Canal RSS

Archivo del Autor: Naren Herrero

Mi libro de Kumbha Mela publicado por Kairós

Publicado en

Hace exactamente dos años yo regresaba de mi viaje a la Kumbha Mela de Allahabad cargado de emociones, experiencias y con el compromiso público de escribir un libro sobre dicho evento. A través del sistema de crowdfunding (financiación colectiva), las donaciones y el apoyo de diferentes mecenas del mundo me dieron los medios para ir a la India y asistir al festival espiritual más grande del mundo en calidad de cronista y también de peregrino. El resultado de los benditos días que pasé en Allahabad, junto con los varios meses previos y posteriores de investigación y documentación, está ahora disponible en la forma de un libro de papel.

El título es Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo, tiene 240 páginas, y ha sido publicado por Editorial Kairós de Barcelona, que es una editorial prestigiosa en temas orientales y espirituales, y que justamente este año cumple 50 años de existencia, con lo cual estoy muy agradecido. Hasta donde sabemos es el primer libro en lengua española sobre este apasionante tema.

Si uno lee inglés puede encontrar cuatro o cinco textos sobre el tema, y si uno sabe hindi varios más, pero en español es el primero y, además, otra particularidad que tiene es que presenta un panorama bastante completo y riguroso de la celebración, tomando y corroborando información de diferentes fuentes. Para entender la Kumbha Mela yo tuve que leer varios libros diversos (y hasta contradictorios), pero leyendo éste, donde separo el trigo de la paja, uno no necesita leer otro. Solo le quedaría visitar la Kumbha en persona, claro.

Para quienes no sepan de qué se trata la Kumbha Mela, lo explico con palabras similares a las que aparecen en la contratapa del libro:

“Cada doce años, millones de peregrinos confluyen pacíficamente en Prayag (Allahabad), al norte de la India, para participar del festival religioso más masivo del planeta, en una ciudad efímera hecha de tiendas de campaña. La razón: darse un baño purificador en la conjunción de tres ríos sagrados; a la vez que estar en la presencia de los miles de gurus, sadhus y yoguis que ofrecen sus enseñanzas de forma pública, lo cual incluye a los naga babas, ascetas generalmente recluidos, que van desnudos con el cuerpo cubierto sólo de ceniza”.

Portada&Contra

Pasé diez días en la Kumbha Mela y, desde el respeto a la tradición hindú  junto a una sólida base documental y académica, narro mi experiencia con la amenidad de un relato de viaje. Al más puro estilo ‘Hijo de Vecino’ combino información técnica y rigurosa con anécdotas, experiencias y la visión sencilla de un occidental viajando y peregrinando en la India.

Más allá de mis propias vivencias y de la trama que genera mi peregrinación, el libro detalla cuestiones esenciales como el origen del festival (basado en relatos mitológicos y combinaciones astronómicas); los grandes mitos que lo rodean (es decir, exageraciones, verdades a medias y malentendidos); la contaminación de las aguas (la polución de los ríos sagrados como encrucijada socio-espiritual en un planeta con cada vez menos recursos naturales); las enseñanzas de los maestros (en el libro aparecen las palabras de diferentes personalidades espirituales); la ubicación del invisible río Sarasvati (ya que uno de los tres ríos sagrados ¡es invisible!); o útiles consejos para asistir a futuras Kumbhas (ya que después de leer el libro es probable que el lector quiera asistir a la próxima edición).

El libro también cuenta con un glosario de palabras sánscritas, una sección de bibliografía (que incluye documentales audiovisuales) para quienes quieran profundizar y mapas y tablas explicativas para entender las alineaciones planetarias, las fechas propicias y el orden de desfile ritual del festival.

No soy una persona que vaya por ahí haciéndose auto-elogios pero en este caso estoy satisfecho con mi trabajo y considero que el libro ha quedado muy bien y que es útil, riguroso, entretenido en general y está bien escrito. A estas cualidades, que se suponen esenciales para cualquier libro, se le suman grandes detalles extra que lo hacen destacado.

Por un lado, el prólogo del libro está a cargo del escritor y editor residente en India, Álvaro Enterría, una autoridad en temas índicos y al que siempre estaré en deuda por su apoyo con este trabajo. El estilo literario de Álvaro es muy directo y claro y, por ello, a mí me gusta mucho. En el prólogo nos sitúa en la Kumbha y nos da destellos de su propia experiencia personal en ese gran festival.

Por otro lado, la Kumbha es altamente fotogénica y, si alguien la conoce, es en todo caso a través de imágenes. Conscientes de esto, acordamos con el editor del libro y director de Kairós, el reconocido Agustín Pániker, que el libro tuviera dos pliegos de fotografías color (es decir, unas 30 imágenes), para ayudar al lector a ubicarse mejor en un acontecimiento que no encaja en la visión normal occidental y que solo puede ocurrir en la India.

