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Archivo del Autor: Naren Herrero

Booktráiler del libro ‘Kumbha Mela’

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A pesar de haber nacido en 1979, yo no me considero lo que se llama un “nativo digital” y, aunque ahora escribo un blog, siempre fui de los que llevan una libretita de papel a mano; llegué a presentar monografías escritas a máquina en mis primeros años de carrera universitaria (hablamos de 1997-1999); y, por hábito, escuché cassettes hasta bien entrado el siglo XXI (y no por ser vintage…).

En el otro lado de la balanza, cada día leo más en pantalla y menos en papel; mi primer libro existe sólo digitalmente; participo regularmente de las redes sociales y ya no escucho cassettes… Por tanto, y a veces con cierta incomodidad, me siento con un pie en cada bote, entre lo tradicional y lo moderno.

En cualquier caso, lo digital ha cobrado gran importancia en mi vida y esta adaptación a los nuevos tiempos ha sido bastante natural, aunque debo admitir que mi pretendida apertura mental sufrió un shock la primera vez que supe de la existencia de los booktráilers.

Cuando yo era chico, a los avances de las películas se les decía “colillas” (al menos en Argentina), lo cual no tenía nada que ver con cigarrillos sino que era una mala traducción del inglés trailer, que quiere decir “remolque”, algo que va por detrás, ya que, en origen, esos resúmenes audiovisuales se solían pasar después de la película principal. Yo siempre los vi antes de las películas y con los años aprendí a llamarlos con su nombre anglosajón, que ya está tan difundido que lo acepta hasta la Real Academia Española, poniéndole acento, claro: tráiler.

Como indica su nombre, un booktráiler es el resumen audiovisual de un libro, lo cual suena raro al principio, ya que un libro está hecho sólo de palabras. Para mí mente poco creativa un booktráiler sólo podía hacerse de dos maneras: el autor leyendo a cámara fragmentos de su obra (¡muy aburrido, sobre todo si el autor soy yo!) o, opción dos, hacer un PowerPoint de fotos de las páginas del libro de papel (más que aburrido, inútil). La sorpresa es que existen muchas otras maneras: el autor explicando su obra; actores dramatizando una escena del libro; montaje de música e imágenes al estilo videoclip…

Portada&Contra

Por suerte para mí, mi esposa Hansika tiene mucha capacidad audiovisual, es creativa y sabe editar vídeos, por lo que con su completa dedicación durante horas puso orden y estética a las pocas ideas que yo tenía para el booktráiler de mi libro Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo. Como resultado de su trabajo, su sentido del ritmo y su creatividad ya está disponible de forma pública este resumen audiovisual del libro, que yo creo genera un buen gancho y deseos de leerlo.

En los 3’15’’ que dura el booktráiler hay imágenes mías, de mi amigo Alex Bütow, del gran fotógrafo Wolfgang Weinhardt y también hay varios fragmentos de documentales audiovisuales, básicamente de la BBC y de National Geographic, que tienen un nivel técnico muy alto.

La evocativa y pertinente música del booktráiler se llama Shiv Tandav Stotra y la conocí por un CD que le compramos a mi hermano en Arunachala hace algunos años.

Por si no lo saben, mi libro fue publicado por Editorial Kairós en Febrero de 2015. Por si no aún saben de qué se trata, a continuación comparto un espectacular resumen audiovisual, también llamado booktráiler.

Advertencia: ¡Si quieres evitar las ganas abrumadoras de leer el libro, mejor no mires el booktráiler!

Consejo final: Enciende tus altavoces, activa la opción de pantalla completa y sumérgete en la Kumbha Mela…

La presentación oficial del libro en Barcelona será el Jueves 9 de Abril de 2015 a las 19h de España. Para quienes estén lejos de Barcelona o no puedan asistir, estamos preparando una trasmisión en streaming en directo. Para verla solo basta con clicar aquí y esperar la hora señalada (con su huso horario pertinente, claro).

Āditya Hṛdayam, un himno al Sol

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En el libro ¡Levántate y ruge! de Mahendra Tevar, el autor dedica un breve capítulo a contar la historia del Āditya hṛdayam (pronúnciese “hridayam”), un himno de alabanza al Sol, como una introducción a la técnica de sun gazing (“mirar fijamente el sol”), una práctica yóguica muy antigua que está refloreciendo en la actualidad. La lectura de ese capítulo inspiró en mí el deseo de conocer más sobre dicho himno solar, ya que sin saber nada del sun gazing, sí que estoy informado sobre la importancia del Sol en la tradición india, al igual que en muchas otras civilizaciones antiguas.

En la tradición védica, el Sol, llamado Sūrya, es considerado el representante de Dios en el cielo y, además, las tres divisiones del día basadas en la posición del Sol (tri-sandhyā), es decir amanecer, mediodía y atardecer, son de gran importancia en la realización de rituales y recitación de mantras, incluso hoy. La luz del intelecto y del conocimiento se relaciona obviamente con el fulgor solar y es por ello, por ejemplo, que un eclipse solar es poco auspicioso, ya que supone el oscurecimiento de ese brillo superior.

Asimismo, biológicamente hablando, el Sol otorga luz y energía de vida para todo el universo y sin su poder sería imposible que existiera el mundo tal como lo conocemos. A la vez, el calor del sol puede ser abrasador si no tiene su contraparte (la frescura lunar) y, por tanto, su figura también se relaciona con el sacrificio ritual universal, ya que el sol es una estrella que se está consumiendo a sí misma (por el bien común) y también puede consumir, con su calor, la vida de todos los seres. En el cuerpo humano ese poder de consumo se relaciona con el fuego gástrico de la digestión.

