Canal RSS

Archivo del Autor: Naren Herrero

‘Little Krishna’, una serie animada no solo para niños

Publicado en

Nuestra hija es fanática de Kṛṣṇa (Krishna). Pero no de cualquier Kṛṣṇa, sino de sus aspectos infantil o juvenil, es decir Bālakṛṣṇa, “el niño Kṛṣṇa”, o Govinda/Gopāla, “el cuidador de vacas”. Todo empezó porque, desde su nacimiento, en casa tenemos dos coloridas imágenes de Kṛṣṇa vaquero siguiendo el estilo del animador de Pixar Sanjay Patel.

Un regalo de mi madre para su nieta que resultó ser muy utilizado porque, más allá del aspecto decorativo, en sus pequeñas manos las figuras se han convertido en incesantes bailarines de canciones devocionales dedicadas a, obviamente, Kṛṣṇa.

Por tanto, de todos los cantos devocionales del repertorio familiar, los que más le gustan a nuestra hija tienen que tener incluidas las palabras Govinda, Gopāla y, sobre todo, Bāla.

Krishna          ~Sanjay Patel

Govinda de Sanjay Patel

Este afecto natural por Kṛṣṇa se vio grandemente acicateado en ella después de que, en una de las no cotidianas veces que la ponemos frente a una pantalla, le mostráramos los dibujos animados de Little Krishna (“El pequeño Krishna”). Se trata de una serie animada creada en la India en 2009 que cuenta, en varios episodios, las aventuras y “pasatiempos” (līlās en sánscrito) de la infancia de Kṛṣṇa, cuando vivía en la aldea de pastorcitos de Vṛndāvana (Vrindávana).

La sutil gracia del tema es que Kṛṣṇa nació en un palacio y es un príncipe por derecho, pero por las circunstancias y para proteger su vida, fue llevado de incógnito a la aldea de vaqueros del otro lado del río, donde crece como un pastor más, viviendo una vida simple. Por ende, su relación con los otros pastores y pastoras es muy íntima y cercana, algo que no sería posible con un príncipe, y menos aún con el Señor del Universo, pues al final eso es Kṛṣṇa para esta tradición.

La cuestión es que Kṛṣṇa se pasa el día tocando la flauta en el bosque, jugando con sus amiguitos pastores e ideando planes para robar mantequilla y yogurt a las vecinas de la aldea. Es la Divinidad en su estado de inocencia total, el ejemplo de la pureza infantil y del estado que todos los sabios espirituales recomiendan: “Sé como un niño”.

A la vez, las fuerzas demoníacas quieren matar a Kṛṣṇa, cuyo destino es restituir la rectitud en la Tierra en su vida adulta, ya como rey, y en un aspecto más solemne y venerable que genera todavía más contraste con su ternura pueril.

Con esta trama, tan evocativa para cualquier hindú, la serie Little Krishna tiene buen material y lo bueno es que, además, tiene una buena ejecución, tanto visual como de guión (más allá de pequeñas licencias que se aceptan sin reproches). Fieles a la tradición estética del teatro indio (que habla de ocho o nueve emociones básicas), las historias provocan emociones contrastantes en el espectador, ya que se combinan las bucólicas escenas de los pastorcitos y sus juegos, con las recurrentes batallas del pequeño Kṛṣṇa contra los horrendos demonios que intentan matarlo.

Estas escenas de lucha son bastante violentas, sobre todo en contraposición a la ternura e inocencia de los amigos de Kṛṣṇa y también de su familia y vecinos, todos muy ingenuos acerca de la verdadera naturaleza del pequeño pastorcillo azul. Como nuestra hija tiene 2 años, y ella misma dice que “no le gusta” cuando aparece algún demonio, nosotros adelantamos hasta la próxima escena pastoril y feliz.

De hecho, y cualquiera sea la situación, tenemos que adelantar hasta que vuelva a aparecer Kṛṣṇa en pantalla, de lo contrario surge ipso facto el reclamo (repiqueteante) que durante milenios han expresado los grandes devotos: “¿Dónde está Krishna?”.

Al parecer, la serie fue concebida especialmente para niños de 7-9 años, y supongo que a esa edad las escenas de lucha y muerte de los demonios por parte de Kṛṣṇa no son tan impresionantes como lo pueden ser para nuestra hija. En todo caso, la serie es recomendable para casi cualquier edad pues relata muchas historias de la infancia de Kṛṣṇa y es muy entretenida, incluyendo algunas enseñanzas espirituales y una ambientación basada en años de investigación y conocimiento de la historia védica.

littlekrishna

Todo esto lo cuento porque esta semana se celebra Kṛṣṇa janmāṣṭamī (Krishna Janmáshtami), o Kṛṣṇa Jayanti, es decir el cumpleaños de Kṛṣṇa. Como cada año, en la octava noche de luna menguante del mes hindú de Bhādrapada se festeja el nacimiento de esta encarnación del Señor Viṣṇu (Vishnu). Este año 2015, el día exacto es el Sábado 5 de Septiembre, con el punto apoteósico a medianoche, hora en que nació el bebé Kṛṣṇa.

Sin duda habrá muchas celebraciones en la India y alrededor del mundo, con España incluida, pero si quieres aprovechar tu noche del sábado de una manera clásicamente moderna, sentado en tu sofá, al menos puedes hacerlo viendo unos cuantos episodios inspiradores de Little Krishna.

A continuación comparto un vídeo en el que se puede ver la primera parte (titulada “El amado de Vrindavan”) dividida en cuatro secciones y luego la segunda parte (titulada “El guerrero legendario”) al completo. En todos los casos los subtítulos están en español (y el texto original en hindi, para hacerlo más “indio”):

Después de verlo puede que les pase como a nuestra hija que en el momento de bendecir las comidas, por ejemplo, ahora exige que la tradicional oración familiar contenga (además de “Padre Celestial” y “Madre Divina”), el nombre de Kṛṣṇa, pero eso sí, ella aclara, “el pequeño”.

