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Archivo del Autor: Naren Herrero

¿Por qué el Yoga es una ciencia?

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A veces me pongo muy puntilloso. Hace poco leí un anuncio de algún retiro de meditación o algo así y quien lo impartía decía tener “más de 19 años de experiencia”, lo cual me crispó porque si realmente tienes más de 19 años de experiencia pones 20 y listo. 19 años es mucha experiencia y no hay nada que disimular, pero por repetición de frases tantas veces vistas y escuchadas uno termina poniendo “más de…” sin siquiera reflexionar lo que dice. Pasa lo mismo con esos productos cuyo eslogan es “mucho más que un…”, pero nunca te dicen que es eso de más que supuestamente ofrecen (aparte de falta de imaginación, claro).

Poniéndome serio y en el tema del día, definir el Yoga con mayúsculas puede ser complejo y largo, aunque a nivel descriptivo se suele decir que es una “ciencia” (algunos también agregan un “arte”, aunque eso lo dejo para otro día). Al hilo de lo que venimos hablando, me parece lógico que esta definición del “yoga como ciencia” pueda sonarles una frase hecha y hasta injustificada a los escépticos y desconocedores del contexto. Evidentemente, una sociedad moderna que considera como el único válido un conocimiento científico basado en criterios externamente objetivables y medibles, tenderá a sospechar de una disciplina que investiga el interior del ser humano.

¿Es entonces yoga = ciencia uno de esos lugares comunes que se repiten sin analizar, como “Tienda Faquir, el rey del colchón” o “mucho más que una hamburguesa”)?

Para empezar, creo que sirve ver la palabra sánscrita original que generalmente se traduce como “ciencia”, es decir vidyā, que también puede significar “conocimiento o saber” según el contexto. La raíz verbal es √vid que quiere decir “conocer” y está relacionada con “ver”, en el sentido de que para saber algo no basta con creerlo sino que hay que experimentarlo o, usando una expresión popular, “verlo con los propios ojos”. Como se empieza a notar, esta idea no es muy distinta de la del pensamiento científico moderno.

Hablando de eso veamos la etimología del término occidental “ciencia”: viene del latín scientĭa que quiere decir, oh casualidad, “conocimiento” y que deriva de scire y scindere, en el sentido de “distinguir, separar una cosa de otra”.

Hasta aquí hay similitudes. Sigamos entonces con la definición moderna de ciencia según la RAE: “Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”. Si bien yo creo que a esta definición le falta la palabra “experimentación” (un amigo científico me dice que esto aplica solo para las llamadas “ciencias experimentales”), nos sirve para profundizar el análisis, ya que el Yoga en sentido amplio incluye sin dudas “observación”, “razonamiento”, “conocimiento sistematizado” y “reglas generales”.

De hecho, y como dice el yogui y maestro Yogi Gupta, en una frase que podría aplicarse a la más rígida de las ciencias exactas:

“La filosofía del yoga comienza con la concepción de que cualquier idea que no sea confirmada por la experiencia debe mantenerse como mera especulación”.

Por más que uno esté muy seguro de lo que sabe, en general uno no tiene experiencia directa y personal de todo lo que conoce, sino que se basa en deducción y, sobre todo, en la experiencia directa de otras personas. La mayoría de nosotros no hemos comprobado con un telescopio que la Tierra gire alrededor del Sol, sin embargo lo consideramos totalmente cierto. ¿Basados en qué? Mi experiencia de ver moverse el Sol podría muy bien deberse a que es el astro rey quien gira alrededor de la Tierra, como se creía en Europa hace “solo” 500 años. Sin embargo, uno cree en lo que dicen los científicos porque ellos lo han confirmado empíricamente de forma directa.

De la misma forma, las verdades que enseña el Yoga también están basadas en las experiencias directas de terceros, que en este caso no se denominan “científicos” sino ṛṣis (rishis) o sabios videntes de la antigüedad.

Parafraseando a Swami Vivekananda en su famoso libro Raja Yoga, se puede decir que en las ciencias exactas es más fácil encontrar la verdad porque su campo de estudio (visible, medible) es rápidamente identificado con las experiencias particulares de cualquier ser humano (o con una experiencia universal de la humanidad). Es decir, la Ley de Gravitación es considerada verdadera porque aunque nunca hayamos dejado caer una manzana al suelo adrede, sí hemos tenido experiencias similares que la confirman.

En la “ciencia del Yoga”, en cambio, esta base experiencial es más reducida ya que se trata de un ámbito menos tangible, menos visible y al que estamos poco educados a prestar atención, ya que va más allá de la percepción sensorial, tanto física como mental, e incluso más allá del limitado conocimiento intelectual.

La sociedad moderna, junto con su paradigma científico, solo acepta como cierto aquello que se puede ver y medir de forma externa. Para la tradición yóguica, sin embargo, el “conocimiento externo” es “conocimiento parcial”, ya que no incluye la experiencia total, el conocimiento completo.

Yogi Gupta dice al respecto:

“La única forma de conocer algo tanto interna como externamente, por ejemplo una manzana, es identificarnos con eso, ser uno con eso”.

Los antiguos sabios, al igual que cualquier científico, afirman tener un método de investigación para esta ciencia del auto-conocimiento (a veces llamada ātma vidyā), cuya conclusión final es que “todo ya está dentro de uno”.  Este método incluye observar, pues de lo contrario no es más que teorizar. Obviamente es más fácil observar el mundo externo porque hay instrumentos para eso (microscopios, telescopios, sismógrafos, aceleradores de partículas…), mientras que en el mundo interno no hay herramientas de ayuda (excepto la misma mente hasta un cierto punto).

