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Archivo del Autor: Naren Herrero

La parábola de la llave rota

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Como resultado de la formación de profesores Vida de un Yogui de Dharma Yoga, ya estoy dando clases de yoga, especialmente en nuestra casa. Sabiendo de mi disponibilidad y deseo de dar clases, un estudio de yoga amigo de Barcelona me ofreció hacer una sustitución y yo acepté encantado. La clase era un viernes por la tarde y yo me presenté con mucha antelación para hacer mi auto-práctica y preparar la sala, ya que ese día no había nadie más porque los dueños del estudio estaban fuera de la ciudad.

Por eso me habían dado copia de las dos llaves necesarias para entrar al estudio: una para la puerta del edificio (“aunque no la necesitarás porque hay conserje y está siempre abierta”), y otra para la puerta del estudio propiamente dicho. En efecto, al llegar, la entrada principal estaba abierta y el portero, enfundado en una bata celeste, leía un folleto promocional de una tienda de electrodomésticos. Subí las escaleras y, disponiéndome a abrir la puerta del estudio, metí la llave en la cerradura.

Como pasa siempre que uno abre una puerta ajena por primera vez, me costó encontrar el punto y tuve que empujar un par de veces. Al girar, la llave se partió en dos y me quedé, atónito, con medio trozo en la mano. Por suerte, la otra mitad no había quedado tan metida y, con la ayuda de un destornillador, pude sacarla. Ahora, el problema era simplemente conseguir otra llave.

Hice un par de llamadas y, para mi alivio, había una persona que tenía copia de la llave; eso sí, en la otra punta de la ciudad. Descartando mi auto-práctica, me subí a mi moto y en hora punta de viernes crucé la ciudad, que está en plenas obras, para reunirme con la llave salvadora.

Al regresar al estudio metí la nueva llave en la cerradura y, una vez más, tuve problemas para que entrara. Esta vez tuve más precaución de no girarla bruscamente y, desconfiando de mi destreza, fui a llamar al conserje para que lo probara por mí. El hombre, que ve esas llaves y esas puertas cada día, vino a mi rescate pero infructuosamente. Él tampoco podía meter la llave y su veredicto fue que “no entraría” y que algo andaba mal.

Por mi parte, en ese momento yo conseguía comunicarme con uno de los dueños del estudio para contarle la situación y preguntarle si la apertura de la puerta tenía algún truco especial. “No”, fue la respuesta. La llave debía entrar con normalidad y, de hecho, ese mismo mediodía la puerta había sido usada sin problemas.

Teniendo en cuenta que eran dos las llaves (la rota y la sana) que no entraban en la puerta y que habíamos sido dos las personas que lo habíamos intentado y fallado, la deducción general fue que el problema estaba en la cerradura. La conclusión fue que habría que ir a buscar un cerrajero, que nos cobraría una pasta y que, para colmo, no habría margen de abrir el estudio a tiempo para la clase, pues ya quedaba menos de media hora para la clase.

En ese momento yo empecé a desear que no viniera ningún alumno, para al menos ahorrarles (y ahorrarme) el mal trago de cancelar la sesión y hacerles venir en vano.

Para ese entonces el portero ya me había abandonado a mi suerte y yo seguía probando abrir la puerta, sin ningún avance visible. Por supuesto, utilicé diferentes métodos tradicionales para estas situaciones: tirar la puerta hacia mí cuando intentaba girar la llave; empujar la puerta hacia el lateral; darle golpes a la puerta; probar la llave de un lado, de otro, más adentro, más afuera, etc. Finalmente, me arrodillé frente a la cerradura y, con fe y esperanza, recité tres veces un mantra de purificación. No funcionó.

A esta altura ya había hablado con varias personas por teléfono, recibido consejos y compasión, y como faltaban cinco minutos para la clase, me había sentado junto a la puerta a la espera de lo inevitable. Quizás por haber pasado varios días escuchando las enseñanzas de Sri Dharma Mittra, logré mantener cierta calma ante la situación y simplemente observaba como un testigo todo lo que ocurría, sabiendo que, aunque lo pareciera, no era una cuestión de vida o muerte. Por algún motivo, la voluntad Divina era que esa puerta no se abriera y yo estaba entregado a lo que sucedía como un simple actor de reparto de un drama superior.

Yo estaba casi disfrutando de esta sensación de aceptación cuando llegó una alumna. Le expliqué la situación, con una media sonrisa, y le ofrecí hacer la prueba de abrir. Ella, ante el callejón sin salida, aceptó y al recibir el llavero no agarró, para mi sorpresa, la llave de siempre, sino que agarró la otra, la “de la entrada principal del edificio”. Con un gesto tan natural como el de abrir la puerta de su propia casa, metió la otra llave en la cerradura, giró con suavidad y la puerta del estudio se abrió burlonamente ante mis ojos.

Una hora y media de ansia y perturbación, de llamadas molestando terceros, de viajes en moto, de perder la auto-práctica, de no poner incienso en la sala, de portero disertando sobre cerraduras y simplemente era la otra llave.

Sí, ya sé que todos están revoleando los ojos ante mi ineptitud; para mi (débil) defensa debo decir que sí probé la otra llave apenas llegué al estudio, pero lo hice tan rápidamente que no me pareció que encajara, y entonces me dediqué a usar la otra llave, la que yo creía que era la correcta. Siempre basado en un prejuicio sin muchos más fundamentos que mi rígida estructura mental.

Inevitablemente, este episodio personal trajo a mi memoria las palabras de un discurso espiritual que dio Sri Swami Premananda durante Mahashivaratri 2009 y que, ante estas circunstancias, parece hecho a medida:

“La espiritualidad es una doctrina secreta. Tú tienes la llave para ese secreto. Puedes desbloquear el secreto porque tienes la llave en tus manos. Ya tienes la llave, sin embargo estás buscándola. La llave está en tus manos pero corres a mí y me pides que abra la puerta y te muestre el secreto. Dios creó nuestros cuerpos y, en algún lugar de tu cuerpo, también puso la llave para que comprendas tu ser interior. Estoy tratando de decirte que busques esa llave. La llave está en tu interior. Ese es el mensaje que te estoy trayendo: ábrete a ti mismo y encuentra la llave que está en tu interior… Incluso si yo te diera la llave y la pusiera en tus manos no sabrías cómo usarla. Es por eso que te pido que busques la llave en ti mismo“.

Esta historia de llaves me recuerda la famosa y genial viñeta de Mafalda sobre “la llave de la felicidad” (se amplía al clicar):

Y por si a alguien no le ha quedado claro y se pregunta “¿cuál es la moraleja de la historia?”, una posible respuesta que se me ocurre es la siguiente: recitar mantras a la cerradura no sirve de nada si estás usando la llave equivocada.

La importancia de obedecer al Guru

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La semana pasada se celebró Guru Pūrṇimā, el día del maestro espiritual, y el simbolismo y la importancia de este evento anual todavía me están haciendo reflexionar. Si bien es verdad que el día del Guru es una vez al año, la relación maestro-discípulo dura para toda la vida o, en realidad, para todas las vidas, pues se explica que una vez que el maestro acepta al discípulo se hace cargo de su progreso espiritual para siempre, incluso cuando el discípulo se desentienda del maestro o abandone su cuerpo físico.

Como personas occidentales e inmersas en la modernidad, con sus candentes valores de individualismo e igualdad de opinión, nos cuesta aceptar, al menos de forma consciente, que otra persona nos diga cómo vivir nuestra vida. Puede ser que esta temporada, porque alguien a quien no conozco lo dictamina, me deje la barba muy larga, consuma yogur con bifidus o me abra una cuenta en Pinterest, pero de ninguna manera aceptaré que un tercero, por más sabio que sea, me diga cómo ser más feliz espiritualmente.

Al parecer, el psicólogo y escritor Carl Jung dijo que, sobre todo en términos espirituales, “si hay una cosa que el hombre moderno no puede hacer es obedecer”, ya que la consciencia moderna rechaza la fe sin una confirmación empírica. Efectivamente, en nuestros tiempos la fe es considerada casi un “primitivismo”, una cualidad que poseen aquellas personas incapaces de discernir, analizar o generar pensamiento crítico.

