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Archivo del Autor: Naren Herrero

Entrevista improvisada con Sri Dharma Mittra

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En el año 2011, con Hansika viajamos a New York City para conocer personalmente y tomar clases con Sri Dharma Mittra. La impresión fue tan positiva para nosotros que, desde ese momento, consideramos a Dharma como nuestro modelo a seguir de Hatha-Raja Yoga. De hecho, Hansika regresó a NYC en 2012 para realizar el curso de formación de profesores de Dharma Yoga “Vida de un Yogui”, algo que yo también hice en 2014.

Volviendo a 2011, ya estando en New York se nos ocurrió que podíamos grabar una entrevista con Dharma como material para una página web de yoga que teníamos en mente. Conseguir una entrevista con Dharma no es tan fácil porque está bastante solicitado, pero tuvimos suerte y obtuvimos una cita para hablar con él. Como corresponde al visitar a un maestro espiritual no llegamos con las manos vacías: le llevamos una planta.

Este cumplimiento del protocolo espiritual fue motivo de queja por parte de Dharma, que ya recibe muchos presentes de sus alumnos y es algo que le incomoda. En el caso de la planta, lo peor es que su sala-templo ya tenía muchas y ni siquiera había lugar donde ponerla. O sea que se podría decir que empezamos la cita con mal pie.

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Por otro lado, como todo el plan de la entrevista había sido improvisado a último momento no habíamos llevado a New York una cámara filmadora ni un trípode sino que apenas teníamos una cámara de fotos compacta que grababa a duras penas, a la vez que Hansika sostenía la pequeña cámara con su mejor pulso mientras yo hacía las preguntas.

Por tanto, la calidad audiovisual de la filmación dejaba mucho que desear, un gesto poco profesional de nuestra parte ante la presencia de un maestro como Dharma. De hecho, y sin perder su buen humor, al acabar la entrevista Dharma nos dijo: “La próxima vez traigan una cámara mejor”. O sea que se podría decir que también terminamos la cita con mal pie.

Dharma & Naren 2011

Junto a Dharma y Shiva al acabar la entrevista

A pesar de nuestros defectos logísticos, Dharma nunca nos hizo sentir incómodos y nos dedicó 30’ de su valioso tiempo para responder amorosamente a preguntas que responde en cada entrevista que le hacen. Ante dos personas sin ninguna credencial, con una cámara vieja y preguntas balbuceantes y trilladas Dharma fue, como siempre, ejemplo vivo de compasión y de amor, al punto de darnos un abrazo espontáneo al final del encuentro. Al mismo tiempo, Dharma puso en práctica uno de sus axiomas favoritos: “Compartir conocimiento espiritual es la forma más grande de caridad”.

La página web que teníamos en mente nunca se concretó y la grabación de la entrevista con Dharma Mittra reposó en nuestro disco duro por tres años hasta que, finalmente, la decidimos editar y publicar en la forma de pequeños clips, como forma de cumplir nuestra parte del trato original y como sencillas muestras de la enseñanza de Dharma, con la intención de que sirvan para inspirar a otras personas.

El nombre de la serie de clips es “Sri Dharma Mittra explica…” y todos los vídeos son en inglés con subtítulos en español. En este post comparto tres clips, que son los primeros que fueron editados. A saber:

Sri Dharma Mittra explica Yama, Niyama, Asana y Pranayama: En menos de 3′ Dharma hace un resumen de los cuatro primeros pasos del Raja Yoga o Yoga clásico. Entre otras cosas dice que “la mayoría de las posturas sofisticadas no son importantes” y, hablando de pranayama, explica su famosa metáfora de llevar la conciencia desde “radio AM a Alta definición” y más:

Sri Dharma Mittra explica diferentes técnicas de meditación: En menos de 2’ Dharma enumera distintas formas de concentrar la mente, adecuadas al ánimo o la personalidad de cada persona. Después de esto no puedes decir que no existe una meditación para ti:

Sri Dharma Mittra explica acerca de Mantra: Dharma habla del poder y la importancia de repetir mantras, en referencia a los principiantes y también en general:

Entendiendo que la profunda enseñanza de Dharma Mittra no puede resumirse ni expresarse en breves clips, sí esperamos que una pizca de su sabiduría llegue a todos a través de estos vídeos, que nacieron de la pura generosidad del maestro y a quien estamos muy agradecidos.

