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Archivo del Autor: Naren Herrero

Las tres energías de Navarātri

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Navarātri es la festividad hindú más importante en honor a la Madre Divina, el aspecto femenino de la Divinidad, que da vida, alimenta y cuida a todos los seres. Los indígenas andinos la llaman Pachamama; los romanos le decían Natura; algunas personas le dicen Energía, otras prefieren hablar de la Diosa y otras simplemente dicen Madre Tierra. En el hinduismo se considera que todo el universo material (y también el no material) es una manifestación de esta energía dinámica femenina (Śakti – Shakti -), que también tiene diversos nombres según los aspectos que predominen.

En Navarātri, que dura nueve noches (nava = nueve; rātri = noche), se adoran las tres formas principales de la Madre, relacionadas con la trinidad esencial de creación-mantenimiento-transformación, unas fuerzas cíclicas que están presentes en todo proceso material.

En posts de otros años he explicado detalles de la Madre Divina y para la celebración de este año 2014 quiero publicar un fragmento de un discurso dado por mi guru, Swami Premananda, en que explica de forma muy simple estos tres aspectos de la Madre.

Dice Swami:

“Navaratri es la ocasión cuando la Madre Divina es adorada en la forma de sus tres energías que son muy esenciales en nuestra vida. ¿Por qué no somos capaces de ver a Dios, que está en todas partes? Dios está más allá de cualquier forma. Lo vemos todo el tiempo pero no lo reconocemos. Todos los universos están llenos con las energías del Señor Śiva (Shiva).

El espacio exterior está ocupado por las energías de la Madre Divina. De acuerdo con las necesidades de la humanidad, Ella aparece en diferentes formas y nos ayuda. Para proveer comida, Ella aparece como Annapūrṇā. Para proveer educación, Ella aparece como Sarasvatī (Sarásuati). Para proveer riqueza, Ella aparece como Lakṣmī (Lakshmi). Para remover el miedo, Ella aparece como Durgā. Para proveer conocimiento, Ella aparece como Bhavatāramī (un nombre de Kālī). Así la Madre Divina, Śakti, tiene distintas formas.

Antes que nada, para vivir sin miedo necesitamos energía. Por lo tanto, durante los primeros tres días, adoramos la energía en la forma de Durgā. Luego, para vivir de manera confortable, es muy importante el hecho de que necesitamos riqueza. Durante los siguientes tres días, adoramos la energía que nos provee con riqueza como Lakṣmī Devī. Sin embargo, la riqueza sola no es suficiente para que uno viva. Es importante aprender distintas habilidades. Adoramos a la energía que nos capacita para adquirir el aprendizaje de diferentes habilidades adorando a Sarasvatī durante los últimos tres días.

El último día, llamado Vijaya Daśamī (Vijaya Dáshami), es el día en que la Madre Divina le quitó la vida a Mahiṣāsura (el demonio con cuerpo de búfalo). En ese día La Madre Divina destruyó la ignorancia en el hombre y le confirió conocimiento.

Por lo tanto, bendigo a todos para que en estos diez días adoremos a la Madre Divina con todos nuestros corazones. Que recibamos la riqueza ofrecida por Ella. Que nuestra ignorancia sea removida, de manera que podamos ganar conocimiento beneficioso”.

Dejando las palabras de Swami arriba, yo agrego que la festividad de Navarātri ocurre dos veces al año, una en primavera (Vasanta Navarātri) y otra en otoño (Śarad Navarātri); siendo esta última la más conocida y celebrada. Las fechas de ambas festividades están basadas en el calendario lunar y, por tanto, son variables, pero siempre caen cerca de los equinoccios. A este respecto, quizás saben que coincidiendo con estos cambios de estación muchas personas aprovechan para hacer dietas de desintoxicación (no beber alcohol, no comer carne o fritos, tomar sólo zumo de manzana…), pues el cambio de temperaturas implica cambio de alimentación y es bueno preparar el cuerpo (amén de purificarlo de excesos veraniegos o invernales).

Una de las formas tradicionales de celebrar Navarātri es, por supuesto, adorar a la Madre Divina en sus diferentes aspectos a través de rituales, canto de mantras o meditaciones específicas, a la vez que muchas personas también realizan ayuno como parte de la adoración. El ayuno no necesariamente es total o de agua, sino que puede ser de frutas o leche o sólo una simple comida al día, por ejemplo. Es llamativo entonces que esta austeridad alimenticia, que a primera impresión puede parecer un gesto ascético innecesario, coincida con la moda actual de hacer ‘detox’ que siguen todo tipo de personas, muchas sin interés espiritual o yóguico.

Mi impresión, basada en la experiencia, es que la tradición antigua de la India no es azarosa ni caprichosa, sino que está basada en verdades universales que, en muchos casos, pueden considerarse eternas. Por eso, que la larga celebración de la Madre Universal sea acompañada de una dieta desintoxicante en la época de los cambios de estación no me parece casual; más bien creo que es un sabio hábito que los antiguos rishis (ṛṣis) vieron útil para el propio devoto y su salud.

Fechas 2014

Como detalle importante y final, pongo las fechas de Navarātri 2014:

  • Adoración a Durgā, primeros 3 días: 24, 25 y 26 de Septiembre.
  • Adoración a Lakṣmī: 27, 28 y 29 de Septiembre.
  • Adoración a Sarasvatī: 30 de Sept., 1 y 2 de Octubre.

Después de la novena noche, el décimo y último día (3 de Octubre 2014), ya nombrado por Swami, es quizás el más importante: Vijaya Daśamī. En este día la adoración vuelve a ser a la Madre en su aspecto de la diosa Durgā (en algunas partes de India en este día también se conmemora la victoria de Rāma sobre el demonio Rāvaṇa).

En todos los casos, es el triunfo del bien sobre el mal o, si hacemos algún tipo de ayuno o dieta especial, de la desintoxicación sobre las impurezas.

El mantra de la inmortalidad

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Con el título de este post me van a llover las visitas, pues es un hecho que los internautas tienen especial predilección por consultarle a Google fórmulas mágicas para vencer la muerte. No sólo los internautas, claro, sino la gran mayoría de la humanidad, en todos los lugares y épocas. Pero, si la naturaleza de este universo es el cambio permanente, la pregunta es: ¿puede existir algo como la inmortalidad?

Dejando esa interrogación en espera, lo seguro es que en la tradición espiritual de la India existe un mantra muy conocido que se llama mahāmṛtyuṃjaya (mahamrityumjaya), es decir “el conquistador de la gran muerte”, al que se le atribuye la cualidad de mantener a raya la defunción y, por consiguiente, se le considera un buen antídoto contra las enfermedades y el envejecimiento.

Como sé que a los internautas les gusta ir al grano y que si no escribo lo que buscan se saltarán los párrafos hasta encontrarlo, les daré lo que quieren. El mantra es el siguiente:

Om tryambakaṁ yajāmahe sugandhiṁ puṣṭivardhanam /
urvārukamiva bandhanān mṛtyormukṣīya māmṛtāt 
//

A continuación, una traducción lo más literal pero entendible posible:

Om, adoramos al de los tres ojos, de buen aroma y acrecentador de prosperidad /
así como el pepino (es separado de su tallo), libéranos de la atadura de la muerte, no de la inmortalidad //

A los lectores que se han quedado después de conocer el mantra, les cuento que estos versos tienen miles de años pues ya aparecen en el Rg Veda (Rig Veda), la composición védica más antigua, considerada sagrada y base religiosa del hinduismo (junto con los otros tres Vedas).