Para muchos, la emancipación de las opiniones ajenas (especialmente si son discursos muy jerarquizados como la religión, el régimen político, la estructura familiar) es el gran logro de la modernidad, en que cada individuo, en apariencia, tiene su propia opinión, su conciencia crítica y su libertad de acción.

Siguiendo la línea individualista y auto-suficiente de la actualidad, es muy normal que sean pocas las personas que estén interesadas en tener un guru, es decir un preceptor espiritual, y muchas menos las que, de tenerlo, estén dispuestas a obedecerle. De hecho, hay una frase que últimamente escucho mucho: “El guru está dentro de uno mismo, en el corazón”.

Nadie niega que la frase sea cierta, aunque quizás está algo malentendida y mi pregunta es: “¿Estás seguro de que ese consejero que estás escuchando en tu interior no son tus patrones mentales prefijados, tus hábitos arraigados de años, tus intereses personales, las tendencias arrastradas de otras vidas, tus miedos, tus fantasías, el seductor eco del eslogan que escuchaste en una publicidad de relojes…?”.

Una de las ventajas de tener un guru exterior es que, así, el discípulo “tiene un ejemplo humano y concreto en el que basar su propia vida”. De hecho, la tradición de la India considera que el conocimiento espiritual se transmite básicamente a través de la relación guru-discípulo aunque el verdadero conocimiento espiritual sólo puede ser impartido de forma sutil o psíquica, por la gracia del maestro. Para ello, el estudiante se compromete a seguir las enseñanzas del maestro con sinceridad y gran veneración, con total obediencia.

Para personas occidentales y modernas como nosotros, esto puede sonar demasiado, pues la razón y la lógica son algunos de los pilares de nuestra cultura y, por tanto, nadie quiere “someterse” a ideas ajenas si, antes, éstas no están en consonancia con las ideas propias. Como expliqué la semana pasada, un estudiante sincero, que ha hecho auto-indagación, sabe que la mente tiene muchos trucos y que el laberinto intelectual no siempre tiene salida. Por ello, si quiere avanzar realmente en el sendero, hay veces en que simplemente debe tener fe inquebrantable en las palabras de su guru y seguir sus órdenes o consejos ciegamente.

Cultivar la obediencia al maestro es cultivar la humildad y la gradual disminución del ego-individual. También es atizar el fuego de la fe. A este respecto, me gustó mucho la historia que cuenta Swami Chidanand Saraswati en su boletín de saludo por Guru Púrnima:

“Había un hombre que quería caminar sobre el agua. Le suplicó a su guru que le diera un mantra secreto o un don especial para que pudiera lograr esa proeza tan notable. El hombre era extremadamente pío y devoto y había estado al servicio de su guru por muchos años. Por ende, el guru le dio una hoja, doblada en sí misma muchas veces hasta quedar muy pequeña. Le dijo a su discípulo: ‘Dentro de esta hoja hay una fórmula secreta que te permitirá caminar en el agua. Sin embargo, no debes abrir la hoja porque la fórmula que hay dentro es secreta’. El hombre está de acuerdo, toma con cuidado la hoja doblada entre sus manos y comienza su camino a través del río.

Está caminando bien cuando, de repente, es asaltado por la curiosidad. ¿Qué será esta fórmula secreta? ¿Hay realmente un secreto dentro? ¿Será un polvo o una piedra o habrá un mantra sagrado impreso? ¿De dónde lo habrá sacado el guru? Sus dudas pueden con él y entonces lentamente comienza a abrir la hoja mientras camina, pero con cuidado, no vaya a ser que algo de la fórmula sagrada caiga al agua. Tan pronto como despliega el último trozo para descubrir el secreto, el discípulo se hunde en el agua y se ahoga. Dentro de la hoja estaba escrita una simple palabra: fe”.

Como explica Swami Chidananda, no fue la hoja ni un mantra secreto lo que produjo el milagro, sino la fuerza de la fe en el guru. Tan pronto como su fe titubeó y dio lugar a la duda, el discípulo perdió su vida.

Justamente, estos días leí una frase de Swami Premananda que viene el caso, donde simplemente da el siguiente consejo: “Piensa, ‘mi gurudev es un hombre muy poderoso y me apoya, nunca me hundiré’”.

Obviamente, tener fe total en el maestro es muy difícil. No es una cualidad que venga dada. De hecho, cualquier devoto tiene como uno de sus grandes anhelos el tener fe absoluta en el guru y, en general, realiza prácticas para fomentar dicha fe, pues lo normal es que nos dejemos enredar, una y otra vez, por nuestro ego y por el mundo material y caigamos en el desasosiego y en las dudas.

Para fomentar esa fe, entonces, lo que me parece importante es entender, al menos intelectualmente, que tener fe y seguir las enseñanzas y consejos del maestro es útil para el propio crecimiento espiritual. Ya que somos seres “racionales”, podemos empezar convenciendo a nuestra razón, por ejemplo: “si esta persona ha logrado el gran logro del auto-conocimiento; ha alcanzado la meta máxima de la vida humana; lleva su vida como un ejemplo para la humanidad; sus palabras me reconfortan y ayudan; he sentido en mi interior destellos de su grandeza, pues entonces le voy a intentar seguir e imitar”.

A partir de este proceso analítico lógico, es probable que uno pueda empezar a obedecer al guru sin poner tantas trabas racionales y, de esta forma, la propia fe se vaya acrecentando.

Como consecuencia, el estudiante recibirá la gracia del maestro de forma natural y, casi sin notarlo, su fe seguirá creciendo y, entonces, recibirá más certezas y como resultado su fe continuará ampliándose y cuanto más cerca sienta a su guru más fe tendrá y más cerca estará, curiosamente, de su propio guru interior.

Guru Pūrṇimā 2014 y la Śrī Guru Gītā

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Cada año, con la luna llena de julio (en realidad, del mes hindú de Āṣāḍha) todos los aspirantes espirituales nos ponemos muy contentos porque es el momento de celebrar Guru Pūrṇimā (Guru Púrnima), el día del maestro espiritual. Es un hecho conocido que (casi) nadie nace sabiendo y que para aprender cualquier materia de este mundo hace falta un guía. Por eso se dice que para todos los seres la madre es el primer guru; de la misma forma que al maestro de escuela se le considera un guru y también a aquel que nos enseña un oficio, a tocar un instrumento o a conducir.

Con este criterio, en Guru Pūrṇimā honramos a la(s) persona(s) que nos guía(n) en el camino espiritual, ofreciéndonos así el aprendizaje más valioso del mundo ya que nunca se pierde y porque nos lleva a la felicidad y al auto-conocimiento. Quienes tenemos la fortuna de tener un maestro espiritual, dedicamos ese día especialmente a él o ella; mientras que aquellas personas que no tienen un guru particular aprovechan para honrar a todos los maestros y a pedir, por qué no, por llegar a conocer a su guru en esta misma vida.

Aquí me parecen pertinentes las palabras del yogui Sri Dharma Mittra: “Excepto en el caso sumamente raro en que uno ya nace residiendo por completo en el corazón espiritual, generalmente como resultado de una intensa práctica espiritual en previas encarnaciones, un Guru es una necesidad absoluta“.

Efectivamente, para la tradición espiritual de la India, basada en la transmisión de conocimiento a través de la relación guru-discípulo, el Guru lo es todo. De hecho, como conté el año pasado por estas fechas, el guru se equipara a Dios.

Justamente sobre la naturaleza del guru, la forma correcta de adorarle, el poder de su gracia y la importancia de la relación guru-discípulo habla la Śrī Guru Gītā, un himno sánscrito cuyo título significa simplemente: “Canción del Guru”. La Guru Gītā es atribuida al sabio Vyāsa (el mismo que compuso el Mahābhārata) y se presenta como un diálogo entre el Señor Śiva (Shiva) y su esposa, la diosa Pārvatī (Párvati), que según la mayoría de entendidos aparece en el Skanda Pūraṇa.