¡Om Klīm Kṛṣṇāya Namaha!

El significado del nombre Umā

Publicado en

Si poner nombres sánscritos a los hijos está en boga entre nosotros los occidentales, sin dudas el nombre Umā es uno de los más populares para niñas, pues reúne varios requisitos muy buscados: brevedad, sonoridad, facilidad de pronunciación y, por qué no, belleza. Conozco un par de pequeñas Umās en Barcelona y con mi esposa ese fue uno de los nombres que barajamos para nuestra hija (aunque elegimos otro). Ahora, por la pregunta de una amiga a la que le encantaría ese nombre para su futura hija, me pareció buen momento para profundizar en su etimología, historia y significado.

Primero que nada hay que decir que Umā es otro nombre para designar a la diosa Pārvatī (pronúnciese ‘Párvati’), que es el nombre más difundido para referirse al aspecto amable de la Śakti (‘Shakti’, energía femenina) del Señor Śiva (Shiva), que es el dios encargado de la destrucción/transformación del universo. Como la energía de acción de Śiva, su Śakti puede ser muy feroz (en los aspectos de Kālī o Durgā por ejemplo), aunque también tiene un lado maternal y afable que se personifica en Pārvatī, de la cual se dice a veces que es la diosa de la procreación.

De esta forma, diferentes aspectos o episodios en la vida de Pārvatī dan pie a diferentes nombres, mostrando un vislumbre de la infinitud de la Divinidad y también, en cierta manera, la necesidad mental humana de crear símbolos y poner etiquetas.

Por ejemplo, Pārvatī puede llamarse Satī, en su aspecto de esposa virtuosa y fiel, o también puede ser simplemente Devī, la Diosa por excelencia. Para el caso que nos interesa hoy, es útil saber más detalles de la historia de Pārvatī, cuyo nombre significa “la de la montaña”, pues es hija de Himavat (personificación del Himalaya) y de la sensual apsarā (ninfa celestial) Menakā (o Menā), que baja de los planetas celestiales de cuando en cuando.

En un momento dado, un poderoso y malvado asura (demonio) llamado Tarāka estaba sembrando el caos entre los seres celestiales, pues era invulnerable, o casi. Cuando se le otorgaron sus poderes Tarāka había pedido (porque la inmortalidad no se le da a nadie) que sólo pudiera ser muerto por un hijo de Śiva, lo cual era muy improbable porque un asceta como Śiva, rey de los yoguis que se pasa todo el día en meditación y practicando tapas, auto-disciplina, jamás, se supone, pondría sus sentidos al servicio del acto de procrear.

Viendo el desastre que estaba haciendo Tarāka, todos los dioses decidieron enviar a Kāmadeva, el dios del amor y el erotismo, a despertar la pasión amorosa en Śiva. El Señor Śiva habita en el monte Kailāsa (o Kailash), en la cordillera nevada del Himalaya, y justamente allí también estaba la joven y montañesa Pārvatī, que por amor atendía las necesidades básicas del huraño ermitaño aunque sin ser nada correspondida. Entonces llegó el dios Kāma y con su arte convirtió el desolado pico nevado en un jardín exuberante, saturado con la fragancia de la primavera y con el canto de los pájaros como banda sonora.

Kāmadeva tensó su arco de caña de azúcar, con la cuerda hecha de zumbonas abejas, y preparó una de sus flechas de flores apuntando directamente al corazón de Śiva. En el momento de soltar la flecha, Śiva, que no en vano es un yogui, percibió algo perturbador y abriendo su tercer ojo soltó un rayo de fuego que redujo al pobre Kāmadeva a cenizas, las mismas cenizas con las que recubre su cuerpo desnudo, demostrando su control sobre las pasiones.

Pārvatī, en lugar de decaerse, decidió que si no podía conquistar a Śiva con su hermosura y su servicio, lo haría a través de la práctica ascética. Fue en ese momento en que su madre, la apsarā Menakā, acostumbrada a los placeres sensuales y horrorizada porque su joven hija se dedicara al ascetismo exclamó: “U mā”, es decir “Oh [hija], no [practiques austeridades]” y de allí nace el nombre Umā.

Entonces Pārvatī (o Umā) comenzó a realizar mortificaciones que podían superar las del mismo Śiva: estar de pie sobre una sola pierna por semanas; meditar día y noche; en verano sentarse rodeada de fogatas bajo el sol del mediodía; en invierno hacer ejercicios respiratorios sentada en el hielo…

Notablemente, mientras más penitencias realizaba, más hermosa se volvía la joven, e incluso más brillante, de ahí que otro de los epítetos más conocidos de Pārvatī sea Gaurī, “la dorada”. En este mismo sentido, el nombre Umā también se suele traducir como “luz” o “esplendor”, aunque no tenga una justificación etimológica clara. De hecho, algunos diccionarios dan como primera acepción de umā la palabra “lino”, en relación al tejido de esa planta, ya que podría ser que el nombre derivara de un verbo () que significa “tejer”.

Lo que es seguro es que los estudiosos están de acuerdo en que la primera mención del nombre de la diosa Umā en las Escrituras ocurre en la Kena Upaniṣad (3.12), donde se confirma que ella es la “hija de Himavat”, que posee “gran esplendor” (bahuśobhamāna) y donde, según el indólogo Alain Daniélou, “aparece como una mediadora” entre Brahman y los demás dioses.