Asimismo, dice Vivekananda, que era un gran filósofo-santo famoso por su agudo intelecto, “uno debe usar su razón y su juicio; debe practicar y ver si estas cosas suceden o no”, ya que “es errado creer ciegamente”.

Y agrega: “los sabios declaran haber encontrado una verdad superior a la que los sentidos nos ofrecen y nos invitan a verificarla. Nos piden que sigamos el método y practiquemos honestamente y entonces, si no encontramos esa verdad superior, tendremos el derecho a decir que no hay verdad en dicha afirmación, pero hasta no haber hecho eso, no somos racionales negando la verdad de sus aseveraciones”.

No hace falta ahondar en el tema, pero decir que no existe el Ser porque no lo podemos medir puede ser tan irracional como decir que no existe la electricidad porque no podemos verla.

ciencia

Para los adherentes al paradigma cientificista moderno aquí habría un infiltrado…

Así como en la ciencia moderna existe una hipótesis que debe ser comprobada o descartada, y eso no debería ser un sesgo para la investigación, en el Yoga hay una “hipótesis” que es la existencia de una “verdad superior” o “Ser interior” o “Dios” u “Orden cósmico”, etc. y, por tanto, hay una cierta creencia o fe previas que son el punto de partida para la búsqueda de esa verdad. Sin embargo no son cualidades indispensables para confirmar la conclusión final, de la misma forma que no hace falta creer que la Tierra es redonda para darle la vuelta.

En este sentido, se habla de experimentar más que de creer, convirtiéndose uno mismo en el “tubo de ensayo” para la investigación.

Por tanto, la respuesta al título de este post es que el Yoga es una ciencia porque sirve para “conocer”, sobre la base de la experiencia directa personal y siguiendo un método específico. ¿Conocer qué? A uno mismo, su propia naturaleza siempre permanente, dichosa y en paz dicen los sabios.

¿Alguien tiene dudas? Pues que se dedique a hacer las pruebas de forma dedicada y honesta y, si corresponde, que me traiga las conclusiones bien redactadas que sin problemas le publico el paper en el blog.

¿Los extremos no son buenos?

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Siempre se dice que los refranes populares esconden una especie de sabiduría colectiva, aunque yo creo que eso depende del refrán y, sobre todo, de la intención final con que se los utilice. De hecho, estos proverbios suelen tener una versión que dice exactamente lo contrario y también se considera “sabiduría popular”. Yendo al caso concreto, uno de los dichos que más reflexión y debate me han ocupado es el conocido “ningún extremo es bueno” y la primera polémica que recuerdo haber tenido al respecto fue cuando, siendo adolescentes, y hablando de la paz, un amigo me dijo: “la paz en extremo tampoco sería buena; sería todo muy aburrido” (probablemente la percepción de lo que cada uno entendía por “paz” y “aburrido” era diferente).

Desde entonces, he luchado (con palabras) para demostrar que hay extremos buenos, es decir cosas/situaciones/estados que en “su grado más intenso, elevado o activo” son positivos y deseables. De hecho, si bien la mayoría de personas suscribiría la idea de que todos los extremos son malos, nunca escuché a nadie quejarse de que “Messi es el mejor futbolista del mundo” con el argumento de que “se puede ser bueno, pero con moderación”. Ni tampoco escuché a nadie censurar a la Madre Teresa de Calcuta por ser “demasiado entregada” ni criticar a Shakespeare por “escribir con extrema exquisitez”.

Nuestros padres, y nosotros como padres, pregonamos la “excelencia”, a la vez que dejamos claro la vital importancia del “punto medio”. ¿Es esto contradictorio? Como siempre, es la enseñanza espiritual de la India la que me da respuestas útiles para los dilemas de la vida. Vamos a ver…

Fue la lectura de unos versos de la Bhagavad Gītā lo que me hizo pensar una vez más en este tema y me decidió a escribir este post. En estos ślokas (6.16 y 6.17) el Señor Kṛṣṇa (Krishna) dice:

“El yoga es imposible para el que come demasiado y para el que no come nada, para que el que duerme demasiado y para el que está siempre despierto”.

“Para aquel que es moderado en la comida y en la recreación, en la ejecución de su trabajo, en el dormir y en la vigilia, el yoga se convierte en el destructor del sufrimiento”.

En la misma línea, el manual de haṭha yoga por antonomasia, la Haṭha Yoga Pradīpikā, enumera seis razones por las que el yogui fracasa (I.15):

“Comer de más, sobreesfuerzo, hablar demasiado (parlotear), realizar austeridades innecesarias, socializar y agitación”.

De estas seis, las cuatro primeras están claramente en la categoría de “extremos” que hay que evitar. Si un texto para haṭha yogis, es decir personas dispuestas a pasarse tres horas sentadas en padmāsana (postura con piernas cruzadas), a detener la respiración por varios minutos o a cortarse el frenillo de la lengua para poder tocarse la campanilla, aconseja no ser extremista, entonces hay que tenerlo en cuenta.

Sobre todo la idea de “realizar austeridades innecesarias” remite invariablemente a la historia de Siddhārtha Gautama, el Buda, que antes de su iluminación pasó por un periodo de duras penitencias junto a otros ascetas, al punto de estar al borde de la muerte física. Cuenta la tradición que fue en ese momento en que el Buda concibió la idea del “Camino del Medio” (madhyamaka en sánscrito) que consiste en evitar los dos extremos de auto-indulgencia física y emocional (algo que había conocido por su antigua vida como “príncipe”) y de mortificación y ascetismo excesivos.