Como yo soy hombre de letras, delegué la tarea fotográfica en un amigo que conocí justamente en la Kumbha Mela: Alex Bütow es profesor de hatha yoga en Berlín y, además, fue fotoperiodista en el pasado, por lo que le estoy muy agradecido por sus instantáneas del festival que juntos compartimos como peregrinos.

Pliego_muestra

Una muestra del pliego de ilustraciones a color.

A nivel de imagen también debe destacarse la evocadora fotografía de portada, obra del fotógrafo alemán Wolfgang Weinhardt, que tiene un gran ojo artístico y humano, y que ha sido premiado internacionalmente por otras grandes fotos de la Kumbha Mela. Muchas gracias a él por participar de este proyecto.

mauni-amavasya_Wolfgang Weinhardt

La imagen original de portada en toda su expresión.

Una de las fotografías de Wolfgang Weinhardt premiadas en Londres.

El libro ya está disponible en todas partes de España, sobre todo en grandes librerías o también en librerías especializadas, por ejemplo Altaïr, La Central, o Casa del Libro. Como opción para quienes no tengan una buena librería cerca, el libro se puede pedir online en Amazon y se recibe por correo en pocos días. Cuesta 15 € en general.

Para los lectores americanos, se espera que en tres semanas el libro se esté distribuyendo en México, que será el primer país americano en tenerlo. Para el resto de países tengo que pedir una cualidad espiritual muy básica: paciencia.

Probablemente Perú, Colombia y Chile sean los siguientes países adonde llegue el libro, en dos meses quizás. Argentina, donde mi madre espera con ansia un ejemplar, será el último país de la lista por cuestiones legislativas y aduaneras que ni la editorial ni yo podemos manejar. No tengo una fecha certera aún porque no depende de nosotros. En cuanto haya novedades las iré publicando aquí o en el Facebook de Hijo de Vecino.

A Estados Unidos, especialmente Miami, tardará bastante en llegar, quizás recién en Octubre de 2015. A Venezuela, de donde recibo mucho cariño, me entristece informar que por ahora el libro no llegará por problemas logísticos.

La presentación oficial del libro será el Jueves 9 de Abril en Barcelona, en la librería de viajes Altaïr, a las 19:00h. Cuando se acerque la fecha daré más datos.

Mientras tanto, los invito a comprar el libro y a leerlo, y para quienes están en duda o no pueden aguantarse a tenerlo entre sus manos, les adelanto el primer capítulo. Para leerlo o descargarlo simplemente clicar aquí.

Espero que les guste, sirva o inspire.

Mahāśivarātri 2015

Publicado en

Una vez más, como cada año, llega “la gran noche de Śiva”, Mahāśivarātri (Mahashivaratri), para deleite de todos los devotos del Señor de los Yoguis, el asceta máximo, bailarín universal, la Pura Consciencia… Este año 2015 la fecha propicia es la noche del Martes 17 de Febrero al Miércoles 18 de Febrero. Casualmente la misma fecha en que este año se celebra la última noche de Carnaval. Por tanto, mientras en algunas partes del mundo habrá personas semi-desnudas desfilando y bailando con permisividad sobre carrozas decoradas, en otras partes habrá devotos (algunos también semi-desnudos) ayunando, meditando y recitando el poderoso mantra Om Namah Śivāya (Om Namah Shivaya). 

La tradición espiritual explica que para sacar el máximo beneficio de esta celebración es bueno pasar la noche despierto, en ayunas y realizando prácticas espirituales. Si uno no está en la India ni en un retiro, es difícil cumplir estos requisitos un martes a la noche, sobre todo si al día siguiente uno debe ir a trabajar o llevar los niños al colegio. Hubo un tiempo, cuando era más joven, en que era capaz de pasar toda la noche en vela y luego ir a trabajar, estudiar y hasta jugar un partido de fútbol. Hubo otro tiempo en que estaba en la India y el contexto hacía todo más fácil.

Hablando de la India, al igual que se hace cada año para Mahāśivarātri, en el Sri Premananda Ashram se expondrán los primeros śivalingams (shivalingams) manifestados por Swami Premananda en cada Lingodbhava durante cuatro décadas. Esta posibilidad de ver los lingams, de tener su darśan (darshan), sucede una única vez al año y se lleva a cabo en la habitación donde se canta el mantra Om Namah Shivāya durante 24 horas continuas.

En casa haremos nuestra pūjā personal a Śiva (un evento en el que nuestra pequeña hija encuentra gran entretenimiento) y también intentaremos tener la mente en lo Divino lo máximo posible, aunque por cuestiones prácticas no pasaremos la noche de largo. Durante el fin de semana, con menos obligaciones, seguiremos celebrando con ritual, canto y mantra.

Para quien esté cerca de Barcelona y quiera pasar la noche del sábado 21 de Febrero cantando Om Namah Shivaya y, además, en la compañía física de un maestro genuino, recomiendo totalmente el evento de la organización espiritual Advaitavidya, a cargo de Swami Satyānanda Saraswatī. Detalles aquí.