Por tanto, y en honor a sus muchos atributos, hay variadas formas tradicionales de adorar al Sol, incluyendo la popular, y algunos sostienen moderna, secuencia de Sūrya Namaskāra, los famosos “saludos al Sol” que todo estudiante de yoga postural practica en la actualidad y en cualquier escuela de yoga.

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Volviendo al Āditya hṛdayam, se trata de un himno relativamente breve (31 o 32 estrofas según la fuente) que aparece en el Rāmāyaṇa (pronúnciese Ramáyana), el poema épico y espiritual que narra las ejemplares vidas del príncipe Rāma y de su fiel esposa Sītā enfrentando, entre otras cosas, las vicisitudes del exilio y la separación. Como corresponde a una obra tan antigua, difundida y, además, india, las versiones disponibles son muchas y diferentes, y este himno solar no aparece en todas ellas. Según mis fuentes aparece en el Rāmāyaṇa original compuesto por el sabio-poeta Valmiki, aunque después de algunas verificaciones puedo decir que ni siquiera todas las versiones de Valmiki lo traen (lo cual es natural en una tradición popular y oral).

Sin necesidad de ponernos meticulosos, voy a centrarme en el aspecto de la historia que me interesa hoy: Después de un muy largo tiempo de búsqueda y sufrimiento, el príncipe Rāma descubre que Sītā, que había sido raptada, está secuestrada por el demonio Rāvaṇa en la isla de Lanka. Allí se dirige Rāma con su ejército de monos y osos para entablar una gran batalla contra miles de temibles asuras. Luego de varios días de lucha, llega el momento del encuentro definitivo entre Rāma, príncipe de la dinastía solar Raghu, y Rāvaṇa, un brāhmaṇa que, por su ego, se había dejado ganar por el lado oscuro.

Llegados a este punto, la cruenta batalla, el esfuerzo y la tensión emocional hacen que el Señor Rāma esté exhausto. Rāvaṇa tiene diez cabezas y es casi inmortal; cada vez que Rāma le corta una de sus cabezas con sus flechas, ésta le crece de nuevo. Rāma pierde la moral. Y entonces se le aparece (algunos dicen físicamente, otros en el plano mental) el sabio Agastya para decirle:

“Oh Rāma, de poderosos brazos, escucha esto que es secreto y eterno por lo cual serás victorioso en la batalla”

Y entonces le recita el Āditya hṛdayam. Āditya es otro nombre del Sol que simplemente quiere decir “hijo de Aditi”, que en la mitología hindú es considerada la “madre de los dioses”. El término hṛdayam significa literalmente “corazón” aunque, en este contexto, también se podría traducir como “esencia” o incluso como “el verdadero conocimiento del dios Sol”. Dicho conocimiento divino incluye versos como:

“Esto (el Sol) está compuesto por todos los devas,
es brillante, es el creador de los rayos de luz…

Es la vida de las criaturas, hacedor de las estaciones, iluminador… monta en siete caballos, disipa la oscuridad, es benéfico…

De matriz de fuego, elimina el frío, es causante de grandes lluvias… de color dorado, querido por todos, poseedor de doce formas…”

Finalmente, el sabio le dice a Rāma:

“Oh Raghava, quien frente a la adversidad, en peligro, en bosques o en pánico / cante (este himno) no se hundirá en el desánimo”.

Entonces Rāma canta el stotram y vence la batalla contra Rāvaṇa, como era de esperar.

Al investigar este tema me atrajo especialmente la personalidad de Agastya, un ṛṣi (rishi) o “sabio vidente”, de aquellos a quienes se atribuye gran parte de la revelación de las Escrituras védicas, a la vez que son protagonistas permanentes de las historias antiguas de la tradición hindú. En este caso particular, Agastya (o Agasti) es el sabio que se dice llevó muchas de las tradiciones del norte de la India hacia el sur, o dicho de otra forma: fue quien introdujo el vedismo (algunos dirán brahmanismo) en el sur del país. De hecho, Heinrich Zimmer llega a decir que es el “santo patrono de la India meridional”.

Efectivamente, el rol de Agastya en el sur es importante, ya que se le tiene como el transmisor original de la lengua tamil (es llamado Akatiyyar en tamil), y también se le considera el primero de los 18 siddhas (“seres perfectos con poderes”), al punto de que en alguna tradición del sur la versión sea contraria: es Akatiyyar quien lleva la enseñanza del haṭha yoga al norte. En cualquier caso, se le atribuye la fundación de la medicina siddha del sur de la India, un equivalente en desarrollo e importancia a la medicina Āyurveda ahora tan popular.

Asimismo, el nacimiento del Kāverī, el sagrado río del sur de la India, está relacionado con Agastya y una historia del derramamiento de su vasija de agua, elemento tradicional de los renunciantes. Como dato curioso, la tradición lo presenta como bajo de estatura.

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La relación de Agastya con el sur de la India tiene su apogeo simbólico en la historia de su encuentro con las montañas Vindhya, una cadena montañosa que tiene poca altura (su pico máximo no pasa los 2.500mt) y que se considera la separación natural entre el norte y el sur de la India, dando paso a lo que se llama geográficamente “la meseta del Decán”. La historia cuenta que al saber que los Himalayas eran más altos, las Vindhya se sintieron humilladas y, por orgullo, decidieron crecer, al punto de que bloquearon el curso diario del Sol, con la consecuencia de que la tierra y todos sus seres empezaron a sufrir un calor abrasador, ya que no llegaba la noche y el Sol estaba siempre alto.

