ejemplo, este año no se construyó un gran salón al aire libre, ni un gran escenario, ya que todas las actividades se llevaron a cabo junto al recién instalado samadhi de Swami, en el templo de Shiva.

Por otro lado, los maharudra abishekams, es decir, los rituales que cada año se hacían al gran shivalingam de piedra del Ashram, fueron realizados al nuevo shivalingam colocado sobre el samadhi de Swami, en el santuario principal del templo. Como cada año, se realizaron cuatro de estos abishekams, el primero a las 9pm del 2 de marzo, y el segundo a medianoche; a las 3am se realizó el tercer abishekam y a las 4.30am hubo un yagam, una ceremonia de fuego. El cuarto y último abishekam comenzó alrededor de las 6am, y en él fue posible que cada uno de los presentes hiciera la ofrenda personal de una flor al samadhi de Swami.

A las 8am todos los rituales tradicionales habían concluido y yo (como muchos otros) me retiré a dormir porque estaba muy cansado.

Diferencia

Si bien las actividades de la noche de Shiva eran similares a otros años, era evidente la gran diferencia: Swami no estaba físicamente vivo y presente. Que no estuviera físicamente presente podía ser considerado plausible, ya que hasta el año 2008 y desde 1995, Swami había pasado las noches de Shivaratri en la prisión. De hecho, yo mismo había celebrado Shivaratri en el Ashram en 2007 sin la presencia física de Swami, y se trató de una ocasión muy bendita.

Ahora, la gran diferencia era que no vería más a Swami en su cuerpo físico, y mucho menos manifestando lingams. Desde este punto de vista, me costaba disfrutar plenamente de la noche de Shivaratri.

De todos modos, todos los devotos participamos de las celebraciones y, como cada año, se arregló un sitio (ubicado detrás del samadhi de Swami) para la recitación del mantra ‘Om Namah Shivaya’ durante 24 horas (desde las 8am del 2 de marzo hasta las 8am del 3 de marzo). En dicha habitación se pusieron a la vista los primeros lingams manifestados por Swami durante los lingodbhava de los últimos cuarenta años. Había incluso un porta-lingam preparado para el año 2011, pero claro, estaba vacío…

Primeros lingams de cada año manifestados por Swami Premananda

 

Mensaje

A las 4.30pm del 3 de marzo yo todavía dormía en mi colchón, cuando mi hermano vino a nuestra habitación comunitaria y me despertó. Traía un mensaje: Un lingam había aparecido en el samadhi de Swami.

Mientras se estaba preparando el abishekam de la tarde al shivalingam en el samadhi de Swami, un devoto que estaba quitando las flores del último Maharudra abishekam de la noche anterior descubrió un lingam cubierto de kumkum entre las flores.

Efectivamente, como pude comprobar al levantarme e ir al templo, se trataba de un lingam rosado de un tamaño que se puede considerar grande para la medida estándar de los lingams manifestados por Swami cada año. Asimismo, todavía estaba cubierto de kumkum, el polvo rojo sagrado utilizado para rituales en la India y que Swami genera espontáneamente por su boca al dar nacimiento a los lingams. Realmente el lingam era hermoso y yo pude percibir su fuerte energía.

Todos los devotos se reunieron a contemplar el lingam recién llegado, y entonces una mataji del Ashram se encargó de darnos bendiciones con el lingam, uno por uno, a todos los presentes.

Lingam rosado "manifestado" por Swami Premananda en Mahashivaratri 2011

 

Naturalidad

Como es lógico, a alguien le pueden surgir dudas de si ese lingam no fue puesto allí por algún interesado, en lugar de haber aparecido por la gracia Divina. Como siempre, la experiencia ajena no alcanza para solventar la duda. Ni siquiera fui yo el que encontró el lingam entre las flores, y si bien yo no dudo ni un ápice del milagro, no puedo dar pruebas “científicas”.

De todos modos, en mi caso, yo ya había experimentado la aparición de lingams en el Ashram durante Mahashivaratri. En el año 2007, con Swami en la prisión, dos lingams aparecieron en su silla del Puja hall (el salón de rituales) y a todos nos alegró, como una muestra de la presencia y el poder de Swami.

Quizás por esos antecedentes, la aparición de un lingam “de la nada” me pareció lo más natural del mundo. Estábamos en Shivaratri, y no era la primera vez que veía un milagro similar, por ende lo tomé con naturalidad.

Día después

Con esta naturalidad seguí mi vida en el Ashram durante varias horas, hasta que al levantarme al día siguiente (esta vez temprano), caí en la cuenta de lo que había sucedido. Swami había hecho un milagro con mayúsculas, un milagro desde la ‘muerte’.

En muchas cartas previas, Swami había invitado a muchas personas a ir al Ashram por Mahashivaratri, prometiéndoles que “podrían ser testigos del Lingodbhava“. Aunque no de la manera esperada, su promesa se cumplió, y todos vimos el nacimiento de un nuevo lingam lleno de energía.

Por otra parte, después de una “muerte” tan inesperada y “ordinaria” (en el sentido de que en apariencia podría parecer impropia de una persona santa), en los corazones de muchos devotos había un anhelo de que Swami hiciera algo que demostrara su poder, es decir, que él todavía estaba con nosotros. Y lo hizo con un milagro, que no es poco, pero además demostrando que la “muerte” no era un obstáculo.

Acorde con las enseñanzas espirituales más antiguas y profundas, que dicen que el alma es inmortal, y que aquella persona que ha alcanzado a Dios, o ha conocido su verdadero Ser, es una con el Universo, Swami Premananda ‘puso’ un lingam sobre su samadhi, para demostrarnos la vigencia de esas palabras.

Cuando fui a contarle mi ‘revelación’ a Nuria, ella me dijo: “Claro, ¿recién ahora te das cuenta?”.

Y sí, recién entonces me había dado cuenta de lo grande del milagro, de su mensaje, y sobre todo, de que a pesar de su ausencia física, Swami seguía teniendo el poder de hacer lo que quisiera, lo cual como devoto me da protección, sosiego y fe.

El Samadhi de Swami (2da parte)

Mi relación con la muerte no es particularmente fluida. Ni próxima. Al menos hasta ahora. Quiero decir que, por un lado, en mis treinta y un años de vida no había sufrido una pérdida tan cercana e inesperada como esta de Swami Premananda, por lo tanto no estoy habituado a “tratar” con este fenómeno.

Sin embargo, por otra parte, y como todos sabemos, este fenómeno es una condición inherente a la vida misma. Y aún así, parece que en general uno omite esta irremediable obviedad.

En el tercer capítulo (Vana Parva) del más grande poema épico de la India, el Mahabharata, hay un famoso episodio en que Yudhishthira, hijo del Dharma, es sometido por un yaksha (una especie de espíritu de los bosques), a una larga serie de profundas preguntas sobre ética, filosofía y espiritualidad. Entre ellas, el yaksha pregunta: “¿Cuál es la cosa más maravillosa de este mundo?”

A lo que Yudhishthira responde: “Día tras día, incontables vidas entran al Templo de la Muerte. Observando este espectáculo, el resto de esas vidas, las que aquí se quedan, creen ser permanentes, inmortales. ¿Puede algo ser más maravilloso que esto?”.

Cuerpo

El domingo 27 de febrero llegamos al Sri Premananda Ashram de la India y tuvimos la oportunidad de ver el cuerpo de Swami Premananda que aún estaba siendo velado y honrado en el llamado Puja hall, es decir la sala de rituales y meditación. Si bien el ambiente allí era de paz, mi primera sensación fue que ese cuerpo dentro de la urna de cristal estaba vacío, que no era Swami.

Como cada experiencia es personal, había personas que sí notaban energía especial en ese cuerpo, lo cual tiene sentido tratándose de una persona santa. A mí me generó respeto, por supuesto, pero no una profunda devoción o tristeza. Yo no lograba ver en ese cuerpo más que un contenedor, ahora vacío.

Desde un punto de vista optimista, esta sensación puede ser considerada como un signo de maduro entendimiento de que el cuerpo es un mero envoltorio de algo inmortal y superior (conocido como alma o espíritu). Desde otra visión más psicológica, se podría intuir como un tipo de bloqueo sobre los sentimientos negativos que podía producirme la situación, o como una forma alternativa de negar la muerte física de Swami.

