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Los cuatro rāsa o relaciones con la Divinidad

¿Cuál es mi relación con Dios? ¿Cuál es la relación de las demás personas con Dios (o el nombre que uno le quiera dar a esa entidad superior)? Así planteado, pareciera que me estoy metiendo en un terreno del que es difícil salir airoso. Sí, lo admito, el tema de esta semana es profundo, aunque a la vez, lo prometo, es muy ameno y fácil de explicar si me remito a las enseñanzas espirituales de la India.

Hasta hace poco tiempo no me había planteado a mí mismo la pregunta que abre este texto, pero al saber que las Escrituras de la India ofrecen una taxonomía de las diferentes relaciones posibles que una persona puede entablar con la Divinidad, el panorama se me hizo muy claro y, además, me pareció una información muy útil para cualquier buscador espiritual.

La filosofía hindú, especialmente la corriente vaishnava (los seguidores de la Divinidad en su aspecto del dios Vishnu), destaca cuatro relaciones posibles entre todo ser vivo (alma individual) y Dios (el alma Universal) en su aspecto personalista, es decir considerando a la Divinidad con sus cualidades específicas. El término sánscrito para designar esta ‘relación’ es rāsa. En origen, la palabra sánscrita rāsa significa ‘jugo’ o ‘sabor’ y es un término complejo con variados conceptos.

En el ámbito del arte, sobre todo, el término se utiliza para describir las diferentes experiencias emocionales que se evocan en el espectador a través de una obra. Por otro lado, las deidades del panteón hindú pueden tener diferentes rāsa, es decir diferentes ‘humores’, como por ejemplo la versión benévola de la Madre Divina en contraste a su versión más fiera. En el ámbito filosófico, como dije antes, rāsa refiere a la relación entre el alma individual y el alma Suprema y tiene que ver con los niveles de devoción que una persona tiene hacia Dios.

Dāsya rāsa

El primero de los cuatro rāsa que una persona puede entablar con la Divinidad se denomina Dāsya rāsa y es aquel en que se identifica a Dios como Señor o Padre. Es decir, una relación en la que el devoto se siente como un siervo frente a su amo, como un hijo frente a su padre, con una actitud de sumisión y reverencia. Esta es probablemente la forma más generalizada en Occidente para relacionarse con Dios, pues se trata del concepto tradicional abráhamico de un Señor en el Cielo.

Hanuman, el valiente dios mono que destaca en El Rāmāyana, es el paradigma de dāsya rāsa por su actitud de total entrega y servicio a Sī y Rāma. Por ello se lo retrata con frecuencia abriéndose el pecho y mostrando que en su corazón habitan ellos dos.

 

Sākhya rāsa

La segunda relación que un ser individual puede trabar con Dios es de amistad y se denomina Sakhya rāsa. En este rāsa el devoto se siente cercano y en igualdad con la Divinidad, sin sentimiento de obligación, pudiendo hablar o relacionarse con ella como si fueran pares, amigos.

El ejemplo clásico de esta relación es Arjuna, el afamado guerrero y uno de los protagonistas del  gran poema épico Mahābhārata, que ve en el Señor Krishna a su amigo y consejero, al punto de que este conduce su carro en la batalla de Kurukshetra. A este respecto, en un conocido fragmento de la Bhagavad Gītā, Krishna le revela a Arjuna su forma Universal, es decir de Señor Supremo, y entonces Arjuna no puede soportar esta visión imponente, a la vez que pide perdón a Krishna por haberlo tratado informalmente como un amigo, cuando es la Personalidad Suprema.

En la tradición occidental cristiana, a esta relación quizás se le podría encontrar algún paralelismo con la relación entre Jesucristo y San Juan Bautista que, de hecho, eran primos, al igual que Krishna y Arjuna.


Vātsalya rāsa

La tercera relación que se explica en la tradición hindú se conoce como Vātsalya rāsa y hace referencia a considerar a Dios como un hijo. Es decir, el devoto ve a la Divinidad como alguien a quien cuidar y alimentar, como si Su bienestar dependiera de él.

Yashodā, la madre adoptiva de Krishna, con su actitud de amor y protección es el paradigma clásico de esta relación. Se cuenta que a pesar de tener pruebas empíricas de la naturaleza Divina del niño, la madre seguía tratándole como un hijo que necesitaba protección y se preocupaba por él. Cuando en una ocasión, sin tener a la vista al niño, preguntó a un tercero sobre su estado, éste dijo “¿Por qué te preocupas, si no estás hablando de otro que del Señor del Universo?”, a lo que Yashodā contestó, “¡No te he preguntado por el Señor del Universo, sino por mi hijo!”.

Para ejemplificar la eficacia de este rāsa, se cuenta que Yashodā ataba al bebé Krishna con una cuerda a un palo para poder hacer las tareas del hogar sin que él hiciera travesuras, y el niño, que era el mismo Señor del Universo, se lo permitía. Es decir que atar y tener siempre a la vista a Krishna, el gran desafío que ocupa cientos de vidas a los sabios, rishis y sadhus, era asequible para Yashodā únicamente por su gran amor como madre.

En Occidente, por ejemplo, se podría ver este rāsa en la tradición cristiana de adorar al Niño Jesús en el pesebre.

Mādhurya rāsa

La cuarta relación trascendental posible con la Divinidad es Mādhurya rāsa, la relación con lo Divino como amante, en la que el devoto experimenta sentimientos similares al amor romántico, en el sentido de que no puede quitar de su mente, ni un minuto, la imagen de su bienamado y el anhelo de estar a su lado. Por ello se dice que esta es la relación con Dios más elevada, ya que implica que el devoto es feliz sólo y exclusivamente cuando tiene a la Divinidad ‘a su lado’ y, por ende, es lo único que le interesa.

El paradigma de este rāsa lo encarna Radhā, la más notoria de las gopis (pastorcitas) que se deleitaban con la presencia del joven Krishna en los bosques de Vrindavan. Radhā, totalmente enamorada de Krishna, escapaba por las noches de su casa con tal de verle.

En todo caso, es válido aclarar que esta adoración y este amor se plantean en un plano siempre espiritual y simbólico, no físico. No se trata de un solo hombre con su harén de mujeres, sino que Krishna es la representación del Señor Supremo que deleita a todos y todas, mientras que las gopis son la representación del amor puro hacia la Divinidad, encarnada en Krishna.

Si bien se trata de un rāsa difícil de asimilar en la mentalidad occidental, santos y poetas místicos del cristianismo como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila son un ejemplo de este fervor amoroso por la Divinidad, que se convierte en absoluto sufrimiento en su ausencia.


Evidentemente, una persona puede tener la tendencia a acercarse a Dios con una relación particular, pero también puede recurrir a las otras formas de aproximación a lo Divino según su necesidad. Una conclusión positiva es que no hay una única manera de relacionarse con Dios y uno puede adaptarse según su propia personalidad. Asimismo, esta clasificación hecha por los antiguos sabios de la India no es un intento de encasillamiento a priori, sino una reflexión basada en la experiencia, con la única intención de ayudar al buscador espiritual a encontrar su camino mejor hacia Dios.

Ahora que sé cuáles son las posibles relaciones con lo Divino, puedo hacerme la pregunta del inicio sin tantos titubeos; incluso cuando mi respuesta pueda variar según el día o mi estado de ánimo.

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El Rāmāyana en dibujos animados

En la historia de la India existen dos poemas épicos fundamentales: el Rāmāyana y el Mahābhārata. El más largo es el Mahābhārata (200.000 versos) y el más antiguo es el Rāmāyana. Sobre el primero hice un post hace poco tiempo, que se puede leer aquí. Sobre el segundo, también he hecho un par de posts en el pasado, especialmente uno en que narraba de forma simplificada el argumento de la obra.