Como pasa con muchos textos tradicionales, hay más de una versión de la Guru Gītā: algunos linajes hablan de 182 versos, otros de 216, otros de 352 estrofas y siempre habrá otras opciones, pero sea cual sea la versión elegida, ésta contendrá algunos mantras que destacan con luz propia como mantras independientes sobre el rol del guru (obviamente estos mantras también tienen sus pequeñas diferencias formales según la fuente).

Uno de ellos es el que quiero compartir hoy, en vísperas de Guru Pūrṇimā:

dhyānamūlaṁ gurumūrtiḥ pūjāmūlaṁ gurupadam /
mantramūlaṁ guruvākyaṁ mokṣamūlaṁ gurukṛpā //

Una traducción bastante literal sería:

La raíz de la meditación es la forma del maestro; la raíz de la adoración son los pies del maestro /
La raíz del mantra son las palabras del maestro; la raíz de la liberación es la gracia del maestro //

La palabra sánscrita mūla puede significar “raíz” y también “base, fuente, origen, causa”. Por tanto, uno puede intercambiar cualquiera de estos términos y el mantra seguirá teniendo un profundo sentido.

En su libro El juego de la conciencia, por ejemplo, el famoso Swami Muktananda explica que su “método de meditación” era meditar en el propio Guru, lo cual define como “el camino supremo” que da “el más grandioso de los frutos”. En la tradición espiritual se explica que imitar al propio guru tanto física, mental y espiritualmente es uno de los grandes secretos para que el estudiante llegue a su objetivo de ser auto-realizado.

Swami Muktananda junto a su guru, Bhagavan Nityananda.

La adoración a los pies del Guru puede ser simbólica, aunque en la tradición hindú es más bien literal y se explica en el hecho de que los pies son tradicionalmente considerados como un “terminal de poder y gracia espiritual”, como dice Georg Feuerstein en su libro La tradición del yoga. Asimismo, el hecho de postrarse a los pies del guru también expresa la auto-entrega por parte del devoto. Es decir, es la forma externa de demostrar su devoción y obediencia interna a las enseñanzas de ese maestro particular. Sin genuino respeto y adoración por el propio maestro, el aspirante, en general, no podrá tener esas cualidades esenciales con el resto del mundo.

Las palabras del maestro son sagradas. La tradición considera que incluso cuando el maestro dice algo que al discípulo le parece ilógico, es su deber seguir y obedecer lo que diga el guru. Evidentemente, un maestro genuino fomenta el sentido de la discriminación en sus estudiantes y los insta a reflexionar y analizar, pero también sabe que la mente tiene muchos trucos y que el laberinto intelectual no siempre tiene salida. Por tanto, si quiere avanzar realmente en el sendero, hay veces en que el estudiante simplemente debe tener fe inquebrantable en las palabras de su guru y seguir sus órdenes o consejos ciegamente.

La liberación o moka (moksha) implica salir de la rueda de muerte y nacimiento y estar libre de todo condicionamiento material; es decir, ser uno con la esencia universal que es la misma que la propia. Este maravilloso fenómeno ocurre, únicamente, con la gracia o kpā (kripa)del maestro. Es decir, uno tiene que hacer su parte, su práctica y su esfuerzo, pero para terminar el proceso de liberación total, siempre es necesaria esa gracia espiritual.

Este mantra que acabamos de ver se puede escuchar (en el minuto 2:05) en una hermosa canción de Krishna Das llamada Shiva Puja & Chant:

Este año 2014, Guru Pūrṇimā cae el sábado 12 de Julio. En nuestra familia haremos un par de festejos en Barcelona. Por un lado, por la mañana, mi esposa Hansika dará una clase especial de yoga, una práctica completa de dos horas con āsana, prāṇāyāma y meditación al estilo Dharma Yoga, en honor a nuestro maestro de yoga Sri Dharma Mittra. Si quieres unirte a las pocas plazas disponibles puedes ver detalles aquí.

Por la tarde, haremos una reunión espiritual en nombre del Centro Premananda de Barcelona para realizar una Guru Pāda Pūjā, es decir un ritual a los pies simbólicos del maestro que, en este caso, es nuestro guru Sri Swami Premananda. También habrá cantos y debate de temas espirituales. Es un evento abierto y gratuito en el que todos son bienvenidos. Detalles aquí.

Swami Premananda

De hecho, como suele pasar últimamente en el Sri Premananda Ashram, ha habido un milagro ante la proximidad de Guru Pūrṇimā: una vez más ha salido espontáneamente (el 4 de julio 2014) vibhuti de la estatua de Swami Premananda en el templo del Ashram. Una confirmación más de que el Guru está siempre presente. 

La estatua de Swami cubierta de ceniza sagrada.

Para acabar este post, quiero compartir estas recitaciones de la Guru Gītā en que aparece el mantra explicado más arriba, aunque es apenas un momento más en un largo himno de alabanza que es hermoso y muy meditativo.

La versión del linaje Siddha Yoga de Swami Muktananda:

La versión de la Misión de Amma:

¡Jai Guru!

Vida de un Yogui con Sri Dharma Mittra

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Estoy recién aterrizado en Barcelona después de una estadía de tres semanas en New York City, en donde estuve por motivos yóguicos. Quizás suene contradictorio que esta gran megalópolis, símbolo del capitalismo y del individualismo salvaje, pueda ser un lugar bueno para practicar yoga. Para algunos yoguis tradicionalistas lo peor que podía haberle sucedido a la sagrada ciencia del yoga fue pasar por Estados Unidos, donde se reconvirtió a una disciplina de moda, sin respeto a la tradición y alejada de la esencia espiritual hindú. Para consternación de esos yoguis, otras personas consideran que “la capital mundial del yoga” no está en Rishikesh ni en Mysore, sino en New York.

Yo no pretendo entrar en dicha discusión ahora ni darle una respuesta definitiva, pero sí quiero contar que en pleno Manhattan hay un yogui muy genuino, muy tradicional y, a la vez, adaptado a los tiempos modernos que puede guiar a cualquier aspirante en el camino del auto-conocimiento y la búsqueda espiritual. Su nombre es Sri Dharma Mittra y para poner una etiqueta que dé tranquilidad a la mente racional se le podría encuadrar dentro del Hatha-Rāja Yoga.

En 2011, cuando tuve la fortuna de conocerle personalmente, ya hablé un poco sobre él y su vida. Dharma Mittra nació en 1939 en Brasil y después de una juventud de búsqueda anhelante por Dios viajó, por consejo de su hermano menor, a New York en 1964 para conocer personalmente a un maestro de la India que, finalmente, se convertiría en su Guru: Swami Kailashananda Saraswati (también conocido como Yogi Gupta).

Este maestro fue, después de los famosos Swami Vivekananda y Paramahansa Yogananda, uno de los pioneros en traer la filosofía del yoga a Occidente, en este caso en los años ’50. De hecho, Yogi Gupta publicó en 1958 un muy buen libro llamado Yoga and long life que es un predecesor en temática y estilo, con fotos incluidas, de los famosos Luz sobre el Yoga de B.K.S. Iyengar, de 1966, y Asana Pranayama Mudra Bandha de Swami Satyananda Saraswati, de 1969.

Sri Dharma Mittra a los pies de su guru, Swami Kailashananda Saraswati.

Después de servir a su maestro y vivir en su ashram de Manhattan por diez años, Dharmaji recibió sus bendiciones para dejar la vida de retiro en 1975 y fue así como comenzó su carrera de instructor de yoga en la esfera pública. Desde entonces, su estilo, su forma de enseñar, su compromiso con la búsqueda de Dios y su ejemplo de vida han hecho de Dharma Mittra una leyenda del yoga, que a sus actuales 75 años brilla con luz propia, es decir, con la luz de la auto-realización.