Entonces el Señor Śiva envió a Agastya para que, en su camino hacia el sur, se encontrara con las presuntuosas montañas y solucionara el problema. Las Vindhya, al ver al sabio, se postraron como símbolo de respeto y le preguntaron cómo podían servirle. El sabio les pidió que se mantuvieran en actitud de reverencia hasta que él regresara de su viaje al sur. Agastya nunca regresó y así las montañas Vindhya permanecieron bajas, incluso hasta hoy. De ahí viene el nombre sánscrito del sabio, que quiere decir “movedor (asta) de montañas (aga)”.

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La aparición de Agastya en medio del enfrentamiento final de Rāma y Rāvaṇa no es casual, ya que la batalla tiene lugar en el extremo sur, en la isla de Lanka, incluso más allá del límite continental índico y, cómo acabamos de ver, esa zona está bajo la jurisdicción del sabio. Al mismo tiempo, no es la primera vez que el príncipe solar y el ṛṣi se encuentran, pues durante el primer periodo de exilio, Sītā, Rāma y su hermano Lakṣmaṇa (Lákshmana) pasaron por el āśrama (áshrama) que Agastya tenía en el bosque de Daṇḍakā, justo después de cruzar las montañas Vindhya.

De hecho, es por consejo de Agastya que Sītā, Rāma y Lakṣmaṇa se instalan a pasar años de exilio en la boscosa zona de Pañcavaṭī (Panchavati), que actualmente se dice está en la ciudad sagrada de Náshik, uno de los cuatro puntos donde se celebra la populosa Kumbha Mela.

Todavía en su ermita, el sabio le regala a Rāma un “arco decorado con oro y joyas que perteneció a Viṣṇu (Vishnu), y que Viśvakarmā (Vishvakarma, el arquitecto de los dioses) había fabricado para él”. A la vez, Agastya le da una flecha que había recibido del dios Brahmā, explicando que es “la mejor de las flechas, brilla como el sol y siempre acierta en la diana”. Y, de paso, le ofrece unas aljabas inagotables, obsequio de Indra, dios del cielo y la lluvia.

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De todos modos, ni el arco ni la flecha mágicas son suficientes para matar a Rāvaṇa y es cuando Agastya le da a Rāma un arma más poderosa, basada en la devoción: adorar al Sol.

En el sur de la India, Agastya está relacionado con la energía solar y su poder feroz y devorador. Hay una historia conocida en que Agastya, con el poderío de sus jugos gástricos, digiere a un demonio que, camuflado de carne de cordero, había entrado en su estómago con la intención de hacerlo reventar. A su vez, recordemos que el Sol es el principal consumidor y fue la intervención de Agastya la que hizo que las Vindhya se postrasen y así el Sol dejara de abrasar el mundo.

Por tanto, el himno a Āditya es muy apropiado saliendo de boca de este ṛṣi y, según se dice, es igual de conveniente para cualquier persona que desee adorar las cualidades innumerables del astro rey. Hablando de apropiado, este Sábado 28 de Marzo de 2015 se celebra Rāma Navamī, la festividad del nacimiento del príncipe Rāma, por lo que viene justo recordar parte de su historia, en este caso su batalla final.

Para escuchar el Āditya hṛdayam recitado a secas, clicar aquí. Para seguir el texto, una versión en sánscrito técnico transliterado puede leerse aquí.

Para escuchar una versión un poco más musical del himno:

Y que el eterno Sol nos ilumine.

¡Om Ādityāya Namaha!

Presentación de ‘Kumbha Mela’ y entrevistas de radio

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Hace unas pocas semanas que mi libro Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo está publicado y, como corresponde, junto con Editorial Kairós estamos realizando una serie de eventos de difusión en el mundo digital, en el mundo radiofónico y, ahora también, en el mundo tangible de carne y hueso. Concretamente ya tenemos fecha, hora y lugar para la presentación oficial del libro: Jueves 9 de Abril, a las 19:00h, en la Librería Altaïr de Barcelona.

La presentación estará a cargo del director de Editorial Kairós, Agustín Pániker, un profundo conocedor de la India, escritor de cuatro libros prestigiosos y dedicados exclusivamente a ese inmenso país y, sobre todo, a algunas de sus cuestiones menos difundidas en lengua española. Agustín es un gran orador y seguramente nos introducirá rápidamente en clima “índico”.

Asimismo, estoy muy feliz de anunciar que estaremos honrados de contar con la auspiciosa presencia del muy respetado Swami Satyānanda Saraswatī, monje hindú de origen español y genuino maestro espiritual que ha vivido más de tres décadas en la India estudiando, practicando, peregrinando y experimentando en primera persona la tradición hindú y sus enseñanzas espirituales. El Swami reside actualmente en Cataluña, donde fundó la organización espiritual Advaitavidya, y además es autor del esclarecedor libro El hinduismo.

La presencia del Swami me honra porque es una de las personas españolas más eruditas sobre la tradición hindú, pero sobre todo porque es un maestro espiritual por derecho propio, después de haber seguido el camino indicado para cualquier aspirante al auto-conocimiento. La participación del Swami estará enfocada a dar una breve charla acerca las organizaciones ascéticas de la India, un tema casi desconocido en España (y Occidente en general) y que es fundamental en el marco de la festividad de la Kumbha Mela.

De todos modos, el Swami podría hablar de otro tema y para mí (y los asistentes) sería igual de beneficioso. De hecho, su presencia hace que un mero evento literario se convierta también en un evento espiritual, un verdadero satsang, en el sentido tradicional de la palabra, que refiere a estar en “compañía de personas santas”.

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Por otra parte, y teniendo poco de santo, yo también estaré presente como es natural. El autor debe dar la cara. Ofreceré un panorama general y entretenido del gran “festival del cántaro” para que todos puedan entender y situarse en un acontecimiento tan ajeno a la lógica cotidiana occidental. También responderé preguntas, si surgen, y firmaré libros, si a alguien le interesa mi poco trabajada caligrafía.