Si no puedes esperar al sábado, el mismo martes 17 a la noche hay un kīrtan de un par de horas en Jardín de Hara. Detalles aquí.

Donde sea que estemos, y hagamos lo que hagamos, espero que todos tengamos una bendita noche espiritual y que el Señor Śiva llene nuestros corazones de paz, compasión y anhelo por lo Divino.

¡Om Namah Shivāya!

Swami Premananda y los problemas de la vida

Publicado en

Hace unos días tuve la fortuna de asistir, cerca de Barcelona, a un encuentro público con el respetado maestro Swami Satyānanda Saraswatī en que se debatieron diferentes temas espirituales. Por descontado, el Swami inspiró a todos los presentes con sus enseñanzas y, entre otras cosas, habló de que uno hace sādhana (práctica espiritual) para aquietar la mente, para obtener un estado de consciencia más pulido que le permita tener destellos de su verdadero Ser… Y hablando de la mente y sus constantes fluctuaciones dijo, con una sonrisa pícara:

“¿Dónde está la mayoría de los problemas? En la mente. ¿Y dónde más? En la mente”.

Esta simple idea, tan propia de la filosofía hindú (en especial del Advaita Vedānta, que es la escuela “no-dualista”), no es fácilmente entendida en general, y muchos menos por personas occidentales que vivimos en este mundo moderno. Obviamente, uno se ve tentado a decir, los problemas están ahí afuera: no lo digo sólo yo; lo dicen también en el supermercado, en la escuela, en el trabajo y, cómo no, en el periódico. Y aunque me encierre en una habitación y apague la tele, sigo percibiendo los problemas exteriores; llámense éstos “el volumen de la radio del vecino” o “qué haré con mi futuro”.

No soy yo la persona adecuada para explicar este asunto, pues todavía tengo (o creo tener) muchos problemas en esta vida, pero por diferentes experiencias, propias y ajenas, estoy seguro de que la milenaria enseñanza que transmitió el Swami es correcta. Si alguien necesita una verificación más pop, el mismo concepto lo repitió varias veces, y con aires de comedia, George Harrison en la película animada de The Beatles, Yellow Submarine, de 1968: It’s all in the mind (“Todo está en la mente”). Ya se sabe que, de los cuatro Beatles, George fue el único que realmente abrazó la enseñanza espiritual de la India.

Un breve clip de la película para ilustrar:

En una línea similar, hay un proverbio que yo creía chino (pero que en Internet aparece también como árabe por ejemplo, aunque eso es lo de menos) que dice:

“Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene ¿por qué te preocupas?”

Todas estas citas encontraron un punto en común cuando leí la edición de enero 2015 de la revista Prema Ananda Vahini, publicación oficial del Sri Premananda Ashram de la India, en que Swami Premananda contesta una serie de preguntas sobre “los problemas de esta vida”.

La lectura de estas enseñanzas me resultó especialmente útil y por eso decidí compartirlas, ya que afrontan la idea de que los problemas son una construcción mental personal, a la vez que dan una guía práctica “con los pies en la tierra” para solucionarlos.

Le preguntan a Swami Premananda: ¿por qué hay problemas en esta vida y cuál es el sentido de afrontar tales dificultades?

Y Swamiji responde: “En realidad no hay problemas en este mundo. Si no entendemos nuestros deseos y nuestras expectativas o si nuestras expectativas y nuestros deseos aumentan sin límite, entonces atraemos problemas indeseables. Después de eso, nos empecinamos en tratar de resolver esos problemas. En realidad, no hay problemas que tengamos que resolver. Si tomáramos un problema y encontráramos su origen y la razón por la cual crece, nos daríamos cuenta que nosotros mismos fuimos los arquitectos de tales problemas.

Por tanto, los problemas surgen debido a nuestra propia ignorancia e imprudencia. Si seguimos llamando problemas a nuestras dificultades, nunca hallaremos una solución a esos problemas. Si comprendiéramos que nosotros mismos somos la causa de tales problemas y tomáramos las medidas apropiadas al respecto, entonces nuestros supuestos problemas se resolverían.”

Entonces a Swami le hacen la re-pregunta: cuando llegan los problemas, ¿debemos pelear contra ellos y cambiar nuestro estilo de vida o tenemos que aceptarlos como nuestro destino y no decir nada?

Y él dice: “Cuando surgen problemas, primero debemos tener la capacidad mental de afrontarlos más bien que sentir que Dios se hará cargo de todo. Nuestro propio esfuerzo humano también es necesario para superar problemas. Nuestro esfuerzo es realmente absolutamente necesario. Reaccionar ante los problemas es inútil. Es mejor dejar los problemas pendientes por un tiempo. Es preciso cultivar una mente que sea lo bastante fuerte como para decir: ‘Resolveré cualquier problema que surja’.”

Y finalmente: Swamiji, ¿cuál es el secreto para encontrar la fuerza interior que nos permita creer que podemos resolver tales problemas por nosotros mismos?