El mantra está dirigido al dios Rudra (“el Aullador”), el nombre primigenio del Señor Śiva (Shiva), que en este caso es invocado con el epíteto de “el de los tres ojos” (Tryambaka). Esto es porque, como indica el nombre, Śiva es representado muchas veces con tres ojos, siendo el tercero el de la visión espiritual y trascendente, ubicado en el espacio entre las cejas.

El Señor Śiva es, tradicionalmente, el encargado de la destrucción del universo, o dicho más suave, de la transformación de todos los elementos y seres. Por tanto, es muy adecuado que sea él quien tenga la potestad de otorgar inmortalidad, en caso de que exista tal cosa, claro.

Asimismo, Śiva es el Señor de los Yoguis, el asceta por excelencia, y se explica que cuando una persona dedica su vida a la austera disciplina yóguica de meditación, contemplación, prāṇāyāma, celibato, silencio, dieta frugal, etc., toda la energía interior que se genera redunda, entre otras cosas, en una fragancia muy agradable (sugandhi) que emana de su cuerpo. En cuanto a la definición de Śiva como “acrecentador de prosperidad”, se puede entender que él es el encargado de alimentar y dar bienestar a todos los seres.

La parte más curiosa del famoso mantra, al menos para mí, es el inicio del segundo verso cuando se compara la liberación de la muerte (mṛtyormukṣīya) con el momento en que el pepino se separa de la planta. Bueno, digo pepino por no decir melón, pues dependiendo de la fuente hay divergencias (he encontrado también sandía o calabaza). Por ejemplo, aquí dicen que se trata de un pepino, fruto de la planta llamada Cucumis utilissimus, que paradójicamente Wikipedia pone como sinónimo del melón (Cucumis melo).

En cualquier caso, la palabra sánscrita para describir el fruto es urvāruka, y sea la especie que sea, lo seguro es que se trata de una planta de tallo rastrero, de allí la idea de “fácil separación” que implica el mantra, ya que cuando el fruto está maduro se suelta solo y, a diferencia de un fruto de árbol, ni siquiera debe soportar la caída al suelo, haciéndolo todo más llevadero. Obviamente, para que el “fruto” esté maduro hace falta tiempo, dedicación y paciencia y orándole a Śiva uno espera que Él se haga cargo de parte de nuestro trabajo.

Finalmente, lo que se pide a Śiva es que nos libre de la muerte pero no de la inmortalidad. Obviamente, dirá alguien, lo opuesto a muerte es inmortalidad, pero el énfasis que, en este mantra, se pone en el último concepto es vital, pues todos sabemos (aunque no siempre lo queramos ver) que por más años que vivamos y por más agraciados que seamos con un cuerpo sano, este contenedor hecho de carne, huesos, piel, pelos y sangre inevitablemente perecerá y será polvo.

¿Por qué, entonces, los sabios védicos pedían el despropósito de la inmortalidad? ¿Es que no entendían la finita ley de la vida, que hace 5000 años era igual de irrefutable que ahora? ¿O es acaso que se referían a otro tipo de inmortalidad? La respuesta ya la intuyen muchos lectores, ¿verdad?

La filosofía hindú afirma que lo único inmortal es el Ser (con mayúscula), aquella porción de lo Divino que está en el interior de cada ser (con minúscula) y que nunca cambia, incluso aunque decaiga y perezca el cuerpo. Si el Ser (o alma) ya es inmortal, podría esgrimir alguien, ¿para qué pedirle inmortalidad a Śiva? Lo que se le pide es, en realidad, que con su gracia nos ayude a recordar y a conocer esa inmortalidad, ya que en la medida que no lo hacemos estamos viviendo una vida de aflicciones y altibajos, “muertos” a nuestra verdadera esencia que, nos dicen, es pura y permanente dicha espiritual.

Para los interesados en investigar, el Mahāmṛtyuṃjaya mantra, también llamado Tryambakam mantra, se encuentra en el Rg Veda (7.59.12) y también en el Yajur Veda (Śukla, 3.60), aunque en este último texto es más largo y ofrece una segunda versión ligeramente diferente: además de “acrecentador de prosperidad” (puṣṭivardhanam), Śiva es exhortado como “procurador de esposo” (pativedana).

A la hora de la pronunciación, y según las reglas fonéticas sánscritas, lo normal sería decir “tryambaka” tal como se lee, con la ‘y’ sonando como una ‘i’ breve (pues la palabra está compuesta por tri + ambaka y simplemente cambia a try + ambaka por cuestiones gramaticales).

Lo curioso es que también está muy extendida la pronunciación “trayambaka” (con la ‘y’ siempre sonando como ‘i’). No lo tengo 100% claro, pero sospecho que se trata de una variación derivada de la pronunciación inglesa, que es la más difundida y que al lexema try lo pronuncia “trai” (algo similar ocurre con el apellido del gran maestro Iyengar, que en lenguas indias se pronunciaría “iiengar”, pero que por influencia anglosajona – donde la ‘i’ es ‘ai’ – gran parte del mundo dice “aiiengar”).

La pronunciación es un tema importante, a la vez que en el hinduismo hay tantas corrientes que nunca se puede decir que algo sea correcto y otra cosa incorrecta. En la mayoría de los casos se trata de dos verdades que no se invalidan. En el caso del Mahāmṛtyuṃjaya mantra lo mejor es seguir la pronunciación que enseña nuestro guru o, en caso de no tener guru, escuchar algunas versiones fiables que, al menos, preparen el oído. Para eso comparto unas pocas:

Estilo tradicional cantado por brahmanes, con una pronunciación “cerrada”:

Estilo más moderno pero sobrio, con la pronunciación alternativa de “trayambakam”:

Estilo moderno, más festivo, con pronunciación “tryambakam” y un agregado de sílabas sagradas entre cada vuelta del mantra:

Finalmente, si tienes Spotify puedes escuchar la versión de Uma Mohan que es estilo clásico para recitar: Mrityunjay Mahamantra

En cualquiera de los casos y uses el estilo que uses, me parece pertinente citar como cierre las clásicas palabras de Sri Dharma Mittra (cuyo linaje usa la pronunciación “trayambakam”) después de enseñar el Mahāmṛtyuṃjaya mantra a sus estudiantes: “¡Ahora tenéis un arma en vuestras manos!”.

Los seis enemigos de la evolución espiritual

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El practicante espiritual debe enfrentarse a muchos retos en el apasionante viaje hacia el auto-conocimiento y uno de esos grandes desafíos es la lucha cotidiana con los llamados ariṣaḍvarga (arishadvarga), el “grupo de los seis enemigos”. Se dice que estos duros oponentes para la evolución espiritual se encuentran escondidos en nuestra propia mente, aunque también es cierto que salen a la luz con bastante frecuencia, a veces de forma muy patente y otras de manera más sutil.