Su amor por el yoga y su interés en ayudar a otros seres hace que, a su edad (y en gran estado de forma), Dharma enseñe en el Dharma Yoga Center cinco días a la semana a todo tipo de estudiantes, repitiendo una y otra vez los consejos y métodos que él mismo ha encontrado útiles y probados en el sendero hacia Dios. Pudiendo retirarse o vivir como un yoga-star de los que pululan en las redes sociales, Dharma elije el perfil bajo, la enseñanza tradicional y el propio ejemplo antes que el popular discurso místico.

Este deseo por difundir las enseñanzas del yoga llevó al Dharma Yoga Center a crear el programa de formación de profesores titulado “Vida de un Yogui” (Life of a Yogi, en inglés), pues el objetivo no es aprender solamente posturas, ajustes o nombres técnicos, sino encaminar o profundizar al estudiante en un modo de vida que implique la filosofía del yoga y lo lleve hacia el conocimiento del Ser.

Para esto, Dharmaji hace hincapié en los yamas y niyamas, las reglas éticas y las observancias para una vida correcta en sociedad y con uno mismo. El yama principal es ahimsā, “no-violencia”, lo cual implica, para empezar, una dieta vegetariana/vegana, pues “nuestra compasión debe extenderse más allá de nuestras mascotas”. La importancia que Dharma da a estas reglas se resume en una frase: “Sin yamas no hay yoga“.

Sri Dharma Mittra

Para Dharma, las posturas (āsana) son una herramienta para mantener el cuerpo sano y fuerte, para así poder avanzar en el sendero espiritual interior y, como explica la tradición, poder mantener el cuerpo en una posición sentada de meditación durante largos períodos. De hecho, las técnicas de concentración y visualización son muy importantes en las enseñanzas de Dharma, pues sólo una concentración prolongada se convierte en meditación.

En cuanto al aspecto físico, Dharma da mucha importancia a la relajación como proceso renovador y revitalizador. Una de sus frases clásicas es: “La relajación es el mejor antídoto para las impurezas“. Por eso, sus clases suelen ser exigentes físicamente pero no excesivamente dinámicas, dejando siempre breves momentos de relajación y haciendo hincapié en la relajación final, que no es sólo un trámite ni un momento para dormir, sino la oportunidad de recargar la energía.

Dharma es famoso por haber creado un poster con 908 posturas de yoga, algunas extremadamente difíciles, al punto de que él tuvo que ayunar por 30 días para hacer algunas de ellas. A pesar de ello, él explica que las posturas básicas son sólo ocho y que el resto son variaciones y, sobre todo en el caso de los estudiantes avanzados, desafíos para que la mente no se aburra y se disperse. De hecho, Dharma es un experto en el paro de cabeza, haciendo decenas de variaciones, incluyendo algunas sin manos, que seguramente es su postura más famosa.

Cualquier sitio es bueno para una postura invertida.

A nivel más filosófico, Dharmaji nunca olvida mencionar que la práctica de āsana debe ser ofrecida sin expectativas a Dios (o al Ser Supremo) de forma que no se trate de una actividad guiada por el ego sino que se hace “porque tiene que ser hecha”. Esta idea se relaciona con el camino del Karma Yoga, del servicio desinteresado, en que uno actúa sin esperar los frutos de sus actos. Obviamente, esta forma de vida no se limita a la esterilla sino a cada momento del día.

Otro pilar filosófico de Dharma es svādhyāya, el estudio de las Escrituras, los textos sagrados, como forma de darse cuenta y de entender, al menos intelectualmente, que uno no es el ego individual, sino que es una porción del Ser Universal. Dharma dice que “creer no es suficiente” y que uno debe experimentar y conocer esa verdad y, para eso, la lectura de textos como los Yoga Sūtras, la Bhagavad Gītā y la Hatha Yoga Pradīpikā es esencial.

En cuanto a sus clases, Dharma fomenta la “mente colectiva”, es decir el movimiento grupal coordinado para poner la atención colectiva en una misma sintonía. Es increíble lo poderosa que puede ser una clase cuando la energía de todos los estudiantes están dirigidas al mismo punto, actuando en conjunto y armonía, y no con cada persona en su mundo.

De hecho, a diferencia de otros estilos, Dharma alienta mirar al estudiante del costado para copiar sus trucos y aprender a mejorar la propia postura. Esta “comparación” es siempre impulsada desde la compasión y no desde la envidia. De hecho, Dharma recomienda que al ver a otra persona que hace una postura que no nos sale, “nos imaginemos que somos esa persona” y disfrutemos a través de ella.

Como Dharma es tan fiel a su guru y logró su rápida evolución espiritual obedeciéndole al pie de letra, él insta a los estudiantes a que obedezcan y respeten al maestro; no a él, sino a la figura del maestro, sea quien sea, como forma de fomentar la humildad y la disciplina en el estudiante. Él explica que, incluso si un profesor está enseñando en clase una postura que nos parece errada, por respeto uno debería obedecer y mantenerla. Como siempre, primero va ahimsā, la compasión, y después nuestro interés personal.

Clase Junio 2014 del LOAY 200h, con Dharmaji en el medio.

Este resumen es escueto y es para dar una idea general de lo mucho que disfruté y aproveché con el curso de formación de 200h de Vida de un Yogui. En realidad, el curso sigue porque para estar certificado en Dharma Yoga hay que tomar ciertas clases específicas, hacer una auto-práctica regular, escribir un par de textos, hacer servicio al maestro y también dar varias clases. De hecho, si estás en Barcelona y te interesa tomar clases de Dharma Yoga conmigo puedes mirar los horarios aquí.

Asimismo, si te interesa disfrutar de una práctica completa de Dharma Yoga, Hansika Yoga dará una sesión especial de 2 horas el sábado 12 de julio (11h). Detalles del evento aquí.

En las próximas semanas espero publicar más información sobre Sri Dharma Mittra y su estilo de yoga que, como digo, es muy tradicional y genuino pero adaptado a nuestros tiempos.

Mientras tanto, con mucha gratitud (a la vida, a Dios, a mi esposa Hansika, a mi hija, a mis suegros y a mis amigos Ale, Jenny y Gaetan) por la oportunidad que tuve de pasar esos días en compañía de Dharmaji, me despido con su frase de cabecera: “Sé receptivo a la gracia de Dios”.

Swami Premananda y cómo ver a Dios

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Estoy de viaje y, por unos días, no tendré tiempo para sentarme a escribir un largo post ni a investigar temas nuevos. Aprovechando la coyuntura, he pensado que los lectores podrían beneficiarse si publico la respuesta de Swami Premananda a, ni más ni menos, la pregunta “¿cómo hacer para ver a Dios?”. Es decir, no nos estamos con rodeos y vamos directo a la pregunta esencial.

No sé si se han hecho esta pregunta alguna vez y no sé si están interesados en “ver a Dios”. Yo sí, y me imagino que cualquier persona que uno pregunte por la calle, creyente o no, también tendría cierta curiosidad. Otra cosa es que esté dispuesta a seguir el método que propone Swamiji que, en este caso, hace énfasis en la auto-indagación y en el proceso de discernimiento entre lo permanente y lo temporario.

Swami es un guru que fomenta los senderos espirituales de la devoción (Bhakti Yoga) y del servicio desinteresado (Karma Yoga), aunque en esta enseñanza nos habla, más bien, del llamado sendero del conocimiento (Jñana Yoga). Si bien este sendero es considerado dificultoso por ser más abstracto que los otros dos y, como tal, se postula como el camino más adecuado para quienes tienen una personalidad “intelectual o racional”, en este discurso Swami también da consejos prácticos que, creo, todos podemos aprovechar.

A continuación publico un fragmento de su respuesta (el discurso completo puede leerse en la edición de abril 2014 de la revista Prema Ananda Vahini, aquí), cuyo final a modo de decálogo espiritual me parece especialmente útil.