En esos momentos pensaba mucho en toda la cuestión, a la vez que trataba de no pensar mucho, dejando las conclusiones para más tarde.

Ceremonias

Las ceremonias funerarias tuvieron lugar al día siguiente, el 28 de febrero, y comenzaron temprano. A las 6am el cuerpo de Swami ya había sido trasladado al templo de Shiva, el nuevo templo que aún está en fases de construcción en el Ashram. El recinto, que ahora es el samadhi de Swami, es una especie de mausoleo, de base rectangular (4mt x 5mt aprox.) y con estructura de torre (de unos 8-9mt de altura aprox.) decorada con el estilo de los gopurams de los tradicionales templos del sur de la India.

Dicho recinto era originalmente el santuario principal para un Shivalingam, lo cual no cambió, aunque ahora se había excavado un pozo de 2mt de profundidad x 2mt de ancho para colocar allí el cuerpo de Swami.

Antes de ese momento, los devotos presentaron sus últimos respetos al cuerpo de Swami, a la vez que un ramo grande de flores le era ofrecido en nombre de todos los devotos del mundo.

Luego, 17 sacerdotes brahmines venidos especialmente desde el vecino estado de Kerala realizaron una serie de ceremonias preparatorias. Es bueno decir que en la India todo se hace prolongado, al menos en comparación con la concepción del tiempo occidental. Los viajes en tren o autobús son largos; los trámites son largos; las bodas son largas; y evidentemente los funerales son largos (en total, las ceremonias de la jornada se extendieron de las 6am a las 5pm).

Para empezar, antes del amanecer, algunos miembros de la familia de Swami, sanniasines (renunciantes) y devotos fueron junto con sacerdotes al sagrado río Kaveri a recoger agua; allí realizaron un ritual para luego llevar el agua consagrada en el kumbam (un tipo de vasija importante en los rituales) para la ceremonia. Una vez que dicha agua llegó al Ashram, los brahmines recitaron milenarios mantras de los Vedas durante varias horas y también cantaron antiguos cantos, conocidos como tevarams, de los santos de Tamil Nadu.

Asimismo, los sacerdotes realizaron un gran yagam, una ceremonia del fuego, en la que todos los presentes pudimos participar tocando los elementos (principalmente granos) que serían luego ofrecidos al fuego.

El simbolismo de cada paso fue explicado, pero digamos que el significado principal de todos estos rituales preparatorios es que el alma de Swami ahora se unía definitivamente con Paramatma (“el alma suprema”), que según una versión del Hinduismo también puede ser identificado como Vishnu.

Entierro

Después de varias horas de ceremonias llegó el momento más emotivo, cuando el cuerpo de Swami fue colocado dentro del santuario según la antigua tradición. Alguna vez he hablado de cómo en la India la muerte (merced a, entre otras cosas, la creencia en la reencarnación) es vista con menos fatalismo que en Occidente. En cierta forma, en la India, la muerte es menos tabú que en Occidente.

Por eso mismo, quizás, el féretro donde estaba el cuerpo de Swami era de cristal, y se lo podía ver sin problemas. De la misma forma, a la hora de colocar el cuerpo en el santuario, un grupo de jóvenes indios residentes del Ashram (bajo la indicación de los brahmines) se encargaron de alzarlo (ya sin la urna) e instalarlo en el samadhi. Para nosotros, occidentales, ver que un cuerpo muerto es tocado, levantado y movido sin ningún pudor, sino con toda solemnidad y devoción, es un hecho extraño, seguramente generador de sensaciones múltiples.

Incluso sintiendo que se trataba “sólo de un cuerpo”, en mi caso personal, ese fue el momento más emotivo de toda la jornada de ceremonia. Lo cual quizás es lógico, pues al parecer es común que cuando se coloca el féretro del ser querido en la correspondiente tumba o nicho, uno toma renovada consciencia de la pérdida, y evidentemente se emociona. Sea como sea, la imagen del cuerpo de Swami, cubierto en una túnica amarilla, elevado por sus devotos rumbo al santuario, quedará en mi memoria.

El cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, dos metros por debajo la superficie del altar, sobre una plataforma de sándalo cubierta de hierbas sagradas. Los sacerdotes le pusieron guirnaldas de la planta tulasi (conocida como “albahaca sagrada”), hojas del árbol de bilva (considerado sagrado para el Señor Shiva) y collares de semillas del árbol de rudraksha. Luego se vertió amorosamente sobre su cuerpo vibhuti (ceniza sagrada), polvo de sándalo y cristales de sal.

Una vez que fue cubierto por éstos, se puso sobre el cuerpo de Swami tierra del Ashram y encima se colocó una losa de piedra especial.

Samadhi de Swami Premananda después de las ceremonias funerarias

Shivalingam

Antes de abandonar su cuerpo, Swami había dado instrucciones acerca del tipo y el tamaño del shivalingam que debía instalarse en el templo de Shiva. Se trataba de un shivalingam de piedra, de unos 1,20mt de alto y muy pesado. Dicho lingam también fue traído al templo y se realizaron las ceremonias adecuadas para su instalación.

Con el cuerpo de Swami ya colocado en el samadhi, la base del shivalingam fue instalada sobre la losa de piedra, al tiempo que los devotos recitábamos el conocido y poderoso mantraOm Namah Shivaya”. Asimismo, se pusieron algunos objetos religiosos pertenecientes a Swami en la base. Entonces, el lingam propiamente dicho se colocó sobre estos objetos. Inmediatamente, alrededor de la base y del lingam se untó una pasta ayurvédica de color naranja, hecha de hierbas y otras substancias, sellando así ambas partes entre sí.

Entonces, los sacerdotes hicieron el primer abishekam al gran shivalingam y los kumbams resultantes del anterior yagam fueron vertidos sobre el lingam. Acto seguido se mostró al nuevo samadhi un arati (una lámpara de luz o fuego) muy especial, ya que tenía unas 54 llamas (lo normal son 5 o 7 por ejemplo). A partir de ese día, y durante 48 días (hasta el 16 de abril), se comenzaron a llevar a cabo dos abishekams diarios al shivalingam del samadhi de Swami como parte de los rituales funerarios.

Shivalingam instalado sobre el Samadhi de Swami

Presencia

Como comenté la semana pasada, Swami había dicho en repetidas ocasiones que cuando él dejase su cuerpo físico, una poderosa energía espiritual se irradiaría desde su samadhi durante 2500 años. Yo no había pensado demasiado en ese tema, pues me parecía algo lejano (no sólo los 2500 años, sino la “muerte” de Swami). Visto en retrospectiva, ahora se entiende por qué durante el último año, Swami le dio tanta importancia a la finalización del templo de Shiva en el Ashram.

Asimismo, Swami había dicho que durante estos 2500 años todo lo que pidiéramos a su samadhi sería respondido (ya sean preguntas o pedidos). De ahí que el nombre del templo de Shiva (según anunció Swami en diciembre) será Kurai Teerkum Shiva, que en lengua tamil significa “Shiva que resuelve todos los problemas”.

Torre del Samadhi decorada al estilo de los templos del sur de la India

Ahora, casi un mes después de las ceremonias funerarias, sigo analizando los hechos en general, y sin duda me queda mucho por comprender. De todos modos, hay un detalle respecto al samadhi que tuve en cuenta ya desde mi estancia en el Ashram y que me interesa destacar: Una vez que el cuerpo de Swami fue instalado en el samadhi, y todas las ceremonias fueron realizadas, mi percepción interior fue que ese templo, ese santuario, tenía mucha energía espiritual.

Es decir, el santuario que contenía el cuerpo de Swami, ese mismo cuerpo que antes me había parecido vacío, ahora me transmitía gran vibración espiritual y me parecía poderoso, tal como había predicho Swami.

Este cambio, algunos lo atribuirán a las complejas ceremonias de consagración hechas por los sacerdotes; otros, a un efecto psicológico producido por el hecho de ya no ver el cuerpo muerto; otros, a la focalización de la mente en la “energía” de Swami, ya que su cuerpo ya no estaba… Seguramente hay muchas opciones para discutir y todavía no tengo la respuesta definitiva.