Sin más vueltas, enumero estos seis enemigos de la mente:

  • Deseo o lujuria (kāma)
  • Ira (krodha)
  • Codicia (lobha)
  • Confusión o error (moha)
  • Soberbia (mada)
  • Envidia (mātsarya)

Es verdad que a primera vista uno podría encontrar similitudes con los famosos siete pecados capitales del cristianismo, aunque en realidad hay diferencias filosóficas importantes. Por ejemplo, en el cristianismo la soberbia es el principal pecado del que derivan los demás, mientras que en esta visión hindú la fuente de todo pecado es kāma, el deseo, que según el contexto también se puede traducir como lujuria.

El hinduismo sostiene que la naturaleza del deseo es inagotable y por más que uno satisfaga uno de sus tantos deseos siempre habrá nuevos deseos surgiendo (el desasosiego de muchas personas ricas o famosas es un claro ejemplo). Se dice que el deseo es como el fuego y que su satisfacción es como madera o mantequilla clarificada (ghī) que se echa a las llamas y no hace más que alimentar esa hoguera de deseos. La solución, entonces, es reducir los deseos a través del control de los sentidos y de la mente.

En la Bhagavad Gītā (3.37) el Señor Kṛṣṇa explica que del deseo no satisfecho – lo cual, como sabemos, es algo muy frecuente – surge la ira (krodha). Es decir, cuando no sucede lo que esperamos o sucede de forma diferente, generalmente nos enfadamos, nos molestamos y hasta nos encolerizamos.

Cuando uno está iracundo surge, entonces, la confusión mental (moha), es decir la falta de discernimiento que nos impide ver qué está mal o bien y nos lleva a actuar irracionalmente impulsados por las emociones del momento. Este error o engaño en que cae la mente se debe a que la ira nos obnubila, y puede ser tan fuerte que uno llega a olvidar sus valores morales, sus principios o sus modales para hacer o decir cosas de las que luego, en muchos casos, se arrepentirá.

La soberbia, orgullo o arrogancia (mada) es un resultado natural del error mental que nos infunde la creencia de que uno es superior o mejor que los demás. Si, como explica el hinduismo, nuestro verdadero ser es idéntico en potencial divino a los demás seres, ¿cómo puedo yo, en esencia, ser mejor o peor? Para avanzar espiritualmente la humildad es fundamental y, por ello, este enemigo también hay que vencerlo.

Por su parte, la codicia (lobha) o también avaricia, que puede incluir el pecado de gula, es un deseo exacerbado de riquezas o bienes materiales que, como dice Swami Sivananda, “nos vuelve ciegos a los intereses y los sentimientos de los demás”. Es la naturaleza del deseo en estado puro, que además nos quita cualquier atisbo de compasión por los demás.

En este punto, la envidia (mātsarya) tiene un efecto similar, ya que nuestros deseos insatisfechos e inacabables provocan sentimientos negativos hacia los demás y nos nublan el entendimiento de que cada uno tiene lo que le corresponde y de que el bienestar ajeno no es sinónimo de mi desdicha.

Si hay algún lector que ya ha vencido totalmente a alguno de estos seis enemigos, lo felicito. Si, en cambio, todavía está en la lucha lo mejor parece ser enfocarse en kāma, el deseo, que es el origen de los demás. Si esto les parece poco, entonces podemos seguir el consejo del Señor Kṛṣṇa que destaca tres enemigos como “las tres puertas del infierno”: lujuria, ira y codicia (Bhagavad Gītā 16.21). En todos los casos es una batalla dura. Y si no, que lo diga Viśvāmitra (Vishuamitra).

Viśvāmitra era un rey que un día llegó, junto a su ingente ejército, a la ermita del gran sabio Vasiṣṭha (Vasishtha). El sabio le recibió con hospitalidad y palabras auspiciosas y quiso ofrecerle un banquete real acorde con el estatus del monarca. El rey al principio se negó pues en la ermita no había más que frutas y raíces, pero Vasiṣṭha insistió y llamó a Kāmadhenu, “la vaca de la abundancia”, que era de su propiedad, ordenándole que creara un banquete para satisfacer el paladar de Viśvāmitra y de todos los miembros de su ejército. La vaca lo hizo sin esfuerzo.

Al ver esto, en Viśvāmitra se despertó el fuerte deseo de poseer la vaca, que le sería muy útil en los asuntos del reino, y le exigió al sabio que se la diera. Vasiṣṭha se negó y entonces Viśvāmitra ordenó a sus soldados que capturaran la vaca por la fuerza. Ante su indefensión, el sabio mandó a la vaca a que creara un poder para contraatacar y entonces, con su mugido, Kāmadhenu creó miles de guerreros que destruyeron los poderosos ejércitos reales. Encolerizado, el rey en persona comenzó una pelea directa con el sabio, utilizando todas sus fuerzas, sus armas y su conocimiento del arte de la guerra, pero Vasiṣṭha fue capaz de derrotarlo con la simple ayuda de su bastón de renunciante.

En ese momento, Viśvāmitra se dio cuenta de que el poder que daba la ascesis era mayor que cualquier otro y decidió retirarse a las montañas para convertirse él también en un brahmaṛṣi (brahmarishi), un sabio establecido en Brahman, el Absoluto, y así poder vengarse de Vasiṣṭha. O sea, incluso en el momento de decidirse por abandonarlo todo para conocer la Verdad última el rey lo hace con la idea de venganza. Así de fuerte es la obnubilación que produce la ira.

Abandonando sus riquezas, su reino y su familia, el hasta entonces rey Viśvāmitra se recluye en un alto pico de los Himalayas para realizar prácticas acéticas (tapas) y ganar poderes yóguicos. Tan intensas fueron las austeridades de Viśvāmitra que Indra, el señor del Cielo, comenzó a preocuparse por perder su puesto ante tanto poder interior y, como estrategia, envía una apsara, una hermosa ninfa celestial, de nombre Menakā, para tentarlo. Vencido por el deseo sensual (kāma), Viśvāmitra olvida su vida de austeridad y vive felizmente con la ninfa por diez años, perdiendo así parte de sus méritos ascéticos.

Viśvāmitra con Menakā.

Cuando Viśvāmitra se da cuenta de que ha sido vencido por la lujuria emprende un nuevo ciclo de austeridades, esta vez más duro, que dura por mil años y que consiste en ayunar completamente y estar con los brazos en alto. El fuego interno que genera es tan ardiente que todos los devas temen por su estatus y deciden enviar a otra ninfa seductora, de nombre Rambhā. Pero Viśvāmitra ya ha vencido el primer enemigo y rechaza a Rambhā, aunque se encoleriza tanto por este intento de distracción que le lanza una maldición y la convierte en piedra. Apenas hecho esto, Viśvāmitra se da cuenta de que había vencido a la lujuria pero se había dejado vencer por la ira (krodha). Una vez más, los méritos adquiridos se perdían.

Entonces, ahora sí, Viśvāmitra decide ponerse en serio practicando tapas y se va a un pico bien alto y solitario donde toma también el voto de silencio. Y así pasa mil años, ayunando y callado, hasta que llega el día en que le toca romper el ayuno. Entonces llegó Indra, disfrazado de brahmán, y le pidió su comida como típico acto de hospitalidad. Viśvāmitra no tuvo problemas en ceder su alimento y seguir en ayunas, lo cual demostró que había dominado la codicia y la avaricia (lobha).