Dice Swami:

“Cuando te respondo, estoy seguro de mi respuesta porque siento, tengo la experiencia y entiendo completamente lo que preguntas. Yo no saco mis respuestas de libros ni de Escrituras. Te respondo con el verdadero y supremo deleite de la experiencia espiritual. Pero el oír palabras de mí no es suficiente para ti. Ten paciencia. Siéntate a pensar sobre todo esto por ti mismo. ¡El pensar tampoco es suficiente! Estudia profundamente el significado de mi consejo. No te detengas allí. Disfruta el beneficio de tu auto-indagación. El punto final es ser gozoso y verdaderamente feliz en tu vida.

¡Disipa la oscuridad que hay dentro de ti y tórnate brillante y luminoso! ¡Sé consciente de lo eterno! Aun eso no es suficiente.

Evoluciona y madura lo bastante como para lograr la liberación. ¡Tienes que convertirte en sabiduría pura!

La primera y más importante etapa es hacer germinar el pensamiento y la vigorosa voluntad de alcanzar un elevado estado espiritual. Ese fuerte deseo debe estar presente en ti.

El conocimiento libresco, las Escrituras y las opiniones de diversos santos ciertamente no son suficientes para ti. Discierne profundamente en lo recóndito de tu propia conciencia. Entra a lo profundo de tu corazón. Cava hondo, muy hondo en tu Ser y allí experimentarás la gracia de Dios.

Descubre qué es perdurable y controla el cuerpo para que se ajuste a lo real y a lo espiritual.

Aquieta la mente y llévala a un punto. Es fácil encontrar el camino, pero realmente practicar espiritualidad es lo de mayor importancia. ¿Dónde está el sendero? No está en ningún sitio específico. Está dentro de tu conciencia.

Para recorrer el sendero con seguridad y seguir sus carteles indicadores es necesario cultivar refinamiento de pensamiento. Ilumina tus procesos de pensamiento con la luz del sol espiritual…

Haz tus pensamientos supremamente puros y cristalinos.

Sé muy, muy paciente.

Controla tu mente con firmeza pero delicadamente.

Sé silencioso interiormente.

Reduce el número de tus pensamientos.

Elimina todas las ideas innecesarias.

Trae la gracia divina más y más cerca de tu conciencia.

Contempla eso.

Siente que todo lo que has visto con tus defectuosos ojos físicos no es significativo.

Pon OM en tu mente iluminada.

Oye el canto de la Divinidad con tus oídos internos.

Trae la luz a tus ojos.

Habiendo controlado la mente, ¡hazla divina!

Trae a Dios a la mente purificada y clarificada.

¡Haz todo esto y verás a Dios!”.

Segundo Encuentro de Hindúes de España

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Los días 7 y 8 de junio de 2014 se celebró el 2º Encuentro de Hindúes de España. El año pasado ya hablé del histórico 1er Encuentro de Hindúes y estoy muy honrado por haber sido invitado a ambos eventos. Como el año pasado, el Encuentro tuvo lugar en Madrid, específicamente en el Jhulelal Mandir, un templo hindú que dirige Lal Chandnani y que cedió sus instalaciones desinteresadamente y con toda generosidad, al punto de que la esposa del señor Lal quiso cocinar espontáneamente para los asistentes un plato tradicional hindú (que estaba delicioso).

Una vez más, el encuentro fue organizado por el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani (Krishna Kripa Dasa), que es un incansable difusor del hinduismo y que por ser hijo de padre indio y madre española representa muy bien este maridaje entre dos culturas. Ser hindú no implica, necesariamente, ser indio o nacido en la India. En España (y también en el resto del mundo) hay varios miles de personas que, sin tener sangre india, se consideran hindúes por el hecho de seguir la filosofía, la moral y las enseñanzas del hinduismo.

Cartel promocional del Encuentro, creado por artista y devoto Hari Das.

Justamente el debate sobre “qué es ser hindú” fue uno de los temas imprescindibles que se trató en el Encuentro y todos estuvieron de acuerdo en que, aunque el hinduismo proviene y está enraizado en la India, muchas personas occidentales siguen actualmente con seriedad ese camino espiritual, por lo cual es necesario distinguir entre hindú o hinduista (seguidor del hinduismo) e indio (habitante de la India, que incluye hindúes pero también musulmanes, cristianos, jainistas…).

Como ésta hubo otras mesas redondas con temas muy actuales y atrapantes como la aparente dicotomía “entre tradición y modernidad” o la situación del yoga en la actualidad, sobre todo en relación a la tradición original. Dichas mesas estuvieron compuesta por personas destacadas, pertenecientes a varias corrientes dentro del hinduismo, por ejemplo: Swami Satyānanda Saraswatī, Omkar Acharya, Javier Ruiz Calderón, Oscar Montero y Álvaro Enterría. También asistieron un total de veinticinco representantes de varias asociaciones llegados de Barcelona, Valencia, Bilbao, Ceuta y del propio Madrid.

Un momento del Encuentro, con el altar del templo al fondo y algunos de los asistentes escuchando con atención.

El hinduismo se caracteriza por admitir en su seno —donde conviven en paz— muchas corrientes distintas, con diferentes concepciones y prácticas pero con visiones convergentes. Esto es lo que se suele resumir como “unidad en la diversidad”, ya que se entiende que todas las escuelas y personas no son otra cosa que diferentes manifestaciones de una esencia compartida. En esta línea, el hinduismo también admite plenamente la validez de las demás grandes religiones como caminos para acercarse a la última realidad o Dios.

Siguiendo este criterio de diversidad, en el encuentro se expusieron cinco ponencias sobre temas muy variados, como la tradición del vaishnavismo gaudiya de Śrī Caitanya Mahāprabhu (Shri Chaitanya Maháprabhu); la historia del sabio y deidad Dattātreya y su linaje de avadhūtas, es decir santos extáticos que están más allá de cualquier norma social; una charla sobre cómo ven los hindúes indios a los hindúes de España; una introducción de nociones prácticas de lengua sánscrita; y una charla sobre el origen y las enseñanzas de la Kumbha Mela, que tuve el honor de dar.

Por otro lado, uno de los temas de debate fue la formación de la federación de entidades y organizaciones religiosas hindúes que se encuentra en estado muy avanzado. Entre los objetivos de dicha federación figuran:

-Obtener el reconocimiento oficial del hinduismo por el gobierno español, junto con el certificado de “notorio arraigo”.

-Ser un punto de encuentro entre los hindúes asiáticos y los españoles.

-Promover una visión correcta sin distorsiones ni prejuicios del hinduismo.

-Crear una plataforma de trabajo común sobre diversos temas relacionados con el hinduismo.

- La publicación de una revista con artículos de expertos dedicada a un público con poco o medio conocimiento de la espiritualidad hindú.

- Fomentar el dialogo intrarreligioso entre las diferentes escuelas del hinduismo, y el diálogo interreligioso con otras confesiones.

En lo personal estoy muy contento con el Encuentro. Aparte de haber tenido el honor de ser invitado a participar y, además, a hablar de la Kumbha Mela ante un público tan distinguido, para mí ha sido muy enriquecedor, tanto a nivel intelectual como espiritual. Ha habido debates muy nutritivos para el intelecto, con mucha información y conocimiento útiles para abordar posibles dudas y preguntas en un tema tan profundo e inabarcable como el hinduismo, a la vez que he recibido mucha inspiración para mi propia práctica espiritual.

Una foto “aérea” que tomé personalmente con la mayoría de asistentes al Encuentro.

Lo mejor, sin duda, ha sido la reunión con otros devotos y el estímulo que ese encuentro me genera para seguir en el camino espiritual con anhelos renovados. Espero con entusiasmo el Encuentro del año próximo.

La historia de Dāmodara y la devoción del poeta ciego

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Llueve torrencialmente, es de noche, y parece que el mundo se fuera a partir en dos por la tormenta. Bilvamaṅgala Ṭhakura, un hombre de casta brahmán que supo tener gran fortuna y ahora está en la pobreza por gastar todo su dinero en mujeres, sólo piensa en visitar a Cintāmaṇi (Cintámani), la prostituta que lo tiene loco perdido y a la que va a ver cada noche sin falta. En sus aposentos la mujer supone: “seguramente Bilvamaṅgala (Bilvamángala) no vendrá esta noche, con semejante tempestad”.