“La auto-confianza es esencial. Con auto-confianza se puede salir exitoso de cualquier problema. La gracia de Dios y la gracia del Gurú están siempre con vosotros. Por lo tanto, definitivamente se encontraría la solución a todos vuestros problemas. No os desalentéis quedando aletargados. Si esperáis inactivos sin resolver vuestros problemas, las consecuencias serán mucho más graves.”

Me permito una reflexión final: Swami dice que no existen los problemas, pero curiosamente le siguen preguntando sobre los problemas y cómo resolverlos. Como es lógico, si no hay problemas, tampoco puede haber soluciones. De todos modos, y poniéndose al nivel de cualquier hijo de vecino, Swami se pone menos más terrenal y explica que para solucionar los problemas hace falta coraje, paciencia, determinación, auto-confianza y ser proactivo.

Sin duda estas cualidades servirán para resolver nuestros “supuestos problemas” en el plano mundano, aunque no evitarán que sigan surgiendo nuevos problemas.

Ese paso, más largo y audaz, está explicado en la primera respuesta. Quien esté dispuesto a “tomar las medidas apropiadas” que lo haga. It’s all in your mind.

Cómo hacer tu altar personal en casa

Publicado en

A diferencia de Occidente, en la cultura de la India todavía es normal tener un altar en casa; incluso una habitación exclusiva para fines espirituales. Quizás por esa falta de hábito es que muchas personas occidentales se preguntan cómo crear su propio altar de la nada. De acuerdo a la tradición hindú hacer un altar personal y hogareño no es difícil ni tiene especiales misterios en cuanto a su estructura u ordenación; aunque el punto a tener en cuenta es que el altar, en esencia, se trata de un lugar de adoración y de práctica más que de un rincón donde poner un montón de objetos “inspiradores”.

Por este motivo, es muy importante el sitio donde se ubica el altar. Muchos maestros recomiendan tener, si es posible, una habitación dedicada de forma exclusiva al altar, la meditación y otras prácticas. Evidentemente esto no es siempre posible. La idea de una habitación separada es que al entrar en ese recinto uno ya se predisponga a la práctica espiritual.

En nuestro piso, por ejemplo, no tenemos suficiente espacio para dedicar un ambiente completo al altar, por lo que lo hemos colocado en una reducida zona al lado de mi reducido “estudio” (junto con elementos de ritual y cojines de meditación, entre otras cosas). Si bien espacialmente está muy cerca, sólo pisamos esa área para cuestiones espirituales.

En su libro Raja Yoga, Swami Vivekananda recomienda “no dormir” en la habitación del altar, “entrar bañado y limpio de cuerpo y mente”; “quemar incienso”; “poner imágenes placenteras”; y “no tener discusiones, ira o pensamientos profanos allí”. El objetivo de estos hábitos, dice el Swami, es crear una “atmósfera de santidad, de manera que cuando te sientas miserable, afligido, lleno de dudas, o tu mente esté alterada, el solo hecho de entrar en esa habitación te traiga calma”.

Hubo un tiempo (muchos tiempos) en que yo compartía piso y mi altar estaba en mi propio dormitorio, por lo que yo dormía allí, tenía discusiones allí y también malos pensamientos. De todos modos, ese pequeño rincón que yo le reservaba al altar, si bien en el mismo ambiente, era especialmente propicio para la práctica. Asimismo, mientras uno más realiza rituales o medita o canta mantras más se llena de buena vibración el lugar que sea y, en última instancia, el dormitorio también se va ‘santificando’.  Por eso las iglesias o templos son sagrados, al menos en origen.

Como oportunamente acota el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani),  es importante siempre entrar descalzo a la habitación del altar. Si este altar se encuentra en una habitación de uso múltiple, entonces al menos estar descalzos durante la ceremonia de adoración o la práctica espiritual que uno haga.

Sobre la ubicación, y como bien sugiere Álvaro Enterría, en la medida de lo posible, el altar debe estar situado en el noreste, norte o este de la casa o habitación.

Pasando a los detalles prácticos, el maestro Sivaya Subramuniyaswami dice que el altar debería estar en el suelo, “ya que la mayoría de los rituales se realizan sentado”. Y aunque uno no haga rituales, la meditación, el pranayama y la recitación de mantras se suelen hacer también en posición sentada. Obviamente esto no es obligatorio y el altar también puede estar elevado, algo que se recomienda si hay niños en la casa para que no puedan romper nada.

Sobre esto, y a pesar de la innata curiosidad de nuestra pequeña hija, nosotros hemos dejado el altar a nivel del suelo, teniendo especial atención con que ella no agarre la estatuilla del toro Nandi, que le atrae particularmente.

El altar puede ser una mesa baja o una repisa o incluso una caja. Cualquiera sea el soporte elegido, se debería cubrir con una tela que no esté rota ni quemada y que en lo posible sea bella. Entonces uno puede colocar las imágenes u objetos de adoración. Si el altar está dedicado a una deidad o a un maestro en particular, entonces se recomienda que la imagen de esa deidad o maestro vaya en el centro. Si el altar está dedicado a más de una deidad, maestro o manifestación divina, entonces el centro del altar puede “repartirse”. Es puro sentido común.