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La experiencia mística y un poema

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Estoy de viaje, con la rutina cambiada, poco tiempo y sin mis archivos a mano, por lo que se me hace difícil actualizar el blog. Por eso, agarré el libro Mística medieval hindú (Trotta Editorial, 2003) de Swami Satyānanda Saraswatī y lo abrí un poco al azar en busca de inspiración. Se trata de un libro que habla de la vida de algunos santos y filósofos místicos hindúes, en general poco conocidos en Occidente.

Una de las características de los místicos es que su acercamiento a la Realidad Superior está basado en la experiencia trascendental y va más allá de la rigurosa aridez intelectual. Se trata de un contacto extático con lo Divino, lo cual redunda muchas veces en poemas y textos de profunda devoción y amor que, para los que no estamos en éxtasis espiritual, pueden ser difíciles de comprender.

Así como una canción pop de amor mundano nos resulta indiferente y hasta tonta si no estamos en “humor de enamoramiento”, estos poemas místicos pueden ser solo palabras bonitas si estamos mirando el mundo únicamente con los áridos ojos de la razón o el descreimiento.

En temas religioso-espirituales se habla mucho de fe, que no me parece mal, pero cuando se trata de ahondar en el camino espiritual los maestros siempre hacen hincapié en la propia experiencia. El mismo Swami Satyānanda del libro que abrí dijo en una reunión pública de su organización Advaitavidya:

“No hace falta vivir de la fe, no hay que creer en nada. Hemos de tener la experiencia, la observación real en las profundidades de nuestro corazón. Entonces encontraremos una gran fuerza y plenitud”.

Mi experiencia personal es que por más fe que uno tenga, si uno no hace prácticas espirituales ni está en contacto con maestros y textos espirituales, entonces esa fe no es suficiente para avanzar y ser más feliz. De hecho, sin practicar, esa fe empieza a decaer y puede convertirse simplemente en una pátina (dorada, eso sí) que cubre la sequedad de nuestro corazón.

Es verdad que, según el día, leer poesía mística puede parecerme tan abstracto y ajeno como escuchar música experimental o conocer la estructura molecular del agua de lluvia. Pero también es cierto que, aunque mi experiencia mística sea nula, la lectura bien predispuesta de estos poemas genera anhelo por tener unión con lo Divino y, además, eleva el espíritu por su innegable genuinidad y franqueza.

Ya dije que tengo poco tiempo y en lugar de seguir teorizando prefiero compartir el poema que leí en la azarosa página abierta del libro. Se trata de versos de Jñanadeva, uno de los más grandes místicos hindúes, creador de dos reconocidos textos sagrados y pionero del movimiento devocional en el estado de Maharashtra. Este santo vivió en el siglo XIII y dejó su cuerpo con apenas 21 años, habiendo cumplido su rol en este mundo y dejando un profundo mensaje de amor por Dios.

Explicar la poesía mística es tan inútil como explicar los chistes; la magia se pierde en el camino. Así que simplemente comparto el poema y espero que todos lleguemos a entender estas palabras y, sobre todo, a experimentarlas en carne propia:

¿Por qué estás corriendo de un lado a otro
en busca de Dios?                                                                           ¿Por qué no reconoces que Dios                                                   reside en tu propio corazón?                                                     En realidad, Dios no tiene nombre ni forma,                           ni lugar alguno donde residir.                                                   Jñanadeva dice:                                                                       adora pues a Dios en tu interior,                                               en la forma de tu ātman, tu Ser,                                                 y sírvelo a Él sin cesar.

Propósitos espirituales para 2015

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Hace ya una semana que empezó el año 2015 y la mayoría de personas todavía tenemos por estrenar la lista de nuevos propósitos para este período. Con suerte, nos durará el entusiasmo y cuando llegue febrero aún recordaremos la determinación que nos trajo la transición anual y seguiremos firmes en nuestra intención de aprender inglés, hacer ejercicio, dejar de fumar, comer menos, dormir más, escribir un libro, circular en bicicleta…

Más allá del mayor o menor éxito que tengamos en cumplir nuestros votos de siempre, mi pensamiento de este año se ha centrado en los propósitos espirituales. Seguramente el tener una hija y ver cómo la rutina y los tiempos están, en cierta forma, menos bajo mi dominio me ha hecho aceptar que haré menos cosas “para mí”, como leer esa pila interminable de libros o hacer yoga cada día. De todos modos, no resigno hacer progresos espirituales, aunque la práctica sea menos visible o mensurable.

