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Archivo del Autor: Naren Herrero

El hacha de Ganesha

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Preparando la clase de Mitología Hindú para la Formación de profesores de Mandiram Yoga, volví a verme cara a cara con uno de los más frecuentes atributos del Señor Ganesha, la deidad con cabeza de elefante. Al dar dicha clase prometí que haría este post al respecto y ahora cumplo, no sólo por mantener mi palabra, sino porque es un tema que me venía generando preguntas y para el que finalmente he encontrado la respuesta completa.

Como bien anticipa el título del post, mi objetivo de análisis es uno de los más frecuentes elementos que Ganesha tiene en sus (generalmente cuatro) manos: el hacha. O mejor dicho, lo que llamamos ‘hacha’ y en la mayoría de casos NO es un hacha.

Ganesha es un dios muy popular y de él se pueden ver innumerables representaciones iconográficas. Asimismo, si uno busca imágenes de Ganesha en Google, encontrará miles, y verá que puede haber diferencias entre ellas. A su vez, algunas de estas representaciones son más recientes que otras, y su ejecución no siempre es ‘canónica’, dependiendo también de la imaginación (o la inspiración) del artista.

Para tener una base fiable de análisis hay que atenerse a la tradición, en la que el texto sagrado llamado Mudgala Purāna cita 40 formas principales del Señor Ganesh: Ocho de ellas se conocen como Ashta Vināyaka (‘ashta’ es ocho y ‘Vināyaka’ es otro nombre de Ganesh), las cuales vencen a ocho debilidades humanas (orgullo, celos, etc.), a la vez que se relacionan con ocho templos en el estado indio de Maharashtra. Al mismo tiempo, las 32 formas restantes representan diferentes roles y siempre llevan al final el nombre Ganapati, otro epíteto de Ganesh.

Con todo esto quiero decir que elegir una única imagen de Ganesha ya es empezar con limitaciones. De hecho, una imagen como la de abajo, tan frecuente de ver, no encaja idealmente con ninguna de las 40 formas tradicionales.

Sin embargo, esta imagen sí que es bastante estándar en cuanto a su representación y, además, cumple con tener en sus dos manos superiores los dos elementos que más suele llevar: la supuesta hacha (en su mano derecha) y el lazo (en su izquierda).

Sin dar más rodeos voy al grano. Si bien Ganesha puede tener también un hacha en su mano, el utensilio de esta imagen (y de muchas otras) es lo que en sánscrito se conoce como ankusha. Si uso el término en sánscrito no es para hacerme el interesante, sino porque no conozco su equivalente óptimo en español, ya que se trata de una palabra técnica.

En inglés, por ejemplo, la palabra es goad y refiere a un “implemento tradicional de labranza, usado para espolear o guiar el ganado”. La traducción que hace de ankusha el Diccionari Sànscrit-Català de Òscar Pujol es “aguijón” o “garfio”, aclarando también que es un bastón largo de metal terminando por un gancho. Basándome en todas estas pistas y con la confirmación de la RAE, la palabra en español es ‘aguijada‘ y en su primera acepción significa “vara larga que en un extremo tiene una punta de hierro con que los boyeros pican a la yunta”.

Satisfecho conmigo mismo al descubrir la palabra en español, hay que aclarar que el ankusha (porque es masculino en sánscrito) no es una aguijada cualquiera, sino que es un instrumento específico para manejar y entrenar elefantes y hasta tiene su página de Wikipedia (en inglés). Para que tanto análisis lingüístico sea más claro, aquí dos ejemplos visuales:

Entonces, lo que Ganesha lleva en su mano es, por lo general, una aguijada y no un hacha. Las diferencias iconográficas entre los dos elementos pueden ser, en ocasiones, difíciles de distinguir; un hecho que, sumado a lo inusual de la aguijada en nuestras sociedades urbanas, hace que la mayoría de los dibujos muestren hachas o, al menos, sean interpretadas como tales cuando en realidad son aguijadas.

Para notar la diferencia veamos primero el típico ankusha de Ganesha:

Ahora veamos el hacha (llamado parashu en sánscrito), que también es un atributo de Ganesh, aunque secundario:

Como se observa, la diferencia es que el ankusha tiene un gancho o garfio muy estilizado, mientras que el parashu (hacha) tiene un filo metálico, tal como lo conocemos en el hacha tradicional.

Al ser dos elementos diferentes poseen dos simbolismos diferentes. El ankusha significa que Ganesha aguijonea y estimula hacia adelanta a los seres que se están moviendo demasiado lento en el camino espiritual. Por su parte, el parashu es una forma de proteger a sus devotos de lo negativo.

Es verdad que la interpretación más extendida del hacha (ya sea ankusha o parashu) es que ‘quita los obstáculos del camino del devoto’, haciendo honor al rol de Ganesh como removedor de dificultades. Como vemos, hay muchos más matices, sobre todo si tenemos en cuenta que entre los, al menos, 72 atributos de Ganesha hay ¡cuatro hachas diferentes! La primera, parashu, la acabamos de ver.

La segunda se llama parashvadha y es el “hacha de guerra” que, de hecho, es más similar al anskusha que el propio parashu:

Su simbolismo es la “fuerza mental”, necesaria para atravesar ciertos obstáculos y llegar a la meta. Allí está la connotación de ‘combate’.

El tercer hacha de Ganesh se conoce como mahāparashu que simplemente quiere decir “gran hacha” y, de todas, es la más similar a un hacha de leñador:

En este caso, Ganesh utiliza la poderosa arma para “asustar y disipar los pensamientos negativos de aquellos que intentan dañar a sus devotos”.

El último hacha, menos frecuente, se denomina pāshānadārana, y al parecer es un “hacha para recoger”, cuya forma y función sería similar a los bastones con extremo puntiagudo que usan algunos jardineros para juntar desperdicios:

El simbolismo del “hacha de recoger” es que Ganesha se encarga de “retirar la basura mental” del devoto.

Para resumir, no necesariamente es errado hablar del ‘hacha’ de Ganesha, ya que existen cuatro tipos diferentes de hacha entre sus atributos. De todos modos, y siguiendo la tradición, uno de los dos o tres elementos más comunes en sus manos es el ankusha, la aguijada para elefantes. Por tanto, hay muchas posibilidades que al mirar una imagen de Ganesh, él sostenga un ankusha antes que un hacha.

Este rigor por mi parte en querer diferenciar los utensilios no es sólo rigidez mental (que también), sino que tiene un trasfondo espiritual, pues el simbolismo del ankusha como incitador para el avance del devoto me parece mucho más importante que el difundido simbolismo del hacha que ‘quita los obstáculos del camino’.