El Rāmāyana se puede traducir como ‘el viaje de Rāma‘, principal protagonista del poema junto a Sītā, su hermosa y fiel esposa. La historia narra las aventuras de Rāma, príncipe heredero del reino de Ayodhya, enviado a 14 años de exilio en el bosque por celos e intrigas palaciegas en torno al trono. En el bosque, Rāma vive como un asceta junto a Sītā y su mano derecha y hermano menor Lakshmana. La historia se vuelve especialmente dramática cuando Sītā es raptada por Rāvana, el demonio de diez cabezas que gobierna la isla de Lanka.

La angustiosa búsqueda de la princesa, cuyo paradero es desconocido, y su exitoso rescate sólo puede llevarse a cabo gracias a la ayuda de los vānaras, los monos semi-Divinos, que sirven a Rāma, con Hanuman como el más destacado de esta raza, eterno servidor de Sītā y Rāma.

Un detalle que no puede pasarse por alto en esta historia es que Rāma es la encarnación en la Tierra del mismo dios Vishnu (el Preservador del Universo en la Trinidad cíclica del hinduismo); ya que cada vez que la justicia y el orden eterno (dharma) declinan en este mundo, es él quien se apersona para poner orden a las cosas. En el caso de Rāma, es la encarnación Divina del deber y de las virtudes morales, el hijo/hermano/esposo/gobernante perfecto, un ejemplo para todos los seres humanos y, además, el encargado de aniquilar a Rāvana y todo su linaje de demonios que estaban disturbando a los sabios y los dioses.

Por su parte, Sītā es la misma diosa Lakshmī (consorte de Vishnu y diosa de la Fortuna y Prosperidad) encarnada. Nacida directamente de la Tierra, su nombre significa ‘zanja’, mientras que su amor y devoción incondicional para su esposo es el paradigma de la mujer india clásica y también de una mente siempre fijada en la Divinidad.

Anime

Gracias a mis clases de sánscrito, en las que estamos releyendo y analizando el Rāmāyana he descubierto nuevas lecturas y matices de la gran obra. Y no sólo eso, también he sabido de una película en dibujos animados que narra el Rāmāyana de forma resumida y entretenida para quienes no tienen tiempo (o ganas) de leer el libro, o para quienes, habiéndolo leído, desean ver en imágenes concretas los personajes y eventos que estaban en su imaginación (y no me refiero a la película Sita sings the blues, que alguna vez croniqué en este blog).

El Rāmāyana original es largo y las versiones literarias que uno generalmente lee (sobre todo en lengua no original) son siempre un resumen, ya sea en mayor o menor grado. Hacer una película sobre el Rāmāyana requiere un gran trabajo de síntesis, cosa que estos creadores han logrado hacer en 2h10′.

Seguramente, si uno busca en Internet encontrará más de una versión animada (incluso 3D) o con actores de carne y hueso, pero esta película en particular es la que estuve viendo últimamente (en casa, en clase de sánscrito, en clase de mitología) y me pareció bastante buena y llevadera. Se trata de una versión del año 1992, con título Ramayana: The Legend of Prince Rama.

La película es una producción indo-nipona, con un director japonés (Yugo Sako) y otro indio (Ram Mohan), aunque los realizadores son todos japoneses, y eso se nota en la estética anime del film, típica de los dibujos animados que llegan del país del sol naciente y que han sido parte de la educación televisiva de muchos niños del mundo, incluyéndome.

Si bien esta estética japonesa choca en momentos con la tradición india, yo creo que el resultado artístico del film es positivo. En cuanto a la trama, el resumen de la obra en dos horas hace que, inevitablemente, se echen de menos algunas partes de la historia original o, también, se simplifiquen cuestiones que, en origen, tienen mayor relevancia. Quienes conozcan la obra original podrán encontrar ausencias notables o detalles erróneos. De todos modos, eso no quita que sea una película muy entretenida y bien hecha.

Asimismo, para aquellos que se introducen por primera vez en el mundo del Rāmāyana, esta película es recomendable, ya que da una buena panorámica de la historia, a la vez que con un lenguaje (visual y estético) al que estamos acostumbrados en Occidente y, por tanto, accesible.

Hablando de lenguajes, esta película se puede encontrar en YouTube en hindi y en inglés, aunque la música y las canciones son siempre en hindi (algunas muy pegadizas, por cierto, como por ejemplo el momento de la construcción del puente por parte de los monos para llegar al reino de Lanka).

Para los que dominan el inglés, la película se encuentra en dos partes de 1h cada una, aquí debajo la primera parte:

La buena noticia es que la película también está disponible con subtítulos en español (lo cual puede ser necesario incluso para quienes hablan inglés, pues hay muchos nombres y términos difíciles de entender ‘a oídas’). La mala noticia es que esta versión tiene menos calidad (al menos la disponible en YouTube), y esta segmentada en 9 partes de unos 15′ cada una. Nada tan grave como para impedir que sea vista con gusto. Aquí debajo la primera parte:

Espero que disfruten de El Rāmāyana en esta versión animada y que, el verla, fomente vuestra curiosidad para leer la obra en mayor detalle, ya que es una historia llena de riqueza literaria, matices culturales y, sobre todo, enseñanzas espirituales de mucha actualidad.

Deva Premal y el mantra a Narasimha

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Coincidiendo con la luna llena de mayo, en que se celebra Wesak, el festival budista más importante del año (que conmemora nacimiento, iluminación y fallecimiento del Buda), con Hansika asistimos a un concierto de mantras, en Barcelona. Específicamente, fuimos a ver y escuchar a Deva Premal y Miten, una pareja muy conocida en el mundo de la música espiritual.

En el pasado ya he hablado del kirtan, el estilo de canto espiritual de la India que más ha calado en la idiosincrasia occidental, consistente en la repetición colectiva de ciertos mantras sánscritos y que tiene grandes representantes como Krishna Das o Jai Uttal. El estilo de Deva Premal también podría etiquetarse de forma general como kirtan, aunque lo suyo me parece más encuadrado en la ‘recitación de mantras’ que en el ámbito de la ‘canción’. La distinción es sutil, pero implica que a diferencia del clásico concierto de kirtan en que uno no para de cantar activamente, en el caso de Deva Premal hay muchos momentos en que uno es más un observador que un participante o, mejor dicho, la participación es más silenciosa e interna.

De todos modos, el concierto me pareció muy bueno y variado, en el sentido de que los diferentes mantras y estilos elegidos mantuvieron al público muy entretenido y, a la vez, activo, ya que también hubo grandes momentos de participación colectiva. Si bien para muchas personas la espiritualidad es sinónimo de aburrimiento, el concierto de L’Auditori de Barcelona demostró, una vez más, que se puede ser espiritual y divertido, y por tanto, pasarlo muy bien con un estado de conciencia elevado que nace del interior.

Deva Premal es alemana, canta y toca los teclados; Miten es inglés, también canta y toca la guitarra; mientras que Manose es nepalí y toca el bansuri, que es una flauta traversa india. Entre los tres hacen muy entretenido el espectáculo, incluyendo chistes, enseñanzas espirituales y promoviendo los coros del público. Los mantras sánscritos son obvios protagonistas, aunque también hubo un canto amazónico de la tradición de la ayahuasca, un canto al amor de los indios nativos norteamericanos (con baile incluido), la repetición de un mantra tibetano, un par de canciones en inglés y hasta un blues clásico.

De todos modos, quizás debido a mi amor por el sánscrito, el mantra que me quedó grabado fue el que Miten explicó era “para protección”. Con mis conocimientos básicos pude darme cuenta que se trataba de un mantra a Narasimha, el dios que es hombre-león, aunque tuve que esperar a volver a casa para investigar y conocer el sentido completo del mantra:

“Narasimha tava dāso’ham”

“Señor Narasimha, yo soy tu siervo”, sería una posible traducción, siendo tava el gentilicio de tvam (por tanto, ‘tuyo’); dāsah es ‘sirviente’ (aunque por modificación fonética queda ‘daso’); y aham es ‘yo’ (también por modificación fonética cae la ‘a’ inicial y queda ‘ham’).