En este punto, el dios creador Brahmā hizo su aparición para decirle a Viśvāmitra que era un mahāṛṣi (maharishi), un “gran sabio”, y que para ser un brahmaṛṣi, el máximo nivel de sabiduría, debía pedir la bendición de, ni más ni menos, Vasiṣṭha en persona. Viśvāmitra se sintió frustrado ante esta propuesta y, aún cegado por la ilusión (moha), decidió matar al sabio Vasiṣṭha para así, quizás, convertirse en un brahmaṛṣi. Para eso se dirigió a la ermita del santo con una gran piedra sobre los hombros y se colocó en la entrada a esperar que éste pasara de camino a sus rituales matutinos.

Entonces, Viśvāmitra escuchó al sabio Vasiṣṭha que se acercaba mientras hablaba con su mujer y decía: “Viśvāmitra es un hombre tan grandioso que está a punto de lograr el máximo logro de brahmaṛṣi pero aún tiene vestigios de soberbia y envidia”. A lo que la mujer replica: “Pero si él lo merece, ¿entonces no me digas que no vas a bendecirle con ese estatus elevado?”. Y Vasiṣṭha dice: “Claro que le daré mis bendiciones. Siempre y cuando él venga a verme”.

Escuchando estas palabras, Viśvāmitra se sintió avergonzado por su soberbia (mada), odio y envidia (mātsarya) hacia un santo así de compasivo y humilde y dejando la roca a un lado se lanzó a los pies de Vasiṣṭha, que le dijo: “Ahora te has convertido en un brahmaṛṣi, ya que al vencer a los seis enemigos has demostrado al mundo que el espíritu humano es invencible”.

De hecho, Viśvāmitra es conocido por ser uno de los más venerados sabios de la cultura védica, encargado de componer una parte del Rg Veda (Rig Veda), incluyendo el famoso Gāyatrī mantra.

Perdonen la simplificación, pero esta historia y la lucha contra los seis enemigos me hacen acordar, y con esto acabo, a un viejo chiste popular, que dice así o similar:

El hombre más anciano de la provincia, con 108 años, se encuentra en una radio local para una entrevista.

El periodista le pregunta lo obvio: – “¿Cuál es su secreto para vivir tantos años?”.

El anciano responde: – “Nunca llevarle la contraria a nadie”.

El periodista, que quizás esperaba una compleja fórmula dietética o una revelación mística, replica algo ofuscado: – “¡Hombre, no me dirá que sólo con eso ha llegado Usted a esta edad!”.

Y el anciano responde, calmo: – “Pues tiene Usted razón, no debe ser por eso”.

Libro ‘El hinduismo’ de Swami Satyānanda Saraswatī

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Una vez yo necesitaba saber un dato muy específico sobre hinduismo y al consultarle al escritor Álvaro Enterría, de por sí una autoridad en el tema, éste me redirigió a Swami Satyānanda Saraswatī, a quien conoce desde hace más de treinta años, diciendo: “Si él no lo sabe, entonces en España no lo sabe nadie”. Con esta anécdota uno ya puede darse una idea del nivel de erudición que tiene Swami Satyānanda y, por tanto, el tener al alcance una porción de ese conocimiento (ya sea de forma oral o escrita) es una suerte para cualquier interesado en la India y su tradición espiritual.

Lo mejor de todo es que lo que tiene para ofrecer Swami Satyānanda no es únicamente conocimiento intelectual, sino que también tiene experiencia vivencial dentro de la tradición hindú, al punto de ser un maestro espiritual por derecho propio, después de haber seguido el camino indicado para cualquier aspirante al auto-conocimiento.

Swami Satyānanda nació en Barcelona en 1955 y ya de muy joven se interesó por el yoga y la espiritualidad de la India, al punto de marchar hacia ese país movido por la “llamada interior”. Allí conoce en 1976 al renombrado Swami Muktananda, quien se convertiría en su guru, y en 1980 recibe la iniciación como saṃnyāsin (sannyasin), es decir renunciante, en la tradicional orden monástica de Ādi Śankara (Adi Shánkara). Así, Satyānanda ofrece servicio para su guru hasta el mahāsamādhi (abandono del cuerpo) de éste y luego viaja por la India, visitando lugares sagrados y grandes santos, siempre profundizando en su búsqueda, hasta establecerse a los pies de la montaña sagrada Aruṇācala (Arunáchala), en la ciudad de Tiruvannamalai, al sur del país.

En ese auspicioso lugar, el Swami reside más de veinte años en práctica de contemplación, meditación y estudio. Más tarde estudia sánscrito en Benarés y las enseñanzas de las Upaniṣads en Thapovanam, bajo la guía de Swami Nityananda Giri. Finalmente, Satyānanda regresa a su Cataluña natal y se instala allí para cumplir con el dharma de todo estudiante consumado: compartir con otros lo que ha aprendido y experimentado, “expandiendo la transmisión de su linaje”.

Experto en las filosofías del Advaita Vedanta, el Shivaísmo de Cachemira y el Yoga, Satyānanda ahora imparte seminarios y retiros (también en México o Argentina), a la vez que es fundador del grupo de estudio y contemplación espiritual Advaita Vidya.

Swami Satyānanda

Tengo la buena fortuna de conocer personalmente a Swami Satyānanda y de haber asistido a alguna de sus charlas, por eso sé de primera mano que es un maestro genuino y que está completamente comprometido con los valores espirituales del hinduismo, que son los mismos de todas las religiones verdaderas. Por eso estoy muy contento de que se publique en español este libro suyo titulado El hinduismo (ya había sido publicado en catalán en 2012), para que más personas puedan beneficiarse de su clarividencia.

Lo simple del título es un indicio de lo clara y concisa que es la obra (168 págs.), en un grandioso – y exitoso – esfuerzo de resumen de parte de Satyānanda para que el lector tenga un panorama bueno y preciso de la “tradición espiritual viva más antigua del mundo”. Para empezar, por ejemplo, el autor ofrece una definición transparente y breve de lo que es el hinduismo, una gran gesta si se compara con los ríos de tinta que gastan los académicos para explicar lo mismo, muchas veces sin éxito.

Siguiendo con los contenidos, el autor trata el interesante tema de “¿Qué es ser hindú?”; una pregunta con respuestas debatidas y especialmente atractivo para personas no-indias que se consideran hindúes o que quizás siguen el estilo de vida hindú sin saberlo. Asimismo, la obra tiene un apartado titulado Hinduismo y mundo moderno que es muy pertinente y actual y sirve para entender cómo encaja esta tradición milenaria en el mundo de hoy que, al parecer, prioriza otros valores. Como se ve en estos ejemplos, y eso es de agradecer, el Swami no le escapa a temas polémicos y ofrece su opinión, que siempre está basada en la tradición pero matizada por su contexto y experiencia.

Por otro lado, al final del libro hay una completa cronología de la historia del hinduismo, seguida de un explicativo apartado de Celebraciones hindúes y de un útil glosario de palabras sánscritas.

Obviamente, además de todo esto el texto trata la esencia del hinduismo, sus Escrituras, sus sistemas filosóficos principales, sus caminos espirituales, sus formas de adoración, sus conceptos fundamentales, su orden social y religioso y su concepción de la vida y del universo.

Portada del libro ‘El hinduismo’.