En el primer caso, Ganesh no nos deja dormirnos en los laureles y nos pincha (incluso con obstáculos) para que progresemos interiormente. En el segundo caso, la deidad nos abre el camino para que se cumplan nuestros deseos y avancemos triunfantes sin tener que cambiar ni enfrentarnos a nada. Hmmmm…

Yo no dudo de que Ganesha nos proteja de las dificultades, pero tampoco hay que ser ingenuo para creer que a uno no le tocará hacer nada de esfuerzo. Ya que sin una deidad, o un guru, o la ‘vida’ que nos aguijonee, ¿cómo podríamos entonces avanzar?

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Namaste y Kumbha Mela en Inspirulina.com

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Hace alrededor de un año y medio que colaboro con Inspirulina.com escribiendo artículos sobre la India, su cultura y filosofía espiritual. De todos los textos que he escrito para este sitio web inspiracional, el que más éxito ha tenido en cuanto a visitas es el titulado El significado de la palabra Namaste. De hecho, es el artículo más leído de todo el sitio de Inspirulina.com. Esta popularidad no se debe tanto a mis méritos literarios como al hecho de que la palabra namaste despierta un gran interés en muchas personas, sobre todo si están relacionadas al mundo del yoga o la espiritualidad en general.

Debido al gran número de lecturas que tiene ese artículo, Eli Bravo, Ideólogo y Director de Inspirulina, me entrevistó para Inspirulina Radio sobre el significado de la palabra Namaste. Esta no es la primera vez que tengo el gusto de conversar con Eli sobre mis textos, pues ya hemos grabado diferentes podcast al respecto, algunos de los cuales pueden escucharse aquí.

En este último caso, la charla que comenzó con ‘Namaste’ derivó a mi reciente viaje a la festividad de la Kumbha Mela en la India. Aunque en apariencia se trata de dos temas diferentes, la charla, las respuestas y las dotes comunicativas de Eli terminan encontrándoles un punto en común.

Kumbha

Vista de una concurrida calle de la Mela.

Tanto si quieres saber más sobre Namaste como si deseas más detalles de mi viaje a la Kumbha, mientras acabo mi libro sobre ese tema, te invito a escuchar la entrevista. Son apenas 8′ de audio que se pueden escuchar aquí o clicando directamente en el botón de ‘play’ de más abajo (aunque Eli diga que estoy en Madrid, yo sigo en Barcelona).

¡Namaste!

Arte urbano en Varanasi

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Kashi (o Benarés, Banaras, Varanasi…) es la urbe continuamente habitada más antigua de la India; la ciudad más sagrada del hinduismo y morada del Señor Shiva. Varanasi (o Benarés, Banaras, Kashi…) es famosa por sus infatigables zonas de cremación al aire abierto; por sus ghats atestados de devotos píos; y por sus sadhus de todos los caminos religiosos. Banaras (o Benarés, Varanasi, Kashi…) es especial por las callejuelas laberínticas; por los toros compartiendo esquinas con los mendigos; y por la diversidad cultural de sus habitantes. Benarés (o como les guste decirle) posee el tránsito más intrincado del país; una producción textil de primera calidad y un flujo turístico (nacional y extranjero) permanente.

Además de este no exhaustivo pero, aún así, insuperable currículum socio-histórico-espiritual, Varanasi cuenta con un amplio muestrario de arte urbano (street art si me permiten ser cool) que se cristaliza en graffitis y murales. De por sí, en la ciudad se pueden ver anuncios (de hostales, panaderías, cibercafés, etc.) en las paredes de sus edificios, un estilo publicitario que es común en toda la India y que en Varanasi toma especial relevancia porque hay mucho turismo y porque, supongo, hay que aprovechar cualquier espacio disponible.

En cualquier caso, el apogeo de este gusto por la pintura mural se aprecia en los ghats, en las relativamente amplias explanadas que cortejan las escalinatas en las que el río Ganges bendice a la ciudad. Allí, inspirados por la atmósfera mística y el paisaje único del skyline benaresí, artistas de todo tipo, tanto indios como extranjeros, dejan su impronta. Los hay de temática religiosa, filosófica o costumbrista; de estilo clásico, posmoderno o naif.

En este post, mi propósito es mostrar algunas de esas obras a través de las fotos que tomé en mi breve estadía en Varanasi cuando viajé a la Kumbha Mela en febrero 2013. De esta forma, tendrán un motivo más para desear visitar Kashi (todas las imágenes se amplían en buena resolución al clicarlas).

El 'patrono' de Kashi es el Señor Shiva y su imagen está por doquier.

El ‘patrono’ de Kashi es el Señor Shiva y su imagen está por doquier.

Ni murales ni graffitis; pósters hechos con fotografías de personas indias.

Ni murales ni graffitis; pósters hechos con fotografías de personas indias.

tradicional mantra al Señor Rāma.

Mantra tradicional al Señor Rāma.

La diosa Gangā (es decir la imagen iconográfica del sagrado río Ganges, que es femenino) sobre su vehículo, un animal marino que parece un cocodrilo.

La diosa Gangā (es decir la imagen iconográfica del sagrado río Ganges, que es femenino) sobre su vehículo, un animal marino que recuerda a un cocodrilo.

Detalle del Señor Shiva y su hijo Ganesh.

Detalle del Señor Shiva y su hijo Ganesh.

La omnipresente Madre Gangā (Gangā Mā).

La omnipresente Madre Gangā (Gangā Mā) con escalinatas de fondo.

Un fragmento del poema épico Rāmāyana, con Sītā, Rāma y Lakshmana a punto de cruzar el Ganges.

Ilustración de un fragmento del poema épico Rāmāyana, con Sītā, Rāma y Lakshmana a punto de cruzar el Ganges.

La globalización y sus consecuencias: una secuencia de hatha yoga; un diseño moderno y un astronauta comparten pared.

La globalización y sus consecuencias: una secuencia de hatha yoga; un diseño moderno y un astronauta comparten pared.

La versión graffitera de la básica pregunta filosófica de las Upanishads: "¿Quién soy yo?". Arriba de todo se puede ver a un hombre que leyó el mural completo y se quedó pensativo...

La versión graffitera de la básica pregunta filosófica de las Upanishads: “¿Quién soy yo?”. Arriba de todo se puede ver a un hombre que leyó el mural completo y se quedó pensativo…

Amor verdadero.

Amor verdadero.

"Cada mujer es una diosa" nos dice con razón este mural. Lo que no sé es si la ropa colgada a secar es parte de la obra.

“Cada mujer es una diosa” nos dice con razón este mural de una moderna diosa Durgā. Lo que no sé es si la ropa colgada a secar es parte de la obra.

Un rishi meditativo con su tercer ojo fluyendo en armonía con Gangā Mā (también se aceptan otras interpretaciones...).

Un rishi meditativo con su tercer ojo fluyendo en armonía con Gangā Mā (también se aceptan otras interpretaciones…).