Lo único cierto es que ese cuerpo “vacío” ahora me parecía dotar de santidad ese samadhi, y aunque yo crea (y muchos más) que la presencia de Swami y su energía está en “todos lados” (incluyendo en mi corazón), no me parece nada mal tener un sitio material al cual dirigir la atención, sobre todo estando en el Ashram. De hecho, me hace ilusión pensar que podré visitar el samadhi de Swami cada vez que vuelva de visita al Ashram.

Seguramente, cada una de las personas que estuvo en esas fechas en el Ashram tendrá sus propias impresiones. Las arriba descriptas son las mías, vistas todavía de bastante cerca, y no son únicas ni definitivas. Aún estoy en proceso de asimilación y esta crónica, además de informar, sirve (como tantas otras) para sacar a la luz pensamientos-sentimientos internos y sopesarlos mejor. En eso estamos.

Imágenes:

bhagavananandamurti.wordpress.com

absolut-india.com

Nuria Parera

El Samadhi de Swami

Después de dos semanas en la India, pasados casi íntegramente en el Sri Premananda Ashram, regresamos (Nuria y yo) a Barcelona. El evento principal de este viaje eran las ceremonias funerarias del cuerpo de Swami Premananda, que como informé en el último post, dejó su cuerpo físico el 21 de febrero pasado.

Una semana después de su deceso, el lunes 28 de febrero, tuvieron lugar en el mismo Ashram los rituales pertinentes, en este caso los rituales que corresponden a una persona considerada santa.

Polisemia

Como todas las lenguas, pero en mayor medida, el sánscrito es polisémico; es decir, que una misma palabra puede designar diferentes elementos y puede variar su sentido según el ámbito en que se utilice. El término samadhi es un buen ejemplo de esto. Su significado más popular es, seguramente, el que hace referencia a un estado de consciencia elevado en que una persona trasciende su ego individual y entra en comunión con su verdadera esencia o con lo Divino. Es sinónimo aproximado del nirvana budista.

Por otro lado, cuando una persona santa deja su cuerpo también se dice que “ha entrado en samadhi“, lo cual es una forma de decir que su alma se funde con lo Divino de forma total, ya no limitada por el cuerpo.

Asimismo, samadhi es el nombre que se da al sitio donde se entierra el cuerpo físico de una persona santa. Es decir, lo que para una persona normal sería una tumba, tiene otro status tratándose de un santo, ya que se considera que tales lugares son muy poderosos espiritualmente pues el santo continúa interactuando con los devotos a través de su samadhi.

Como es sabido, la religión hindú tiene la tradición de cremar a sus muertos, basada en que el fuego purifica y en que cualquier identificación que pueda quedar por parte del alma con el cuerpo expirado sea eliminada, para así ayudarla en su proceso de trasmigración. Esta regla tiene una excepción, y es que a la persona santa (considerada devoto puro) no es necesario incinerarla, ya que obviamente no requiere purificación.

En la India hay gran cantidad de samadhis de este tipo, pues es natural que una tierra de numerosos santos vivos deje, a su debido tiempo y siguiendo el ciclo humano de la vida, numerosas tumbas de santos. Algunos de estos samadhis son muy conocidos, como es el caso del de Sri Aurobindo en Pondicherry.

Samadhi de Sri Aurobindo en Pondycherry

Darlymple

Justamente estoy leyendo un libro llamado “Nine lives”, del autor escocés William Dalrymple (“Nueve vidas” en español, editado por Kairós) que en uno de sus capítulos habla de la ciudad pakistaní de Sehwan Sharif, conocida por su templo y su samadhi al santo sufí Lal Shahbaz Qalendar, donde tanto peregrinos sufíes y musulmanes como hindúes, llegan para rendir culto.

Además de transportar al lector a las desérticas veladas de música y baile en que extáticos derviches buscan el paraíso en su propio interior, el autor muestra el contraste teológico existente entre esta celebración pan-religiosa y la rigidez del Islam más ortodoxo, totalmente contrario a la utilización de la música y el baile por considerarlos “pecadores”.

Del mismo modo, esta línea islámica considera que “no hay que rezar a hombres muertos ni pedirles cosas, incluso a los santos, ya que el Islam no cree en otro poder que el de Dios”. “No recéis a un cadáver. Id a la mezquita no a una tumba”, agrega el director de la madraza ortodoxa de Sehwan Sharif aduciendo que dicha práctica se basa en “influencia hindú”.

Evidentemente, si tenemos en cuenta que lo que hoy es Pakistán fue parte de la India hasta hace 60 años, y que Sehwan Sharif se encuentra cerca de la frontera, no es sorprendente que prácticas del Hinduismo influenciaran a los sufíes, del mismo modo que ha sucedido a la inversa.

Samadhi de Lal Shahbaz Qalendar en Sehwan Sharif

Poder

No es mi intención denostar al Islamismo ortodoxo en contraposición al Sufismo danzarín (aunque es claro que estos últimos me caen muy simpáticos), sino que la discusión me pareció pertinente teniendo en cuenta mi relato del samadhi de Swami.

¿Puede una tumba tener poder espiritual y ser de alguna forma como estar frente a la persona santa? ¿Puede convertirse una tumba en un sitio de peregrinación espiritual que dé paz mental a los visitantes?, y me refiero a algo más que la famosa tumba de Jim Morrison en el cementerio Père Lachaise de París.

Pues bien, como es de esperar, la respuesta final a estas preguntas sólo la puede obtener cada persona después de su experiencia directa y particular. Como siempre en temas espirituales, la fe es importante, pero más importante es la experiencia personal directa que destierra – o no – toda duda. De todos modos, Swami Premananda hablaba a menudo del poder de los samadhis de personas santas. Explicó, por ejemplo, que en muchos templos poderosos de Tamil Nadu está el cuerpo de un gran santo.

Asimismo, Swami había hablado varias veces de su propio samadhi, aunque en realidad nadie (o al menos yo) se había dado cuenta de manera cabal…

Tumba de Jim Morrison en el cementerio Pére Lachaise

Templo

En el Ashram se comenzó hace varios meses, por decisión de Swami, un templo dedicado al Señor Shiva. Swami dijo que si alguien oraba en ese templo, sus problemas se resolverían y sus pedidos serían concedidos. Agregó que él haría que fuera un templo sumamente especial. Además, Swamiyi dijo que él construiría el templo de tal manera que sus poderes obrarán allí durante los próximos 2500 años.

Yo personalmente pensé que eso estaba muy bien, pero no le di más vueltas. Un templo a Shiva seguramente es poderoso, y más si está en tierras del Ashram, razoné. Y los 2500 años de poder, pues, no lo pongo en duda, aunque tampoco soy de pensar a tan largo plazo, concluí.

Lo que no tuve en cuenta ni un minuto, ni una vez, ni siquiera cuando supe que Swami había “entrado en samadhi” y que su cuerpo estaba siendo velado en el Ashram, es que su samadhi (en el sentido de tumba) estaría en el templo de Shiva en construcción. Es decir, Swami habló en repetidas ocasiones del poder que tendría dicho templo, de cómo se convertiría en lugar de peregrinación, en cómo uno podría resolver sus aflicciones en él, porque claramente tenía planeado que instalaran su samadhi allí.

Sin embargo, esta opción a mí no se me había ocurrido y en verdad, dentro de la tristeza general de la situación, este fue un hecho que me dio alegría. O sea, saber que el Ashram ahora tendría un rincón aún más sagrado, y además tener la bendición de ver el proceso en vivo.

Detalle del Templo de Shiva en el Sri Premananda Ashram

La semana que viene, esperando retomar mi frecuencia bloguera, contaré los detalles de la ceremonia funeraria y de la instalación del samadhi, un evento para mí tan desconsolador como bendito.

Imágenes:

sabda.sriaurobindoashram.org

urdumaza.com

flickr.com/photos/ronbrinkmann/

Swami Premananda abandonó su cuerpo físico

Tal como dice el título del post, Swami Premananda dejó su cuerpo físico, lo cual tratándose de una persona santa se conoce como samadhi. El hecho sucedió el lunes 21 de febrero a la 1.30pm de la India. Al parecer se debió a un grave problema en su hígado que dejó de funcionar. Swami tenía 59 años.