A pesar del clima hosco, de lo iracundo del viento, de los peligros que implica la borrasca, Bilvamaṅgala está tan cegado por el deseo sensual que también hoy decide visitar a su amante, cueste lo que cueste. Para hacer la empresa más difícil, ella vive del otro lado del río, que está crecido y desbordado. Aferrándose a un tronco y utilizando una soga que encuentra por ahí, el hombre logra cruzar el embravecido torrente; solo al llegar al otro lado se da cuenta que el “tronco” era el cadáver de un hombre y la “soga” una serpiente pitón recién ahogada.

Sin reflexionar sobre su temeridad, el hombre, encandilado por la lujuria, llega a la casa de la mujer, pero las puertas están cerradas. Entonces, empapado y a duras penas trepa el muro y entra en la morada para finalmente aparecer en la habitación de la prostituta. Cintāmaṇi, sorprendida por la llegada y la intrepidez de su mejor cliente, le dice: “¿Cómo es posible que hayas venido en una noche así? ¿Tanta atracción sientes por este cuerpo? Si tuvieras el mismo deseo por Dios, entonces ya habrías alcanzado mokṣa (moksha), la liberación total del ciclo de muerte y renacimiento”.

Este simple comentario de la prostituta fue como una revelación para Bilvamaṅgala, que consideró a Cintāmaṇi como su primera guru e inmediatamente decidió cambiar de vida, renunciar a los hábitos mundanos y dedicarse puramente a la búsqueda espiritual. Sin embargo, sus tendencias sensuales eran fuertes y seguía sintiendo gran atracción por las mujeres. Determinado a ver sólo a Dios, Bilvamaṅgala agarró una aguja y se arrancó sus dos ojos. Entonces, se explica, pudo concentrarse únicamente en lo Divino.

En su caso, el camino elegido fue la bhakti, la devoción a Dios, específicamente en la forma de Kṛṣṇa (Krishna). Y muy especialmente de Kṛṣṇa en su etapa de niño, conocido como Bālakṛṣṇa. Se trata de un aspecto de Dios que despierta mucha ternura, ya que es un niño hermoso, criado en una aldea de pastores. Y justamente por ser un niño es muy travieso, por lo que las Escrituras cuentan infinidad de historias divertidas y emotivas en las que el pequeño Kṛṣṇa va por la aldea matando demonios, robando mantequilla recién batida a las vecinas o simplemente jugando con los demás pastorcitos.

Bilvamaṅgala Ṭhakura, ahora ciego, sentía gran devoción por el niño Kṛṣṇa y, por ello, se dedicó a cantar sus glorias y a componer versos devocionales en su nombre. De hecho, se cuenta que cada día el devoto recibía la visita de un niño que le traía leche y podía distinguirlo por el musical tintineo de las ajorcas en sus tobillos. Sin poder verle, Bilvamaṅgala sentía que se trataba del mismo niño Kṛṣṇa que venía a alimentarlo y a escuchar las embelesadoras composiciones dedicadas a él.

La semana pasada conté la historia del ultraje que sufre la reina Draupadī (Dráupadi) en la asamblea de los Kurus, cuando es tratada como una esclava y se la intenta despojar de sus vestidos, los cuales milagrosamente permanecen en su sitio gracias a la intervención divina del Señor Kṛṣṇa (Krishna).

En ese momento de angustia, se explica, Draupadī pide ayuda a Kṛṣṇa utilizando varios de sus diferentes nombres, lo cual con el tiempo se ha convertido en una invocación clásica:

śrī kṛṣṇa govinda hare murāre /
he nātha nārāyaṇa vāsudeva //

Muchos siglos después, en el siglo XIII, Bilvamaṅgala Ṭhakura compone una de sus obras más famosas, titulada Śrī Govinda Dāmodara Stotram, en la que con poesía muestra como los devotos, sin importar las diferentes situaciones en que se encuentren, no pueden hacer otra cosa que cantar los nombres de Kṛṣṇa .

Y ese himno de alabanza (stotram), justamente, comienza con la escena de Draupadī rogando auxilio divino, y termina, ya en la estrofa 70, nombrando los famosos versos arriba citados. Esta aparición de la historia de Draupadī en el stotram es un guiño que hace el poeta para reafirmar la idea de que la completa entrega es el objetivo de todo devoto o bhakta.

Más allá de esta referencia, en este Śrī Govinda Dāmodara Stotram el poeta también crea un verso propio que se repite durante todo el himno y que remite a tres nombres de Kṛṣṇa, especialmente en su etapa de vaquero:

“govinda dāmodara mādhaveti”

Govinda es un nombre de Kṛṣṇa en su rol de pastor de vacas, mientras que Mādhava (Mádhava) sería literalmente el “melifluo”, es decir alguien dulce, suave o delicado como la miel.

Dāmodara (Damódara) por su parte, significaría: “el que está atado con una cuerda (dāma) por la cintura (udara)”. Este extraño epíteto refiere a una anécdota de la niñez de Kṛṣṇa que es muy hermosa.

Un día el pequeño Kṛṣṇa estaba tomando el pecho de su madre, llamada Yaśodā (Yashoda), cuando de repente ésta escuchó que la leche que había dejado en el fuego se derramaba y salió corriendo a retirarla. Como el niño no había aún terminado de comer, se enfadó y golpeó la vasija llena de cuajada que acababa de preparar su madre. La vasija se rompió y Kṛṣṇa tomó parte de la mantequilla recién batida para comerla y, además, para darle el resto a los monos.

Yaśodā pensó que era oportuno darle un castigo a su hijo por esta travesura y primero pensó en pegarle con una varilla pero finalmente decidió atarle al mortero en que se batía la mantequilla para que “no hiciera más travesuras”. Para ello, Yaśodā trajo una cuerda e intentó a atar al niño Kṛṣṇa, pero la cuerda se quedó corta por dos centímetros. Entonces, fue a por otro trozo de cuerda, pero ésta también resultó ser corta por dos centímetros. Buscó otro trozo de cuerda y, una vez más, quedó corto. Así, una y otra vez hasta agotar todas las sogas de la casa.

Yaśodā, en su amor de madre, no se daba cuenta de que estaba tratando de atar, no a su hijo, sino a aquel sobre quien los yoguis meditan durante vidas sin poderlo atrapar en su corazón, aquel que “no puede ser tocado ni siquiera por la mente”, aquel que es “la morada de todos los mundos”… Kṛṣṇa, al ver que su madre estaba cansada de tantos juegos y con el rostro bañado de sudor, permitió ser atado. Como explica el Śrīmad Bhāgavatam, “la totalidad del Universo se halla bajo su control y, sin embargo, con una escasa cantidad de soga, Yaśodā fue capaz de sujetarlo”.

La enseñanza es que a Dios sólo se lo puede “atrapar” con la cuerda de la devoción, y por eso su madre, una simple pastora, pero que amaba a Kṛṣṇa como a nada en el mundo, fue capaz de lograr lo que no consiguen ni los devas, ni los eruditos ni los yoguis. Desde entonces, Kṛṣṇa de niño también es conocido como Dāmodara.

Para aquellos interesados en el texto completo del Śrī Govinda Dāmodara Stotram, compuesto por Bilvamaṅgala Ṭhakura, pueden leerlo (en sánscrito e inglés) aquí.

Para aquellos que quieran escuchar una bella versión de esta canción devocional, con especial énfasis en los dos versos que he citado, aquí va:

Finalmente, estas historias y este conocimiento se los debo en gran parte a mis clases de sánscrito en la Universitat de Barcelona, con la Dra. María Elena Sierra. Si estos temas les interesan y viven en Barcelona o cerca, no se pierdan la conferencia pública y gratuita que habrá este viernes 13 de junio (18:00h). Allí podrán tener una muestra de esas clases y disfrutar de la lengua sánscrita. Como guinda del pastel, habrá un mini-concierto (con tabla y violín incluidos) de un fragmento de este himno de alabanza dedicado a Dāmodara.