También influye el tamaño y el tipo de imágenes u objetos que queramos colocar en el altar. Si tenemos una estatua o foto grande, puede que sea más armonioso estéticamente ponerla en el centro, pero también depende del resto de objetos y de la composición que forman. Ya saben cómo es de relativo esto del diseño: si alguien viene a nuestro altar probablemente querría cambiar el orden, así que la norma primera es que la composición final nos inspire.

Ejemplo de altar extra-simple, sin siquiera tela que cubra la mesa.

Set de cinco estatuas con inclinación shivaíta para un altar más sofisticado.

Una vez hecho el altar cada uno realizará las prácticas que quiera o pueda, pero en cualquier caso también hay que recordar que es importante limpiar con frecuencia el altar, ya que puede juntar polvo y, además, se trata de un signo de respeto a lo Divino. Si en al altar hay algún elemento especialmente sagrado se considera mejor tenerlo cubierto (bajo una campana de cristal; en una caja; envuelto en un pañuelo…) y sacarlo en los momentos de adoración o práctica.

Como detalle extra, por más que estos consejos tengan una base hindú, es posible que algunas personas quieran poner en sus altares imágenes u objetos sagrados de otras religiones o culturas. Desde mi punto de vista, que se basa en que todos estamos yendo a la misma meta aunque por distintos caminos, considero que no hay ningún problema con eso siempre y cuando sea hecho con respeto y sea fuente inspiración para el buscador espiritual.

Un altar ecléctico con aspectos femeninos de la Divinidad de religión hindú y católica.

Finalmente, el factor fundamental: todo lo anterior puede ser modificado o adaptado siempre y cuando exista devoción.

La clave del éxito para construir tu altar personal es, entonces, la devoción; sin olvidar que, en última instancia, y como dicen los maestros, el verdadero altar está en tu propio corazón.

Nombres sánscritos para bebés

Publicado en

Ponerle nombre a las cosas puede ser complicado. Al punto de que existen profesionales de la mercadotecnia que se dedican a practicar el postmoderno oficio del naming para asegurar que una empresa sepa “crearse una marca”, “comunicar sus valores” y, sobre todo, para que tenga futuras ventas. Si el tema es complejo con un negocio, qué decir para los hijos, especialmente si uno se pone a pensar en que el nombre elegido será “para toda la vida”.

Sin duda cada familia tiene sus historias, sus polémicas y sus anécdotas respecto a la elección del nombre, un evento que puede ser motivo de grandes disputas. En nuestra casa hubo de todo, aunque siempre supimos que nuestra hija tendría un nombre sánscrito.

Como explica el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani), en la India hay tres formas de poner el nombre a un recién nacido:

  1. Hay unas letras que le corresponden según la carta astral y la alineación planetaria del momento de su nacimiento.
  2. El nombre es elegido por el maestro espiritual de la familia.
  3. Es elegido por los padres.

En casa hubiéramos optado por la segunda opción pero nuestro guru ya había abandonado su cuerpo físico cuando en 2013 nació nuestra hija. La primera opción no la tuvimos realmente en cuenta porque, a nivel práctico, no estamos muy atentos a las cuestiones astronómicas-astrológicas (aunque sepamos de su influencia). Para los interesados en los astros, en este post (sólo en inglés) una chica alemana que vive en la India cuenta su experiencia de nombrar a su bebé según las sílabas designadas en la carta astral.

De esta forma, recaímos en la tercera opción, la más moderna. De todos modos, y siguiendo la tradición hindú, decidimos elegir un nombre con vibración espiritual, específicamente de un aspecto de lo Divino. Según se explica, esta elección es recomendada porque beneficia al niño y también a los padres, ya que ambas partes estarán oyendo y repitiendo siempre algún nombre sagrado de Dios aunque sea inconscientemente. Famosa es la historia del “pecador” Ajāmila que, en el momento de su muerte, recibió la visita de los mensajeros divinos simplemente por gritar con desesperación el nombre de su hijo, que era Nārāyaṇa, un epíteto del dios Viṣṇu.

Por tanto, si uno quiere que su hijo lleve un nombre espiritual puede elegir el nombre de una deidad, de una personalidad espiritual o santo (algo que en la tradición católica se hacía mucho eligiendo nombre según el santoral), o también de una buena cualidad o un valor humano, aunque esto último se considera, tradicionalmente, menos “efectivo” en cuanto a repetir los nombres Divinos.

Debido a mi hermano y a mí, en mi familia hay ya un antecedente con nombres sánscritos y, ahora, con nuestra hija, el tema seguirá en el tapete al menos una generación más. Es con conocimiento de causa, entonces, que me atrevo a dar unas simples directrices para quienes estén pensando en ponerle a sus retoños un nombre sánscrito.

babynames

Para empezar una advertencia: existen numerosas páginas web con nombres “indios” que pueden ser sánscritos, aunque generalmente son en hindi o quizás en otras lenguas derivadas del sánscrito. No hay problema con eso, excepto que no es sánscrito, en caso de que la rigurosidad sea importante para los futuros padres. Asimismo, estas webs están creadas para un público anglosajón (o que al menos lee en inglés) y entonces los nombres están escritos de acuerdo a la fonética inglesa y no siempre son adecuados para la pronunciación española.