A la vez, Daniélou, en su a veces curioso estilo poético-esotérico, agrega que el nombre Umā a menudo se interpreta como “la paz de la noche” en cuanto esposa de Śiva, a quien el autor le gusta traducir como “el señor del sueño”.

02 parvati_adorando

Pero volviendo a la historia en la montaña y las austeridades de Pārvatī/Umā, ya que estoy seguro de que todos desean conocer el final, después de tantas penitencias y mortificaciones la joven logró la atención de Śiva, a quien le atrajo más la disciplina y la determinación que la belleza física.

A este punto, Śiva se acercó a Pārvatī bajo la apariencia de un asceta cualquiera y, para ponerla a prueba, cuestionó su interés por una persona (él mismo, claro) que no tenía posesiones, ni familia, ni riquezas ni saris de seda para ofrecer, a lo que la joven respondió que Śiva era el Absoluto aunque no hiciera despliegue de su poder y que si él no se casaba con ella, ella permanecería virgen para siempre.

Ante esta respuesta llena de devoción y de sabiduría, Śiva reveló su verdadera identidad y aceptó a Pārvatī como su mujer, convirtiéndose así en el paradójico (y feliz) caso de un asceta y hombre de familia a la vez, gracias, sobre todo, a la dedicación de su esposa que, en realidad, llámese Umā, Pārvatī o Gaurī no es otra que la esplendorosa Madre Universal que mueve todo el cosmos.

03 Shiva-Parvati

¡Jaya Mā!

¿Cómo usar una mālā o rosario hindú?

Publicado en

El otro día estaba en un retiro y una persona me preguntó: “¿Qué es ese collar de bolitas que llevan todos?”. Deleitado por el candor de la pregunta, saqué de debajo de mi camiseta mi “collar” y se lo mostré de cerca mientras daba una respuesta breve y popular: “Es un rosario hindú”.

En realidad, el nombre sánscrito de este tradicional elemento hindú es mālā, que puede significar “guirnalda”, “sarta de cuentas” o incluso “collar” pero que en el contexto religioso y espiritual refiere al rosario de cuentas utilizado como ayuda para practicar japa, es decir repetición murmurante o silenciosa de mantras.

En efecto, la palabra japa quiere decir “susurrar, murmurar o emitir en voz baja” y aunque a los diccionarios les gusta hablar de “plegarias” se trata en realidad de mantras, pues la técnica de repetir internamente una fórmula sonora sagrada es una milenaria herramienta para desarrollar la habilidad de focalizar la mente y fomentar la concentración.

A la vez, mantra yoga “se basa en el hecho de que la rítmica repetición del sonido tiene efectos físicos” y especialmente si se trata de mantras que han sido recibidos de un maestro espiritual y que tienen la fuerza de haber sido repetidos por un linaje y por miles de personas previamente.

Por supuesto, un mantra puede ser repetido sin necesidad de una mālā, y ésta se usa en realidad para llevar la cuenta de repeticiones (en caso de que nuestra práctica personal lo necesite) y también como ayuda para mantener la atención en la repetición a través de un objeto y del sentido del tacto.

Entonces, en caso de usar esta ayuda para la práctica es bueno saber que la mālā tradicional tiene 108 cuentas (más una). El número 108 es sagrado en el hinduismo y la cuenta extra, que sirve para marcar el final de la ronda, se llama meru (o sumeru), pues ese es el nombre del legendario monte que se encuentra en el eje del mundo según la cosmografía hindú. De la misma forma, en el rosario hindú esta cuenta suele estar más elevada o llevar algún tipo de penacho de hilo que la distingue del resto.

Al mismo tiempo, se explica que la cuenta meru representa al guru o a la Divinidad, y al igual que éstos están más allá del tiempo y el espacio, el meru se mantiene aparte de las otras 108 cuentas.

Según el tipo de collar y de cuentas también es posible encontrar mālās compuestas por 54 cuentas (54 x 2 = 108) o 27 cuentas (27 x 4 = 108), y éstas últimas suelen ser pulseras para la muñeca y no collares. En estos casos hay que hacer 2 y 4 rondas de repetición respectivamente para llegar al tradicional número 108. En todos los casos, cuando se llega al final de una ronda y se desea continuar, no se sigue dando la vuelta sino que se debe girar la mālā al punto de la meru y empezar de nuevo desde la última cuenta que se había contado. Siempre la dirección del giro de las cuentas es hacia uno mismo y siempre es con la mano derecha.

Hablando de la mano, un método muy difundido de usar el rosario es pasar las cuentas con el dedo pulgar y el dedo corazón (o dedo mayor), pero no con el dedo índice, que queda en el aire sin tocar el collar. Esto se debe a la creencia de que el dedo índice representa el ego y, por tanto, se evita que participe en el proceso, mientras que el dedo pulgar simboliza lo Divino.

Otro motivo para no usar el dedo índice, como bien me apunta el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani, “es porque ese dedo se utiliza en las ceremonias para los difuntos (a diferencia de otras funciones religiosas y litúrgicas donde se usa el anular) y por tanto de alguna forma se le considera un dedo impuro”.

Finalmente, cualquiera sea el mantra elegido, se debe repetir (mentalmente o en voz muy baja) una vez por cada cuenta hasta cumplir 108 repeticiones y entonces se puede continuar o no, según la práctica de cada persona.

En cuanto a los tipos de mālās según su composición, hay gran variedad aunque los más tradicionales son los que están hechos de semillas de rudrākṣa (rudraksha) y de madera de tulasī. La rudrākṣa es la semilla de un árbol (Elaeocarpus ganitrus) que se encuentra en los Himalayas y que es sagrada para los devotos del Señor Śiva (Shiva). De hecho, su nombre significa “ojo de Rudra” (Rudra es otro nombre de Śiva), y se llama así porque la semilla nació de sus ojos representando su gracia o, según otras versiones, porque son las lágrimas condensadas que Śiva derramó al destruir la majestuosa “triple ciudad” (Tripura) donde habitaban unos demonios.