Todos los detalles, en el cartel:

Draupadī, el sari infinito y la invocación a Kṛṣṇa

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En la historia central del gran poema épico Mahābhārata (Mahabhárata), uno de los momentos de mayor intensidad dramática sucede cuando el hermano mayor de los Pāṇḍava (Pándavas), que son quienes representan la defensa del dharma, pierde el reino y las riquezas de la familia jugando a los dados. Al punto de que, enajenado por el juego, también apuesta y pierde a sus hermanos, a sí mismo y finalmente a su propia esposa, la reina Draupadī (Dráupadi).

Como consecuencia, Draupadī es llevada a la corte, frente a todos los hombres, y presentada como esclava de los Kaurava (Káuravas), el grupo que representa la falta de rectitud. Como punto culminante, se da la orden de quitar los ropajes reales del cuerpo de Draupadī, lo cual la dejaría desnuda frente a la asamblea masculina y sería una de las máximas humillaciones imaginables para cualquier mujer india, con más razón si es de familia real y carácter noble.

Para ponerle más tensión, sus maridos, los Pāṇḍava, a pesar de estar presenciando el ultraje, no pueden rescatarla porque ellos también son ahora esclavos de los príncipes Kaurava.

Entonces, ya sin recursos, Draupadī eleva una plegaria al Señor Kṛṣṇa (Krishna), que además de ser primo de la familia y protagonista de la historia, no es otro que Dios mismo encarnado en la Tierra. De esta forma, a medida que uno de los viles príncipes tira del sari de Draupadī y lo va desenrollando para desnudarla, aparece más tela que tirar, como si sus vestidos fueran infinitos. Después de largo rato de tirar y quitar en vano, se forma una montaña de ropajes y la reina sigue vestida e impoluta.

La historia explica que es el Señor Kṛṣṇa quien, de forma invisible pero siempre protector del dharma, el orden universal, se encarga de salvaguardar la dignidad de Draupadī.

Toda esta historia es para contar que la plegaria que Draupadī dirige a Kṛṣṇa antes de que le intenten quitar el sari está compuesta por unos versos que son bastante famosos, especialmente en canciones devocionales. A saber:

śrī kṛṣṇa govinda hare murāre /
he nātha nārāyaṇa vāsudeva //

Si bien la plegaria original parece ser más larga, estos versos vienen a representar la entrega a Dios como último refugio y la idea de que para quien tiene devoción y fe en lo Divino nada es imposible. Los versos son básicamente nombres del dios Viṣṇu (Vishnu) en algunos de los diferentes aspectos de su encarnación como Kṛṣṇa , ya sea sus atributos físicos, sus cualidades espirituales o sus actividades “terrenales”, como pastor de vacas.

Una posible traducción sería:

Oh Tú, Venerable (śrī), el de complexión oscura (Kṛṣṇa), el que busca las vacas (Govinda), el que quita el sufrimiento (Hari), enemigo del demonio Mura (Murāri)/
Oh Señor (nātha), hogar de todos los hombres (Nārāyaṇa), hijo de Vasudeva (Vāsudeva) //

Para darnos una idea de cómo pudo ser el momento de la invocación de Draupadī, pongo esta versión del mantra en voz femenina a cargo de Karnamrita Dasi (que es occidental):

Para el oído occidental, quizás la versión más conocida sea una de Krishna Das, aunque no sea necesariamente canónica ya que mezcla otros mantras:

Finalmente, una versión más tradicional con cantante indio:

Esta semana tengo poco tiempo, así que no puedo alargarme más. De todos modos prometo que para la próxima publicaré una ramificación de este tema para profundizar en el mantra, en Kṛṣṇa como niño y en la devoción a Dios. ¡Qué la espera sirva para fomentar vuestro anhelo!

Rāhula, el extraño nombre del hijo de Buda

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Como saben los lectores de este blog, soy amante de la rigurosidad informativa y, por tanto, me apasiona descubrir la fuente original y verdadera de frases, palabras o enseñanzas que se repiten con frecuencia aunque muchas veces con deformaciones, errores de traducción o, simplemente, nula relación con su supuesto origen.

En la mayoría de estas ocasiones basta con que alguien publique una información errada para que el resto, en su ingenuidad y pereza, la reproduzca literalmente y sin verificaciones. Este método no-riguroso, más la imparable difusión y reproducción que tiene la información en Internet, hace que no sea descabellado encontrar una misma frase célebre atribuida a Séneca, Churchill o Bob Marley.

Otro gran clásico de las citas falsas o erróneamente atribuidas es Siddhārtha Gautama, el Buda (Buddha), cuyo nombre es impunemente utilizado para firmar y legitimar cualquier idea medianamente espiritual; sobre todo porque al haber muy pocas fuentes fiables sobre lo que dijo o no dijo el Buda, es complicado refutarlo.

Justamente en relación al Buda, con unos amigos surgió el debate del significado de Rāhula, el nombre del hijo de Siddhārtha Gautama. Unos habíamos escuchado el sentido de “obstáculo”, otros el de “grilletes”. En realidad, ambas acepciones están aceptadas en la versión convencional y más difundida de la historia que, resumida y simplificada, es así:

El joven príncipe Siddhārtha, criado entre algodones y alejado de las tristes vicisitudes de la vida, un día se entera de que, por tener un cuerpo físico, todos estamos destinados a enfermar, a envejecer y a morir. A la vez, el príncipe vislumbra que hay una forma de trascender estos sufrimientos inevitables y decide dejar el palacio, las riquezas y su futuro como rey para buscar la iluminación espiritual. Para que la decisión sea más dramática, Siddhārtha es informado de que ha nacido su hijo, ante lo cual exclama: “Rāhula ha nacido, una atadura ha surgido”. Esa misma noche, el futuro Buda abandona el palacio para vivir como un asceta en el bosque.

Siddhārtha mira a su esposa y a su hijo justo antes de renunciar al mundo.

Según esta versión, Siddhārtha percibió el nacimiento de su hijo como un obstáculo para su renunciación y como una ligadura que le encadenaba a la vida mundana de sufrimiento y, por ello, se dio ese nombre al niño – Rāhula -, el cual generalmente se traduce como “impedimento” o “grillete”. Es verdad que puede sonar como una elección comprometida para el pobre hijo, pero para juzgar con perspectiva pensemos en nombres tan comunes y occidentales como Dolores, Soledad o el reciente caso de Lucifer en Córdoba, Argentina. De hecho, en estos días el nombre Rahul (una variante de Rāhula) estuvo de moda por Rahul Gandhi, el candidato perdedor en las recientes elecciones indias.

Al mismo tiempo, el concepto de “atadura” (relacionado con “apego”) es muy importante para el budismo, ya que son estos lazos con el mundo material los que causan sufrimiento y los que llevan a cada ser a renacer una y otra vez. Por tanto, el nombre Rāhula es entendible y hasta justificado en ese contexto.

Lo curioso es que ni en sánscrito, ni en hindi ni en pali, existe la palabra rāhula tal cual y, aún menos, significa “grillete” o similar.

Dragones y eclipses

Ante este conflicto etimológico, hay versiones académicas modernas que sostienen que el nombre Rāhula deriva de la palabra sanscrita rāhu que está relacionada con “agarrar” o “capturar”. En la mitología hindú, Rāhu es el nombre de un demonio (asura) al que le fue cortada su cabeza cuando bebía, disfrazado entre los dioses (devas), un trago del néctar de la inmortalidad. De esta forma su cuerpo pereció pero su cabeza, que se dice es la de un dragón, se hizo inmortal al haber bebido la ambrosía.

Desde el punto de vista de la astrología védica (jyotiṣa), Rāhu es el nombre de uno de los nueve planetas (grahas), aunque para la visión astronómica occidental no es exactamente un “planeta” sino que se trata de un “punto móvil” directamente relacionado con los eclipses. Técnicamente es “el nodo ascendente de la órbita lunar”, es decir, el punto en el que la órbita de la Luna atraviesa la línea por donde transcurre el Sol (llamada eclíptica). Los eclipses solo suceden cerca de estos “nodos lunares”.