¿Dónde buscar los nombres entonces? En nuestro caso pensamos en deidades o cualidades que ya conocíamos por estar involucrados en el ámbito espiritual o en el mundo del yoga. De todos modos, una buena forma de buscar nombre (yo también lo probé) puede ser leyendo los himnos de alabanza (stotra) llamados sahasranāman (a veces sahasranāmavali) que quiere decir “mil nombres” y que enumeran, justamente, los mil nombres de una deidad específica (a veces aparecen 1008 nombres). Obviamente, en los mil nombres aparecen todos, hasta los impronunciables claro…

La mayoría de deidades importantes tienen estos stotra. Por tanto, si uno espera una niña y le atrae el aspecto más “próspero” de la Divinidad puedes buscar en el Lakṣmī Sahasranāma y ver si encuentra un nombre de la diosa de la Fortuna y la Belleza que sea adecuado. Si a uno le interesa más el aspecto intelectual o artístico entonces puede buscar en el Sarasvatī Sahasranāma, dedicado a la diosa de las Artes, el Conocimiento y la Palabra. Si a uno le agrada el aspecto fuerte y poderoso de la energía femenina, entonces se puede revisar el Lalita Sahasranāma, dirigido a la feroz diosa Durgā.

Mismo criterio si uno espera niño: Viṣṇu Sahasranāma para la deidad que preserva el Universo; Gaṇeśa Sahasranāma para la simpática deidad con cabeza de elefante; Śiva Sahasranāma para el yogui por excelencia…

En realidad, cualquier himno o canción devocional estará lleno de nombres de Dios para elegir. Aunque vuelvo a repetir que en general estos textos aparecen con fonética inglesa (o incluso en transliteración sánscrita técnica) que hacen que la correcta pronunciación del nombre no quede siempre clara a primera vista. Otro sitio donde buscar, quizás más acotado y claro, sería en libros de mitología hindú, ya que allí solo están los nombres más frecuentes.

Hablando de pronunciación, este fue un punto clave en nuestra búsqueda familiar, ya que la dificultad consistía en encontrar un nombre que nos gustara (tanto en su forma como en su contenido) y que además fuera  pronunciable en español, sin tener fonemas de otro idioma. Por ejemplo, hay un nombre hindi para niña que es Asha y aunque quizás todo el mundo lo pronuncia correctamente (por influencia del inglés) posee un fonema no-español que es ‘sh’, que podría generar confusión al escribirlo o leerlo.

Con el mismo criterio, hay otras letras (j, c, v…) cuyo sonido en español no corresponde con su original sánscrito. A mí me gusta mucho Prithvi, que es un nombre de la Madre Tierra, pero esa ‘th’ que no sólo es “rara” de escribir sino que implica una pronunciación aspirada que en español no tenemos, me echó para atrás.

Junto a la pronunciación hay que tener muy en cuenta la cuestión de la acentuación, ya que en español tenemos la tendencia a poner acento grave/llano a las palabras (es decir en la penúltima sílaba), mientras que en sánscrito hay cierta tendencia a la acentuación esdrújula (antepenúltima sílaba) y en muchos nombres femeninos a la aguda (última sílaba). De esta forma, un nombre como Daya al que yo había pronunciado por años así, se dice, en realidad, “Dayá”. Y ese pequeño cambio hace que me guste menos.

Otro punto importante es el género, ya que en sánscrito muchos nombres acabados en ‘a’ suelen ser masculinos, lo cual suena “contranatural” para un hispano-hablante. Más de una vez alguien, guiado por esa ‘a’ final, ha dicho que le encanta “la diosa” Ganesha. Una famosa yoga-star norteamericana se llama Shiva Rea y ‘Shiva’ es un nombre masculino que su padre, que era artista, le puso porque le gustó una imagen de la deidad que vio en un libro. Lo que no sabemos es si el padre tuvo confusión de géneros o simplemente era lo suficientemente hippie para que no le importara.

En esta misma línea, conozco una chica llamada Saisha por una canción a Ganesha donde sale ese epíteto. Obviamente, cada cual, si así lo quiere, puede poner nombres masculinos a niñas y viceversa; yo solo lo cuento para que quede claro que una ‘a’ final no trae certeza de femineidad (como caso opuesto tenemos el popular nombre Uma, que sí es femenino).