Hace cuatro años, Swami me dijo que compartiera mis experiencias en la India y este diario de viaje online (que lleva 2 ½ años) fue el primer paso para seguir su consejo. No sé cuántos, pero en muchos, quizás en la mayoría de los posts de esta bitácora, aparece el nombre de mi maestro espiritual, Swami Premananda.

Este post particular no es una crónica extensa ni tampoco un intento de obituario o elegía, sino que es una forma de informar de esta noticia a todas las personas que alguna vez leyeron o escucharon de Swami a través de este blog.

Mañana sábado 26 de febrero partimos rumbo a la India con Nuria, para asistir a los rituales funerarios de Swami en el Sri Premananda Ashram, el lunes 28 de febrero.

El viaje ya estaba planeado, como casi cada marzo, para asistir al festival de Mahashivaratri. El cronograma de actividades ahora ha cambiado, y no tengo muchos detalles. Tampoco me importa demasiado.

Será, a priori, un viaje muy diferente de los demás. Para empezar, mi sexto viaje a la India será el más triste de todos.

Swami

Bhután y la Felicidad Bruta Interna

El dilema de la felicidad y cómo alcanzarla es inherente a la humanidad. De hecho, como creo todos ya sabemos, cada una de las acciones que realiza un ser humano son básicamente para ser más feliz. De todos modos, no todo el mundo coincide en qué es la felicidad, y por ende no es tan sencillo determinarla; o al menos, depende de los valores en que cada uno basa la consideración.

En la sociedad del consumismo y la inmediatez en la que vivimos, parece ser que lo que determina la felicidad está relacionado con la cantidad más que con la calidad: es decir, el que más tiene (casi siempre en referencia a bienes materiales), más rápido y con menos esfuerzo, ese es el más feliz.

Sin embargo, según el punto de vista, hay otros factores a considerar como los consabidos salud, amor y también educación o cultura. Factores estos, algo más difíciles de medir que cuántos coches tengo aparcados en el garaje.

Objetivo/Subjetivo

Por supuesto que existen indicadores “mensurables” como el nivel de alfabetismo, de expectativa de vida, de servicios de salud pública, que pueden ser puestos en cifras objetivas. Pero hay toda una serie de indicadores que pertenecen al aspecto subjetivo de cada persona, referentes a los ámbitos emotivo y psicológico, por ejemplo. Es decir, no por ser más alfabetizado soy necesariamente más feliz.

En un estudio del año 2006 realizado por una universidad británica se afirmaba que la educación y un buen sistema de salud eran igual de importantes que la riqueza para determinar la felicidad de un país.

En otro estudio del 2008, se dice que la “libertad de elección y la tolerancia” tiene mucha influencia en el nivel de felicidad. Dependiendo de los indicadores tenidos en cuenta el ranking de los países “más felices” varía de un estudio a otro.

Puede que para muchos sea evidente que la felicidad va más allá de lo medible y objetivo, pero a nivel nacional y oficial fue el 4º rey de Bhutan quien, en 1972, acuñó el concepto de Felicidad Bruta Interna (FBI) en lugar del tradicional Producto Bruto Interno (PBI), para medir efectivamente la calidad de vida de un país.

Tradicionalmente, el PBI de un país (basado en el valor de mercado de todos los bienes y servicios producidos en un periodo determinado) marca su progreso y por ende su nivel de calidad de vida. Contrario a esa corriente, el rey de Bhutan decidió que “la felicidad de las personas se convertía en el propósito del desarrollo” de su país.

Para determinar la Felicidad Nacional Bruta se creó un cuestionario largo y complejo que intenta abarcar todas las áreas humanas. Los indicadores de dicho cuestionario incluyen tanto las dimensiones objetivas como las subjetivas de la vida, con la intención de “dar igual peso a los aspectos funcionales de la sociedad humana como al costado emotivo de la experiencia humana”. Por ejemplo, “la percepción de las personas sobre su propia seguridad es tan importante en determinar la felicidad como las estadísticas objetivas de crimen”.

Buda

Bhutan es un país pequeño, de casi 700.000 habitantes, situado entre la India y la parte tibetana de China, con tradición de monarquía absoluta que ha variado a una monarquía constitucional en los últimos años, conjuntamente con la idea de desarrollar la FBI iniciada por su 4º rey (actualmente hay un 5º rey en funciones).

Quizás lo más importante a destacar de Bhutan es que es un país de mayoría budista (alrededor del 75 %), con el resto de habitantes, sobre todo en la zona sur, de religión hindú. Digo que es un dato importante a destacar, porque es justamente esta tradición espiritual-religiosa del país la que influenció al rey a desarrollar el concepto de FBI incluyendo como indicadores todo el abanico subjetivo-interior del ser humano.

Mi punto es, sólo con una fuerte base espiritual me parece factible dar igual importancia a los aspectos internos del ser humano que a los externos, y además tener el coraje de aplicarlo como un programa a nivel nacional.

Variables

Las variables principales que tiene en cuenta el Centro de Estudios de Bhutan para determinar la Felicidad Bruta Interna son nueve y se dividen en: Uso del tiempo; Niveles de vida; Buen gobierno; Bienestar psicológico; Vitalidad comunal; Cultura; Salud; Educación y Ecología.

Muchas de estas variables son obvias, aunque hay algunas que se distinguen como Ecología, que considera, entre otros, el “nivel de contaminación de los ríos”, “los métodos de reciclaje”, “la plantación de árboles” y el nivel de “conocimiento de las especies de fauna y flora”.

También me parece que sobresalen los indicadores de Vitalidad comunal (por ejemplo, “confianza en los vecinos”, “socialización con amigos”, “los miembros de su familia discuten demasiado”, “días de voluntariado”) y Buen gobierno (“libertad de opinión”, “accionar del gobierno en reducir la brecha entre ricos y pobres”, “discriminación”, “confianza en los medios de comunicación”).

Lo que quiero destacar es que, además de los datos objetivos, también se trata de evaluaciones individuales subjetivas, es decir de cómo percibe cada ciudadano todos los aspectos intrínsecos de un país. Es decir que por más que los datos oficiales digan, invento un ejemplo, que la tasa de divorcios es baja, si los ciudadanos muestran una baja satisfacción en sus vidas conyugales, evidentemente eso afecta su felicidad.

Bienestar psicológico

De las nueve variables que utiliza el Centro de Estudios de Bhutan, la que más me interesa destacar es la de Bienestar psicológico, que incluye opciones como “frecuencia de sentimiento egoísta/ de celos / de generosidad / de compasión / frustración / calma”, “frecuencia de pensamientos suicidas” y “aflicción mental”. Es decir que se toman en cuenta las vicisitudes emocionales de una persona para juzgar su felicidad. Ya sé que esto es obvio, pero en general la felicidad de un país no se mide así.

Dentro del Bienestar psicológico se hace más que evidente la influencia budista-hinduista del país ya que incluye también “frecuencia de oración y de meditación” y “consideración del karma en la vida diaria”.

Como ya he dicho, el cuestionario en completo es complejo y largo (pueden descargarlo en inglés aquí) y lo realizan personas preparadas específicamente, que van casa por casa, al estilo de los censos nacionales.

Muy probablemente, la felicidad de un país nunca podrá ser determinada por un cuestionario, por más bien hecho que sea. De todos modos, seguro que para medir realmente la felicidad de una persona (o comunidad) el enfoque que hacen en Bhutan es más certero que el enfoque que se basa en la acumulación de capitales.

Finalmente, puede que Bhutan no sea el país más feliz del mundo, cosa que sería muy difícil de determinar de por sí, pero me encanta la idea que instauraron y ojalá se extienda cada vez más entre los gobiernos del mundo.

Y sobre todo, entre las personas, para que todos seamos muy conscientes (y no sólo a nivel teórico-discursivo) de que a través de la tenencia de bienes y ganancias materiales no se puede juzgar la felicidad real.

 

Imágenes:

tendenciaeconomica.com

csw.org.hk

infinitomisterioso.blogspot.com

dforceblog.com

elportaldechari.com

La práctica espiritual del matrimonio

Por lo general, el Sri Premananda Ashram de la India publica cada mes un folleto llamado Prema Sadhana, que consiste en la explicación, por parte de Swami Premananda, de una sadhana, es decir una práctica espiritual. En cierto modo, uno cree que ese folleto no puede durar mucho ya que las prácticas espirituales que existen parecen ser reducidas, por ejemplo: meditación, rituales, cantos devocionales o servicio social.