Como detalles extra quiero decir que habrá proyección de imágenes para ilustrar un acontecimiento tan visual como la Kumbha Mela y, además, habrá una sorpresa final para todos los asistentes.

No quiero dejar de nombrar el lugar de la presentación, la emblemática Librería Altaïr (Gran Vía de les Corts Catalanes, 616 – Barcelona), conocida por ser la “mayor librería europea especializada en viajes” y por su afán de difundir culturas y realidades diferentes de alrededor del mundo. En la planta inferior de la librería, donde también está el Café de Altaïr, rodeados de mapamundis y libros, esperaremos cómodamente vuestra llegada.

Para los lectores e interesados que no viven en Barcelona, estamos valorando la posibilidad de emitir la presentación en streaming en vivo o, al menos, grabarla y subirla a YouTube o similar más tarde. En cuanto eso esté definido lo informaré debidamente.

Mientras tanto les dejo el flyer de la presentación (se agranda al clicar):

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En este plan de difusión del libro que estamos acometiendo están incluidas las entrevistas radiales, en las que generalmente doy pinceladas de la multitudinaria celebración. Así que, como un aperitivo para quienes puedan venir físicamente a la presentación, y también como un consuelo temporal para quienes no podrán venir, comparto cuatro entrevistas de las últimas semanas:

– Entrevista para el programa La casa de la palabra de Radio Euskadi (es decir, del País Vasco) a cargo de Rogelio Blasco. El enlace es el programa entero, aunque yo aparezco recién en el 18’ aproximadamente. Se puede adelantar con el mouse si uno quiere. Se puede escuchar clicando aquí.

– Entrevista para el programa Asia hoy de Radio Exterior de España con Eloy Ramos. Se puede escuchar clicando aquí.

–  Entrevista para el programa Llibres & company de Radio Nacional de Andorra conducido por Lourdes Prat. Hay un par de momentos en que me cortaron con la edición, no sé bien por qué. Aparezco cerca del 4′ y la periodista habla en catalán al principio. Se puede escuchar aquí.

– Entrevista para el programa Luces en la oscuridad de Gestiona Radio con Pedro Riba. Es la más larga de todas y eso es de agradecer, aunque al final ya me preguntan sobre los tópicos de la India (vacas, cadáveres cremados, pobreza…) y se me nota un poco el cansancio para hablar de eso. Se puede escuchar aquí.

Obviamente no hace falta escuchar todas las entrevistas porque algunas respuestas se repiten, aunque cada grabación tiene su matiz.

¡Gracias a todos por interesarse en el libro Kumbha Mela! Y seguiré informando…

Holi, la famosa fiesta de los colores

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Desde hace un tiempo los telediarios se llenan, por un día, de las sugestivas imágenes del festival de Holi, “la celebración más alocada” de la India como dicen algunos en la búsqueda de un eslogan atractivo. De todos los eslóganes, el más usado es el de “la fiesta de los colores” ya que la celebración es conocida porque los participantes se lanzan polvos de colores y agua coloreada en una actitud de juego y alegría. Todo este despliegue cromático es, en realidad, un símbolo de la llegada de la primavera con sus tonalidades de vida y, por tanto, el Holi es actualmente una mezcla de festividad religiosa, profana y conmemoración del ciclo natural de la estaciones.

En el hemisferio norte el equinoccio de primavera ocurre alrededor del 21 de Marzo, aunque como la fecha de Holi varía según el calendario lunar (cae en la luna llena del mes de Phalguna, o sea febrero-marzo) este año 2015 tocó el 6 de Marzo, un poco temprano. Por este motivo, en la ciudad sagrada de Varanasi, por ejemplo, Indica Books informaba que no hacía suficiente calor para jugar con agua, aunque eso no impediría que la vida normal de la ciudad se detuviera por un día para celebrar.

El gran valor de esta festividad, además de divertirse, es que por un día caen las barreras sociales, con todas las caras igual de pintarrajeadas, y “las enemistades y las tensiones se solucionan en un abrazo de amor”. Ni siquiera hace falta ser un hindú para celebrar el Holi, aunque su origen sea considerado religioso. Hay al menos tres relatos mitológicos que explican el nacimiento de Holi, de los cuales el más popular es el que dice que se conmemora el día en que el dios Viṣṇu (Vishnu) salvó a su joven devoto Prahlāda de morir quemado en una hoguera en un ardid de la mujer-demonio Holikā, que se suponía era inmune al fuego y, en realidad, fue ella quien se quemó por intervención Divina. Justamente esta historia y el nombre de la demonio dan nombre al festival que nos compete hoy. Y por ello también es tradición encender hogueras la noche previa a Holi.

Tradicionalmente esta celebración tiene mayor popularidad en el norte de la India, especialmente entre los devotos del Señor Kṛṣṇa (Krishna), y por eso la mayoría de imágenes que aparecen en los medios de comunicación son de templos o sitios de las ciudades de Vrindavan o Barsana (o Varsana), epicentro mundial del culto a Kṛṣṇa, donde el aspecto religioso de Holi realmente es tenido en cuenta y entonces el resultado visual es mucho más evocador para los interesados en “la India espiritual”.

De todos modos, en la actualidad Holi está difundido por todo el país y no solo eso, sino que todo alrededor del mundo hay celebraciones de Holi organizadas incluso por grupos de personas que no son indias, ni hindúes y que simplemente quieren participar en un evento tan divertido y colorido, sin ningún trasfondo religioso o espiritual. No me parece grave, excepto cuando esas reuniones son, en realidad, fiestas de puro exceso como cualquier otra rave pero con el toque distintivo de los colores. ¿Hay alguna diferencia entre eso y la “fiesta de la espuma” que se organizaba regularmente en la discoteca de mi pueblo?