Siguiendo con las terminaciones, es interesante notar que una diferencia básica entre el sánscrito y el hindi es que en esta última lengua cae la ‘a’ breve final (con lo que ello implica en la acentuación). Esto afecta especialmente a los nombres masculinos. Por tanto, Gopala sería Gopal (pasando de grave a agudo); Rama sería Ram; Ananda sería Anand… Que no les pase como a Shakira que dice que el nombre de su hijo, Milan, es (entre otras cosas) sánscrito pero que, en el mejor de los casos sería hindi (por más que la raíz etimológica sea sánscrita).

Finalmente, y esto es obvio, muchos nombres que nos gustan en sánscrito pueden tener connotaciones ambiguas o incluso negativas en español y, en general, sería mejor obviar esas opciones. Por ejemplo, existe un nombre de niña que es Mira y me parece bonito pero creo que es problemático en español porque fonéticamente está muy relacionado con el verbo ‘mirar’ (imagínense lo cacofónico de frases como “Mira, mira por la mirilla”). Todavía más al filo de la navaja está el nombre femenino Tara, que es muy popular en el mundo anglosajón pero que en español da pie a bromas fáciles.

mira

Claro, en inglés llamarse Mira es más fácil…

Personalmente, y por todo lo anterior, nuestra experiencia de padres fue que los nombres de niño son más difíciles de encontrar que los de niña. A este respecto, siempre uso como ejemplo (y broma) el nombre espiritual Kasturirangan que mi maestro dio a uno de sus devotos (ya adulto). Con un nombre así de difícil quizás es mejor poner ‘Carlos’ en el DNI y dejar el sánscrito para la intimidad.

De todos modos y ya en serio, pensando en ejemplos cercanos o conocidos me vienen a la mente nombres de varón que son bonitos, pronunciables y llenos de vibración espiritual: Satya; Surya; Indra; Govinda…

Espero que cada uno encuentre el nombre que sea ideal para su hijo; si es sánscrito muy bien; si es espiritual todavía mejor (sin importar la lengua).

Y como último detalle, les dejo el tráiler con subtítulos en español de la comedía francesa Le prenom (El nombre en español), cuyo argumento es básicamente todo lo que desencadena en una reunión familiar la elección del nombre de un bebé a punto de llegar. Por supuesto, deseo que vuestro proceso de elección sea más armónico:

Entrevista improvisada con Sri Dharma Mittra

Publicado en

En el año 2011, con Hansika viajamos a New York City para conocer personalmente y tomar clases con Sri Dharma Mittra. La impresión fue tan positiva para nosotros que, desde ese momento, consideramos a Dharma como nuestro modelo a seguir de Hatha-Raja Yoga. De hecho, Hansika regresó a NYC en 2012 para realizar el curso de formación de profesores de Dharma Yoga “Vida de un Yogui”, algo que yo también hice en 2014.

Volviendo a 2011, ya estando en New York se nos ocurrió que podíamos grabar una entrevista con Dharma como material para una página web de yoga que teníamos en mente. Conseguir una entrevista con Dharma no es tan fácil porque está bastante solicitado, pero tuvimos suerte y obtuvimos una cita para hablar con él. Como corresponde al visitar a un maestro espiritual no llegamos con las manos vacías: le llevamos una planta.

Este cumplimiento del protocolo espiritual fue motivo de queja por parte de Dharma, que ya recibe muchos presentes de sus alumnos y es algo que le incomoda. En el caso de la planta, lo peor es que su sala-templo ya tenía muchas y ni siquiera había lugar donde ponerla. O sea que se podría decir que empezamos la cita con mal pie.

Dharmaji 2

Por otro lado, como todo el plan de la entrevista había sido improvisado a último momento no habíamos llevado a New York una cámara filmadora ni un trípode sino que apenas teníamos una cámara de fotos compacta que grababa a duras penas, a la vez que Hansika sostenía la pequeña cámara con su mejor pulso mientras yo hacía las preguntas.

Por tanto, la calidad audiovisual de la filmación dejaba mucho que desear, un gesto poco profesional de nuestra parte ante la presencia de un maestro como Dharma. De hecho, y sin perder su buen humor, al acabar la entrevista Dharma nos dijo: “La próxima vez traigan una cámara mejor”. O sea que se podría decir que también terminamos la cita con mal pie.

Dharma & Naren 2011

Junto a Dharma y Shiva al acabar la entrevista

A pesar de nuestros defectos logísticos, Dharma nunca nos hizo sentir incómodos y nos dedicó 30’ de su valioso tiempo para responder amorosamente a preguntas que responde en cada entrevista que le hacen. Ante dos personas sin ninguna credencial, con una cámara vieja y preguntas balbuceantes y trilladas Dharma fue, como siempre, ejemplo vivo de compasión y de amor, al punto de darnos un abrazo espontáneo al final del encuentro. Al mismo tiempo, Dharma puso en práctica uno de sus axiomas favoritos: “Compartir conocimiento espiritual es la forma más grande de caridad”.

La página web que teníamos en mente nunca se concretó y la grabación de la entrevista con Dharma Mittra reposó en nuestro disco duro por tres años hasta que, finalmente, la decidimos editar y publicar en la forma de pequeños clips, como forma de cumplir nuestra parte del trato original y como sencillas muestras de la enseñanza de Dharma, con la intención de que sirvan para inspirar a otras personas.