La sacralidad de la semilla de rudrākṣa se clasifica según las “caras” (mūkha) que tenga, es decir, según el número de líneas de arriba hacia abajo que dividen la semilla. Se dice que una rudrākṣa puede tener desde una a catorce mūkhas, siendo la semilla de cinco caras la más común. También se dice que para saber si se trata de una rudrākṣa genuina la prueba es que si la sumergimos en un vaso con agua se hundirá.

En cuanto a las mālās hechas de tulasī, estamos hablando de una planta herbácea que se suele llamar “albahaca sagrada” (Ocimum sanctum) y que es especialmente sagrada para los devotos vaishnavas, es decir seguidores del Señor Viṣṇu (Vishnu). De hecho, los devotos vaishnavas consideran a la planta de tulasī como “la representación de la semilla de la devoción” ya que se dice que es una gran devota del Señor Viṣṇu.

Por ello, los devotos de Viṣṇu, pero también muchos devotos hindúes en general, suelen tener plantas de tulasī en sus casas. Además de una planta, tulasī es también una diosa – Tulasī Devī – que se considera una encarnación de la diosa Lakṣmī (Lakshmi), la consorte del Señor Viṣṇu.

Existen muchos otros tipos de mālās y para saber más detalles recomiendo este vídeo de 22’ del sacerdote hindú español Juan Carlos Ramchandani:

Espero que estas breves indicaciones tradicionales sean de ayuda, aunque ya dicen los maestros que lo principal es repetir el mantra (sea el que corresponda) lo más frecuentemente posible.

El océano de leche y la Vía Láctea

Publicado en

Durante la lectura del libro La mirada occidental del profesor español Pedro Carrero Eras me encontré con una referencia que presentaba como sinónimos el “océano de leche” de la cosmología hindú con la Vía Láctea. Al tratarse de la primera vez que escuchaba esta equiparación, el bichito de la curiosidad me impulsó a poner en pausa (por unas horas) mis vacaciones de verano para ponerme a investigar el tema.

En la cosmografía hindú el universo tiene forma oval, como un huevo, y de ahí que se le conozca como Brahmānda, “el huevo de Brahman”. Este huevo cósmico está formado por siete islas, de las cuales la que se ubica en el centro es la que consideramos nuestro “planeta”, que se presenta con la forma de una flor de loto de cuatro pétalos, llamada Jambudvīpa, es decir “la isla del árbol jambu“, porque en su punto central hay, justamente, un árbol de esta especie (que, al parecer, en español se llama ‘jambul‘).

Las otras seis islas que forman el universo son particulares porque, en realidad, son anillos concéntricos, cada uno más ancho que el anterior, que rodean la “isla del árbol jambu“. A su vez, cada uno de estos anillos-islas está rodeado por aguas “exóticas”, también cada vez más extensas a medida que se alejan del centro. Por tanto, nuestro mundo está rodeado por el “océano de sal” (lavaṇa samudra), lo cual no causa ninguna sorpresa, y éste a su vez está rodeado por Plakṣadvīpa, “la isla de la higuera”, que a su vez está rodeada por el “océano de sirope de caña de azúcar” (ikṣurasa samudra), y aquí es donde empieza a ponerse interesante.

El tercer océano es de “licor” (surā samudra); el cuarto de ghī o mantequilla clarificada (ghṛta samudra) y el quinto de yogurt (dadhi samudra). El sexto anillo líquido es el famoso “océano de leche”, llamado en sánscrito de muchas maneras, entre ellas kṣīra samudra; kṣīroda; kṣīrābdhi o dugdha samudra. Por si tienen curiosidad, el séptimo y último océano es de “agua dulce” (jala samudra) y llega hasta el límite del mundo, un anillo montañoso que sería “la frontera del infinito”, pues más allá hay “oscuridad perpetua” o algo inimaginable para la mente humana.

jambudvipa

Mapa de las siete islas rodeadas por sus océanos (tomado del libro ‘India: A sacred geography’, de Diana L. Eck – Se agranda al clicar).

Además de constituir la sexta masa líquida en esta cosmografía circular, el océano de leche, que es el foco de interés de este post, está relacionado con las “aguas primordiales” ya que es el protagonista de un conocido relato mitológico: “el batido del océano de leche” (kṣīra samudra manthana).

En esta historia los devas (seres celestiales) y los asuras (seres demoníacos) unen fuerzas para batir las aguas en busca del néctar de la inmortalidad, llamado amta. Además de este néctar aparecen muchos otros elementos, pues el océano de leche primordial es de donde surge, simbólicamente, todo cuanto existe. Por eso también se habla de él como “océano primigenio”.

A veces se equipara el océano de leche con las aguas primordiales de las que, cíclicamente, surge la creación y en las que se reabsorbe el universo cuando ocurre su disolución. En esas aguas, y durante el periodo de quietud, duerme el Señor Viṣṇu (Vishnu), el dios encargado de preservar el universo, recostado sobre su montura, la gran serpiente llamada Ananta, “sin fin”, hasta que despierta y crea un nuevo universo, idéntico a los anteriores.

Sin dudas el simbolismo del agua como generadora de vida es universal y se puede interpretar que las aguas son “el elemento mantenedor de vida que circula en la naturaleza en forma de lluvia, savia, leche y sangre”.  Este simbolismo se acrecienta especialmente en la idea de un océano, que el mitólogo Heinrich Zimmer define como lo “inmenso alógico… una extensión aletargada y llena de todas las potencialidades”. Es decir, el “vasto mar de la energía infinita de la vida”.