Como siempre, yo abogo más por espiritualizar la vida cotidiana que por banalizar y consumir como producto cotidiano la tradición espiritual. De hecho en la mayoría de ciudades europeas, y por cuestiones climáticas, la fiesta de Holi es en abril o mayo, dejando atrás una relación directa con el origen del festival, excepto quizás con la idea de ser niños por un rato (que no está mal).

Acabo de ver el programa especial que grabó el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani) acerca de este Holi 2015 y como él lo explica muy bien y yo no estoy especialmente locuaz recomiendo ver y oír estos 10’ en que Ramchandani resume los detalles del festival de forma clara y muy entretenida, incluyendo una divertida anécdota personal.

Dejo, además, unas pocas imágenes muy atractivas para que no olvidemos nuestro lado infantil y alegre:

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El doble simbolismo del tambor de Śiva

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Cuando se presenta de forma simplificada el panteón hindú se suele decir que hay una trinidad fundamental, la Trimūrti, compuesta por Brahmā, el creador; Viṣṇu (Vishnu), el preservador; y Śiva (Shiva), el destructor. De esta tríada de dioses, el Señor Śiva es el más complejo de entender porque tiene varias contradicciones aparentes, manifestaciones muy diversas y porque el simple hecho de estar a cargo de la destrucción y la regeneración no parecen ser tareas compatibles a primera vista.

De hecho, cualquier hijo de vecino que se acerca a Śiva, y que no conoce el contexto hindú, puede caer fácilmente en el malentendido, ya que el rol de “destructor” nos suena fatal y, de forma natural, uno siente un cierto resquemor ante un ser que aniquila el universo, entre otras cosas.

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Esta ambivalencia en su naturaleza se hace ya evidente en el mismo significado de su nombre: Śiva quiere decir “el benéfico”, lo cual no deja de ser curioso (o paradójico podría argüir alguien) para un dios que se encarga de la destrucción. Esta misma ambigüedad es la que lo convierte en un outsider, ya que como explica la tradición, Śiva no puede ser etiquetado con facilidad: es un asceta célibe ejemplar pero también está casado y se lo presenta como marido y jefe de familia; tiene armas pero no es un guerrero; no encaja en ninguna de las castas originales; “tiene muchos años así que no es un niño, pero se le proclama como sin edad ni principio. Y sin embargo no es viejo, pues no tiene vejez ni muerte”.

En esta misma línea, no es de extrañar que los emblemas del Señor Śiva puedan tener un doble significado, a veces opuesto, al menos en apariencia. Por emblemas entendemos los símbolos que lo representan, de los cuales el más conocido es el tridente (triśūla), aunque posee muchos otros que son destacados, a saber: la luna creciente en su cabeza; el río Gangā manando de sus cabellos; una cobra haciendo las veces de collar; una piel de tigre como única vestimenta… De todos estos, el emblema que hoy nos interesa es el tambor, junto con su doble simbolismo.

El tambor de Śiva es un instrumento pequeño, con un parche en cada extremo, y que se suele sonar con una mano ya que por lo general tiene dos cuerdas con pequeñas bolas para percutir en lo parches cuando el tambor es movido, agarrado por el medio. Este instrumento se conoce como ḍamaru, una palabra sánscrita que simplemente quiere decir “tamborcillo” y que etimológicamente parece estar relacionada, según el diccionario Monier-Williams, con el verbo √ḍam que significa “sonar”, aunque hay indicios de que el origen del término podría ser onomatopéyico, ya que se dice que ḍam, ḍam, ḍam (o ḍām) es el sonido que hace el tambor cuando es batido.

La particular forma del ḍamaru (“bicónico”; “de cintura delgada”; “la intersección de dos triángulos opuestos”…) se compara con frecuencia a la “de un reloj de arena”, no solo por su similitud formal sino porque es bastante aceptado que el tambor representa al tiempo; “es símbolo del ritmo de las estaciones que pasan, de los ciclos celestiales y de las eras cósmicas” como dicen los profesores Daniel Smith & Narsimhachary.

A este respecto, y como explica el indólogo Alain Daniélou, “el tiempo relativo mide el crecimiento, la decadencia y toda existencia. El poder elusivo que todo lo destruye es la medida de la existencia. Así pues, el tiempo es el poder de Śiva, el poder de la muerte, el destructor universal”. De hecho, en su rol destructor Śiva se identifica con el tiempo (kāla en sánscrito) con el epíteto de Mahākāla, “el gran tiempo”; es decir el tiempo trascendente y absoluto, más allá del tiempo relativo. Por tanto, él es también el “destructor del tiempo” y, como acota Álvaro Enterría, por ello se le conoce como Mṛtyuṃjaya (Mrityumjaya), el “vencedor de la muerte”.

En su aspecto de mahāyogin, de asceta máximo, el Señor Śiva representa la quietud, la calmada y total oscuridad original que queda después de la disolución del universo. La misma quietud mental que queda en el yogui cuando se disuelven todos los pensamientos; el regreso a la propia esencia a través de la introspección. Y visto así, como el eremita que retira su atención del mundo y la redirige hacia su interior, sin participar en la manifestación del mundo, Śiva es “destrucción”.

Volviendo a la etimología por un momento, la palabra ḍamaru también parece estar emparentada con ḍamara que significa “ruido o tumulto”. En este sentido, el sonar del tambor podría relacionarse con la destrucción, ya que uno se puede imaginar con facilidad un sonido atronador como preludio al cataclismo universal, similar al potente batir de tambores previo a una gran guerra. Por tanto, expuesto así, ḍamaru como sinónimo del paso del tiempo o la destrucción suena bastante coherente, ¿verdad?