De esta forma, se explica que la cabeza inmortal del demonio Rāhu, en venganza por haber sido decapitada, devora regularmente al Sol y la Luna causando así los eclipses. En astrología védica, los eclipses no son considerados fenómenos auspiciosos, pues la luz de los astros principales se ve disminuida de forma parcial o total.

Es basándose en todo lo anterior que algunas versiones modernas explican que el hijo de Buda nació en un día de eclipse de Luna y, por tanto, su nombre fue Rāhula que podría ser un diminutivo de Rāhu. Lo cual no sería nada extraño, pues los nombres basados en los astros y en la fecha de nacimiento son muy normales.

Desde el punto de vista simbólico, hay quienes dicen que Rāhula es un “eclipse” porque simplemente nace en el momento en que Siddhārtha “desaparece” para irse al bosque.

Final feliz

Para aquellos que se quedaron con mal sabor de boca porque Siddhārtha abandonó a su único hijo recién nacido, la historia cuenta que ya convertido en el Buda, el iluminado padre volvió al reino cuando su hijo tenía siete años. Entonces el niño, instado por su madre, le pidió a su padre “su herencia” y éste, en lugar de darle riquezas “propensas al cambio y los problemas”, lo admitió en su orden monástica (saṅgha), donde también alcanzó, con el tiempo, el nirvāṇa.

Rāhula pide su herencia al Buda.

Por tanto, desde un punto de vista global, la temprana orfandad de Rāhula y su nombre de posible significado ominoso son apenas anécdotas en una vida que resultó ser muy fructífera espiritualmente. Ya sea llamándose “Grilletes” o “Nacido bajo la influencia del planeta Rāhu”, el destino final de Rāhula fue la iluminación y, en cierta forma, eso es lo único que cuenta, al menos para él.

Viajar a la India espiritual

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Ya es esa época del año otra vez. Es decir, el momento en que se acerca el verano boreal y muchas personas están pensando en visitar la India, ya sea en agosto o en otra fecha que les vaya mejor. El año pasado escribí un post general de consejos para viajar a la India en verano y hace dos años también hablé de la India turística y la espiritual. Este año mi intención es hablar sólo de la India espiritual, aunque es difícil separar este ámbito del resto, pues en la India lo sagrado y lo profano están mezclados de forma permanente.

También es cierto que el viajero occidental espera que la India le ofrezca misticismo y espiritualidad pero sin renunciar a las riquezas sensoriales que ofrece un país lleno de inigualables colores, sonidos, sabores y aromas. Muy pocos vamos a la India para meternos a una cueva en los Himalayas, sino que esperamos tener una epifanía mística visitando el Taj Mahal y, aunque eso pueda pasar, no es lo más usual. En cierta forma uno obtiene lo que busca y, si busca espiritualidad mezclada con turismo, eso es lo que obtendrá.

No tiene nada de malo; lo único que digo es que entonces nadie debería quejarse porque “la India no es tan espiritual como le habían dicho”. Obviamente, todavía hay personas que creen que en cualquier ciudad india las personas practican yoga mientras esperan el autobús, o que todo el mundo tiene paz interior. Pues tengo una noticia: no es así.

De hecho, encontrar paz en India es complicado, ya que hay mucho ruido y muchos estímulos sensoriales; muchos mosquitos según la época; muchos vendedores; y, en muchos casos, falta de comodidades materiales que nos harán añorar nuestro mullido sofá occidental.

Sobre esto, es pertinente el comentario que dejo un lector del blog: “Por lo general, a todos los que conozco que han estado en la India y también a mí, la primera impresión es de shock, por todo lo que ves y experimentas, y efectivamente, te dan ganas de volverte al día siguiente”.

La respuesta para afrontar este choque es paciencia, flexibilidad y relajación. Lamentablemente no son cualidades que se puedan comprar en una tienda antes del viaje, pero el intentar cultivarlas es ya parte de un proceso de crecimiento espiritual.

¿Paz interior?

Para entrar en contacto con “la India espiritual” el viajero puede alojarse en āśrams (áshrams), o sea retiros o monasterios, y también puede visitar lugares sagrados o de peregrinación (llamados tīrthas). Tanto de āśrams como de tīrthas, la India está llena.

De hecho, si uno marcara en un mapa de la India todos los sitios considerados sagrados quedaría poco espacio libre, pues la lista incluiría templos, montañas, ríos, bosques, tumbas de santos, árboles específicos, colinas, playas, ríos subterráneos, ciudades enteras, estanques, glaciares, ermitas…

Uno podría elegir seguir el curso de la sagrada Madre Gangá y visitar los auspiciosos puntos por donde el río pasea sus aguas. O quizás visitar los adorados 12 jyotirlingams, es decir “lingams de luz”, que se encuentran en una docena de templos de Shiva esparcidos a lo largo y ancho de la India. O, por qué no, recorrer “las cuatro moradas sacras” en los Himalayas, que son cuatro pequeñas aldeas montañesas a más de 3.000mt de altura, desde donde nacen importantes ríos sagrados. O, para hacerlo más simple, quedarse a vivir un mes en Kashi (Varanasi o Benarés), la ciudad mas antigua y sagrada del país, centro del universo para el hinduismo, salvoconducto para la salvación eterna.

Mapa simbólico de Kashi.

Según los intereses de cada viajero, la opción de alojarse en áshrams es buena porque convierte el viaje en algo parecido a un retiro espiritual, sobre todo si uno se adecua a los ritmos y las actividades del áshram que, dependiendo del caso, pueden incluir rituales, meditación, yoga, cantos devocionales o ayudar en las tareas cotidianas.

Muchos de estos retiros tienen un líder espiritual que, en caso de ser genuino, hace mucho más atractiva la estadía, pues tener contacto directo con personas evolucionadas espiritualmente es de gran ayuda para el propio progreso. Una vez más, cada persona debe elegir el ambiente y la compañía que más le convenga y se adapte a su personalidad. En ese sentido, la India tiene tantas opciones que nadie puede quedarse afuera. El único problema podría ser encontrar lo que nos conviene y lo que es verdadero en la ingente marea de oferta espiritual.

Para que tantas opciones no se conviertan en un problema puede ser conveniente hacer un viaje grupal, como los que organizan los amigos de Milindias, que ofrecen una muestra de la India turística aunque siempre desde el enfoque espiritual, incluyendo visitas a lugares sagrados y práctica de meditación o yoga. Este verano viajan al sur de la India (Tamil Nadu y Kerala), mi sitio favorito.

Templo tradicional del sur de la India.

Ya sé que este post puede ser escaso para los ávidos de información de la India, pero tengan en cuenta que es apenas una breve introducción para invitarlos a que sigan investigando, sin idealizar la India aunque siendo conscientes de que, efectivamente, tiene un gran tesoro espiritual que ofrecer. Sólo hay que saber buscar o, quién sabe, tener un poco de suerte.

Sobre viajar a la India, sus diferentes lugares, las expectativas cumplidas o no, las aventuras del viajero y, por supuesto, la búsqueda espiritual, hablo en mi libro Diario de viaje espiritual de un hijo de vecino. Si te interesa leerlo, puedes ver cómo comprarlo, en papel o digital, aquí.

Sobre todo lo anterior hablaré en detalle en la charla que daré en la escuela Mandiram Yoga de Barcelona el próximo Viernes 23 de Mayo, a las 18:30h. Es una charla gratuita y habrá ejemplares del libro a la venta; la idea es orientar a las personas que están pensando en viajar a la India y quieren hacerlo desde un enfoque espiritual. Por si quieren apuntarse o mirar los detalles prácticos, el evento en Facebook se ve clicando aquí. Abajo también pueden ver el cartel promocional (se amplía al clicar).

PresentaciónCharla_Mandiram2014

¡Nos vemos! Y traigan sus preguntas preparadas.

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