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Madurai, la ciudad del templo

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A pesar de haber visitado el sur de la India en tres ocasiones, e incluso habiendo estado muy cerca en kilómetros, nunca había pisado la ciudad de Madurai.

 

De hecho, en este cuarto viaje por el sur de la India, esto tampoco era una prioridad para mí, pues no le veía ningún atractivo realmente interesante. Sólo sabía que había un templo muy famoso, pero eso no me bastaba. Una vez que uno ha visto un templo, pensaba, ya ha visto todos.

Y en cierta medida esto último era cierto para mí, sobre todo después de estar en el gran templo de Rameswaram.

 

Comparaciones

 

Simplificando, los templos del sur de la India se diferencian de los del norte.

Los grandes templos del sur se caracterizan por los gopurams, que son grandes torres ornamentadas, que generalmente hacen las veces de entradas de los templos. Estas torres pueden variar en altura, pero siempre están decoradas por pequeñas y medianas esculturas de colores que representan a diferentes aspectos de la Divinidad.

 

En este sentido, los templos del sur son más atractivos que los del norte, que son de colores más apagados. Por otra parte, los grandes templos del sur son de largas extensiones y tienen una entrada en cada punto cardinal (con su respectivo gopuram), e incluso un gopuram central (o más).

 

Aparte de Rameswaram, yo había estado en la ciudad de Tiruvannamalai (para más detalles ver post, “Tiruvannamalai”), donde también hay un venerado templo de Shiva.

Se puede decir que arquitectónicamente hay una similitud entre estos templos, y por ende nunca había considerado que valiera la pena ir hasta Madurai, sólo para ver una versión melliza de lo que ya conocía.

 

Más bien por cuestiones relacionadas con la hoja de ruta, el paso por Madurai era conveniente, y tampoco iba yo a rechazar la chance de conocer una nueva ciudad india, a pesar de que en cierto punto quisiera mantenerme algo alejado del caos urbano.

Justamente, lo que yo no sabía en ese entonces es que Madurai es la segunda ciudad más grande del estado de Tamil Nadu, después de la capital Chennai.

 

Gopuram-madurai

 

Ambiente

 

Este status de gran ciudad fue perceptible apenas llegados a la ciudad, en el incómodo autobús local, desde Rameswaram (cuatro horas de trayecto). La nueva estación de autobuses de Madurai se encuentra en las afueras, como a unos 5 kilómetros. Lo cual presenta desventajas prácticas para los recién llegados, a la vez que da a entender que se está en una ciudad que crece.

 

Una vez en el centro, la ciudad regurgita como cualquier ciudad india que se precie. El río Vaigai atraviesa la ciudad y le da un toque especial.

A pesar del natural “caos” urbano, Madurai tiene un ambiente que no me pareció tan agobiante como uno podía presuponer con los datos previos en el papel.

 

Evidentemente, la concentración principal se realiza alrededor del famoso templo de Minakshi. Dicha concentración es de todas las índoles, claro. Los puestos comerciales, mercadillos, vendedores y tiendas; los hoteles, restaurantes y puestos callejeros; los devotos, peregrinos, visitantes y turistas.

Todo lo que está en movimiento, gira inevitablemente en torno al templo.

 

Patrimonio

 

Si uno va a Paris, es normal que se encuentre, por ejemplo, con la fachada de la catedral de Notre Damme cubierta por una gran tela y rodeada de andamios. Y si no es la catedral, pues será otro monumento. Esto es normal, el carácter de “en restauración” es el estado natural de las grandes obras de la antigüedad en el mundo europeo, al menos.

Esto se entiende, claro; hay que conservar dichas obras y el desgaste que sufren en las crecientes urbes europeas (por contaminación, ruido, inclemencias del tiempo, etc), pues obliga a un mantenimiento constante, que privilegia así el patrimonio histórico y cultural sobre el turista ocasional.

 

Presentado así, es difícil estar en contra de esta metodología; incluso cuando uno llega con su cámara de fotos preparado para la instantánea tan deseada y se encuentra con la fachada de la iglesia tapada, uno tiene que entender que es en aras de las generaciones futuras y del patrimonio universal, etc.

 

Me permito ampliar la digresión autobiográfica: hace algo más de diez años (1998), justamente en Paris, me presenté en la puerta del Centro Pompidou (Museo de Arte Moderno) para encontrar un cartelito de “Cerrado por reformas”. Tratando de no desalentarme, me acerqué al escritorio de ‘Información’, justo en el momento en que un turista japonés preguntaba expectante ‘¿Y cuándo abren’? La respuesta fue corta y clara, ‘En el año 2000’.

 

A pesar de lo duro de la respuesta, menos mal que el japonés preguntó, porque sino yo hubiera seguido yendo cada semana, seguro de que estarían por reabrir en cualquier momento. ¿A quién se le ocurre que un museo tan importante va a estar cerrado por dos años?

 

A mí no, al menos no en aquel momento. A un indio tampoco.

 

pompidou

 

Encubierto

 

Toda la digresión anterior tiene un sentido. Una vez llegados a Madurai, la ciudad del templo, nos dirigimos a ver la famosa obra, para descubrir con desánimo que los hermosos gopurams de colores estaban cubiertos de marrones hojas de palma…

Simplemente estaban siendo re-pintados y restaurados, como en cualquier monumento europeo.

 

La diferencia consiste en que aquí las torres están cubiertas por dos o tres meses. De hecho, la visita fue en febrero y los trabajos fueron finalizados a inicios de abril. Además, se trata de una renovación que no es práctica regular, pues al parecer, tiene lugar cada doce años.

 

Hay que decirlo, fue mucha mala suerte.

 

No solamente las torres estaban en restauración, sino que el interior del templo también estaba repleto de escaleras hechas de troncos, aparte de andamios y obreros. Muchos de los techos del templo, también coloridos y bellos, estaban tapados o restringidos.

A pesar de estos inconvenientes, el templo era accesible con normalidad y uno podía pasearse por él sin problemas.

 

Baah, excepto por un problema, sobre todo si se es occidental.

 

meenakshi-temple

 

Minakshi

 

El templo en cuestión es el templo de Minakshi, que es considerada una encarnación de Parvati, uno de los aspectos de la Madre Divina.

Según la leyenda, Minakshi era la princesa de Madurai, y en un viaje a los Himalayas se enamoró del Señor Shiva. La boda tuvo lugar en Madurai, y fue el evento más grande la Tierra, al que asistieron todos los dioses.

 

Actualmente, el templo tiene dos altares principales, uno dedicado al Señor Shiva, con un Shivalingam como símbolo. El otro dedicado a Minakshi.

 

Ya en otros viajes había escuchado sobre la estrictez que había en el templo de Minakshi con los no-hindúes. Básicamente, no se les permite ingresar en los altares principales.

Esto, ya ha sido dicho, sucede en bastantes templos de la India. En algunos templos, uno ni siquiera lo intentaría, en otros basta un poco de determinación para quebrar la resistencia.

En Rameswaram, por ejemplo, había entrado en el altar principal, incluso sin darme cuenta, y nadie me dijo nada.

 

Sin pensarlo, me puse en la cola del altar de Minakshi, donde una fila de devotos hindúes esperaba su turno para entrar y hacer su ofrenda. Entonces se me acercó un muchacho, parte del staff del templo, y me dijo que la cola era sólo para hindúes. Yo me hice un poco el tonto y agregué que yo era hindú. Entonces, me pidió algo así como mi “certificado de cultura india”, que la verdad no sé si existe, pero evidentemente yo no tengo.

 

Ser hindú se nace y se nota en los rasgos. Por más que yo diga que soy hindú, es claro que no es verdad, al menos en el sentido ortodoxo. De hecho, en el templo de Minakshi tampoco estaban dejando entrar a sannyasines (renunciantes) occidentales, por más que llevaran túnica y fueran monjes ordenados.

Por supuesto, uno puede ser creyente en su interior, aunque su piel sea de otro color, pero hay dogmas que impone el hombre de maneras que muchas veces cuesta entender.

 

La cuestión es que mi negativa a salirme de la fila se acabó cuando me esperaba un gentil policía justo a la entrada del altar. Quizás con más determinación uno podría entrar, pero yo no estaba para rebeliones.

Me gustan los templos, me gustan las deidades indias, pero todavía creo que lo más importante va por dentro.

 

Amén de la prohibición a entrar a los altares, el templo de Minakshi tiene mucho más para ver, entre ellas la Sala de los 1000 pilares y los estanques.

 

Meenakshi

 

Bendiciones de elefante

 

Como de costumbre, los fieles comentadores de este blog siguen aportando apoyo y también preguntas. En referencia a la crónica de la semana pasada sobre los elefantes santos, este vez la pregunta fue: ¿qué convierte a un elefante en santo? y ¿los elefantes dan bendiciones?

 

En realidad, cuando digo ‘elefante santo’, me refiero más bien a un ‘elefante de templo’. En la india, y sobre todo al sur, tener uno o más elefantes en un templo es práctica habitual. Muchos de estos elefantes son donaciones de devotos.

Para ser un ‘elefante de templo’ no basta con ser elefante, sino que al parecer el animal tiene que tener ciertas características que lo hacen auspicioso. Para ser sincero, yo no conozco cuales son estos signos de auspiciosidad que determina la calidad de un elefante, pero en casi todos los casos se trata de cuestiones físicas y anatómicas. Para más detalles se puede echar un vistazo aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/Elephants_in_Kerala_culture (sólo en inglés).

 

De esta manera, si un elefante pertenece oficialmente a un templo, se da por sentado que es un elefante auspicioso. Una vez que así se convierte en ‘elefante de templo’, pasa a ser reverenciado como un portador de auspiciosidad. Es por esta razón que los devotos dan ofrendas a estos elefantes.

Al dar ofrendas, los devotos son retribuidos con bendiciones, que pueden ser intangibles y no inmediatas, en el sentido de que se limitan a los beneficios espirituales o materiales que se recibirán (que no sería poco); o pueden ser mucho más tangibles e inmediatas.

La versión inmediata consiste en que el elefante apoya su trompa en la cabeza de la persona que hace la ofrenda, que muchas veces son frutas y otras veces pueden ser monedas, que se dan al cuidador del animal.

 

Mi experiencia personal la tuve en el templo de Tiruvannamalai; en Madurai, en cambio, la bendición la recibió Nuria.

Para que tanta descripción tenga asidero visual pueden ver:

 

http://www.youtube.com/watch?v=OKdRhKnFhwc

 

Lo seguro es que la trompa de un elefante siempre pesa bastante y está llena de pelos. Más allá del susto inicial, es una experiencia muy linda.

 

Resumen

 

Como decía al principio, tuvimos la mala fortuna de encontrar el famoso templo tapado por refacciones. Sin embargo, y a pesar de mi prejuicio, la ciudad de Madurai me demostró que, efectivamente, es la ciudad del templo.

Y no sólo eso. Todavía tenía algo más que mostrar.

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Un comentario »

  1. Yo tengo entendido que por algún deseo incumplido, un “santo humano” puede desear convertirse en un animal santo para cumplimentar alguna ilusión escondida. Dicen que Sai Guita la elefanta que Sri Sathya Sai Baba tiene, es un “santo humano” reencarnado.
    Yo tampoco tengo mucha atracción por los templos, pero, la próxima vez que vaya a India voy a ir a Madurai.
    Kanagavalli

    Responder

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