Para empezar, he comenzado el año celebrando el Día Premananda. En 1999, mi maestro Sri Swami Premananda instauró entre sus seguidores y devotos que el primer día del año se pensara en los demás, haciendo alguna actividad de servicio desinteresado para otras personas que lo necesitaran, iniciando así el año con espíritu de servicio. Junto a mi familia organizamos una velada de cantos y relatos de la India para recaudar fondos para el albergue y escuela Prema Home del sur de la India, que da alojamiento, comida, vestimenta, atención médica y educación a unos 400 niños.

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Presentando el evento.

Sobre empezar el año haciendo servicio Swami dice:

“¿Qué utilidad tiene estar siempre leyendo y hablando si no actuáis? Cada persona que esté conectada con el Sri Premananda Ashram debe hacer un servicio para alguien más en el Día Premananda. Este es vuestro día especial para concentraros con consciencia en el servicio y hacer una buena acción para alguien. Podéis hacerlo individualmente o en grupo. Podéis organizar un evento especial o mostrar un poco de amabilidad a alguien que lo necesita…

¡No hablemos tanto y hagamos algo! Cuando hacemos bien a nuestro mundo únicamente puede convertirse en un lugar mejor. Haremos felices a otros y nosotros mismos nos sentiremos satisfechos e inspirados para hacer diferentes tipos de buen trabajo”.

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Obviamente el 1 de enero ya pasó y, si no lo has celebrado, faltan 360 días para el próximo, pero eso no es excusa para dejar pasar el 2015 sin ayudar a los demás. En su discurso de Año Nuevo, Amma, la santa y maestra espiritual india famosa por dar abrazos y ser un ejemplo viviente de amor, enumera cinco prácticas que debemos tener en mente si queremos vivir una vida plena de sentido en 2015. Y la primera es:

1. Nunca desperdiciar una oportunidad de ayudar al prójimo.

Como dice Amma, “la ayuda que demos a otros despertará el gozo en sus corazones y en los nuestros”.

Los otros cuatro puntos explicados por Amma son:

2.En el año que comienza evitemos usar palabras crueles. Nunca hables mal de los demás.

Amma dice: “Usándolas perturbaremos nuestra mente y la de los otros. No olvidar nunca que todo el bien y el mal tiene su origen en las palabras”.

3. Asegúrate de que las prácticas espirituales como recitar tu mantra y meditar no falten ni un solo día.

Amma dice: “Estas prácticas diarias eliminan las impurezas acumuladas por la mente durante el curso de cada día. También otorgan paz y entusiasmo”.

4. Esfuérzate en pasar al menos un poco de tiempo en Satsang.

Amma dice: “El estudio de las escrituras y pasar tiempo en la presencia de Mahatmas (grandes almas) son formas ideales de satsang. ¿Cuánto tiempo empleamos en cotilleos y charlas innecesarias? Podemos emplear ese tiempo en leer libros de espiritualidad”.

5. Cada día, pide con todo tu corazón al guru o a Dios por la pureza de tu mente y por la fuerza para realizar buenas acciones.

Amma dice: “Si deseas hacer progresos espirituales, la humildad y la devoción son absolutamente esenciales. Deberíamos hacer un voto de humildad. Cuando somos humildes, nos hacemos automáticamente receptivos a la gracia”.

Si no tenías lista de propósitos para este año, o quizás la lista es demasiado larga, estos cinco puntos de Amma pueden servir de guía. Una guía que es universal y sencilla, como todas las enseñanzas espirituales verdaderas.

Si logramos cumplir con esta lista, entonces hablar inglés o aprender a tejer serán pan comido y meras anécdotas en un año lleno de dicha espiritual y auto-conocimiento.

5 canciones espirituales de 2014

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Se acaba el 2014 y todo el mundo hace listas con “lo mejor del año”. Sin pretender entrar en el juego de los rankings, y basándome en una “tradición” que comencé el año pasado, mi intención es compartir unas pocas canciones espirituales que me acompañaron durante 2014. Si bien es verdad que no todas fueron publicadas este año (hay dos de 2013), fue recién ahora que llegaron a mis oídos.