Que este océano primigenio sea de leche (y no de agua) puede sonar llamativo, aunque hay que entender que en la cultura védica la leche es símbolo de pureza y también de vida (en claro sentido alimenticio), y por eso la vaca es considerada la Madre. Por tanto, este rol de la leche en la manifestación de los elementos del universo se ha relacionado con la Vía Láctea en que, como su nombre indica, la leche también tiene una participación importante.

La Vía Láctea es la galaxia en que se encuentra nuestro sistema solar y a pesar de ser muy grande, es sólo una galaxia más de las millones que hay en el cosmos. Su nombre significa ‘camino de leche’ y refiere a la apariencia “lechosa” de la banda de luz blanca que rodea el firmamento y que, en general, es visible de noche. Esta apariencia láctea está también fundamentada en el mito griego que explica que se trata de un chorro de leche derramada del pecho de la diosa Hera, la esposa del dios Zeus, en un intento fallido por amamantar al héroe Heracles y hacerlo así inmortal.

Rubens Vía Láctea.jpg

“El nacimiento de la Vía Láctea” de Peter Paul Rubens.

Con el desarrollo de la antropología y otras ciencias sociales en el siglo XX, han nacido disciplinas como el estudio comparado de los símbolos de diferentes culturas que, con razón, han encontrado muchos puntos en común entre civilizaciones y sociedades en apariencia diferentes o lejanas. La universalidad de ciertos “arquetipos” es indiscutible, a la vez que considero que esa visión no debe eclipsar la particularidad de cada cultura específica.

En el caso de equiparar a la Vía Láctea con el océano de leche yo no he encontrado “pruebas” textuales que lo confirmen y no estoy nada seguro de que haya una relación directa. Si bien es verdad que uno podría interpretar que visualmente “la estructura espiral de la Vía Láctea se corresponde al batido océano de leche”, las referencias fiables que tengo hablan de la Vía Láctea como “el Ganges celeste”, es decir la contraparte celestial del famoso río Ganges (o Gangā) que recorre gran parte de India del norte.

De hecho, en la tradición hindú, el río Gangā (que es femenino) nace en el cielo y es sólo gracias a la práctica de grandes austeridades de un antiguo rey (Bhagīratha) que, compasivamente, ella desciende a la Tierra para volver a la vida a unos maldecidos miembros de la familia de Bhagīratha. Por tanto, en origen el río fluía en los cielos y es en el momento de su descenso cuando deja la estela blanquecina en el firmamento, que llamamos Vía Láctea.

via_lactea

Vista de la estructura espiral de la Vía Láctea que bien podría recordar un océano de leche siendo batido (se agranda al clicar).

ganga_celestial

Vista de la Vía Láctea desde la Tierra, con la característica banda luminosa que en la tradición hindú simboliza el descenso del río Gangā (se agranda al clicar).

En conclusión, más allá del componente lácteo en el nombre del océano y de la galaxia no parece que estemos hablando del mismo elemento, aunque las ideas de creación y de universo están muy relacionadas con el batido de las aguas primordiales y también con el conjunto de estrellas, nubes de gas, planetas y energía que forma la Vía Láctea. Por tanto, es natural que se haga una asociación y se busquen puntos en común. Si alguien tiene más datos que me informe, por favor.

Mientras tanto, seguiré mirando el cosmos, pero de vacaciones.

Swami Premananda y la relación gurú-discípulo

Publicado en

Pasaron las celebraciones de Guru Pūrṇimā 2015 (Guru Púrnima) y después de la adoración y la devoción puede ser buen momento para la reflexión. Pensar en la importancia del maestro espiritual es parte de celebrar el día del guru, pero entender profundamente la especial relación guru-śiṣya (maestro-discípulo) es, sin duda, tarea de años (o vidas, dirán algunos).

Aprovechando la reciente publicación, en la página oficial de su misión, de diferentes mensajes de Swami Premananda sobre Guru Pūrṇimā, comparto un discurso acerca de la relación guru-śiṣya (shishya), que me pareció apropiado.

Swami Premananda sin barba

Dice Swami:

“Una vez una persona fue a ver a un gran santo y le pidió consejo espiritual. El santo simplemente dijo: ‘Sólo sé’. ¿Sabéis lo que significa ‘solamente ser’? Si comprendes esto comprenderás la relación entre gurú y discípulo.

Conozco otra historia acerca de otro santo. Un día, alguien fue a verle para pedirle consejo. El santo fue muy duro y reprendió a su visitante usando palabras poco amables. ¡Luego le gritó, diciéndole que se marche! ¡Este santo no era como Swami Premananda! Echó al pobre hombre como si fuera un perro. Cuando los santos hacen esto, algunos devotos salen corriendo, mientras que otros se quedan con un santo así a pesar de que les reprenda una y otra vez. Aun si ese santo reprende a esos devotos y les dice que se marchen, ellos simplemente se sientan en algún lugar que esté cerca del santo y le esperan.

Entonces, después de haber echado a todos el santo salió caminando del ashram y encontró un devoto sentado allí, esperándole. Así que le preguntó: ‘¿A qué has venido aquí?’ El devoto respondió: ‘Vine a verle a Usted’. Entonces el santo dijo: ‘¿Para qué vienes a verme? ¿Por qué no te miras a ti mismo? Has venido a verme sin verte primero a ti mismo. ¡Tienes tiempo para verme, pero no tienes tiempo para verte a ti mismo!’.