Para mí, las claves de que el libro sea riguroso, a la vez que muy vivo, ameno y lleno de sentimiento espiritual son dos:

  1. La experiencia propia y directa de Swami Satyānanda viviendo y estudiando en la India, sumada a su entendimiento de la visión occidental por ser de origen español. Es decir, erudición, conocimiento y sabiduría no desde el frío acercamiento académico sino desde el corazón de la tradición guru-discípulo, basados en la vivencia personal y espiritual de ser él mismo un renunciante.
  2. El estilo literario de Satyānanda (reflejo de su método pedagógico), que recurre con mucha gracia a historias, poemas y pasajes de las Escrituras para ejemplificar los conceptos y las enseñanzas tratadas. Además, y no es un dato menor, la mayoría de estas citas son traducciones originales del propio Swami.

Para darse una idea general y comprobar lo que digo se puede echar un vistazo al índice del libro y leer las primeras páginas aquí.

La obra la edita Fragmenta Editorial y está disponible en librerías desde hoy 3 de Septiembre de 2014. Para quienes estén en Madrid, Swami Satyānanda estará presentando el libro el 9 de Septiembre a las 19h. Los detalles aquí. También lo presentará en México DF en Octubre de 2014 aunque fecha y lugar aún no están confirmados. Para estar actualizados con el tema revisar aquí.

Swami Satyānanda firmando un ejemplar de su libro.

Leer un libro de Swami Satyānanda es siempre fuente segura de conocimiento para el lector, además de ser una gran herramienta de consulta para interesados en el hinduismo y su filosofía.

Recomiendo mucho este libro y, a quienes puedan, recomiendo también escuchar personalmente al Swami en alguna de sus charlas o seminarios, ya que su experiencia en el camino espiritual es una inspiración para cualquier buscador.

Vināyaka caturthī 2014 y las piernas cruzadas de Gaṇeśa

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Hace unos días fueron las Fiestas del barrio de Gràcia en Barcelona, famosas por sus calles artísticamente decoradas en base a diferentes temáticas y con hincapié en la reutilización de materiales. De todas las fiestas barriales de Barcelona estas son las más famosas y también, claro, las más populosas. Como no podía ser de otra manera, con la familia hicimos un recorrido por algunas de las calles y en una de ellas nos encontramos con una sorpresa: una gran imagen del Señor Gaṇeśa (Ganesha).

Resulta que los vecinos de la Travessia de Sant Antoni habían decorado su calle con un tema indio (“TravessÍndia”) y como atracción habían creado una imagen de la deidad más popular del hinduismo. A decir verdad, la presentación que se hacía del concepto “India” era un poco reduccionista, pues se basaba en numerosos carteles de películas de Bollywood, diseños de arquitectura mogola (típicos del norte de la India, estilo Taj Mahal y muy de postal) y la estatua de Gaṇeśa.

A pesar de recurrir fuertemente a estos estereotipos de la India, tengo que decir que la calle estaba bien decorada y era atractiva, especialmente las vistosas lámparas, algunas hechas con botellas de plástico reutilizadas y otras con telas. De hecho, luego supe, el jurado le otorgó el tercer premio de honor del concurso de adornos a la Travessia de Sant Antoni y también el premio especial a la iluminación ¡Felicitaciones!

Entrada de ‘TravessÍndia’ (todas las imágenes se agrandan un poquito al clicarlas).

Una muestra de la iluminación artística.

Concentrándonos en Gaṇeśa, que es lo hoy más nos interesa, la estatua hecha de papel maché era bonita y llamativa aunque tenía un par de detalles que llamaron mi atención por no ser canónicos desde el punto de vista iconográfico. Para empezar, la imagen tenía dos colmillos cuando es por todos sabido que Gaṇeśa tiene uno de sus colmillos rotos como un acto de auto-sacrificio por la humanidad, específicamente para escribir el largo poema épico del Mahābhārata (de ahí su epíteto Ekadanta, “el de un solo colmillo”).

Por otro lado, lo que lleva Gaṇeśa en su cabeza suele ser una especie de corona y no un turbante, como parece ser el ornamento de este caso. Hablando de ornamentos, en su mano izquierda superior la imagen lleva una flor de loto (padma) y un lazo (pāśa – pasha -), dos atributos tradicionales pero que no deberían ir en la misma mano pues generalmente tiene un elemento por mano. Esto lo digo admitiendo que en casa tenemos un hermoso cuadro de Gaṇeśa con la misma característica.

Finalmente, lo que más me llamó la atención es que la imagen de Gaṇeśa tiene las piernas cruzadas en padmāsana (padmásana), la “postura de la flor de loto” tradicional de los yoguis y de la meditación. A primera vista, sobre todo en ese contexto de clichés, puede parecer normal que la deidad esté con las piernas cruzadas, sin embargo esa pose es bastante rara en la iconografía de Gaṇeśa.

La imagen de Gaṇeśa en cuestión.

Una de las fuentes principales sobre las formas tradicionales de Gaṇeśa es el Mudgala Purāṇa, en donde se describen treintaidós formas del dios con cabeza de elefante. De esas treintaidós formas, sólo dos muestran a Gaṇeśa en alguna variante con piernas cruzadas. De esas dos formas, una está estrictamente en padmāsana y se conoce como Ekākśara Gaṇapati (Ekákshara Ganápati), es decir el Gaṇeśa (Gaṇapati es otro nombre popular de Gaṇeśa) de “una sola sílaba”, refiriéndose a su mantra raíz, gam.

Ekākśara Gaṇapati en estilo artístico tailandés, obra de Mr. Choosak Vissanukamron.

La otra forma de Gaṇeśa con postura “yóguica” es justamente Yoga Gaṇapati, aunque en este caso sus piernas no están cruzadas sino sujetas por una faja yóguica, una ayuda para sostener las extremidades durante largos periodos de meditación.

Iconográficamente, Gaṇeśa suele ser representando de forma más extendida con un sola pierna doblada (generalmente la izquierda) y la otra colgando hacia el suelo. También hay que decir que las 32 formas principales de Gaṇeśa no son las únicas posibles (incluso éstas pueden diferir entre sí según la fuente consultada) y, por tanto, hay otras variantes según el templo o la Escritura revisada.

De hecho, la mayoría de imágenes que encontramos en una búsqueda en Google no encajan idealmente con ninguna de las formas tradicionales del canon artístico-religioso. A su vez, algunas de estas representaciones son más recientes que otras y la rigurosidad de su ejecución depende también de la imaginación (o la inspiración) del artista.

En su libro Amoroso Ganesha, el maestro Satguru Sivaya Subramuniyaswami publica un resumen de las posturas existentes, ya sea sentado o de pie, de Gaṇeśa y allí se explica que la pose de piernas cruzadas es rara:

Por qué Gaṇeśa no es representado con frecuencia en padmāsana tiene varias hipótesis, pero en realidad su caso no es excepcional ya que la mayoría de deidades del panteón hindú también se representan de pie o en posturas sentadas pero sin piernas cruzadas. La pose de padmāsana o similares es exclusiva de yoguis (en el sentido más específico de haṭha/rāja yoguis) y, por tanto, las deidades cuya función está más relacionada con el plano material o con aspectos menos místicos raramente se sientan con piernas cruzadas.