Las cinco canciones tienen la particularidad de pertenecer a artistas occidentales que cantan en sánscrito o hindi o también en inglés, combinando mantras tradicionales con ritmos o voces que son más modernos y, por supuesto, más familiares para nuestros oídos occidentales. Que mi elección haya sido ésta no fue premeditado y salió solo. Sin más prolegómenos, vamos a la música:

1. Hari Sundara Nanda Mukunda/One Love por Indra Mantras, que es un proyecto encabezado por el argentino Ignacio Escribano, que es discípulo de Sri Sri Ravi Shankar fundador de El Arte de Vivir. Según ellos mismos lo definen, Indra Mantras “combina sonidos pop, world music, electrónicos y ritmos latinoamericanos”. Efectivamente, lo que más me gusta de este grupo es la fusión de estilos con lo que yo percibo como sinceridad espiritual.

La canción en cuestión (creación del músico indio Dr. Manikantan Menon) está dedicada al Señor Kṛṣṇa (Krishna) y en ella se enumeran algunos de sus diferentes nombres, siempre fuente de alegría para sus devotos. El estilo fusión de Indra Mantras llega aquí a su apogeo combinando ritmo reggae y, finalmente, un mash-up con la hermosa melodía One Love de Bob Marley. Esta canción fue publicada en el 2013 pero su gozosa energía es atemporal:

2. Anandamayi por Brenda McMorrow, que es una popular cantante canadiense de kīrtan a la que ya cité brevemente aquí. Su disco Igniting the Beauty se publicó en 2013 a través de un crowdfunding en el que participé, pero no fue hasta los últimos meses de este año en que le presté especial atención a su contenido. De sus ocho canciones, la dedicada a la famosa santa bengalí Anandamayi Ma es la que más me inspira. Anandamayi Ma es una de las grandes santas del siglo XX y, para esta composición, Brenda se basa en un mantra originalmente dedicado por el maestro Sri Aurobindo a La Madre.

Sobre esto, cuentan que una vez un devoto le mostró a Sri Aurobindo una fotografía de Anandamayi Ma y el maestro dijo que ella estaba en “la consciencia de Saccidānanda” (pronúnciese ‘sacchidānanda’). Esta palabra tradicional describe la naturaleza misma del Ser, que según la filosofía hindú está compuesta por tres aspectos: sat (“existencia absoluta”), cit (“consciencia absoluta”) y ānanda (“bienaventuranza absoluta”). Por tanto, el mantra juega con el nombre de la santa (Anandamayi, es decir, “hecha de Ananda”) y le agrega los otros dos aspectos: Caitanyamayi (pronúnciese ‘Chaitanyamayi’, “hecha de consciencia”) y Satyamayi (“hecha de pura realidad”).

La calma que transmite esta canción, ayudada por un vibrante cello y la profunda voz del músico Adam Bauer, la hacen una de mis favoritas para momentos de relajación.

3. Sri Argala Stotram (selected verses)/Show me love por Krishna Das, el cantante occidental de kīrtan más famoso del mundo. Hace unos meses ya publiqué un post completo sobre esta canción del nuevo disco del cantante, en que se recitan algunos versos de un himno de alabanza (stotram) dedicado especialmente a la diosa Durgā.

Al devocional barítono de Krishna Das y la envolvente cadencia de los versos se suma un inesperado mash-up con la letra y melodía del hit ochentero I want to know what love is. La razón por la que la pongo en mi lista es que no he parado de escucharla desde abril y, por fin, he encontrado un vídeo con la canción completa (que no sé cuánto durará). Aprovechen:

4. Unity de Sean Johnson and the Wild Lotus Band que son una de mis bandas de kīrtan favoritas, en gran parte por su estilo y también por su imaginativo nombre (“la banda del loto salvaje”). Son un trío de New Orleans y aparte del carismático Sean Johnson (músico, poeta, profesor de yoga…) tienen un bajista de esos clásicos e inmutables, que hace más jazz que kīrtan, y una percusionista que parece sacada de una leyenda celta (se llama Gwendolyn, para que sepan).

Sacaron disco este año (se puede escuchar completo aquí) y en la canción que da título al álbum mezclan tradicionales “mantras de paz” (como el famoso lokāḥ samastāḥ sukhino bhavantu) con poesía (en inglés) del tan de moda místico sufí del siglo XIII Rumi.

En conclusión un himno a la unidad esencial de todas las tradiciones espirituales y, de paso, una canción de buenos deseos para todos los seres.