Con eso, el santo se alejó y el devoto volvió a su casa para reflexionar sobre lo que el santo había querido decir cuando dijo: ‘Mírate primero a ti’. Si entiendes esta historia, entonces entenderás todo acerca de la relación guru-śiṣya. Si no la comprendes no sabrás el significado de ella.

Un gurú dijo: ‘Sólo sé’. Otro gurú dijo: ‘Conócete a ti mismo’. Si yo te pido que te conozcas o que te mires a ti mismo, irás a tu cuarto a mirarte en el espejo y volverás diciendo que has visto tu cara. Cuando un gurú pide a sus devotos que se miren a sí mismos, puede que ellos teman hallar suciedad en sus rostros. Sin embargo, irán a verse en el espejo y entonces regresarán para decir: ‘No, estoy bien’.

Si hubieras ido a ver un gurú en los viejos tiempos y le hubieras dicho que te miraste y que te has visto cuando miraste en el espejo esa mañana, él te habría dado una bofetada y echado de su vista. Te habría golpeado de tal modo que tus dientes habrían caído. ¿Por qué crees que él habría hecho eso? ¿No es acaso porque cuando dijo que deberías mirarte a ti mismo, lo que quiso decir era, no que mires tu cara externa, sino tus pensamientos, tu ser interior y todos tus sentimientos internos y demás? Él está hablando de limpieza interna, no de limpieza externa.

¿Cómo nos limpiamos internamente? Tenemos que liberar nuestra mente de competitividad, de celos, de ego y orgullo. Eso es lo que quiso decir con esta pequeña oración: ‘Mírate a ti mismo’.

Cuando el otro santo dijo: ‘Sólo sé’ lo que quiso decir fue, no permitas que tu mente se extravíe por doquier; simplemente sé, no te extravíes. Ésta era la manera en que los antiguos gurus enseñaban a sus discípulos. La lección que os estoy enseñando es la misma. ¿Puedo enseñaros estas lecciones a vosotros ahora? ¿Está interesado alguno de vosotros?”.

swami_padukas

Las pādukās (pies simbólicos) de Swamiji cubiertas de flores.

La pregunta final de Swami es clave para saber si uno quiere o no quiere ser discípulo: ¿Estamos interesados en estas enseñanzas? ¿En mirarnos internamente? ¿En evitar que nuestra mente se extravíe? ¿En ser y nada más?

Guru Pūrṇimā 2015 y la confianza

Publicado en

Si se asoman por sus ventanas, verán que la Luna de julio se está llenando y, por tanto, otra vez llega ese momento de júbilo para los devotos y discípulos espirituales de todo el mundo: Guru Pūrṇimā (Guru Púrnima), el día en que se honra al preceptor espiritual. Los que tienen un guru celebran con agradecimiento este día porque han experimentado que tener un maestro es una gran fortuna y un acelerador para el propio camino. Los que (aún) no tienen un guru, también lo celebran porque de alguna forma se nutren de las enseñanzas de los maestros y han entendido (o vislumbrado) que sin un guía el camino es imposible (y en caso de ser posible, es mucho más largo y doloroso).

La ancestral relación guru-śiṣya (maestro-discípulo) es una relación difícil de explicar y de entender para quien no la ha vivenciado, pues el maestro genuino se convierte en padre, madre y amigo, a la vez que supera esos conceptos y se convierte en la relación más importante y duradera de todas, ya que es vital en el (re)conocimiento de nuestra propia esencia divina y además puede mantenerse durante diferentes vidas (si uno acepta la existencia de la reencarnación).

Sea cual sea la historia particular de cada caso, lo cierto es que no puede haber relación maestro-discípulo sin confianza. En sánscrito hay una palabra para definir esta cualidad y es śraddhā (shraddhá), que según el contexto también puede traducirse como “fe”. El año pasado, por estas fechas, escribí un post sobre la importancia de obedecer al guru y en él hablé de la importancia de “tener fe inquebrantable en las palabras del guru”.

Un gran ejemplo de esa entrega al guru es Sri Dharma Mittra que, deseaba tanto tener uno, que a los 25 años vendió todo lo que tenía y dejó su Brasil natal con un billete solo de ida a New York, porque recibió una carta de su hermano diciendo que allí había encontrado un maestro (llamado Swami Kailashananda Saraswati). Dharma Mittra hizo servicio desinteresado por dos años hasta que el maestro aceptó iniciarlo y entonces se incorporó al ashram de Manhattan donde estuvo, en total, diez años sirviendo, para luego empezar a enseñar por su cuenta. En esos diez años se explica que Dharma alcanzó el auto-conocimiento siguiendo al pie de la letra lo que decía su maestro.

Y, para ello, uno de los secretos, según él mismo cuenta, es obedecer e imitar en todo al guru, tanto física, mental como espiritualmente. En sus años de renunciante Dharma le admitió a su guru que le imitaba en todo y éste le dijo: “That’s it! This is the trick!” (“¡Eso es! ¡Ese es el truco!”).

Como una de las tantas muestras de esa confianza total de Dharmaji hacia su guru, alcanza con contar una anécdota del curso de formación de profesores de yoga al que tuve la suerte de asistir en el Dharma Yoga Center en 2014.

En una sesión de preguntas, un estudiante preguntó: “¿Por qué al hacer japa (recitación) con una mālā (rosario hindú) no se debe usar el dedo índice para tocar las cuentas?”. A lo que Dharma contestó: “No lo sé, así me lo enseñó mi maestro”.

Obviamente que él lo sabe, porque hasta yo lo sé y porque lleva más de 50 años en el mundo del yoga e incluso en el mismo manual del curso de formación, y que él ha supervisado, se explican esos datos, pero el camino que enseña Dharma no es el del conocimiento intelectual sino el de la entrega, la fe y la confianza en el maestro para obtener la experiencia directa y personal.