Esta idea de equilibrio que suena tan lógica, también aparece en la antigua cultura griega, incluso inscrita en el templo del oráculo de Delfos con la frase “nada en exceso” (mēdén ágan, en griego). El filólogo Orland Grapí Rovira explica esta cosmovisión: “el exceso es algo propio de los dioses y de los animales; también de los héroes, en la medida que para lo bueno y para lo malo exceden los límites humanos”.

Quizás debido a esta reminiscencia griega en el inconsciente colectivo, cuando se habla de héroes, de reyes o de dioses uno está dispuesto a aceptar que sean “extremistas” en sus logros y virtudes; algo no tan aceptado con los seres humanos (visto así Messi sería un héroe; la Madre Teresa una santa y Shakespeare el rey de los poetas).

Siguiendo con los humanos, que es donde entramos la mayoría, el filósofo Aristóteles hablando de las pasiones humanas dice que “los extremos no son buenos ni laudables, y no merecen sino nuestra censura”, diferenciando entre la persona irascible, la impávida y la de cualidad intermedia, sinónimo de “dulzura”.

Por otra parte, llegó a mi pantalla esta entrevista (larga pero vale mucho la pena) con el Doctor en Filosofía y profesor en la Sri Sathya Sai University de la India, Albert Ferrer, en que hablando de la educación integral dice que “el guru, el maestro espiritual, enseña desde el camino del medio: propone, sugiere, abre una puerta o una ventana para que el estudiante investigue, descubra, practique por sí mismo”.

Efectivamente, mi maestro decía a menudo: “puedes vivir de la forma que te plazca; yo no te digo cómo vivir, sólo ofrezco un método antiguo que ha funcionado”.  Si bien aquí el énfasis está puesto en el aspecto educativo (y que mejor educador que el guru), otra vez nos encontramos con la idea del “justo medio”.

aristoteles

Por lo que veo, cuanto más se informa uno, más claro parece ser que “todos los excesos son malos”. Sobre todo ahora que la palabra “extremismo” está tan relacionada al llamado “terrorismo religioso”, y ya sabemos que cuando una palabra se asocia fuertemente a una idea (aunque esa relación no sea siempre justificada) es muy difícil volver atrás. De hecho la palabra “exceso” suena fatal, pero ¿puede un exceso de paz ser negativo, por ejemplo?

Sobre esto, en mi investigación, encontré una difundida frase de Santa Teresa de Jesús que me dejó perplejo: “no son buenos los extremos, aunque sea en virtud”.

¿O sea que esta gran santa mística esta diciéndome que la idea que defiendo es errada? Como soy un amante de la rigurosidad (y también, lo admito con vergüenza, de tener ideas no erradas…) busqué la cita en su contexto original, que es el libro Las Moradas del Castillo Interior y si bien la frase es literal, leída en contexto queda claro que no es lo que piensa la autora sino que es parte de una enumeración crítica de pensamientos nacidos de la “pusilanimidad y cobardía” (en este caso referidos al tema de la plegaria).

Me alegro que así sea, ya que si la virtud en extremo no es buena, entonces mi entendimiento de este mundo se vería muy trastocado.

Después de este rápido repaso por las Escrituras y las enseñanzas de diferentes tradiciones, esto es lo que me queda como conclusión personal: la moderación y el equilibrio son valores básicos para la búsqueda espiritual y, por ello, la filosofía del yoga recomienda una vida sencilla, sin grandes sobresaltos ni apegos y una buena dosis de discernimiento (lo que se suele llamar “sentido común”).

Como contra-ejemplo: en la Kumbha Mela conocí un chico occidental que, después de tomar un baño en las aguas sagradas, decidió dejar el café, el tabaco, la marihuana y el azúcar, todo de una vez. Su propósito duró apenas un par de días…

Ahora, para mí, este punto medio, importante y tan alabado, no es otra cosa que un método para llegar a un estado de quietud y balance en que la dicha y la paz interior son máximas; “extremas” si se quiere; “excesivas” si se puede.

El mundo tal como lo conocemos es dual y se mueve entre extremos; por eso buscamos un centro (algunos lo llaman el Ser interior; otros el guru en tu propio corazón; otros Dios…).

Eso sí, una vez encontrado el centro en uno mismo, dicen los grandes sabios, lo que uno vivencia ya no es exagerado ni insuficiente; ya no tiene etiquetas ni adjetivos; ya no queda polémica por debatir ni razones que argumentar y, en suma, pierde sentido lo que cualquier hijo de vecino tenga para opinar.

Pinceladas de la presentación de ‘Kumbha Mela’

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Para complacer a mi madre y especialmente a mi suegra, me afeité, me corté el pelo y me puse una camisa planchada: un hecho que ocurre con la misma frecuencia que la Kumbha Mela. Todo para estar pulcro para la esperada presentación en Barcelona de mi libro Kumbha Mela, la celebración espiritual más grande del mundo publicado por Editorial Kairós.

Para hacerlo corto: todo fue muy bien y estoy satisfecho y contento. Hubo una muy buena asistencia, con todas las sillas ocupadas, muchas personas de pie y otras tantas en la escalera. Fiel al espíritu de la celebración multitudinaria que es la Kumbha Mela, la presentación fue populosa. Y también fieles al estilo de la Kumbha no contamos los asistentes de forma científica, sino a ojo, y calculamos que hubo unas 100 personas o más en el momento de máxima audiencia. (Nota: todas las imágenes se agrandan al clicar en ellas).

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Vista desde la escalera, en lo más atrás, de cuan llena estaba la sala.

Obviamente la presencia de Swami Satyānanda Saraswatī fue un gran imán, ya que la oportunidad de escuchar y ver a un maestro espiritual genuino no debe desaprovecharse. Justamente la presencia y charla del Swami acerca del monasticismo y las organizaciones religiosas hindúes fue motivo de gran alegría para mí y todo lo que dijo fue interesante y una gran inspiración. Como muestra comparto algunas frases que dijo Satyānanda: “En la India la vida contemplativa todavía existe… En Occidente la vida contemplativa está desapareciendo. La palabra contemplación ¿cuándo la habéis oído por última vez?… Por la radio nunca la oís”. “La renuncia no sería el hecho de afeitarse o ponerse una ropa, sino que es la renuncia interior del ego; ir más allá de la limitación egoica. Esta sería la auténtica renuncia… Un caso perfecto de renuncia, de desapego total es tener sólo la necesidad de recibir el conocimiento”. “En la India actual habrá 5 o 6 millones de sādhus, personas que han abandonado sus familias, sus vidas, para vivir en la contemplación. Unas 200.000 o 300.000 de estas personas visitan la Kumbha Mela. Esta presencia es muy preciada para un hindú”. “En los sādhus ves otra forma de vivir; el sādhu vive en el mundo del símbolo, en el mundo del mito; el sādhu parece que aún conviva con Śiva (Shiva)… Lo importante es estar en lo trascendente, en la contemplación”.

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Swami Satyānanda Saraswatī explicando el concepto de renuncia y desapego, con Agustín Pániker a su lado absorbiendo cada palabra.

Para quienes no pudieron estar en la presentación ni pudieron verlo en streaming, la grabación de esa transmisión sigue disponible en YouTube y puede verse aquí. La calidad del vídeo es baja aunque el audio es aceptable. Como hemos hecho una grabación aparte de mejor calidad, esperamos subirla pronto a la red y compartirla. Quiero dar las gracias a todas las personas involucradas en la presentación, tanto a nivel organizativo y práctico como a quienes asistieron y aguantaron de pie o sentados de forma poco confortable e incluyendo también a las personas que hicieron cola amablemente para que yo les firmara el libro.

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Otra vista de los asistentes, incluyendo el detalle de la escalera convertida en gradería.

Además de las palabras de Agustín Pániker, de Swami Satyānanda y de las mías, se proyectó el espectacular booktráiler del libro, hecho por las amorosas manos de mi esposa Hansika. Y al final, después de unas 3 o 4 preguntas finales, tuvo lugar la prometida sorpresa especial: Accediendo a mi pedido, Swami Satyānanda roció a los presentes con algunas gotas de agua sagrada traída directamente del sangam, la conjunción de los ríos, de Prayāg (Allahabad). Dicha agua la recogí yo mismo en el día más auspicioso de la Kumbha Mela 2013 y como todavía me quedaba un poquito pensé que sería una buena forma de que todos nos “sumergiéramos” en el festival.

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Los tres ponentes juntos.

Una vez más gracias a todos por el apoyo.

¡Hara Hara Mahādeva Śambho!

Booktráiler del libro ‘Kumbha Mela’

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A pesar de haber nacido en 1979, yo no me considero lo que se llama un “nativo digital” y, aunque ahora escribo un blog, siempre fui de los que llevan una libretita de papel a mano; llegué a presentar monografías escritas a máquina en mis primeros años de carrera universitaria (hablamos de 1997-1999); y, por hábito, escuché cassettes hasta bien entrado el siglo XXI (y no por ser vintage…).

En el otro lado de la balanza, cada día leo más en pantalla y menos en papel; mi primer libro existe sólo digitalmente; participo regularmente de las redes sociales y ya no escucho cassettes… Por tanto, y a veces con cierta incomodidad, me siento con un pie en cada bote, entre lo tradicional y lo moderno.

En cualquier caso, lo digital ha cobrado gran importancia en mi vida y esta adaptación a los nuevos tiempos ha sido bastante natural, aunque debo admitir que mi pretendida apertura mental sufrió un shock la primera vez que supe de la existencia de los booktráilers.

Cuando yo era chico, a los avances de las películas se les decía “colillas” (al menos en Argentina), lo cual no tenía nada que ver con cigarrillos sino que era una mala traducción del inglés trailer, que quiere decir “remolque”, algo que va por detrás, ya que, en origen, esos resúmenes audiovisuales se solían pasar después de la película principal. Yo siempre los vi antes de las películas y con los años aprendí a llamarlos con su nombre anglosajón, que ya está tan difundido que lo acepta hasta la Real Academia Española, poniéndole acento, claro: tráiler.

Como indica su nombre, un booktráiler es el resumen audiovisual de un libro, lo cual suena raro al principio, ya que un libro está hecho sólo de palabras. Para mi mente poco creativa un booktráiler sólo podía hacerse de dos maneras: el autor leyendo a cámara fragmentos de su obra (¡muy aburrido, sobre todo si el autor soy yo!) o, opción dos, hacer un PowerPoint de fotos de las páginas del libro de papel (más que aburrido, inútil). La sorpresa es que existen muchas otras maneras: el autor explicando su obra; actores dramatizando una escena del libro; montaje de música e imágenes al estilo videoclip…

Portada&Contra

Por suerte para mí, mi esposa Hansika tiene mucha capacidad audiovisual, es creativa y sabe editar vídeos, por lo que con su completa dedicación durante horas puso orden y estética a las pocas ideas que yo tenía para el booktráiler de mi libro Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo. Como resultado de su trabajo, su sentido del ritmo y su creatividad ya está disponible de forma pública este resumen audiovisual del libro, que yo creo genera un buen gancho y deseos de leerlo.

En los 3’15’’ que dura el booktráiler hay imágenes mías, de mi amigo Alex Bütow, del gran fotógrafo Wolfgang Weinhardt y también hay varios fragmentos de documentales audiovisuales, básicamente de la BBC y de National Geographic, que tienen un nivel técnico muy alto.

La evocativa y pertinente música del booktráiler se llama Shiv Tandav Stotra y la conocí por un CD que le compramos a mi hermano en Arunachala hace algunos años.

Por si no lo saben, mi libro fue publicado por Editorial Kairós en Febrero de 2015. Por si no aún saben de qué se trata, a continuación comparto un espectacular resumen audiovisual, también llamado booktráiler.

Advertencia: ¡Si quieres evitar las ganas abrumadoras de leer el libro, mejor no mires el booktráiler!

Consejo final: Enciende tus altavoces, activa la opción de pantalla completa y sumérgete en la Kumbha Mela…

La presentación oficial del libro en Barcelona será el Jueves 9 de Abril de 2015 a las 19h de España. Para quienes estén lejos de Barcelona o no puedan asistir, estamos preparando una trasmisión en streaming en directo. Para verla solo basta con clicar aquí y esperar la hora señalada (con su huso horario pertinente, claro).

Āditya Hṛdayam, un himno al Sol

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En el libro ¡Levántate y ruge! de Mahendra Tevar, el autor dedica un breve capítulo a contar la historia del Āditya hṛdayam (pronúnciese “hridayam”), un himno de alabanza al Sol, como una introducción a la técnica de sun gazing (“mirar fijamente el sol”), una práctica yóguica muy antigua que está refloreciendo en la actualidad. La lectura de ese capítulo inspiró en mí el deseo de conocer más sobre dicho himno solar, ya que sin saber nada del sun gazing, sí que estoy informado sobre la importancia del Sol en la tradición india, al igual que en muchas otras civilizaciones antiguas.

En la tradición védica, el Sol, llamado Sūrya, es considerado el representante de Dios en el cielo y, además, las tres divisiones del día basadas en la posición del Sol (tri-sandhyā), es decir amanecer, mediodía y atardecer, son de gran importancia en la realización de rituales y recitación de mantras, incluso hoy. La luz del intelecto y del conocimiento se relaciona obviamente con el fulgor solar y es por ello, por ejemplo, que un eclipse solar es poco auspicioso, ya que supone el oscurecimiento de ese brillo superior.

Asimismo, biológicamente hablando, el Sol otorga luz y energía de vida para todo el universo y sin su poder sería imposible que existiera el mundo tal como lo conocemos. A la vez, el calor del sol puede ser abrasador si no tiene su contraparte (la frescura lunar) y, por tanto, su figura también se relaciona con el sacrificio ritual universal, ya que el sol es una estrella que se está consumiendo a sí misma (por el bien común) y también puede consumir, con su calor, la vida de todos los seres. En el cuerpo humano ese poder de consumo se relaciona con el fuego gástrico de la digestión.

Por tanto, y en honor a sus muchos atributos, hay variadas formas tradicionales de adorar al Sol, incluyendo la popular, y algunos sostienen moderna, secuencia de Sūrya Namaskāra, los famosos “saludos al Sol” que todo estudiante de yoga postural practica en la actualidad y en cualquier escuela de yoga.

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Volviendo al Āditya hṛdayam, se trata de un himno relativamente breve (31 o 32 estrofas según la fuente) que aparece en el Rāmāyaṇa (pronúnciese Ramáyana), el poema épico y espiritual que narra las ejemplares vidas del príncipe Rāma y de su fiel esposa Sītā enfrentando, entre otras cosas, las vicisitudes del exilio y la separación. Como corresponde a una obra tan antigua, difundida y, además, india, las versiones disponibles son muchas y diferentes, y este himno solar no aparece en todas ellas. Según mis fuentes aparece en el Rāmāyaṇa original compuesto por el sabio-poeta Valmiki, aunque después de algunas verificaciones puedo decir que ni siquiera todas las versiones de Valmiki lo traen (lo cual es natural en una tradición popular y oral).

Sin necesidad de ponernos meticulosos, voy a centrarme en el aspecto de la historia que me interesa hoy: Después de un muy largo tiempo de búsqueda y sufrimiento, el príncipe Rāma descubre que Sītā, que había sido raptada, está secuestrada por el demonio Rāvaṇa en la isla de Lanka. Allí se dirige Rāma con su ejército de monos y osos para entablar una gran batalla contra miles de temibles asuras. Luego de varios días de lucha, llega el momento del encuentro definitivo entre Rāma, príncipe de la dinastía solar Raghu, y Rāvaṇa, un brāhmaṇa que, por su ego, se había dejado ganar por el lado oscuro.

Llegados a este punto, la cruenta batalla, el esfuerzo y la tensión emocional hacen que el Señor Rāma esté exhausto. Rāvaṇa tiene diez cabezas y es casi inmortal; cada vez que Rāma le corta una de sus cabezas con sus flechas, ésta le crece de nuevo. Rāma pierde la moral. Y entonces se le aparece (algunos dicen físicamente, otros en el plano mental) el sabio Agastya para decirle:

“Oh Rāma, de poderosos brazos, escucha esto que es secreto y eterno por lo cual serás victorioso en la batalla”

Y entonces le recita el Āditya hṛdayam. Āditya es otro nombre del Sol que simplemente quiere decir “hijo de Aditi”, que en la mitología hindú es considerada la “madre de los dioses”. El término hṛdayam significa literalmente “corazón” aunque, en este contexto, también se podría traducir como “esencia” o incluso como “el verdadero conocimiento del dios Sol”. Dicho conocimiento divino incluye versos como:

“Esto (el Sol) está compuesto por todos los devas,
es brillante, es el creador de los rayos de luz…

Es la vida de las criaturas, hacedor de las estaciones, iluminador… monta en siete caballos, disipa la oscuridad, es benéfico…

De matriz de fuego, elimina el frío, es causante de grandes lluvias… de color dorado, querido por todos, poseedor de doce formas…”

Finalmente, el sabio le dice a Rāma:

“Oh Raghava, quien frente a la adversidad, en peligro, en bosques o en pánico / cante (este himno) no se hundirá en el desánimo”.

Entonces Rāma canta el stotram y vence la batalla contra Rāvaṇa, como era de esperar.

Al investigar este tema me atrajo especialmente la personalidad de Agastya, un ṛṣi (rishi) o “sabio vidente”, de aquellos a quienes se atribuye gran parte de la revelación de las Escrituras védicas, a la vez que son protagonistas permanentes de las historias antiguas de la tradición hindú. En este caso particular, Agastya (o Agasti) es el sabio que se dice llevó muchas de las tradiciones del norte de la India hacia el sur, o dicho de otra forma: fue quien introdujo el vedismo (algunos dirán brahmanismo) en el sur del país. De hecho, Heinrich Zimmer llega a decir que es el “santo patrono de la India meridional”.

Efectivamente, el rol de Agastya en el sur es importante, ya que se le tiene como el transmisor original de la lengua tamil (es llamado Akatiyyar en tamil), y también se le considera el primero de los 18 siddhas (“seres perfectos con poderes”), al punto de que en alguna tradición del sur la versión sea contraria: es Akatiyyar quien lleva la enseñanza del haṭha yoga al norte. En cualquier caso, se le atribuye la fundación de la medicina siddha del sur de la India, un equivalente en desarrollo e importancia a la medicina Āyurveda ahora tan popular.

Asimismo, el nacimiento del Kāverī, el sagrado río del sur de la India, está relacionado con Agastya y una historia del derramamiento de su vasija de agua, elemento tradicional de los renunciantes. Como dato curioso, la tradición lo presenta como bajo de estatura.

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La relación de Agastya con el sur de la India tiene su apogeo simbólico en la historia de su encuentro con las montañas Vindhya, una cadena montañosa que tiene poca altura (su pico máximo no pasa los 2.500mt) y que se considera la separación natural entre el norte y el sur de la India, dando paso a lo que se llama geográficamente “la meseta del Decán”. La historia cuenta que al saber que los Himalayas eran más altos, las Vindhya se sintieron humilladas y, por orgullo, decidieron crecer, al punto de que bloquearon el curso diario del Sol, con la consecuencia de que la tierra y todos sus seres empezaron a sufrir un calor abrasador, ya que no llegaba la noche y el Sol estaba siempre alto.

Entonces el Señor Śiva envió a Agastya para que, en su camino hacia el sur, se encontrara con las presuntuosas montañas y solucionara el problema. Las Vindhya, al ver al sabio, se postraron como símbolo de respeto y le preguntaron cómo podían servirle. El sabio les pidió que se mantuvieran en actitud de reverencia hasta que él regresara de su viaje al sur. Agastya nunca regresó y así las montañas Vindhya permanecieron bajas, incluso hasta hoy. De ahí viene el nombre sánscrito del sabio, que quiere decir “movedor (asta) de montañas (aga)”.

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La aparición de Agastya en medio del enfrentamiento final de Rāma y Rāvaṇa no es casual, ya que la batalla tiene lugar en el extremo sur, en la isla de Lanka, incluso más allá del límite continental índico y, cómo acabamos de ver, esa zona está bajo la jurisdicción del sabio. Al mismo tiempo, no es la primera vez que el príncipe solar y el ṛṣi se encuentran, pues durante el primer periodo de exilio, Sītā, Rāma y su hermano Lakṣmaṇa (Lákshmana) pasaron por el āśrama (áshrama) que Agastya tenía en el bosque de Daṇḍakā, justo después de cruzar las montañas Vindhya.

De hecho, es por consejo de Agastya que Sītā, Rāma y Lakṣmaṇa se instalan a pasar años de exilio en la boscosa zona de Pañcavaṭī (Panchavati), que actualmente se dice está en la ciudad sagrada de Náshik, uno de los cuatro puntos donde se celebra la populosa Kumbha Mela.

Todavía en su ermita, el sabio le regala a Rāma un “arco decorado con oro y joyas que perteneció a Viṣṇu (Vishnu), y que Viśvakarmā (Vishvakarma, el arquitecto de los dioses) había fabricado para él”. A la vez, Agastya le da una flecha que había recibido del dios Brahmā, explicando que es “la mejor de las flechas, brilla como el sol y siempre acierta en la diana”. Y, de paso, le ofrece unas aljabas inagotables, obsequio de Indra, dios del cielo y la lluvia.

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De todos modos, ni el arco ni la flecha mágicas son suficientes para matar a Rāvaṇa y es cuando Agastya le da a Rāma un arma más poderosa, basada en la devoción: adorar al Sol.

En el sur de la India, Agastya está relacionado con la energía solar y su poder feroz y devorador. Hay una historia conocida en que Agastya, con el poderío de sus jugos gástricos, digiere a un demonio que, camuflado de carne de cordero, había entrado en su estómago con la intención de hacerlo reventar. A su vez, recordemos que el Sol es el principal consumidor y fue la intervención de Agastya la que hizo que las Vindhya se postrasen y así el Sol dejara de abrasar el mundo.

Por tanto, el himno a Āditya es muy apropiado saliendo de boca de este ṛṣi y, según se dice, es igual de conveniente para cualquier persona que desee adorar las cualidades innumerables del astro rey. Hablando de apropiado, este Sábado 28 de Marzo de 2015 se celebra Rāma Navamī, la festividad del nacimiento del príncipe Rāma, por lo que viene justo recordar parte de su historia, en este caso su batalla final.

Para escuchar el Āditya hṛdayam recitado a secas, clicar aquí. Para seguir el texto, una versión en sánscrito técnico transliterado puede leerse aquí.

Para escuchar una versión un poco más musical del himno:

Y que el eterno Sol nos ilumine.

¡Om Ādityāya Namaha!

Presentación de ‘Kumbha Mela’ y entrevistas de radio

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Hace unas pocas semanas que mi libro Kumbha Mela: la celebración espiritual más grande del mundo está publicado y, como corresponde, junto con Editorial Kairós estamos realizando una serie de eventos de difusión en el mundo digital, en el mundo radiofónico y, ahora también, en el mundo tangible de carne y hueso. Concretamente ya tenemos fecha, hora y lugar para la presentación oficial del libro: Jueves 9 de Abril, a las 19:00h, en la Librería Altaïr de Barcelona.

La presentación estará a cargo del director de Editorial Kairós, Agustín Pániker, un profundo conocedor de la India, escritor de cuatro libros prestigiosos y dedicados exclusivamente a ese inmenso país y, sobre todo, a algunas de sus cuestiones menos difundidas en lengua española. Agustín es un gran orador y seguramente nos introducirá rápidamente en clima “índico”.

Asimismo, estoy muy feliz de anunciar que estaremos honrados de contar con la auspiciosa presencia del muy respetado Swami Satyānanda Saraswatī, monje hindú de origen español y genuino maestro espiritual que ha vivido más de tres décadas en la India estudiando, practicando, peregrinando y experimentando en primera persona la tradición hindú y sus enseñanzas espirituales. El Swami reside actualmente en Cataluña, donde fundó la organización espiritual Advaitavidya, y además es autor del esclarecedor libro El hinduismo.

La presencia del Swami me honra porque es una de las personas españolas más eruditas sobre la tradición hindú, pero sobre todo porque es un maestro espiritual por derecho propio, después de haber seguido el camino indicado para cualquier aspirante al auto-conocimiento. La participación del Swami estará enfocada a dar una breve charla acerca las organizaciones ascéticas de la India, un tema casi desconocido en España (y Occidente en general) y que es fundamental en el marco de la festividad de la Kumbha Mela.

De todos modos, el Swami podría hablar de otro tema y para mí (y los asistentes) sería igual de beneficioso. De hecho, su presencia hace que un mero evento literario se convierta también en un evento espiritual, un verdadero satsang, en el sentido tradicional de la palabra, que refiere a estar en “compañía de personas santas”.

swami_satyananda

Por otra parte, y teniendo poco de santo, yo también estaré presente como es natural. El autor debe dar la cara. Ofreceré un panorama general y entretenido del gran “festival del cántaro” para que todos puedan entender y situarse en un acontecimiento tan ajeno a la lógica cotidiana occidental. También responderé preguntas, si surgen, y firmaré libros, si a alguien le interesa mi poco trabajada caligrafía.

Como detalles extra quiero decir que habrá proyección de imágenes para ilustrar un acontecimiento tan visual como la Kumbha Mela y, además, habrá una sorpresa final para todos los asistentes.

No quiero dejar de nombrar el lugar de la presentación, la emblemática Librería Altaïr (Gran Vía de les Corts Catalanes, 616 – Barcelona), conocida por ser la “mayor librería europea especializada en viajes” y por su afán de difundir culturas y realidades diferentes de alrededor del mundo. En la planta inferior de la librería, donde también está el Café de Altaïr, rodeados de mapamundis y libros, esperaremos cómodamente vuestra llegada.

Para los lectores e interesados que no viven en Barcelona, estamos valorando la posibilidad de emitir la presentación en streaming en vivo o, al menos, grabarla y subirla a YouTube o similar más tarde. En cuanto eso esté definido lo informaré debidamente.

Mientras tanto les dejo el flyer de la presentación (se agranda al clicar):

presentación_flyer

En este plan de difusión del libro que estamos acometiendo están incluidas las entrevistas radiales, en las que generalmente doy pinceladas de la multitudinaria celebración. Así que, como un aperitivo para quienes puedan venir físicamente a la presentación, y también como un consuelo temporal para quienes no podrán venir, comparto cuatro entrevistas de las últimas semanas:

– Entrevista para el programa La casa de la palabra de Radio Euskadi (es decir, del País Vasco) a cargo de Rogelio Blasco. El enlace es el programa entero, aunque yo aparezco recién en el 18’ aproximadamente. Se puede adelantar con el mouse si uno quiere. Se puede escuchar clicando aquí.

– Entrevista para el programa Asia hoy de Radio Exterior de España con Eloy Ramos. Se puede escuchar clicando aquí.

–  Entrevista para el programa Llibres & company de Radio Nacional de Andorra conducido por Lourdes Prat. Hay un par de momentos en que me cortaron con la edición, no sé bien por qué. Aparezco cerca del 4′ y la periodista habla en catalán al principio. Se puede escuchar aquí.

– Entrevista para el programa Luces en la oscuridad de Gestiona Radio con Pedro Riba. Es la más larga de todas y eso es de agradecer, aunque al final ya me preguntan sobre los tópicos de la India (vacas, cadáveres cremados, pobreza…) y se me nota un poco el cansancio para hablar de eso. Se puede escuchar aquí.

Obviamente no hace falta escuchar todas las entrevistas porque algunas respuestas se repiten, aunque cada grabación tiene su matiz.

¡Gracias a todos por interesarse en el libro Kumbha Mela! Y seguiré informando…

Holi, la famosa fiesta de los colores

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Desde hace un tiempo los telediarios se llenan, por un día, de las sugestivas imágenes del festival de Holi, “la celebración más alocada” de la India como dicen algunos en la búsqueda de un eslogan atractivo. De todos los eslóganes, el más usado es el de “la fiesta de los colores” ya que la celebración es conocida porque los participantes se lanzan polvos de colores y agua coloreada en una actitud de juego y alegría. Todo este despliegue cromático es, en realidad, un símbolo de la llegada de la primavera con sus tonalidades de vida y, por tanto, el Holi es actualmente una mezcla de festividad religiosa, profana y conmemoración del ciclo natural de la estaciones.

En el hemisferio norte el equinoccio de primavera ocurre alrededor del 21 de Marzo, aunque como la fecha de Holi varía según el calendario lunar (cae en la luna llena del mes de Phalguna, o sea febrero-marzo) este año 2015 tocó el 6 de Marzo, un poco temprano. Por este motivo, en la ciudad sagrada de Varanasi, por ejemplo, Indica Books informaba que no hacía suficiente calor para jugar con agua, aunque eso no impediría que la vida normal de la ciudad se detuviera por un día para celebrar.

El gran valor de esta festividad, además de divertirse, es que por un día caen las barreras sociales, con todas las caras igual de pintarrajeadas, y “las enemistades y las tensiones se solucionan en un abrazo de amor”. Ni siquiera hace falta ser un hindú para celebrar el Holi, aunque su origen sea considerado religioso. Hay al menos tres relatos mitológicos que explican el nacimiento de Holi, de los cuales el más popular es el que dice que se conmemora el día en que el dios Viṣṇu (Vishnu) salvó a su joven devoto Prahlāda de morir quemado en una hoguera en un ardid de la mujer-demonio Holikā, que se suponía era inmune al fuego y, en realidad, fue ella quien se quemó por intervención Divina. Justamente esta historia y el nombre de la demonio dan nombre al festival que nos compete hoy. Y por ello también es tradición encender hogueras la noche previa a Holi.

Tradicionalmente esta celebración tiene mayor popularidad en el norte de la India, especialmente entre los devotos del Señor Kṛṣṇa (Krishna), y por eso la mayoría de imágenes que aparecen en los medios de comunicación son de templos o sitios de las ciudades de Vrindavan o Barsana (o Varsana), epicentro mundial del culto a Kṛṣṇa, donde el aspecto religioso de Holi realmente es tenido en cuenta y entonces el resultado visual es mucho más evocador para los interesados en “la India espiritual”.

De todos modos, en la actualidad Holi está difundido por todo el país y no solo eso, sino que todo alrededor del mundo hay celebraciones de Holi organizadas incluso por grupos de personas que no son indias, ni hindúes y que simplemente quieren participar en un evento tan divertido y colorido, sin ningún trasfondo religioso o espiritual. No me parece grave, excepto cuando esas reuniones son, en realidad, fiestas de puro exceso como cualquier otra rave pero con el toque distintivo de los colores. ¿Hay alguna diferencia entre eso y la “fiesta de la espuma” que se organizaba regularmente en la discoteca de mi pueblo?

Como siempre, yo abogo más por espiritualizar la vida cotidiana que por banalizar y consumir como producto cotidiano la tradición espiritual. De hecho en la mayoría de ciudades europeas, y por cuestiones climáticas, la fiesta de Holi es en abril o mayo, dejando atrás una relación directa con el origen del festival, excepto quizás con la idea de ser niños por un rato (que no está mal).

Acabo de ver el programa especial que grabó el sacerdote hindú Krishna Kripa Dasa (Juan Carlos Ramchandani) acerca de este Holi 2015 y como él lo explica muy bien y yo no estoy especialmente locuaz recomiendo ver y oír estos 10’ en que Ramchandani resume los detalles del festival de forma clara y muy entretenida, incluyendo una divertida anécdota personal.

Dejo, además, unas pocas imágenes muy atractivas para que no olvidemos nuestro lado infantil y alegre:

OM

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