5. Mata Bhavani de Manu OM, que es el nombre artístico del músico barcelonés Manel Mèlich Solana que ya lleva unos años componiendo y cantando canciones espirituales en el mundo del yoga de Barcelona y cada vez más allá. Este año organizó un crowdfunding (ya ven que esto es lo que se lleva ahora, por suerte) para grabar su último disco titulado Bhakti. Sin ser una autoridad, yo escucho regularmente diferentes personas y grupos occidentales que quieren hacer kīrtan y realmente me cuesta encontrar casos que me parezcan novedosos, espirituales y atractivos. En el caso de Manu OM lo que más me gusta es que él solo, con su guitarra y sus juegos de voz, es capaz de transmitir una vibración muy inspiradora.

La canción que comparto es dedicada a la Madre Divina, el aspecto femenino universal (de hecho, ahora veo, tres de las cinco canciones elegidas son para la Madre). Yo ya conocía la letra, versos tradicionales sánscritos, pero en este caso Manu OM crea una melodía nueva y sorpresiva (uno de sus rasgos característicos), llena de devoción.

¡Les deseo a todos un dichoso y espiritual 2015!

Om Śānti

Swami Premananda y cómo tener una Navidad espiritual

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Ya es esa época del año en que el solsticio de invierno (o verano), las coloridas luces callejeras, muñecos de Santa Claus trepando algunos balcones, los pesebres hogareños o las pináceas ornamentadas con brillantes bolas nos ponen en “humor navideño”. Aunque se supone que el “humor navideño” consiste en un tiempo de hermandad, buenos deseos y paz, los preparativos de última hora, el bombardeo mercantil y los compromisos sociales hacen que para algunas personas este periodo se convierta en “malhumor navideño”.

Ya conté el año pasado que en mi familia no somos cristianos, pero que sí respetamos y admiramos a Jesucristo y sus enseñanzas. Esta heredada tendencia familiar fue fomentada por mi maestro Swami Premananda que, a pesar de ser hindú (o justamente por eso), siempre habló abiertamente de lo universal de las enseñanzas de Jesús (como también de las del Buddha, Nanak y otros grandes maestros). En el Sri Premananda Ashram de la India, cada año se celebra la Navidad (al igual que otras festividades de las grandes religiones), y Swamiji solía ofrecer un pastel de Navidad para los niños y niñas del albergue y la escuela. Actualmente se ofrece o pastel o helados y se dan regalos a los niños.

Muchos de los seguidores y devotos de Swami Premananda son occidentales, con una crianza y educación cristiana en origen, por lo que “legitimar” la validez de esa base religiosa también es una forma de quitarles peso mental y dudas intelectuales para impulsarlos más en la búsqueda esencial del auto-conocimiento, que es compartida por todas las religiones. Es con esto en mente que me contenta publicar un discurso de Swamiji, especialmente “ecuménico”, sobre cómo tener una Navidad espiritual (texto completo y en inglés aquí):

Swamiji-satsang

“La vida del Señor Jesucristo fue el ejemplo perfecto de renuncia total, auto-entrega y servicio desinteresado. El mundo necesita preguntarse cómo está recordando el nacimiento de esta gran alma. Su cumpleaños no es en realidad un tiempo para gastar dinero inútilmente y de forma precipitada en regalos innecesarios o comportarse de manera salvaje y emborracharse. ¿Cómo debemos celebrar la Navidad?

El mensaje de Jesús era de paz y amor en la tierra. La época de Navidad es un periodo muy conducente para crear una atmósfera de calma y amor en tu hogar, y llenarlo con el espíritu original navideño de dar desinteresadamente, servir a los pobres y desear el bien a todos los seres.

¿Cómo puedes crear esta atmósfera? Se dice que si tienes la imagen de un alma grande e iluminada en tu altar, en tu hogar o incluso en tu cartera o bolsillo, entonces las bendiciones de esa alma estarán siempre contigo. En mi Ashram de Matale (Sri Lanka) tenía una imagen del Señor Jesús en el altar principal. Aquí en el Ashram en India hemos colgado las imágenes de muchas grandes almas alrededor del salón de rituales (puja hall). Sus bendiciones están con todos aquellos que realizan adoración aquí.

Por esta razón es bueno tener una imagen del Señor Jesús, o del niño Jesús con su madre, o con su madre y padre, en tu altar o casa, especialmente durante la época de buena voluntad y paz en la tierra. Sus poderosas bendiciones estarán contigo y te ayudarán a alcanzar el silencio interior.

La paz no desciende de repente. Va tomando velocidad de a poco y con majestuosidad. Todos habéis experimentado la paz de estar solos en la naturaleza, la gloriosa quietud de las montañas y el ondular de un gran océano. La paz es otra forma de energía divina. La paz en un ser humano comienza con una mente serena y amorosa y se difunde a otros. Esfuérzate por difundir paz durante la época navideña. No tiene lugar únicamente uno o dos días, sino que dura al menos doce días. Así que pon en práctica las enseñanzas de Jesús durante este tiempo.

En la mayoría de religiones las personas decoran sus hogares durante las festividades. Cuando decoras tu casa o altar, es bonito crear una atmósfera devocional. En todos los países, incluso remontándonos a varias generaciones atrás, la devoción era la característica principal de las celebraciones navideñas. La antigua práctica de preparar una cuna representando el nacimiento de Cristo hace que todos piensen acerca de la hermosa historia de la Navidad y sus significados profundos.

Cantar villancicos con sinceridad desde el corazón es una gran práctica espiritual. Ir a la iglesia a medianoche, adorar a lo Divino con sentimiento verdadero, deseando a otros devotos una feliz Navidad es una práctica espiritual muy buena y socialmente efectiva. No necesitas olvidar tus propias tradiciones por el hecho de estar interesado en espiritualidad. Usa cada oportunidad para mejorarte y hacer bien al mundo.

La Navidad es generalmente un tiempo de alegría para los niños, en que se sienten felices y reciben regalos. Depende de ti enseñar a tus hijos el verdadero sentido de la Navidad. Estimúlalos a dar algo en caridad o a niños pobres durante Navidad. Asegúrate de que ellos piensen y oren por todos los niños pobres en el mundo que no tendrán nada para comer o vestir durante la temporada festiva. Crea un ambiente adecuado para que ellos entiendan el mensaje real de Jesús y la importancia de su nacimiento”.

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Los niños del Ashram realizando una obra de teatro sobre la vida de Jesús, como suele ser usual cada año.

Espero que durante esta época navideña todos seamos capaces de poner en práctica el consejo de Swami y las enseñanzas de Jesús y así tener paz y difundirla a los demás.

OM Śāntiḥ Śāntiḥ Śāntiḥ

‘Don’t worry’ es la enseñanza última

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Mi maestro, Swami Premananda, era una persona simple, que es como deben ser las grandes almas. En coherencia con esa “forma de ser”, y a pesar de tener un profundo conocimiento espiritual, sus enseñanzas siempre fueron directas, llanas y simples, sin adornos ni aspavientos; nada pretenciosas. Todo lo que Swami sabía era fruto de su experiencia y de su santidad innata, por lo que nunca necesitó estudiar las Escrituras sagradas ni los tratados filosóficos para transmitir el mensaje espiritual más elevado.

Quizás por eso, Swamiji rara vez citaba algún texto sagrado específico (mucho menos con el verso o el capítulo exacto), sino que se limitaba a expresar con sus palabras la enseñanza tradicional. En todo caso, ocasionalmente nombraba a los famosos 63 santos shivaítas llamados nayanmars o a Kṛṣṇa, o al Buddha o hasta a Jesucristo y explicaba sus enseñanzas. Swamiji solía decir que él no enseñaba nada nuevo sino que más bien actualizaba las enseñanzas tradicionales para estos tiempos modernos.

Cada vez que alguien le hacía una pregunta sofisticada, es decir, guiada más bien por el interés intelectual que el espiritual (como por ejemplo los efectos de cierto eclipse en el mundo; una técnica para abandonar el cuerpo; o preguntas con muchos términos técnicos o sánscritos), él siempre se las ingeniaba para quitarle todos los ornamentos superfluos y dejar la esencia de la pregunta, su cruda verdad (que a veces era, simplemente, la presunción del preguntador).

Exhortándonos a valorar lo simple, y también la no-distracción de lo esencial, Swami solía repetir: “La espiritualidad es como un gran océano; si uno empieza a bucear demasiado, se hace interminable”.

Y en este sentido también decía: “Volveos como niños. Así es cómo quiero que seáis. Eso no significa gran conocimiento libresco ni filosofía. Quiero que todos seáis tan puros como cuando erais niños”.

Será por todo lo anterior que una de sus frases más usadas es: “Don’t worry” (“no te preocupes”).