El Señor Shiva en su aspecto danzante de Natarāja y a gran escala (como referencia ver la oportuna cabeza del muchacho indio abajo a la izquierda).

El Señor Shiva en su aspecto danzante de Natarāja y a gran escala (como referencia ver la oportuna cabeza del muchacho indio abajo a la izquierda).

Para cerrar el post, que mejor que un calmo caracol que nos dice "Shanti".

Para cerrar el post, que mejor que un calmo caracol que nos dice “Shanti”.

Para ver más graffitis relacionados con la India, visitar la web de MC Yogi.

El vegetarianismo como solución global

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Hace cerca de tres años escribí un post explicando por qué yo era vegetariano o, en realidad, ovo-lacto-vegetariano. Por otro lado, hace un año que con Hansika hemos cambiado a una dieta vegana, que implica no comer nada que provenga de los animales, lo cual incluye huevos, leche y sus derivados, e incluso miel. Del estilo de vida vegano hablaré otro día, pues ahora quiero centrarme en el vegetarianismo más difundido que sí incluye lácteos y, en algunos casos, huevos (aunque en la India los vegetarianos no comen huevos).

Desde el punto de vista dietario es un tema muy polémico y como yo no soy nutricionista ni científico no puedo abordarlo de forma certera. Sólo cuento con mi propia experiencia de crianza y alimentación vegetariana sin problemas de salud. Un punto que sí me interesa tocar es el del terrible efecto que el consumo de carne provoca en los recursos del planeta. En el libro Comer animales del escritor norteamericano Jonathan Safran Foer se dan, entre otros, estos datos estadísticos:

“La ganadería industrial realiza una contribución al calentamiento global que es un 40% mayor que la de todo el sector del transporte junto, lo que la convierte en la responsable número uno del cambio climático” (pág. 57).

“Casi un tercio de la superficie terrestre del planeta se dedica al ganado” (p. 187).

“Actualmente, los productos animales siguen siendo sólo el 16% de la dieta china, pero los animales de granja suponen más del 50% del consumo chino de agua…” (p. 323).

Al parecer todos decimos tener consciencia ecológica y llegamos a convertimos en extremistas del reciclaje, sin embargo no sé hasta qué punto sabemos que el consumo de carne es el mayor factor contaminante del mundo, a la vez que es el principal destino de los cada vez más escasos recursos terrestres.

El escritor Álvaro Enterría tocó este tema la semana pesada, pasó los datos que antes cito, y compartió el vídeo de un discurso muy elocuente. En él, Philip Wollen, un filántropo australiano ofrece las innegables razones para ser vegetariano, y no habla de tanto de la salud propia como del bien de la humanidad.

En un momento ofrece un dato básico: “Se necesitan 50.000 litros de agua para producir un kilo de carne de res“. También dice: “Los países pobres venden su grano a Occidente, mientras sus propios hijos mueren de hambre en sus brazos. Y Occidente se lo da de comer al ganado, para poder comer un filete”.

El vídeo dura sólo 10′ y tiene buenos datos económicos y sociales:

Para algunos puede sonar utópico, pero los activistas vegetarianos sostienen que detener (o incluso reducir) el consumo de carne, eliminaría el hambre del mundo y daría esperanzas al planeta de no quedarse sin recursos ante el imparable crecimiento demográfico. De hecho, la iniciativa ecologista y global llamada Lunes sin carne es un gran ejemplo de cómo una mínima reducción del consumo de carne podría beneficiar al mundo. El esfuerzo es pequeño: que nadie coma carne los lunes.

Ahora, imaginemos por un momento que el tan terrible cambio climático, la contaminación global y la agonía de la Madre Tierra no dependieran más de las osadas intervenciones de Greenpeace o de las dudosas decisiones de nuestros gobernantes cegados por la codicia, sino que cada uno de nosotros pudiera hacer algo tan simple como cambiar su alimentación para salvar al mundo.

No estamos hablando de hacerse célibe, tejer en una rueca y caminar descalzo como Gandhi; no estamos hablando de salir a la calle a protestar o ser golpeado por policías; no estamos hablando de donar todas tus pertenencias, de cambiar de religión o de marcharte al exilio. Simplemente sentado en el sofá de tu casa, mirando la TV si quieres, cambias tu dieta y cambias el mundo, para mejor. Oh Yeah! puedes alegrarte, la revolución que tanto anhelabas está aquí y en tus manos.

Mosquitos, filetes y contradicciones

Como si esto fuera poco, reducir o eliminar el consumo de carne no sólo beneficiará a la humanidad de la que somos parte, sino que te causará beneficios personales, desde el punto de vista dietario y, muy importante, desde lo espiritual. En un discurso sobre el vegetarianismo (Premananda Satsang Vol. III, # 31), Swami Premananda se pone especialmente enfático y dice:

“Sé que las personas que se hospedan en el Ashram en la India se quejan de los mosquitos que hay allí. Si les pica un mosquito y les bebe una gota de su sangre arman un gran alboroto y se lamentan sin parar. Entonces, ¿cómo es para las ovejas, las vacas y los pollos que se sacrifican horriblemente para satisfacer la avidez del hombre? Les cortan el cuello; les golpean hasta la muerte o les matan de otras formas inhumanas. ¿Crees por lo tanto que un aspirante espiritual debe luego comer estas cosas? Los animales no pueden contar sus sentimientos, pero nosotros gritamos y lloramos si el simple mosquito disfruta nuestra sangre unos segundos.

Todos habláis de ‘Amor’ y ‘Compasión’ o decís ‘el plan de Dios para el mundo es defectuoso y hay demasiado sufrimiento’. ¿Quién causa el sufrimiento? El hombre causa el sufrimiento. Y él lo comenzó matando a sus semejantes para comerles. Decís que sentís amor en vuestro corazón y que queréis amar a Dios. ¿Cómo podéis pensar en el amor si, porque os agrada el sabor, podéis comer otra criatura? ¿Dónde está el amor? ¿Puede haber amor en vuestro corazón si queréis ser la causa de asesinato todos los días? ¿No tenéis sentimientos por el sufrimiento de estos pobres animales? Esperáis amor de los demás todo el tiempo, pero no queréis mostrarlo a las criaturas de Dios. Sólo deseáis matarlas y comerlas…

Cuando se mata a cualquier criatura, su cuerpo se llena de miedo y terror. Se liberan entonces ciertas sustancias químicas, tal como la adrenalina. Más tarde, si coméis esa criatura, también estáis comiendo la misma energía de miedo y las mismas sustancias. Así que, ahora habéis puesto trozos de cadáver en vuestro estómago. Habéis convertido vuestro estómago en un cementerio. Dios os dio este cuerpo. Es el regalo Divino para ayudaros a conocerle a Él. Él no quiere que lo convirtáis en un campo santo para vuestros semejantes. ¿Pensáis que es bueno enterrar animales, pescados y aves muertos en vuestro cuerpo? ¿Cómo podéis tornaros puros en cuerpo y mente si llenáis a ambos de carne muerta que se descompone? Es sin duda muy difícil”.

Sri Swami Premananda

Yoga y vegetarianismo

El discurso de Swami Premananda es fuerte y lo he elegido a propósito porque creo que este es un tema que necesita claridad. En la espiritualidad siempre se habla de flexibilidad y de adaptar las enseñanzas espirituales a la propia personalidad y necesidad. Es por ello que existen tantos caminos diferentes y tantos maestros distintos. Sin embargo, todos los textos yóguicos y los maestros espirituales de la tradición de la India son bastante unánimes en este punto: comer carne es romper con el precepto básico de ahimsā, de no-dañar.

En este sentido, y hablando de forma general (sin tener en cuenta cada caso particular que puede ser debatible), cualquier persona que se considere a sí misma yogui o yoguini debe ser vegetariana. Y esto no lo digo yo, sino la tradición del Yoga.

Asimismo, yo agrego que, para mí, un aspirante espiritual debe ser vegetariano por coherencia con su búsqueda; es decir, como dice Swami, no podemos esperar encontrar el Amor universal si matamos otros seres para comerlos; y tampoco podemos esperar encontrar la pureza interior si llenamos nuestro cuerpo de ‘cadáveres’.

La mítica viñeta de Quino. Clicando en ella se agranda.

Los asiduos lectores de este blog saben que soy relativamente flexible en la aplicación de las enseñanzas espirituales y nunca me pongo radical ni extremista. Asimismo, no me interesa meterme en el estilo de vida de cada persona, pues creo que uno debe concentrarse en cambiarse a uno mismo, antes que al resto. Sin embargo, hoy decidí hablar de este tema porque, más allá del ámbito espiritual, creo que es fundamental para el bien común.

Tanto nos quejamos de que el mundo va mal y, además, a algunos eso nos genera tanta angustia que pensé que está bien ser un activista del vegetarianismo. Los animales lo agradecerán, la Madre Tierra lo agradecerá, nuestros cuerpos y almas lo agradecerán, y quienes ignoraban esta información y la posibilidad tan cercana de cambiar el mundo, también lo agradecerán. Luego, que cada uno haga lo que pueda o quiera.

¿Qué es el cuerpo astral?

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La filosofía de la India (y no únicamente ella) explica que somos más que un cuerpo físico hecho de carne, hueso, sangre y cabellos. Por supuesto, se explica que dentro de la envoltura material hay un alma o una chispa Divina, pero entre ambos hay otros dos cuerpos, conocidos como el astral y el causal.

No sé ustedes, pero el concepto de ‘cuerpo astral’ me genera confusión y me remite a mundos siderales, lo cual es natural si tenemos en cuenta que ‘astral’ significa “perteneciente o relativo a los astros“. Como ayer di una charla sobre el tema en la formación de profesores de Mandiram Yoga, pensé que era un buen momento para compartir mis elucubraciones e investigaciones al respecto.

Entonces, todo ser está compuesto de 3 cuerpos: físico, astral y causal. El cuerpo físico (sthūla sharīra, en sánscrito) es el más burdo y tosco, con el cual estamos en contacto consciente todo el tiempo y sobre el cual no hace falta profundizar.

El cuerpo astral es llamado, en sánscrito, sūkshma sharīra, lo cual significa literalmente ‘cuerpo sutil’. Es decir, en la terminología original sánscrita no se dice nada de ‘astral’ y eso me gusta porque me deja las ideas más claras. El cuerpo sutil, se explica, está dentro del cuerpo físico aunque es más grande que él, pues se extiende algunos centímetros a su alrededor. Es al cuerpo sutil a lo que se hace referencia cuando se habla del aura, por ejemplo.

Anatomía sutil

Este cuerpo sutil forma parte de lo que se conoce como anatomía sutil o energética, un concepto básico en la filosofía del Yoga. Desde siempre, los yoguis y sabios espirituales han hecho referencia a una serie de canales (nādīs) y centros energéticos (chakras) del cuerpo sutil, los cuales es importante conocer para poder trascender la mera experiencia física. Asimismo, el concepto fundamental referente al cuerpo sutil es el de prāna, la fuerza vital que sostiene tanto el cuerpo sutil como el físico.

Esta fuerza vital no debe confundirse con el oxígeno, que pertenece exclusivamente al cuerpo físico. El prāna es la energía que permea todo y que en muchas culturas es explicada, aunque con diferentes nombres (es el chi de la medicina china, por ejemplo). La ciencia moderna, en cambio, no acepta la existencia de esta energía, pues su limitada tecnología no puede percibirla y probarla empíricamente. Algunos científicos han hecho investigaciones al respecto, como el perseguido psiquiatra Wilhelm Reich, que llamó orgón a esa energía ‘novedosa’.

Cuando en yoga se habla de la fundamental práctica de prānāyāma, muchas veces se la define como ‘ejercicios respiratorios’, aunque en realidad lo que se hace son prácticas para controlar la fuerza de vida. Esta fuerza vital se puede dividir en cinco prāna principales, que son integrantes esenciales del cuerpo sutil que, según explican los textos yóguicos, posee 19 elementos en total. Estos elementos incluyen, entre otros, los cinco sentidos, la mente inferior (referida a las emociones), la mente superior (ámbito del intelecto y el discernimiento), y el sentido del yo.

Este tema es complejo y en cierto punto abstracto, sobre todo para quienes no tenemos la sensibilidad ni la práctica yóguica que nos permita percibir de forma frecuente el cuerpo sutil propio o ajeno. Para entenderlo bien, como pasa con todo, es necesario experimentarlo por uno mismo y eso se logra con práctica espiritual.

Terminología recomendada

De todos modos, mi principal intención con este post es aclarar el término ‘astral’, que me parece da lugar a confusión. Según las fuentes buscadas, este cuerpo puede ser también llamado ‘espiritual’, ‘energético’, ‘psíquico’ o ‘etéreo’, un término que viene de la antigüedad griega, ya que se consideraba al éter como el posible quinto elemento, residiendo en la esfera celestial. Por tanto, la idea de ‘astral’ tiene uno de sus asideros en que está hecho de una materia que es más adecuada a los dioses y pertenece al plano de los astros, al plano celestial. La popularidad actual del término ‘astral’ se debe, al parecer, a la importancia que se le dio en la escuela teosófica.

Por otra parte, también se habla mucho del ‘plano astral’, que es el sitio adonde puede ir el cuerpo astral. En el clásico espiritual Autobiografía de un yogui de Paramahansa Yogananda (Cap. 43) se hace una extensiva y detallada descripción de los mundos astrales, al punto de que puede parecer pura literatura fantástica para alguien escéptico, desprevenido o simplemente principiante en la ciencia del Yoga.

Dicho libro, tan importante en la difusión de las enseñanzas espirituales de la India en Occidente, habla también de ‘cuerpo astral’, por lo que esta terminología se vio reforzada por la obra. Yogananda tendría sus razones para elegir esas palabras y yo no voy a discutirlas porque mi falta de entendimiento no es culpa de él, sino de mi propia ignorancia.

Por falta de experiencia propia no puedo dar certeros argumentos sobre mundos, planos o viajes astrales, por lo que en este post me estoy limitando a la investigación académica y al análisis filológico, con la esperanza de tener los conceptos más claros personalmente y, ojalá, de dar alguna información útil a los lectores.

En conclusión, yo creo que en lugar del término ‘cuerpo astral’ sería más claro utilizar ‘cuerpo sutil’. Al menos, para los que percibimos más el burdo cuerpo físico que los demás.

Paul Brunton, Ramana Maharshi y el Yo

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En el año 1930 un periodista y escritor inglés, cuyo alias literario era Paul Brunton, viajó a la India para indagar sobre el Yoga y la sabiduría mística de los yoguis y los rishis de esa tierra. Brunton era una persona altamente educada en los cánones occidentales de la ciencia objetiva y el racionalismo, pero a la vez era un conocedor de ciencias menos difundidas como la psicología, la hipnosis y la teosofía. Asimismo, estaba familiarizado con algunos textos y teorías orientales, al menos con lo poco que estaba disponible en aquel momento.

Cuando inició su viaje a la India, Brunton tenía unos 40 años y, si bien tenía un enfoque escéptico y racionalista, su intención era encontrar verdaderos sabios espirituales que le pudieran ofrecer la clave para la felicidad que él no encontraba ni veía en el progresista y moderno Occidente. Era un hombre de mente abierta y sed espiritual, a la vez que sus escritos dejan entrever un sesgo imperialista y eurocentrista, probablemente inevitable para alguien criado en la Inglaterra colonialista.

El resultado literario de su primer viaje a la India es el libro A search in secret India, una obra publicada en 1934 en inglés y que en español se llama La India secreta y existe a través de la editorial argentina Kier. El gran mérito de este libro fue introducir al público occidental una visión de mundo y unas enseñanzas que eran escasamente disponibles en esa época. Además, lo hace con ojo crítico y mente científica, lo cual es una marca distintiva del pensamiento occidental y, por tanto, una buena forma de ofrecerlas a una audiencia que, a priori, estaría a la defensiva ante estas ‘exóticas’ novedades.

Una de las tantas ediciones de este best-seller.

En su viaje, Brunton se encuentra y entrevista con yoguis y maestros espirituales y logra explicaciones detalladas de las técnicas de yoga y de la filosofía espiritual de la India quizás por primera vez, sobre todo de parte de un occidental. Incluso el clásico espiritual Autobiografía de un yogui, de Paramahansa Yogananda, es posterior (1946). Si bien ambos libros son diferentes, tienen algunas similitudes, entre ellas que los dos relatan encuentros con el Maestro Mahasaya, de Calcuta.

A diferencia de Yogananda, la mística hindú es un misterio para Brunton y sus lectores, al punto de que debe explicar la correcta pronunciación de la palabra ‘yoga’. Asimismo, hay un capítulo en que explica con sorpresa y admiración diferentes posturas físicas (āsana) y ejercicios de respiración (prānāyāma), elementos que hoy están muy difundidos en Occidente. Con esta perspectiva, el libro puede verse obsoleto ochenta años después de su publicación; aunque también se convierte en un valioso documento histórico de la evolución del yoga en Occidente.

En cualquier caso, el punto destacado de A search in secret India es el encuentro de Paul Brunton con Ramana Maharshi, uno de los grandes santos de la India del siglo XX. A día de hoy, la imagen de Ramana Maharshi se encuentra en todos los altares occidentales y su pequeño ashram a los pies de la montaña de Arunachala, en el Sur de la India, es visitado por miles de personas cada año. Sin embargo, en 1931 no había occidentales cerca y fue sólo después de la publicación del libro de Brunton que su popularidad creció en Occidente. Para cuando el gran Ramana Maharshi abandonó su cuerpo en 1950, ya era relativamente conocido, una fama que sigue creciendo.

Dr. Paul Brunton.

En su libro, Paul Brunton relata su primer encuentro con Ramana Maharshi (al que llama simplemente Maharishi) y, mi intención, es transcribir parte de él, para notar tanto la idiosincrasia del escritor, como la profunda y siempre vigente enseñanza del sabio:

“Él [Ramana Maharshi] no me da ninguna respuesta verbal sino que parece haberse sumergido en algún hilo de pensamientos. Como no hay nada más que hacer y porque mi lengua ya se ha soltado, me dirijo a él por tercera vez: ‘Los hombres sabios en Occidente, nuestros científicos, son grandemente venerados por su inteligencia. Sin embargo, han confesado que pueden echar muy poca luz sobre la verdad oculta detrás de la vida. Se dice que hay algunos en su tierra que pueden dar lo que nuestros sabios occidentales no pueden descubrir. ¿Es así? ¿Puede usted ayudarme a experimentar iluminación? ¿O es esta búsqueda una simple ilusión?’.

Ahora sí he alcanzado mi objetivo conversacional y decido esperar la respuesta del Maharishi. El continúa mirándome de forma pensativa. Quizás está reflexionando sobre mis preguntas. Diez minutos pasan en silencio. Finalmente sus labios se abren y dicen dulcemente:

-’Tú dices Yo. Yo quiero saber. Dime, ¿quién es ese Yo?’

¿Qué quiere decirme? Él ahora ha prescindido de los servicios del traductor y me habla directamente en inglés. El desconcierto trepa por mi cerebro. ‘Me temo que no entiendo su pregunta’, respondo sin comprender.

- ‘¿No está claro? ¡Piensa de nuevo!’

Le doy vueltas a sus palabras una vez más. De pronto una idea aparece en mi cabeza. Apunto un dedo hacía mí y digo mi nombre.

- ‘¿Y tú lo conoces?’

- ‘¡Toda mi vida!’, respondo con una sonrisa.

- ‘¡Pero ese es sólo tu cuerpo! De nuevo te pregunto, ¿Quién eres tú?’.

No puedo encontrar una respuesta apropiada para esta pregunta extraordinaria. El Maharishi continúa: ‘Conoce primero ese Yo y entonces conocerás la verdad’.”

Sri Ramana Maharshi.

