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Chūdākarana, el sacramento de cortar el cabello

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En la semana más vacacional del verano europeo esta bitácora no descuida sus obligaciones, por el simple hecho de que la espiritualidad nunca se toma recreos. De todos modos, teniendo en cuenta que muchos lectores están con tesitura playera, he optado por no ponerme filosófico ni ser demasiado extenso con el post de hoy. Se trata, más bien, de un breve post cultural, con implicancia personal.

La palabra sánscrita samskāra es bastante amplia en sus posibles significados, de los cuales hoy sólo destacaré el que se traduce comúnmente como ‘sacramento’, en el sentido de ceremonia religiosa “para celebrar y santificar las coyunturas cruciales de la vida, para informar a la familia y a la comunidad, y para asegurar la bendición de los mundos internos”.

Así como en la religión católica existen siete sacramentos (bautismo, comunión, etc.), todas las religiones y culturas tienen establecidos sus ritos de pasaje. En el caso del hinduismo se habla tradicionalmente de 12 samskāras (aunque según la fuente también se citan 16 y hasta 40) que incluyen, por ejemplo, la ceremonia de dar nombre al/la niño/a (nāmakarana), la ingesta de su primera comida sólida (annaprāsana), o, ya como último, el rito del matrimonio (vivāha).

Haciendo el mechón

La octava de estas ceremonias rituales, siguiendo el listado tradicional, es llamada chūdākarana, y consiste en el primer corte de pelo que se realiza a los niños, generalmente cuando tienen entre 1 y 3 años de edad (aunque sobre esto también hay diversas versiones que hablan de los 4 o hasta los 7 años). La cabeza del/la niño/a es rapada y untada con pasta de sándalo.

La palabra sánscrita chūdā refiere al ‘mechón de pelo que queda en el tope de la cabeza’ después de cortar el cabello. Chūdākarana, por su parte, es literalmente “hacer el mechón”. Es decir, que no se trata de un rapado completo sino que se deja un mechón de cabello, sobre todo en el tope o parte posterior de la cabeza.

Este primer corte de pelo es entendido simbólicamente como dejar atrás las impurezas y cargas de otras vidas, pero siempre se deja un mechón que, por un lado, se dice que sirve para que el Señor Krishna agarre al devoto y lo lleve consigo a los planos superiores, o sea lo libere de la rueda de reencarnaciones. Este mechón se llama chūdā o también shikhā.

Este mechón de pelo es un símbolo de pertenencia religiosa, aunque no lo utilizan todos los hindúes, ni mucho menos. De hecho, actualmente es visto sobre todo en renunciantes y estudiantes espirituales, como también en los miembros de ISKCON, que es la sigla del movimiento llamado ‘Hare Krishna’.

Puede que esta tradición hindú suene exótica, pero lo curioso es que, por ejemplo, en el catolicismo, una religión que a primera vista nos parece tan diferente a las religiones orientales, también existe un rito muy similar. De hecho en español existe la palabra ‘tonsurar‘ que significa “cortar el pelo” y tiene un origen religioso ya que refiere a cuando alguien se convertía en clérigo, “lo que se realizaba mediante el corte ritual de cierta porción de cabello”. Este corte, llamado ‘tonsura’ era “ordinariamente de forma circular” y también un “rito preparatorio que precedía a la recepción de las antiguas órdenes menores”.

Kung Fu

Mi hermano Rakhal siempre tuvo tendencia artística y, además, una atracción especial para las películas de artes marciales. Si después de ver la mítica Karate Kid pidió a mi madre un kimono de karate, que fue apropiadamente decorado con un dragón ígneo, el efecto de ver cada semana la serie Kung Fu protagonizada por David Carradine no podía ser menos.

Antes de ser un invencible monje shaolin en el lejano Oeste norteamericano, Kwai Chang Caine fue un “pequeño saltamontes” que practicó durante años en un monasterio de China. Durante esa etapa de entrenamiento llevaba la cabeza rapada.

Mi hermano, al ver al pequeño saltamontes sintió algún tipo de inspiración y, entonces, solicitó a mis padres que le raparan la cabeza. Corría el año 1985. Él tenía 4 años.

Desde antes de mi nacimiento (y el de mi hermano) en mi familia ya estaban muy involucrados con la filosofía espiritual de la India, pero no somos hindúes ni en religión ni en comportamiento cultural. Mis padres, sin sospechar que cumplían con un ‘sacramento’ hindú, raparon la cabeza de Rakhal.

Si bien no le dejaron el mechón de pelo, a mi hermano no pareció importarle. Él estaba muy contento. Se había convertido en un pequeño monje shaolin.

Rakhal con su look shaolin

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  1. Muy bueno!!, creo recordar haber visto en el Ashram de Amma algunas madres llevando a sus hijos para que Amma les diera su primera comida.-

    Responder
  2. Querido Naren: ¡¡Mirá de las cosas que me entero sobre mi querido amigo Rakal!! Y la foto del Rakal niño es hermosa. Gracias por compartir algo tan bonito.
    Abrazo desde córdoba

    Responder

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