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Cayendo en el típico error de los que no saben nada, en una época de mi vida yo me consideré un intelectual y, a pesar del respeto por mi maestro, la frase “don’t worry” no me parecía nada profunda; simplemente me parecía una expresión común vacía de sentido, sacada de una pegadiza canción de Bobby McFerrin. No es que dudara de que la idea de “no preocuparse y ser feliz” fuera válida y cierta, sino que la simplicidad con que se expresaba la idea me hacía considerarla poco profunda. Como ven, además de un pseudo-intelectual, era un amante de la forma sobre el contenido.

Curiosamente, cuanto más empecé a leer sobre filosofía, estudiar sánscrito e investigar sobre textos sagrados más me di cuenta de que yo no era un intelectual y, sobre todo, que no sabía nada. Y naturalmente, empecé a notar que aunque Swami Premananda raramente citaba de forma directa de las Escrituras, su sabiduría estaba plenamente confirmada en los textos sacros. Sobre esto, hay un proverbio bengalí que dice que para saber si las enseñanzas de un maestro son auténticas éstas deben estar de acuerdo con las Escrituras.

En caso de que yo necesitara una prueba de la validez y profundidad de la enseñanza “don’t worry”, esta evidencia llegó en el texto espiritual más relevante del hinduismo: la Bhagavad Gītā. Y como si eso fuera poco, en el verso más importante de la obra (el XVIII.66), considerado “esencia y conclusión” de la Gītā según, por ejemplo, Swami Sivananda. El verso dice:

sarva-dharmān parityajya mām ekaṁ śaranaṁ vraja /
ahaṁ tvāṁ sarva-pāpebhyo mokṣayiṣyami mā śucah //

En este mantra final, el Señor Kṛṣṇa le dice a Arjuna:

Abandona todo los deberes y refúgiate sólo en Mí /
Yo te liberaré de todos tus pecados. No te preocupes //

O sea, después de ofrecer la máxima enseñanza trascendental, después de exponer los tres caminos principales, después de mostrar su misma forma cósmica, Kṛṣṇa termina diciendo simplemente  śucah, es decir: “No te preocupes”.

En este contexto, la raíz verbal śuc puede querer decir “sufrir, lamentar, afligir, llorar, temer o preocuparse”. De hecho, cuando Swami dice “don’t worry and be happy” no hace referencia a que todo nos dé igual, sino a cultivar el contentamiento y el pensamiento positivo pues, como me dijo Swami por carta, si “piensas lo bueno y ves lo bueno, entonces así se reflejara en ti”.

“No preocuparse” implica entonces no lamentarse, no afligirse ni dar cuerda al sufrimiento, siempre con el entendimiento de que pensar negativo genera, automáticamente, sentimientos negativos. Ante este método siempre hay alguien (yo incluido) que postula que existen situaciones en que es inevitable pensar negativo y preocuparse, como por ejemplo si se está quemando mi casa (elijo un caso extremo a posta). Evidentemente, que la casa está en llamas es un hecho objetivo y por más que yo piense en otra cosa, eso no cambiará el suceso. Sin embargo, como nuestro estado depende de nuestra mente, si yo pienso positivo seguiré estando contento, incluso con la casa reducida a cenizas.

Cuando se habla de pensar “positivo” no se hace referencia meramente a “ver el vaso medio lleno”, sino a una actitud de aceptación, al punto de considerar que todo lo que sucede es perfecto (incluso cuando uno no esté de acuerdo, a priori). Esta aceptación viene, se explica, con el entendimiento de que ni siquiera una brizna de hierba se mueve en este mundo si no es voluntad de Dios y, por tanto, todo ocurre como debe ser.

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Para dar colofón a este post, me gusta citar las palabras que Swami me escribió en una de las cartas que más me marcaron (y para no olvidar tengo un fragmento colgado en frente de mi mesa de trabajo). Me dijo simplemente: “No te tomes todo en serio”. Que es otra forma de decir, “no te preocupes y sé feliz”.

Si de tanto hablar del tema no puedes resistir la tentación, aquí está la famosa canción de Bobby McFerrin, con un videoclip de hace casi 25 años, pero con una enseñanza de varios miles más:

¿Para qué queremos aquietar nuestra mente?

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En el Yoga Sūtra de Patañjali se dice que Yoga es “el cese de la actividad mental”, o “el aquietamiento de la mente” o “poner la mente en silencio”. La pregunta es: ¿para qué queremos aquietar nuestra mente?