Quizás sería más cómodo dejarlo así y darle un sentido unívoco al ḍamaru (de hecho hay escuelas y visiones hinduistas que lo interpretan así), pero es aquí cuando recordamos el carácter complejo y ambivalente del Señor Śiva y nos enteramos de que para la mayoría de sus devotos el tambor es símbolo de creación; es decir, todo lo contrario – en apariencia – a la tan mentada destrucción.

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Además de su representación como mahāyogin, el dios Śiva posee dos aspectos principales (en su naturaleza “con atributos”): por un lado como marido y padre de familia (esposo de la diosa Pārvatī o Umā y padre de Gaṇeśa y Skanda; a veces llamado Śiva Somāskanda); y por otro como Naṭarāja, el “rey de la danza”. En estos dos casos el ḍamaru cobra un simbolismo más amplio al de elemento de destrucción (aunque ello no quiere decir que la visión de Śiva Mahāyogin no pueda incluir también este simbolismo).

Si el asceta es símbolo de “negación” porque lleva sus sentidos hacia adentro y retiene su semilla debido a su carácter célibe, el hombre de familia es lo opuesto: procreador de hijos, motor de la progenie, contribuidor activo de la creación de este mundo. La unión conyugal de Śiva y Pārvatī no representan solo un aspecto creador de Śiva, sino también los dos principios complementarios e inseparables del universo: la pura consciencia subyacente (Śiva, masculino) y la energía dinámica en manifestación (Śakti, femenina).

Estos dos principios, como dice Daniélou, “se representan gráficamente mediante un triángulo con la punta hacia arriba y otro con la punta hacia abajo. Cuando ambos triángulos se intersecan… obtenemos la representación de la manifestación. Cuando se separan, el Universo se disuelve. El momento en que solo se tocan sus puntas es el punto-límite (bindu) a partir del cual comienza la manifestación. Esto se representa mediante el ḍamaru, del que surgieron todos los ritmos de la manifestación”.

En cuanto a Naṭarāja, Śiva en su aspecto más dinámico, la simbología es interminable y profundamente hermosa. Los devotos de Naṭarāja (un culto más tradicional del sur de la India que del norte) lo consideran el Señor del Universo y el encargado de todos los procesos cósmicos, los cuales lleva a cabo siempre en frenética danza. De hecho, en este contexto, existe una desarrollada filosofía sobre los llamados “cinco actos de Śiva” (pañcakṛtya), que además de los tradicionales creación, mantenimiento y destrucción incluye ocultamiento y revelación. Justamente, esta danza representa su fuerza difundida en todas las direcciones, en su carácter de ser todo-penetrante.

La idea de que todo en este mundo no es otra cosa que la danza de Śiva es grandemente evocadora y está llena de significados. Al decir del mitólogo Heinrich Zimmer, “la danza es un acto de creación… Tiene una función cosmogónica en el sentido de que despierta las energías dormidas que a continuación pueden modelar el mundo… Las fuerzas acumuladas y proyectadas en el girar frenético y sempiterno [de Śiva] son las fuerzas de la evolución, conservación y disolución del mundo. La naturaleza y todas sus criaturas son efecto de su danza eterna”.

En su representación como Naṭarāja, el dios lleva, cómo no, el ḍamaru en su mano derecha superior, para marcar el ritmo; o sea, él crea el ritmo cósmico con su tambor. Para la visión hindú, que posee una “cosmogonía sónica” como le gusta decir a Agustín Pániker; es decir que considera al sonido (la famosa sílaba OM o AUM) como origen del universo, el batido del tambor es idéntico a la creación. Como expone Zimmer, el tambor “implica sonido, vehículo de la palabra, transmisor de la revelación, de la tradición, del conjuro, de la magia y la verdad divina… El sonido significa el momento primero de la creación, la energía productora del Absoluto en su fuerza original y cosmogenética”.

En su aspecto danzante, el emblema de Śiva que marca la destrucción no es el tambor, sino el fuego. E incluso en su aspecto estático, es generalmente aceptado que el tambor es símbolo de creación y más bien el tridente, que es un arma, de destrucción.

El maestro Sivaya Subramuniyaswami lo dice bellamente: “¡Danzando con Shiva! Que expresión extraordinaria de nuestra cercanía a Dios, de nuestra interacción creativa con Dios. La danza cósmica describe la visión hindú de la existencia, desde el primer estruendo del tambor en su mano derecha anunciando el comienzo, hasta las llamas finales que todo lo consumen en su mano izquierda pronunciando el final, las cuales sin embargo traen un nuevo comienzo. Así, danzar con Shiva es todo lo que hacemos, lo que pensamos y decimos y sentimos, desde nuestro aparente nacimiento hasta nuestra llamada muerte. Es el hombre y Dios por siempre involucrados en un movimiento sagrado”.

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Echando una mirada final al tema uno podría replantearse la cuestión: si el tamborileo del ḍamaru no es otra cosa que el latido del universo, ¿refleja entonces la vida o el paso del tiempo?

Así como los primeros latidos del corazón de un bebé son un símbolo de nacimiento y creación, ese mismo batido con el curso de los años, en un cuerpo ya adulto, puede ser sinónimo del paso del tiempo y del encaminarse a la muerte. El batido es, entonces, ritmo de vida que nace y, a la vez, el golpeteo recordatorio de un ciclo que llegará a su fin. De la misma manera que el uniforme tic-tac del reloj nos informa que la noche oscura se acaba en detrimento del alba, así el tic-tac acompañará la luz del día hacia el atardecer y hacia una nueva noche. ¿Es ese tic-tac creador o destructor? ¿Es el batir del corazón símbolo de vida o una cuenta regresiva hacia la muerte?