Sin embargo, Swami se las ingenia para demostrarnos cada mes que las prácticas espirituales son siempre más, y que también pueden encontrarse en situaciones que uno podría calificar como cotidianas, o no espirituales. Este es, en parte, el caso del folleto Prema Sadhana de enero 2011, que habla, como indica el título de este post, de la práctica espiritual del matrimonio.

Si mi tendencia habitual fuera la de publicar escritos completos de Swami, este blog sería algo diferente. Seguramente sería mucho más “espiritual”, a la vez que se convertiría en un sencillo acto de “cortar y pegar” las enseñanzas de mi maestro. Siempre he buscado el término medio, o más bien, he tratado de escribir más de lo que cito. Hoy, en cambio, porque el texto de Swami me ha gustado mucho y me parece muy claro, he decidido publicarlo de forma íntegra, para beneficio general.

Pareja

Si sois solteros y ya estáis involucrados en una vida espiritual, es bueno seleccionar una pareja para casaros que sea de mentalidad semejante. El compartir ideales espirituales similares hará ciertamente más simple y más armonioso el recorrer el sendero a lo Divino. Sin embargo, a veces puede llevar tiempo para que un compañero entienda al otro espiritualmente y se pueden encontrar otras cualidades buenas y loables en un/a compañero/a sin que ellos sean muy conscientes de la vida espiritual. Un aspirante espiritual no debe seleccionar a su pareja sólo debido a las atracciones físicas, al deseo sexual o a posesiones materiales. Eso estaría contra el dharma (ley, orden) espiritual.

Yo soy un poco anticuado. Siento que un hombre y una mujer deben seleccionarse muy cuidadosamente y habiendo hecho así, deben obtener las bendiciones de sus familias, deben casarse y entonces deben permanecer fieles y leales entre sí a hasta sus muertes. Ellos deben estar preparados para trabajar duro a fin de tener una relación exitosa. Si quieren ser felices juntos deben ser un tanto maduros y no simplemente estar físicamente enamorados entre sí. Deben aceptar todo lo que llega a su camino. No deben dejar al otro si la vida no es tan sin problemas como esperaban.

Si los dos están siguiendo el sendero espiritual, tienen la ventaja añadida de llevarse el uno al otro hacia la meta final de libertad. Si consideran a su matrimonio como un sacramento santo y que fueron casados en presencia de Dios, entonces esta actitud también les hará progresar espiritualmente. No se amarán tan sólo mutuamente sino que amarán a lo Divino en el otro. Si los dos se consagran a Dios, esta forma elevada de amor divino también les unirá aun más.

Respeto

Ante todo, en cuanto al otro, deben ser inegoístas. Ambos miembros de la pareja deben trabajar para tener un matrimonio bueno y feliz. La palabra clave es respeto. ¿Qué es respeto? Es estima, admiración y consideración incluso en los detalles más minúsculos.

El esposo tiene que respetar a su esposa y, asimismo, ella necesita brindarle respeto a él. Necesitan darse tiempo el uno al otro. Deben percatarse que una chispa de lo Divino vive de hecho en su pareja. Si entienden esto, pueden no lastimarse nunca. Del mismo modo, deben comprender que sus hijos también son chispas de lo Divino que ellos han traído juntos al mundo. Los miembros de una pareja deben actuar siempre con paciencia, dulzura y bondad entre sí y para con sus hijos.

Muchos pequeños problemas van a surgir siempre entre ellos y en referencia a sus hijos. No se debe permitir que tales pequeños problemas se magnifiquen. Deben ser resueltos en el comienzo. ¡A los problemas que se cortan de raíz se les impide convertirse en árboles grandes difíciles de manejar! Especialmente, no se debería permitir que los problemas materiales sacudan la paz de la vida marital y familiar.

Si la espiritualidad se inserta como parte integrante de la vida matrimonial cotidiana, entonces los miembros de la familia pueden crecer juntos hacia la madurez espiritual, aprendiendo y practicando unos con otros.

Swami en el Ashram

Clave

Una vida espiritual compartida no significa ser estrictos y controladores, o ser serios y neuróticos acerca de vuestras sadhanas. Si realmente estáis colmados de puro gozo, podéis disfrutar todo tipo de actividades con vuestra pareja y familia. Salidas familiares, cocinar y comer juntos, bromas y diversión familiar – todo esto es un requisito para una familia feliz. Tan sólo os recuerdo que no debéis olvidar una cosa cada día. Eso es la adoración a Dios.

Sin importar las circunstancias, no debéis olvidar nunca a Dios. Nunca descuidéis la oración y el culto a lo Divino. Es solamente la adoración regular y la devoción a lo Divino que os dará más y más estabilidad y paz en vuestro matrimonio y en vuestra familia. Estas prácticas asegurarán que ningún problema familiar, por grande que sea, destruya vuestra vida de compañerismo y unidad espiritual.

Es muy fácil entrar a la vida espiritual como matrimonio o como familia. ¡Una familia que adora a lo Divino en conjunto puede hacer milagros! Muchas grandes almas, muchos sabios renombrados y preceptores espirituales han hecho lo mismo. En este estilo de vida, estáis en posición de hacer mucha caridad, muchos servicios sociales y muchos otros servicios (seva).

Estas actividades os darán incluso más ayuda en el sendero espiritual. Ellas moldean a la mente de una manera divina. Cantar cantos devocionales (bhajans) y hacer rituales como una familia dan una dimensión agregada de brillo y regocijo. ¡Cuando vosotros hacéis todos estos actos juntos como una pareja o familia, ellos inyectan multi-vitaminas espirituales en todos!

Proyecto original

Si el esposo y la esposa tienen mentes armoniosas, compartiendo los mismos preceptos espirituales y aceptando el mismo maestro espiritual, entonces la paz y la armonía acontecerán. La paz mental es el más valioso de los tesoros. Si podéis vivir en genuina paz, entonces irradiaréis la misma hacia los demás de vuestra familia y de vuestro círculo de amigos.

Si ambos miembros de la pareja comparten los mismos sentimientos espirituales, entonces su desarrollo espiritual se convertirá en el propósito central de su matrimonio.

Y así es originariamente como lo Divino proyectó que sea el matrimonio”.

Swami Premananda

Una iniciación sin marquesinas

La tradición Guru-discípulo ha sido, desde siempre, fundamental en la transmisión de conocimiento en la sociedad y cultura de la India. Tradicionalmente, se da por sentado que el verdadero conocimiento, el aprendizaje directo y práctico, ya sea de de cualquier disciplina o arte (es decir, para nada limitado al ámbito “espiritual”), sólo es posible mediante el contacto con un maestro, un Guru.

En los tiempos clásicos, el alumno vivía con el maestro para así embeberse de su sabiduría. O sea, se consideraba que la lectura de libros de texto no era suficiente. De hecho, según en qué época, ni siquiera había libros, pues el conocimiento real sólo se transmitía de forma oral. Disciplinas como las artes, el sánscrito, el estudio de las escrituras védicas, la filosofía y, por supuesto, el camino espiritual, sólo se consideraban correctamente aprendidos a través de un guru.

En los tiempos modernos, en cambio, esta antigua tradición se restringe principalmente al ámbito espiritual, aunque en muchos casos esto también se pasa por alto, ya que con los libros y con Internet podemos investigar y saber sobre todo, incluso cómo “alcanzar la iluminación”.

Diksha

Según la tradición de la India, en lo referente al camino espiritual se considera prácticamente imprescindible el tener un maestro espiritual. “Sólo alguien que ya ha recorrido el camino puede guiar a otros” es la explicación clásica. “Si lees un libro sobre cómo hacer una cirugía cerebral no por ello sabrás realizarla. Debes aprenderlo directamente de un cirujano”, es la actualizada explicación de Swami Premananda.

Por un lado, se dice que cuando el discípulo está preparado, entonces aparece el maestro. De todos modos, después de ese momento tan importante para el sendero espiritual, narrado tan devotamente por Paramahansa Yogananda en su “Autobiografía de un Yogui”, hay otro paso fundamental en la relación Guru-discípulo. Dice la inmemorial tradición que cuando el estudiante es digno de recibir la enseñanza del maestro, entonces éste le da iniciación, diksha en sánscrito.