Para un lector actual, familiarizado con la ciencia del yoga o la filosofía Vedanta, la enseñanza de Ramana Maharshi puede sonar bastante familiar, incluso trillada. Hoy en día, en que la moda es poner en Facebook una imagen bonita con una idea corta e impactante, esta enseñanza clave nos podría parecer una frase de agenda (que se llevaría muchos ‘Me gusta’, of course…). Hoy en día, en que en Twitter existe un perfil de Ramana Maharishi con algunas de sus citas, la pregunta del sabio nos podría parecer un tuit más de la fugaz línea de tiempo de la red social.

Ahora sabemos que Ramana Maharshi fue un jñāni, un sabio en el camino del conocimiento, un maestro de pocas palabras, cuya principal técnica era la auto-indagación y el auto-descubrimiento a través de la pregunta: ¿Quién soy yo?

Sin embargo, en aquel momento, hace 80 años, para un occidental anterior a nuestro mundo globalizado e hipercomunicado, la pregunta suponía una revolución inentendible. La apertura de mente y la humildad con que Brunton afronta su búsqueda me parecen paradigmáticas, sobre todo para una persona occidental.

Mi conclusión es que tenemos mucha suerte de que en esta época, a diferencia de hace tan pocos años, tengamos a nuestra total disposición la sabiduría y las enseñanzas espirituales que se acumularon durante milenios, en este caso en la India (un buen ejemplo clicando aquí).

Mi duda, en todo caso, es si a pesar de este privilegio, de esta sobreinformación y de esta supuesta familiaridad con el Yoga, nuestro entendimiento y nuestra reacción frente a la pregunta fundamental de la vida es realmente diferente a la de Brunton.

El supuesto nombre sánscrito del hijo de Shakira

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Los lectores habituales de esta bitácora saben que no suelo dedicar líneas a las novedades de la farándula y que además, reprimiendo fuertes deseos que vienen de la infancia, he escrito apenas un par de posts sobre fútbol. Por tanto, el nacimiento del hijo de la cantante Shakira y del futbolista Gerard Piqué no me habría llamado la atención si no fuera porque su nombre, según dicen sus padres, es sánscrito. Al menos, entre otras cosas.

El nombre en cuestión, por si todavía no lo saben, es Milan (con acento en la ‘i’) y, según dice el comunicado oficial que aparece en la página web de Shakira, tiene tres significados posibles. Esto se debe a que el nombre, se explica, tiene significancia en eslavo (“querido, lleno de gracia y amoroso”), en romano antiguo (“entusiasta y laborioso”) y también en lengua sánscrita (“unificación”).

De los dos primeros idiomas no puedo hablar, excepto que, efectivamente, el nombre Milan me sonaba de un jugador de fútbol (Milan Baros) y del escritor Milan Kundera, ambos checos. No tengo referencias de futbolistas ni escritores romanos antiguos con ese nombre.

Baros & Kundera

Baros & Kundera

Por su parte, en sánscrito tampoco conozco ningún Milan y, de hecho, no estoy seguro de que exista la palabra como tal. Sí existe, en cambio, la palabra milana que quiere decir “reunión, encuentro, contacto o unión” (Fuente: Monier-Williams, Sanskrit-English Dictionary). Esta palabra me suena porque su raíz es el verbo mil (“reunirse, encontrarse, unir, coincidir, congregarse”) y da la casualidad que es la misma raíz de la palabra melā (“asociación, asamblea”), que tanto he usado aquí los últimos meses por mi visita al festival de la Kumbha Melā.

En cualquier caso, la palabra milan parece ser hindi y no sánscrito. El sánscrito es la antigua y sagrada lengua de la India, de la que proviene el hindi, que es el actual idioma oficial del país. En hindi, las palabras derivadas del sánscrito pierden la ‘a’ final cuando ésta es breve, como claro ejemplo, de milana a milan.

Por tanto, la raíz es la misma e incluso el significado puede ser similar en este caso, pero desde el punto de vista lingüístico, milan es un término hindi. Para los que vean esta interpretación como muy estricta, agrego que sería como decir que un nombre es en latín, cuando en realidad es en español.

Los piecitos del interesado…

En cuanto al sentido de “unificación”, que para mí tiene un leve aire místico, yo creo que no es la palabra exacta para traducir milan del hindi, pues el sentido original remite más a ‘reunión’ o ‘encuentro’. La famosa palabra yoga quiere decir ‘unión’ y su significado tradicional principal remite a un plano espiritual o trascendental; la palabra milana, en cambio, hace referencia más bien a un encuentro de personas.

Con este post no es mi intención meterme con el nombre del niño ni con la elección de los padres, que es muy personal y tiene sus complicaciones, como hemos comprobado con Hansika por nuestro embarazo actual.

De hecho, nosotros también le pondremos a nuestra hija (porque es niña) un nombre sánscrito, aunque en nuestro caso será por pura afinidad espiritual y, eso por supuesto, con mucho rigor filológico.

Audio de mantra para ritual de fuego

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Así como, para la tradición védica, el Sol es el representante de Dios en cielo, el Fuego lo es en la Tierra. Esto explica que desde los inicios de lo que hoy llamamos hinduismo, las ceremonias de fuego hayan sido parte fundamental de la práctica religiosa. Hay más de un tipo de estos rituales, unos complejos, otros más simples y cortos.

En todo caso, el nombre sánscrito tradicional para la ceremonia de fuego es yajña, proveniente del verbo yaj, que es “adorar, honorar” en el contexto de la liturgia de sacrificio. Por ello al yajña también se le dice “sacrificio”, en el sentido de realizar ofrendas a la Divinidad.

La pronunciación de la palabra ‘yajña’ es complicada y debatida. Es normal, y no errado, escuchar las alternativas ‘yajna’ o ‘yaguia’. Yo digo mucho ‘yagam’, porque es la versión en lengua tamil que aprendí en el sur de la India. Asimismo, existe otra palabra sánscrita, homa (de la raíz verbal hu, ‘sacrificar, ofrecer oblaciones’), que también sirve para describir ceremonias de fuego y, en general, se puede usar como sinónimo de yajña.

Tradicionalmente las ofrendas que se hacen al fuego son mantequilla clarificada (conocida en sánscrito como ghrita y en hindi como ghī, que es la versión más usada), y granos o semillas. El simbolismo del ritual no es únicamente ofrecer oblaciones a la Divinidad para satisfacerla u obtener recompensas, sino el de entregar nuestro ego al fuego, nuestras malas cualidades o las cuestiones que demoran nuestro camino espiritual. De esta forma, cada grano que se echa a las llamas es un obstáculo o una mala cualidad que se quema y desaparece.

Yagam en el Sur de la India.