El nombre de la serie de clips es “Sri Dharma Mittra explica…” y todos los vídeos son en inglés con subtítulos en español. En este post comparto tres clips, que son los primeros que fueron editados. A saber:

Sri Dharma Mittra explica Yama, Niyama, Asana y Pranayama: En menos de 3′ Dharma hace un resumen de los cuatro primeros pasos del Raja Yoga o Yoga clásico. Entre otras cosas dice que “la mayoría de las posturas sofisticadas no son importantes” y, hablando de pranayama, explica su famosa metáfora de llevar la conciencia desde “radio AM a Alta definición” y más:

Sri Dharma Mittra explica diferentes técnicas de meditación: En menos de 2’ Dharma enumera distintas formas de concentrar la mente, adecuadas al ánimo o la personalidad de cada persona. Después de esto no puedes decir que no existe una meditación para ti:

Sri Dharma Mittra explica acerca de Mantra: Dharma habla del poder y la importancia de repetir mantras, en referencia a los principiantes y también en general:

Entendiendo que la profunda enseñanza de Dharma Mittra no puede resumirse ni expresarse en breves clips, sí esperamos que una pizca de su sabiduría llegue a todos a través de estos vídeos, que nacieron de la pura generosidad del maestro y a quien estamos muy agradecidos.

DMSittingOnPlatformEdge

OM

La experiencia mística y un poema

Publicado en

Estoy de viaje, con la rutina cambiada, poco tiempo y sin mis archivos a mano, por lo que se me hace difícil actualizar el blog. Por eso, agarré el libro Mística medieval hindú (Trotta Editorial, 2003) de Swami Satyānanda Saraswatī y lo abrí un poco al azar en busca de inspiración. Se trata de un libro que habla de la vida de algunos santos y filósofos místicos hindúes, en general poco conocidos en Occidente.

Una de las características de los místicos es que su acercamiento a la Realidad Superior está basado en la experiencia trascendental y va más allá de la rigurosa aridez intelectual. Se trata de un contacto extático con lo Divino, lo cual redunda muchas veces en poemas y textos de profunda devoción y amor que, para los que no estamos en éxtasis espiritual, pueden ser difíciles de comprender.

Así como una canción pop de amor mundano nos resulta indiferente y hasta tonta si no estamos en “humor de enamoramiento”, estos poemas místicos pueden ser solo palabras bonitas si estamos mirando el mundo únicamente con los áridos ojos de la razón o el descreimiento.

En temas religioso-espirituales se habla mucho de fe, que no me parece mal, pero cuando se trata de ahondar en el camino espiritual los maestros siempre hacen hincapié en la propia experiencia. El mismo Swami Satyānanda del libro que abrí dijo en una reunión pública de su organización Advaitavidya:

“No hace falta vivir de la fe, no hay que creer en nada. Hemos de tener la experiencia, la observación real en las profundidades de nuestro corazón. Entonces encontraremos una gran fuerza y plenitud”.

Mi experiencia personal es que por más fe que uno tenga, si uno no hace prácticas espirituales ni está en contacto con maestros y textos espirituales, entonces esa fe no es suficiente para avanzar y ser más feliz. De hecho, sin practicar, esa fe empieza a decaer y puede convertirse simplemente en una pátina (dorada, eso sí) que cubre la sequedad de nuestro corazón.

Es verdad que, según el día, leer poesía mística puede parecerme tan abstracto y ajeno como escuchar música experimental o conocer la estructura molecular del agua de lluvia. Pero también es cierto que, aunque mi experiencia mística sea nula, la lectura bien predispuesta de estos poemas genera anhelo por tener unión con lo Divino y, además, eleva el espíritu por su innegable genuinidad y franqueza.

Ya dije que tengo poco tiempo y en lugar de seguir teorizando prefiero compartir el poema que leí en la azarosa página abierta del libro. Se trata de versos de Jñanadeva, uno de los más grandes místicos hindúes, creador de dos reconocidos textos sagrados y pionero del movimiento devocional en el estado de Maharashtra. Este santo vivió en el siglo XIII y dejó su cuerpo con apenas 21 años, habiendo cumplido su rol en este mundo y dejando un profundo mensaje de amor por Dios.

Explicar la poesía mística es tan inútil como explicar los chistes; la magia se pierde en el camino. Así que simplemente comparto el poema y espero que todos lleguemos a entender estas palabras y, sobre todo, a experimentarlas en carne propia:

¿Por qué estás corriendo de un lado a otro
en busca de Dios?                                                                           ¿Por qué no reconoces que Dios                                                   reside en tu propio corazón?                                                     En realidad, Dios no tiene nombre ni forma,                           ni lugar alguno donde residir.                                                   Jñanadeva dice:                                                                       adora pues a Dios en tu interior,                                               en la forma de tu ātman, tu Ser,                                                 y sírvelo a Él sin cesar.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.205 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: