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Bin Laden y el dharma

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El tema de la semana (y del mes, y probablemente del año hasta ahora) es la muerte de Osama Bin Laden a manos de un comando especial estadounidense en una casa amurallada en Pakistán. La mayoría de los lectores conocerán a esta altura los detalles del caso, y si no los conocen es mejor que los busquen en un diario digital, pues yo no ahondaré en los recovecos de la ‘operación Gerónimo’. Lo que me interesa analizar, en realidad, es cuán dharmico es, desde el punto de vista espiritual, el asesinato de Bin Laden.

Dharma, una palabra sánscrita, suele traducirse como ‘ley’, ‘deber’, o incluso ‘religión’. Como pasa con muchas palabras del sánscrito, se necesitan varios vocablos en español (y otras lenguas occidentales) para definirla. Utilizando ese recurso necesario, se podría decir que el dharma es el conjunto de leyes universales que rigen lo que es correcto. Ya sabemos que ‘correcto’ es un concepto muy relativo, aunque aquí refiere a aquello que es correcto para alcanzar la felicidad (individual o colectiva, según el caso), algo así como el orden natural de las cosas.

Por un lado, existe la expresión Sanatana dharma que significa ‘el dharma eterno’ y es aquel que trasciende las eras, los protagonistas y las situaciones. Es la profunda y antiquísima filosofía védica que, en términos generales y mirada con atención, es común a todas las religiones verdaderas.

Por otro lado, cada ser (o alma) debe ser fiel a ese dharma eterno, a la vez que debe respetar su propio dharma individual. Es decir, lo que le toca hacer por su situación presente y particular (cosa, esta última, que viene determinada por el karma, es decir la cadena de causa-efecto generada por nuestras acciones pasadas).

Soldados

Vamos a los ejemplos. Una de las bases del óctuple sendero del yoga, tal como lo presenta el sabio Patañjali en sus Yoga sutras, es ahimsa, no dañar (o no-violencia). Evidentemente, el matar a otro ser sería romper este precepto que forma parte del dharma, digamos más bien universal.

Por su parte, en el dharma específico de un soldado está contemplada la opción de matar al enemigo. Es más, lo contrario podría considerarse ir en contra de su dharma como soldado.

En la Bhagavad Gita, la escritura sagrada por excelencia del Hinduismo, Arjuna, el más valeroso de los príncipes kshatriya (es decir, de la casta guerrera), situado en el campo de batalla de Kurukshetra, se niega a luchar contra el ejército enemigo, en el que militan sus primos, tíos, abuelos y maestros, porque no ve sentido en conquistar el reino a costa de matar a sus seres queridos.

En una escena conocida y dramática que ha trascendido el ámbito religioso, Sri Krishna, primo, amigo y auriga de Arjuna en esa encarnación, a la vez que infinito y eterno Señor del Universo, insta al desconcertado guerrero a luchar:

“Debes respetar tu deber y no vacilar, porque no hay nada más elevado para un kshatriya que una guerra justa” (Bg.G. 2.31)

“Pero si no luchas en esta guerra justa, habrás incurrido en pecado al renunciar a tu deber y a tu prestigio” (Bg.G. 2.33)

En ambos casos, las citas son según la traducción y comentarios de Swami Sivananda.

No voy a entrar en el análisis de la Bhagavad Gita porque no me da el cuero, pero es bueno aclarar que detrás de estas palabras, además de una explicación del dharma, hay una profunda filosofía espiritual sobre la inmortalidad del alma.

De todos modos, lo que quiero mostrar con este caso paradigmático es que, desde el punto de vista de un guerrero, luchar (y por consiguiente matar) es parte de su dharma, incluso cuando es contra sus propios parientes, y también, aparentemente, en contra del dharma universal.

Código

Sin embargo, este dharma del kshatriya, tal como era en los tiempos védicos, tiene sus códigos. Entre ellos, únicamente se lucha contra otro guerrero (ni otras castas, ni niños, ni mujeres); la lucha se realiza en el campo de batalla (no se saquean ciudades); no se ataca a alguien desarmado o a traición.

Digo esto porque la polémica ahora se instaló en si Bin Laden estaba efectivamente luchando, en batalla, o simplemente los soldados cayeron a su casa y le dispararon. Para muchos, la diferencia es sustancial. Estados Unidos admite que Bin Laden estaba desarmado, aunque sostiene que “no se rindió”, y por tanto fue asesinado, en una acción de “autodefensa nacional”.

Con los pocos datos ciertos que circulan (y que los días se supone irán ampliando), desde el punto de vista kshatriya, parece que Estados Unidos hubiera incumplido parte del código. A pesar de ello, muchos piensan que matar a Bin Laden fue lo correcto, en represalia a su planificación del atentado de las Torres Gemelas del 11-S, principalmente. Aunque pocos lo analicen conscientemente desde el punto de vista del dharma, el argumento básico es que Bin Laden tampoco cumplió el código kshatriya, y por tanto se le paga con la misma moneda.

Y entonces aquí entra otra cuestión, que tiene que ver con ¿Cuándo es correcto matar a un hombre? (o a un ser viviente, si queremos ser ‘védicos’).

Ilustración de Nate Beeler (The Washington Examiner)

Celebración

Cuando cayeron las Torres Gemelas en 2001 yo estudiaba en la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba, y dado lo extraordinario de los acontecimientos habían instalado una televisión vetusta en el pasillo principal de la ‘escuelita’, que tenía una clara tendencia de izquierdas (con sus vertientes de anti-capitalismo y anti-imperialismo). Varios estudiantes de la ECI (y de otras facultades similares, en otras partes de Argentina) celebraron activamente la caída de las Torres, como un ‘merecido castigo’ hacia la política exterior norteamericana.

Más allá de las ideologías personales, el celebrar la muerte de seres humanos es imposible de congeniar con la filosofía espiritual. Arjuna puede que cumpla con su dharma, pero no lo celebrará. En la tradición espiritual de la India, los grandes guerreros incluso realizan una puja (o ritual) purificadora después de matar a un enemigo piadoso (o con cierta evolución espiritual).

En el ejemplo de las Torres Gemelas es fácil denostar a aquellos que se alegraban por la ‘derrota’ estadounidense, por insensibles o parciales. ¿Y en el caso de Bin Laden? Desde el lunes ha habido muestras de alegría, euforia y celebración en varias partes del mundo (con especial énfasis en EE.UU. por supuesto) por la muerte de un ser humano. ¿Está eso de acuerdo con el dharma? El Vaticano, por ejemplo, tantas veces criticado, emitió un comunicado que decía ‘ningún cristiano se alegra por la muerte de un ser humano’.

En España (y no sólo) hay polémica porque algunos reclaman un juicio justo incluso para los peores criminales, mientras otros felicitan a Estados Unidos y celebran ‘un mundo más seguro’. Es paradójico que se hable de derechos humanos y democracia, pero se celebre y justifique la ley del Talión.

Con esto no quiero decir que Bin Laden no se lo mereciera o no se lo buscara, sino que me sorprende cómo gran parte del mundo se alegra de que alguien muera. He leído a alguien con repercusión pública que dijo, ‘Ojalá el próximo sea Gaddafi’.

Por su lado, el reconocido periodista español, Iñaki Gabilondo, definió muy bien la paradójica situación como un ‘jeroglífico moral‘.

Paz

Yo no tengo nada a favor de Bin Laden, ni tampoco de la violencia en ninguna forma. En esto soy muy gandhiano, y no creo que la violencia pueda traer paz.

De todos modos, quería poner en el tapete la cuestión del dharma y de que desde el ángulo espiritual siempre puede haber más de una visión ‘correcta’. El soldado armado para conseguir la paz es un oxímoron, pero a la vez matar puede ser su dharma. El Gobierno estadounidense informó que el soldado que disparó a Bin Laden será condecorado; como militar (o sea, un kshatriya moderno) se puede decir que cumplió con su dharma, pero desde una visión más universal, ¿es correcto premiar un asesinato?

Como se desprende de esto, el dharma puede variar según las circunstancias e incluso un país puede decidir matar a un hombre en nombre de sus víctimas y quizás sería correcto (esto es muy discutible). Lo que me cuesta asimilar es la celebración masiva por el asesinato de una persona, aunque ya sé que alguien argumentará que si hubieran matado a Hitler ‘a tiempo’ se habrían salvado muchas vidas. Salvando las distancias entre los dos personajes, efectivamente es difícil encontrar a alguien que se entristezca ante la idea de un Hitler asesinado, yo incluido.

Como dato extra: en el caso del alemán, Gandhi decía que el poder del amor y la no-violencia podían vencerle (fueron contemporáneos aunque a veces no parece).

De todas las paradojas y ‘jeroglíficos’ que genera este tema, para mí la principal es cómo un Nobel de la Paz puede autorizar y celebrar la muerte de alguien.

Entiendo que el presidente de los Estados Unidos no pueda escapar a su dharma de ordenar asesinar, pero no puedo entender que un Nobel de la Paz diga que se ‘ha hecho justicia’ cuando se asesinó a una persona. Es una gran paradoja, sobre todo porque se trata, casualmente, de la misma persona. Aunque, todo hay que decirlo, la culpa no es en realidad de Obama, sino de quienes le dieron ese premio, anticipado e injustificado.

No deja de ser una contradicción (al menos aparente) que el manido discurso de los derechos humanos y la paz en el mundo, tenga sus excepciones, según qué circunstancias.

Como se ve, la antigua disquisición sobre el dharma que tuvo lugar en el campo de Kurukshetra hace miles de años, está más vigente que nunca.

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  1. Otra vez, voy a tener que decirte que estoy de acuerdo con tus reflecciones,jejeje, sobre todo las últimas. Esta claro que este suceso, típico de una película de holywood, demuestra la reacción instintiva de un macho dominante que le han meado el territorio. No hay mas explicación racional ni moral.
    Un abrazo

    Responder
  2. la historia de Arjuna me recuerda a la historia romana de los Horacios, enfrentados a los Curiacios,a la vez parientes y enemigos. Cuando la hermana del último superviviente le recrimina la muerte de sus parientes, él la asesina diciendole “¡Ve a reunirte con él, puesto que te hace olvidar a tus hermanos muertos, al vivo y a la patria!”. Tal vez los americanos solo piensan en la patria y en sus muertos, justificando así los medios para conseguir sus fines. Su fanatismo está por encima de cualquier jeroglífico moral.

    Responder
  3. Cuando pienso en Krishna diciendole a Arjuna que su batalla era justa y que matar a sus parientes era lo que indicaba su dharma como guerrero,lo siento correcto porque Krishna era una encarnación divina que estaba mas allá de las dualidades de este mundo,pero no creo que Obama esté en esa condición.
    No creo que el presidente tenga conciencia de que “…el ser no mata ni muere” o que al alma ..” el fuego no lo quema , el agua no lo moja o el viento no lo seca”…..
    Ver la imagen de los altos funcionarios siguiendo la matanza por una pantalla me dió la impresión de estar viendo una de esas películas de guerra,de espionaje. Parecía algo irreal.
    Si uno le responde al odio con odio, el karma será sin duda mas odio, en la próxima encarnación estarán nuevamente enfrentados.
    Aunque el momento de morir de Bin Laden debía ser ese, como consecuencia de su karma, el ejecutor y los ideólogos no se librarán del karma que deberán “sufrir” como consecuencia de esa acción.
    Las leyes del karma son impecables,no dejan cabos sueltos.
    Me parece muy bueno analizar estos temas desde un punto de vista espiritual. Que definitivamente es el único que vale la pena, porque va mas allá de la ilusión filmica de este mundo.

    Responder
  4. Qué buen comentario el de Teresa. Te invito a que leas el libro del autor de este blog, ¡vale mucho la pena!
    Saludos,
    Hansika

    Responder

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