La iniciación no es necesariamente inmediata y lo normal es que haya algunos años previos de aprendizaje directo con el maestro. Una bella excepción sería Swami Sivananda que encontró a su maestro por primera y única vez en Rishikesh, donde fue instruido e iniciado en unas pocas horas.

Los tipos de diksha son variados; por ejemplo, puede ser “religiosa”, en el sentido de formar parte de una orden monástica (y por ende, el discípulo se convierte en renunciante, en sanniasin), o “secular” (por decirlo de alguna forma), en la que el estudiante recibe algunas indicaciones prácticas, un mantra para repetir y, sobre todo, la energía espiritual del maestro. Este tipo de iniciación es el adecuado para las personas que participan de la vida mundana, tienen familia, y no pretenden renunciar (al menos externamente) al mundo.

Ese sería mi caso.

Dudas

Hace poco yo le estaba hablando a una persona sobre mi maestro espiritual, Swami Premananda, y entonces ella me preguntó si yo estaba iniciado por él. Yo tuve un laaargo momento de duda, y de hecho, no estoy seguro de si mi respuesta fue completa. De seguro no fue coherente.

La cuestión es que mi respuesta fue la siguiente: “… (largo silencio)… (indagación mental)… Eeeeemmm… Sí… o sea… bueno… sí, pero… esteee…”. Entendiblemente mi interlocutora me interrumpió: “¿Sí o no?”. Y yo entonces dije, a media voz: “mmm… Sí… pero no como uno se imagina… “

Por haber leído libros, visto imágenes y escuchado tantas historias de “iniciaciones” (no sólo en el marco espiritual hindú, sino en lo referido a “ritos de iniciación” en general), en mi imaginación se figuraban como un acontecimiento fastuoso o, al menos, como un evento que debía ser preparado conscientemente con mucha antelación. Siguiendo la línea védica, la iniciación debería tener fuego, agua, cocos partiéndose, humo de sahumerio, guirnaldas de flores… Siguiendo la línea de las películas sobre tribus africanas, debería encontrarme vestido con taparrabos, listo para salir a cazar un antílope… Siguiendo la línea militar, debería suceder después de años de lustrar botas enfangadas y hacer flexiones de brazo…

Después de mi timorata respuesta me quedé pensando en el tema, y me di cuenta que efectivamente había recibido mi iniciación. No había sido con fuego sagrado, no había sido en la India, no había habido un aviso previo, ni siquiera había estado físicamente presente mi Guru, pero sí que había tenido mi iniciación.

Cambio

Como ya relaté en una ocasión, en agosto de 2009, Nuria y yo asistimos al curso Prema Dhyanam, que es el nombre del curso de meditación oficial aprobado por Swami Premananda. Este curso se imparte de forma anual (en aquella oportunidad en una casa rural de la Aquitania francesa), por una discípula cercana de Swami, una mataji, una sanniasin de la misión Premananda, algo así como una monja para usar la terminología occidental.

A pesar de ser un curso basado en las enseñanzas de Premananda, está abierto a todo tipo de personas y no hace falta ser un activo devoto de Swami, ni siquiera conocerlo en realidad, para participar de la semana intensiva de meditación. De hecho, en aquel curso, de los veinte participantes éramos tres los devotos e interesados en Swami de antemano.

Personalmente, yo me había tomado el curso como una forma de priorizar la meditación en mi vida. Es decir, darle un papel más relevante en mi actividad cotidiana, tratando de convertirlo en un elemento esencial. Hasta entonces yo había meditado durante muchos años, pero nunca de manera totalmente continua, y un poco autodidacta, cambiando el método en varias ocasiones. Asimismo, el curso de meditación era una especie de retiro espiritual que me venía bien para desconectar de la vida mundana y para estar en contacto con las enseñanzas de mi maestro.

Quizás mis expectativas no eran demasiado altas y por ello me sorprendí mucho cuando las primeras palabras de nuestra instructora fueron: “Esta semana debería cambiar vuestras vidas”.

En ese momento pensé que para aquellos asistentes que no meditaban regularmente podía conllevar un gran cambio, pero para mí, sólo un re-direccionamiento. Además, teniendo en cuenta que el curso está dirigido a todo tipo de personas (diferentes religiones, estilos de vida, creencias…), se centra en los beneficios de la meditación para la vida diaria de cualquier persona, sin entrar en detalles profundos sobre el camino espiritual (tema que cada uno indaga si le interesa) o la Divinidad. De hecho, ni siquiera es un requerimiento el creer en Dios para poder meditar y beneficiarse.

Ante este panorama, yo deseaba aprender la técnica de meditación de mi maestro, encontrar mayor disciplina meditativa y disfrutar del retiro. No me había planteado que eso pudiera cambiar mi vida más de lo que ya lo había hecho en el pasado.

Mantra

Una vez inscriptos al curso se nos había informado que lleváramos algunas frutas para la ceremonia de “iniciación”, la cual, según supimos in situ, tendría lugar el segundo día del curso. Al parecer se trataba de un hito importante en la semana de meditación, y yo me lo tomé como tal, aunque sin saber qué esperar exactamente.

La breve ceremonia, por la que pasamos cada uno de los asistentes de forma individual, era simple y, sin entrar en detalles privados, su momento culminante era la recepción de un mantra personal y de uso exclusivo para nuestra técnica de meditación particular.

Por su lado, los nombres de todos los participantes del curso habían sido enviados a Swami, que a su vez había enviado su bendición espiritual para todos nosotros, hecha efectiva en la ceremonia de iniciación. Realmente la ceremonia, si bien breve, fue muy hermosa y profunda para mí. De todos modos, en cierta medida, y de manera inconsciente, la tomé solamente como mi “iniciación en la meditación”.

Puede que debido a lo que contaba más arriba sobre mi “idealización” de las iniciaciones, aquella breve ceremonia no me haya parecido excepcional (más allá de lo mucho que me gustó). Asimismo, el hecho que la iniciación me haya sido dada físicamente por la mataji y no por Swami Premananda, puede haber influido en esta percepción. De todos modos, el sistema de iniciaciones de la tradición india se basa en la cadena Guru-discípulo, y por ende un discípulo iniciado y con el consentimiento de su maestro tiene también la potestad de iniciar a otros, sin que por ello la iniciación pierda en “energía espiritual”. En nuestro caso en particular, y parafraseando un discurso de Swami, “la distancia física no era una barrera” para que sus bendiciones se hicieran efectivas.

De todos modos, por los motivos ya expuestos, y también porque quizás las cosas necesitan tiempo para asimilarse, aquella iniciación no fue valorada en su justa medida por mi parte.

Swami en el Ashram en 2008

Hoy

Mis dudas para responder la pregunta que me hicieron hace unos dos meses demuestran que la iniciación en el curso no había sido sopesada del todo por mi parte. Cuando me di cuenta que efectivamente había recibido una iniciación, me alegré, pero a la vez tuve la reacción de querer excusarme, pues no había sido tan literaria ni cinematográfica como yo la imaginaba.

Desde entonces, la cuestión me ha rondado en la cabeza. Y hoy, leyendo un libro (“La India por dentro”, de Álvaro Enterría), me di cuenta de que yo estaba efectivamente iniciado por mi maestro. No es que el libro dijera algo especialmente profundo, sino que leer sobre el tema hizo salir a la luz esas ideas que me estaban dando vueltas en la cabeza, para ponerlas en su lugar. En todo caso, si hubiera una frase que mencionar, sería: “Empieza entonces [después de la iniciación] una paciente purificación y alquimia interior”.

Hoy, merced a distintos factores, las piezas cayeron en su lugar; siempre más tarde de lo que uno espera, aunque siempre en el momento que corresponde. Hoy me di cuenta que, hace un año y medio, fui iniciado por mi maestro, de manera sencilla, pero siguiendo la milenaria tradición de la India. Una iniciación acorde con el estilo directo y sencillo de mi maestro. Una iniciación sin aspavientos que, espero, dará sus beneficios también de manera sutil.

Y todo esto no me produce alegría porque ahora podré responder las preguntas sin titubeos, sino porque me hace darme cuenta que el lazo espiritual que tengo con mi maestro es fuerte, y eso significa que mis pasos son, merced a su divina gracia, más firmes en el camino espiritual. En ese sentido, sin duda se pude decir que la semana de meditación cambió mi vida.

Imágenes:

caminodelyoga.blogspot.com

cercadeafrica.wordpress.com

emiliocarrillobenito.blogspot.com

Muruga, joven guerrero espiritual

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Empezó el nuevo año y yo regreso a las páginas digitales de este diario después de unos días de descanso, al menos en cuanto a las actualizaciones se refiere. Inicialmente había pensado cerrar el año viejo con un típico post de “Las 10 mejores crónicas del año”, o quizás con “Los 7 deseos para un 2011 espiritual”; llegué a pensar en colgar un cartel virtual de “cerrado por vacaciones” o subir imágenes de Ganesha con un gorro rojo y blanco navideño al que muchos usos ya le hemos dado en nuestra casa. Sin embargo, lo dejé correr. En épocas festivas pocos se dedican a mirar blogs, y yo aproveché la oportunidad.

Ahora estoy de vuelta y pensé en empezar el año con la historia de una deidad muy relevante, sobre todo en el sur de la India. No es mi idea hablar de todo el panteón hindú; de hecho en esta bitácora sólo he hablado de manera profunda (en el sentido de haberles dedicado un post entero) sobre Ganesha, la deidad con cabeza de elefante y el dios mono, Hanuman. También, en diferentes ocasiones, he dedicado muchos kilobytes a explicar aspectos de Shiva, y de la Madre Divina. Asimismo, he escrito sobre Krishna y Rama, aunque no como deidades sino avatares, es decir encarnaciones humanas en la Tierra.

Teniendo en cuenta la cantidad de deidades que posee el Hinduismo, con sus muchas variantes, yo creo que no es un tema en el que haya hecho tanto hincapié. Por eso, todavía tengo en el tintero (mejor dicho, en el teclado) la historia del Señor Muruga, una deidad querida por mí por diversas razones.

Guerra

En el norte de la India, el nombre más popular de esta deidad es Skanda. De hecho, este es probablemente el nombre más utilizado para nominar a la deidad en el mundo en general, por ejemplo cuando se la nombra en libros o guías. Sin embargo, en el sur su nombre es Muruga (o Murugan). Por un lado, Skanda es considerado el dios de la guerra, comandante en jefe de los ejércitos celestiales, pues es un guerrero nato, nacido explícitamente (como muchos otros casos) para destruir a algunos demonios que están disturbando a los dioses.

En el sentido genealógico, Skanda es hijo de Shiva y Parvati, por lo tanto es hermano de Ganesha. A día de hoy hay discusiones sobre quién de los dos es el hermano mayor, pero en lo que la mayoría acuerdan es en que Ganesha es más sabio y Murugan más impetuoso, como no podía ser de otra manera para un guerrero.

Sobre su nacimiento y su historia, como siempre pasa en la mitología, no hay una versión única, pero esencialmente se puede decir que según la mitología puránica había unos demonios (Shurapadma – representando el ego -; Simhamukha – representa la ira -; Taraka – representa la ilusión -), que estaban molestando a los dioses. Por ende, éstos pidieron a Shiva que les ayudara. Shiva entonces lanzó la semilla de su futuro hijo a través del fuego de su tercer ojo, cuyas chispas cayeron primero en Agni, dios del fuego, y luego en Ganga, la diosa que es también el río sagrado, quien le dio nacimiento en unos juncos del agua. Las seis chispas lanzadas por Shiva dieron vida a seis niños, que finalmente fueron criados por las Krittikas, las diosas de la constelación de las Pléyades. Justamente en el Sri Premananda Ashram se puede ver una hermosa fuente en que seis flores de loto hacen de cuna para los seis niños recién nacidos.

Luego, los niños se unieron y formaron un único hijo de Shiva y Parvati, naturalmente con seis caras. Y también naturalmente, con doce brazos; cada uno de ellos con un arma. Si los dioses necesitaban un guerrero, ahí lo tenían.

Vel

De la docena de armas o estandartes de guerra, la más importante es la vel. Se trata de una lanza con tremendo poder para matar a los demonios. Fue dada a Muruga por su madre, que claro, no es otra que la Madre Divina, la energía universal. Asimismo, la vel simboliza la iluminación y el conocimiento y se dice que su belleza es deleitante. A su vez, su vahana (vehículo) es un glorioso pavo real que representa las atracciones del mundo material, dominadas totalmente por Muruga. No hace mucha falta decir que Muruga destruyó a los demonios de turno sin grandes problemas.

Una de las razones por las que me gusta Muruga es porque es la deidad oficial de la Juventud Premananda, con la vel como símbolo principal. La idea es que la organización juvenil que sigue las enseñanzas espirituales de Swami Premananda tenga esos valores de coraje, devoción y sabiduría propios de Muruga para permanecer en el sendero correcto y para hacer un mundo mejor. Se trata, en parte, de ser guerreros espirituales, dispuestos a luchar por el “bien”, tanto en lo referente a la propia vida como a la sociedad.

Pero no es solamente por su carácter batallador y por su vel que Muruga es símbolo de la Juventud Premananda, sino también porque es considerado un dios siempre joven. De acuerdo con la concepción tradicional del hinduismo, cada ser humano debe cumplir cuatro etapas durante la vida, siendo la primera la etapa de bramacharia, es decir la del estudiante que lleva una vida casta y disciplinada. Pasada esta etapa, el joven se casa y forma una familia. En el caso de Muruga, se mantiene siempre en la primera etapa, y siendo célibe personifica el poder que trae la castidad, es decir la posibilidad de sublimar la energía sexual hacia un objetivo espiritual.

Colinas

Por otra parte, Muruga es extremadamente popular en el sur de la India, sobre todo si se tiene en cuenta el contraste con su poca difusión en el norte. De hecho, los templos más importantes para su adoración están todos al sur. Se dice que el Señor Muruga es una deidad de las colinas, pues sus principales templos en Tamil Nadu están en colinas. Justamente Tamil Nadu es el estado donde Muruga es más popular, ya que para las personas tamiles Muruga es considerado su patrón.

Por esta razón, los tamiles fuera de la India también siguen una gran tradición de devoción a Muruga. En Sri Lanka, por ejemplo, donde la población tamil es muy grande (y de donde es originario Swami Premananda), está el famoso templo de Kataragama, adorado tanto por budistas como por hindúes. Asimismo, las grandes comunidades tamiles del sudeste asiático (Malasia, Singapur…) y las de otros países del mundo (Mauricio, Reino Unido…) rinden especial culto al Señor Muruga.

Como es de imaginar, según la zona o las preferencias, el nombre de la deidad varía. En el norte de la India los epítetos utilizados son Skanda (‘aquel que fluye’ por haber sido transportado por Ganga, o ‘aquel que fue derramado’ por nacer de las chispas del fuego de Shiva) y Karttikeya (por ser hijo de las Krittikas). En el sur, en cambio, hay más variedad: Sanmukha o Arumugan (‘aquel que tiene seis rostros’); Velava (‘aquel que porta la vel‘); Kumara (‘joven’); Saravana (por haber nacido en el lago Saravana); o Subrahmanya (debido a que ayuda al crecimiento de los buscadores espirituales).

Principito

Debido a que en todos mis viajes a la India he estado en el sur, la imagen de Murugan está muy presente para mí. A su vez, que sea el patrón de la Juventud Premananda es también importante pues es un ejemplo a seguir, con todos sus simbolismos.

Por otra parte, Swami Premananda, siendo tamil, tiene natural predilección por el Señor Muruga y eso influye en que yo haya tenido en cuenta a una deidad que en general no es tan popular en toda la India. De hecho, a la hora de cantar bhajans (cantos devocionales), en el Sri Premananda Ashram los cantos se realizan a siete deidades, y una de ellas es obviamente Muruga, por lo que mi devoción por él también ha sido fomentada a través de la música.

La imagen de un Muruga con seis caras no es tan popular en Tamil Nadu, donde se prefiere una deidad joven y sencilla, con dos brazos y una brillante lanza. Más que un guerrero, parece un joven renunciante, quizás el Principito de Saint-Exupéry en versión tamil, aunque nadie duda de su poder luchador.