Hilando más fino, y jugando con la condición de Gaṇeśa como una deidad un poco grotesca por su extraña imagen, la autora Shakunthala Jagannathan dice que “su barriga prominente le impide sentarse en padmāsana” y, por comodidad, adopta la postura de colgar una pierna. La ocurrencia puede ser simpática, pero como devoto suyo que soy, dejo claro que el Señor de los obstáculos no es un acomodado ni le falta elasticidad, simplemente cumple con su rol de tener un pie en el mundo material y otro en el plano espiritual.

Gaṇeśa con postura tradicional de piernas y también con lazo y loto en una misma mano.

No sé de dónde sacaron exactamente los vecinos de Travessia de Sant Antoni la inspiración para hacer su imagen de Gaṇeśa, que no parece estar de acuerdo al canon tradicional pero, como ya vemos, tampoco hay una versión unívoca de cómo debe ser representado. Al fin y al cabo lo importante, como hablaba la semana pasada, es la devoción.

Justamente hablando de devoción, todo este post está destinado a informar que esta semana, el viernes 29 de Agosto, se celebra Gaṇeśa caturthī (Ganesha Chaturthī) o Vināyaka caturthī, el cumpleaños del Señor Gaṇeśa. Se trata de una festividad hindú que dura diez días, en los que se adora especialmente a imágenes hechas para la ocasión – oh casualidad – de papel maché y la tradición es que al final de los festejos dicha imagen se sumerja en las aguas de un río, mar, etc. Ese último día se llama Ananta caturdaśī (Ananta Chaturdashi) y este año 2014 cae el 8 de Septiembre, luna llena.

Si quieres hacerle un ritual simple o no tan simple a Gaṇeśa puedes leer este post con ideas. Por otro lado, ¿qué habrán hecho los vecinos de Travessia de Sant Antoni con la estatua? ¿La estarán guardando para lanzarla al mar en unos días y así hundir todos los obstáculos en el fondo del mar barcelonés? Si es así, espero que hayan usado materiales biodegradables…

Nosotros en el Centro Sri Premananda de Barcelona haremos nuestra celebración que, sin esperarlo, comenzamos cuando tuvimos el darshan de la estatua en las Fiestas de Gràcia.

Gáyatri y su padre teniendo el ‘darshan’ de Gaṇeśa.

Para acabar todavía más alegres, tal como enseña Gaṇeśa con su ejemplo, comparto este vídeo con una divertida y devocional canción de Sean Johnson & The Wild Lotus Band, una banda de kirtan occidental que me gusta mucho. Acaban de sacar nuevo disco titulado Unity (se puede escuchar completo aquí) y esta canción se llama Ganesha’s Belly Dance (“La danza del vientre de Ganesha”).

Ideal para niños, bailarines y, por supuesto, amantes de los elefantes:

¡Jaya Gaṇeśa pāhi mām

Śrī Gaṇeśa rakṣa mām!

Ritual simple para adorar a tu deidad favorita

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Con frecuencia recibo mensajes o comentarios de lectores preguntando por la forma correcta de adorar a diferentes deidades, de hacerles un altar o de cantarles mantras. Estas consultas me impulsan a escribir sobre estos temas, aunque debo aclarar que yo no soy una autoridad en liturgia, no soy sacerdote hindú ni he estudiado los textos canónicos de adoración, sino que lo que sé acerca de la forma de hacer rituales (pūjās) lo he aprendido de mi maestro, Sri Swami Premananda.

Por tanto, lo que explico aquí se basa, sobre todo, en mi experiencia y también en diferentes fuentes fiables, por lo que puedo asegurar que el contenido es riguroso y cierto, aunque también es un hecho que existen otros métodos igual de válidos.

El año pasado escribí un post sobre cómo adorar a Ganesha “de forma simple”, aunque quizás no era tan simple pues se trataba de un ritual relacionado con el tipo de adoración llamado ṣoḍaśopacāra pūjā (shodashopachara puja), es decir de “dieciséis ofrendas” y en el que se bañaba a la imagen de la deidad. Para muchas personas ese ritual ya puede parecer complejo y, por consiguiente, desalentarlos en la práctica de la adoración ritual. Para que eso no suceda, ahora quiero hablar del ritual tradicional conocido como pañcopacāra pūjā (panchopachara puja), es decir de las “cinco ofrendas”, el cual es mucho más simple.

Estos cinco elementos son:

  • Incienso (dhūpa).
  • Pasta de sándalo (candana – chándana – o gandha).
  • Flores (puṣpa – pushpa -).
  • Comida (naivedyam).
  • Fuego y luz (ārati – árati-).

Cada una de estas ofrendas simboliza los cinco elementos materiales: el incienso representa el aire; la pasta de sándalo (que a veces puede ser acompañada por polvo de kuṅkuma, hecho a base de bermellón) representa la tierra; las flores el éter o espacio; la comida el agua; y la luz el fuego.

Sobre esto último, se trata de mostrar a la deidad luz y fuego con lámparas encendidas “que se mueven en círculos delante de la imagen”. Dichas lámparas pueden tener una o más llamas y pueden ser alimentadas con alcanfor o, sobre todo en Occidente y para generar menos humo, con velitas hechas con mantequilla clarificada (ghī ghṛta – ghrita -) y algodón (prometo publicar en algún momento la técnica para hacerlas en casa). En otros casos, se pueden usar lámparas de aceite con una mecha de algodón o incluso una vela común y corriente.

En cuanto a la comida, puede tratarse simplemente de frutas o un plato más elaborado como arroz con leche, aunque siempre hecho por uno mismo pensando en la deidad y no un artículo comprado o industrial. Esos alimentos, una vez ofrecidos a la deidad, se convierten en prasāda, o sea “benditos”, y son especialmente apreciados por cualquier devoto.

De las cinco ofrendas la única que podría ser difícil de conseguir en Occidente es el polvo de pasta de sándalo (la opción de polvo de kuṅkuma también tiene esa dificultad). El rol que cumple el sándalo está relacionado con el olfato, ya que en las pūjās se utilizan artículos para los cinco sentidos, directamente relacionados con los cinco elementos. Por tanto, el sándalo tiene como cualidad una deliciosa fragancia (gandha) y entonces si no se consigue sándalo quizás, y esto lo estoy diciendo yo y no las Escrituras, sirva otro elemento con aroma o perfume (que no sea incienso, que ya lo estamos usando aparte). Por ejemplo, y dependiendo del material del que esté hecha la imagen de la deidad, un aceite esencial de sándalo o similar podría ser un sustituto aceptable.

Si por ausencia de sándalo o cualquier otro motivo esta pūjā sigue pareciendo difícil, siempre es mejor simplificarla o adaptar una versión a la conveniencia personal que dejar de hacer el ritual (o nunca comenzarlo). La pereza no debe ser razón para detenernos, claro, pero tampoco hay que ponerse objetivos que no vayamos a cumplir. Cuando se trata de adorar a lo Divino, nadie mejor que Śrī Kṛṣṇa para decirnos en la Bhagavad Gītā (9.26) lo único esencial:

patraṁ puṣpaṁ phalaṁ toyaṁ yo me bhaktyā prayacchati /
tad ahaṁ bhakty-upahṛtam aśnāmi prayatātmanaḥ //

Una traducción bastante literal sería:

Quienquiera me ofrece una hoja, una flor, una fruta o agua con devoción /
eso, la ofrenda hecha con devoción y pureza, yo acepto //

Por tanto, si hay devoción y buen corazón no hay excusas para demorar la pūjā. Si la devoción no es tanta, entonces hacer la pūjā ayuda a fomentarla. En cualquier caso, uno debe hacer lo mejor que pueda.