Para explicarlo me gusta la analogía del estanque: cuando las aguas de la superficie están agitadas es difícil ver con claridad el fondo, y cuanto más agitadas estén las aguas más turbia será nuestra visión. Sólo aquietando las ondas, gradualmente, la arenisca se asienta y entonces somos capaces de observar de forma despejada el fondo del estanque. Es decir, cuantos más pensamientos, imágenes, recuerdos o planes naveguen nuestras aguas mentales, más difícil es ver con lucidez lo que está pasando en el fondo de nuestra persona.

Aquietar la mente obviamente sirve para ver con más claridad las cosas, aunque desde un punto de vista espiritual el objetivo final va más allá y consiste en (re)conocer nuestra verdadera esencia, que espera pacientemente en el fondo del estanque. En palabras de Patañjali: “entonces [al aquietar la mente] el observador se establece en su propia naturaleza”.

Y todo esto viene a cuento porque recientemente he leído un texto de la revista Conócete a ti mismo (nº1, año 2012), la publicación en español para difundir las enseñanzas del maestro espiritual indio Sri Satpal Ji Maharaj. El artículo se llama El pensamiento bloquea la experiencia real, está firmado por un discípulo de Satpal ji y si bien puede que no diga nada nuevo sobre este tema, me pareció muy bien explicado y resumido. Quizás sea porque estoy pensando en estas cuestiones últimamente pero me pareció buena idea compartir el texto de forma pública. Lo pongo abajo:

Sri Satpal Ji Maharaj

“El pensamiento es un bloqueo, es una barrera. Crea una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que entorpecen toda relación verdadera. Se mete entre tú y tú mismo, entre tú y tus compañeros, hombres o mujeres, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios. Es esta pantalla de pensamiento que crea la ilusión de estar separado, la ilusión de que existe tú y un ‘otro’ completamente separado.

Entonces te olvidas del hecho esencial de que, más allá del nivel de las apariencias físicas y formas separadas, eres uno con todo lo que es. Al decir “olvidar” quiero decir que ya no sientes esa unidad como una realidad evidente. Quizás lo crees verdadero, pero ya no conoces que lo es. Una creencia puede ser reconfortante, pero solo a través de tu propia experiencia, sin embargo, es que se convierte en liberadora.

El no poder dejar de pensar es una aflicción terrible, pero no nos damos cuenta de ello porque casi todo el mundo está sufriendo por ella, entonces es considerado normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar ese reino interno de quietud que es inseparable del Ser. También crea un ser falso, creado por la mente que arroja una sombra de miedo y sufrimiento.

El filósofo Descartes creyó que había encontrado la verdad fundamental cuando hizo su declaración famosa: ‘Pienso, luego existo’. En realidad había dado expresión al error más básico: igualar el pensamiento con el Ser y la identidad con pensar. El pensador compulsivo que incluye a casi todo el mundo, vive en un estado de estar aparentemente separado, en un mundo enloquecedoramente complejo de problemas y conflictos continuos, un mundo que refleja la fragmentación cada vez mayor de la mente.

Cogito ergo sum

La iluminación es un estado de integridad, estar en ‘unidad’ y por lo tanto en paz. Estar en unidad con la vida en su aspecto manifiesto, el mundo, así como con tu ser más profundo y la vida no manifiesta: en unidad con el Ser. La iluminación no es sólo el final del sufrimiento y del conflicto continuo por dentro y por fuera, sino que también es el final de la terrible esclavitud de pensar incesantemente. ¡¡Qué liberación tan increíble es!!

Pensar se ha vuelto una enfermedad. La enfermedad sucede cuando las cosas salen de equilibrio… La mente es un instrumento extraordinario si se usa correctamente. Usada equivocadamente, sin embargo, se vuelve muy destructiva. Para decirlo en forma más precisa, no es tanto que uses la mente en forma equivocada, simplemente no la usas. Ella te usa a ti. Esta es la enfermedad. Crees que eres tu mente. Este es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.”

Vuelvo a tomar la palabra simplemente para agregar una obviedad: en general nos hemos criado con la idea de que “pensar poco” es igual a poca inteligencia y, sobre todo, hemos aprendido a identificarnos totalmente con nuestra mente. Una clave para cambiar de visión es darse cuenta que tú puedes analizar y observar (por eso Patañjali habla del observador) lo que hace tu propia mente y, por tanto, la mente es un ‘objeto’ separado, no es ‘tú’.

Entonces la pregunta natural que surge es, ¿quién es ese que está observando la mente? ¿Cuál es, siguiendo a Patañjali, “su propia naturaleza”? Y ahí es cuando la cosa de verdad se pone buena.

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