Grabación (casi) exclusiva

Durante mis visitas al Sri Premananda Ashram del Sur de la India he visto varios yagam realizados por brāhmanas (miembros de la casta sacerdotal). En la mayoría de casos se trató de rituales largos y complejos. Durante mi reciente visita a la Kumbha Melā en Allahabad, también presencié algún yajña, esta vez en el campamento de Swami Chidanand. Eran versiones más breves y simplificadas, para facilitar la participación de visitantes occidentales.

En una de estas ocasiones grabé un audio con el mantra principal que se repetía durante el sacrificio. Curiosamente, en un vídeo del New York Times sobre la Kumbha Melā aparece (sobre todo el 1er minuto) el mismo mantra, incluso con imágenes del ritual (aunque era otro día al de mi grabación).

Swami Chidanand liderando un yajña durante la Kumbha Melā.

El mantra en cuestión es:

saumyā saumya tarā shesha saumyebhyastvati sundarī

parāparānām paramā tvameva parameshvarī svāhā

La rayita arriba de una vocal (siempre ‘a’, ‘i’, ‘u’) significa que es larga, o sea que al pronunciarse, esa vocal dura el doble que una vocal sin rayita (siempre ‘a’, ‘i’, ‘u’). De todos modos, la ‘a’ corta no se pronuncia exactamente como en español, sino más cerrada, como la ‘a neutra’ en catalán o la ‘u’ del inglés but. La ‘e’ y la ‘o’ son siempre largas. Esto se puede percibir escuchando la grabación.

La palabra ‘svāhā’ es una exclamación típica de la liturgia de sacrificio y es al momento de decirla cuando se hacen las ofrendas. Es decir, si uno tiene granos de arroz, ofrece un puñado cada vez que el sacerdote canta svāhā. En el caso de los rituales organizados por Swami Chidanand, quienes cantan son estudiantes de su escuela (llamados rishikumars, ‘jóvenes sabios’) que reciben tanto educación normal como védica tradicional.

Diosa Suprema

El mantra está dedicado a la Madre Divina, es decir al aspecto femenino de la Divinidad en su forma Suprema (Parameshvarī) y habla de su hermosura. Por lo que sé, el mantra (sin la partícula svāhā) es el décimo (de 15) de un himno llamado Rātri Sūktam (‘Himno a la Noche’), en que el dios Brahmā le pide a la Diosa que quite su velo de ilusión sobre el Señor Vishnu y le permita despertar, para que pueda defender al mundo. Este himno se encuentra en el Devī Mahātmya, un texto sagrado que alaba a la Madre Divina. Por lo que entiendo, en el caso del ritual, con este mantra uno le pide a la Diosa que nos saque de la oscuridad, a la vez que nos ‘entregamos’ a la luz del fuego.

La diosa Durgā, un aspecto de la Diosa Suprema.

El audio que publico a continuación son 5’ de recitación del mismo mantra. Puede que a alguien esto le parezca aburrido, pero es una de las formas típicas de realizar rituales. Recitar ( o escuchar) un mismo mantra por varios minutos es una forma de concentrar la mente y también es una manera de profundizar en su vibración sonora, ya que se trata de sílabas sagradas expuestas por sabios espirituales que, a su vez, se vienen repitiendo desde hace cientos o miles de años y, por tanto, tienen gran poder acumulado.

Pueden hacer la prueba y, de paso, practicar pronunciación sánscrita.


También está en formato YouTube para ser escuchado fuera de este blog:

El mantra ‘Om Namah Shivāya’

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La tradición discipular de la India implica que la sabiduría espiritual es pasada de guru a discípulo de forma personal y preferentemente oral. Por este motivo, y durante milenios, el conocimiento de las Escrituras sagradas y los secretos de la enseñanza espiritual estuvieron limitados mayormente a la casta sacerdotal (brāhmana) o a los pocos iniciados que decidían renunciar al mundo en pos de la trascendencia.

Debido al interés de orientalistas, sobre todo británicos y germánicos, muchos de esos textos que antes eran patrimonio de una minoría comenzaron a ser traducidos y difundidos en Occidente, especialmente en el siglo XIX. Como es previsible, hubo muchos pensadores occidentales que vieron en esas enseñanzas una preciosa fuente de saber y, desde entonces, el interés occidental por la filosofía espiritual hindú no ha dejado de aumentar.

Con este crecimiento vino la consecuente difusión global de las enseñanzas espirituales y ya en nuestros días, gracias a las nuevas tecnologías y al desarrollo de las comunicaciones, cualquier hijo de vecino puede acceder a leer, aunque sea en traducción, el Rig Veda, un texto con al menos 5.000 años de antigüedad y que tradicionalmente se enseñaba de forma oral sólo a brāhmanas.

Lo positivo de este cambio es que ahora el conocimiento espiritual está a disposición de quien lo desee; lo negativo es que una sabiduría tan profunda y bien guardada por siglos puede ser tratada como un simple pedazo más de información, sin darle su original uso de herramienta espiritual.

Mantras y clics

El tan famoso Gāyatrī mantra es un buen ejemplo de cómo una enseñanza reservada pasa a ser masiva. Basta una búsqueda en Google para encontrar millones de definiciones, traducciones, recitaciones, discos, vídeos e imágenes, de un mantra que en origen se repetía en silencio y en privado. El caso del mantra Om Namah Shivāya es similar en cuanto que ahora todos lo conocemos, lo cantamos y lo utilizamos, incluso sin valorar del todo su historia o su poder.

Lo que sí sabemos es que se trata del mantra más importante en relación con el Señor Shiva, la deidad que representa el aspecto destructor/regenerador de lo Supremo. También sabemos que la traducción literal del mantra es “salutaciones a Shiva” y que se lo conoce como pañchākshara mantra, es decir el mantra “de cinco sílabas” (sin contar la sílaba Om, que es común denominador de todos los mantras y es su semilla). Se explica que esas cinco sílabas significan los cinco elementos (tierra, fuego, agua, aire y éter), de los que está hecho todo cuerpo humano.

Finalmente, sabemos que es uno de los más poderosos mantras que existen. ¿Pero por qué y para qué?

Secreto espiritual

Swami Premananda dice que en Om Namah Shivāya “está la esencia de todas las enseñanzas espirituales”. Swami continúa: “La Divinidad está en todas partes, pero cantando Om Namah Shivāya puedes concentrar el poder Divino en un único lugar. Si cantas el mantra en tu mente, esa Luz Divina brillará dentro de tu mente y de tu corazón”.

Asimismo, Swami explica que “cuando recitamos este mantra continuamente, se mezcla con el aire que respiramos, llega a nuestros corazones y mentes y vibra en cada una de nuestras células. El mantra nos alivia del temor e influencias negativas. Podemos alcanzar niveles de conciencia más elevados y experimentar felicidad Divina”. Como si fuera poco, agrega que “Om Namah Shivāya elimina todos los problemas y obstáculos en nuestro camino, nos ayuda a entender la verdad y a comprender la sabiduría más elevada”.

Por otro lado, Premananda también dice que los antiguos rishis adquirieron su sabiduría sobre temas complejos como astronomía, astrología y filosofía, sin siquiera moverse, simplemente estando sentados y repitiendo el mantra. Por eso comenta: “Hoy hablamos acerca de muchos tipos diferentes de meditación y meditamos en variadas formas, pero ¿hay alguna meditación mejor que sentarse y pensar en el mantra Om Namah Shivāya, Shivāya Namah?“.

Como consejo extra, Swami dice: “En lugar de hablar de otras personas deberías recitar Om Namah Shivāya. Puedes decir, ‘No quiero cotillear, sólo quiero repetir Om Namah Shivāya‘. Puedes pensar, por ejemplo, ‘Esa persona pasó al lado mío y me ignoró… Om Namah Shivāya“.

Swami siempre hizo gran hincapié en la importancia del mantra Om Namah Shivāya para el desarrollo espiritual, y no sólo como una formula litúrgica.

Swami dice que “si recitas Om Namah Shivāya con profundo y sincero sentimiento entonces tu alma experimentará el estado de absoluta pureza. Este mantra propiciará la forma correcta para que tu alma se funda con lo Supremo”.

Yo creo que ahora que tenemos la fortuna de conocer este secreto espiritual, no es suficiente quedarse con la información intelectual y debemos ponerla en práctica.

¡Om Namah Shivāya!

Vídeo de los Naga Babas en la Kumbha Melā

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Ayer, 10 de Marzo de 2013, se celebró Mahāshivaratri, la gran noche anual del Señor Shiva, una fecha muy importante para los devotos shivaítas, en la que tradicionalmente se pasa la noche de luna nueva despierto, en ayunas y haciendo prácticas espirituales. Asimismo, con esta festividad se da por concluida oficialmente la Kumbha Melā de Allahabad, iniciada el 14 de Enero 2013.

Según algunas fuentes, en el último día de shahī snāna o ‘baño real’ hubo unos 2 millones de personas tomando su baño en las aguas sagradas de Gangā, Yamunā y Sarasvatī. Una congregación “pequeña” si se compara con la asistencia de los días principales (de hasta 30 millones). De esta forma, la ciudad temporal donde millones de peregrinos se hospedaron durante 55 días ya está siendo desmantelada y pronto volverá a ser el desierto lecho de un río (al menos hasta que la época de lluvias cubra ese lecho).

En esta imagen aérea del 10 de Marzo ya se ve cómo en partes donde antes había tiendas, ahora ya sólo queda espacio vacío.

Como parte final de las crónicas acerca de mi viaje y estadía en la Kumbha Melā, hoy estoy publicando un vídeo con algunas filmaciones que hice el día del tercer desfile y baño de los Naga Babas. Como expliqué en un post anterior, hay tres días que son particularmente propicios durante la Melā, entre otras cosas por la presencia de los Naga Babas, ascetas desnudos, sólo cubiertos de cenizas, que se dirigen a primera hora de la mañana en gran procesión hacia la confluencia de las aguas sagradas.

Por lo general, en estos días hay muchas más personas que en las demás jornadas de la Kumbha Melā, ya que además del propio baño, para los peregrinos se trata de la oportunidad ideal de observar en vivo y directo a estos sadhus y recibir su bendición. Tradicionalmente, el tercer y último día de desfile es Vasanta Pañchamī, que coincide con el día de adoración a Sarasvatī, la diosa del conocimiento y las artes.

Para poder observar el evento de buena forma, los peregrinos se levantan muy temprano y se apiñan cerca de las vallas hechas de palos y cuerdas, que escoltan las calles por donde pasa el desfile. Dichas calles desembocan en una gran explanada frente al río donde los sadhus se bañan con alegría y euforia. Luego del baño, los sadhus regresan por una calle paralela igualmente vallada. Uno puede ver la procesión a la ida o a la vuelta y, en ambos casos, es atractiva.

Peregrinos esperando el desfile en Vasanta Pañchamī.

Además de los Naga Babas y sus cuerpos cubiertos de ceniza, el desfile incluye muchos devotos normales y corrientes y, por supuesto, los líderes espirituales de diferentes organizaciones ascéticas a las que pertenecen los Naga Babas. Por lo general, los líderes espirituales, gurus y swamis, van vestidos y montados en camiones o tractores, desde donde pueden ser vistos y dar bendiciones a los peregrinos. En el pasado, los líderes eran llevados en elefantes, pero éstos fueron prohibidos después de una gran estampida con cientos de muertos en la Kumbha Melā de 1954.

Por su parte, los Naga Babas van a pie y, de hecho, no están en el escalafón más elevado de la estructura institucional religiosa, sino que, por el contrario, en muchos casos están realizando una práctica de austeridad que es más típica de los novicios. De todos modos, los fieles hindúes los reverencian porque se les considera ‘protectores del dharma’, es decir personas que renuncian a todo por el bien de la religión hindú y sus valores universales.

En el vídeo se ve principalmente el desfile de Naga Babas, algunos a caballo, que son los que generalmente preceden al resto. También se ven muchas personas rondando por el medio del desfile, desde devotos a fotógrafos, pasando por una gran cantidad de policías, algunos hasta filmando con sus móviles. Obviamente hay occidentales, una gran cantidad, la mayoría con cámaras, aunque también los hay con una pinta más de ‘peregrinos’. Por lo que sé, si uno es devoto o amigo de una organización espiritual concreta no es difícil entrar en el desfile, a pesar de que, a priori, no es lo ortodoxo.

Asimismo, en el vídeo se puede observar el cambio de luz y cómo va aclarando desde la mañana temprano, mientras hago la vigilia, hasta que comienza el desfile. Digamos que las primeras imágenes del vídeo son a eso de las 5am y el desfile hace su primera aparición después de las 6am. En cuanto al audio, todo está ‘al natural’, lo cual consiste en bastante bullicio saliendo de la megafonía y de las personas cercanas, aunque se destaca positivamente el grito típico de los ascetas: Har Har Mahadev. Se trata de una alabanza al Señor Shiva (Mahādeva), el mayor asceta y patrón de los sadhus.

Finalmente, mi cámara es básica y mi pulso poco profesional, por lo que se trata de un vídeo con estilo ‘casero’. De todos modos, con la ayuda de Hansika ha quedado una edición decente. Son 7′ que espero ayuden a dar una visión más clara de esta experiencia difícil de expresar en pocas palabras. Mientras sigo enfrascado en el libro prometido, dejo por hoy que la imagen me asista para expresarme mejor.

¡Har Har Mahadev!

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