Si la respuesta no es clara, uno puede remitirse a una simple frase de Smith & Narsimhachary: “como señor de todo, Śiva personifica todas las cosas”.

Para acabar un post de tambores, danza y música comparto dos canciones. La primera es moderna, pop-rock del artista Beck, y quizás no tiene nada que ver con Śiva, pero la estuve escuchando últimamente, me gusta, y creo que su título, Heart is a drum (“El corazón es un tambor”), es muy adecuado para hoy:

La segunda es un bhajan, un canto devocional a Śiva, interpretado por la Juventud Premananda Internacional (la rama juvenil de la Misión de Swami Premananda) en un disco llamado In tune with the Divine (“En sintonía con lo Divino”) de hace varios años y que en la Red solo se puede escuchar aquí desde hoy.

El título de la canción es ḍam ḍam ḍam ḍamaru bhaje, que se podría traducir como “adoro (o canto) el sonido ḍam ḍam ḍam del ḍamaru”.

En este caso, más que en el anterior, la canción es absolutamente adecuada. Y lo será mucho más cuando la escuches y notes el ritmo que va tomando, cual danza cósmica de Śiva, hasta que el latido del tambor y las alabanzas al Señor del Universo te colmen de vida, quizás de frenesí, ojalá de éxtasis y finalmente de quietud, paz e introspección, como un símbolo sonoro del ciclo universal. Tal como el ḍamaru:

Mi libro de Kumbha Mela publicado por Kairós

Publicado en

Hace exactamente dos años yo regresaba de mi viaje a la Kumbha Mela de Allahabad cargado de emociones, experiencias y con el compromiso público de escribir un libro sobre dicho evento. A través del sistema de crowdfunding (financiación colectiva), las donaciones y el apoyo de diferentes mecenas del mundo me dieron los medios para ir a la India y asistir al festival espiritual más grande del mundo en calidad de cronista y también de peregrino. El resultado de los benditos días que pasé en Allahabad, junto con los varios meses previos y posteriores de investigación y documentación, está ahora disponible en la forma de un libro de papel.

El título es Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo, tiene 240 páginas, y ha sido publicado por Editorial Kairós de Barcelona, que es una editorial prestigiosa en temas orientales y espirituales, y que justamente este año cumple 50 años de existencia, con lo cual estoy muy agradecido. Hasta donde sabemos es el primer libro en lengua española sobre este apasionante tema.

Si uno lee inglés puede encontrar cuatro o cinco textos sobre el tema, y si uno sabe hindi varios más, pero en español es el primero y, además, otra particularidad que tiene es que presenta un panorama bastante completo y riguroso de la celebración, tomando y corroborando información de diferentes fuentes. Para entender la Kumbha Mela yo tuve que leer varios libros diversos (y hasta contradictorios), pero leyendo éste, donde separo el trigo de la paja, uno no necesita leer otro. Solo le quedaría visitar la Kumbha en persona, claro.

Para quienes no sepan de qué se trata la Kumbha Mela, lo explico con palabras similares a las que aparecen en la contratapa del libro:

“Cada doce años, millones de peregrinos confluyen pacíficamente en Prayag (Allahabad), al norte de la India, para participar del festival religioso más masivo del planeta, en una ciudad efímera hecha de tiendas de campaña. La razón: darse un baño purificador en la conjunción de tres ríos sagrados; a la vez que estar en la presencia de los miles de gurus, sadhus y yoguis que ofrecen sus enseñanzas de forma pública, lo cual incluye a los naga babas, ascetas generalmente recluidos, que van desnudos con el cuerpo cubierto sólo de ceniza”.

Portada&Contra

Pasé diez días en la Kumbha Mela y, desde el respeto a la tradición hindú  junto a una sólida base documental y académica, narro mi experiencia con la amenidad de un relato de viaje. Al más puro estilo ‘Hijo de Vecino’ combino información técnica y rigurosa con anécdotas, experiencias y la visión sencilla de un occidental viajando y peregrinando en la India.

Más allá de mis propias vivencias y de la trama que genera mi peregrinación, el libro detalla cuestiones esenciales como el origen del festival (basado en relatos mitológicos y combinaciones astronómicas); los grandes mitos que lo rodean (es decir, exageraciones, verdades a medias y malentendidos); la contaminación de las aguas (la polución de los ríos sagrados como encrucijada socio-espiritual en un planeta con cada vez menos recursos naturales); las enseñanzas de los maestros (en el libro aparecen las palabras de diferentes personalidades espirituales); la ubicación del invisible río Sarasvati (ya que uno de los tres ríos sagrados ¡es invisible!); o útiles consejos para asistir a futuras Kumbhas (ya que después de leer el libro es probable que el lector quiera asistir a la próxima edición).

El libro también cuenta con un glosario de palabras sánscritas, una sección de bibliografía (que incluye documentales audiovisuales) para quienes quieran profundizar y mapas y tablas explicativas para entender las alineaciones planetarias, las fechas propicias y el orden de desfile ritual del festival.

No soy una persona que vaya por ahí haciéndose auto-elogios pero en este caso estoy satisfecho con mi trabajo y considero que el libro ha quedado muy bien y que es útil, riguroso, entretenido en general y está bien escrito. A estas cualidades, que se suponen esenciales para cualquier libro, se le suman grandes detalles extra que lo hacen destacado.

Por un lado, el prólogo del libro está a cargo del escritor y editor residente en India, Álvaro Enterría, una autoridad en temas índicos y al que siempre estaré en deuda por su apoyo con este trabajo. El estilo literario de Álvaro es muy directo y claro y, por ello, a mí me gusta mucho. En el prólogo nos sitúa en la Kumbha y nos da destellos de su propia experiencia personal en ese gran festival.