Por su parte, el nombre Narasimha se compone del inequívoco nara = ‘hombre’ y simha = ‘léon’ (por ejemplo, el nombre de Singapur deriva de esta misma palabra, siendo ‘tierra de leones’).

La razón por la que un mantra al dios Narasimha es una oración de protección es debido a que su aparición en la Tierra fue para ayudar a alguien piadoso que estaba en apuros.

La muerte de Hiranyakasipu

En realidad, Narasimha no es un mero hombre-león, sino que es el cuarto avatar del dios Vishnu, que es quien encarna en la Tierra cada vez que declina la justicia y aumenta la injusticia. En este caso específico, los dioses estaban especialmente preocupados porque un demonio de nombre Hiranyakasipu había recibido la garantía del dios Brahmā de ser invulnerable y, aprovechándose de esa cualidad, martirizaba “los tres mundos”.

El principal afectado por este comportamiento demoníaco era Prahlāda, el propio hijo de Hiranyakasipu, que era un joven muy devoto de Vishnu. ¿Qué peor tormento puede haber para un demonio que su propio hijo sea piadoso? Teniendo en cuenta que su hijo avergonzaba el linaje familiar, Hiranyakasipu se dedicó de forma implacable a convertirlo en un demonio hecho y derecho. Sin embargo, el joven Prahlāda sólo pensaba en Vishnu y, a pesar de sufrir castigos y amenazas, nunca desvió su mente de Dios.

Ante esta situación, y visto lo inútil del esfuerzo, Hiranyakasipu decide matar a su propio hijo, pero falla varias veces por la gracia de Vishnu. Finalmente, harto de su hijo, el demonio señala una columna y le pregunta si “su Señor” que es tan poderoso y omnipresente, también está en ese objeto inanimado. Prahlāda responde afirmativamente, lo cual desata la ira absoluta del demonio y es en ese momento cuando Narasimha entra en acción, saliendo desde la misma columna.

La promesa que Brahmā había concedido a Hiranyakasipu era la de que no podría ser matado por hombre ni por animal, ni de día ni de noche, ni fuera ni dentro, ni en el suelo ni en el aire, ni por un arma animada ni inanimada. Por tanto, para vencer al demonio pero no contradecir la promesa de Brahmā, Vishnu se encarna como un ser mitad hombre mitad animal, y lo hace en el crepúsculo, matando a Hiranyakasipu en el umbral del palacio, apoyándolo sobre sus rodillas y desgarrándole las entrañas con sus uñas (el arma no animada ni inanimada).

Protección

De esta historia nace la tradición de orar al Señor Narasimha para solicitar protección, ya que su rol es defender a sus devotos cuando lo necesitan, tal como hizo con el piadoso Prahlāda. El aspecto feroz de Narasimha, que bien puede amedrentar a quienes no están familiarizados con su iconografía, es en realidad sólo terrible para aquellos que no confían en lo Divino. Quienes confíen en Dios, en su ayuda y su omnipresencia, verán en el hombre-león un aliado y un protector.

Volviendo al concierto de Deva Premal, Miten y Manose, en este breve vídeo del diario La Vanguardia, que califica a la alemana como “la reina del mantra”, se puede ver un fragmento del espectáculo clicando aquí.

Asimismo, quienes deseen escuchar la canción Narasimha en su totalidad, perteneciente a Password, el último disco de Deva Premal, pueden clicar aquí.

Y, por último, una foto muy adecuada de la página de Facebook de Deva Premal y Miten, en que se ve a Manose montando un león, en el monumento a Cristóbal Colón en Barcelona.

Quizás no sea Narasimha en persona, pero si el joven Prahlāda vio a Vishnu en una columna de piedra, no me digan que no es mucho más fácil verlo en un león de piedra.

¿Por qué los dioses hindúes tienen cuatro brazos?

Últimamente estoy leyendo bastante sobre mitos de la India, ya que estoy preparando una clase sobre mitología hindú que daré en una escuela de yoga de Barcelona. En este proceso, y basado en experiencias previas con neófitos de los dioses indios, se me ocurrió que podría publicar algún post con las preguntas más frecuentes sobre el tema. No sé si iré tan lejos como para cubrir todas las dudas, pero al menos para hoy elegí una cuestión típica: el número de brazos de las deidades.

Sin dar rodeos, esta representación iconográfica de las deidades del panteón hindú con cuatro brazos o más refiere a dos conceptos: omnipresencia y omnipotencia.

En palabras del profesor e indólogo francés Alain Daniélou (Dioses y mitos de la India, Ed. Atalanta), los cuatro brazos representan “el dominio sobre las cuatro direcciones del espacio”, es decir, los puntos cardinales (norte, sur, este, oeste). Esta cualidad de las deidades simboliza poder absoluto y dominación universal, atributos naturales de lo Divino.

Por otra parte, es verdad que también hay deidades (o aspectos de ciertas deidades) con seis, ocho, diez o más brazos. A este respecto, las “direcciones del espacio” en la filosofía védica pueden incluir las sub-direcciones: noreste, noroeste, sudeste, sudoeste, y también cenit (arriba) y nadir (abajo). De allí, que la presencia de hasta diez brazos se pueda explicar con los puntos cardinales.

Si bien hay deidades particulares en que la presencia de más de cuatro brazos se puede explicar por un mito específico (como el caso de la diosa Mahishasuramardinī, que es una creación ex profeso de los dioses para matar un demonio concreto), en general el número de brazos es explicable, además de por los puntos cardinales, porque básicamente refiere a un mayor poder y alcance de aquel de los seres humanos.

Etapas y Fines

Continuando con las razones de la representación iconográfica con cuatro brazos, el número cuatro simboliza la Tierra y la estabilidad, y Daniélou explica que “representa el cumplimiento de la manifestación en todas las esferas de la existencia”, ya que “en toda forma de vida o desarrollo se conocen cuatro fases”. Con esto, el autor se refiere a lo que la filosofía tradicional de la India postula como las cuatro etapas del desarrollo del hombre y los cuatro fines de la vida.

En la concepción tradicional hindú, āshrama es el término sánscrito para definir (además de un sitio de retiro espiritual) las cuatro etapas que corresponden a la vida de una persona, especialmente la de un brahman, es decir la casta sacerdotal, por ser considerados modelos para la sociedad. Estas cuatro etapas son la de ‘estudiante’ (brahmachari); ‘hombre de familia’ (grihastha); ‘austeridad y contemplación’ (vanaprastha); ‘renunciante’ (sannyasin).

En cuanto a los cuatro fines de la vida de todo ser humano, llamados purusārtha, la tradición se refiere a kāma, el deseo, que refiere a la satisfacción de los placeres sensoriales; artha, la creación de riqueza, tanto para uno como para el funcionamiento del mundo; dharma, la adherencia a la ley espiritual universal; y moksha, liberación de las ataduras mundanales para volver a Dios, objetivo final de los otros tres fines.

El número cuatro también hace referencia a las cuatro castas (varna) originales de la India (sacerdotes; guerreros; comerciantes; siervos). Asimismo, el número representa los cuatro Veda, las Escrituras sagradas y primeras de lo que hoy se conoce como hinduismo.

Visión directa

Finalmente, me gustaría agregar que la tradición espiritual explica que las deidades, tales como las vemos en las imágenes y representaciones iconográficas, no son un mero invento ni una pura creación simbólica. Se explica que los antiguos sabios y santos de la India, los mismos que compusieron las Escrituras sagradas, vieron dichas deidades en profundos estados de meditación y las describieron tal como las vieron.

Por un lado, esto no quiere decir que la Divinidad tenga necesariamente el aspecto de cierta imagen en particular, sino que se trata, más bien, de una representación de un aspecto de la energía de la Divinidad que los rishis vieron en meditación trascendental. Evidentemente, nuestra mente racional y limitada no concibe como ‘real’ nada que no sea explicable y objetivable en este mundo fenoménico, pero eso no quiere decir que no exista. Como dice Daniélou en el libro citado, “Todo conocimiento del mundo exterior refleja la estructura de la individualidad que lo percibe…”.

Es decir, si un sabio espiritual ha logrado percibir su propia esencia Divina que, a su vez, está en unión permanente con la energía universal, ¿cómo no va a modificarse su percepción del mundo exterior? ¿Y quién puede negar, sin haberla experimentado, que esa percepción incluya deidades de cuatro brazos?

Como es de suponer, yo (aún) no he visto a mi querido Ganesha en vivo y directo, pero más que al carácter fantástico de la deidad lo atribuyo a mi todavía no finalizado camino de práctica espiritual.

Y ya que estoy imaginando ese futuro encuentro, se me ocurre que otro buen detalle de los cuatro brazos es que el abrazo que te dan las deidades es así mucho más completo.

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El libro de Hijo de Vecino en PDF

Tengo una noticia: mi libro Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino está agotado.

Dicho así, parezco un hombre de éxito comercial, ¿verdad?

Un repaso breve: En diciembre de 2009 se publicó la primera edición de mi libro Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino. Se trató de un pequeño proyecto de auto-publicación y de auto-gestión, en el sentido de que yo pagué la impresión de los 200 ejemplares que vieron la luz. La mayoría de esos ejemplares fueron vendidos a familiares, amigos y también a personas que se acercaron a las presentaciones del libro que hice en Argentina (donde estaba, junto a Hansika, de visita por 6 meses en aquella época). Otros ejemplares llegaron a España y quizás unos 20 a otras partes de Europa o la India.

El saldo financiero del proyecto fue positivo, en el sentido de que recuperé la inversión inicial y tuve un margen mínimo de ganancias que, siendo estrictos, no hubiera sido posible sin la ayuda de familia y amigos para organizar, tanto las presentaciones del libro como su difusión en los medios argentinos.

Si bien la experiencia fue fructífera y no me arrepiento de ella, descubrí que el esfuerzo logístico y emocional que requiere la difusión y distribución de un libro físico de forma independiente (sin una editorial detrás) es inmenso, pues los obstáculos son permanentes.

Por todo lo anterior, por ahora no hay opciones viables para que haya una nueva publicación impresa del libro. Sin embargo, acorde con los tiempos tecnológicos que vivimos, sí que he decidido hacer disponible una versión digital del libro en formato PDF.

Analógico vs. Digital

En realidad, mi primera intención era que una editorial se interesara por el manuscrito y la publicara. Viendo que en España la crisis del mundo editorial parece ser grande, que hasta ahora no he encontrado respuestas alentadoras de las casas editoriales y que, además, el futuro de la lectura se augura en formato digital, pensé que era una buena idea hacer esta innovación.

Asimismo, desde hace tiempo recibo algunos comentarios en el blog o correos electrónicos pidiéndome cómo conseguir el libro en México, Argentina o Francia. Los gastos de envío de un libro físico por correo postal son muy altos para una persona particular y son iguales al coste del libro en sí mismo, por lo que no es un negocio rentable, ni para mí ni para el comprador. La opción del libro en formato digital es una manera de saltarse la barrera material y poder llegar a cualquier parte del mundo.

Ya lo sé, yo también soy de la vieja escuela y tengo preferencia por leer libros de carne y hueso, de tocarlos y hacerles anotaciones, de oler sus páginas. De todos modos, también admito que actualmente leo más en la pantalla que en el papel. Mi idea no es defender que lo digital es mejor que lo analógico, sino encontrar una forma alternativa de distribuir mi libro y, también, de ganarme la vida con la escritura.

Focalizándome en las ventajas, el formato de PDF me permitió crear para el libro un índice inicial con hipervínculos, de manera que es muy fácil dirigirse a un capítulo en particular con un solo clic. De la misma forma, pude incluir en el texto algunos enlaces pertienentes que sirven de referencia para el lector curioso. Asimismo, si el lector desea encontrar una palabra o tema específico, existe la opción ‘buscar’ que simplifica la tarea que en la versión de papel consistía en revisar hoja por hoja. Además, el formato digital es ecológico en la medida que no se necesita recurrir al papel.

Finalmente, la ventaja más grande del PDF es el precio, ya que, en mi caso, el libro le cuesta al lector un 80% menos de lo que le costaría el libro en papel.

Vista parcial del índice del libro, con sus hipervínculos para cada capítulo.

Versión actualizada

Aparte de la logística, el precio y la liquidación del stock físico original, esta segunda edición de Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino estuvo motivada por nuevos eventos que sucedieron en mis siguientes viajes a la India. Eventos que no se incluían en el libro original y que me pareció importante agregar al hilo narrativo de la obra para que su historia fuera completa. Ahora, el libro cuenta con 45 capítulos (antes 39), que equivalen a 380 páginas (de formato A5, que es el típico de un libro de papel).

Asimismo, todo el contenido del libro está corregido, ordenado, actualizado y mejorado respecto a la primera edición y también respecto a las crónicas de este blog. Como muchos saben, el libro original nació de estas crónicas digitales, aunque estas últimas no están editadas ni ordenadas ni puntillosamente mejoradas. Con esto quiero decir, por ejemplo, que esta nueva edición contiene secciones, como el prólogo, que son inéditas, a la vez que también hay nuevos fragmentos de capítulos que no aparecen en el blog ni el libro original.

Por otra parte, la versión en PDF mantiene el diseño de portada realizado por Ramiro Clemente, artista tucumano residente en Barcelona. El archivo en cuestión pesa unos 2.2 MB (como una fotografía de buena resolución), que yo mismo envío por e-mail al lector interesado, previo pago con tarjeta de crédito/débito vía PayPal (no es necesario tener cuenta en PayPal para ello).

El precio del libro es de 3 € (Euros) que, para quienes estén fuera de Europa, equivale a unos 4 US$ (Dólares estadounidenses) y se puede comprar clicando aquí debajo:

Aquellas personas interesadas en el libro que viven en España también pueden pagar por transferencia bancaria, si así lo prefieren. Para los detalles bancarios contactarse conmigo aquí.

Aprovechando que el 23 de abril es el Día Mundial del Libro, y que en Catalunya en particular se celebra Sant Jordi, gran evento relacionado con regalar rosas y libros, pongo a la venta mi obra en formato PDF.

Yo, que nunca tuve visión comercial, creo que ahora es el momento de ofrecerle, querido lector, la oportunidad inmejorable de regalar, para estas fechas, un libro bueno y económico. Si le gusta este blog, sin duda le gustará el libro. No desaproveche la ocasión de regalar, o regalarse, un poco de espiritualidad literaria y haga clic en el botón de abajo. No se arrepentirá:

Muchas gracias.

¿Es ‘la’ o ‘el’ Bhagavad Gītā?

La cuestión del género de las palabras es un tema que me atrae mucho, incluso desde antes de empezar a estudiar sánscrito. De hecho, ya una vez conté aquí cuánto me sorprendió que en italiano ‘la flor’ se diga ‘il fiore’, pues me parecía que un objeto tan relacionado a la feminidad, la dulzura o la fragilidad no podía ser masculino. Asimismo, para citar otro ejemplo, también expliqué que en la India los ríos son considerados femeninos y son, además, Diosas.

Si, como explica la teoría lingüística moderna, la relación entre un objeto y la palabra que la define es ‘arbitraria’, es decir, no natural, entonces la conclusión es simple: En todas las lenguas las ‘cosas’ pueden cambiar de género, sin que ello sea correcto o incorrecto, sino un resultado variable del desarrollo de cada idioma y su contexto.

Dando por válida la relatividad de los géneros en el lenguaje, pero también buscando ciertas reglas lingüísticas de las cuales aferrarme, me centro ahora en una duda específica que me ha acompañado durante algún tiempo: ¿Se dice ‘la’ Bhagavad Gītā o ‘el’ Bhagavad Gītā?


Raíces y canciones

Para intentar explicarlo voy a apelar al, como dice mi profesora de sánscrito la Doctora María Elena Sierra, ‘rigor filológico’. Para que el análisis sea completo hay que decir que la palabra Bhagavad (en origen Bhagavat) es masculina y refiere a ‘Dios’ o ‘el Señor’, aunque no es este el concepto que más nos interesa hoy (lingüísticamente hablando al menos). La palabra importante del día es gītā, que viene del verbo gai o y significa ‘cantar’. Desde el punto de vista morfológico, gītā es un participio (también conocido por sus siglas p.p.p., de ‘participio perfecto pasivo’) que se traduce como ‘cantado/a’.

Asimismo, con la evolución del lenguaje es normal que un participio se nominalice, es decir se convierta en un sustantivo o nombre. Por tanto, gītā también quiere decir ‘canción’, ya que es ‘aquello que es cantado’. El debate de los géneros toma aquí un giro feminista, ya que la palabra gītā es, en la tradición sánscrita, un sustantivo femenino sin discusión. Si la etimología es tan clara, ¿por qué entonces, uno se pregunta, se lee y oye con mucha frecuencia ‘el’ Bhagavad Gītā?

Al parecer, una de las razones fundamentales para este doble género del milenario diálogo entre Krishna y Arjuna es que las primeras (y más frecuentes) traducciones al español de la Bhagavad Gītā (me permito el femenino) provienen del inglés. Al poseer la lengua inglesa únicamente género neutro en sus sustantivos y adjetivos, quedaba (y queda) a criterio del traductor elegir la palabra más adecuada en lengua española. Casualmente, el término mayoritariamente aceptado en español para gītā es ‘canto’, que es masculino.

Sobre por qué no se eligió la palabra literal, ‘canción’, que también se utilizaba en muchos subtítulos de la obra en inglés (The Lord’s song), no tengo respuesta certera, aunque intuyo que es por un matiz poético, ya que El canto del Señor suena mejor (¿o es que ahora ya estamos acostumbrados?) que La canción del Señor, un título con tintes más bailables que líricos.

Investigando un poco, veo que gītā también se traduce preferentemente como ‘canto’ en otras lenguas europeas: en italiano es ‘canto’ (Canto del Divino), en francés es ‘chant’ (Chant du Seigneur) y en alemán es ‘Gesang’ (der Gesang Gottes). A pesar de esta tendencia a masculinizar la traducción de gītā, a la hora de referirse a la obra en sánscrito estas tres lenguas citadas sí recurren al femenino llamándola La (en italiano y francés) o Die (en alemán).

La irónica excepción de mi escueta búsqueda está en el portugués, que traduce gītā de forma femenina como ‘canção’ (Canção de Deus) pero que al referirse a la obra en sánscrito lo hace en masculino, O Bagavadguita.

Traduttore, traditore

Las primeras traducciones de los textos sánscritos al español fueron hechas, en su mayoría, pasando por otra lengua europea, por lo que aquellos traductores no sabían sánscrito y no podían comprobar el género de ciertas palabras. En este sentido, corresponde hacer hincapié en que el sánscrito es una lengua muy vocálica, con especial profusión de las ‘aes’, por lo que no debe sorprender que gran cantidad de sus palabras masculinas puedan acabar en la letra ‘a’. De hecho, las palabras femeninas sánscritas también pueden acabar en ‘a’, aunque por lo general se trata de una ‘a’ larga, que se transcribe con una marca diacrítica arriba, ‘ā‘.

Esto lo explico, porque en español (otra lengua bastante vocálica) estamos acostumbrados a que las palabras masculinas acaben más bien en ‘o’ ó en ‘e’, pero no en ‘a’, que es un ámbito más femenino. Este hecho, que puede parecer obvio, pero es un hábito arraigado del hablante, es fundamental a la hora de otorgar género a palabras que, por su ‘extrañeza’ para nosotros, carecen del mismo.

En más de una ocasión he visto u oído acerca de la ‘diosa’ Shiva o la ‘diosa’ Ganesha, cuando se trata de dos deidades netamente masculinas. Creo que este error común se debe, en gran parte, a que ambos nombres finalizan en ‘a’, la cual es una terminación femenina en español. De hecho, en español hay muy pocos nombres de chicos acabados en ‘a’.

De la misma forma, la palabra āsana, que en el ámbito de hatha yoga se traduce como ‘postura’, puede ser oída como la āsana o el āsana. La tendencia natural de un hispanohablante es utilizar el género femenino, pues la palabra acaba en ‘a’. Asimismo, es muy común referirse a āsana en género masculino.
El término āsana es de género neutro y, por tanto, ambas opciones pueden considerarse correctas desde el punto de vista filológico. De todos modos, teniendo en cuenta que en español el género neutro tiende a ser siempre masculino, se puede argüir que gramaticalmente hablando, la traducción justa sería el āsana.

Y ya que estamos en el tema del yoga, ésta es justamente una palabra que yo siempre escuché de género masculino, ‘el yoga’, y que hace poco descubrí también se utiliza en femenino, ‘la yoga’, por ejemplo en Venezuela. En este caso la etimología de la palabra sánscrita es masculina, aunque, una vez más, la terminación en ‘a’ puede generar confusión.

Posición final

Una vez acabado mi análisis, queda a criterio personal referirse a la Bhagavad Gītā con el género que mejor convenga a cada uno. En mi caso, yo siempre le dije el Bhagavad Gītā (de hecho, en antiguos posts de este mismo blog hay pruebas…), pero ahora que conozco detalles lingüísticos prefiero la terminología femenina. Como estudiante de sánscrito y de la filosofía espiritual de la India me gusta ser puntilloso en pequeños detalles, con la esperanza de también ser impecable en grandes eventos.

De todos modos, también creo que es importante la flexibilidad y que si una persona conoce y pone en práctica las enseñanzas que el Señor Krishna le da a Arjuna en la Gītā, entonces no importa si al referirse al libro lo hace con el género ‘equivocado’.

El conocimiento libresco y la erudición sólo son válidos si nos ayudan a avanzar en el camino espiritual. Con gusto cambiaría yo mi poco saber filosófico por estar en constante samādhi.

Como el trueque no es tan simple, sigo practicando, mientras busco raíces sánscritas en el diccionario.

La historia de Ganesha en rap

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Este fin de semana tuve ocasión de escuchar una vez más Elephant Power, el deleitante disco del multifacético MC Yogi, joven californiano que, además de artista del graffiti, es profesor de yoga. Si bien ya hablé brevemente de él en un post sobre graffitis, MC Yogi es mucho más conocido por su aspecto musical, sobre todo por este disco de ‘hip-hop espiritual’, si es que existe el género.

El disco vio la luz en 2008 y su éxito fue tal que en 2010 salieron dos nuevas versiones, una con las bases instrumentales de las canciones y otra de remixes. En el álbum original aparecen figuras del kirtan mundial como Krishna Das, Jai Uttal o Bhagavan Das y eso seguramente favoreció a su difusión. De todos modos, la originalidad de su obra está, como se dice en su sitio web, en la fusión de “la antigua ciencia del yoga con la cultura callejera moderna”. En ese sentido, su disco es el paradigma de cómo la espiritualidad y el yoga pueden ser muy divertidos, muy modernos y, sobre todo, muy cool.

En las variadas canciones del disco, MC Yogi nos explica en formato rap las historias mitológicas de Shiva, Hanuman, Ganesha y Krishna, por ejemplo. A la vez, dedica una canción a la maravillosa vida de Gandhi y otra al famoso mensaje del Mahatma: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Habiendo sido él mismo un joven hip-hopero en busca de su destino, MC Yogi cuenta que practicar yoga le cambió la vida y, ahora, trata de mostrar, sobre todo a los jóvenes, que se puede combinar la espiritualidad y la rectitud con cada estilo de vida particular, incluido el hip-hop y el graffiti que para algunas personas es considerado ‘vandalismo’.

Con casi toda seguridad, cualquier persona que esté algo involucrada en el mundo del yoga ya conoce a MC Yogi y su disco Elephant Power, que como su título indica hace especial referencia a Ganesha, el dios con cabeza de elefante. Sin embargo, seguramente también hay muchas personas que se están perdiendo, sin saberlo, de su música positiva, yóguica y educativa. A la vez, MC Yogi canta en inglés y, por tanto, las letras de las canciones no son comprensibles en su totalidad por todos sus oyentes, incluso cuando la vibración de su música trascienda la barrera idiomática.

Tendiendo estos elementos en cuenta, Hansika me aconsejó hacer con un post con una canción de MC Yogi, traducida al español. La idea me pareció buena, y yo pensé que lo justo sería que dicha traducción mantuviera, en la medida de lo posible, la atmósfera y las rimas de la canción original. Cualquiera que alguna vez haya intentado hacer traducciones sabe que no es una tarea fácil y, con más razón, si se trata de poesía (aunque sea poesía ‘rapeada’).

Asumiendo mis limitaciones como traductor de rap, pero considerando que los beneficios son mayores que las pérdidas, he traducido la canción Son of Shiva (Hijo de Shiva) que refiere a la historia del nacimiento de Ganesha. De esta forma, aquellos que desconocen la historia mitológica del niño con cabeza de elefante podrán enterarse a continuación. Asimismo, aquellos que sí conocen la historia pero desconocen la letra de MC Yogi, podrán descubrir una versión muy amena (y veraz) del famoso mito.

Por último, aquellos que conocen el mito, MC Yogi y también saben inglés podrán, además de juzgar mi traducción, escuchar una vez más la bonita canción haciendo clic aquí. Para ver la letra original en inglés, clicar aquí.

Hijo de Shiva

Bien arriba en el Himalaya, en los picos de sus montañas /vivía una hermosa diosa, Parvati llamada// Parvati era la esposa del dios llamado Shiva / el rey de los yoguis que destruye todos los demonios// ahora bien, Shiva amaba practicar yoga en lo profundo de la selva / lejos del mundo y de toda atracción externa// por semanas y meses en samadhi inaccesible / practicando desapego completamente impasible//pero siempre que Shiva se marchaba, Parvati en casa se quedaba / sin ninguna compañía y a menudo desolada//entonces un día pidió un deseo con una oración / un hijo con quien jugar y tener diversión// para su sorpresa la siguiente mañana / un pequeño bebé yacía justo frente a su mirada// Parvati apenas podía controlar su regocijo / ya que con un hermoso niño los dioses la habían bendito.

Un día cuando Parvati estaba tomando un baño / ordenó a su hijo que protegiera el paso// entonces él se paró en la puerta como un centinela / allí para asegurarse que nadie entrara en la parcela// fue en ese momento en que regresó Shiva / sin saber que su esposa había dado vida// cuando Shiva vio al niño le dijo que se moviera / pero al no saber que era su padre el niño ni se inmutó siquiera// ahora bien, Shiva es así, consciencia y dicha sin fin / pero cuando está enfadado se pone como loco, no cabrearle es requerido// sintiéndose ofendido y rechazado, Shiva comenzó un estruendo / una lucha épica que dejó la jungla sacudiendo// entonces de la nada el tridente de Shiva dio un corte / y fue ahí cuando la cabeza del niño cayó sin soporte// cuando Parvati oyó el ruido que venía de afuera / se apresuró para descubrir que su niño un muerto era.

Ilustración de Jenny Nielson (www.jennynielsonillustrations.blogspot.com.es)

Todos los dioses corrieron con rapidez hacia el lugar / tan pronto como oyeron a Parvati gritar// ella se volvió hacia Shiva con los ojos en llanto / y con dolor explicó que ese niño era hijo de ambos// cuando Shiva entendió la dimensión del desastre / no pudo evitar desanimarse, disgustarse y estresarse// ahí fue cuando al Señor Brahma se le ocurrió un plan: / “encontremos otra cabeza así el niño puede resucitar”// Shiva dijo “tomaremos la primera cabeza que encontremos / pero debemos darnos prisa porque se nos agota el tiempo”// en lo profundo de la selva los dioses hallaron un elefante / un ser sabio y viejo que había logrado iluminarse// él se postró ante los dioses y ofreció su testuz / y entonces regresaron veloces adonde el niño yacía sin luz// Shiva colocó la gran cabeza sobre el cuerpo del niño / y a primera vista lucía gracioso e incluso impío// pero Parvati dijo que la cabeza le iba como un guante / sinceramente, una frase nacida del amor de una madre// cuando Shiva vio que el niño ya estaba en pie / abrazó a su hijo y le llamó Ganesh.

Krishna y el Papa

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Hace un par de meses, yo visitaba un mercadillo de segunda mano en Barcelona, no tanto por voluntad propia sino más bien acompañando a Hansika, cuando vimos a tres muchachos hindúes que se detenían en un puesto a leer un típico pañuelo indio con escritura devanagari. Uno de los muchachos leyó en voz alta la palabra “Krishna” (ya que el chal en cuestión tenía escrito el famoso mahamantra ‘Hare Krishna’), y entonces la chica dueña de la parada, viendo que alguien podía develarle detalles de su propio producto, le preguntó con avidez, “¿Qué significa?”.

El joven hindú, arrastrado por el ritmo de sus compañeros, dudó un momento, y mientras se alejaba dijo con tono simplificador: “Es como el Papa…”.

Yo, a pesar de haber estudiado en un colegio secundario católico, no sé mucho del Papa, y quizás por eso nunca se me habría ocurrido hacer una analogía de ese tipo. Sin embargo, analizando el concepto me vino a la cabeza una definición típica del Papa que yo (y por lo que sé, no sólo yo) había escuchado durante mi infancia y (primera) juventud, a saber: “El Papa es el representante de Dios en la Tierra”.

Por su parte, Krishna es considerado por el hinduismo como un avatāra. La palabra ‘avatāra‘ pertenece a la lengua sánscrita y se forma con el prefijo ava, que significa ‘de arriba hacia abajo’ y con la raíz verbal tri que es ‘atravesar’. Por lo tanto, en la filosofía de la India un avatara es la Divinidad (o una expansión de la misma) que desciende a la Tierra, es decir una encarnación de Dios en la Tierra.

Según la tradición espiritual de la India, a lo largo de los tiempos ha habido muchas de estas encarnaciones, y continúa habiéndolas, en la medida que la humanidad cae en la ignorancia y el mundo vive períodos de oscuridad, lo cual no es poco frecuente. Se trata de una forma que tiene la Divinidad de guiar a la humanidad por el camino correcto, el llamado dharma. De hecho, en muchos casos se considera a algunos maestros espirituales (Guru) como avatares, de ahí que se les llame Gurudeva, ‘Guru Divino’.

Asimismo, en el hinduismo hay un grupo de avatares principales conocidos como dasāvatāra, que son las diez encarnaciones más famosas del Señor Vishnu, la deidad que representa el aspecto de la conservación en la Trimūrti, la elemental y cíclica Trinidad hindú, donde Brahmā es el Creador, Vishnu el Preservador, y Shiva el Destructor/Regenerador.

Vishnu, al cumplir la función de mantenimiento del Universo ha sido siempre relacionado con el amor y la devoción, y por tanto los dasāvatāra descienden de él.


En el caso específico de Krishna, se le considera el octavo avatar de Vishnu, además de una persona histórica protagonista del poema épico del Mahābhārata, obra que contiene la Bhagavad Gītā (el diálogo trascendental entre Krishna y su amigo y discípulo Arjuna) y donde aparece su famosa afirmación sobre la encarnación en la Tierra:

Yadā yadā hi dharmasya glānir bhavati bhārata / abhyuttahānam adharmasya tadātmānam srjāmy aham (Bg. G. 4.7)

Es decir:

“Cuando quiera que haya una disminución del dharma (justicia), Oh Arjuna, y un aumento del adharma (injusticia), entonces yo me encarno”.

A lo que luego agrega: “Para la protección de los buenos, la destrucción de los perversos y la restauración del dharma, yo nazco en cada era” (Bg. G. 4.8).


Volviendo al mercadillo, y después de este análisis, yo puedo ver cierta coherencia en la explicación que dio el joven indio sobre la similitud entre Krishna y el Papa católico. Si el muchacho, como yo, escuchó la definición papal de “representante de Dios en la Tierra”, puede que haya inferido que el octavo avatar de Vishnu y el Papa pertenecen a la misma categoría de ‘representantes Divinos’.

En este sentido, y desde mi punto de vista (y no sólo el mío), hay más paralelismos entre Krishna y Jesucristo que entre Krishna y el Papa. En todo caso, la diferencia radica en que para el hinduismo estas encarnaciones Divinas no suceden una única vez y existen varios ‘Hijos de Dios en la Tierra’ durante la historia.

Puede que por este carácter exclusivo de Jesucristo, el indio prefiera elegir al Papa como punto de comparación con los avatares hindúes, ya que Papas ha habido muchos y habrá más, igual que avatares.

De todos modos, me parece que hay una diferencia evidente en la categoría de representante Divino entre un avatāra y un Papa. El primero es una expansión Divina que se encarna en un cuerpo; el segundo es un hombre ordinario que se ve investido con facultades Divinas, incluida la infalibilidad pontificia.

No puedo saber si las razones que llevaron a ese muchacho indio a hacer la comparación que nos compete fueron guiadas por los mismos hilos que he trazado aquí, o quizás fue una simplificación o un malentendido. Quizás el indio escuchó esa idea de alguien más y la copió; quizás no sabe nada de religiones y dijo lo primero que le vino a la mente…

Más allá del debate posible, lo que yo quería destacar con este post, además de similitudes y diferencias, es la cualidad que tiene en general la filosofía de la India de aceptar dos culturas y dos visiones de mundo en apariencia divergentes. En lugar de horrorizarse por una posible analogía, o decir “es difícil de explicar”, el indio transmitió la idea lo mejor que supo.

En tiempos en que el Papa católico no tiene la mejor prensa, incluso para algunos de sus feligreses, el muchacho indio realizó una comparación que puede sonar simplificadora, pero que, vista desde un ángulo positivo-espiritual, también puede considerarse muy poco dogmática.

La Trimūrti: Brahmā, Vishnu y Shiva

Hace unos días, una lectora del blog dejó un comentario pidiéndome que haga un “cuadro conceptual de dioses” para entender mejor los parentescos y relaciones Divinas en la mitología hindú. Entiendo el pedido porque es sabido que el panteón hindú es muy amplio, a lo que se suma que muchas veces se hace referencia a una misma deidad pero con diferentes nombres, lo cual agrega dificultad a los neófitos. Aunque yo no sea un experto sí tengo un conocimiento básico del tema y pensé que sería buena idea seguir el consejo de la lectora.

Puede que yo sepa de la India y tenga cierto dominio de la palabra escrita, pero lo que no tengo es aptitudes visuales, en el sentido del diseño y la estética. Fue por ello que a la hora de hacer un esquema de las deidades me salían párrafos en lugar de cuadros y flechas. Ante mi incapacidad como diseñador pensé que lo ideal sería una imagen simple y atractiva, sin demasiadas explicaciones. Fue así que desempolvé mis saberes de Photoshop y luchando contra mi cuadratura mental visual me dispuse a crear una imagen que explicara lo más básico del panteón hindú.

Obviamente, el esquema sería larguísimo y la imagen no entraría en la pantalla si pusiera solamente las deidades principales y sus funciones. Por tanto, decidí exponer únicamente la Trimūrti y sus consortes. La Trimūrti es la tríada esencial del hinduismo y su traducción podría ser ‘las tres formas’. El hinduismo considera que el Ser Supremo (llamado Brahman) es Absoluto, no manifestado, imposible de describir, sin nombre ni forma y, por tanto, no puede ser representado. Por ello, la Trimūrti es la representación masculina de las tres cualidades fundamentales que rigen el Universo.

Asimismo, cada uno de estas representaciones masculinas tiene su contraparte femenina en la forma de diosas (sus consortes) como personificaciones de la Madre Divina o la energía femenina universal (shakti), tan valorada en la filosofía de la India. Sobre todo la shakti de Durgā (destrucción/regeneración) posee diversas manifestaciones, aunque en el esquema sólo he puesto una de ellas, la madre de Ganesha, la por todos querida deidad con cabeza de elefante.

En lugar de explayarme demasiado, mi plan para hoy fue crear una imagen y dejar que lo visual prime sobre lo escrito. Ya dije que no es mi fuerte. De hecho, me tomó bastante trabajo hacer el esquema, que aquí presento (hacer click en la imagen para ampliar):

Esquema de la Trimūrti

Supongo que la semana que viene volveré a la escritura, mi procedimiento tradicional; a menos, claro, que reciba una avalancha de comentarios pidiendo mis servicios como diseñador.

El Mahābhārata en cómic (y en español)

Cuando yo era chico leía muchos cómics aunque, en realidad, en Argentina los llamábamos historietas, así como en España eran tebeos y en México monitos. La cuestión es que a estas historias viñetadas ahora se las llama con nuevo nombre, pero la esencia es la misma. Yo leía historietas de Disney y de Los Pitufos, como es normal, a la vez que en casa había algunos cómics en inglés que alguien (quizás mi tío Murali) habría traído desde la India.

Estas revistas de historietas eran acerca de personajes y episodios de la mitología e historia de la India. A pesar de no entenderlos en su completitud, por motivos de idioma, los recuerdo con cariño, particularmente un ejemplar con las aventuras del dios mono, Hanuman, en la ciudad de Lanka, incluyendo sus saltos entre los tejados con la cola en llamas. Analizando en retrospectiva veo que esas revistas debían ser de la editorial india Amar Chitra Katha, todavía vigente.

Poema épico

En cierta medida inspirado por la huella y la labor de la editorial Amar Chitra Katha, un español que vive en Varanasi se convirtió en el ideólogo de un proyecto complejo: un cómic en idioma castellano del Mahābhārata. Vamos por partes.

El Mahābhārata es (junto al Rāmāyana) la gran historia épica de la India. Es un poema épico que tiene 200.000 versos lo que significa que, para que se hagan una idea, sería siete veces la Ilíada y La Odisea juntas. Debido a su extensión y a su profundidad filosófica, la obra dice de sí misma que “lo que está contenido aquí puede encontrarse en otros lugares, pero lo que no está aquí no se hallará en ningún sitio”.

El argumento principal de la obra es el enfrentamiento por el reino entre dos grupos de primos, ambos descendientes de la dinastía Kuru, un linaje de reyes kshatriya (guerreros) de categoría cuasi Divina. Los Pandava son cinco hermanos, héroes de la obra, y considerados los ‘buenos’. Los Kaurava son sus primos, cien príncipes hermanos que, liderados por Duryodhana, se considerados los ‘malos’ de la película. La lucha por el reino implica alianzas, traiciones, y una serie de eventos de gran intensidad dramática y emocional. Todos los sentimientos del ser humano – sórdidos o sublimes – se ven representados en el Mahābhārata.

Como si fuera poco, la Bhagavad Gītā, la escritura sagrada más representativa del hinduismo, es parte del poema épico, y tiene lugar en un momento muy dramático, con la inminencia de la guerra final entre los dos clanes de primos acechando en el campo de batalla.

Asimismo, se dice que el contenido de la obra es un símbolo de la lucha perenne que encarna el ser humano entre el dharma y el adharma; es decir, entre el camino correcto, eterno y universal para la felicidad absoluta versus las desviaciones típicas del ego individual, para el interés personal e, inevitablemente, fugaz.

Explayarse sobre los contenidos del Mahābhārata daría para mucho más de un post, así que mejor pasar al ideólogo del cómic que nos incumbe hoy.