Probablemente, cuando Dharmaji aprendió de su maestro a utilizar una mālā no sabía porque no se usaba el índice, pero eso no le detuvo para seguir sin dudas su enseñanza. Obedecer al guru cultiva la humildad del estudiante, y qué mayor muestra de humildad y respeto al propio maestro que un yogui legendario diga todavía “no lo sé”.

dharma_cobra

Sri Dharma Mittra en dedicación plena (Foto: Fabio Filippi)

Siguiendo con Sri Dharma y la confianza, doy otro ejemplo que me toca de cerca: hay mantras que canta Dharmaji en los que yo, como estudiante de sánscrito, puedo ver “errores” de pronunciación. Es terrible para un estudiante ver errores en su maestro porque eso puede minar la confianza. En realidad, Dharma canta los mantras de la misma forma como los aprendió de su maestro, de forma puramente oral (lo cual podría explicar irregularidades de pronunciación), y además él nunca se preocupó por la correcta escritura del mantra o por juzgar si estaban bien o mal. Yo, en cambio, con mente académica, me puse a analizar si la pronunciación era correcta o no y durante nueves días de curso no pude cantar ni un mantra sin juzgarlo.

Entonces me di cuenta de que me estaba perdiendo una experiencia más profunda, porque la mente se queda enredada en el mero análisis intelectual. El último día del curso practiqué la entrega y repetí tal cual, sin pensar, los mantras dichos por el maestro, intentando imitar el sonido y no juzgar. El resultado fue paz mental.

Esta anécdota no es nada comparada con el hecho de que mi maestro, Swami Premananda, haya sido condenado a prisión, en 1994, por violación y homicidio. Mantener la confianza en el guru sabiendo eso es una buena prueba, lo puedo asegurar (para los interesados, la info y detalles sobre el “caso legal” de Premananda pueden leerse aquí).

Sri Swami Premananda

Hablando de Swami, en las celebraciones de Guru Pūrṇimā 2005 dio unos consejos que me gustaron mucho y que me parecen válidos también este año. Dijo Swami:

“Guru Púrnima es un día para recordar a los santos, los sabios espirituales, los avatares y los maestros espirituales que nos guían en el sendero espiritual y que han nacido en esta Tierra desde el tiempo en que el mundo fue creado. Este día llega una vez cada 365 días. En este día, pensemos en esas grandes almas y en nuestras mentes cantemos: ‘Gurur Brahma, Gurur Vishnur, Gururdevo Maheshvarah’ y pensemos en lo Supremo, que es el Guru de los Gurus.

Luego piensa en el Maestro espiritual que has aceptado como tu guru y repite su nombre nueve veces. Esto equivaldrá a recibir la gracia de tu guru por todo el año.

Durante la mañana, ayuna, y rompe tu ayuno por la tarde, comiendo algo de comida vegetariana.

Durante Guru Púrnima practica algunas sadhanas espirituales, tales como permanecer en silencio, escuchar satsangs, cantar cantos devocionales y participar de abhishekam o meditación. En este día especial y sagrado, piensa profundamente en tu guru, lee alguna de sus enseñanzas y desde ese momento en adelante sigue una de estas enseñanzas durante el resto de tu vida.

Este día llega tan sólo una vez al año. Aunque puede que tengas mucho trabajo y muchos deberes en este día, no te olvides de su grandeza. Si aprecias que éste es el único gran día en el que puedes recibir la gracia de tu guru perfectamente, entonces definitivamente te serán dados los beneficios de la gracia del guru durante los 365 días del año.

Además, el aceptar a un maestro espiritual como tu guru puede ser tu deseo, pero si ese guru, también, te acepta a ti, ello será tu gran buena fortuna. Guru Púrnima es el día para hacernos recordar de esa fortuna”.

swamiji-pies

Así que, afortunados amigos, les deseo un dichoso Guru Pūrṇimā, que este año 2015 cae el Viernes 31 de Julio.

Para quienes estén en Barcelona o alrededores, habrá un par de celebraciones públicas el Sábado 1º de Agosto:

– A las 11h el Centro Sri Premananda de Barcelona hará una pāda pūjā a los pies simbólicos del maestro.

– A las 18h, la asociación Advaitavidya festeja, en Llerona, el día del guru en consonancia con el cumpleaños de Swami Satyānanda Saraswatī. Detalles aquí.

¡Jai Guru Om!

Lo que me pide el cuerpo…

Publicado en

Cada vez que como patatas fritas me vienen fuertes deseos de beber Coca-Cola. No es un acto reflexivo, sino que es algo que, dicho en lenguaje popular, “me pide el cuerpo”. Aunque hace tiempo que dejé la famosa bebida cola, años de fiel consumo crearon en mi cuerpo esa “necesidad” que todavía repica en mi interior, tanto física como mentalmente. Si bien la sabiduría popular tiene buena prensa, en este caso la mayoría estará de acuerdo en que darle Coca-Cola al cuerpo no es, en general, el consejo ideal, ya que más que un pedido fisiológico natural es un reflejo condicionado por hábitos del pasado.

Un ejemplo menos extremo y muy común es el de las mujeres embarazadas que sienten antojo de chocolate y, según explican los médicos, se trata en realidad de necesidad de magnesio, un mineral presente en el cacao. Por tanto, en este caso el cuerpo sí pide algo que le haría bien pero los condicionantes hacen que ese pedido se exprese en la forma de un deseo sensorial que no es tan “sano”.