Por otro lado, la Kumbha es altamente fotogénica y, si alguien la conoce, es en todo caso a través de imágenes. Conscientes de esto, acordamos con el editor del libro y director de Kairós, el reconocido Agustín Pániker, que el libro tuviera dos pliegos de fotografías color (es decir, unas 30 imágenes), para ayudar al lector a ubicarse mejor en un acontecimiento que no encaja en la visión normal occidental y que solo puede ocurrir en la India.

Como yo soy hombre de letras, delegué la tarea fotográfica en un amigo que conocí justamente en la Kumbha Mela: Alex Bütow es profesor de hatha yoga en Berlín y, además, fue fotoperiodista en el pasado, por lo que le estoy muy agradecido por sus instantáneas del festival que juntos compartimos como peregrinos.

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Una muestra del pliego de ilustraciones a color.

A nivel de imagen también debe destacarse la evocadora fotografía de portada, obra del fotógrafo alemán Wolfgang Weinhardt, que tiene un gran ojo artístico y humano, y que ha sido premiado internacionalmente por otras grandes fotos de la Kumbha Mela. Muchas gracias a él por participar de este proyecto.

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La imagen original de portada en toda su expresión.

Una de las fotografías de Wolfgang Weinhardt premiadas en Londres.

El libro ya está disponible en todas partes de España, sobre todo en grandes librerías o también en librerías especializadas, por ejemplo Altaïr, La Central, o Casa del Libro. Como opción para quienes no tengan una buena librería cerca, el libro se puede pedir online en Amazon y se recibe por correo en pocos días. Cuesta 15 € en general.

Para los lectores americanos, se espera que en tres semanas el libro se esté distribuyendo en México, que será el primer país americano en tenerlo. Para el resto de países tengo que pedir una cualidad espiritual muy básica: paciencia.

Probablemente Perú, Colombia y Chile sean los siguientes países adonde llegue el libro, en dos meses quizás. Argentina, donde mi madre espera con ansia un ejemplar, será el último país de la lista por cuestiones legislativas y aduaneras que ni la editorial ni yo podemos manejar. No tengo una fecha certera aún porque no depende de nosotros. En cuanto haya novedades las iré publicando aquí o en el Facebook de Hijo de Vecino.

A Estados Unidos, especialmente Miami, tardará bastante en llegar, quizás recién en Octubre de 2015. A Venezuela, de donde recibo mucho cariño, me entristece informar que por ahora el libro no llegará por problemas logísticos.

La presentación oficial del libro será el Jueves 9 de Abril en Barcelona, en la librería de viajes Altaïr, a las 19:00h. Cuando se acerque la fecha daré más datos.

Mientras tanto, los invito a comprar el libro y a leerlo, y para quienes están en duda o no pueden aguantarse a tenerlo entre sus manos, les adelanto el primer capítulo. Para leerlo o descargarlo simplemente clicar aquí.

Espero que les guste, sirva o inspire.

Mahāśivarātri 2015

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Una vez más, como cada año, llega “la gran noche de Śiva”, Mahāśivarātri (Mahashivaratri), para deleite de todos los devotos del Señor de los Yoguis, el asceta máximo, bailarín universal, la Pura Consciencia… Este año 2015 la fecha propicia es la noche del Martes 17 de Febrero al Miércoles 18 de Febrero. Casualmente la misma fecha en que este año se celebra la última noche de Carnaval. Por tanto, mientras en algunas partes del mundo habrá personas semi-desnudas desfilando y bailando con permisividad sobre carrozas decoradas, en otras partes habrá devotos (algunos también semi-desnudos) ayunando, meditando y recitando el poderoso mantra Om Namah Śivāya (Om Namah Shivaya). 

La tradición espiritual explica que para sacar el máximo beneficio de esta celebración es bueno pasar la noche despierto, en ayunas y realizando prácticas espirituales. Si uno no está en la India ni en un retiro, es difícil cumplir estos requisitos un martes a la noche, sobre todo si al día siguiente uno debe ir a trabajar o llevar los niños al colegio. Hubo un tiempo, cuando era más joven, en que era capaz de pasar toda la noche en vela y luego ir a trabajar, estudiar y hasta jugar un partido de fútbol. Hubo otro tiempo en que estaba en la India y el contexto hacía todo más fácil.

Hablando de la India, al igual que se hace cada año para Mahāśivarātri, en el Sri Premananda Ashram se expondrán los primeros śivalingams (shivalingams) manifestados por Swami Premananda en cada Lingodbhava durante cuatro décadas. Esta posibilidad de ver los lingams, de tener su darśan (darshan), sucede una única vez al año y se lleva a cabo en la habitación donde se canta el mantra Om Namah Shivāya durante 24 horas continuas.

En casa haremos nuestra pūjā personal a Śiva (un evento en el que nuestra pequeña hija encuentra gran entretenimiento) y también intentaremos tener la mente en lo Divino lo máximo posible, aunque por cuestiones prácticas no pasaremos la noche de largo. Durante el fin de semana, con menos obligaciones, seguiremos celebrando con ritual, canto y mantra.

Para quien esté cerca de Barcelona y quiera pasar la noche del sábado 21 de Febrero cantando Om Namah Shivaya y, además, en la compañía física de un maestro genuino, recomiendo totalmente el evento de la organización espiritual Advaitavidya, a cargo de Swami Satyānanda Saraswatī. Detalles aquí.

Si no puedes esperar al sábado, el mismo martes 17 a la noche hay un kīrtan de un par de horas en Jardín de Hara. Detalles aquí.

Donde sea que estemos, y hagamos lo que hagamos, espero que todos tengamos una bendita noche espiritual y que el Señor Śiva llene nuestros corazones de paz, compasión y anhelo por lo Divino.

¡Om Namah Shivāya!

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