Ideólogo

Álvaro Enterría es español, era bibliotecario en Madrid, y desde 1989 reside en la India, específicamente en la ciudad sagrada de Varanasi, donde se casó y formó su familia. Allí también fundó, con su socio indio, la editorial y librería Indica Books, especializada en Indología. Su interés por las viñetas ya se podía entrever cuando con su editorial editó y publicó el cómic en español Peregrinaje a Kashi (Varanasi): Historia, mitología y cultura de la ciudad más extraña y fascinante de la India.

Asimismo, Enterría es el autor del libro La India por dentro, cuyo subtítulo “Una guía cultural para el viajero” es ciertamente bien aplicado. Tanto para personas que no han ido nunca a la India y desean prepararse para dicho viaje, como para personas que sí han visitado aquel país, el libro es muy completo, brindando al lector mucha de la información necesaria para no sentirse ‘fuera de lugar’ en la India, siempre con una mirada occidental que, a la vez, está impregnada del conocimiento y la experiencia del que sabe que la moneda tiene, al menos, dos caras.

Este estilo claro y ameno, típico de Álvaro Enterría, es el que se encuentra, también, en la impecable introducción del cómic titulado Mahābhārata, La gran guerra del clan de los Bháratas. Sólo por la claridad con que explica, en sólo nueve páginas, una materia tan extensa y profunda como la que subyace a la gran obra épica, el cómic ya vale la pena.

Ilustración y textos

Si tengo elogios para el editor, ni que decir del artista y dibujante encargado tanto de la ilustración como de los textos del cómic, también él un español aunque afincado en Extremadura. Su nombre es Miguel Gómez Andrea, también conocido con el nom de plume de Gol, y es un especialista del cómic histórico. Fue él quien, bajo el encargo de Enterría, ilustró el ya mencionado cómic Peregrinaje a Kashi, pero sobre todo se ha dedicado a la historia española, haciéndola amena y accesible a los niños, por supuesto, pero también a personas adultas.

Para más detalles de la vida y personalidad de Gol, he encontrado una entrevista que me pareció muy buena y cuyo título es, además de tentador, muy adecuado para el tema de hoy: “Mi madre dice que yo siempre fui un buen chico hasta que viajé a la India“.

Dada la extensión y complejidad de la obra original, el trabajo de edición y adaptación al formato cómic ha sido, sin duda, muy arduo. Otra vez debido a la extensión, esta versión del Mahābhārata se presenta en tres volúmenes, de los cuales el primero, titulado Los Pándavas, vio la luz a fines del año 2011 a través de la edición conjunta de José J. de Olañeta Editor, de Mallorca, e Indica Books, de India.

Este primer volumen acaba en el momento de la historia en que el reino se divide en dos mitades, con la región menos fructífera y desértica asignada para los tolerantes hermanos Pandava, que estarían dispuestos a vivir en paz si no fuera por los acontecimientos que llegarán. Aunque eso es parte del segundo volumen…

Ganesha y genealogía

Si bien el proyecto se presenta como un cómic, debido a su formato, hay que decir que en cuanto a su calidad de presentación parece más bien un libro ilustrado. Quiero decir, para alguien como yo que creció leyendo historietas en revistas de tapa blanda y papel delgado, la presentación de este Mahābhārata me sorprendió gratamente. Yo me esperaba una revista y me encontré con un libro. Las tapas son duras y el gramaje y la calidad del papel son de tipo ilustración.

Todo esto lo digo, no sólo porque me parece digno de mencionar, sino porque cuando estaba por comprar el cómic online su precio (entre 18€-20€ en España) me pareció algo caro para una revista. De todos modos lo compré, para luego comprobar que la calidad gráfica y artística de la obra justificaba el precio de forma inmediata.

Más allá de los muchos méritos del cómic, quiero mencionar dos detalles del mismo que me agradaron particularmente. Por un lado, la participación de Ganesha, la deidad con cabeza de elefante. Si bien la larga historia del Mahābhārata está narrada por el sabio Vyasa (que también compiló los Vedas), una historia en la que él mismo es participante y, por tanto, testigo preferencial de los hechos, quien la escribió fue Ganesha. Es decir, Vyasa, ante tamaña empresa (¡200.000 versos!) necesitaba ayuda Divina y, entonces, pensó en Ganesha, símbolo de sabiduría, que aceptó la misión con la condición de que el sabio le dictara sin pausa la epopeya.

Yo, que tengo personal afecto por Ganesha, disfruto mucho de su aparición en el cómic, en su rol de escriba y comentarista, sobre todo porque los autores se toman la licencia poética, no sólo de que pida comida y descanso cada tanto (dada la extensión del trabajo), sino de dotarle de una personalidad, a la vez simpática y gruñona, que es muy divertida y también coherente con el amor de tinte pueril (en el buen sentido) que se le profesa en la India.

El segundo detalle que me gustó especialmente del cómic es la presentación inicial, en la portadas interiores, de una genealogía de la dinastía Kuru, para ayudar al lector lego (y no tanto) a ubicarse en las complejas ramas de este linaje real. Así como en la edición 40º aniversario de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez se ofrecía un árbol genealógico de todos los personajes que, repitiendo nombres en diversas generaciones, creaban confusión en el lector (sobre todo los Buendía), los editores del Mahābhārata tuvieron el buen tino de agregar una genealogía de los personajes principales al inicio del cómic.

Otros detalles útiles para el lector son el glosario final con los nombres de personajes y términos indios, y también la nota inicial sobre la pronunciación de las palabras indias.

Exclusiva mundial

Después de leer el primer cómic, y sin poder aguantar la curiosidad, contacté con Álvaro Enterría para obtener mayor información sobre las futuras fechas de publicación, y él ha tenido la amabilidad de contestarme con los datos requeridos y aún más: me ha dado una exclusiva mundial.

Primero las fechas: Según explica Álvaro, “la segunda parte va muy avanzada y saldrá seguramente en octubre 2012″. Este segundo volumen se titula Dráupadi, en referencia a la esposa de los cinco hermanos Pandava (no contaré aquí los detalles de esta unión singular) y es el “más intenso dramáticamente”. Esto se debe, agrego yo, a que se relata la humillación pública de la princesa Draupadi, cuando sus esposos pierden su reino y Dushasana, príncipe Kaurava, la agarra de los cabellos, se dirige a ella como una esclava y la intenta desnudar quitándole su sari. Todo esto frente a la impotente mirada de sus poderosos esposos, sometidos por el respeto a la palabra y el dharma.

El tercer volumen del cómic, titulado La batalla de Kurukshetra, será publicado “probablemente en la primavera de 2013″. Si el volumen segundo es el de mayor intensidad dramática, al tercer volumen me lo imagino de absoluta intensidad visual, pues se verán escenificados los grandes momentos de una batalla de carácter cósmico, con armas dignas de los más poderosos devas y con los guerreros más aptos de la historia india. ¡Muero de deseos de ver ese volumen!

Quizás sospechando mi adicción a este cómic y sabiendo que faltan varios meses para octubre, Álvaro Enterría me ha enviado la exclusiva mundial que anticipaba más arriba y que, aunque a algunos les parezca cosa de nada, a mí personalmente me hace más ilusión que a un fanático de Harry Potter conocer detalles anticipados del último libro del joven mago.

Se trata de una página a color del segundo volumen – Dráupadi -; justamente la escena de la humillación de la princesa que antes comentaba. Gracias Álvaro por tu generosidad.

Por si hace falta, repito mi total recomendación hacia este cómic, que une filosofía, historia, espiritualidad, calidad artística y lenguaje moderno de manera impecable para mi gusto.

Si bien el editor es Olañeta, éste no tiene página web donde ver su amplio catálogo, pero de todos modos el cómic se puede comprar online o en diferentes librerías grandes de España (de Latinoamérica no tengo detalles aún) como Fnac y Casa del Libro, como así también más pequeñas al estilo de la Librería Oriental de Madrid o Laie en Barcelona.

Espero que lo disfruten tanto como yo.

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