Justamente es por ello que me gusta, porque con su sencillez se nota que sus grandes victorias son internas, y entonces cómo no querer a un guerrero espiritual, que nunca envejece, de la misma forma que sus eternos valores.

Imágenes:

himalayanacademy.com

murugan.org

sripremananda.org

kct.ac.in

El Hinduismo y la Navidad

La publicación del post semanal se vio demorada por los eventos típicos (sagrados y profanos) de la Navidad. Es decir, preparación de comidas, su ingesta y su digestión. Asimismo, también hubo tiempo para pensar en el significado espiritual y religioso de la Navidad, tiempo para meditar y rezar. Además, hubo ocasión para reunirse con familia y con amigos. Y fue justamente un amigo que me dijo “yo pensaba que por tu religión no celebrabas Navidad”. Y de ahí la breve crónica de hoy.

Primero, quisiera aclarar (no por primera vez ni, me temo, por última) que yo no sigo una “religión”, en el sentido popular del término. Una religión, en este sentido, tiene dos componentes: una filosofía espiritual (o sea, su concepción de la vida, del hombre y de Dios) y por otro lado, un conjunto regulado de prácticas externas como consecuencia del primer componente (es decir, ritos, conductas, iconos). Cuando uno mira en profundidad las enseñanzas espirituales de las religiones verdaderas, verá que no son tan disimiles como a veces se quiere hacer creer; de hecho, son muy similares.

Por tanto, la diferencia fundamental entre las religiones está en su componente externo, en su liturgia, en sus prácticas cotidianas, en sus imágenes. Como suele pasar, lo que se ve no alcanza para explicarlo todo, y de esta forma, criados en la cultura de la superficialidad y de la crítica, nos centramos en las diferencias antes que en la unidad esencial de las religiones.

Dicho esto, entiendo que las personas (mis amigos incluidos) me quieran encuadrar en una “religión”, que por lo general refiere a algo cercano al Hinduismo.

Hindú

Evidentemente, mi nombre hindú, mis viajes a la India, mi meditación, mi abishekam, este blog, todo esto, hacen natural que yo sea identificado con el Hinduismo. No me quejo. Pero sí que aprovecho para aclarar las cosas. A mí me gusta decir que no sigo una “religión”, sino más bien una filosofía espiritual, por aquello que explicaba: una religión implica una serie de rituales y reglas que yo no cumplo.

Primero, para ser un hindú en sentido estricto hay que nacer como tal. El Hinduismo no tiene afán evangelizador, por lo tanto respeta a cada religión como verdadera, a la vez que no acepta en su seno (al menos desde el punto de vista ortodoxo) a quienes no sean nacidos como hindúes. Justamente por eso, en más de un templo he tenido problemas para entrar al altar principal (incluso quedándome fuera).

Segundo, no he seguido ni sigo todos los ritos propios de alguien criado bajo el Hinduismo. Así como en el Cristianismo hay sacramentos, en el Hinduismo por ejemplo existen los dasasamskaras, es decir, los diez procesos purificadores para una persona, la mayoría de ellos en su niñez. Yo no he hecho ninguno de esos procesos, al menos no conscientemente o siguiendo la tradición védica.

Tercero, para alguien nacido y criado en Occidente, que además vive en Occidente, no es sencillo adaptarse al modo de vida tradicional y pío del Hinduismo. Tampoco es mi intención. Aunque eso no quita que realice algunas prácticas espirituales tradicionales del Hinduismo, como la meditación, el yoga y el abishekam (ritual de consagración con agua). O que, sobre todo, base mi visión de mundo en la antigua filosofía espiritual de la India.

Justamente esta visión, llamada en sánscrito Sanatana Dharma (“ley eterna” es una traducción posible), refiere a las leyes eternas e inmutables que rigen el Universo y que deben seguirse para ser total e incondicionadamente feliz. En ese sentido, el Sanatana Dharma no presenta un dogma que anteponga al Hinduismo sobre otras religiones. Es decir, Sanatana Dharma es la religión eterna y es a su vez esencia de todas las religiones. Cualquier religión que se base en estos principios universales y eternos, de paz, compasión, verdad, corrección, amor, devoción, es una religión verdadera y como tal, valedera, un camino más hacia la misma meta.

Jesús

Siguiendo este criterio, el Hinduismo cree en Jesucristo. Es decir, lo considera un ser iluminado, un maestro espiritual, y también el hijo de Dios en la tierra, pero no el único hijo, sino uno más de los tantos mensajeros que Dios ha enviado y envía para la elevación de la humanidad. Por ende, el Hinduismo también acepta gozosamente a Mahoma, Buda, Zoroastro, Guru Nanak, Mahavira…

Cuando mi amigo se sorprende un poco porque yo celebro la Navidad, me alegro de explicarle que seguir mi “religión”, es decir el Sanatana Dharma, implica que todos los maestros espirituales, todos los seres Divinos, merecen mi adoración. Un concepto que, como ya expliqué una vez, asimilé gracias a la India.

Un concepto que, en lo referente a Jesús, mantengo muy presente gracias a los ya clásicos escritos de Paramahansa Yogananda, que mostró los paralelismos entre la filosofía india y la cristiana. Todavía más cercanas son las palabras de Swami Premananda, en cuyo Ashram del sur de la India también se celebra la Navidad, y que ha dedicado más de un discurso al tema:

Por un lado, Swami dice lo obvio, aunque no por ello siempre tenido en cuenta (“Jesús, el maestro de sabiduría” en Premananda Satsang, Vol. III):

Actualmente la Navidad es una celebración comercial. Se la celebra de tal modo que las personas sólo disfrutan sensorialmente y los negociantes ganan una gran cantidad de dinero con ella. Su verdadero significado y su importancia y belleza espirituales han pasado al olvido. Las personas disfrutan comiendo y bebiendo y ni piensan en absoluto acerca de su importancia religiosa. Debemos celebrar la Navidad de manera religiosa y espiritual. Yo os aconsejo que hagáis de la Navidad una auténtica celebración espiritual y que penséis profundamente acerca de la vida de amor y entrega de Jesús”.

Asimismo, Swami Premananda, fiel a la tradición que abraza todas las religiones y todos los maestros espirituales, ensalza a Jesús (“La sangre de Cristo” en Premananda Satsang, Vol. II):

Debemos entender que el sentido simbólico de la sangre de Cristo es la total negación del yo inferior, la absoluta entrega a lo Divino y el sacrificio final de la propia energía vital por el bien de la humanidad. Esto, por último, es el ideal de la renunciación. Cristo es el alma perfecta con realización de Dios. Él es la verdadera personificación de lo Divino. En Navidad, es muy bueno recordar el sacrificio y las cualidades de verdad y compasión del Señor Jesucristo”.

Y yendo más lejos, Swami coloca a Jesucristo como un ejemplo a seguir (“Jesús fue un Ashram caminante” en Premananda Satsang, Vol. V):

Jesucristo fue un maestro de Sanatana Dharma y como muchas personas espirituales y tradicionales, solía caminar de un sitio a otro difundiendo sus enseñanzas, pero no construyó Ashrams o siquiera vivió en un lugar particular. El Señor Jesús fue en sí mismo un Ashram caminante. Él iba de lugar en lugar con sus seguidores. Él les dijo que si querían entender sinceramente sus enseñanzas, debían abandonar su vida mundana y seguirlo… Jesús pensaba que el mundo entero era un Ashram. Donde quiera que mirara veía la Divinidad… Me gusta la filosofía de Cristo de amor puro. Él explicó que en última instancia el sendero espiritual significa que deberíamos mostrar amor puro a Dios… En Navidad me gustaría que contempléis estas maneras amorosas, compasionadas y pacientes del Señor Jesucristo. En medio de todas las festividades pensad en su gran simplicidad y en su naturaleza inocente”.

Razón

De esta forma, Swami Premananda, que es hindú por nacimiento, exhorta a sus devotos a seguir el ejemplo de Jesucristo. Así funciona el Sanatana Dharma, que es la esencia del Hinduismo: todo aquello que sea verdaderamente espiritual es correcto.

Con todas estas razones, entonces, ¿cómo yo, que sigo las enseñanzas del Sanatana Dharma, y también las de Swami Premananda en particular, no iba a creer en Jesucristo?

Imágenes:

india.pordescubrir.com

cafeexpose.wordpress.com

elvalle.phpnet.us

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