Esta semana pasada (17 de agosto 2014), en el Centro Sri Premananda de Barcelona celebramos Kṛṣṇa janmāṣṭamī, el aniversario del nacimiento de Kṛṣṇa, y como la estatua que teníamos era de madera y no se podía bañar, cambiamos el abhiṣeka (abhisheka) de cada mes por una pūjā de “cinco ofrendas”. Como había devoción, fue un éxito.

Si bien en este caso nosotros adoramos a Kṛṣṇa, la pañcopacāra pūjā es un procedimiento tradicional que puede ser realizado a cualquier deidad que uno prefiera. En el hinduismo hay muchas deidades (diferentes aspectos de una única realidad Suprema) y por eso existe el concepto de iṣṭa devatā (ishta devatá), es decir “deidad escogida”, que viene a ser el aspecto de la Divinidad que más nos atrae personalmente y que nos genera especial afecto.

A esa forma de Dios que uno elige (muchas veces sin saber por qué), es a la que un buscador espiritual interesado en los rituales debería, entonces, dirigir su adoración y su devoción con regularidad.

El nacimiento de Kṛṣṇa y la verdadera identidad

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La semana pasada, Argentina (y no sólo) se vio conmocionada por la aparición de uno más (el 114) de los cientos de “nietos” que, apenas nacidos, fueron arrebatados de los brazos de sus madres secuestradas – y luego asesinadas – durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Con sus madres y padres “desaparecidos”, fueron sus abuelas las que decidieron dedicar la vida a encontrar a esos nietos, ahora criados en otras familias e ignorantes de su identidad original. Así nacieron las famosas Abuelas de Plaza de Mayo, un símbolo de valentía y de resistencia cuyos estandartes actuales son la justicia, la verdad y la identidad.

La noticia fue especialmente sonada porque la persona aparecida es el nieto de la presidenta de la asociación de Abuelas y, además, porque él mismo voluntariamente solicitó hacerse una prueba de ADN, ya que las piezas de su pasado no le cuadraban del todo. Según él mismo cuenta, descubrir su identidad biológica es “maravilloso”, a la vez que no reniega de su familia adoptiva.

El chico es músico y sus padres biológicos también tenían inclinación musical mientras que la familia adoptiva no. Saber la verdad le ayuda a entender detalles de su personalidad como ese, por ejemplo. Por otro lado, ahora tiene dos nombres, dos fechas de cumpleaños y todos los medios de comunicación encima por unos días. El muchacho es de mi edad por lo que he intentado ponerme en su lugar y me parecería una situación compleja de gestionar. Al parecer él lo lleva bien.

Pongo este tema en el tapete porque esta semana, el domingo 17 de Agosto de 2014, se celebra Kṛṣṇa janmāṣṭamī (Krishna Janmáshtami), es decir el cumpleaños del Señor Kṛṣṇa y, según explica la tradición hindú, el nacimiento de Kṛṣṇa, que ocurrió hace más de 5000 años, tuvo lugar con su madre estando en forzoso cautiverio bajo el reinado dictatorial de un demonio que quería quitarle el niño y matarlo.

No pretendo hacer una analogía ni una comparación forzada entre el nacimiento del Señor Kṛṣṇa y la historia del último nieto aparecido, sino que aprovecho la coyuntura para relatar la conmovedora historia de cómo Kṛṣṇa encarnó en este mundo y reflexionar sobre la identidad real y sus implicaciones.

El nieto encontrado junto a su abuela.

El reino de Mathura estaba gobernado por el rey Ugrasena que tenía un hijo llamado Kaṁsa, que en realidad era un ser vil, un asura (un demonio), al que sólo le importaba su bienestar personal. Simbólicamente se dice que, de todas las malas cualidades, Kaṁsa representa la envidia. Kaṁsa tenía una prima-hermana llamada Devakī, que tenía buen linaje y era muy pía, a la que quería mucho, ya que él no tenía hermanas. Devakī fue entregada en matrimonio a Vasudeva, que también era un hombre espiritual y de gran familia. En el día de la suntuosa boda Kaṁsa estaba contento por su prima y hasta tuvo el cariñoso gesto de conducir el carruaje en que iban los novios.

En ese momento, se escuchó una voz que desde el cielo se dirigía a Kaṁsa: “¡Oh necio!, el octavo hijo de la mujer que estás llevando te matará”.

Apenas escuchadas estas palabras, Kaṁsa saltó del carruaje, agarró a Devakī por los cabellos y desenvainando su espada se aprestó a matarla allí mismo. Ya no le importó el parentesco, ni el amor filial, ni las leyes morales, ni mucho menos que se tratara de una mujer inerme; él sólo pensaba en protegerse a sí mismo. Entonces, Vasudeva intentó convencerle con grandes palabras de sabiduría sobre la consecuencia de los actos y los ciclos de la vida, pero el ego y la crueldad de Kaṁsa le impedían escuchar.

Ante la inflexibilidad de su cuñado, dispuesto a matar a Devakī sin piedad, Vasudeva empleó la única estrategia que encontró disponible para salvar su esposa: le prometió a Kaṁsa que le entregaría a cada uno de sus hijos al nacer ya que, según la voz celestial, eran ellos quienes le matarían y no Devakī. Kaṁsa aceptó la propuesta de Vasudeva y resistió el deseo de matar a su prima-hermana.

Cuando nació el primer vástago de la pareja (llamado Kīrtimān), Vasudeva que era un hombre de palabra, lo llevó con dolor ante Kaṁsa, que inesperadamente le perdonó la vida diciendo que sólo le preocupaba el octavo hijo. Sin embargo, esta magnanimidad duraría poco, ya que al poco tiempo Kaṁsa recibió la visita del sabio Nārada que le contó que todos los asuras serían pronto matados por una encarnación del dios Viṣṇu (Vishnu) y entonces sus dudas y temores, propios de un ser sin auto-control, le llevaron a tomar medidas drásticas: encarceló a su propio padre y se coronó rey, a la vez que encerró a Devakī y Vasudeva y mató al primer hijo de ambos y también a los que iban llegando.

De esta forma, Kaṁsa mató a los seis primeros hijos de Devakī y Vasudeva. Entonces Devakī quedó embarazada por séptima vez, aunque en esta ocasión el ser que llevaba en su vientre era una encarnación de Śeṣa (Shesha), la serpiente cósmica en la que reposa el dios Viṣṇu. Para evitar que sea atacado por Kaṁsa, el Señor Viṣṇu convocó a Yogamāyā, su energía ilusoria femenina, indicándole que transfiriera el niño del vientre de Devakī al de Rohiṇī, otra de las esposas de Vasudeva, que por temor a Kaṁsa ya se había refugiado en una aldea cercana de pastores (llamada Gokula). Cuando Yogamāyā hizo esto, dio la impresión de que Devakī había perdido al niño y nadie sospechó nada. De esta forma se estaba gestando el nacimiento de Balarāma, el hermano mayor de Kṛṣṇa.