¿Cómo saber entonces cuándo “lo que pide el cuerpo” es realmente bueno para uno y cuándo es el reflejo de un hábito condicionado? Y yendo más allá del cuerpo, ¿cuándo saber si un pensamiento, una idea, una decisión, son puras y beneficiosas para uno o más bien el resultado de preconceptos, costumbres o, como dicen los yoguis, surcos mentales que solo refuerzan el ego individual?

pareja

Para intentar resolver el dilema me gustan las palabras del yogui Sri Andrei Ram-Om, que explica que hay una gran diferencia entre la “intuición” y la “intención” que, como indica la palabra, no surge naturalmente sino que tiene una motivación subyacente. La intención, que también se podría equivaler al instinto, viene siempre de la mente, del cuerpo o de los sentidos y está “polucionada” por la información previa, la fuerza del hábito y la satisfacción del interés personal. De hecho, toda idea o acción que surge de la intención lleva al ego.

La intuición, en cambio, no tiene relación con mente, cuerpo o sentidos y proviene de la comprensión y experiencia interna directa (“realización” en la jerga espiritual moderna). Su gran ventaja es que una idea/acción que surge de la intuición lleva a la “alineación con el universo”, es decir que respeta el orden cósmico y el bienestar colectivo (o sea, propio y ajeno). Entonces, dice Andrei Ram, está bien analizar, en el momento que tomamos una decisión, si se trata de una intuición real o de un reflejo que viene de la mente.

Yogui Sri Andrei Ram-Om

Obviamente, la mayoría de decisiones que cualquier hijo de vecino toma cada día están guiadas por la mente y su fuerte identificación con el cuerpo y los sentidos. Modificar esa tendencia lleva mucha práctica y mucho esfuerzo, pero como comienzo está bien ser conscientes de que ese desesperado deseo por un helado no es, necesariamente, una condición vital para la trascendencia espiritual.

A la vez, me parece pertinente decir que todas las personas podemos tener deseos, impresiones subconscientes o impulsos que, por banales que parezcan, pueden considerarse “necesidades verdaderas”, en el sentido de que es mejor cumplirlas para no tener la mente perpetuamente pensando en eso.

Siguiendo con los helados, si uno decide no comerlos porque es un pedido meramente corporal pero a nivel mental los está degustando en cada meditación, cada āsana y cada vez que se cepilla los dientes, entonces quizás es mejor pedir un cucurucho de tres bolas y satisfacer esa “intención” para bien. Obviamente, y como siempre dicen los maestros, hay que usar el discernimiento para saber identificar qué deseo es necesario y cuál no; cuándo es intuición y cuándo es instinto.

O como dice un popular dicho indio:

“El cuerpo es como un niño: hay que darle todo lo que necesita, pero no todo lo que pide”.

A este punto surge, con probabilidad, la pregunta de cómo hacer para diferenciar, sin error, entre intuición e intención. Para empezar, con un poco de sincero auto-análisis es fácil agudizar ese discernimiento porque todos tenemos dentro la llamada “voz de la conciencia” que nos guía de alguna forma. De la misma forma, la meditación y el silencio son grandes ayudas para aquietar y observar los reflejos condicionados y, como a muchos nos ha pasado, en meditación llegan, sin esfuerzo consciente alguno, ideas o soluciones que se podrían calificar de “intuitivas”.

De todos modos, las conductas y tendencias del cuerpo y la mente, alimentadas durante años, son fuertes y con frecuencia estamos tan identificados con ellas que las consideramos, erróneamente, necesidades reales o hasta intuiciones en toda regla. Por tanto, una gran ayuda y guía externa son las enseñanzas de los textos sagrados. La Bhagavad Gītā (XVI.23) dice:

yaḥ śāstra-vidhim utsṛjya
vartate kāma-kārataḥ
na sa siddhim avāpnoti
na sukhaṁ na parāṁ gatim

Es decir:

“Aquel que hace a un lado los preceptos de las Escrituras
y permanece actuando según sus deseos
no alcanza la perfección
ni la felicidad ni la meta suprema”.

Por tanto, en la tradición hindú es importante seguir las Escrituras, que son una autoridad fiable para todos los buscadores.

Asimismo, como explicaba Swami Satyānanda Saraswatī en un reciente seminario sobre la sabiduría de la Gītā, la primera fuente de consulta debe ser, si es posible, el guru, ya que la Escritura también necesita capacidad de interpretación y uno no siempre es capaz de interpretar como corresponde, un poco por ignorancia y otro poco porque las circunstancias de cada persona son diferentes. El ejemplo clásico es la enseñanza de ahiṁsā o no-violencia, que si bien es correcta y universal, probablemente no sería bien interpretada por un soldado en medio de la batalla.

En cualquier caso, el maestro genuino siempre se basa en la Escritura y si uno no tiene la suerte de tener un maestro personal, también puede pensar en los grandes sabios y plantear la pregunta: “¿Qué haría esa gran alma (rellenar con el sabio a elección) en esta situación?”. Después del guru y de la Escritura llega lo que Satyānanda llamó la pregunta del “último recurso”, es decir: “¿Qué dice mi mente?”. De la respuesta, dijo el Swami, no hay que fiarse mucho…

altar

Recapitulando, los caminos y ayudas para fomentar la intuición son, por ejemplo, el auto-análisis, la meditación, el silencio, la enseñanza del maestro y los textos sagrados.

A esto, Sri Andrei Ram agrega un detalle importante: “La práctica de la compasión es la que hace desarrollar la intuición, porque es ponerse en el lugar del otro” y así empezar a estar en armonía con el orden cósmico. Por tanto, con el surgimiento de la compasión hay desarrollo de la propia conciencia y, a partir de ahí, se desarrolla la intuición.

Dicho todo esto, y con el calor que hace en Barcelona, me voy a buscar mi helado de rigor, aunque “intuyo” que es más bien un arraigado hábito veraniego que una necesidad profunda de mi ser.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.291 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: