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Dios por necesidad

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En estos tiempos estoy haciendo muchos cursos, de los cuales no hablaré hoy; pero fue justamente en uno de ellos en que, esta semana, salió de forma tangencial un debate filosófico-teológico sobre la existencia de Dios.

Ya sé que no es un tema para abordar a la ligera, sobre todo en un curso de lengua catalana, donde la complejidad inherente del argumento se ve acrecentada por las dificultades de expresión de los asistentes, yo incluido.

De todos modos, este episodio hizo reavivar en mi mente unas ideas que ya venía rumiando de antemano y que pensé serían buen material para un post, con todos los riesgos y limitaciones que implica para mí tocar un tema así de profundo.

Argumentos

Según entiendo, hay dos argumentos esenciales para negar la existencia de Dios (o cualquier otro nombre que se le quiera dar a una entidad superior o una energía cósmica universal…) El primero de ellos es, si se quiere, de tradición positivista: “Dios no existe porque no puede probarse su existencia”.

No voy a profundizar demasiado aquí, sino más bien citar el contra-argumento que, creo, lo invalida: “Dios existe porque no puede probarse su inexistencia”.

Desde un punto de vista lógico-filosófico estos argumentos se contraponen y no dejan una respuesta inapelable. Dependerá de cada uno, así como de argumentaciones posteriores, acercarse más a una idea que a otra. Sin la intención de ramificar el tema, sólo quiero dejar en claro mi idea de que, en este caso, ninguno de los dos argumentos son suficientes para erigirse, objetivamente, como irrefutables, más allá, claro, de la fe particular de cada persona.

El segundo argumento que se expone con frecuencia, y desde los albores de la humanidad, es el que hoy más me interesa analizar. Se trata de la idea que sostiene, a grandes rasgos, que “Dios es una creación del ser humano para así entender todos los aspectos de la vida que están fuera de su comprensión, y también para apaciguar su miedo a lo desconocido, sobre todo a la muerte”.

pregunta

Necesidad

Este segundo argumento tiene un par de sostenes razonables, a saber: la necesidad del ser humano de explicar lo inexplicable (o misterioso), y la tendencia del ser humano a aferrarse a “algo superior” cuando la situación es desfavorable.

Es decir, cuando una persona está en dificultades, naturalmente apela a ese “algo superior” para que la ayude o rescate. Algunos dirán que dicha apelación no es “natural”, sino más bien inculcada por la educación y la sociedad. De todos modos, lo cierto es que incluso las personas no creyentes, en situaciones difíciles, se encuentran pidiendo ayuda a ese “algo superior”.

Ya sea un hábito social o una reacción natural, quienes niegan la existencia de Dios dicen que esta reacción demuestra que es sólo la debilidad del ser humano lo que le lleva a creer en ese poder superior. O sea, la mayoría de las personas se acuerda de Dios sólo en los momentos de necesidad. Una vez pasado el problema, son pocos los que siguen pensando tan fervientemente en Dios.

No se puede negar que este argumento tiene gran asidero en la realidad ya que, en general, todos tenemos esa tendencia. Sin embargo, yo creo que no es prueba suficiente para decir que Dios es una invención humana.

Swami Vivekananda dice: “Lo principal es necesitar a Dios. Nosotros necesitamos todo, excepto a Dios, porque el mundo externo satisface todas nuestras demandas ordinarias; sólo cuando nuestras necesidades trascienden al mundo externo recurrimos al mundo interno, a Dios…”

Según lo veo, el estado normal de las personas es estar satisfechos con lo que nos ofrece el “mundo externo”. Cuando esta situación de comodidad encuentra obstáculos y dificultades, entonces nos acordamos (o creemos) que hay “algo” más allá, llámese mundo interno o Dios. Tan pronto se resuelve el obstáculo volvemos a nuestro estado de confort con el mundo exterior, y así muchas veces.

Por más que este proceso sea normal y cíclico, no creo que suponga a Dios como un invento por necesidad, sino al contrario. Es justamente a través de los problemas de la vida que uno puede ser consciente de una realidad superior o interior. Si no hubiera problemas y todo fuera externamente perfecto, el ser humano difícilmente se inclinaría hacia lo interior, quedándose así en la capa superficial, en apenas la planta baja del infinito rascacielos de la felicidad.

rascacielos

Caridad

Por tanto, la necesidad de Dios, como la llama Vivekananda, se fomenta al inicio por simples problemas mundanos, que nos hacen recurrir a esa realidad superior/interior como salvavidas, esperando recibir beneficios más bien materiales.

Como en todo proceso, el camino espiritual también requiere tiempo y diferentes etapas; por ende no es extraño que todas las personas debamos pasar primero por esta etapa de pensar en Dios sólo cuando estamos en necesidad. No es incorrecto.

A este respecto, se me ocurre una analogía con la caridad (o las donaciones o el servicio social). He escuchado muchas veces la crítica a estas actividades pues algunas personas dicen que quienes hacen caridad o ayuda social lo hacen para limpiar su conciencia, para no sentirse culpables, o simplemente para sentirse mejor con ellos mismos. Es decir, que el objetivo de ayudar a otros es, a fin de cuentas, egoísta, pues el máximo beneficiado (moral o emocionalmente) es el que realiza la acción caritativa.

Mi creencia es que casi nadie en este mundo tiene una personalidad y un accionar impecables, y por lo tanto, si deseamos paliar nuestros defectos, debemos hacerlo fomentando cualidades positivas aunque al principio sea “a la fuerza”. Si uno, por ejemplo, decide no hacer caridad basado en que el objetivo final es egoísta, terminaría también actuando de manera egoísta (natural en el ser humano) y además sin ayudar a un prójimo.

De la misma forma, creo, el acercamiento a Dios en épocas de problemas y dificultades no debería ser visto como un signo de debilidad del ser humano, sino como un paso necesario en el camino de interés por lo espiritual, por lo Divino, o por lo interior.

Ideal

Evidentemente, el paso siguiente es también agradecer a Dios por todo lo positivo que uno pueda tener o recibir, entendiendo que si hay “algo superior” es tanto para lo bueno como para lo malo.

Una tendencia general es la de considerarse a uno mismo como el Hacedor cuando las cosas salen bien, y echarle la culpa a la Vida cuando salen mal. O, en todo caso, atribuirse los méritos de los éxitos y recurrir a Dios en los fracasos.

Siguiendo con las analogías, se me ocurre que habría que hacer como algunos jugadores de fútbol, que después de hacer un gol señalan al cielo, en señal de agradecimiento. Por más que este “festejo”, en algunos casos, no sea más que un automatismo, es un buen ejemplo de lo que quiero decir. Incluso en algo tan banal como patear una pelota, esos jugadores agradecen a Dios y no se atribuyen (todo) el mérito.

Messi festejo

De esta forma, el ideal es que una vez superadas las dificultades uno pueda seguir pensando en Dios, también en los buenos tiempos. Y yendo más allá, que uno pase del agradecimiento por lo que tiene a la búsqueda interior, donde se puede encontrar la verdadera esencia del propio ser.

Dificultades

Pero volviendo al inicio, o sea la primera etapa, me gusta citar un ejemplo de las Escrituras hindúes, en que una de las gopis, es decir las devotas del Señor Krishna, pide a Dios que le conceda más penurias y tribulaciones. Al ser consultada del porqué de este inusual pedido, la gopi responde: “Porque cuantas más penurias haya en mi vida, más razones tendré para pensar en mi amado Krishna, y así no tendré ninguna posibilidad de olvidarme de Él”.

GOPIS

Con una filosofía similar, Swami Premananda, que ha sido acusado injustamente y condenado a prisión desde hace dieciséis años, dice: “Tengo la tolerancia de soportar grandes dificultades porque tengo total fe y confianza en Dios. Cuando pienso en Jesucristo y todo lo que tuvo que sufrir, siento que no estoy sufriendo en absoluto. Dios no me ha dado suficientes pruebas. Siento que Dios debe darme más dificultades”.

Más allá de su ejemplo personal, Swami también deja claro que las situaciones de dificultad pueden ser aprovechadas por los buscadores espirituales: “Cuando se afrontan grandes problemas y se incrementa la fuerza de la confianza en Dios, se puede madurar a un nivel muy elevado. Los devotos que se han mantenido a mi lado durante este atribulado tiempo, jamás hubieran experimentado una prueba semejante ni siquiera en ciento cincuenta años de práctica espiritual corriente”.

De esta forma, y basándome también en las palabras de Swami, no creo que sea condenable que una persona se “acerque” a Dios por necesidad exterior o material.

Más que un signo de debilidad, a mi entender, es una prueba de humildad, de entendimiento y de que, esencialmente, el alma siempre sabe hacia donde apuntar.

Fuentes de las imágenes:

despertardetamaulipas.com

mundofotos.net

infobae.com

mantrapersonaldivinaradhaylasgopis.com

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Un comentario »

  1. Interesantisimo como pocos el post de hoy, pero la gente no se anima al debate!
    En fin, para seguir con mi linea irreverente, y también para animar a los lectores a dejar comentario, ahí va un chiste que no tiene mucha gracia pero me ha venido a la cabeza al leer este post:
    Un chico cae por un barranco y queda agarrado a una rama, totalmente suspendido en el aire. Con todas sus fuerzas pide ayuda a gritos:
    – Auxilio!!! Hay alguien ahí?!
    -Suelta la rama, yo te salvaré- le contesta una misteriosa voz.
    -Quien es?!-pregunta el chico.
    -Soy Dios. Solo ten fe y suelta la rama.
    -Vale pero… hay alguien más ahí?!

    Responder

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