A continuación, el mismo Viṣṇu, preservador del Universo, entró en la mente de Vasudeva y luego en el vientre de Devakī para hacerlos muy afortunados. La belleza y el brillo de Devakī estando encinta eran celestiales (“como el Este embellecido por la bienaventurada Luna”) y todos, incluido Kaṁsa, podían darse cuenta de que ella llevaba en su vientre un ser divino. A Kaṁsa le hubiera gustado matar a su prima embarazada pero como era un gran pecado que arruinaría su reputación y opulencia, decidió esperar a que naciera el niño.

Durante esa espera, Kaṁsa no podía dormir, ni comer, ni pensar, pues en todas partes –su cama, su plato, su trono – veía un niño esperándole, como augurio de su inminente muerte. Finalmente, en la octava noche de luna decreciente del mes hindú de Bhādrapada, exactamente a medianoche, mientras los dioses lanzaban flores del cielo, nació el niño Kṛṣṇa en su forma de Viṣṇu en la ciudad de Mathura. Así, en su forma trascendental confirmó a sus “padres” su identidad real y les explicó el motivo de su nacimiento, que era restablecer el dharma, el orden y la justicia, en la Tierra matando a todos los gobernantes y reyes corruptos y demoníacos.

Devakī y Vasudeva, llenos de devoción pero a la vez temerosos de Kaṁsa le pidieron a su hijo que retirara su forma cósmica y se convirtiera en un bebé normal para poder esconderse. Kṛṣṇa accedió y dio instrucciones a Vasudeva de llevarlo a la aldea de Gokula, específicamente a la casa de Nanda Mahārāja, el jefe de la aldea, pues su mujer Yaśodā (Yashoda) estaba a punto de dar a luz una niña. De hecho, esa niña no era otra que Yogamāyā, la potencia ilusoria del Señor Viṣṇu, que estaba siguiendo las órdenes del plan cósmico.

Gracias a esa misma influencia de Yogamāyā, las puertas de la celda donde estaban Devakī y Vasudeva se abrieron mágicamente y también se soltaron los grilletes que ataban a Vasudeva, que puso al bebé Kṛṣṇa en una cesta y salió al pasillo. Allí ya no se sorprendió al ver a todos los guardias dormidos y sencillamente salió del palacio en dirección al río Yamunā, el cual debía cruzar para llegar a Gokula. En ese momento comenzó una lluvia torrencial y la serpiente Ananta-Śeṣa desplegó sus mil cabezas para proteger al niño, a la vez que Vasudeva se acercó al río que estaba muy turbulento y, sin embargo, no dudo en meterse en las aguas, las cuales se abrieron para que Kṛṣṇa llegara salvo a su destino.

Al llegar a la casa de Nanda, todos los pastores estaban dormidos, incluyendo a Yaśodā, que por el esfuerzo del parto estaba agotada y ni tan solo recordaba si había tenido un niño o una niña. Entonces Vasudeva dejó al pequeño Kṛṣṇa en el lecho de Yaśodā y tomó consigo a la niña, que era una expansión de Yogamāyā, para regresar a la celda y ponerse los grilletes, como si nada hubiera pasado.

En ese momento los centinelas despertaron con el llanto del recién nacido y corrieron a informarle a Kaṁsa la esperada noticia, que a su vez saltó de la cama sin siquiera peinarse para ir a cumplir su obsesión de matar a los hijos de Devakī. Al llegar a la celda, Devakī le suplicó que no le arrebatara a este bebé ya que era sólo una niña y era indigno matarla. Pero Kaṁsa estaba cegado por el egoísmo y agarrando a la niña por las piernas intento estrellarla contra un muro. Entonces la niña, que era Yogamāyā, se escurrió indemne de las manos de Kaṁsa y elevándose a los cielos apareció en la forma de la feroz diosa Durgā e informó al vil rey que el niño que habría de matarlo ya había nacido en otro lugar.

Ese otro lugar era la vecina aldea de Gokula, en la que todos sus habitantes se congregaron en la casa de Nanda en cuanto amaneció para ver al hermoso niño. Los pastores (gopas) y las pastorcillas (gopīs) lo contemplaban embelesados como si fuera un loto azul, pues su color de piel era oscuro, cual “una nube cargada de lluvia”. De allí su nombre Kṛṣṇa, “el de color oscuro o negro”.

Por su parte, el malvado Kaṁsa tuvo un momento de arrepentimiento y pidió perdón a Devakī y Vasudeva, pero influenciado por su ruin consejo de ministros rápidamente volvió a sus maquinaciones de crueldad e inmoralidad, planeando matar a todos los niños que hubieran nacido en el reino durante los últimos diez días.

De todos modos, el destino estaba escrito y el niño Kṛṣṇa crecería sano y feliz en la aldea de pastores (primero Gokula, después Vṛndāvana – Vrindávana -), aunque no exento de variadas y jugosas aventuras que hoy no contaré. Si alguien está interesado en profundizar, la mejor fuente para conocer la niñez y vida de Kṛṣṇa es el Śrīmad Bhāgavatam.

Resumiendo, Devakī y Vasudeva son los padres biológicos de Kṛṣṇa, mientras que Yaśodā y Nanda son los padres “adoptivos” de Kṛṣṇa y quienes lo crían hasta los dieciséis años, edad en que se entera de su procedencia, sabe de su verdadera familia y regresa al palacio. Kṛṣṇa crece en el bosque como un pastorcillo de vacas, jugando y tocando la flauta, pero en realidad él es un kṣatriya (kshátriya), es decir que pertenece a la casta guerrera y tiene un destino de príncipe.

Esta “ignorancia” de su identidad original (aunque Kṛṣṇa en realidad lo sabe, claro), que puede parecer una desgracia en principio, en realidad sirve para que Kṛṣṇa pueda entablar con los gopas y gopīs de Vṛndāvana un tipo de relación (rasa) íntima y cercana que no es posible si uno es consciente de que está tratando con un príncipe, y menos con el Señor del Universo.

Es por esta relación íntima y amorosa entre los devotos y Dios, que los pasatiempos (līlās) de Kṛṣṇa durante su infancia y adolescencia son fuente de inspiración eterna para cualquier buscador espiritual.

Volviendo al nieto encontrado por las Abuelas e intentando cerrar el círculo, él también parece aceptar de buena forma sus dos identidades, aunque claramente el contexto es muy distinto. Ya he dicho que meterme en su piel me parece tarea compleja y tampoco quiero hacer comparaciones que no vienen al caso.

Sólo quiero decir que, desde el punto de vista espiritual, tal cosa como “la verdadera identidad” es nuestro propio Ser; es decir, aquello que es permanente y no cambia. Tener un nombre u otro; unos padres u otros; vivir en el campo o en palacio no afectan, según explican los sabios espirituales, la verdadera esencia de quienes somos (una esencia que algunos dirán es Divina, inmortal o absoluta dicha). Yo estoy de acuerdo y trato de vivir conforme a esa convicción.

De todos modos, también creo, en el camino a ese reconocimiento interior puede ayudar mucho conocer la propia identidad exterior, lo cual influye y ayuda para conocer nuestro dharma, es decir, nuestro deber y rol en esta vida.

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